Blog

  • El poder sanador del perdón (por Kenneth Copeland)

    8-14_kennethNo hay nada más práctico y predecible en el mundo, que la fe en la PALABRA de Dios. Ésta siempre produce resultados seguros y consistentes. Cuando la utilizamos de la manera que Dios la diseñó, vivir por fe se convierte en algo parecido a conducir un auto. Sólo debemos obedecer las instrucciones del manual del fabricante, y ésta nos llevará a destino… todo el tiempo, a cada momento, sin falta.

    Y si en caso dado no lo hiciera, es porque algo está fuera de línea. Y no porque Dios en Su soberanía haya querido poner Su pie sobre el pedal de freno. Y tampoco tiene que ver con lo que algunas personas dicen: “Él obra de manera misteriosa, y nunca sabes lo que hará”. Sino, porque en algún área de nuestra vida, hay un problema.

    La mayoría de nosotros comprende mejor esta situación cuando utilizamos, como ejemplo, nuestros autos. Si ponemos la llave en el interruptor de encendido, tratamos de arrancarlo, y el vehículo no enciende, nosotros no reaccionamos moviendo la cabeza y diciendo: “Bueno, creo que no es la voluntad de General Motors (o de Toyota, de Chevrolet, o cualquier otra marca) que salga hoy. Creo que me tendré que quedar en casa”.

    ¡Por supuesto que no! Lo que declaramos es: “Oye, ¿qué está pasando aquí?”. Luego verificamos el indicador de la gasolina, revisamos el motor, o simplemente llamamos a un mecánico. Sabemos que no podremos salir a ningún lugar hasta que identifiquemos y arreglemos el problema.

    Ésa es la misma actitud que debemos tomar cuando nuestra fe falla, o cuando no funciona de manera apropiada. Si oramos, y creemos que Dios hará algo en particular, pero no lo recibimos, entonces debemos tomar el manual de nuestra fe —la Biblia— y descubrir qué está afectando al sistema. Uno de los primeros versículos que debemos leer lo encontramos en Juan 14:21. Jesús dijo: «El que tiene mis mandamientos, y los obedece, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo lo amaré, y me manifestaré a él».

    Es en ese versículo bíblico donde encontramos la manera en que podemos arreglar casi cualquier cosa que pueda parecer una: “falla de fe”. Y lo hacemos por medio de: tener y obedecer los mandamientos de Jesús; al escuchar, creer y obedecer Su PALABRA. Entonces, cuando hagamos todas esas cosas, Jesús mismo podrá manifestársenos —y cuando Él se manifiesta, nuestra fe siempre obtiene los resultados deseados—.

    Quizá digas: “Bueno hermano Copeland, no sé si estoy de acuerdo contigo en ese punto. Para mí, eso suena como legalismo. No creo que tengamos que ganarnos las cosas de Dios obedeciendo Sus mandamientos”.

    Por supuesto que no es así. Jesús ya ganó todo por nosotros y nos hizo Sus coherederos. Y a través de Él toda bendición espiritual en lugares celestiales, y todas las promesas que Dios nos hizo, nos pertenecen, porque hemos nacido de nuevo. Ésa es la belleza del Nuevo Pacto. Nos dio el poder, y nos hizo libres, no para ignorar los mandamientos de Jesús, sino para obedecerlos, ¡porque lo amamos!

    Lecciones de amor por parte de Dios

    En el transcurso de los años, el SEÑOR me ha enseñado muchas cosas acerca de este tema por medio de mi relación con Gloria. Recientemente celebramos nuestro 52º aniversario de bodas. Casi nunca nos separamos, porque siempre que estamos juntos, somos más fuertes de lo que éramos antes. Y Gloria obtiene todo el crédito, pues ella siempre ha sobresalido en su vida de amor.

    Por otro lado, yo no era igual a ella. Particularmente en mis primeros años como creyente, para vivir en amor necesitaba una ayuda extra de parte del SEÑOR, así que se la pedía de manera constante. Hasta que un día, Él me enseñó a ser un mejor esposo, y me dijo algo que nunca olvidaré:

    Si quieres ser como Yo, y si quieres amar como lo hago Yo, escucha a Gloria; y cuando ella te cuente acerca de algo que le gusta, entonces busca la manera de conseguírselo.

    En aquel entonces, pensé que cumplir con eso sería muy fácil. Sin embargo, mientras transcurrieron los años, resultó ser más difícil de lo que yo esperaba. Gloria no es el tipo de persona que va por todos lados expresando lo que quiere. Algunas veces le pregunto: «¿Cómo te gustaría que fuera esto?”.

    Y me contesta: «Oh, está bien así».

    Y vuelvo a preguntarle: «Bueno, ¿entonces te gustaría algo más».

    «No. Estoy bien», me responde.

    A veces me da algunas pistas, y me dice: «¡Guau! Esos aretes están hermosos (un automóvil o cualquier otra cosa)». Inmediatamente soy todo oídos. Y comienzo a pensar: «¿En dónde podré comprarlos?». Luego, tomo el teléfono, pregunto cuánto cuestan, y le creo a Dios por el dinero para comprárselos.

    ¿Por qué lo hago? Porque disfruto bendecirla. Siento un gran placer al darle lo que le gusta. Eso no quiere decir que esté tratando de obtener algo de ella, o de impresionarla. ¡Lo hago simplemente porque la amo!

    Y como creyentes, debemos actuar de la misma forma con Jesús. Tenemos que desarrollar nuestra relación con Él a tal punto que seamos altamente sensibles a lo que Él desea. Cuando pensemos que hay algo que a Él le gusta, tratemos de dárselo. Digamos: “¡Genial! Jesús quiere eso, así que voy a hacerlo”. No porque estemos tratando de obtener algo de Él, sino porque lo amamos.

    Quizá te preguntes: “¿Y si me pide algo que no me gusta hacer?”.

    Entonces confía en que Él cambiará lo que no te gusta, y respóndele: “¡Si, Señor!”. Luego, deposita tu fe en lo que dice Filipenses 2:13: «porque Dios es el que produce en ustedes lo mismo el querer como el hacer, por su buena voluntad».

    Si estás dispuesto a aceptar lo que Dios quiere que hagas, entonces Dios cambiara tus gustos para que se alineen con los del Él. Y en medio de ese proceso, te ayudará a darte cuenta que si Él te ha pedido hacer algo, es para tu propio bien. Luego, comenzarás a ver Sus mandamientos desde una mejor perspectiva.

    Los mandamientos no son opcionales

    Personalmente, estoy muy emocionado con los mandamientos que Dios me ha dado —en especial los referentes a la fe—. Por esa razón, uno de mis pasajes bíblicos favoritos se encuentra en Marcos 11:22-26. Jesús dijo:

    «Tengan fe en Dios. Porque de cierto les digo que cualquiera que diga a este monte: “¡Quítate de ahí y échate en el mar!”, su orden se cumplirá, siempre y cuando no dude en su corazón, sino que crea que se cumplirá. Por tanto, les digo: Todo lo que pidan en oración, crean que lo recibirán, y se les concederá. Y cuando oren, si tienen algo contra alguien, perdónenlo, para que también su Padre que está en los cielos les perdone a ustedes sus ofensas. Porque si ustedes no perdonan, tampoco su Padre que está en los cielos les perdonará a ustedes sus ofensas».

    Jesús nos dio varios mandamientos en esos versículos. Primero, nos dijo: «Tengan fe en Dios», o como otra traducción lo interpreta: “Tengan el mismo tipo de fe de Dios”. ¿Y cuál es ese tipo de fe de Dios? Es el mismo tipo de fe que Jesús tenía. Es el tipo de fe en la que Él funcionó cuando estuvo en la Tierra; una fe que siempre produce los resultados que deseamos.

    ¿Es realmente posible tener ese tipo de fe? Si, por supuesto que sí, y la razón es la siguiente: Jesús siempre nos autoriza y nos da el poder para hacer lo que Él nos ha encomendado. Así que, si Él nos ha mandado a tener el mismo tipo de fe de Dios —la fe que le habla a las montañas, y recibe cualquier cosa que pide en oración— significa que nos ha dado la autoridad y el poder para hacerlo.

    Ésas son buenas noticias. ¡Y vale la pena gritarlas!

    Pero, Jesús no terminó ahí. Él continuó enseñando algo de mayor importancia: «…cuando oren, si tienen algo contra alguien, perdónenlo».

    ¡Ése es un mandamiento enorme! Todo lo que Jesús enseñó acerca de la fe depende del perdón, pues: «…la fe… obra por el amor» (Gálatas 5:6), y el perdón es una expresión esencial del amor. Si no existe el perdón, la fe no dará ningún resultado. Sólo se quedará ahí, como cuando un auto tiene la batería descargada, sin poder ir a ningún lugar.

    Muchos cristianos aún no han entendido esta revelación. Han tenido la idea de que el perdón es opcional, y dicen: “¡Tú no sabes lo que esa persona me hizo! Durante muchos años he tratado de perdonarla, sin embargo, no he podido hacerlo. Creo que necesito un poco más de tiempo”.

    Ese tipo de expresiones contradicen directamente lo que Jesús nos enseñó. Él no nos dijo que debería tomarnos años perdonar a las personas. Nos mandó a perdonarlas ahora mismo, inmediatamente, mientras estamos orando. Nos pidió hacerlo antes de decir: “Amén”. Y no lo hizo porque es testarudo, sino porque nuestra fe (y por consiguiente, la respuesta a nuestras oraciones) depende de eso.

    El poder que perdona, es el mismo poder que sana

    Si quieres ver que tan vital es perdonar, piensa en la historia que encontramos en el Nuevo Testamento, acerca del hombre paralítico que fue llevado por sus cuatro amigos ante Jesús para que recibiera sanidad. Es probable que recuerdes esa historia. Sus amigos no podían entrar en la casa donde Jesús estaba predicando, ya que había muchas personas dentro de la misma. Así que rompieron parte del techo, lo pusieron en una camilla, y lo bajaron hasta donde estaba llevándose a cabo la reunión.

    Evidentemente el plan de ellos dio resultados positivos, y Jesús ministró al paralítico. No obstante, Jesús no comenzó enfocándose en la parálisis del hombre. En lugar de eso, Él le dijo: «…Hijo, los pecados te son perdonados» (Marcos 2:5).

    Esas palabras no cayeron muy bien, en especial con la multitud religiosa. Ellos pensaron: “Eso es blasfemia. ¡Sólo Dios puede perdonar los pecados!”.

    «Enseguida Jesús se dio cuenta de lo que estaban pensando, así que les preguntó: «¿Qué es lo que cavilan en su corazón? ¿Qué es más fácil? ¿Que le diga al paralítico: “Tus pecados te son perdonados”, o que le diga: “Levántate, toma tu camilla y anda”? Pues para que ustedes sepan que el Hijo del Hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados, éste le dice al paralítico: “Levántate, toma tu camilla, y vete a tu casa.”»  Enseguida el paralítico se levantó, tomó su camilla y salió delante de todos, que se quedaron asombrados y glorificando a Dios, al tiempo que decían: «¡Nunca hemos visto nada parecido!» (Marcos 2:8-12).

    ¿Ves lo que sucedió en ese lugar? Jesús declaró y demostró el hecho de que el poder del perdón es exactamente el mismo poder que sana.

    La Biblia lo denomina: el poder de la unción, el cual es una fuerza espiritual que es tangible. Es el mismo poder del que Jesús estaba hablando en Lucas 4:18, cuando dijo: «El Espíritu del Señor está sobre mí. Me ha ungido para proclamar buenas noticias a los pobres; me ha enviado a proclamar libertad a los cautivos, a dar vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos».

    Esa unción que destruye yugos y liberta a los oprimidos, es el mismo poder que está detrás del perdón. Así que cuando nos rehusemos o no queramos perdonar, ahogaremos esa unción y obstruiremos Su obra en nuestra vida.

    ¡Eso es muy peligroso!

    Quizá digas: “Lo sé hermano Copeland, ¿pero qué debo hacer si una persona me ha lastimado tanto, que ya ni puedo siquiera pensar en ella?”.

    Sólo obedécele a Jesús. Él no te pidió que te sintieras mejor cuando pensaras en la persona que te causó daño. Él sólo te ordenó perdonarla. El perdón no se trata de sentimientos — es un acto de obediencia. Tu decides poner la PALABRA de Dios por encima de tus emociones, al tomar la decisión de decir: “Te perdono”.

    Mientras más rápido lo hagas, mejor será.

    Ahora bien, lo contrario también es una realidad. Mientras más tiempo te tomes en perdonar, más empeorarán las cosas, y te hundirás más hondo en el pantano de tu falta de perdón.

    Es probable que sin quererlo, y en medio de tu vida normal, recuerdes de repente las cosas malas que alguien te hizo, o te dijo. Te imaginarás a ti mismo diciendo las cosas que hubieras querido decirle a esa persona en ese momento. Y cada vez que la recuerdes, esa conversación comenzará a empeorar en tu mente. Los efectos negativos resurgirán. Revivirás el dolor, y te hará aún más daño.

    Todos hemos hecho esto en alguna ocasión. Nos hemos quedado atrapados en un ciclo de falta de perdón y hemos pasado horas, días, y hasta meses sintiéndonos enojados, lastimados, y molestos con alguien. Esa experiencia, realmente es miserable.

    Sin embargo, como creyentes nacidos de nuevo, nunca más debemos quedarnos atrapados en la falta de perdón. En su lugar, podemos hacer lo que Jesús nos mandó, y lo podemos hacer instantáneamente. Tan pronto nos damos cuenta de que “tenemos algo contra alguien”, ¡pongámonos en oración para perdonar!

    Ahora bien, tampoco debemos hacer de esto un escándalo. Si hay otras personas a nuestro alrededor en ese momento, podemos orar en voz baja para que nadie escuche: “SEÑOR, perdono a esa persona”. Y si esos pensamientos regresan después de 30 minutos, pidámosle otra vez al Señor: “SEÑOR, no soy alguien que condena. Soy alguien que perdona —y lo perdono—”.

    ¿Sabes qué sucederá al hacer esto?

    La unción comenzará a fluir en esa área de nuestra vida. El poder de Dios que remueve toda carga y destruye todo yugo comenzará a obrar, dándonos la sabiduría para resolver esa situación problemática. Él nos mostrará lo que debemos hacer para corregir el problema. Comenzará a obrar en nosotros, y a través de nosotros, para traer sanidad a todos y todo lo que haya estado involucrado.

    Y lo mejor que sucederá cuando vivamos en amor, es que Jesús mismo se nos manifestará. Nuestro motor espiritual se encontrará rugiendo, y nuestra fe estará obrando exactamente como Dios la diseñó —cumpliendo Sus promesas y llevándonos a donde quiera que queramos llegar—.

    ¡Todo el tiempo! ¡En cada momento! ¡Sin falta!

    Texto extraído de: Revista LVVC – Edición agosto 2014, página 4

  • Edición Digital de Agosto 2014

    Ya puedes disfrutar la edición del mes de agosto en formato digital.
    Esperamos que te llene de gozo y esperanza – La producimos con mucho amor para con todos ustedes.
    Bendiciones desde Texas.

  • Cómo cosechar tu cosecha (por Pastor George Pearsons)

    7-14_georgeÉsa era una palabra que no estaba esperando.

    El día 28 de Septiembre de 1999, el hermano Keith Moore estaba en nuestra iglesia como un predicador invitado. Se dirigió hacia la tarima y empezó a declarar una palabra del Señor para nuestra congregación.

    A través del hermano Keith, el Señor nos dejó saber que estaba bendecido con nuestras ofrendas, pero que estaba triste y molesto porque no estábamos cosechando. ¡Ay… Ay!

    Por medio del hermano Keith, el Señor nos informó que de una u otra manera algunos en la congregación estaban desilusionados, enojados con Él, preguntándose “¿Cuánto más puedo dar?”

    Pero aquí estaba la respuesta. El Señor dijo: Piensas que estás esperando en mí. Piensas que cosechar es algo automático. Piensas que una vez que pones el dinero todo queda en mis manos. Eso es ignorancia y confusión. Te reto a oír la palabra del Señor y a decir: “No sólo soy un buen dador, también soy un buen cosechador. Y voy a convertirme en un muy buen cosechador.”

    Esa noche me tomé el reto seriamente. Y decidí que nos íbamos a convertir en “muy buenos” cosechadores.

    La primera cosa que hice fue ordenar una colección de enseñanzas del hermano Moore llamada las reglas de la cosecha. Escuché esos mensajes una y otra vez. Tomé notas y revisé cada escritura. En menos de un mes,  enseñé un seminario de tres días basado en este mensaje. Desde ese momento mi vida y la vida de nuestra iglesia comenzaron a cambiar. Esta palabra revolucionó nuestro pensamiento. Cosechar nuestra cosecha era la parte en la que estábamos fallando — una clave importante que abre la puerta para el incremento. Cada vez que recibíamos la ofrenda, llamábamos la cosecha. Estábamos determinados a convertirnos en muy buenos cosechadores.

    Cosechar no es algo automático

    Considera el granjero que invierte tiempo y dinero sembrando semillas. Luego, al momento de cosechar, simplemente se sienta en el frente de su casa y mira el campo. Nuestra respuesta a una situación de ese tipo sería: “Eso es una locura”. Pero desafortunadamente, ésa es la manera que algunos cristianos piensan. Muchos están durmiendo en tiempo de cosecha. Proverbios 10:5 en la versión Nueva traducción viviente dice: “El joven sabio cosecha durante el verano pero el que duerme durante tiempo de cosecha es una desgracia”. Muchos plantan su semilla y sólo esperan que Dios recoja su cosecha. Ésa no es la forma en que funciona. Una cosecha no se tralada por sí misma a los graneros. Alguien tiene que salir y cosecharla. ¡Ese alguien somos nosotros!

    Marcos 4:26-29 nos confirma que la cosecha es nuestra responsabilidad. Jesús dijo también: «El reino de Dios es como cuando un hombre arroja semilla sobre la tierra: ya sea que él duerma o esté despierto, de día y de noche la semilla brota y crece, sin que él sepa cómo. Y es que la tierra da fruto por sí misma: primero sale una hierba, luego la espiga, y después el grano se llena en la espiga;  y cuando el grano madura, enseguida se mete la hoz, porque ya es tiempo de cosechar.»

    Sé que no estabas esperándolo, pero aquí tienes un examen de lo que acabas de leer. Y vas a pasarlo fácilmente — te estoy dando las respuestas.

    ¿Quién hizo la siembra? (el hombre).

    ¿Quién hizo que crezca? (Dios).

    ¿Quién recogió la cosecha? (el hombre).

    En el devocional diario “Crezcamos de Fe en Fe” por Kenneth y Gloria Copeland del día 9 de Julio, el hermano Copeland escribe: “Jesús comparó el reino de Dios con plantar una semilla y recoger la cosecha. Es un concepto simple. Uno que todos entendemos. ¿Por qué, entonces no todos estamos produciendo cosechas cada temporada? Porque estamos sentados esperando que Dios haga todo el trabajo.”

    Fuimos creados para cosechar

    Al comienzo de este año Gloria Copeland y yo invertimos dos semanas en el programa “La Voz de Victoria del Creyente” enseñando sobre este tema: Cómo recoger tu cosecha. Si te perdiste alguna de esas enseñanzas que estuvieron al aire durante el mes de Mayo, te invito a visitar el sitio web de KCM y encontrar esos 10 días de programación en los archivos y mirarlos. Te ayudarán a renovar tu mente en cuanto a la importancia de recoger tu cosecha.

    Durante las grabaciones, Gloria y yo hablamos del hecho de que Dios creó a Adán para cosechar. Génesis 2:15 dice: «Dios el Señor tomó al hombre y lo puso en el huerto de Edén, para que lo cultivara y lo cuidara.»

    Eso definitivamente incluye sembrar y cosechar. Al leer Génesis 8:22, determinamos que sembrar y cosechar no han pasado de moda.

    Luego Gloria dijo algo que yo nunca había escuchado.

    Ella declaró: “todavía tenemos el gen de cosechar; está en nuestro ADN.”

    Dios nos creó para cosechar. Esto es lo que LA BENDICIÓN nos ha capacitado para hacer. Todavía tenemos dentro nuestro lo necesario para recoger una cosecha de cada buena semilla que sembremos.

    Aquí tienes otro ejemplo. Mira en Mateo 6:26: «Miren las aves del cielo, que no siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros, y el Padre celestial las alimenta. ¿Acaso no valen ustedes mucho más que ellas?»

    Mientras meditaba en esa escritura, le pregunte al Señor porqué nosotros somos mejores que los pájaros. Sin ninguna duda me respondió: “Porque tú fuiste creado para sembrar y cosechar, y ellos no.” Piénsalo; tú y yo fuimos creados por Dios para sembrar nuestra semilla, recoger nuestra cosecha, y almacenarla en graneros. Pero es importante que nunca jamás olvides el propósito de cosechar: “Nuestra motivación para acumular es distribuir.”

    Cómo cosechar tu cosecha

    Una vez escuché a un predicador que estaba teniendo problemas financieros. Físicamente, él estaba bien y fornido. Experimentaba poderosas manifestaciones del Espíritu en sus reuniones y su ministerio estaba creciendo rápidamente. La única área en la que tenía problemas era la financiera. A pesar de que diezmaba y sembraba, no estaba viendo los resultados que deseaba y necesitaba. Decidió que ayunaría y oraría. El buscó al Señor para descubrir porqué estaba teniendo tanta dificultad financiera. Como resultado de este tiempo de retiro, el Señor le mostró que tenía que recibir sus finanzas de la misma manera que recibía su sanidad — por fe. En otras palabras, le dijo: “llama a tu cosecha.”

    ¿Cómo lo hacemos? Llamamos nuestra cosecha con nuestras palabras de Fe.

    Isaías 41:15 dice: «Serás un nuevo instrumento para trillar, con muchos dientes afilados. Despedazarás a tus enemigos, convirtiendo a los montes en paja.» (NTV).

    La palabra dientes en el Hebreo es la palabra bocas. Nuestras bocas están diseñadas por Dios para ser cosechadoras poderosas — Las cosechadoras son máquinas usadas en los campos para recoger la cosecha.

    Gloria mencionó algo durante ese programa concerniente a la diferencia entre una cosecha natural y una cosecha espiritual. Ella dijo que la cosecha natural está sujeta a temporadas: depende de las estaciones climáticas. Por el contrario, una cosecha espiritual es continua; no depende del clima o de la economía. Se produce durante todo el año.

    El reino de los cielos está siempre aumentando sin importar las circunstancias. Leamos Jeremías 17:7-8: «Pero bendito el hombre que confía en mí, que soy el Señor, y que en mí pone su confianza. Ese hombre es como un árbol plantado junto a los arroyos; echa sus raíces junto a las corrientes, y no se da cuenta cuando llega el calor; sus hojas siempre están verdes, y en los años de sequía no se marchita ni deja de dar fruto.»

    De hecho, nosotros podemos llegar a un punto en nuestras vidas en el que estamos cosechando todo el tiempo.

    ¡Piensa en la cosecha!

    Considera lo que dijo el hermano Copeland hace algunos años en un artículo que escribió, titulado: “Pon tu mente en la cosecha” Él dijo: “Si no has pensado antes acerca de ti mismo como un cosechador, empieza a pensar de ti mismo de esa manera. Renueva tu mente en la verdad de la PALABRA de Dios. Atrévete a creer que el SEÑOR de la cosecha está llamándote — sí, a ti — para ayudarlo a traer en el final de los tiempos la cosecha. Él te está diciendo: “hasta ahora, me has conocido como el SEÑOR sobre tu cosecha. Me has conocido como el proveedor de tu pan. Pero, quiero que ahora me conozcas como EL SEÑOR y el ministro de la cosecha”

    Cosechador, no esperes un minuto más. Abre tu boca — tu combinación espiritual — y llama a tu cosecha. Como Joel 3:3 dice: «¡Echen mano a la hoz, que la mies ya está madura! ¡Vengan acá, que el lagar está rebosante!»

    “Padre, Me comprometo a ser un buen sembrador y un buen cosechador. Veo en tu Palabra que cosechar es mi responsabilidad. Por medio de mis palabras de fe, cosecharé completamente la cosecha de las semillas que he sembrado. Cosechas: les ordeno venir a mí. Me rehuso a retroceder y entristecerme. Me mantendré fuerte en fe. Tomo mi retorno del ciento por ciento para mi cosecha. Satanás, quita tus manos de mi cosecha. Ángeles, vayan y tráiganmela en el Nombre de Jesús.”

    ¡Alabado sea Dios! No sólo somos buenos dadores. Somos buenos cosechadores. Y juntos vamos a convertirnos en… ¡muy buenos cosechadores!

    Texto extraído de: Revista LVVC – Edición julio 2014, página 22

  • Nada que temer (por Gloria Copeland)

    7-14_gloriaPoco tiempo después del atentado terrorista a los Estados Unidos de América de Septiembre 11 del 2011 Kenneth y yo viajamos a Europa a predicar. Mientras estábamos allí abrí un periódico Inglés en el que leí un artículo muy peculiar. Al comienzo no podía entender porqué lo imprimieron.

    ¡Este artículo trataba completamente sobre plagas! Hablaba de la peste bubónica, y toda otra clase de plagas que habían azotado la humanidad durante los siglos. Explicaba cuanta gente había muerto, el tiempo que una persona podía vivir después de haber sido expuesta y la sintomatología. Era tan grande la cantidad de detalles que cubría media página entera.

    Para cuando terminé de leerlo estaba asqueada y perpleja. Me preguntaba: ¿Qué cosa buena podría producir en alguien tal información?

    Tiempo después, la respuesta vino a mí. El artículo intentaba preparar a la gente ante la posibilidad de una guerra biológica. Fue una revelación chocante. Quien hubiera pensando 30 o 40 años atrás que tendríamos que estar de cara ante tal amenaza. ¿Quién lo podría haber anticipado, y mucho más estar preparado para algo así — el día en que enfermedades podrían ser usadas como armas de destrucción masiva?

    Te diré quién ya lo sabía: ¡Nuestro maravilloso y poderoso Dios! El no solamente sabía que seríamos amenazados por cosas como la guerra biológica, sino que también preparó un antídoto.

    Cientos de años atrás, cuando la gente todavía peleaba guerras con rocas y lanzas, Dios nos dio una Biblia llena de promesas tan poderosas que pueden protegernos de cualquier daño que pudiera existir. Él nos provee un refugio que es más grande que cualquier arma de destrucción masiva que el enemigo pueda crear.

    Cuando estamos en ese refugio, estamos completamente seguros. Nada peligroso puede tocarnos. El Salmo 91 lo asegura, y dice así: “El que habita al abrigo del Altísimo (Cuyo poder ningún enemigo puede soportar) y se acoge a la sombra del Omnipotente, dice al Señor: «Tú eres mi esperanza, mi Dios, ¡el castillo en el que pongo mi confianza!» El Señor te librará de las trampas del cazador; te librará de la peste destructora.” (Versículos 1-3, AMP)

    En mi Biblia al lado de las palabras “peste destructora” escribí las palabras “guerra biológica” para sirmpre recordar que Dios puede librarnos de enfermedades y plagas de toda clase — aún de las creadas en un tubo de ensayo. La verdad es que Dios es tan grande que los impíos no pueden inventar ningún poder que Él no pueda manejar. Y de cara a lo peor que ellos pudieran hacer,  ¡Su verdad es un escudo protector! para aquellos que creen en Él. (Versículo 4, AMP)

    ¡Hablando de la seguridad que incluye todo! El escudo protector de Dios es mejor que cualquier clase de seguridad policial en la tierra. De acuerdo con los estudios Hebreos, este tipo de escudo (como el de la policía) provee tres capas de protección: en el frente y en ambos lados; mientras que el escudo protector que está descrito en el Salmo 91 por la palabra hebrea significa “círculo”, y envuelve todo su alrededor. Eso significa que cuando estás usando la armadura de Dios, estás completamente rodeado por su poder admirable. Estás viviendo adentro de un círculo sobrenatural de protección.

    No es de extrañar entonces lo que dice el Salmo 91:5-12:

    «No tendrás temor de los terrores nocturnos, ni de las flechas lanzadas de día; no temerás a la peste que ronda en la oscuridad, ni a la mortandad que destruye a pleno sol. A tu izquierda caerán mil, y a tu derecha caerán diez mil, pero a ti no te alcanzará la mortandad. ¡Tú lo verás con tus propios ojos! ¡Tú verás a los impíos recibir su merecido! Por haber puesto al Señor por tu esperanza, por poner al Altísimo como tu protector, no te sobrevendrá ningún mal, ni plaga alguna tocará tu casa. El Señor mandará sus ángeles a ti, para que te cuiden en todos tus caminos. Ellos te llevarán en sus brazos, y no tropezarán tus pies con ninguna piedra.»

    Piénsalo: cuando estás en el refugio de Dios, tienes guardias de seguridad contigo todo el tiempo. Tienes ángeles, las mejores tropas del Altísimo, escoltándote a cualquier lugar al que vayas. Si necesitan ayuda para mantenerte seguro, Dios enviará refuerzos porque El personalmente hizo esta promesa a toda persona que lo ama.

    «Él me invocará, y yo le responderé; estaré con él en medio de la angustia. Yo lo pondré a salvo y lo glorificaré. Le concederé muchos años de vida, y
    le daré a conocer mi salvación.» (Salmos 91:15-16)

    No vayas al cielo antes de tiempo

    Gloria a Dios, esta maravillosa protección divina es nuestra simplemente porque estamos en Jesucristo. Nos pertenece porque El pagó por ella con su preciosa Sangre. Pero, es importante que recordemos que no cae sobre nosotros automáticamente sólo porque nacimos de nuevo. Como todo otro beneficio de la salvación, si queremos experimentarla debemos alcanzarla y recibirla por fe.

    Debemos ser como David cuando escribió en los Salmos 144:1-2: «¡Bendito seas, Señor, mi roca! Tú me entrenas para la batalla; fortaleces mis manos para el combate.  Tú eres mi castillo de misericordia, mi fortaleza, mi libertador; eres mi escudo, y en ti me refugio.»

    Nota que David no solamente estuvo de acuerdo silenciosamente con la promesa del Salmo 91. El no solamente lo leyó y deseó que todo estuviera bien, sino que con seguridad y valentía dijo: “me refugio en Dios”

    Esto también es lo que nosotros tenemos que hacer — y ¡debemos hacerlo por fe! Si no lo hacemos, seremos como cualquier otra persona en este mundo. Estaremos sujetos a los mismos peligros que los no creyentes. Aunque aún así iremos al cielo después de morir, lo haremos antes de lo que teníamos planeado.

    Yo no quiero que esto me pase, ¿Y tú?

    Por supuesto que no, quieres disfrutar de una vida larga y satisfactoria. Quieres vivir el número completo de tus días dentro de ese círculo de protección de Dios.

    “Pero, Gloria”, podrías decir, “¿Cómo puedo estar seguro de que estoy viviendo dentro de ese círculo?

    ¿Cómo puedo saber que he tomado por fe refugio en Dios?”

    Mira nuevamente los versículos que leímos en los Salmos 91 y verás que hay 3 requisitos primordiales:

    Primero, debes ser como la persona del versículo 1: “El que habita al abrigo del Altísimo” Ésta no es la descripción de alguien que fue salvo hace 5 años y nunca ha estado en la iglesia o ha hecho algo para buscar de Dios desde entonces. No es la figura de alguien que está desobedeciendo a Dios y corriendo detrás del mundo.

    No, ésta es una persona que con propósito se pone a sí misma bajo la autoridad de Dios. Es alguien que camina en toda la luz que tiene y busca continuamente por más luz. El que habita en el lugar secreto es el cristiano que encuentra lo que la Palabra de Dios dice, lo cree y lo obedece.

    Si no estás viviendo así, haz un cambio. Arrepiéntete y recibe el perdón de Dios por las cosas que has hecho mal. Haz un compromiso de obedecerlo y lee tú Biblia todos los días para que así encuentres y sepas lo que Él quiere que hagas. Es muy importante que mientras la luz de la Palabra te revele cosas en tu vida que no son agradables a Él, hagas los cambios necesarios.

    A pesar de que he estado caminando con Dios por medio siglo, todavía tengo que hacerlo. Tengo que dejar que la Palabra me corrija. Por eso soy diligente en leer mi Biblia. Me mantiene en el camino correcto. Me dice cómo vivir. Me ayuda a evitar situaciones no placenteras y hasta peligrosas. Y se que hará lo mismo por ti. La Palabra de Dios en tu corazón y tu boca te trae seguridad en cada situación.

    Tu liberación y tus palabras están conectadas

    El segundo elemento que está conectado para recibir la protección de Dios lo encontramos en el versículo 2: “diré al Señor: «Tú eres mi esperanza, mi Dios, ¡mi castillo y mi fortaleza! En Él me apoyo y dependo confiadamente»” (AMP)

    De acuerdo a este versículo, no es solamente lo que crees lo que importa, también es lo que dices. Cuando hablas palabra de fe acerca de Dios siendo tu refugio, «El Señor te librará» (versículo 3).

    ¿Por qué tus palabras y tu liberación del peligro están conectadas? Porque, como Proverbios 8:21 lo dice: «La muerte y la vida están en poder de la lengua…» (RVR1960) ¡Obtienes lo que dices!

    En Marcos 11:23 Jesús lo dijo de esta manera: «Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho.»

    Nunca olvidaré la primera vez que la verdad de esa escritura me alcanzó. Fue años atrás cuando Kenneth empezaba a predicar. Yo escuchaba un audio de Kenneth E.  Hagin llamado “Puedes tener lo que dices”

    De repente, el Señor habló a mi espíritu y me dijo: “En la consistencia radica el poder.”

    Fue ahí cuando la revelación me golpeó: Si quiero ver las promesas manifestadas en mi vida, no puedo solamente hablar Su Palabra cuando oro. ¡Debo hablar en fe todo el tiempo! Debo decir únicamente ¡lo que quiero que pase!

    Esa revelación cambio mi vida. Hasta ese momento había estado operando como la mayoría de la gente. Cuando estaba en problemas, hablaba de ellos, hablaba de lo mal que las cosas estaban. Pero la fe no puede hacer lo mismo. No puedo hablar del problema. La fe habla (declara) la respuesta.

    No puedes hablar de miedo y al mismo tiempo estar en fe.

    Cuando estás caminando en fe por protección, no puedes ir por ahí diciendo: “Estoy asustado de los ataques terroristas. Tengo miedo de morir joven. Temo que me de cáncer…” Debes decir lo que quieres que pase. Debes decir cosas como: “Dios me librará de todo peligro, Él es mi refugio y mi  fortaleza. Ningún mal vendrá cerca mío y ninguna plaga o calamidad se acercará a mi familia”

    Si accidentalmente resbalas y dejas que palabras de incredulidad salgan de tu boca, repréndelas. Llámalas de regreso y di: “Reprendo esas palabras tontas, no son lo que creo; creo que mi familia y yo estamos rodeadas por la armadura de Dios. Estamos seguros en el Nombre de Jesús”

    Personalmente, hago declaraciones de fe cada día. Cada mañana cuando oro, hablo el círculo de la BENDICIÓN y protección de Dios alrededor mío y de Kenneth, nuestros hijos, nietos y biznietos. Te aliento a hacer lo mismo. Hay mucha maldad en el mundo. La gente afuera esta enloquecida, asesinando, robando y destruyendo. ¡Es peligroso, si no estás armado con la armadura de Dios! Así que empieza orando palabras llenas de fe como las del Salmo 91.

    ¡Agarra tu pistola de la fe y dispara!

    Cuando habitas en el lugar secreto del altísimo Dios y continuamente habla palabras de fe acerca de su protección, el tercer elemento listado en el Salmo 91 caerá en su lugar:

    “No tendrás temor” (versículo 5)

    De nada.

    ¿Por qué es importante que no estés asustado o temeroso? Porque la fe y el miedo no trabajan juntos. O tienes uno, o tienes el otro. Si permites el miedo en tu vida, abrirás la puerta al diablo en la misma forma en la que la fe le abre la puerta a Dios. Te robará tu seguridad sobrenatural. Así que decídete a no darle ningún lugar al miedo en tu vida. Determina  destruir cualquier reminiscencia de temor antes de que pueda entrar en tu boca o en tu corazón.

    Puede sonar gracioso, pero personalmente, trato al miedo en la misma forma en que trato a los apestosos armadillos que intentan esconderse afuera del patio de la cabaña que Kenneth y yo tenemos en Arkansas. ¡Esos armadillos son pequeños diablos! Intentarán destruir mis jardines y acabar con mis hermosas flores y arbustos. Así que estoy en guerra con ellos.

    Si me despierto en la madrugada y pienso que escuché alguno cavando y rasguñando, no sólo me quedo acostada escuchando. Me levanto de la cama y camino en puntillas hacia la puerta para ver que está pasando. Una vez que verifico que es un armadillo, despierto a Ken.

    “Agarra tu pistola” le digo.

    A Kenneth no le importan los armadillos — o las flores o arbustos — pero yo le importo y el cuida de mí. Así que tomará su arma y saldrá a la entrada en su pijama mientras yo le sigo por detrás. Lucimos como la abuela y Jed Clampett al estar ahí afuera, pero hacemos el trabajo. Nos deshacemos de los armadillos.

    Puedes hacer la misma cosa en lo concerniente al miedo. La próxima vez que levante su horrible cabeza en tu vida, trátalo como el ladrón espiritual que realmente es. En vez de sólo sentarte mientras el cava y rasguña alrededor de tu jardín de la fe, ponte agresivo y ve detrás de él.

    Carga tu pistola espiritual con la Palabra de Dios. Busca por escrituras acerca de protección divina y léelas todos los días hasta que puedas dispararle y matar cualquier cosa; desde la gripe porcina hasta la guerra biológica. Pon el Salmo 91 en tu corazón hasta que sin duda alguna y sin importar qué pase en este mundo loco, tu estés completamente seguro.

    Si haces estas cosas, no hay peligro que pueda tocarte. Estarás rodeado por el impenetrable círculo de la protección sobrenatural de Dios. Realmente no tendrás nada que temer.

    Texto extraído de: Revista LVVC – Edición julio 2014, página 26

  • ‘He criado a una atleta Olímpica’ (por Ronald C. Jordan)

    7-14_profile_01La atmosfera dentro del London’s North Greenwich Arena estaba cargada de todo, menos de silencio. Gabby Douglas, de 16 años de edad, ejecutaba la última de cuatro rutinas como miembro del equipo de gimnasia de los Estados Unidos de América que estaba compitiendo en las Olimpiadas de 2012. Sentada entre un mar de eufóricos espectadores, Natalie Hawkins suspiró profundo —anticipando el siguiente movimiento de su hija.

    Durante casi 20 años, incluso antes que Gabrielle Douglas naciera en Newport News, Virginia, la vida había sido una lucha diaria para Natalie, enfrentada a problemas financieros y una tensa relación matrimonial, mientras criaba a sus cuatro pequeños hijos.

    Su último intento de supervivencia, declararse en quiebra para salvar su casa y mantener un techo donde pudiera habitar su familia, había agotado sus últimas fuerzas. Y eso sin mencionar que sólo siete meses antes de formar parte del equipo Olímpico, Gabby le había comunicado a su familia que quería renunciar y regresar a casa. El estrés de estar lejos de su familia le había afectado.

    Sentada en ese lugar junto a sus tres hijos, nada parecía importarle en ese instante. Excepto que su hija cumpliera el sueño de su vida de competir en las Olimpiadas. En los siguientes minutos Gabrielle Douglas podría literalmente dar un salto mortal para obtener un título Olímpico — ¡y una medalla de oro!

    Natalie relata la emoción que ella, sus hijas Arielle y Joyelle y su hijo Johnathan, sintieron: «Cuando publicaron el puntaje, y supimos que ella había ganado la medalla de oro, nos quedamos sin palabras. Era como si Dios hubiera restaurado todo lo que habíamos perdido; y en un solo instante, galardonó nuestra fidelidad de confiar en Él en las luchas y dificultades».

    Han pasado dos años desde que Gabby Douglas recibió tres condecoraciones en agosto de 2012, haciendo historia Olímpica al convertirse en la primer gimnasta afroamericana en ganar una medalla de oro en competición individual y por equipos en la misma Olimpiada; y también fue la primer norteamericana en ganar múltiples medallas de oro. Natalie aún se llena de emoción cada vez que habla de los logros de su hija, y reflexiona las dificultades que enfrentaron como familia en el proceso.

    Sólo el brillo de su hermosa sonrisa puede eclipsar la tristeza que ocasionalmente reflejan sus ojos al recordar esos tiempos —tiempos en los que Natalie parecía estar en una montaña rusa sin fin, y que durante años parecía ir más cuesta abajo que cuesta arriba.

    No hay razones para estar avergonzada

    “La vida fue increíblemente difícil en esa etapa” relata Natalie con un tono que a veces refleja algo de arrepentimiento y tristeza. Sin embargo, ella no vive de sentimientos.

    «No puedo estar triste por nada de lo que sucedió en aquel entonces, porque se que en cada momento Dios estuvo allí. Hubo momentos en los que me quería dar por vencida, y algunas veces lo hice. Pero, aun cuando me daba por vencida con El, ¡Él nunca se dio por vencido conmigo!».

    «Y no me puedo apenar o avergonzar de nada. Parecía que siempre había obstáculos. Pero a pesar de esos momentos difíciles, Dios nos protegió. Aunque parecía que Él no estaba ahí en esos momentos, siempre lo estuvo. ¡Nunca nos dejó!».

    ¡Tiempos difíciles!

    Es una manera amable de describir cómo era la vida para Natalie Hawkins después de casarse en 1991. Como madre soltera con una hija de dos años, Natalie esperaba una vida llena de emoción, incluyendo la posibilidad de ministrar al lado de su nuevo esposo, Timothy Douglas, quien era egresado de un instituto bíblico. Pero en lugar de eso, Natalie se encontró asi misma en una relación tempestuosa que duró por años, trayéndole más problemas de los que hubiera podido esperar en su futuro.

    Natalie dice que le atribuye muchas de esas dificultades al hecho de que ella era la responsable de sostener a la familia. Después de años de lucha, ella y Tim se divorciaron en el 2002, se volvieron a casar en el 2005, y se separaron definitivamente seis meses después.

    Cuidando de no hablar de manera despectiva de su ex esposo, Natalie nos comentó abiertamente que: “los periodos de tiempo que él estuvo desempleado causaron un impacto negativo en la relación”. Además, ella dice que Tim no participó de manera activa en la familia durante todos esos años, lo cual ha sido de alguna manera difícil para sus hijos.

    Sus primeros años de experiencia en la iglesia

    Para la época en que Natalie conoció a Tim, servir a Dios no era algo nuevo para ella. A la edad de 5 años, ella y su madre, quien estaba enlistada en la Marina y en servicio en Norfolk, Virginia, comenzaron a asistir a una iglesia en Virginia Beach. Un par de años después Natalie fue inscrita en una academia privada de la iglesia. Natalie dice que se apartó de la iglesia durante los años de la secundaria, pero re-dedicó su vida al Señor en 1990.

    Natalie explica: «Tim y yo nos conocimos en la iglesia, poco tiempo después de que regresara al Señor en 1990. Con él conocí el ministerio de enseñanza de Kenneth y Gloria Copeland, y otros poderosos predicadores».

    Luego en 1991, se casaron.

    No pasó mucho tiempo para que los problemas comenzarán a surgir, admite Natalie. Con Tim desempleado, Natalie trabajaba para tratar de ayudar a suplir las necesidades. Sin embargo, sin importar cuánto lo intentaba, nunca había suficiente dinero. Sin saber qué hacer, ella le pidió ayuda y consuelo al Señor.

    La necesidad de mudarse

    Natalie relata: «Hay un libro de Gloria Copeland titulado: La voluntad de Dios para tu prosperidad; éste se convirtió en mi guía. En ese libro, la hermana Gloria relata la extrema pobreza que ella y su esposo sufrieron, y de cómo llegaron al punto de cocinar en una cafetera. Esa historia, y otras cosas que ella describe sonaban muy parecidas a lo que estábamos atravesando, y eso me animó a levantarme e intentar hacer algo para que las cosas cambiaran».

    En febrero de 1996, Natalie y Tim se mudaron con la familia a Tulsa, Oklahoma, esperando que las cosas mejoraran. Lamentablemente, sucedió lo opuesto. En preparación para su mudanza, Natalie encontró un lugar para vivir, llamó al propietario, le explicó su situación financiera y le ofreció enviarle un depósito. Para su sorpresa, el propietario aceptó trabajar de esa manera con ellos.

    Natalie dice: «Él me dijo que no me preocupara porque mantendría la casa disponible hasta que nosotros llegáramos. Pero cuando llegamos unas semanas después, él ya se la había rentado a alguien más».

    Ahora sin casa y sin dinero para pagar un hotel, la familia se vio obligada a vivir en su vehículo hasta que encontraran un lugar donde vivir. Y para agregarle algo más a sus problemas, la pequeña Gabrielle de dos meses sufría de problemas sanguíneos desde su nacimiento y estaba teniendo problemas respiratorios; y no había dinero para proveerle la atención médica necesaria.

    «En ese punto en realidad tocamos fondo, porque mi bebé necesitaba ayuda y no podíamos llevarla al médico», expresa Natalie.

    Desesperada por recibir ayuda, Natalie clamó a Dios: Señor, si en mi ignorancia he cometido algún error, entonces recibo mi perdón. Estamos endeudados, y no tenemos dinero. ¡Muéstrame qué debo hacer por mis hijos y por mi familia!

    «Consistentemente proclamé la Palabra sobre mi hija, al tiempo que lo hacía por su sueño [competir en las Olimpiadas.] Durante años, le dije a todo aquel que quisiera escucharlo que Gabrielle sería una atleta olímpica en el 2012. Muchas personas me dijeron después que pensaron que estaba medio loca. Sin embargo, ¡ahora quieren saber cómo lo logramos!».

    Con el tiempo, Gabrielle comenzó a mejorar, y al cumplir un año de edad, todos los síntomas habían desaparecido, afirma Natalie. Ella aún era muy pequeña, pero por primera vez en su vida estaba sana.

    “¡Necesitamos empleo!”

    Ese mismo año, Natalie y Tim asistieron a una conferencia en Oral Roberts University, donde Kenneth Copeland era uno de los conferencistas. Después de una de las sesiones, Natalie recuerda que uno de los predicadores se dirigió a la audiencia y dijo: «Si le estás creyendo a Dios por algo, y estás creyendo por cambios, sal de tu asiento y ven aquí ahora».

    “¡Salí de mi lugar de inmediato!”, recuerda Natalie.

    Al estar en la fila esperando oración, Natalie y Tim se sorprendieron cuando Kenneth y Gloria Copeland se acercaron a ellos. Natalie no les dio oportunidad de preguntar por la petición de oración, y abrió su corazón: “¡Necesitamos la ayuda de Dios! ¡Hemos vivido muchas cosas! ¡Necesitamos un milagro! ¡Lo que sea! ¡Con lo que Dios nos dé en este punto estaría feliz”.

    «Luego, me escuché a mí misma diciendo: “Necesitamos empleo”. ¿Tienen lugares vacantes en KCM? Estamos dispuestos a ir a Fort Worth. Podemos limpiar sus baños, podemos limpiar sus pisos; sólo necesitamos sacar adelante a nuestra familia».

    “Recuerdo que el hermano Copeland miró a Tim, y luego me miró a mí. Nos apuntó con su dedo y dijo: ‘Vengan’. Luego dijo: ‘Dénme sus datos. Nosotros vamos a muchos lugares y conocemos mucha gente’ ”.

    ¿Un nuevo comienzo?

    Cuando Tim, Natalie y sus cuatro hijos llegaron a Fort Worth, Texas, en el verano de 1996, fueron directo a los Ministerios Kenneth Copeland donde se les dio la oportunidad de aplicar para un trabajo en el ministerio. Dos semanas más tarde, Natalie ya estaba trabajando en una institución financiera local.

    La pareja se unió a la iglesia Eagle Mountain International, e involucraron a sus hijos en Superkid Academy, el ministerio de niños de KCM. Aunque Tim no fue contratado de inmediato, con el tiempo comenzó a trabajar en el departamento de seguridad del ministerio. Repentinamente, las cosas comenzaron a mejorar.

    Durante los siguientes cuatro años, Natalie se alimentó de las enseñanzas de KCM y EMIC. También estudió durante un corto período en el instituto bíblico de Jerry Savelle Ministries International, y obtuvo un título técnico en una universidad local, mientras trabajaba de tiempo completo. Sin embargo, a pesar de sus esfuerzos, la montaña rusa seguía su curso en espiral. Cuando Tim volvió a quedarse sin empleo, la escasez económica siguió siendo un problema.

    Natalie admite: “Para ese entonces nuestro matrimonio ya estaba muy destrozado… Además, debido a la reducción de personal, el lugar de atención al público donde estaba trabajando cerró. Todos fuimos despedidos. Y ahora estaba sin trabajo. Empecé a estar furiosa. Literalmente hice mi fe a un lado. Estaba molesta con Dios, preguntándome dónde estaba Él mientras todo eso sucedía. En el año 2000, no me quedó otra elección más que mudarme con mi madre a Virginia y estaba muy agradecida que me recibiera a mí y a los niños.”

    Dos meses después de su regreso a Virginia, Natalie estaba trabajando de tiempo completo y podía mantenerse a sí misma y sus cuatro hijos. Dos años después, compró su primera casa. Ese mismo año, ella y Tim se divorciaron.

    Al examinar su vida, Natalie sabía que había algo que le hacía falta.

    Ella admite: “Me había alejado de Dios, y había perdido mi relación con Él. Había una lucha en mi corazón, pero aún seguía molesta y amargada. Un día mi madre me dijo: “Realmente necesitas ser libre y dejar el pasado. Sé que es increíblemente difícil perdonar, pero debes hacerlo”.

    “Era infeliz, y lo sabía; pero también sabía que era más fácil amar que odiar” dice Natalie.

    Siguiendo el consejo de su madre, Natalie escogió darle lugar al amor. Y en el 2005, regresó a la iglesia. También se reconcilió con Tim, y se volvieron a casar. Lamentablemente, el matrimonio sólo duró seis meses.

    Los siguientes años, Natalie luchó para mantener a la familia unida. Incluso cuando sufrió una reacción negativa a un tratamiento médico que la obligó a dejar su trabajo en el 2009, ella siguió buscando la manera de sacar adelante a sus hijos.

    Camino a la victoria

    En el año 2010, Natalie tuvo que enfrentar un reto diferente cuando Gabrielle, de 14 años, y quien practicaba gimnasia desde los 6, decidió que quería llevar su entrenamiento a nivel profesional. Hasta este punto, Gabby ya se había convertido en una gimnasta sobresaliente, participando y ganando en varias competencias. Sin embargo, para cumplir sus deseos de competir en las Olimpiadas, necesitaba un entrenamiento avanzado.

    Cuando escuchó hablar del entrenador veterano de gimnasia Liang Chow, quien entrenó a la Campeona Mundial de 2007 y medallista de oro en las Olimpiadas de verano de Pekín 2008 en la barra de equilibrio, Shawn Johnson, Gabby le rogó a su madre que la dejara ir a Des Moines, Iowa, para entrenar. Tomó un buen tiempo persuadir a Natalie, pero al final accedió. Así que en el 2010, Gabby se mudó a Iowa y durante los dos años siguientes vivió con una familia anfitriona, mientras entrenaba con Chow.

    En junio de 2012, Gabby compitió en el Campeonato Nacional de gimnasia de Estados Unidos en St. Louis, Missouri, obteniendo la medalla de oro en la barras asimétricas, plata en la clasificación general y bronce en ejercicios de suelo. En julio, compitió en las pruebas eliminatorias: 2012 Olympic Trials Gymnastic en San José, California, obteniendo el primer lugar en la tabla de posiciones, asegurando su participación dentro del equipo de gimnasia Olímpica de mujeres.

    Sólo siete meses antes de los juegos Olímpicos, Gabby le informó a su madre que se sentía nostálgica y que quería renunciar. Natalie estaba devastada, en especial por todo el esfuerzo que su hija había realizado para llegar adonde estaba.

    Natalie relata: “Entendía como se sentía, y anhelaba con todo mi corazón tenerla en casa. Pero sabía que si lo hacíamos, nos arrepentiríamos el resto de nuestra vida. Además sabía que era su sueño. Así que le dije que si renunciaba ahora, estaba renunciando a una oportunidad que no se volvería a repetir nunca más».

    “Oramos, y Gabrielle se tomó su tiempo para meditar la situación. Me llamó poco tiempo después, y me dijo: “Mamá, voy a dar todo lo que tengo”.

    Agradecida de que su hija estaba viviendo su sueño, Natalie quería apoyar todo lo que pudiera a Gabby, mientras ella se preparaba para competir. Recordando su relación con KCM, Natalie llamó a la línea de oración y pidió por su hija. No fue una sorpresa que después de todo el arduo trabajo, el tiempo, los sacrificios, y de las oraciones de creyentes a través de todo el país, —cuando los puntajes finales fueron sumados— Gabby sobresalió en todos como una campeona.

    Cuando en una entrevista le preguntaron cómo había permanecido animada ante los años de adversidad, y cómo había tomado las decisiones difíciles mientras Gabby perseguía su sueño, Natalie respondió: «Me decía a mí misma, mi hija tiene la oportunidad de hacer su sueño realidad. Y en medio de todo eso, ella podía hacer historia e inspirar a toda una nación; asi que, este es un sueño por el cual vale la pena luchar. Es un sueño por el cual valía la pena apostarle todo. Ésa era mi motivación».

    Como una madre que anima a sus hijos a alcanzar sus sueños, Natalie es rápida para reconocer cómo sus hijos continúan manteniéndola motivada.

    Ella dice: “Mis hijos conocen la Palabra de Dios. Me siento bendecida al verlos que la practican a diario. Hemos abrazado el mandamiento del Señor de vivir en amor, y la unidad que disfrutamos como familia es hermosa».

    Hoy, la montaña rusa de Natalie Hawkins se estabilizó un poco, y las subidas son superiores a los descensos. Ahora en vez de enfocarse en la cuentas, el enfoque de Natalie está en el futuro de sus hijos. A principios de este año, la familia se mudó a California —un cambió que facilitó la nueva carrera de Gabby—. Además facilitó que sus hijas Arielle y Joyelle persigan su sueño de convertirse en actrices. Ahora ambas están estudiando actuación.

    Y mientras su hermano Johnathan, quien es un velocista sobresaliente, cursa su primer año en la universidad, tiene la meta de unirse a su hermana en las Olimpiadas Brasil 2016.

    Durante su visita más reciente a KCM, Natalie expresó: «Es fácil maravillarse ante todas las cosas emocionantes que han ocurrido en los últimos años. Sin embargo, la verdad es que nada de esto hubiera sucedido sin la ayuda de Dios. Aun cuando le di la espalda, Él nunca me dio la espalda a mí. Todo se lo debemos a Él».

    Natalie está agradecida por las enseñanzas que ha recibido de Kenneth y Gloria Copeland, y de la iglesia EMIC. Como colaboradora de este ministerio, ella sigue escuchando sus enseñanzas.

    Natalie concluye: «Veo a los Copeland como mis padres espirituales. No hay palabras para describir cuánto ellos me han alimentado».

    Texto extraído de: Revista LVVC – Edición julio 2014, página 10

  • Una invitación a colaborar de parte de Kenneth Copeland

    7-14_partner-invitationGracias por la oportunidad que nos das de ser parte de tu vida! Para Gloria y para mí esto es lo que realmente importa. Estamos aquí para ti… para ministrar la PALABRA no comprometida de fe y la Victoria en Jesús para tu vida.

    Hemos dedicado nuestras vidas a mostrarles a los creyentes cómo dejar que sus voces sean oídas, como vivir en victoria en Jesús y como percibir el valor de su propio ministerio en la vida de los demás cada día de sus vidas. Como lo he dicho antes, y como siempre lo repito: este ministerio no es acerca de nosotros, sino de cómo llegamos a tu lado para animarte, fortalecerte y compartir Su gloria contigo.

    Nuestras vidas cambiaron dramáticamente muchos años atrás porque hicimos una decisión muy importante: Determinamos que caminaríamos en fe cada día, creyendo CADA PALABRA de Dios y ¡recibiendo LA BENDICIÓN que Él nos ha dado por gracia!

    Desde ese día, jamás retrocedimos, y ha sido emocionante caminar con Dios y verlo hacer Su trabajo en las vidas de los creyentes que han hecho la misma decisión.

    Hoy quiero recomendarte, si eres nuevo o no conoces mucho de KCM, a formar parte de lo que Dios está haciendo en la vida de tantas personas alrededor del mundo a través de este ministerio.

    Si el deseo de tu corazón es un caminar más íntimo con Dios, si estás buscando revelación fresca de Su PALABRA, y si estás listo para avanzar y cumplir el plan de Dios para tu vida, a Gloria y a mí nos gustaría entrar en un pacto espiritual de colaboración contigo. Será un honor tenerte a nuestro lado — creyéndole a Dios por lo mejor, orando juntos y experimentando juntos Su favor y Su bendición sobre nuestras vidas mientras descubrimos la riqueza y la sabiduría de Su PALABRA.

    Así es como ministramos cada día a nuestros colaboradores.

    Colaborar con los Ministerios Kenneth Copeland no significa inscribirse en un programa especial. Es una conexión espiritual que toca cada parte de tu vida. Es una unión de corazones —el tuyo y el nuestro— creyendo juntos para ver la PALABRA de Dios viva; no solamente en nuestras vidas, sino también en las de aquellos alrededor del mundo, mientras declaramos a una voz, firme y claramente que “¡Jesús es el SEÑOR!” desde la cima más alta al valle más profundo, ¡y en todos los confines de la Tierra!

    Hoy más que nunca, Dios está buscando por esas personas que decidan creer en Él como lo hizo Abraham, el padre de la fe. El necesita de aquellos que no solamente le crean con todo su corazón, sino que también de manera segura esperan que ¡LA BENDICIÓN de Abraham sea manifestada en sus propias vidas, y derramada a su alrededor y en la vida de las personas con las que Dios las conecte!

    Ése es el deseo que hemos visto crecer en nuestros colaboradores a través de los años. Su pasión por Su PALABRA crece. Ellos le creen a Dios por respuestas en sus vidas y saben que Dios les ha dado la victoria por todo lo que Jesús ya ha hecho por este mundo. Ellos nos comparten que no importa donde ellos estén en su caminar de fe. ¡La PALABRA se hace viva en ellos como nunca antes! ¡Y son equipados para ser esa voz fuerte de victoria que otros necesitan oír!

    Nuestros colaboradores van con nosotros “a este mundo” para predicar y enseñar la PALABRA de Dios. Y cuando nosotros vamos, hay una unción para ministrar que fluye a través de la colaboración. Nosotros experimentamos la protección de la mano de Dios, su provisión y vemos como el enemigo es derrotado una y otra vez después que la PALABRA de Dios es proclamada.

    Debido al pacto que compartimos, este ministerio no es sólo nuestro — nuestros colaboradores comparten cada aspecto del mismo. Considera lo que el Apóstol Pablo escribió en Filipenses cuando le hablaba a sus colaboradores para que apoyaran su trabajo. El oraba por ellos siempre, manteniéndolos cerca de su corazón y declarando el trabajo completo de Dios en sus vidas. El los alentaba en la verdad de que a medida que ellos oraban por él y lo apoyaban en su llamado, se convertían en participantes de la gracia que estaba en su vida y su ministerio. (Filipenses 1:7; 1 Corintios 15:10)

    Él estaba refiriéndose a la unción de Dios que era obvia en su vida. Les recordaba que ellos compartían su misma unción, frecuentemente observada en el ministerio con “señales que lo seguían.”

    Esta verdad no es diferente en nuestra actualidad. Cuando el Espíritu de Dios te guía a conectarte con nuestro ministerio, la unción de nuestro ministerio viene sobre ti y tu unción se une con la nuestra.

    Cuando nos conectamos en el Espíritu, podemos alcanzar cosas grandiosas para la gloria de Dios. La Biblia nos dice que un solo hombre puede perseguir a mil, y dos hacer huir a diez mil… (Lee Deuteronomio 32:30)

    Hoy, nos gustaría invitarte a unirte a nosotros en un pacto de colaboración. Estamos aquí para ti y nos emocionaría tenerte como nuestro colaborador en el ministerio… Creyentes unidos con propósito y visión… ministrando el Evangelio de Jesús y el amor de Dios a nuestro mundo. Por favor considera nuestra petición en oración, ¡escríbenos o llámanos para informarnos tu decisión de unirte a nosotros! Después de tu contacto, inmediatamente te enviaremos nuestro paquete al colaborador.

    Como nuestros colaboradores ya lo saben, Gloria y yo oramos estas escrituras sobre ti cada día: Salmos 23, Salmos 91, Salmos 103, Salmos 112, Isaías 54, Efesios 1:16-23, Efesios 3:14-20, Colosenses 1:9-11, 1 Tesalonicenses 5:23, Romanos 15:29, Romanos 15:13 y Zacarías 9:11-12. Te aliento a buscar estas escrituras para que puedas ver de primera mano que nosotros unimos nuestra fe y creemos a Dios por cada día de tu vida.

    Además de orar por ti, he comprometido mi vida a buscar a Dios y recibir revelación de Él, la cual compartiré contigo en una carta de enseñanza especial para el colaborador cada mes.

    Gloria y yo seremos honrados de tenerte como colaborador con los Ministerios Kenneth Copelad y ser parte de nuestro caminar de fe en estos días excitantes en los que vivimos — ¡los mejores días en el plan de Dios para nuestro mundo!

    Por favor continúa viendo nuestro programa la Voz de Victoria del Creyente, mientras te proveemos la carne de la PALABRA de Dios. Serás capacitado con poder para dejar que tu voz se escuche, hasta que descubras y declares las cosas grandes que Dios tiene para ti — un plan que guiará tu vida por fe… y a tu victoria.

    Fuiste redimido para Sus propósitos, y Él te ha ungido para el ministerio. Como Colaboradores en Pacto, creo que veremos crecer esa unción y Sus propósitos cumplirse en tu vida mientras juntos continuamos proclamando que… “Jesús es el Señor”

    Texto extraído de: Revista LVVC – Edición julio 2014, página 20

  • La carta al colaborador de Kenneth

    7-14_letterEl Señor me ha bendecido con muy buenos amigos a través de los años, pero los mejores amigos que tengo son las personas que han decidido colaborar con el ministerio. Esas son las personas a las que le escribo una carta cada mes.

    Y cada mes, desde la primera vez que escribió su primera carta al colaborador en Febrero de 1986, Kenneth Copeland ha cumplido fielmente con su compromiso de escribir una carta y enviarla a sus colaboradores, año tras año, sin excepción. Esta carta es real, personal y siempre llega en el momento preciso… Porque en lo que concierne a Kenneth Copeland, está escribiéndoles a sus amigos más cercanos.

    Un compromiso para toda la vida

    Kenneth Copeland aprendió la importancia de escribir una carta años atrás de su padre espiritual, Oral Roberts, una mañana en la que se reunieron por petición del hermano Roberts para que Kenneth lo ayudara a escribir su propia carta. El hermano Roberts levantó su Biblia en alto y le preguntó:

    ¿Qué es esto?

    “Esa es la Palabra de Dios” Kenneth le respondió.

    ¿Qué es esto? Le preguntó de nuevo.

    Kenneth sabía que tenía que darle la respuesta correcta, y trató nuevamente.

    “Bueno, es el viejo pacto y el nuevo pacto”

    ¿Qué es esto? Le preguntó por tercera vez.

    “Es la Biblia”

    Sin aviso alguno, el hermano Roberts lanzó la Biblia a través del escritorio y golpeó a Kenneth  en el medio del pecho, casi tumbándolo de la silla.

    Con la unción sobre él le dijo: “son cartas, y están tan ungidas hoy como lo estaban el día en que fueron escritas.”

    ¡Cartas!

    Esa palabra resonaba en el interior de Kenneth. Y pensó: el nuevo testamento está compuesto en su mayoría de cartas que el Apóstol Pablo le escribió a sus colaboradores en las iglesias de Éfeso, Filadelfia, Galacia, Corinto, Roma, Colosas y Tesalónica — las cartas eran escritas para animarlos, alentarlos y ayudarlos a sobrepasar cada obstáculo.

    Luego, el hermano Roberts habló nuevamente:

    Y le dijo: “Voy a pedirte que hagas uno de los compromisos más serios que hayas hecho en toda tu vida; quiero que te comprometas con Dios que cada 30 días, por el resto de tu vida, orarás al Espíritu Santo hasta que tengas algo ungido para escribirle a tus colaboradores, de la misma forma que Pablo escribió sus cartas.”

    Ese mismo día, Kenneth se comprometió de por vida. El SEÑOR lo motivó a estudiar la carta a los Filipenses — una carta de Pablo a sus colaboradores en el ministerio —, como un ejemplo de cómo el Espíritu Santo podría usarlo para escribir a sus propios colaboradores.

    Kenneth explica: “Desde ese momento hasta entonces, he estado escribiendo una carta cada mes a mis amigos colaboradores. No son cartas para conseguir dinero. No las escribo por esa razón. Dios es mi proveedor y Él suple a todas mis necesidades. Escribo las cartas porque quiero bendecir a mis colaboradores, porque ellos comparten mi gracia (Filipenses 1:7), quiero compartir con ellos las revelaciones que Dios me da.”

    Estas nos son revelaciones repentinas. Cada carta representa horas y horas de oración de parte del hermano Copeland. A través de ellas comparte personalmente las cosas que el SEÑOR está enseñándole con el deseo de fortalecer y animar a todos los que las reciben.

    Kenneth relata: “Agonizo con esas cartas, oro… y oro… y oro… y oro. Luego vuelvo y oro hasta que escucho lo que Dios tiene en su corazón. Algunas veces recibo en la madrugada. Pero una cosa es segura — Espero hasta que escucho del cielo. No sólo me siento y escribo cualquier cosa en el papel.”

    Tal vez nadie conoce mejor que los miembros de su familia el tiempo y el compromiso que Kenneth dedica cada mes para escribir la carta a sus colaboradores.

    “Mi mamá y papá siempre han estado comprometidos a nuestros colaboradores” dice su hija Kellie Copeland Swisher, quien recuerda haber crecido viendo a su papá escribir a mano la carta para los colaboradores cada mes.

    “Siendo niños, siempre estuvimos conscientes de los colaboradores porque nuestros padres hablaban y oraban por ellos todo el tiempo” dice Kellie. “Siempre existía la presencia de los colaboradores en nuestra casa. Su amor y compromiso por los colaboradores también se estableció en nuestros corazones, y a medida que crecíamos esa conciencia se transformó en algo propio en nosotros al llegar a la edad adulta”

    Kellie también recuerda cómo su papá invertía horas con bolígrafo y papel en mano, “orando por la carta de los colaboradores hasta que oía del Señor.”

    “Nos íbamos de  vacaciones, y si era el momento de escribir la carta, mi papá no hacía nada más hasta que estaba escrita. El no esquiaba. No iba al lago. Él no se levantaba de su silla hasta que la carta estaba terminada. Era como si los colaboradores estuvieran de vacaciones con nosotros. “Y al terminar de escribirla, si él no podía levantar esa carta al cielo y decirle desde su corazón al Señor: ‘Esto es lo que Tú le estás diciendo a tu gente, y es lo que proveerá a sus necesidades — no las mías’, no importaba que tan grandiosa fuera esa carta;  la arrugaba, la tiraba al piso y empezaba de nuevo.”

    El latido del corazón del ministerio

    Desde sus inicios, la carta al colaborador de Kenneth Copeland no solamente ha sido un estímulo para sus recipientes, sino también una fuerte de verdad y victoria. Por ejemplo: cuando la recesión golpeó al Canadá hace algunos años, una colaboradora de ese país recordó las instrucciones que el Señor le había dado a través de la carta al colaborador de Kenneth Copeland de Febrero de 1992: ¡No te unas a la recesión! Así que no lo hizo. Después de recibir esa carta, el Espíritu Santo la instruyó a tomar el paso adicional de orar que la recesión trabajaría a su favor y no en su contra.

    El hermano Copeland recuerda que “la primera cosa que sucedió fue que en vez de ser víctima de la reducción de personal en su compañía como resultado de la recesión, fue promovida a una posición en recursos humanos.” Poco tiempo después, le dieron la oportunidad de terminar con sus estudios, “y mientras el mundo a su alrededor atravesaba la recesión, ella escogió participar de ¡LA BENDICIÓN de provisión y promoción de Dios!”

    Más que nunca, las cartas de Kenneth Copeland se han convertido en el palpitar del corazón del ministerio. “Estimo que entre el 85–90 por ciento de lo que predico en las reuniones… lo recibo como parte de la revelación mientras escribo la carta,” dice Kenneth. “Lo he hecho por muchos años y es un flujo y una fuente constante de revelación para mí.”

    Hoy en día la carta al colaborador es enviada a casi 300.000 personas alrededor del mundo cada mes, y es una de las herramientas más importantes de los Ministerios Kenneth Copeland. Ésta viaja a todo el mundo, desde la cima más alta al valle más profundo, y a todos los confines de la tierra, fortaleciendo y produciendo miles de testimonios de salvación, sanidad, liberación, restauración y crecimiento.

    A pesar de que la mayoría de los materiales de KCM tardan meses en ser producidos, la carta al colaborador es considerada prioridad número uno y toma únicamente algunos días desde su concepción hasta su culminación.

    “Estas cartas han cambiado vidas — las de mis colaboradores y la mía” dice Kenneth. “Gracias a  Dios, y al Espíritu Santo que obró a través del Apóstol Pablo y el hermano Roberts, todos hemos sido bendecidos.”

    Con el paso de los años, hemos visto que la colaboración es dinámica. La colaboración no es una relación unilateral. Por definición, colaboración significa “Participar en”. Como el Apóstol Pablo dijo, “Doy gracias a mi Dios cada vez que me acuerdo de ustedes…por su comunión en el evangelio, desde el primer día hasta ahora…Es justo que yo sienta esto por todos ustedes, porque los llevo en el corazón. Tanto en mis prisiones como en la defensa y confirmación del evangelio, todos ustedes participan conmigo de la gracia.” (Filipenses 1:3,5,7)

    Si todavía no eres colaborador de KCM, te invito hoy a que te unas a Gloria y a mí como tal. Si tú y el Señor han decidido que éste es el momento para establecer esta conexión de alianza, me gustaría enviarte nuestro Paquete de Nuevo Colaborador. El mismo incluye información detallada acerca de la colaboración y sus beneficios, incluyendo nuestros compromisos contigo. Llámanos ahora a los teléfonos:

    1-800-600-7395 (EE.UU.)

    +1-817-852-6000 (Internacional)

    lunes a viernes / 9:30am – 5:00pm (Hora central de EE.UU.)

    [button type=”bd_button btn_small” url=”http://bit.ly/1fOCOzr” target=”on” button_color_fon=”#3fc2da” button_text_color=”#FFFFFF” ]CONVIÉRTETE EN COLABORADOR[/button]

    Texto extraído de: Revista LVVC – Edición julio 2014, página 18

  • ¡Esta es una vida maravillosa! (por Kenneth Copeland)

    7-14_kennethLa vida Cristiana no es dura.

    Me doy cuenta que esta declaración puede ser alarmante para algunas personas, sin embargo es verdad. Cuando vivimos en la manera que Dios lo predestinó, la vida Cristiana es maravillosamente simple. Es como Jesús dijo en Mateo 11:30: fácil y liviana.

    No tenemos que cansarnos y quedar exhaustos tratando de encontrar la solución a los problemas que enfrentamos. No tenemos que luchar para llegar a fin de mes, o preguntarnos y preocuparnos acerca del futuro.

    Todo lo que tenemos que hacer es seguir a nuestro Buen Pastor. Todo lo que tenemos que hacer es ir a donde Dios nos guía, decir lo que Él nos dice, y hacer lo que nos muestra que hagamos, y Él se hará cargo del resto. Él nos hace descansar en pastos verdes para que no tengamos que desear o querer nada. Nos conduce a arroyos de fuentes tranquilas para que constantemente descansemos y nos refresquemos. Nos mantiene en el camino correcto para que nunca estemos perdidos, confundidos o asustados.

    ¿Suena esto como una vida difícil o dura?

    Para mí, ciertamente no.  Suena como la clase de vida descrita en el Salmo 23. ¡Una vida tan maravillosa que cada día nuestra copa rebosa con las bondades y la misericordia del SEÑOR!

    Quizá digas: “Bueno hermano Copeland, tenemos que ser sabios acerca de estas cosas. Después de todo, el salmo 23 está hablando acerca de la vida que tendremos después de que dejemos esta tierra. Está hablando de lo que tendremos algún día en el cielo.”

    No, no es así. Si fuera así no diría cosas como: “Aunque deba yo pasar por el valle más sombrío, no temo sufrir daño alguno, porque tú estás conmigo” y “Me preparas un banquete a la vista de mis adversarios” (Versículos 4-5)

    El cielo no tiene valles sombríos, y nuestros enemigos no están reunidos en la mesa de Dios. Las sombras y los enemigos están en la tierra.

    Esa es la razón por la que necesitamos a Jesús con nosotros. ¡Este mundo es un lugar peligroso! Y nosotros no tenemos lo que se necesita para navegarlo a solas. Lo necesitamos a Él para liderarnos a través de todos esos peligros y la escasez que el diablo crea, para que así podamos atravesarlos y salir de los mismos abundantemente BENDECIDOS.

    Te preguntas: ¿Hará Jesús realmente eso por nosotros?

    ¡Absolutamente! Él nos lo asegura todo el tiempo. Como dice en Juan 10:10,14-16: «El ladrón no viene sino para hurtar, matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia… Yo soy el buen pastor. Yo conozco a mis ovejas, y ellas me conocen a mí,  así como el Padre me conoce a mí, y yo conozco al Padre; y yo pongo mi vida por las ovejas. También tengo otras ovejas, que no son de este redil; también a aquéllas debo traer, y oirán mi voz, y habrá un rebaño y un pastor.»

    Fíjate que en esos versículos Jesús no dijo que El sería nuestro Pastor algún día. Él dijo “Yo soy” el Buen Pastor. Tiempo presente, aquí mismo y ahora mismo.

    También nos dice que Él es un buen Pastor — un pastor que está personalmente interesado y envuelto con su rebaño y que “llama a las ovejas por su nombre, y las saca.” (Versículo 3). Un pastor que “…una vez que ha sacado a todas sus ovejas, va delante de ellas; y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz.” (Versículo 4).

    Las ovejas no seguirán a un pastor que es rudo y descortés. No pueden ser guiadas como otra clase de ganado. Tienen que ser lideradas por alguien al que estén dispuestas a seguir — y, ¡Gloria a Dios! — Ésa es la clase de pastor que tenemos. Él nunca tratará de manejarnos; nunca nos forzará para que hagamos algo.

    Él es gentil y atento. Lleno de amor, misericordia y gracia. Constantemente está llamándonos y diciéndonos: “Vamos, Kenneth, vamos, Sussie, vamos preciosos míos, los pastos verdes están por este lado, síganme que los guiaré hacia ellos.”

    Sin embargo, tristemente, la mayoría del tiempo las ovejas están muy ocupadas balando acerca de sus problemas para escucharlo. Muy de vez en cuando ponen suficiente atención como para pensar, ¿Alguien está llamándome?. Pero inmediatamente vuelven a empezar con el “¡Baa! ¡Baa!, ¡estoy tan sedienta y tan hambrienta!”

    Lo sé porque yo mismo lo he hecho. Desperdicié años de mi vida ignorando o corriendo lejos de mi Bueno Pastor. Como resultado, hice que mi vida fuera mucho más difícil de lo que tenía que ser.

    Pero Jesús, en Su gran amor y misericordia, nunca me abandonó. Se mantuvo hablándome día tras día, liderándome y animándome a seguirlo, hasta que finalmente le di mi vida y dije las palabras que cambiaron todo: “Si, Señor. Te escucho y desde este momento en adelante obedeceré tu voz; cualquier cosa que digas, la haré. Soy tuyo Señor, estoy atento a tus órdenes”

    No trates de comprenderlo

    “Hermano Copeland, pienso que es grandioso que haya hecho esa clase de compromiso de calidad con el Señor, pero para ser totalmente honesto, yo estoy asustado de hacerlo; no puedo saber lo que me pedirá. Podría mandarme a algún lugar como China o África y yo no quiero ir a ningún lugar así, y aunque lo quisiera, no sabría cómo hacerlo.”

    La belleza de tener al SEÑOR como tu Pastor está en esto: no tienes que preocuparte por esas cosas. Si Él quiere que vayas a China, te guiará a ese lugar colocando dentro de ti el deseo de ir. «Porque Dios es el que produce en ustedes lo mismo el querer como el hacer, por su buena voluntad.» (Filipenses 2:13). También te suplirá con el poder, la sabiduría y los recursos necesarios para realizar el viaje (Lee Mateo 6:33.)

    No tienes que tratar de comprender el rompecabezas. Entender no es tu trabajo; tu trabajo es solamente escuchar y obedecer, creyendo que Él irá delante tuyo preparando el camino.

    Éso es lo que los Israelitas debieron haber hecho la primera vez que Dios trató de guiarlos a la Tierra Prometida. Debieron haberle escuchado y creído que el cuidaría de ellos. Pero, como probablemente ya lo sabes porque has leído la historia, no lo hicieron. Ellos decidieron que mejor escucharían a los que dudaban diciendo: «…La tierra que recorrimos para explorarla se traga a sus habitantes. Toda la gente que allí vimos son hombres de gran estatura. Allí vimos también gigantes. Son los hijos de Anac, esa raza de gigantes. Ante ellos, a nosotros nos parecía que éramos como langostas; y a ellos también así les parecíamos.» (Números 13:32-33)

    Cuando los Israelitas escucharon esas palabras, sintieron pánico. No pudieron entender como las langostas podrían derrotar a los gigantes. Así, en lugar de entrar a la tierra y disfrutar de los pastos verdes y aguas tranquilas que Dios tenía preparadas para ellos, deambularon en el desierto llorando y gimiendo por 40 años.

    Eso es a lo que yo llamo una ¡vida dura y difícil! Y lo peor es que estaba basado en una mentira. La realidad demostró ser todo lo contrario: los gigantes no vieron a los Israelitas como langostas, sino como poderosos conquistadores con un Dios invisible, y estaban totalmente asustados de ellos.

    La siguiente generación de Israelitas descubrió esta realidad. Uno de los residentes del lugar les confesó cuando entraron a la tierra prometida que la población entera había temblado con terror durante las últimas 4 décadas: «Yo sé que el Señor les ha dado esta tierra. Todos los habitantes del país les tienen miedo. Por causa de ustedes están tan atemorizados, que su ánimo está por los suelos. Sabemos que, cuando ustedes salieron de Egipto, el Señor hizo que el Mar Rojo se secara al paso de ustedes. También sabemos lo que ustedes hicieron con Sijón y Og, los dos reyes amorreos al otro lado del Jordán, a quienes ustedes destruyeron. Cuando lo supimos, nuestro ánimo decayó. Por culpa de ustedes, ya no les queda ánimo a nuestros hombres, pues el Señor es Dios en los cielos y en la tierra.» (Josué 2:9-11)

    Puedes imaginarte a los Israelitas golpeándose la frente y diciendo: “Que desperdicio de tiempo ¡40 años! Podríamos haber venido a esta tierra siendo niños, los gigantes se habrían rendido inmediatamente. Si tan solo nuestros padres lo hubieran sabido.”

    Entre más difícil el lugar, más grandes los milagros

    Siempre vale la pena seguir al Buen Pastor. No importa como luce la situación. El mejor lugar para estar es donde Él te está guiando, porque Él ya ha ido antes y preparado todas las cosas. Así que no le pongas atención a las dudas y mentiras del diablo. Cuando él te hable de los gigantes que encontrarás en tu Tierra Prometida, solamente ignóralo y dile: “Dios me ha hablado y yo estoy en mi camino. La victoria ya es mía. Dios está ahora mismo trabajando para mí en ese lugar. Él ha enviado ángeles delante de mí, tiene un lugar preparado, ha preparado provisión abundante. Me ha autorizado y dado poder. No estoy esperando tener tiempos duros; estoy esperando vivir el mejor tiempo de mi vida.”

    No me malentiendas. No estoy sugiriéndote que puedes ir flotando por la vida sin enfrentar ninguna clase de problemas. Estoy diciéndote que si sigues al Buen Pastor y pones tu fe en Él, no tienes que preocuparte acerca de los problemas, pues podrás conquistar cada uno de ellos con gusto, porque Dios lo hará a través tuyo y por ti. Hará que todas las cosas excedan a lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en ti. (Efesios 3:20)

    Quizá te preguntes: “¿Pero, no tenemos que sufrir algunas veces por Jesús?”

    Sí, pero para mí esa clase de sufrimiento es como el que experimenté en el bachillerato cuando era un jugador de futbol americano. En el momento en el que salía a la cancha a jugar el partido, jugaba tan duro que me dolía todo el cuerpo, me dolían mi cabeza, mi pelo y mis cejas. Pero, disfrutaba cada minuto del mismo.

    No estaba sufriendo. Estaba jugando un partido.

    Me siento de la misma manera cuando juego para Jesús. Amo estar en su equipo. Siempre le estoy preguntando: “¿A dónde quieres que vaya, Señor? ¿Qué quieres que diga? ¿Qué quieres que haga? ¡Aquí estoy, envíame!”

    Tampoco, espero que me envíe a un lugar fácil. Estoy esperando que él me dé una asignación que requiera fortaleza. Por supuesto, no desarrollé esa actitud de la noche a la mañana, y tú tampoco lo harás. Pero si te mantienes cerca de Jesús y te alimentas constantemente de su PALABRA, llegará el momento en el que sabrás que entre más difícil sea el lugar al que te envía, más grandes serán los milagros cuando llegues al mismo.

    Con ambos pulgares levantados

    Hace muchos años, uno de nuestros colaboradores experimentoóesta verdad de la manera más extraordinaria en el momento que ella siguió al Buen Pastor en uno de los lugares más difíciles que alguien puede imaginar. Se enfrentó cara a cara con un asesino serial.

    El día en que sus caminos se cruzaron, él estaba huyendo de la policía y necesitaba un auto. Así, que robó el de ella — con ella adentro. Para ese momento él ya había asesinado 21 mujeres, asi que pensó que matarla a ella no sería ningún problema. Supo que si quería matarla sólo tenía que hacerlo.

    Sin embargo, muy pronto se dio cuenta que esta mujer era inusual. No se impresionaba fácilmente, no lloró o tembló de miedo ante sus amenazas. Por el contrario, lo miró directamente a sus ojos y le dijo las palabras que El SEÑOR puso en su corazón: “No vas  matarme, porque yo te amo”

    Él no podía creer lo que sus oídos escuchaban. “Señora ¡Cállese!” le dijo. “No sabe quién soy”

    “No me importa quién eres” ella le respondió. “Te amo y voy a hablarte acerca de Jesús”

    Él le dijo: “No quiero oír acerca de Jesús. Solamente quiero estar en silencio”

    Ella acepto con una condición: Quería continuar escuchando la grabación que estaba escuchando esa mañana en su auto, la cual era uno de mis mensajes y hablaba acerca del amor de Dios. Después de que la grabación sonó por un tiempo, el asesino detuvo repentinamente el auto, la miró y le preguntó: “¿Quién dijo eso?, ¿Quién más está con nosotros?”

    Ella le aseguró: “No estamos más que tú y yo”

    El la refutó: “No, hay alguien más, porque yo acabo de escuchar a alguien que me llamó. Era un hombre y me dijo: ‘Esta es tu ultima oportunidad. Te amo. Hoy puedes recibirme y ser salvo’. ”

    A la orilla de la calle, el aceptó la invitación de Jesús ese día. Confesó la oración de salvación con su rehén — del cielo — y fue nacido de nuevo. Después, el mismo se entregó a la policía y ella se fue a su hogar sin sufrir daño alguno.

    Una semana después, recibí una llamada de la Cárcel Bexar en San Antonio, Texas, preguntándome si podría ir y bautizarlo. Acepté con gozo. Cuando llegué, fui escoltado a un cuarto lleno de policías que observaron el bautismo con sus armas en las manos.

    En los meses siguientes fue juzgado por sus crímenes, declarado culpable y sentenciado a la pena de muerte. Se rehusó a cualquier clase de apelación a pesar de que algunos trataron de convencerlo; estaba cerrado a la idea. Y dijo: “No, quiero ir a casa y estar con Jesús”, “Y quiero hacerlo en la primera oportunidad que tenga”

    Estuve allí con él cuándo se ejecutó su sentencia. En la sala de ejecución le predicó a todos el Evangelio. Antes de que se lo llevaran, le pedí que me diera una señal y le dije: “Justo antes de que toquen el interruptor, déjame saber si la gracia de Dios es suficiente realmente, ¿SÍ?” Unos minutos después, antes de que activaran el interruptor, con una sonrisa de oreja a oreja en su rostro, él levanto su dedo pulgar de ambas manos para dejarme saber que es ¡Más que suficiente!

    A pesar de que ha estado en el cielo por muchos años, si estuviera acá, sería el primero en decirte que la vida cristiana no es difícil. Lo que es difícil es huir del Buen Pastor que te ama. Cuando sigues a Jesús a cualquier lugar que él te guíe, su yugo es fácil y Su carga ligera.

    Texto extraído de: Revista LVVC – Edición julio 2014, página 4

  • CONSEJOS PRÁCTICOS: Cumple tus sueños

    6-14_consejos-practicosDios desea que tengas grandes expectativas. Quiere que tengas grandes sueños basados en la Palabra e inspirados por el Espíritu Santo, y anhela cumplir esos sueños. Sin embargo, para que Él pueda llevarlos a cabo, debes perseverar en el programa de la fe y ser paciente. Sigue creyendo y niégate a renunciar a tus sueños, sin importar cuánto tarden en cumplirse. A continuación te daré algunos consejos que te ayudarán:

    El deseo de nuestro corazón debe ser, ante todo, agradar a Dios. 1 Tesalonicenses 4:1: «Finalmente, amados hermanos, les rogamos en el nombre del Señor Jesús a que vivan de una manera que le agrada a Dios, tal como les enseñamos. Ustedes ya viven de esta manera, y los animamos a que lo sigan haciendo aún más» (NTV).

    Invierte tiempo a diario en la Palabra para fortalecer tu fe. Romanos 10:17: «Así que la fe proviene del oír, y el oír proviene de la palabra de Dios».

    Actúa de acuerdo con la Palabra en cada área de tu vida. Deuteronomio 30:14: «la palabra está muy cerca de ti: está en tu boca y en tu corazón, para que la cumplas».

    Cuando el Espíritu Santo te muestre el siguiente paso, dálo. Romanos 8:14: «Porque los hijos de Dios son todos aquellos que son guiados por el Espíritu de Dios».

    Rechaza el desánimo. Hebreos 6:12: «a fin de que no os hagáis perezosos, sino imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas» (RV95).

    Texto extraído de: Revista LVVC – Edición junio 2014, página 31

  • Permanece firme en tus sueños (por Gloria Copeland)

    6-14_gloriaLos creyentes deberíamos ser famosos por soñar en grande.

    Como hijos amados del Dios todopoderoso, y en posesión de una Biblia llena de promesas, deberíamos vivir con una gran sonrisa en nuestro rostro todo el tiempo, a la expectativa de que algo bueno nos suceda. Deberíamos vivir tan llenos de la Palabra, y tan llenos de visiones inspiradas por el Espíritu Santo acerca de nuestro futuro, que al entrar en cualquier lugar las personas debieran decir lo mismo que decían los hermanos de José en el Antiguo Testamento: «¡Aquí viene el soñador!» (Génesis 37:19, NTV).

    No sé si alguna vez se ha dicho eso de Kenneth o de mí, pero estoy segura de que se han expresado cosas parecidas porque hemos tenido grandes sueños en Dios por más de 45 años. Y desde que descubrimos cómo vivir por fe en la Palabra, hemos mantenido grandes expectativas.

    Toma como ejemplo lo que nosotros esperábamos obtener al inicio de nuestro ministerio en 1967. En ese año, el Señor le dijo a Kenneth que predicara la Palabra no adulterada, desde la cima más alta hasta el valle más profundo y a todos los confines de la tierra. Ken aceptó ese llamado, y desde ese entonces, es lo que hacemos.

    No importa que en aquella época estuviéramos en la quiebra, y que Ken no tuviera ni una sola invitación para predicar. Éramos soñadores de fe. Nos vimos como un ministerio internacional antes de tener el dinero suficiente para salir de nuestra ciudad.

    Además de nuestros sueños de ministerio, también comenzamos a tener sueños en lo natural. Yo siempre soñé con tener una casa propia, una que satisfaciera los deseos de mi corazón. Hablando en lo natural, parecía que eso jamás iba a suceder —en especial porque Kenneth y yo habíamos hecho el compromiso ante Dios de no pedir dinero prestado—. Pero aún así, me negué a renunciar a mi sueño.

    Con el paso de los años, mientras esperaba que mi sueño se cumpliera, el Señor cuidó bien de nosotros. Nunca vivimos en la calle, Dios siempre nos proveyó buenas casas para vivir, y yo las valoré. Pero porque nunca renuncié a mi sueño, llegó el día en que nos mudamos a la casa de mis sueños —y sin pedir dinero prestado.

    ¡Qué gran bendición ha sido esa casa! Estoy tan agradecida con Dios por ella. Sin embargo, pude haber renunciado fácilmente a mi sueño.

    Si le hubiera creído a Dios por diez años, y después hubiera dicho: “Si en realidad fuera a recibir esa casa, debería tenerla en este momento”. El resultado habría sido muy diferente. Si hubiera renunciado a mi sueño y hubiera desechado la Palabra sobre la cual permanecí firme por esa casa, quizá hoy estaría viviendo en una casa rentada.

    Pero alabado sea el Señor, no renuncié. Me aferré a mi sueño y seguí creyendo. Decidí que mi sueño era valioso.

    Y el tuyo también lo es.

    Por tanto, no te desanimes si le has estado creyendo a Dios por algo durante un tiempo y aún no has visto los resultados. No renuncies a tus sueños sólo porque están tardando más tiempo del que esperabas. Si tus sueños están basados en la Palabra de Dios, y si permaneces firme en el programa de la fe, puedes estar seguro de que Dios estará trabajando en ellos. Él está haciendo que tus sueños se cumplan, y cuando éstos se hagan realidad, te alegrarás.

    Primero enfócate en agradar a Dios

    Quizá digas: “Pero Gloria, no estoy seguro de saber con exactitud qué significa: ‘Permanecer firme en el programa de la fe’”.

    En realidad, es sencillo. El programa de la fe, es simplemente creer, confesar y obedecer la Palabra de Dios. Es disfrutar la vida de acuerdo con lo que está escrito en la Biblia.

    Pero no sólo me refiero a vivir de acuerdo con lo que la Palabra dice acerca de tus sueños (aunque eso es importante), sino también a apegarnos a lo que dice acerca de otras cosas. Por ejemplo, caminar en amor y en santidad. No podemos llevar una vida de perdición e inmoralidad, y creer sinceramente que Dios cumplirá nuestros sueños, pues desobedecerle a Dios en cualquier área debilitará nuestra fe. Como receptores sobrenaturales, el deseo de nuestro corazón debe ser, ante todo, agradar a Dios. Todo lo demás debe ser secundario.

    Eso significa que no podemos escoger las escrituras que más nos gusten, y enfocarnos sólo en ellas. Por ejemplo, no debemos concentrarnos sólo en los versículos referentes a la prosperidad. Aunque es maravilloso prosperar (en especial si has vivido en escasez por algunos años), si deseas tener una fe fuerte, también debes ponerle atención a los versículos que hablan del diezmo y de la obediencia en cualquier área de la vida.

    En otras palabras, debes dedicarte a cumplir la voluntad de Dios en forma total, y seguir las instrucciones que se nos dan en Romanos 12:1-2: «Así que, hermanos, yo les ruego, por las misericordias de Dios, que se presenten ustedes mismos como un sacrificio vivo, santo y agradable a Dios. ¡Así es como se debe adorar a Dios! Y no adopten las costumbres de este mundo, sino transfórmense por medio de la renovación de su mente, para que comprueben cuál es la voluntad de Dios, lo que es bueno, agradable y perfecto».

    Como personas de fe, no debemos conformarnos a este mundo, porque el mismo está tratando de irse al infierno bien rápido. Las personas que no conocen a Dios están colocando tanta basura frente a sus ojos y en sus oídos que apenas saben que todavía existen los diez mandamientos. Ven demasiados programas de televisión paganos y películas que piensan que vivir en pecado es la manera normal de vivir.

    Para nosotros como creyentes, el pecado no es normal. La santidad es normal. Obedecer a Dios y vivir por fe en Él es normal. Es por eso que otra parte vital del programa de la fe es invertir tiempo alimentando nuestro corazón y nuestra mente con la Palabra de Dios. En la Palabra se nos enseña cómo desea Dios que vivamos. Ahí encontramos promesas extremadamente grandiosas y preciosas, que nos hacen partícipes de Su naturaleza divina; y además, nos brinda el poder para escapar de la corrupción que hay en este mundo (2 Pedro 1:4).

    Y «la fe proviene del oír… la palabra de Dios» (Romanos 10:17). Por tanto, a medida que leemos y meditamos en la Palabra, nuestra fe se fortalece —y Dios necesita que tengamos fe para cumplir nuestros sueños—.

    La decisión es tuya

    La Biblia es verdaderamente un libro sobrenatural. No importa qué esté sucediendo en tu vida en cualquier momento, tú puedes abrir la Biblia todos los días, y el Espíritu de Dios te mostrará de inmediato las palabras que necesitas para llenarte de poder y sustentarte. Él te guiará hacia las escrituras que te llevarán hacia el cumplimiento de tus sueños.

    Sin embargo, aunque la Biblia sea muy importante para tu éxito, Dios no te obligará a leerla. Él te permitirá escoger tu propio nivel de fe. El Señor te permitirá profundizar en Su Palabra tanto como tú lo desees. Dependerá de cuánta atención le prestes —de cuánto mantengas esa Palabra frente a tus ojos y en tus oídos—, de cuánto la recibas, la creas y actúes de acuerdo con ella. Puedes tener una fe tan fuerte como para convertir tu más grande sueño en una realidad, o  puedes cojear todo el camino con solamente la suficiente fe para llegar al cielo.

    Como Dios dijo en Deuteronomio 30:14-16: “La palabra está cerca de ti, en tu boca, en tu mente y en tu corazón; a fin de que puedas escucharla. Hoy, he puesto delante de ti la vida y el bien, y la muerte y el mal. (Si obedeces los mandamientos del Señor tu Dios los cuales) Yo te mando hoy, que ames al Señor tu Dios, que andes en Sus caminos, y que guardes Sus mandamientos, Sus estatutos y Sus ordenanzas; entonces vivirás y te multiplicarás, y el Señor tu Dios te bendecirá” (AMP).

    Un aspecto importante de Dios, es que Él no titubea. Él dice las cosas como son: Tenemos una opción. Dios nos ha dado Su Palabra, y a través de ésta, Él ha puesto delante de nosotros la vida y el bien, la bendición y la maldición. Ahora, depende de nosotros decidir qué haremos al respecto. ¿Cuál será tu elección?

    No sé tú, pero cuando fui salva, estaba cansada de hacer las cosas a mi manera, y anhelaba hacer las cosas a la manera de Dios. Aunque era joven, estaba desesperada, y Kenneth también lo estaba. Ambos estábamos cansados de vivir sin dinero, de dormir en una cama plegable alquilada, de cocinar papas en una cafetera, y de ver una pila de facturas de gastos por pagar.

    Queríamos salir de esa situación. Queríamos salir de la escasez. Queríamos un automóvil decente —uno que en realidad nos llevara a donde queríamos ir—. ¡Teníamos el sueño de ser BENDECIDOS!

    Por tanto, cuando leímos en esos versículos que sólo debíamos creer y obedecer la Palabra de Dios para recibir LA BENDICIÓN, nos lanzamos de lleno a la piscina; y nos sumergimos por completo en la Palabra.

    No nos sentíamos satisfechos con sólo asistir a la iglesia y escuchar un sermón una vez a la semana. Invertíamos tiempo leyendo la Palabra todos los días. De contínuo buscábamos versículos y escuchábamos los consejos del Espíritu Santo, a fin de descubrir lo que Dios deseaba que hiciéramos.

    Da el siguiente paso

    ¡Jamás olvidaré esos primeros días en la Palabra! Una de las primeras cosas que el Señor nos mostró fue que nos mudáramos a Tulsa para que Kenneth estudiara en Oral Roberts University. Hasta este día, ése ha sido uno de los más grandes pasos de fe que Dios nos ha pedido.

    En ese entonces, no sabíamos nada acerca de cómo vivir a la manera de Dios. Pero lo que sí sabíamos era que teníamos hijos pequeños, estábamos sin dinero y sin idea de cómo sobreviviríamos financieramente si Kenneth iba a la universidad.

    Dios tampoco nos mostró todo el plan. De hecho, rara vez lo hace. Y casi nunca cide: “Si cumples con esto, Yo haré esto otro, y obtendrás este maravilloso resultado”. No, la mayoría de las veces Él sólo te dará una indicación para llevar a cabo algo, y no te explicará todo lo bueno que sucederá si das ese siguiente paso. Por esa razón, se llama: “Vivir por fe”.

    Si Dios nos hubiera dicho con anticipación: “Vayan a Tulsa, Oral Roberts contratará a Kenneth para ser su piloto y, personalmente, lo preparará para el ministerio. Luego conocerán a Kenneth E. Hagin y serán más bendecidos en cada área de su vida de lo que hayan podido soñar”. Nos habríamos inscrito lo más rápido posible. Pero no nos habló de ninguno de esos beneficios.

    El Señor esperaba que lo conociéramos lo suficiente, por medio de la lectura de Su Palabra escrita, a fin de que aprendiéramos a confiar en Él. Dios estuvo a la expectativa de que lleváramos a cabo cualquier cosa que nos indicara, sólo porque en la Biblia se nos dice que al hacer cualquier cosa que Él nos guia, es donde encontraremos LAS BENDICIONES.

    Aunque nos tomó un tiempo, al final obedecimos. Subimos nuestros muebles viejos y de segunda mano en un pequeño remolque, subimos a los niños al automóvil y manejamos a Oklahoma. ¡Apenas teníamos el dinero suficiente para echar combustible para llegar!

    Cuando llegamos a Tulsa, los obstáculos que enfrentamos parecían insuperables. No teníamos idea de cómo vencerlos. Rentamos una casa en mal estado (si mal no recuerdo, pagábamos USD $115 al mes). Tenía las paredes color marrón con pintura descascarada. Se parecía tanto a un basurero que no pude desempacar por dos semanas.

    Esa casa estaba muy lejos de ser la casa de mis sueños. Sin embargo, Dios nos proveyó cada una de las cosas que fuimos necesitando. Comenzó por enseñarnos a vivir por fe en Su Palabra, y hoy día, aún vivimos conforme a lo que aprendimos en ese tiempo.

    Incluso creo que no estaríamos donde estamos ahora, si no hubiéramos hecho esa mudanza años atrás. Quizá estaríamos en el ministerio, pero no viviríamos en la perfecta voluntad de Dios. Y tampoco habríamos visto el cumplimiento de algunos de nuestros sueños espirituales. ¿Por qué? Porque para nosotros, permanecer firme en el programa de la fe donde se encontraban esos sueños, implicaba dar el siguiente paso, el cual era ir a Tulsa.

    Con el paso de los años, una y otra vez, hemos hecho lo mismo en diferentes ocasiones. Hemos repetido el mismo procedimiento, pues es así como funciona el programa de la fe. Es así como los sueños que Dios te da se hacen realidad; no sólo para Kenneth y para mí, pero también para ti.

    Así que ¡Persevera en el programa! Sin importar cuánto debas esperar para ver tus sueños cumplirse, no renuncies a ellos. No creas por ellos sólo por algunos meses o por unos años, para luego darte por vencido, diciendo: “Me rindo, nada está sucediendo”.

    Siempre mantén grandes expectativas. Mantén tu corazón enfocado en agradar a Dios por sobre todas las cosas. Fielmente invierte tiempo en Su Palabra, edifica tu fe y descubre qué desea Él que hagas en cada área de tu vida. Luego, si recibes en tu corazón alguna instrucción de parte de Dios, no trates de razonar  cómo se llevará a cabo en lo natural, sólo da el siguiente paso.

    Haz cualquier cosa que el Señor te diga, pues allí se encuentra LA BENDICIÓN. Allí es donde se encuentra tu provisión. Ése es el lugar donde, uno de estos días, te encontrarás viviendo tus propios sueños.

    Texto extraído de: Revista LVVC – Edición junio 2014, página 27