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  • ‘He criado a una atleta Olímpica’ (por Ronald C. Jordan)

    7-14_profile_01La atmosfera dentro del London’s North Greenwich Arena estaba cargada de todo, menos de silencio. Gabby Douglas, de 16 años de edad, ejecutaba la última de cuatro rutinas como miembro del equipo de gimnasia de los Estados Unidos de América que estaba compitiendo en las Olimpiadas de 2012. Sentada entre un mar de eufóricos espectadores, Natalie Hawkins suspiró profundo —anticipando el siguiente movimiento de su hija.

    Durante casi 20 años, incluso antes que Gabrielle Douglas naciera en Newport News, Virginia, la vida había sido una lucha diaria para Natalie, enfrentada a problemas financieros y una tensa relación matrimonial, mientras criaba a sus cuatro pequeños hijos.

    Su último intento de supervivencia, declararse en quiebra para salvar su casa y mantener un techo donde pudiera habitar su familia, había agotado sus últimas fuerzas. Y eso sin mencionar que sólo siete meses antes de formar parte del equipo Olímpico, Gabby le había comunicado a su familia que quería renunciar y regresar a casa. El estrés de estar lejos de su familia le había afectado.

    Sentada en ese lugar junto a sus tres hijos, nada parecía importarle en ese instante. Excepto que su hija cumpliera el sueño de su vida de competir en las Olimpiadas. En los siguientes minutos Gabrielle Douglas podría literalmente dar un salto mortal para obtener un título Olímpico — ¡y una medalla de oro!

    Natalie relata la emoción que ella, sus hijas Arielle y Joyelle y su hijo Johnathan, sintieron: «Cuando publicaron el puntaje, y supimos que ella había ganado la medalla de oro, nos quedamos sin palabras. Era como si Dios hubiera restaurado todo lo que habíamos perdido; y en un solo instante, galardonó nuestra fidelidad de confiar en Él en las luchas y dificultades».

    Han pasado dos años desde que Gabby Douglas recibió tres condecoraciones en agosto de 2012, haciendo historia Olímpica al convertirse en la primer gimnasta afroamericana en ganar una medalla de oro en competición individual y por equipos en la misma Olimpiada; y también fue la primer norteamericana en ganar múltiples medallas de oro. Natalie aún se llena de emoción cada vez que habla de los logros de su hija, y reflexiona las dificultades que enfrentaron como familia en el proceso.

    Sólo el brillo de su hermosa sonrisa puede eclipsar la tristeza que ocasionalmente reflejan sus ojos al recordar esos tiempos —tiempos en los que Natalie parecía estar en una montaña rusa sin fin, y que durante años parecía ir más cuesta abajo que cuesta arriba.

    No hay razones para estar avergonzada

    “La vida fue increíblemente difícil en esa etapa” relata Natalie con un tono que a veces refleja algo de arrepentimiento y tristeza. Sin embargo, ella no vive de sentimientos.

    «No puedo estar triste por nada de lo que sucedió en aquel entonces, porque se que en cada momento Dios estuvo allí. Hubo momentos en los que me quería dar por vencida, y algunas veces lo hice. Pero, aun cuando me daba por vencida con El, ¡Él nunca se dio por vencido conmigo!».

    «Y no me puedo apenar o avergonzar de nada. Parecía que siempre había obstáculos. Pero a pesar de esos momentos difíciles, Dios nos protegió. Aunque parecía que Él no estaba ahí en esos momentos, siempre lo estuvo. ¡Nunca nos dejó!».

    ¡Tiempos difíciles!

    Es una manera amable de describir cómo era la vida para Natalie Hawkins después de casarse en 1991. Como madre soltera con una hija de dos años, Natalie esperaba una vida llena de emoción, incluyendo la posibilidad de ministrar al lado de su nuevo esposo, Timothy Douglas, quien era egresado de un instituto bíblico. Pero en lugar de eso, Natalie se encontró asi misma en una relación tempestuosa que duró por años, trayéndole más problemas de los que hubiera podido esperar en su futuro.

    Natalie dice que le atribuye muchas de esas dificultades al hecho de que ella era la responsable de sostener a la familia. Después de años de lucha, ella y Tim se divorciaron en el 2002, se volvieron a casar en el 2005, y se separaron definitivamente seis meses después.

    Cuidando de no hablar de manera despectiva de su ex esposo, Natalie nos comentó abiertamente que: “los periodos de tiempo que él estuvo desempleado causaron un impacto negativo en la relación”. Además, ella dice que Tim no participó de manera activa en la familia durante todos esos años, lo cual ha sido de alguna manera difícil para sus hijos.

    Sus primeros años de experiencia en la iglesia

    Para la época en que Natalie conoció a Tim, servir a Dios no era algo nuevo para ella. A la edad de 5 años, ella y su madre, quien estaba enlistada en la Marina y en servicio en Norfolk, Virginia, comenzaron a asistir a una iglesia en Virginia Beach. Un par de años después Natalie fue inscrita en una academia privada de la iglesia. Natalie dice que se apartó de la iglesia durante los años de la secundaria, pero re-dedicó su vida al Señor en 1990.

    Natalie explica: «Tim y yo nos conocimos en la iglesia, poco tiempo después de que regresara al Señor en 1990. Con él conocí el ministerio de enseñanza de Kenneth y Gloria Copeland, y otros poderosos predicadores».

    Luego en 1991, se casaron.

    No pasó mucho tiempo para que los problemas comenzarán a surgir, admite Natalie. Con Tim desempleado, Natalie trabajaba para tratar de ayudar a suplir las necesidades. Sin embargo, sin importar cuánto lo intentaba, nunca había suficiente dinero. Sin saber qué hacer, ella le pidió ayuda y consuelo al Señor.

    La necesidad de mudarse

    Natalie relata: «Hay un libro de Gloria Copeland titulado: La voluntad de Dios para tu prosperidad; éste se convirtió en mi guía. En ese libro, la hermana Gloria relata la extrema pobreza que ella y su esposo sufrieron, y de cómo llegaron al punto de cocinar en una cafetera. Esa historia, y otras cosas que ella describe sonaban muy parecidas a lo que estábamos atravesando, y eso me animó a levantarme e intentar hacer algo para que las cosas cambiaran».

    En febrero de 1996, Natalie y Tim se mudaron con la familia a Tulsa, Oklahoma, esperando que las cosas mejoraran. Lamentablemente, sucedió lo opuesto. En preparación para su mudanza, Natalie encontró un lugar para vivir, llamó al propietario, le explicó su situación financiera y le ofreció enviarle un depósito. Para su sorpresa, el propietario aceptó trabajar de esa manera con ellos.

    Natalie dice: «Él me dijo que no me preocupara porque mantendría la casa disponible hasta que nosotros llegáramos. Pero cuando llegamos unas semanas después, él ya se la había rentado a alguien más».

    Ahora sin casa y sin dinero para pagar un hotel, la familia se vio obligada a vivir en su vehículo hasta que encontraran un lugar donde vivir. Y para agregarle algo más a sus problemas, la pequeña Gabrielle de dos meses sufría de problemas sanguíneos desde su nacimiento y estaba teniendo problemas respiratorios; y no había dinero para proveerle la atención médica necesaria.

    «En ese punto en realidad tocamos fondo, porque mi bebé necesitaba ayuda y no podíamos llevarla al médico», expresa Natalie.

    Desesperada por recibir ayuda, Natalie clamó a Dios: Señor, si en mi ignorancia he cometido algún error, entonces recibo mi perdón. Estamos endeudados, y no tenemos dinero. ¡Muéstrame qué debo hacer por mis hijos y por mi familia!

    «Consistentemente proclamé la Palabra sobre mi hija, al tiempo que lo hacía por su sueño [competir en las Olimpiadas.] Durante años, le dije a todo aquel que quisiera escucharlo que Gabrielle sería una atleta olímpica en el 2012. Muchas personas me dijeron después que pensaron que estaba medio loca. Sin embargo, ¡ahora quieren saber cómo lo logramos!».

    Con el tiempo, Gabrielle comenzó a mejorar, y al cumplir un año de edad, todos los síntomas habían desaparecido, afirma Natalie. Ella aún era muy pequeña, pero por primera vez en su vida estaba sana.

    “¡Necesitamos empleo!”

    Ese mismo año, Natalie y Tim asistieron a una conferencia en Oral Roberts University, donde Kenneth Copeland era uno de los conferencistas. Después de una de las sesiones, Natalie recuerda que uno de los predicadores se dirigió a la audiencia y dijo: «Si le estás creyendo a Dios por algo, y estás creyendo por cambios, sal de tu asiento y ven aquí ahora».

    “¡Salí de mi lugar de inmediato!”, recuerda Natalie.

    Al estar en la fila esperando oración, Natalie y Tim se sorprendieron cuando Kenneth y Gloria Copeland se acercaron a ellos. Natalie no les dio oportunidad de preguntar por la petición de oración, y abrió su corazón: “¡Necesitamos la ayuda de Dios! ¡Hemos vivido muchas cosas! ¡Necesitamos un milagro! ¡Lo que sea! ¡Con lo que Dios nos dé en este punto estaría feliz”.

    «Luego, me escuché a mí misma diciendo: “Necesitamos empleo”. ¿Tienen lugares vacantes en KCM? Estamos dispuestos a ir a Fort Worth. Podemos limpiar sus baños, podemos limpiar sus pisos; sólo necesitamos sacar adelante a nuestra familia».

    “Recuerdo que el hermano Copeland miró a Tim, y luego me miró a mí. Nos apuntó con su dedo y dijo: ‘Vengan’. Luego dijo: ‘Dénme sus datos. Nosotros vamos a muchos lugares y conocemos mucha gente’ ”.

    ¿Un nuevo comienzo?

    Cuando Tim, Natalie y sus cuatro hijos llegaron a Fort Worth, Texas, en el verano de 1996, fueron directo a los Ministerios Kenneth Copeland donde se les dio la oportunidad de aplicar para un trabajo en el ministerio. Dos semanas más tarde, Natalie ya estaba trabajando en una institución financiera local.

    La pareja se unió a la iglesia Eagle Mountain International, e involucraron a sus hijos en Superkid Academy, el ministerio de niños de KCM. Aunque Tim no fue contratado de inmediato, con el tiempo comenzó a trabajar en el departamento de seguridad del ministerio. Repentinamente, las cosas comenzaron a mejorar.

    Durante los siguientes cuatro años, Natalie se alimentó de las enseñanzas de KCM y EMIC. También estudió durante un corto período en el instituto bíblico de Jerry Savelle Ministries International, y obtuvo un título técnico en una universidad local, mientras trabajaba de tiempo completo. Sin embargo, a pesar de sus esfuerzos, la montaña rusa seguía su curso en espiral. Cuando Tim volvió a quedarse sin empleo, la escasez económica siguió siendo un problema.

    Natalie admite: “Para ese entonces nuestro matrimonio ya estaba muy destrozado… Además, debido a la reducción de personal, el lugar de atención al público donde estaba trabajando cerró. Todos fuimos despedidos. Y ahora estaba sin trabajo. Empecé a estar furiosa. Literalmente hice mi fe a un lado. Estaba molesta con Dios, preguntándome dónde estaba Él mientras todo eso sucedía. En el año 2000, no me quedó otra elección más que mudarme con mi madre a Virginia y estaba muy agradecida que me recibiera a mí y a los niños.”

    Dos meses después de su regreso a Virginia, Natalie estaba trabajando de tiempo completo y podía mantenerse a sí misma y sus cuatro hijos. Dos años después, compró su primera casa. Ese mismo año, ella y Tim se divorciaron.

    Al examinar su vida, Natalie sabía que había algo que le hacía falta.

    Ella admite: “Me había alejado de Dios, y había perdido mi relación con Él. Había una lucha en mi corazón, pero aún seguía molesta y amargada. Un día mi madre me dijo: “Realmente necesitas ser libre y dejar el pasado. Sé que es increíblemente difícil perdonar, pero debes hacerlo”.

    “Era infeliz, y lo sabía; pero también sabía que era más fácil amar que odiar” dice Natalie.

    Siguiendo el consejo de su madre, Natalie escogió darle lugar al amor. Y en el 2005, regresó a la iglesia. También se reconcilió con Tim, y se volvieron a casar. Lamentablemente, el matrimonio sólo duró seis meses.

    Los siguientes años, Natalie luchó para mantener a la familia unida. Incluso cuando sufrió una reacción negativa a un tratamiento médico que la obligó a dejar su trabajo en el 2009, ella siguió buscando la manera de sacar adelante a sus hijos.

    Camino a la victoria

    En el año 2010, Natalie tuvo que enfrentar un reto diferente cuando Gabrielle, de 14 años, y quien practicaba gimnasia desde los 6, decidió que quería llevar su entrenamiento a nivel profesional. Hasta este punto, Gabby ya se había convertido en una gimnasta sobresaliente, participando y ganando en varias competencias. Sin embargo, para cumplir sus deseos de competir en las Olimpiadas, necesitaba un entrenamiento avanzado.

    Cuando escuchó hablar del entrenador veterano de gimnasia Liang Chow, quien entrenó a la Campeona Mundial de 2007 y medallista de oro en las Olimpiadas de verano de Pekín 2008 en la barra de equilibrio, Shawn Johnson, Gabby le rogó a su madre que la dejara ir a Des Moines, Iowa, para entrenar. Tomó un buen tiempo persuadir a Natalie, pero al final accedió. Así que en el 2010, Gabby se mudó a Iowa y durante los dos años siguientes vivió con una familia anfitriona, mientras entrenaba con Chow.

    En junio de 2012, Gabby compitió en el Campeonato Nacional de gimnasia de Estados Unidos en St. Louis, Missouri, obteniendo la medalla de oro en la barras asimétricas, plata en la clasificación general y bronce en ejercicios de suelo. En julio, compitió en las pruebas eliminatorias: 2012 Olympic Trials Gymnastic en San José, California, obteniendo el primer lugar en la tabla de posiciones, asegurando su participación dentro del equipo de gimnasia Olímpica de mujeres.

    Sólo siete meses antes de los juegos Olímpicos, Gabby le informó a su madre que se sentía nostálgica y que quería renunciar. Natalie estaba devastada, en especial por todo el esfuerzo que su hija había realizado para llegar adonde estaba.

    Natalie relata: “Entendía como se sentía, y anhelaba con todo mi corazón tenerla en casa. Pero sabía que si lo hacíamos, nos arrepentiríamos el resto de nuestra vida. Además sabía que era su sueño. Así que le dije que si renunciaba ahora, estaba renunciando a una oportunidad que no se volvería a repetir nunca más».

    “Oramos, y Gabrielle se tomó su tiempo para meditar la situación. Me llamó poco tiempo después, y me dijo: “Mamá, voy a dar todo lo que tengo”.

    Agradecida de que su hija estaba viviendo su sueño, Natalie quería apoyar todo lo que pudiera a Gabby, mientras ella se preparaba para competir. Recordando su relación con KCM, Natalie llamó a la línea de oración y pidió por su hija. No fue una sorpresa que después de todo el arduo trabajo, el tiempo, los sacrificios, y de las oraciones de creyentes a través de todo el país, —cuando los puntajes finales fueron sumados— Gabby sobresalió en todos como una campeona.

    Cuando en una entrevista le preguntaron cómo había permanecido animada ante los años de adversidad, y cómo había tomado las decisiones difíciles mientras Gabby perseguía su sueño, Natalie respondió: «Me decía a mí misma, mi hija tiene la oportunidad de hacer su sueño realidad. Y en medio de todo eso, ella podía hacer historia e inspirar a toda una nación; asi que, este es un sueño por el cual vale la pena luchar. Es un sueño por el cual valía la pena apostarle todo. Ésa era mi motivación».

    Como una madre que anima a sus hijos a alcanzar sus sueños, Natalie es rápida para reconocer cómo sus hijos continúan manteniéndola motivada.

    Ella dice: “Mis hijos conocen la Palabra de Dios. Me siento bendecida al verlos que la practican a diario. Hemos abrazado el mandamiento del Señor de vivir en amor, y la unidad que disfrutamos como familia es hermosa».

    Hoy, la montaña rusa de Natalie Hawkins se estabilizó un poco, y las subidas son superiores a los descensos. Ahora en vez de enfocarse en la cuentas, el enfoque de Natalie está en el futuro de sus hijos. A principios de este año, la familia se mudó a California —un cambió que facilitó la nueva carrera de Gabby—. Además facilitó que sus hijas Arielle y Joyelle persigan su sueño de convertirse en actrices. Ahora ambas están estudiando actuación.

    Y mientras su hermano Johnathan, quien es un velocista sobresaliente, cursa su primer año en la universidad, tiene la meta de unirse a su hermana en las Olimpiadas Brasil 2016.

    Durante su visita más reciente a KCM, Natalie expresó: «Es fácil maravillarse ante todas las cosas emocionantes que han ocurrido en los últimos años. Sin embargo, la verdad es que nada de esto hubiera sucedido sin la ayuda de Dios. Aun cuando le di la espalda, Él nunca me dio la espalda a mí. Todo se lo debemos a Él».

    Natalie está agradecida por las enseñanzas que ha recibido de Kenneth y Gloria Copeland, y de la iglesia EMIC. Como colaboradora de este ministerio, ella sigue escuchando sus enseñanzas.

    Natalie concluye: «Veo a los Copeland como mis padres espirituales. No hay palabras para describir cuánto ellos me han alimentado».

    Texto extraído de: Revista LVVC – Edición julio 2014, página 10

  • Una invitación a colaborar de parte de Kenneth Copeland

    7-14_partner-invitationGracias por la oportunidad que nos das de ser parte de tu vida! Para Gloria y para mí esto es lo que realmente importa. Estamos aquí para ti… para ministrar la PALABRA no comprometida de fe y la Victoria en Jesús para tu vida.

    Hemos dedicado nuestras vidas a mostrarles a los creyentes cómo dejar que sus voces sean oídas, como vivir en victoria en Jesús y como percibir el valor de su propio ministerio en la vida de los demás cada día de sus vidas. Como lo he dicho antes, y como siempre lo repito: este ministerio no es acerca de nosotros, sino de cómo llegamos a tu lado para animarte, fortalecerte y compartir Su gloria contigo.

    Nuestras vidas cambiaron dramáticamente muchos años atrás porque hicimos una decisión muy importante: Determinamos que caminaríamos en fe cada día, creyendo CADA PALABRA de Dios y ¡recibiendo LA BENDICIÓN que Él nos ha dado por gracia!

    Desde ese día, jamás retrocedimos, y ha sido emocionante caminar con Dios y verlo hacer Su trabajo en las vidas de los creyentes que han hecho la misma decisión.

    Hoy quiero recomendarte, si eres nuevo o no conoces mucho de KCM, a formar parte de lo que Dios está haciendo en la vida de tantas personas alrededor del mundo a través de este ministerio.

    Si el deseo de tu corazón es un caminar más íntimo con Dios, si estás buscando revelación fresca de Su PALABRA, y si estás listo para avanzar y cumplir el plan de Dios para tu vida, a Gloria y a mí nos gustaría entrar en un pacto espiritual de colaboración contigo. Será un honor tenerte a nuestro lado — creyéndole a Dios por lo mejor, orando juntos y experimentando juntos Su favor y Su bendición sobre nuestras vidas mientras descubrimos la riqueza y la sabiduría de Su PALABRA.

    Así es como ministramos cada día a nuestros colaboradores.

    Colaborar con los Ministerios Kenneth Copeland no significa inscribirse en un programa especial. Es una conexión espiritual que toca cada parte de tu vida. Es una unión de corazones —el tuyo y el nuestro— creyendo juntos para ver la PALABRA de Dios viva; no solamente en nuestras vidas, sino también en las de aquellos alrededor del mundo, mientras declaramos a una voz, firme y claramente que “¡Jesús es el SEÑOR!” desde la cima más alta al valle más profundo, ¡y en todos los confines de la Tierra!

    Hoy más que nunca, Dios está buscando por esas personas que decidan creer en Él como lo hizo Abraham, el padre de la fe. El necesita de aquellos que no solamente le crean con todo su corazón, sino que también de manera segura esperan que ¡LA BENDICIÓN de Abraham sea manifestada en sus propias vidas, y derramada a su alrededor y en la vida de las personas con las que Dios las conecte!

    Ése es el deseo que hemos visto crecer en nuestros colaboradores a través de los años. Su pasión por Su PALABRA crece. Ellos le creen a Dios por respuestas en sus vidas y saben que Dios les ha dado la victoria por todo lo que Jesús ya ha hecho por este mundo. Ellos nos comparten que no importa donde ellos estén en su caminar de fe. ¡La PALABRA se hace viva en ellos como nunca antes! ¡Y son equipados para ser esa voz fuerte de victoria que otros necesitan oír!

    Nuestros colaboradores van con nosotros “a este mundo” para predicar y enseñar la PALABRA de Dios. Y cuando nosotros vamos, hay una unción para ministrar que fluye a través de la colaboración. Nosotros experimentamos la protección de la mano de Dios, su provisión y vemos como el enemigo es derrotado una y otra vez después que la PALABRA de Dios es proclamada.

    Debido al pacto que compartimos, este ministerio no es sólo nuestro — nuestros colaboradores comparten cada aspecto del mismo. Considera lo que el Apóstol Pablo escribió en Filipenses cuando le hablaba a sus colaboradores para que apoyaran su trabajo. El oraba por ellos siempre, manteniéndolos cerca de su corazón y declarando el trabajo completo de Dios en sus vidas. El los alentaba en la verdad de que a medida que ellos oraban por él y lo apoyaban en su llamado, se convertían en participantes de la gracia que estaba en su vida y su ministerio. (Filipenses 1:7; 1 Corintios 15:10)

    Él estaba refiriéndose a la unción de Dios que era obvia en su vida. Les recordaba que ellos compartían su misma unción, frecuentemente observada en el ministerio con “señales que lo seguían.”

    Esta verdad no es diferente en nuestra actualidad. Cuando el Espíritu de Dios te guía a conectarte con nuestro ministerio, la unción de nuestro ministerio viene sobre ti y tu unción se une con la nuestra.

    Cuando nos conectamos en el Espíritu, podemos alcanzar cosas grandiosas para la gloria de Dios. La Biblia nos dice que un solo hombre puede perseguir a mil, y dos hacer huir a diez mil… (Lee Deuteronomio 32:30)

    Hoy, nos gustaría invitarte a unirte a nosotros en un pacto de colaboración. Estamos aquí para ti y nos emocionaría tenerte como nuestro colaborador en el ministerio… Creyentes unidos con propósito y visión… ministrando el Evangelio de Jesús y el amor de Dios a nuestro mundo. Por favor considera nuestra petición en oración, ¡escríbenos o llámanos para informarnos tu decisión de unirte a nosotros! Después de tu contacto, inmediatamente te enviaremos nuestro paquete al colaborador.

    Como nuestros colaboradores ya lo saben, Gloria y yo oramos estas escrituras sobre ti cada día: Salmos 23, Salmos 91, Salmos 103, Salmos 112, Isaías 54, Efesios 1:16-23, Efesios 3:14-20, Colosenses 1:9-11, 1 Tesalonicenses 5:23, Romanos 15:29, Romanos 15:13 y Zacarías 9:11-12. Te aliento a buscar estas escrituras para que puedas ver de primera mano que nosotros unimos nuestra fe y creemos a Dios por cada día de tu vida.

    Además de orar por ti, he comprometido mi vida a buscar a Dios y recibir revelación de Él, la cual compartiré contigo en una carta de enseñanza especial para el colaborador cada mes.

    Gloria y yo seremos honrados de tenerte como colaborador con los Ministerios Kenneth Copelad y ser parte de nuestro caminar de fe en estos días excitantes en los que vivimos — ¡los mejores días en el plan de Dios para nuestro mundo!

    Por favor continúa viendo nuestro programa la Voz de Victoria del Creyente, mientras te proveemos la carne de la PALABRA de Dios. Serás capacitado con poder para dejar que tu voz se escuche, hasta que descubras y declares las cosas grandes que Dios tiene para ti — un plan que guiará tu vida por fe… y a tu victoria.

    Fuiste redimido para Sus propósitos, y Él te ha ungido para el ministerio. Como Colaboradores en Pacto, creo que veremos crecer esa unción y Sus propósitos cumplirse en tu vida mientras juntos continuamos proclamando que… “Jesús es el Señor”

    Texto extraído de: Revista LVVC – Edición julio 2014, página 20

  • La carta al colaborador de Kenneth

    7-14_letterEl Señor me ha bendecido con muy buenos amigos a través de los años, pero los mejores amigos que tengo son las personas que han decidido colaborar con el ministerio. Esas son las personas a las que le escribo una carta cada mes.

    Y cada mes, desde la primera vez que escribió su primera carta al colaborador en Febrero de 1986, Kenneth Copeland ha cumplido fielmente con su compromiso de escribir una carta y enviarla a sus colaboradores, año tras año, sin excepción. Esta carta es real, personal y siempre llega en el momento preciso… Porque en lo que concierne a Kenneth Copeland, está escribiéndoles a sus amigos más cercanos.

    Un compromiso para toda la vida

    Kenneth Copeland aprendió la importancia de escribir una carta años atrás de su padre espiritual, Oral Roberts, una mañana en la que se reunieron por petición del hermano Roberts para que Kenneth lo ayudara a escribir su propia carta. El hermano Roberts levantó su Biblia en alto y le preguntó:

    ¿Qué es esto?

    “Esa es la Palabra de Dios” Kenneth le respondió.

    ¿Qué es esto? Le preguntó de nuevo.

    Kenneth sabía que tenía que darle la respuesta correcta, y trató nuevamente.

    “Bueno, es el viejo pacto y el nuevo pacto”

    ¿Qué es esto? Le preguntó por tercera vez.

    “Es la Biblia”

    Sin aviso alguno, el hermano Roberts lanzó la Biblia a través del escritorio y golpeó a Kenneth  en el medio del pecho, casi tumbándolo de la silla.

    Con la unción sobre él le dijo: “son cartas, y están tan ungidas hoy como lo estaban el día en que fueron escritas.”

    ¡Cartas!

    Esa palabra resonaba en el interior de Kenneth. Y pensó: el nuevo testamento está compuesto en su mayoría de cartas que el Apóstol Pablo le escribió a sus colaboradores en las iglesias de Éfeso, Filadelfia, Galacia, Corinto, Roma, Colosas y Tesalónica — las cartas eran escritas para animarlos, alentarlos y ayudarlos a sobrepasar cada obstáculo.

    Luego, el hermano Roberts habló nuevamente:

    Y le dijo: “Voy a pedirte que hagas uno de los compromisos más serios que hayas hecho en toda tu vida; quiero que te comprometas con Dios que cada 30 días, por el resto de tu vida, orarás al Espíritu Santo hasta que tengas algo ungido para escribirle a tus colaboradores, de la misma forma que Pablo escribió sus cartas.”

    Ese mismo día, Kenneth se comprometió de por vida. El SEÑOR lo motivó a estudiar la carta a los Filipenses — una carta de Pablo a sus colaboradores en el ministerio —, como un ejemplo de cómo el Espíritu Santo podría usarlo para escribir a sus propios colaboradores.

    Kenneth explica: “Desde ese momento hasta entonces, he estado escribiendo una carta cada mes a mis amigos colaboradores. No son cartas para conseguir dinero. No las escribo por esa razón. Dios es mi proveedor y Él suple a todas mis necesidades. Escribo las cartas porque quiero bendecir a mis colaboradores, porque ellos comparten mi gracia (Filipenses 1:7), quiero compartir con ellos las revelaciones que Dios me da.”

    Estas nos son revelaciones repentinas. Cada carta representa horas y horas de oración de parte del hermano Copeland. A través de ellas comparte personalmente las cosas que el SEÑOR está enseñándole con el deseo de fortalecer y animar a todos los que las reciben.

    Kenneth relata: “Agonizo con esas cartas, oro… y oro… y oro… y oro. Luego vuelvo y oro hasta que escucho lo que Dios tiene en su corazón. Algunas veces recibo en la madrugada. Pero una cosa es segura — Espero hasta que escucho del cielo. No sólo me siento y escribo cualquier cosa en el papel.”

    Tal vez nadie conoce mejor que los miembros de su familia el tiempo y el compromiso que Kenneth dedica cada mes para escribir la carta a sus colaboradores.

    “Mi mamá y papá siempre han estado comprometidos a nuestros colaboradores” dice su hija Kellie Copeland Swisher, quien recuerda haber crecido viendo a su papá escribir a mano la carta para los colaboradores cada mes.

    “Siendo niños, siempre estuvimos conscientes de los colaboradores porque nuestros padres hablaban y oraban por ellos todo el tiempo” dice Kellie. “Siempre existía la presencia de los colaboradores en nuestra casa. Su amor y compromiso por los colaboradores también se estableció en nuestros corazones, y a medida que crecíamos esa conciencia se transformó en algo propio en nosotros al llegar a la edad adulta”

    Kellie también recuerda cómo su papá invertía horas con bolígrafo y papel en mano, “orando por la carta de los colaboradores hasta que oía del Señor.”

    “Nos íbamos de  vacaciones, y si era el momento de escribir la carta, mi papá no hacía nada más hasta que estaba escrita. El no esquiaba. No iba al lago. Él no se levantaba de su silla hasta que la carta estaba terminada. Era como si los colaboradores estuvieran de vacaciones con nosotros. “Y al terminar de escribirla, si él no podía levantar esa carta al cielo y decirle desde su corazón al Señor: ‘Esto es lo que Tú le estás diciendo a tu gente, y es lo que proveerá a sus necesidades — no las mías’, no importaba que tan grandiosa fuera esa carta;  la arrugaba, la tiraba al piso y empezaba de nuevo.”

    El latido del corazón del ministerio

    Desde sus inicios, la carta al colaborador de Kenneth Copeland no solamente ha sido un estímulo para sus recipientes, sino también una fuerte de verdad y victoria. Por ejemplo: cuando la recesión golpeó al Canadá hace algunos años, una colaboradora de ese país recordó las instrucciones que el Señor le había dado a través de la carta al colaborador de Kenneth Copeland de Febrero de 1992: ¡No te unas a la recesión! Así que no lo hizo. Después de recibir esa carta, el Espíritu Santo la instruyó a tomar el paso adicional de orar que la recesión trabajaría a su favor y no en su contra.

    El hermano Copeland recuerda que “la primera cosa que sucedió fue que en vez de ser víctima de la reducción de personal en su compañía como resultado de la recesión, fue promovida a una posición en recursos humanos.” Poco tiempo después, le dieron la oportunidad de terminar con sus estudios, “y mientras el mundo a su alrededor atravesaba la recesión, ella escogió participar de ¡LA BENDICIÓN de provisión y promoción de Dios!”

    Más que nunca, las cartas de Kenneth Copeland se han convertido en el palpitar del corazón del ministerio. “Estimo que entre el 85–90 por ciento de lo que predico en las reuniones… lo recibo como parte de la revelación mientras escribo la carta,” dice Kenneth. “Lo he hecho por muchos años y es un flujo y una fuente constante de revelación para mí.”

    Hoy en día la carta al colaborador es enviada a casi 300.000 personas alrededor del mundo cada mes, y es una de las herramientas más importantes de los Ministerios Kenneth Copeland. Ésta viaja a todo el mundo, desde la cima más alta al valle más profundo, y a todos los confines de la tierra, fortaleciendo y produciendo miles de testimonios de salvación, sanidad, liberación, restauración y crecimiento.

    A pesar de que la mayoría de los materiales de KCM tardan meses en ser producidos, la carta al colaborador es considerada prioridad número uno y toma únicamente algunos días desde su concepción hasta su culminación.

    “Estas cartas han cambiado vidas — las de mis colaboradores y la mía” dice Kenneth. “Gracias a  Dios, y al Espíritu Santo que obró a través del Apóstol Pablo y el hermano Roberts, todos hemos sido bendecidos.”

    Con el paso de los años, hemos visto que la colaboración es dinámica. La colaboración no es una relación unilateral. Por definición, colaboración significa “Participar en”. Como el Apóstol Pablo dijo, “Doy gracias a mi Dios cada vez que me acuerdo de ustedes…por su comunión en el evangelio, desde el primer día hasta ahora…Es justo que yo sienta esto por todos ustedes, porque los llevo en el corazón. Tanto en mis prisiones como en la defensa y confirmación del evangelio, todos ustedes participan conmigo de la gracia.” (Filipenses 1:3,5,7)

    Si todavía no eres colaborador de KCM, te invito hoy a que te unas a Gloria y a mí como tal. Si tú y el Señor han decidido que éste es el momento para establecer esta conexión de alianza, me gustaría enviarte nuestro Paquete de Nuevo Colaborador. El mismo incluye información detallada acerca de la colaboración y sus beneficios, incluyendo nuestros compromisos contigo. Llámanos ahora a los teléfonos:

    1-800-600-7395 (EE.UU.)

    +1-817-852-6000 (Internacional)

    lunes a viernes / 9:30am – 5:00pm (Hora central de EE.UU.)

    [button type=”bd_button btn_small” url=”http://bit.ly/1fOCOzr” target=”on” button_color_fon=”#3fc2da” button_text_color=”#FFFFFF” ]CONVIÉRTETE EN COLABORADOR[/button]

    Texto extraído de: Revista LVVC – Edición julio 2014, página 18

  • ¡Esta es una vida maravillosa! (por Kenneth Copeland)

    7-14_kennethLa vida Cristiana no es dura.

    Me doy cuenta que esta declaración puede ser alarmante para algunas personas, sin embargo es verdad. Cuando vivimos en la manera que Dios lo predestinó, la vida Cristiana es maravillosamente simple. Es como Jesús dijo en Mateo 11:30: fácil y liviana.

    No tenemos que cansarnos y quedar exhaustos tratando de encontrar la solución a los problemas que enfrentamos. No tenemos que luchar para llegar a fin de mes, o preguntarnos y preocuparnos acerca del futuro.

    Todo lo que tenemos que hacer es seguir a nuestro Buen Pastor. Todo lo que tenemos que hacer es ir a donde Dios nos guía, decir lo que Él nos dice, y hacer lo que nos muestra que hagamos, y Él se hará cargo del resto. Él nos hace descansar en pastos verdes para que no tengamos que desear o querer nada. Nos conduce a arroyos de fuentes tranquilas para que constantemente descansemos y nos refresquemos. Nos mantiene en el camino correcto para que nunca estemos perdidos, confundidos o asustados.

    ¿Suena esto como una vida difícil o dura?

    Para mí, ciertamente no.  Suena como la clase de vida descrita en el Salmo 23. ¡Una vida tan maravillosa que cada día nuestra copa rebosa con las bondades y la misericordia del SEÑOR!

    Quizá digas: “Bueno hermano Copeland, tenemos que ser sabios acerca de estas cosas. Después de todo, el salmo 23 está hablando acerca de la vida que tendremos después de que dejemos esta tierra. Está hablando de lo que tendremos algún día en el cielo.”

    No, no es así. Si fuera así no diría cosas como: “Aunque deba yo pasar por el valle más sombrío, no temo sufrir daño alguno, porque tú estás conmigo” y “Me preparas un banquete a la vista de mis adversarios” (Versículos 4-5)

    El cielo no tiene valles sombríos, y nuestros enemigos no están reunidos en la mesa de Dios. Las sombras y los enemigos están en la tierra.

    Esa es la razón por la que necesitamos a Jesús con nosotros. ¡Este mundo es un lugar peligroso! Y nosotros no tenemos lo que se necesita para navegarlo a solas. Lo necesitamos a Él para liderarnos a través de todos esos peligros y la escasez que el diablo crea, para que así podamos atravesarlos y salir de los mismos abundantemente BENDECIDOS.

    Te preguntas: ¿Hará Jesús realmente eso por nosotros?

    ¡Absolutamente! Él nos lo asegura todo el tiempo. Como dice en Juan 10:10,14-16: «El ladrón no viene sino para hurtar, matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia… Yo soy el buen pastor. Yo conozco a mis ovejas, y ellas me conocen a mí,  así como el Padre me conoce a mí, y yo conozco al Padre; y yo pongo mi vida por las ovejas. También tengo otras ovejas, que no son de este redil; también a aquéllas debo traer, y oirán mi voz, y habrá un rebaño y un pastor.»

    Fíjate que en esos versículos Jesús no dijo que El sería nuestro Pastor algún día. Él dijo “Yo soy” el Buen Pastor. Tiempo presente, aquí mismo y ahora mismo.

    También nos dice que Él es un buen Pastor — un pastor que está personalmente interesado y envuelto con su rebaño y que “llama a las ovejas por su nombre, y las saca.” (Versículo 3). Un pastor que “…una vez que ha sacado a todas sus ovejas, va delante de ellas; y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz.” (Versículo 4).

    Las ovejas no seguirán a un pastor que es rudo y descortés. No pueden ser guiadas como otra clase de ganado. Tienen que ser lideradas por alguien al que estén dispuestas a seguir — y, ¡Gloria a Dios! — Ésa es la clase de pastor que tenemos. Él nunca tratará de manejarnos; nunca nos forzará para que hagamos algo.

    Él es gentil y atento. Lleno de amor, misericordia y gracia. Constantemente está llamándonos y diciéndonos: “Vamos, Kenneth, vamos, Sussie, vamos preciosos míos, los pastos verdes están por este lado, síganme que los guiaré hacia ellos.”

    Sin embargo, tristemente, la mayoría del tiempo las ovejas están muy ocupadas balando acerca de sus problemas para escucharlo. Muy de vez en cuando ponen suficiente atención como para pensar, ¿Alguien está llamándome?. Pero inmediatamente vuelven a empezar con el “¡Baa! ¡Baa!, ¡estoy tan sedienta y tan hambrienta!”

    Lo sé porque yo mismo lo he hecho. Desperdicié años de mi vida ignorando o corriendo lejos de mi Bueno Pastor. Como resultado, hice que mi vida fuera mucho más difícil de lo que tenía que ser.

    Pero Jesús, en Su gran amor y misericordia, nunca me abandonó. Se mantuvo hablándome día tras día, liderándome y animándome a seguirlo, hasta que finalmente le di mi vida y dije las palabras que cambiaron todo: “Si, Señor. Te escucho y desde este momento en adelante obedeceré tu voz; cualquier cosa que digas, la haré. Soy tuyo Señor, estoy atento a tus órdenes”

    No trates de comprenderlo

    “Hermano Copeland, pienso que es grandioso que haya hecho esa clase de compromiso de calidad con el Señor, pero para ser totalmente honesto, yo estoy asustado de hacerlo; no puedo saber lo que me pedirá. Podría mandarme a algún lugar como China o África y yo no quiero ir a ningún lugar así, y aunque lo quisiera, no sabría cómo hacerlo.”

    La belleza de tener al SEÑOR como tu Pastor está en esto: no tienes que preocuparte por esas cosas. Si Él quiere que vayas a China, te guiará a ese lugar colocando dentro de ti el deseo de ir. «Porque Dios es el que produce en ustedes lo mismo el querer como el hacer, por su buena voluntad.» (Filipenses 2:13). También te suplirá con el poder, la sabiduría y los recursos necesarios para realizar el viaje (Lee Mateo 6:33.)

    No tienes que tratar de comprender el rompecabezas. Entender no es tu trabajo; tu trabajo es solamente escuchar y obedecer, creyendo que Él irá delante tuyo preparando el camino.

    Éso es lo que los Israelitas debieron haber hecho la primera vez que Dios trató de guiarlos a la Tierra Prometida. Debieron haberle escuchado y creído que el cuidaría de ellos. Pero, como probablemente ya lo sabes porque has leído la historia, no lo hicieron. Ellos decidieron que mejor escucharían a los que dudaban diciendo: «…La tierra que recorrimos para explorarla se traga a sus habitantes. Toda la gente que allí vimos son hombres de gran estatura. Allí vimos también gigantes. Son los hijos de Anac, esa raza de gigantes. Ante ellos, a nosotros nos parecía que éramos como langostas; y a ellos también así les parecíamos.» (Números 13:32-33)

    Cuando los Israelitas escucharon esas palabras, sintieron pánico. No pudieron entender como las langostas podrían derrotar a los gigantes. Así, en lugar de entrar a la tierra y disfrutar de los pastos verdes y aguas tranquilas que Dios tenía preparadas para ellos, deambularon en el desierto llorando y gimiendo por 40 años.

    Eso es a lo que yo llamo una ¡vida dura y difícil! Y lo peor es que estaba basado en una mentira. La realidad demostró ser todo lo contrario: los gigantes no vieron a los Israelitas como langostas, sino como poderosos conquistadores con un Dios invisible, y estaban totalmente asustados de ellos.

    La siguiente generación de Israelitas descubrió esta realidad. Uno de los residentes del lugar les confesó cuando entraron a la tierra prometida que la población entera había temblado con terror durante las últimas 4 décadas: «Yo sé que el Señor les ha dado esta tierra. Todos los habitantes del país les tienen miedo. Por causa de ustedes están tan atemorizados, que su ánimo está por los suelos. Sabemos que, cuando ustedes salieron de Egipto, el Señor hizo que el Mar Rojo se secara al paso de ustedes. También sabemos lo que ustedes hicieron con Sijón y Og, los dos reyes amorreos al otro lado del Jordán, a quienes ustedes destruyeron. Cuando lo supimos, nuestro ánimo decayó. Por culpa de ustedes, ya no les queda ánimo a nuestros hombres, pues el Señor es Dios en los cielos y en la tierra.» (Josué 2:9-11)

    Puedes imaginarte a los Israelitas golpeándose la frente y diciendo: “Que desperdicio de tiempo ¡40 años! Podríamos haber venido a esta tierra siendo niños, los gigantes se habrían rendido inmediatamente. Si tan solo nuestros padres lo hubieran sabido.”

    Entre más difícil el lugar, más grandes los milagros

    Siempre vale la pena seguir al Buen Pastor. No importa como luce la situación. El mejor lugar para estar es donde Él te está guiando, porque Él ya ha ido antes y preparado todas las cosas. Así que no le pongas atención a las dudas y mentiras del diablo. Cuando él te hable de los gigantes que encontrarás en tu Tierra Prometida, solamente ignóralo y dile: “Dios me ha hablado y yo estoy en mi camino. La victoria ya es mía. Dios está ahora mismo trabajando para mí en ese lugar. Él ha enviado ángeles delante de mí, tiene un lugar preparado, ha preparado provisión abundante. Me ha autorizado y dado poder. No estoy esperando tener tiempos duros; estoy esperando vivir el mejor tiempo de mi vida.”

    No me malentiendas. No estoy sugiriéndote que puedes ir flotando por la vida sin enfrentar ninguna clase de problemas. Estoy diciéndote que si sigues al Buen Pastor y pones tu fe en Él, no tienes que preocuparte acerca de los problemas, pues podrás conquistar cada uno de ellos con gusto, porque Dios lo hará a través tuyo y por ti. Hará que todas las cosas excedan a lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en ti. (Efesios 3:20)

    Quizá te preguntes: “¿Pero, no tenemos que sufrir algunas veces por Jesús?”

    Sí, pero para mí esa clase de sufrimiento es como el que experimenté en el bachillerato cuando era un jugador de futbol americano. En el momento en el que salía a la cancha a jugar el partido, jugaba tan duro que me dolía todo el cuerpo, me dolían mi cabeza, mi pelo y mis cejas. Pero, disfrutaba cada minuto del mismo.

    No estaba sufriendo. Estaba jugando un partido.

    Me siento de la misma manera cuando juego para Jesús. Amo estar en su equipo. Siempre le estoy preguntando: “¿A dónde quieres que vaya, Señor? ¿Qué quieres que diga? ¿Qué quieres que haga? ¡Aquí estoy, envíame!”

    Tampoco, espero que me envíe a un lugar fácil. Estoy esperando que él me dé una asignación que requiera fortaleza. Por supuesto, no desarrollé esa actitud de la noche a la mañana, y tú tampoco lo harás. Pero si te mantienes cerca de Jesús y te alimentas constantemente de su PALABRA, llegará el momento en el que sabrás que entre más difícil sea el lugar al que te envía, más grandes serán los milagros cuando llegues al mismo.

    Con ambos pulgares levantados

    Hace muchos años, uno de nuestros colaboradores experimentoóesta verdad de la manera más extraordinaria en el momento que ella siguió al Buen Pastor en uno de los lugares más difíciles que alguien puede imaginar. Se enfrentó cara a cara con un asesino serial.

    El día en que sus caminos se cruzaron, él estaba huyendo de la policía y necesitaba un auto. Así, que robó el de ella — con ella adentro. Para ese momento él ya había asesinado 21 mujeres, asi que pensó que matarla a ella no sería ningún problema. Supo que si quería matarla sólo tenía que hacerlo.

    Sin embargo, muy pronto se dio cuenta que esta mujer era inusual. No se impresionaba fácilmente, no lloró o tembló de miedo ante sus amenazas. Por el contrario, lo miró directamente a sus ojos y le dijo las palabras que El SEÑOR puso en su corazón: “No vas  matarme, porque yo te amo”

    Él no podía creer lo que sus oídos escuchaban. “Señora ¡Cállese!” le dijo. “No sabe quién soy”

    “No me importa quién eres” ella le respondió. “Te amo y voy a hablarte acerca de Jesús”

    Él le dijo: “No quiero oír acerca de Jesús. Solamente quiero estar en silencio”

    Ella acepto con una condición: Quería continuar escuchando la grabación que estaba escuchando esa mañana en su auto, la cual era uno de mis mensajes y hablaba acerca del amor de Dios. Después de que la grabación sonó por un tiempo, el asesino detuvo repentinamente el auto, la miró y le preguntó: “¿Quién dijo eso?, ¿Quién más está con nosotros?”

    Ella le aseguró: “No estamos más que tú y yo”

    El la refutó: “No, hay alguien más, porque yo acabo de escuchar a alguien que me llamó. Era un hombre y me dijo: ‘Esta es tu ultima oportunidad. Te amo. Hoy puedes recibirme y ser salvo’. ”

    A la orilla de la calle, el aceptó la invitación de Jesús ese día. Confesó la oración de salvación con su rehén — del cielo — y fue nacido de nuevo. Después, el mismo se entregó a la policía y ella se fue a su hogar sin sufrir daño alguno.

    Una semana después, recibí una llamada de la Cárcel Bexar en San Antonio, Texas, preguntándome si podría ir y bautizarlo. Acepté con gozo. Cuando llegué, fui escoltado a un cuarto lleno de policías que observaron el bautismo con sus armas en las manos.

    En los meses siguientes fue juzgado por sus crímenes, declarado culpable y sentenciado a la pena de muerte. Se rehusó a cualquier clase de apelación a pesar de que algunos trataron de convencerlo; estaba cerrado a la idea. Y dijo: “No, quiero ir a casa y estar con Jesús”, “Y quiero hacerlo en la primera oportunidad que tenga”

    Estuve allí con él cuándo se ejecutó su sentencia. En la sala de ejecución le predicó a todos el Evangelio. Antes de que se lo llevaran, le pedí que me diera una señal y le dije: “Justo antes de que toquen el interruptor, déjame saber si la gracia de Dios es suficiente realmente, ¿SÍ?” Unos minutos después, antes de que activaran el interruptor, con una sonrisa de oreja a oreja en su rostro, él levanto su dedo pulgar de ambas manos para dejarme saber que es ¡Más que suficiente!

    A pesar de que ha estado en el cielo por muchos años, si estuviera acá, sería el primero en decirte que la vida cristiana no es difícil. Lo que es difícil es huir del Buen Pastor que te ama. Cuando sigues a Jesús a cualquier lugar que él te guíe, su yugo es fácil y Su carga ligera.

    Texto extraído de: Revista LVVC – Edición julio 2014, página 4

  • La Verdad los Hará Libres (por Gloria Copeland)

    ¿Alguna vez has deseado ser absolutamente libre del egoísmo? ¿Has anhelado deshacerte de toda esclavitud de la carne, y de cada estorbo que te ha impedido caminar en amor?

    Aunque parezca asombroso, ¡podemos lograrlo!

    Jesús nos enseñó cómo: «Si ustedes permanecen en mi palabra, serán verdaderamente mis discípulos; y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres.». (Juan 8:31-32, RVC).

    Por esa razón, debemos meditar una y otra vez en los versículos referentes a que somos partícipes de la naturaleza divina y amorosa de Dios. Necesitamos incrementar nuestra revelación del amor de Dios derramado en nuestros corazones. A medida que crezcamos completa y profundamente en esa verdad, ¡más libres seremos!.

    Tratar de liberarnos de esos hábitos y comportamientos faltos de amor, utilizando la disciplina humana; no funcionará. Tampoco funcionará “intentar ser amables” en nuestras propias fuerzas. Pues fallaremos de forma inevitable, nos frustraremos y nos desanimaremos. Y como consecuencia, terminaremos más molestos y malhumorados ¡que cuando empezamos!

    La única manera de tener éxito para caminar en amor es cuando lo hacemos basados en la gracia de Dios que se encuentra en nuestro interior. Sólo cuando permitimos que Su naturaleza, la cual habita en nuestro espíritu humano renacido, fluya a través nuestro, podemos amar como Jesús. Entre más conozcamos de Su naturaleza, más podremos amar como Él.

    En 2 Pedro 1:2, leemos que la gracia de Dios se multiplica por medio del conocimiento de Dios y de Jesús ¡nuestro SEÑOR! Y eso es cierto en cada área de la vida cristiana. No podemos recibir nada de Dios sin tener antes un conocimiento acerca de ello. Primero, debemos escuchar la verdad, y cuando las escuchemos, la fe vendrá. A medida que creamos y comencemos a actuar basados en esa verdad, veremos el poder de la misma  obrando en nuestra vida.

    Por tanto, escudriña la PALABRA y descubre más acerca de la naturaleza del amor de Dios que mora en ti. Medita en ella. Confiésala y declara: ¡El amor de Dios habita en mí! Después, comienza a actuar por fe, y las ataduras de la carne serán destruidas. Entonces ¡conocerás la verdad, y ésta te hará libre!

    «Que la gracia y la paz les sea multiplicada por medio del conocimiento de Dios y de nuestro Señor Jesús. Todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia. Por medio de ellas nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas ustedes lleguen a ser partícipes de la naturaleza divina, puesto que han huido de la corrupción que hay en el mundo por causa de los malos deseos.»
    (2 Pedro 1:2-4, RVC).

    Texto extraído de: Revista LVVC – Edición marzo 2014, página 19

  • Permanece firme en tus sueños (por Gloria Copeland)

    6-14_gloriaLos creyentes deberíamos ser famosos por soñar en grande.

    Como hijos amados del Dios todopoderoso, y en posesión de una Biblia llena de promesas, deberíamos vivir con una gran sonrisa en nuestro rostro todo el tiempo, a la expectativa de que algo bueno nos suceda. Deberíamos vivir tan llenos de la Palabra, y tan llenos de visiones inspiradas por el Espíritu Santo acerca de nuestro futuro, que al entrar en cualquier lugar las personas debieran decir lo mismo que decían los hermanos de José en el Antiguo Testamento: «¡Aquí viene el soñador!» (Génesis 37:19, NTV).

    No sé si alguna vez se ha dicho eso de Kenneth o de mí, pero estoy segura de que se han expresado cosas parecidas porque hemos tenido grandes sueños en Dios por más de 45 años. Y desde que descubrimos cómo vivir por fe en la Palabra, hemos mantenido grandes expectativas.

    Toma como ejemplo lo que nosotros esperábamos obtener al inicio de nuestro ministerio en 1967. En ese año, el Señor le dijo a Kenneth que predicara la Palabra no adulterada, desde la cima más alta hasta el valle más profundo y a todos los confines de la tierra. Ken aceptó ese llamado, y desde ese entonces, es lo que hacemos.

    No importa que en aquella época estuviéramos en la quiebra, y que Ken no tuviera ni una sola invitación para predicar. Éramos soñadores de fe. Nos vimos como un ministerio internacional antes de tener el dinero suficiente para salir de nuestra ciudad.

    Además de nuestros sueños de ministerio, también comenzamos a tener sueños en lo natural. Yo siempre soñé con tener una casa propia, una que satisfaciera los deseos de mi corazón. Hablando en lo natural, parecía que eso jamás iba a suceder —en especial porque Kenneth y yo habíamos hecho el compromiso ante Dios de no pedir dinero prestado—. Pero aún así, me negué a renunciar a mi sueño.

    Con el paso de los años, mientras esperaba que mi sueño se cumpliera, el Señor cuidó bien de nosotros. Nunca vivimos en la calle, Dios siempre nos proveyó buenas casas para vivir, y yo las valoré. Pero porque nunca renuncié a mi sueño, llegó el día en que nos mudamos a la casa de mis sueños —y sin pedir dinero prestado.

    ¡Qué gran bendición ha sido esa casa! Estoy tan agradecida con Dios por ella. Sin embargo, pude haber renunciado fácilmente a mi sueño.

    Si le hubiera creído a Dios por diez años, y después hubiera dicho: “Si en realidad fuera a recibir esa casa, debería tenerla en este momento”. El resultado habría sido muy diferente. Si hubiera renunciado a mi sueño y hubiera desechado la Palabra sobre la cual permanecí firme por esa casa, quizá hoy estaría viviendo en una casa rentada.

    Pero alabado sea el Señor, no renuncié. Me aferré a mi sueño y seguí creyendo. Decidí que mi sueño era valioso.

    Y el tuyo también lo es.

    Por tanto, no te desanimes si le has estado creyendo a Dios por algo durante un tiempo y aún no has visto los resultados. No renuncies a tus sueños sólo porque están tardando más tiempo del que esperabas. Si tus sueños están basados en la Palabra de Dios, y si permaneces firme en el programa de la fe, puedes estar seguro de que Dios estará trabajando en ellos. Él está haciendo que tus sueños se cumplan, y cuando éstos se hagan realidad, te alegrarás.

    Primero enfócate en agradar a Dios

    Quizá digas: “Pero Gloria, no estoy seguro de saber con exactitud qué significa: ‘Permanecer firme en el programa de la fe’”.

    En realidad, es sencillo. El programa de la fe, es simplemente creer, confesar y obedecer la Palabra de Dios. Es disfrutar la vida de acuerdo con lo que está escrito en la Biblia.

    Pero no sólo me refiero a vivir de acuerdo con lo que la Palabra dice acerca de tus sueños (aunque eso es importante), sino también a apegarnos a lo que dice acerca de otras cosas. Por ejemplo, caminar en amor y en santidad. No podemos llevar una vida de perdición e inmoralidad, y creer sinceramente que Dios cumplirá nuestros sueños, pues desobedecerle a Dios en cualquier área debilitará nuestra fe. Como receptores sobrenaturales, el deseo de nuestro corazón debe ser, ante todo, agradar a Dios. Todo lo demás debe ser secundario.

    Eso significa que no podemos escoger las escrituras que más nos gusten, y enfocarnos sólo en ellas. Por ejemplo, no debemos concentrarnos sólo en los versículos referentes a la prosperidad. Aunque es maravilloso prosperar (en especial si has vivido en escasez por algunos años), si deseas tener una fe fuerte, también debes ponerle atención a los versículos que hablan del diezmo y de la obediencia en cualquier área de la vida.

    En otras palabras, debes dedicarte a cumplir la voluntad de Dios en forma total, y seguir las instrucciones que se nos dan en Romanos 12:1-2: «Así que, hermanos, yo les ruego, por las misericordias de Dios, que se presenten ustedes mismos como un sacrificio vivo, santo y agradable a Dios. ¡Así es como se debe adorar a Dios! Y no adopten las costumbres de este mundo, sino transfórmense por medio de la renovación de su mente, para que comprueben cuál es la voluntad de Dios, lo que es bueno, agradable y perfecto».

    Como personas de fe, no debemos conformarnos a este mundo, porque el mismo está tratando de irse al infierno bien rápido. Las personas que no conocen a Dios están colocando tanta basura frente a sus ojos y en sus oídos que apenas saben que todavía existen los diez mandamientos. Ven demasiados programas de televisión paganos y películas que piensan que vivir en pecado es la manera normal de vivir.

    Para nosotros como creyentes, el pecado no es normal. La santidad es normal. Obedecer a Dios y vivir por fe en Él es normal. Es por eso que otra parte vital del programa de la fe es invertir tiempo alimentando nuestro corazón y nuestra mente con la Palabra de Dios. En la Palabra se nos enseña cómo desea Dios que vivamos. Ahí encontramos promesas extremadamente grandiosas y preciosas, que nos hacen partícipes de Su naturaleza divina; y además, nos brinda el poder para escapar de la corrupción que hay en este mundo (2 Pedro 1:4).

    Y «la fe proviene del oír… la palabra de Dios» (Romanos 10:17). Por tanto, a medida que leemos y meditamos en la Palabra, nuestra fe se fortalece —y Dios necesita que tengamos fe para cumplir nuestros sueños—.

    La decisión es tuya

    La Biblia es verdaderamente un libro sobrenatural. No importa qué esté sucediendo en tu vida en cualquier momento, tú puedes abrir la Biblia todos los días, y el Espíritu de Dios te mostrará de inmediato las palabras que necesitas para llenarte de poder y sustentarte. Él te guiará hacia las escrituras que te llevarán hacia el cumplimiento de tus sueños.

    Sin embargo, aunque la Biblia sea muy importante para tu éxito, Dios no te obligará a leerla. Él te permitirá escoger tu propio nivel de fe. El Señor te permitirá profundizar en Su Palabra tanto como tú lo desees. Dependerá de cuánta atención le prestes —de cuánto mantengas esa Palabra frente a tus ojos y en tus oídos—, de cuánto la recibas, la creas y actúes de acuerdo con ella. Puedes tener una fe tan fuerte como para convertir tu más grande sueño en una realidad, o  puedes cojear todo el camino con solamente la suficiente fe para llegar al cielo.

    Como Dios dijo en Deuteronomio 30:14-16: “La palabra está cerca de ti, en tu boca, en tu mente y en tu corazón; a fin de que puedas escucharla. Hoy, he puesto delante de ti la vida y el bien, y la muerte y el mal. (Si obedeces los mandamientos del Señor tu Dios los cuales) Yo te mando hoy, que ames al Señor tu Dios, que andes en Sus caminos, y que guardes Sus mandamientos, Sus estatutos y Sus ordenanzas; entonces vivirás y te multiplicarás, y el Señor tu Dios te bendecirá” (AMP).

    Un aspecto importante de Dios, es que Él no titubea. Él dice las cosas como son: Tenemos una opción. Dios nos ha dado Su Palabra, y a través de ésta, Él ha puesto delante de nosotros la vida y el bien, la bendición y la maldición. Ahora, depende de nosotros decidir qué haremos al respecto. ¿Cuál será tu elección?

    No sé tú, pero cuando fui salva, estaba cansada de hacer las cosas a mi manera, y anhelaba hacer las cosas a la manera de Dios. Aunque era joven, estaba desesperada, y Kenneth también lo estaba. Ambos estábamos cansados de vivir sin dinero, de dormir en una cama plegable alquilada, de cocinar papas en una cafetera, y de ver una pila de facturas de gastos por pagar.

    Queríamos salir de esa situación. Queríamos salir de la escasez. Queríamos un automóvil decente —uno que en realidad nos llevara a donde queríamos ir—. ¡Teníamos el sueño de ser BENDECIDOS!

    Por tanto, cuando leímos en esos versículos que sólo debíamos creer y obedecer la Palabra de Dios para recibir LA BENDICIÓN, nos lanzamos de lleno a la piscina; y nos sumergimos por completo en la Palabra.

    No nos sentíamos satisfechos con sólo asistir a la iglesia y escuchar un sermón una vez a la semana. Invertíamos tiempo leyendo la Palabra todos los días. De contínuo buscábamos versículos y escuchábamos los consejos del Espíritu Santo, a fin de descubrir lo que Dios deseaba que hiciéramos.

    Da el siguiente paso

    ¡Jamás olvidaré esos primeros días en la Palabra! Una de las primeras cosas que el Señor nos mostró fue que nos mudáramos a Tulsa para que Kenneth estudiara en Oral Roberts University. Hasta este día, ése ha sido uno de los más grandes pasos de fe que Dios nos ha pedido.

    En ese entonces, no sabíamos nada acerca de cómo vivir a la manera de Dios. Pero lo que sí sabíamos era que teníamos hijos pequeños, estábamos sin dinero y sin idea de cómo sobreviviríamos financieramente si Kenneth iba a la universidad.

    Dios tampoco nos mostró todo el plan. De hecho, rara vez lo hace. Y casi nunca cide: “Si cumples con esto, Yo haré esto otro, y obtendrás este maravilloso resultado”. No, la mayoría de las veces Él sólo te dará una indicación para llevar a cabo algo, y no te explicará todo lo bueno que sucederá si das ese siguiente paso. Por esa razón, se llama: “Vivir por fe”.

    Si Dios nos hubiera dicho con anticipación: “Vayan a Tulsa, Oral Roberts contratará a Kenneth para ser su piloto y, personalmente, lo preparará para el ministerio. Luego conocerán a Kenneth E. Hagin y serán más bendecidos en cada área de su vida de lo que hayan podido soñar”. Nos habríamos inscrito lo más rápido posible. Pero no nos habló de ninguno de esos beneficios.

    El Señor esperaba que lo conociéramos lo suficiente, por medio de la lectura de Su Palabra escrita, a fin de que aprendiéramos a confiar en Él. Dios estuvo a la expectativa de que lleváramos a cabo cualquier cosa que nos indicara, sólo porque en la Biblia se nos dice que al hacer cualquier cosa que Él nos guia, es donde encontraremos LAS BENDICIONES.

    Aunque nos tomó un tiempo, al final obedecimos. Subimos nuestros muebles viejos y de segunda mano en un pequeño remolque, subimos a los niños al automóvil y manejamos a Oklahoma. ¡Apenas teníamos el dinero suficiente para echar combustible para llegar!

    Cuando llegamos a Tulsa, los obstáculos que enfrentamos parecían insuperables. No teníamos idea de cómo vencerlos. Rentamos una casa en mal estado (si mal no recuerdo, pagábamos USD $115 al mes). Tenía las paredes color marrón con pintura descascarada. Se parecía tanto a un basurero que no pude desempacar por dos semanas.

    Esa casa estaba muy lejos de ser la casa de mis sueños. Sin embargo, Dios nos proveyó cada una de las cosas que fuimos necesitando. Comenzó por enseñarnos a vivir por fe en Su Palabra, y hoy día, aún vivimos conforme a lo que aprendimos en ese tiempo.

    Incluso creo que no estaríamos donde estamos ahora, si no hubiéramos hecho esa mudanza años atrás. Quizá estaríamos en el ministerio, pero no viviríamos en la perfecta voluntad de Dios. Y tampoco habríamos visto el cumplimiento de algunos de nuestros sueños espirituales. ¿Por qué? Porque para nosotros, permanecer firme en el programa de la fe donde se encontraban esos sueños, implicaba dar el siguiente paso, el cual era ir a Tulsa.

    Con el paso de los años, una y otra vez, hemos hecho lo mismo en diferentes ocasiones. Hemos repetido el mismo procedimiento, pues es así como funciona el programa de la fe. Es así como los sueños que Dios te da se hacen realidad; no sólo para Kenneth y para mí, pero también para ti.

    Así que ¡Persevera en el programa! Sin importar cuánto debas esperar para ver tus sueños cumplirse, no renuncies a ellos. No creas por ellos sólo por algunos meses o por unos años, para luego darte por vencido, diciendo: “Me rindo, nada está sucediendo”.

    Siempre mantén grandes expectativas. Mantén tu corazón enfocado en agradar a Dios por sobre todas las cosas. Fielmente invierte tiempo en Su Palabra, edifica tu fe y descubre qué desea Él que hagas en cada área de tu vida. Luego, si recibes en tu corazón alguna instrucción de parte de Dios, no trates de razonar  cómo se llevará a cabo en lo natural, sólo da el siguiente paso.

    Haz cualquier cosa que el Señor te diga, pues allí se encuentra LA BENDICIÓN. Allí es donde se encuentra tu provisión. Ése es el lugar donde, uno de estos días, te encontrarás viviendo tus propios sueños.

    Texto extraído de: Revista LVVC – Edición junio 2014, página 27

  • CONSEJOS PRÁCTICOS: Cumple tus sueños

    6-14_consejos-practicosDios desea que tengas grandes expectativas. Quiere que tengas grandes sueños basados en la Palabra e inspirados por el Espíritu Santo, y anhela cumplir esos sueños. Sin embargo, para que Él pueda llevarlos a cabo, debes perseverar en el programa de la fe y ser paciente. Sigue creyendo y niégate a renunciar a tus sueños, sin importar cuánto tarden en cumplirse. A continuación te daré algunos consejos que te ayudarán:

    El deseo de nuestro corazón debe ser, ante todo, agradar a Dios. 1 Tesalonicenses 4:1: «Finalmente, amados hermanos, les rogamos en el nombre del Señor Jesús a que vivan de una manera que le agrada a Dios, tal como les enseñamos. Ustedes ya viven de esta manera, y los animamos a que lo sigan haciendo aún más» (NTV).

    Invierte tiempo a diario en la Palabra para fortalecer tu fe. Romanos 10:17: «Así que la fe proviene del oír, y el oír proviene de la palabra de Dios».

    Actúa de acuerdo con la Palabra en cada área de tu vida. Deuteronomio 30:14: «la palabra está muy cerca de ti: está en tu boca y en tu corazón, para que la cumplas».

    Cuando el Espíritu Santo te muestre el siguiente paso, dálo. Romanos 8:14: «Porque los hijos de Dios son todos aquellos que son guiados por el Espíritu de Dios».

    Rechaza el desánimo. Hebreos 6:12: «a fin de que no os hagáis perezosos, sino imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas» (RV95).

    Texto extraído de: Revista LVVC – Edición junio 2014, página 31

  • Invierte tiempo en el trono (por Jesse Duplantis)

    6-14_jesseLa gente frecuentemente me dice: “Hermano Jesse, tú tienes una relación extraordinariamente única con Dios, ¿Por qué es así?”.

    Pienso que ellos están esperando una gran respuesta filosófica, pero, esa no es la respuesta que les doy. Simplemente les digo lo que te estoy diciendo a ti: “Le dedico tiempo a Dios. Invierto tiempo en el trono”.

    Amo estar con Dios, y cuando estamos a solas le pregunto: ¿Cuáles son tus deseos (aspiraciones) Señor?, ¿Dios, qué quieres hacer hoy?. Hablo con Él, y le pregunto cómo se siente.

    Conozco muy bien a Dios e invierto tanto tiempo en comunión íntima con Él ante Su trono que puedo percibir cuando Él no se siente bien. Por ejemplo: el otro día entré a mi oficina para mi estudio bíblico y charlar por un momento con el Señor, y me di cuenta que algo estaba mal. Así que le pregunté: “¿Señor, pasa algo malo?”.

    “Así es… tú me conoces Jesse”, me respondió.

    Y le pregunté: “¿Qué pasa Señor?”.

    «Mi pueblo me ha desobedecido hoy», respondió.

    Percibí que estaba herido de la misma forma que sé cuando mi esposa Cathy se siente herida, pues lo conozco. He pasado muchas horas junto a Él; lo he escuchado reírse, hablar, y hasta ha compartido secretos conmigo.

    Ahora, me imagino que estos comentarios te pueden molestar, o ciertamente indignar a algunos teólogos. Sin embargo, ese mismo tipo de relación íntima está disponible para cualquier persona que invierta tiempo en el trono.

    No tendrás ese tipo de experiencias sentado en una banca de la iglesia, porque que estás muy ocupado aprendiendo acerca de Dios. Ese es tiempo de enseñanza. La iglesia es donde tú aprendes acerca de Dios  para hacer Su voluntad, obedecer Sus mandamientos y seguir Sus estatutos en la Tierra. Sin embargo, el tiempo invertido en el trono no es lo mismo que ir a la iglesia. Muy a menudo, las personas lo mal interpretan: piensan que como ya fueron a la iglesia o asistieron a una reunión especial, están pasando tiempo de calidad con Dios. No; sólo pasaron tiempo con un maestro de Dios —y no tiempo de calidad con Dios mismo—. Por supuesto, puedes sentir la presencia de Dios en un servicio en la iglesia, y espero que así sea. También puedes correr, gritar y alabar a Dios en medio de la iglesia; no obstante, eso no califica como tiempo invertido en el trono.

    Cuando conociste por primera vez a tu mejor amigo, comenzaste a conocerlo poco a poco. Y mientras transcurrió el tiempo, empezaste a conocerlo mejor. Y eso también aplica a tu relación con Dios. Mientras desarrollas más intimidad con Él, comenzarás a conocerlo de una forma completamente nueva.

    Dios quiere tener comunión contigo

    Para hacer la voluntad de Dios sobre la Tierra, tienes que invertir tiempo en el trono; es decir, tener comunión con el Padre. Primera de Juan 1:3 dice: «Así que, lo que hemos visto y oído es lo que les anunciamos a ustedes, para que también ustedes tengan comunión con nosotros. Porque nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo Jesucristo». Juan, el discípulo amado, tenía comunión con Jesús. El montó en burros con Él. Cenó con Él. Incluso durmió en la misma casa que Jesús. Quizá pienses que Juan conocía en realidad al Señor. Sin embargo, existen tantas caras del Señor, que nunca las alcanzaremos a conocer y a comprender por completo.

    Nota la forma en la Juan que se expresó en sus escritos, cuando estuvo en la Isla de Patmos: «Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta, que decía: Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último…» (Apocalipsis 1:10-11).

    Juan dice: «Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor…», porque él nunca había visto o escuchado a Jesús de esa forma. También nos explica que lo vio en un trono alto y sublime, y que el borde de Sus vestiduras llenaba el templo. En ese momento, en ese día del Señor, Juan estaba teniendo comunión con Jesús. No era tiempo de enseñanza; era un tiempo a solas entre Juan y Jesús.

    Cuando estoy en el Espíritu, es un tiempo de comunión entre Jesse y Jesús. Yo digo: “Hola Jesús”, y Él me contesta: Hola Jesse. Una vez que experimentas tiempo en el trono, querrás invertir más tiempo en ese lugar.

    El tiempo invertido en el trono no está diseñado como una reunión de oración. En mi tiempo ante el trono, no le pido a Dios que conteste tal o cual oración, ni que supla alguna esta o aquella necesidad. Sólo voy delante del trono a hablar con Dios. A Él le gusta; y en medio de ese tiempo me revela respuestas a interrogantes que tengo en mi corazón y en mi mente. Se obtienen revelaciones poderosas durante el tiempo del trono —y no en el tiempo de la iglesia—. En la iglesia es donde aprendes acerca de las cosas de Dios para llevar a cabo Su misión. En cambio, el tiempo que inviertes en el trono es un buen rato entre tú y Dios, charlando juntos de lo que deseen.

    Rehúsate a estar confundido

    Cuando visitas el trono regularmente, vendrá claridad a tu mente. Muchas personas se confunden cuando Dios les da entendimiento, porque las verdades espirituales deben discernirse con el espíritu. En otras palabras, no puedes entender una verdad espiritual con tu intelecto. A medida que inviertas más tiempo en el trono y rechaces la confusión, tomarás decisiones sin siquiera debatirlas con Dios. Pues sabrás lo que debes hacer, y lo harás sin razonar o dudar.

    Éso nos sucedió a nosotros hace poco. Mientras me encontraba de viaje le pedí a Cathy que buscara un terreno con un buen edificio. Ella encontró una propiedad con un gran edificio que estaba valorado en un millón de dólares. Cuando me lo mostró, le dije; “¡Cathy, ése es un edificio que cuesta un millón de dólares!”.

    “Lo sé, pero podemos comprarlo por USD $250.000”, me respondió.

    Me reí, y le dije: “No podrías ni siquiera comprar el primer piso con esa cantidad”.

    Luego, escuché al Señor decirme que me quedara tranquilo porque Cathy estaba en una misión. Como puedes ver, Cathy había escuchado de Dios. Así que cuando habló con los dueños del edificio, ellos estaban muy ansiosos por venderlo, y acordaron venderlo en USD $250.000. Después de darme la noticia, Cathy me dijo: “Ahora entra a tu oficina, y ora por eso, porque tú eres el que tiene que pagar ese dinero”.

    Y así lo hice. Comencé a orar diciendo “Dios…” cuando de repente Él me interrumpió y dijo: «Jesse, tú puedes pagar USD $250.000, pero Yo pagaré USD $240.000».

    Al salir de mi oficina le di la noticia a Cathy, y ella mi dijo: “Eso es lo más absurdo que he escuchado. Entra a tu oficina, y ora otra vez”.

    “Mujer, eso fue lo que el Señor me dijo”, le respondí.

    “¿Y qué significa eso”, me preguntó.

    “No sé lo que significa, sólo cierra el trato”, le contesté.

    Cerramos el negocio con nuestro abogado y sólo quedaba una cosa por hacer —explicarle a los arrendatarios  de la propiedad que no renovaríamos sus contratos de alquiler. Compramos el edificio por USD $250.000, y resultó que luego de finalizadas las cuentas, los arrendatarios debían USD $10.000 de alquiler. Y después de que ellos nos pagaron ese monto, la cantidad que pagamos por el edificio y el terreno fue exactamente la misma cantidad que Dios había dicho —nosotros podíamos pagar USD $250.000, pero Él estaba pagando sólo USD $240.000—.

    Invertir tiempo en el trono trae como resultado una fe inquebrantable

    La primera vez que escuché a Dios decirme: “Tú puedes pagar USD $250.000, pero yo pagaré USD $240.000”, no tenía ningún sentido para mí. Sin embargo, estaba seguro que había escuchado a Dios, pues ya había invertido suficiente tiempo en el trono para reconocer Su voz. Y también porque tengo la mente de Cristo (1 Corintios 2:16), la cual es una mente que piensa con claridad total. A medida que visites con más frecuencia el trono, tú también podrás experimentar ese mismo tipo de discernimiento. Cuando tú visitas el trono, no regresarás con ideas conflictivas  acerca de cómo afrontar la vida. Tantos cristianos tienen distintas formas de ver la vida. ¿Por qué? Porque no han invertido suficiente tiempo en el trono. Romanos 12:2 dice: «Y no adopten…sino transfórmense por medio de la renovación de su mente, para que comprueben cuál es la voluntad de Dios, lo que es bueno, agradable y perfecto». Cuando invierto tiempo en el trono, no importa si Dios me pide que haga algo que parece imposible de alcanzar; lo haré pues no tengo pensamientos conflictivos. Mientras más tiempo inviertas en el trono, menos tiempo gastarás dudando.

    Por ese motivo no dudé cuando Dios me dijo: “Yo pagaré USD $240.000” por esa propiedad con ese hermoso edificio. Tenía fe que había escuchado correctamente, y tenía fe para creer que Él haría lo que había dicho. Ese tipo de confianza sólo la puedes obtener al invertir tiempo en el trono.

    Vivir dentro de la voluntad de Dios requiere de una fe inquebrantable. Cuando inviertes tiempo en Su trono no discutirás, sino que harás decisiones. Tu fe nunca vacila. Y saltarás del ámbito de sólo creer, al de saber; y una vez allí, tendrás la capacidad y el poder.

    Durante una de mis sesiones en el trono con Dios le pregunté: “¿Por qué tienes tantos nombres?”.

    Porque Soy muy grande, me contestó.

    Queria más asi que le pregunté “¿Podrías explicármelo de una forma más clara?”

    Entonces Él me respondió: Tengo muchas facetas que el cerebro humano no puede comprender, y la forma en que las enseño es a través de palabras. De esa manera, Mis hijos pueden tener un concepto de Mí, pues la mayoría de ellos nunca me visitan, sólo visitan mi casa.

    Aparta tiempo hoy para visitar a Dios en Su trono. Dedícale tiempo de calidad y sin interrupciones, de modo que puedas comenzar a vivir en la voluntad de Dios sobre la Tierra. Él está esperándote.

    Jesse Duplantis es presidente y fundador de los Ministerios Jesse Duplantis, con oficina central en Louisiana, y oficinas en el Reino Unido y Australia. Es uno de los autores de mayor venta de Libros y conductor de un programa televisivo que se transmite semanalmente. Para obtener materiales del ministerio y mayor información, escribe a: Jesse Duplantis Ministries, P.O. Box 1089, Destrehan, LA 70047, llama al teléfono 1-985-764-2000 o visita jdm.org.

    Texto extraído de: Revista LVVC – Edición junio 2014, página 24

  • Joven, fuerte y Bendecido (por Kenneth Copeland)

    6-14_kennethSi estás interesado en permanecer joven, presta mucha atención a lo que voy a decirte. Porque voy a darte un secreto contra la vejez, el cual no sólo es efectivo, sino que proviene directo de la Biblia. Gloria y yo lo hemos practicado, y estamos viviendo en sus resultados.

    El año pasado cumplí 77 años, y me siento mejor que cuando tenía 20. Tengo tan buena vista que aún puedo volar aviones. Mi audición es buena. No tomo ningún medicamento y no tengo tiempo para estar enfermo. Pues estoy muy ocupado predicando por todo el mundo y disfrutando la vida con Jesús.

    Hace unos meses, otro predicador de fe y amigo de mucho tiempo, Stanley Black, quien tiene la misma edad que yo, estaba ministrando junto a mí en una reunión en Venezuela. Ambos decidimos que somos la antítesis de “hombres ancianos”, y nos pusimos de acuerdo con el salmo 103 que nos afirma que somos hombres de fe rejuvenecidos.

    Quizá digas: “Bueno Hermano Copeland, ésa es una actitud admirable. Pero ya sabemos cómo es el proceso. Al final, todos envejecemos y nos cansamos. Es algo inevitable”.

    No. Me rehuso a estar de acuerdo con esas declaraciones. De hecho, no he confesado algo como eso en 40 años. Y no porque no haya tenido la oportunidad. En años anteriores, hubo ocasiones en las que parecía que todo mi cuerpo me gritaba que estaba envejeciendo y agotándose.

    Hubo días en que mi espalda me lo decía… mis rodillas… y mi cabeza también. Pero cuando lo hicieron, no me senté a escucharlos, ¡sino que les respondí! Y les declaré el Salmo 103:2-5: «¡Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides ninguna de sus bendiciones! El Señor perdona todas tus maldades, y sana todas tus dolencias. El Señor te rescata de la muerte, y te colma de favores y de su misericordia. El Señor te sacia con los mejores alimentos para que renueves tus fuerzas, como el águila».

    Luego dije: Cuerpo, escúchame. ¡No soy un hombre anciano! Me rejuvenezco como el águila. Ése es uno de mis beneficios como hijo de Dios. Además, en Génesis 6:3, se afirma que los días del hombre sobre la Tierra serán 120 años, por tanto, ¡aún estoy en lo mejor de mi vida!

    He confesado palabras como ésas todos los días por décadas. ¿Por qué? Porque sé que cuando lo hago, cada célula de mi cuerpo, de mis huesos, de mis coyunturas, de mis ojos, e incluso de mi cabello, las escuchan.

    También responden cuando yo las declaro, porque yo no me inventé esas palabras, éstas provienen de mi Padre celestial.  Son Sus palabras y Su poder reside en ellas. Él las dijo a través de la Biblia, y las activa y revela en mí a través del Espíritu Santo. Y cuando las confieso, Él las respalda con Su poder y hace que pasen.

    Asi que ahí lo tienes. Ése es mi secreto. En pocas Palabras, ése es el secreto más efectivo contra el envejecimiento que alguien haya descubierto —y ésta es la mejor parte: Este secreto hará más que sólo mantenerte joven. Obrará en tus finanzas, en tus circunstancias, eliminará los efectos de la maldición que se mencionan en Deuteronomio 28 y hará que LA BENDICIÓN se manifieste en cada área de tu vida.

    El árbol que habló

    Alguien podría decir: “Bien, no comprendo cómo puede hacer alguna diferencia el hablarle a mis huesos, mis rodillas, mi dinero y a mis circunstancias. Después de todo, no pueden escuchar”.

    De acuerdo con Jesús, sí pueden escuchar.

    Por esa razón, en el Nuevo Testamento, en los relatos de los comienzos de Su ministerio terrenal, vemos con frecuencia que Él le habla a las cosas. Por ejemplo, la vez en que Él visitó la casa de Simón Pedro. Cuando llegó allí, y encontró a la suegra de Pedro enferma con una fiebre muy alta: «Él se inclinó hacia ella y reprendió a la fiebre, y la fiebre se le quitó. Al instante, ella se levantó y comenzó a atenderlos» (Lucas 4:39).

    Aunque la mayoría de las personas  se reirán de la idea de que la fiebre escucha, ésta claramente escuchó porque: «se le quitó. Al instante, ella se levantó y comenzó a atenderlos».

    En otra ocasión, encontramos a Jesús hablándole a los elementos naturales de la Tierra. Quizá recuerdes la historia. Jesús atravesaba el mar de Galilea con Sus discípulos, cuando:

    «…se levantó en el lago una tempestad tan grande que las olas cubrían la barca, pero él dormía. Sus discípulos lo despertaron y le dijeron: «¡Señor, sálvanos, que estamos por naufragar!» Él les dijo: «¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe?» Entonces se levantó, reprendió al viento y a las aguas, y sobrevino una calma impresionante. Y esos hombres se quedaron asombrados, y decían: «¿Qué clase de hombre es éste, que hasta el viento y las aguas lo obedecen?» (Mateo 8:24-27).

    Déjame preguntarte algo: ¿Puede el viento escuchar? ¿Puede el agua escuchar? Sí, es obvio que pueden porque escucharon a Jesús… y en el instante que escucharon, la tormenta cesó.

    “Pero hermano Copeland, ése era Jesús. Él es el Hijo eterno de Dios”.

    Sí, lo es. Sin embargo, ésa no es la razón por la que la tormenta le respondió. La tormenta le habría obedecido a los discípulos también si ellos le hubieran hablado como Él lo hizo. Jesús les dijo lo mismo cuando les preguntó por qué tenían tan poca fe: ¿Por qué tuvieron que despertarme? ¿Por qué no usaron su fe y se hicieron cargo de la tormenta ustedes mismos?

    Si deseas una confirmación más profunda de estas preguntas, lee lo que sucedió en Marcos 11:13-14, allí vemos a Jesús, una vez más, hablándole a algo. En esta ocasión, fue a una higuera: «Al ver de lejos una higuera con hojas, fue a ver si hallaba en ella algún higo; pero al llegar no encontró en ella más que hojas, pues no era el tiempo de los higos. Entonces Jesús le dijo a la higuera: «¡Que nadie vuelva a comer fruto de ti!» Y sus discípulos lo oyeron».

    Sé que aquí estoy siendo repetitivo, pero para enfatizar más este aspecto, permíteme preguntarte una vez más: ¿Pueden escuchar los árboles?

    Sí, claro que pueden. De hecho, no sólo pueden escuchar —también pueden hablar.

    Esta higuera en particular, le dijo a Jesús: “No recibirás ningún fruto de mí hoy”. Pero en lugar de alejarse y permitir que la higuera tuviera la última palabra, como lo haría la mayoría de las personas, Jesús le respondió.

    ¿Cómo supo cuál sería Su respuesta?

    Él escuchó en Su interior, oyó lo que Su Padre le estaba diciendo, y lo repitió. Jesús siempre actuó de esa manera. Así como Él lo explicó en el evangelio de Juan: «El Hijo no puede hacer nada por sí mismo, sino lo que ve que el Padre hace; porque todo lo que el Padre hace, eso mismo lo hace el Hijo. Yo no puedo hacer nada por mí mismo. Yo juzgo según lo que oigo… yo estoy en el Padre, y que el Padre está en mí… Las palabras que yo les hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre, que vive en mí, es quien hace las obras» (Juan 5:19, 30, 14:11, 10).

    Esto significa que cuando Jesús le habló a la fiebre, a la tormenta y a la higuera, no dijo algo que se le ocurrió. Él no estaba hablando Sus propias palabras. Él estaba declarando las palabras del Padre. Cuando las dijo, el Padre, quien habitaba en Su interior, llevó a cabo la obra.

    Éste es el proceso mediante el cual opera todo el reino de Dios, y funcionará para nosotros de la misma forma que funcionó para Jesús.

    Desconecta el ruido ambiental

    “Pienso que eso no es cierto.” dirá alguien, “Jamás he podido actuar como Jesús lo hizo”.

    ¿Por qué no? Como creyente, ¿no has sido tú recreado a Su imagen? ¿Acaso el mismo Espíritu Santo que habitó en Jesús cuando estuvo en la Tierra no habita en tu interior? ¿Acaso no tienes la misma habilidad de escuchar y confesar la PALABRA de Dios?

    ¡Ciertamente la tienes!

    Entonces, ¿por qué el Padre, que habita en ti, no respaldaría Su PALABRA cuando tú la declaras en fe? ¿Por qué no haría la obra necesaria para que se cumpla esa Palabra en tu vida, así como lo hizo con Jesús?

    La respuesta es obvia. ¡Sí lo hará!, Jesús expresó: «De cierto, de cierto les digo: El que cree en mí, hará también las obras que yo hago; y aun mayores obras hará, porque yo voy al Padre» (Juan 14:12).

    Y también por eso, Él les dijo lo que les dijo a los discípulos cuando vieron la higuera, y exclamaron: «¡Mira, Maestro! ¡La higuera que maldijiste se ha secado!». Jesús les dijo: «Tengan fe en Dios. Porque de cierto les digo que cualquiera que diga a este monte: “¡Quítate de ahí y échate en el mar!”, su orden se cumplirá, siempre y cuando no dude en su corazón, sino que crea que se cumplirá» (Marcos 11:21-23).

    Observa que Jesús no declaró: “Bueno, ahora esperen un minuto. No intenten hacer esto. No vayan por ahí hablándole a los árboles, pues no los escucharán. El viento tampoco ni el agua. Ellos sólo me escucharán a Mí porque yo soy el Hijo de Dios”.

    No, él les dijo todo lo contrario. Y hasta les dijo que incluso las montañas escucharían y se moverían ¡si alguno les habla en fe!

    A esto, agrégale el hecho de que la fe viene por oír la PALABRA de Dios (Romanos 10:17). Y rápidamente, entenderás que, si quieres hacer las obras que Jesús hizo, lo primero que debes hacer es permanecer tranquilo y tener oídos para escuchar lo que Dios te esta diciendo. Desconéctate del ruido ambiental que te rodea. Deja de escuchar a la higuera, a la fiebre y a la tormenta.

    Si continúas escuchándolos, terminarás repitiendo lo que ellos dicen; y exactamente  eso es lo que el diablo quiere que hagas. El enemigo desea engañarte para hacerte declarar que te estás volviendo viejo a los 30 años. Cada vez que olvides algo, quiere que digas: “Siempre escuché que la memoria es lo primero que se pierde. ¡Ja! ¡Ja! ¡Ja!”.

    ¡Eso no es gracioso! Eso abre la puerta para que el diablo tergiverse el proceso del reino. Cuando tú declaras lo que él dice, autorizas que él obre y que se cumplan esas palabras negativas.

    ¡No se lo permitas! Si una enfermedad ha atacado tu cuerpo y te está diciendo que te quitará la vida, no te pongas de acuerdo con eso ni repitas lo que está diciendo. ¡Díle a esa enfermedad que se calle! Luego sintoniza la frecuencia de Dios, pues Él está diciendo algo completamente diferente: «Por sus heridas fueron ustedes sanados» (1 Pedro 2:24).

    No solamente lo ha dicho en la Biblia, sino te lo revela de forma directa a tu espíritu. Tampoco te habla desde algún lugar lejano en el cielo, Él te habla a tu interior porque es allí donde Él vive. Por tanto, si escuchas tu interior, escucharás a Dios.

    Dios no te condenará con la maldición como lo hace con la higuera, la fiebre y las tormentas de la vida. El Señor declarará LA BENDICIÓN sobre ti. El Señor te recordará Gálatas 3:13-14: «Cristo nos redimió de la maldición de la ley, y por nosotros se hizo maldición (porque está escrito: «Maldito todo el que es colgado en un madero»), para que en Cristo Jesús la bendición de Abrahán alcanzara a los no judíos».

    Tú, como hijo de Dios nacido de nuevo, tienes el derecho comprado con sangre de disfrutar una vida BENDECIDA. Sin embargo, para vivir de esa manera, necesitas escuchar y confesar las palabras de LA BENDICIÓN. Debes inclinar tu oído por completo a Dios y adoptar la siguiente actitud: Sé lo que están diciendo las circunstancias, sé lo qué están hablando mis vecinos, pero lo único que importa es lo que Dios afirma; ¡pues lo que Él declara es la verdad!

    Hace varios años, tomé esa actitud cuando me encontraba predicando en la isla de Jamaica, en las Antillas. Estuve ministrando casi los siete días de la semana por meses. Un día después de haber predicado desde las 9 a.m. hasta las 5 p.m., al dirigirme a mi siguiente reunión —la cual había sido programada para durar todo el día— me quedé sin voz.

    Como ya casi era la hora del almuerzo, entonces les dije a las personas que fueran a comer, y yo volví al cuarto de oración para pedir por la situación. Cuando lo hice, estas palabras surgieron de mi corazón: Por Sus heridas fueron ustedes sanados. Abrí mi Biblia, leí ese versículo y susurré: ¡Amén! Declaré ese versículo como la verdad y expresé: Padre, en lo que a mí respecta, estoy sano; por tanto, saldré y predicaré.

    En ese momento, no hubo ningún cambio notorio en mi cuerpo. Cuando regresé al podio para la reunión de la tarde, difícilmente podía emitir una palabra. No obstante, sostuve el micrófono junto a mi boca para que la gente pudiera escucharme, y comencé a declarar las palabras que Dios me ha dicho.

    “Si le hubiera preguntado a mi voz si yo estaba sano, me habría contestado: No. Yo sólo susurraba. Si les hubiera preguntado a ustedes si yo estaba sano, hubieran dicho: No. Pero no les estoy preguntando a ustedes ni a mi cuerpo”. Y mientras hablaba, mi voz comenzó a escucharse más fuerte.

    “Le pregunté a la PALABRA de Dios”. Continué diciendo, a medida que mi voz se hacía más fuerte.

    ¡Y en ella se afirma que soy sano! Exclamé a gran voz.

    Para cuando terminé la última oración, mi voz era tan fuerte que pude predicar por tres horas más. Después de terminar el servicio, me dirigí hacia la siguiente reunión y prediqué por otras dos horas. Me sentí contento de hacerlo, pues al terminar la reunión, una mujer que estaba completamente ciega, fue sana.

    ¿Por qué paso de esta manera? Porque mi cuerpo estuvo escuchando y también el de ella, y cuando declaré lo que Dios dijo, el Padre que mora en mí, ¡llevó a cabo la obra!

    Y lo mismo puede sucederte a ti.

    Todos los días, tu vida está escuchando. Por tanto, dale a Dios la oportunidad de obrar. Sintoniza Su voz, abre tu boca y permite que las fiebres, las higueras y las tormentas escuchen lo que Él está diciendo.

    Declara lo que Dios te habla, mantente joven, fuerte y sé BENDECIDO. Pues, ¡es una maravillosa forma de vivir!

    Texto extraído de: Revista LVVC – Edición junio 2014, página 4

  • El elogio más grande (por Jeremy Pearsons)

    6-14_jeremyAdemás de la Palabra de Dios y escuchar al Espíritu Santo, creo que no hay maestro más grande en la vida, que la misma vida.

    Pues las cosas que experimentamos, frecuentemente nos sirven como bloques de construcción, que nos ayudan a moldearnos para ser quienes somos. En este mes, celebramos el Día del padre y me gustaría tomarme un tiempo para compartirles algunas experiencias personales que viví con mi papá, las cuales han impactado mi vida.

    Déjame empezar diciéndote que mi padre sería el primero en decirte que él está lejos de ser una persona perfecta… pero no ante mis ojos. Pues no sólo me enseñó a amar a Dios y a Su Palabra, sino también él es responsable de mi amor por la música. Cuando era un bebé,  me sentaba sobre los hombros de mi papá para escucharlo y verlo tocar el piano. Y al transcurrir el tiempo, lograba sentarme a su lado mientras con mucha paciencia me enseñaba a tocar.

    Gracias a mis padres, sé cómo creer en Dios por sanidad para mi cuerpo. Pues cuando era un niño y me enfermaba, la primera medicina que me daban era 1 Pedro 2:24, y luego una saludable dosis de casetes con enseñanzas acerca de la sanidad, de mi abuelito Kenneth.

    Otro bloque de construcción en mi fe fue puesto cuando mi papá nos dio la noticia de que regalaríamos nuestra casa —¡una casa que había sido pagada por completo!—. Eso para mí, fue un ejemplo brillante de cómo darle a Dios nuestra mejor semilla.

    Recuerdo a mi padre vistiendo sus pijamas a las dos de la mañana, tratando de permanecer despierto para ayudarme a terminar un proyecto de ciencias que yo tenía que entregar el próximo día. Esa experiencia no sólo me enseñó acerca del amor incondicional de un padre, ¡sino también me enseñó a que no debo dejar las cosas para última hora!

    Mi padre me amaba tanto que cada vez que me comportaba mal me corregía y me castigaba. ¡Y estoy muy agradecido por eso! Eso me mostró que existen cosas que no debo hacer… y ésa es una de las cosas más valiosas que una persona debe saber.

    Ahora veo en George Pearsons a un hombre que está siendo perfeccionado a través de su devoción por la Palabra. Los bloques de construcción de honor e integridad están puestos en mi vida porque fueron los mismos que sirvieron en la vida de mi padre. Al ver su vida de humildad, aprendí el valor de preferir a otros. Probablemente una de las lecciones más importantes que me enseñó, fue cada vez que me decía: «Hijo, en esto me equivoqué».

    Como puedes ver, ¡amo a mi papá! Y cada vez que alguien me dice: «Oye Jeremy, me recuerdas mucho a tu papá », ¡es uno de los elogios más grandes que puedo recibir!

    Acerca del Autor

    Jeremy Pearsons es hijo de los pastores George y Terry Pearsons, y el nieto mayor de Kenneth y Gloria Copeland. Jeremy y su esposa, Sarah, son fundadores de Pearsons Ministries International. Para obtener más información, puedes visitar la página de internet pearsonsministries.com

    Texto extraído de: Revista LVVC – Edición junio 2014, página 9