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  • Siguiendo los pasos de Abrahán – por Kenneth Copeland

    Siguiendo los pasos de Abrahán – por Kenneth Copeland

    Cuando jugaba fútbol americano en la secundaria, siempre sonreía cuando los chicos aparecían al comienzo de la temporada diciendo: “voy a probar este deporte”.  En ese momento sabía lo que sucedería. Cuando salieran al campo de juego, terminarían golpeados… y no lograrían un puesto en el equipo.

    Una de las razones por las que lo sabía, era porque entendía muy bien a lo que se estarían enfrentando.

    Enfrentarían a jóvenes que realmente disfrutaban demolerse entre ellos en cada partido. Chicos que llegaban al límite durante toda la semana, casi hasta el punto de colapsar, para poder estar en forma. Jóvenes que soportaban el dolor muscular, los morados, narices rotas y cualquier otra cosa imaginable con tal de poder practicar un juego por el que ni siquiera les pagaban.

    Cuando juegas contra un grupo como ese, la mentalidad de “voy a tratar, voy a probar” no funciona. Debes amar ese juego por completo. Debes estar absolutamente determinado a jugar—y jugar para ganar. Debes quererlo a tal punto, que cuando te estén pegando por todas partes, puedas decir: “¡Cueste lo que cueste, voy a ganar; triunfaré!”

    De lo contrario, no lo aguantarás. Terminarás sin aire y saldrás corriendo a los vestuarios mientras el resto del equipo sigue peleando en el campo, golpeándose sin cesar porque lo consideran  algo “divertido”.

    En mis años como creyente he descubierto la similitud entre lo que acabo de describir y lo que llamamos vivir por fe en Dios. Es la aventura más emocionante y poderosa que existe; sin embargo, no funciona para aquellos que tienen una actitud de “probemos para ver qué pasa”. No produce resultados para la gente que solamente escucha unos pocos mensajes y dice: “creo que voy a probar este tema de la fe”. Si quieres ganar en la vida de la fe, tendrás que preciarla. Debes tomar la misma actitud que Abrahán tomó en la Biblia.

    ¡Él era alguien que quería caminar por fe! ¡Abrahán nos definió el estándar!

    Él quería caminar en la manifestación del poder de Dios más que cualquier otra cosa en la Tierra. Lo quería más que a su familia. Lo quería más que a su vida. Él quería a Dios a tal punto, que creyó y actuó en Su PALABRA, sin importar lo que los demás dijeran o pensaran al respecto.

    Lo puedes apreciar en su respuesta cuando Dios le dijo a los cien años de edad que él y su esposa de noventa tendrían un bebé. No solamente tuvo la audacia suficiente para creerlo, sino que hizo un anuncio público: “Soy el padre de muchas naciones. Desde ahora, no me llamen más Abrán. ¡Llámenme Abrahán, el padre de una multitud!”

    ¿Puedes imaginarte cómo reaccionó la gente? Debieron haberlo tratado como un hazmerreír. Es posible que no se burlaran directamente en su cara, porque él era el hombre más rico de la región, pero, a sus espaldas, estoy seguro de que lo señalaban y decían: “¡este viejo está completamente loco! No hay forma de que él y su esposa estéril tengan un hijo a su edad. Es imposible”.

    Sin embargo, mientras ellos se burlaban, Abrahán creía. Él se rehusaba a moverse por las imposibilidades. Tal como Romanos 4:19-21 dice: «Además, su fe no flaqueó al considerar su cuerpo, que estaba ya como muerto (pues ya tenía casi cien años), o la esterilidad de la matriz de Sara. Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en la fe y dio gloria a Dios, plenamente convencido de que Dios era también poderoso para hacer todo lo que había prometido».

    Cuando se trató de vivir por fe en la PALABRA de Dios, Abrahán fue tan robusto y decidido cómo es posible. De la misma manera que esos jóvenes con los que solía jugar fútbol americano, él iba con todo. Estaba ciento por ciento comprometido a creerle a Dios.

    La misma clase de fe que Dios usa

    ¡Tú y yo, como creyentes nacidos de nuevo, podemos tener la misma clase de actitud! Cuando vemos en la PALABRA de Dios que por las llagas de Jesús fuimos sanados, podemos decidir no considerar los síntomas de la enfermedad en nuestro cuerpo. Podemos saltar de fe y decir: “¡Si, Señor! ¡Yo soy el sanado del SEÑOR!”

    Cuando vemos que nuestro pacto con Dios declara que Sus BENDICIONES nos hacen ricos y no añaden tristeza con ellas, podemos decir “¡Sí, amén! ¡Soy BENDECIDO y soy rico!”. Podemos creerle a Dios cien por ciento, sin importar lo que nuestra cuenta bancaria o la gente diga al respecto.

    “Sí, hermano Copeland, ¡pero yo no tengo esa clase de fe!”

    La Biblia dice que sí la tienes, al referirse a todos aquellos que creemos en Jesús como aquellos que «siguen los pasos de la fe que tuvo nuestro padre Abrahán» (Romanos 4:12).

    ¿Qué clase de fe tenía Abrahán exactamente? ¡Él tenía la misma clase de fe que Dios usa! Ningún ser humano había tenido esa clase de fe hasta que Abraham apareció. Sin embargo, él la atrapó y, una vez que lo hizo, la usó al máximo. Él de veras le creyó a Dios hasta el punto que preservó su semilla por miles de generaciones. Él puso tanta fe en su pacto con Dios que no existía forma de que Dios pudiera anular ese pacto o darlo por terminarlo. Como Él le dijo a Abrahán en Génesis 22:16:18: «Yo, el Señor, he jurado por mí mismo que, por esto que has hecho, de no negarme a tu único hijo, ciertamente te bendeciré; multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que hay a la orilla del mar; ¡tu descendencia conquistará las ciudades de sus enemigos! En tu simiente serán bendecidas todas las naciones de la tierra, por cuanto atendiste a mi voz».

    Nota que según esos versículos la fe de Abrahán en Dios era tan fuerte que no le negó ni a su único hijo. El subió al monte y puso a Isaac en el altar del sacrificio simplemente porque Dios se lo pidió. Como resultado obligó a Dios, como su compañero de pacto, a hacer lo mismo. Colocó a Dios en una posición en la que estaba atado en pacto a sacrificar a Su propio Hijo por toda la humanidad.

    Dios sólo encontró esa clase de fe en la Tierra con Abrahán. Él encontraba personas que le creían por las BENDICIONES financieras o por la sanidad. Sin embargo, ninguno había creído que Dios podía resucitar a alguien de entre los muertos—y cuando Abrahán ofreció a Isaac, eso fue exactamente lo que él estaba creyendo que Dios haría.

    Abrahán no tenía el corazón roto ni lloraba el día en que puso a Isaac en el altar; eso es lo que las películas tontas de Hollywood han representado. Él tenía ese fuego de fe en sus ojos. «Y es que Abrahán sabía que Dios tiene poder incluso para levantar a los muertos [Isaac]; y en sentido figurado, de entre los muertos lo volvió a recibir» (Hebreos 11:19).

    Para Abrahán era un hecho; él ya sabía el final desde el principio. Dios le había dicho: «por medio de Isaac te vendrá descendencia» (Génesis 21:12); y Abrahán lo creyó absolutamente. Él esperaba sacrificar al joven Isaac y después ver cómo Dios lo levantaba de las cenizas. Por supuesto, Dios envió un carnero para que tomara el lugar de Isaac y su sangre jamás fue derramada, pero al final, lo que Abrahán creyó fue lo que sucedió.

    Jesús murió en la Cruz como el sacrificio de Dios para liberarnos del pecado y la maldición, y después pasó tres días en el corazón de la Tierra; la fe de Abrahán finalmente produjo ese fruto. ¡Su fe por la resurrección se unió con el poder del Dios todopoderoso y Jesús resucitó de entre los muertos!

    Si te preguntas cómo la fe de Abrahán, que había sido liberada miles de años antes de la Cruz, pudo tener algo que ver con la resurrección de Jesús, se debe a que en Dios no hay tiempo. Para Él no hay ninguna diferencia si son diez mil años, diez minutos o una centésima de segundo. Dios no se olvida de nada, excepto de los pecados que nosotros cubrimos con la sangre de Jesús. Cada gramo de fe que cada uno de nosotros ha liberado todavía se encuentra en Sus archivos.

    Pueda que hayas creído por algo hace 35 años y después lo dejaste ir, pero en cuanto a Dios se refiere, esa fe todavía está vigente. Si te sostienes en tus derechos de pacto, puedes reconectarte con ella y continuar en el mismo lugar donde la abandonaste. Puedes volver a tu fe en esa área y recibir el cumplimiento de las promesas que te pertenecen a través del pacto de Abrahán con Dios.

    Un pacto con Dios en ambos lados

    “Pero, hermano Copeland” podrías decir, “como creyente del nuevo pacto, las promesas de Dios para mí no son a través de Abrahán, sino a través de Jesús. Son mías por lo que Él hizo”.

    Eso es absolutamente cierto, y también lo fue para Abrahán. El suyo era un pacto con Dios en ambos lados. Lee acerca de cómo Dios lo estableció en Génesis 15 y verás lo que quiero decir. Cuando Él hizo Su pacto con Abrahán, Él mismo bajó, caminó entre la sangre de los animales sacrificados y le hizo promesas de pacto a la semilla de Abrahán. «No dice: «Y a las semillas», como si hablara de muchos, sino: «Y a tu semilla», como de uno, que es Cristo» (Gálatas 3:16).

    ¡El pacto de Abrahán tenía al Dios Poderoso por un lado y a Su Hijo, Jesús, por el otro!

    Dios básicamente le dijo a Abrahán: “Si crees en este pacto y actúas de acuerdo con él, te trataré tal como a Jesús. Podrás acercarte a Mí con la misma confianza que Él lo hace, y te recibiré y te trataré como si nunca hubieras pecado”.

    Dios nos lo ha dicho en el Nuevo Pacto también a nosotros. Él no está diciendo: “Sal de mi vista, pecador”. Por el contrario, Él nos ha invitado a venir con confianza a Su trono de Gracia. Nos está diciendo: “He borrado tu pecado y ya no lo tengo en cuenta en contra tuya. Has sido lavado en la sangre del Cordero; si caminas delante de Mí por fe en Él, ¡te trataré como si nunca hubieras pecado!”

    Por esta razón podemos seguir los pasos de la fe de Abrahán. Estamos en el mismo pacto y Gálatas 3 nos lo confirma. Dice claramente: «Luego los de la fe son benditos con el creyente Abraham… Porque todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús. Porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis vestidos. No hay Judío, ni Griego; no hay siervo, ni libre; no hay varón, ni hembra: porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente la simiente de Abraham sois, y conforme a la promesa los herederos.» (versículos 9,26-29, RVA).

    Mira nuevamente esos versículos. Se refieren a ti y a mí, como creyentes, como “la semilla” (simiente) de Abrahán. La palabra simiente está en singular, hablando acerca de nosotros tal como lo está en el versículo 16 cuando se refiere a Jesús. Eso es importante. Nos permite saber que cuando se trata de caminar en la fe de Abrahán, todos estamos en esto juntos. Somos uno con Jesús y Él es uno con nosotros.

    En el pasado, nuestra incapacidad de reconocerlo, obstaculizó nuestro caminar de fe. Nos tropezamos más de lo que deberíamos porque hemos fragmentado al Cuerpo de Cristo. Nos dividimos hasta que olvidamos que, cuando hablamos acerca de creyentes, en realidad estamos hablando acerca de Jesús; y cuando hablamos acerca de Jesús, estamos hablando de la iglesia como un todo. Él es la cabeza y nosotros somos el cuerpo.

    No puedes separar la cabeza del cuerpo y esperar que continúe funcionando. Para que la vida continúe fluyendo, los dos deben estar unidos. Por esa razón, nadie dice cuando entra a una habitación: “aquí viene Kenneth y su cuerpo”. Tan solo dicen: “Ahí está Kenneth”, porque mi cabeza y mi cuerpo hacen parte del mismo cuerpo.

    Lo mismo es cierto en el campo espiritual con el Cuerpo de Cristo. Como Jesús dijo en Juan 17:23, nosotros somos uno con Jesús y los unos con los otros, tal como Jesús y el Padre son uno. Jesús está en nosotros, Dios está en Él y nosotros estamos en Dios «para que sean perfectos en unidad».

    Es tiempo de que renovemos nuestras mentes al respecto y dejemos de separarnos entre nosotros. ¡Nos necesitamos mutuamente! «Necesitamos caminar juntos: hasta que todos lleguemos a estar unidos por la fe y el conocimiento del Hijo de Dios» (Efesios 4:13).

    Hay demasiado en juego como para permitir que pequeñas diferencias doctrinales y otra clase de ofensas nos separen. ¡Es muy importante creerle a Dios por la manifestación completa del poder de Dios en medio de nosotros! Vale mucho más que cualquier otra cosa en el mundo, y la única manera en la que lo haremos es al trabajar en unidad—aferrándonos los unos a los otros en amor (la fe obra por el amor), orando los unos por los otros y liberando nuestra fe por el otro.

    ¿Sabes lo que sucede cuando nos unimos de esa manera? Nos convertimos en más que cristianos individuales deambulando en el la vida, tratando de hacer algo por Dios. ¡Nos convertimos en un equipo de fe! Nos convertimos en la versión espiritual de ese grupo salvaje de ganadores con los que jugué fútbol americano en la secundaria.

    Esa es la clase de equipo que Dios está reuniendo en estos últimos tiempos antes de que Jesús regrese. Es un equipo de creyentes que aman absolutamente a Dios, que se aman los unos a los otros y que aman vivir por fe en la PALABRA de Dios. Es un equipo de creyentes que están aquí para quedarse y que están cien por ciento comprometidos a pisotear al diablo.

    ¡Es un escuadrón de Dios de personas como tú y yo que hemos nacido de nuevo para seguir los pasos de fe de Abrahán!

     

     

  • Creciendo JUNTOS en la Gloria de Dios – por Gloria Copeland

    Algo maravilloso está por suceder CON la iglesia del Señor Jesucristo. Está a punto de ALCANZAR LA ESTATURA que Dios ordenó que tuviera desde Su comienzo.
    Está a punto de «que todos lleguemos a estar unidos por la fe y el conocimiento del Hijo de Dios; hasta que lleguemos a ser un hombre perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo» (Efesios 4:13).
    Eso es lo que la Palabra de Dios dice y puedes darlo por hecho. ¡Sucederá—pronto! Estamos en el final de los últimos tiempos. Las señales nos rodean, ¡Jesús regresará! Él está a punto de raptar la iglesia, y cuando lo haga, estaremos unidos, glorificados y listos para irnos.
    Ahora, pueda que te preguntes, ¿cómo es que lo lograremos? Con tantos desacuerdos, denominaciones y peleas ente unos y otros, ¿cómo se unirá la iglesia?
    Por medio del Espíritu de Dios. Él es el que ha sido enviado para unirnos y aunque parece imposible desde una perspectiva natural, Él está capacitado para hacerlo.
    El Espíritu Santo tiene la habilidad de revelarle a los creyentes de todo el planeta, la verdad acerca de la Palabra y hacer que todos estemos de acuerdo con ella. ¡Él puede hacer que la Palabra de Dios sea clara para nosotros, mientras le damos nuestra atención y pensamos más como Dios piensa!
    Eso es lo importante, ¿no es cierto? No importa lo que nosotros pensemos. No importa lo que nuestra denominación piense. Importa lo que Dios piensa. Él no cambiará Sus pensamientos para acomodarlos a nosotros y nuestra denominación. El cambiará nuestros pensamientos para que se alineen con los Suyos, para que cuando Jesús venga, pueda presentarnos de la manera que Efesios 5:27 nos describe: ¡«como una iglesia gloriosa, santa e intachable, sin mancha ni arruga ni nada semejante»!
    Una iglesia gloriosa no es tan solo una iglesia maravillosa. Es una iglesia donde la gloria de Dios se manifiesta. Es una iglesia donde el poder de Dios fluye con tal nivel de libertad, que las vidas son transformadas, las piernas inválidas son fortalecidas, el cáncer desaparece y los espíritus demoníacos salen de la mente y el cuerpo de la gente.
    ¡Una iglesia gloriosa es una iglesia donde la presencia de Dios se revela con señales, prodigios y demostraciones visibles del poder de obrar milagros, en forma tangible para las personas!

    Lo que creemos determina lo que sucederá
    A decir la verdad, esa es la clase de iglesia que Dios siempre ha querido. Él empezó la iglesia en el día de pentecostés con el derramamiento del Espíritu Santo, señales, prodigios y milagros; y Él proveyó para que todas esas cosas se mantuvieran en vigencia. Deberían haberlo hecho, si tan solo dependieran de Dios. Pero, no es así; también dependen de nosotros.
    ¡Lo que sucede en la iglesia es aquello que los creyentes de la iglesia creen!
    Cuando creemos que la sanación se manifiesta en medio de nosotros, la sanación se manifiesta. Cuando creemos que la gente puede ser llena con el Espíritu Santo, la gente es llena. Cuando creemos que podemos hacer la obra de Jesús, la hacemos.
    ¡La iglesia va en marcha hacia la línea final y necesitamos creerle a Dios por todo lo que ha prometido! No tenemos más tiempo para quedarnos sentados recordando los grandes derramamientos de milagros del Espíritu Santo del pasado. No podemos conformarnos esperando pasivamente para que la iglesia sea llena con la gloria algún día en el futuro. Es muy tarde; necesitamos levantarnos con valentía ahora mismo y declarar como Jesús lo hizo en Lucas 4:18-21: «El Espíritu del Señor está sobre mí. Me ha ungido para proclamar buenas noticias a los pobres; me ha enviado a proclamar libertad a los cautivos, a dar vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos y a proclamar el año de la buena voluntad del Señor… Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de ustedes.»
    Por muchos años la iglesia contemporánea ha tenido una misma actitud. Los predicadores y la congregación han relegado por igual el cumplimento del plan de Dios a otra generación, o a otra providencia. Sin embargo, en los últimos años, un cambio maravilloso ha ocurrido. Más y más creyentes han empezado a esperar que esta escritura se cumpla en nuestros días. Hemos empezado a esperar que Dios se mueva en medio de nosotros y nos cambie a la imagen de Jesús: «Por lo tanto, todos nosotros, que miramos la gloria del Señor a cara descubierta, como en un espejo, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor»
    (2 Corintios 3:18).
    ¿Por qué le tomó tanto tiempo a la iglesia, como un todo, esperar por este acontecimiento?
    Una de las razones es porque por mucho tiempo la gente no sabía nada al respecto. Todo lo que se les había enseñado era que si creían en Jesús irían al cielo cuando murieran. Durante muchos años, eso es todo lo que los predicadores enseñaron, porque pensaron que ese era el único propósito del evangelio. Pensaron que el plan de redención estaba diseñado solamente para librar a la gente del infierno.
    ¡Sin embargo, ese no es el plan que Dios tenia a través de los siglos! Él no quiere solamente mantener a la gente por fuera del infierno. Su plan es tener una familia. Él quiere hijos e hijas espirituales con los que pueda tener una relación a Su mismo nivel, hijos e hijas que hagan Su voluntad en la Tierra como en el cielo. Él quiere hijos e hijas que caminen en Su BENDICIÓN y reinen en esta vida como si Él estuviera aquí manifestándose en Su plenitud.

    Sólo una restricción
    Ésta ha sido la voluntad de Dios desde el comienzo. Es lo que Él tenía en Su corazón, cuando creó a Adán y lo puso en el Jardín del Edén. Como Génesis 1:27-28 dice: «Y Dios creó al hombre a su imagen. Lo creó a imagen de Dios. Hombre y mujer los creó. Y los bendijo Dios con estas palabras: «¡Reprodúzcanse, multiplíquense, y llenen la Tierra! ¡Domínenla!»
    Al hacer a Adán a Su imagen, Dios hizo a Adán tan parecido a Él como pudo. Lo vistió con la gloria divina y respiró en su espíritu Su propia Zoe, la vida eterna. Adán se parecía a Dios  por dentro y por fuera. Tenía el mismo poder en su espíritu que el poder que Dios tenía. Tenía autoridad en la Tierra, tal como Dios tenía autoridad en el cielo. Dios le dio dominio y le dio el gobierno de la Tierra en sus manos.
    La única restricción que Dios le dio a Adán fue la siguiente: «no debes comer del árbol del conocimiento del bien y del mal, porque el día que comas de él ciertamente morirás» (Génesis 2:17). Sin embargo, a pesar de darle ese único mandamiento, Dios le permitió escoger. Lo dejó decidir si obedecería, o no.
    Dios no forzó a Adán a hacer nada, porque no quería que fuese un esclavo. Él quería que fuera un hijo. Él quería que lo sirviera por su propia voluntad y que sólo conociera el bien, y no el mal. Pero Adán tomó la decisión incorrecta. Pecó. Desobedeció a Dios, dobló su rodilla ante el diablo y le abrió la puerta a la muerte espiritual. Perdió la BENDICIÓN y la gloria de Dios, trajo la maldición sobre la humanidad y dejó que el diablo le robara a Dios Su familia.
    ¿Cómo respondió Dios? ¡Empezó a trabajar inmediatamente para recuperarla! Allí mismo, en el Jardín del Edén, le dijo a la serpiente, el diablo, que tentó a Eva: «Por esto que has hecho, ¡maldita…Yo pondré enemistad entre la mujer y tú, y entre su descendencia y tu descendencia; ella te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el talón» (Génesis 3:14-15).
    Desde ese momento, Dios empezó a trabajar en el día que nuevamente podría tener hijos e hijas en la Tierra, hechos a Su imagen y llenos de Su gloria. Ése era Su plan. Era Su voluntad, y debido a que Él nunca cambia, a pesar del alto precio que eso le implicaría, Él quería que sucediera.
    Te lo digo—¡la paciencia de Dios es admirable! Por miles de años trabajó… y trabajó… y trabajó en el plan de redención. En todo el Antiguo Testamento lo dijo a través de Sus profetas, una y otra vez: “¡Vendrá uno que pagará el precio para tener mi familia de nuevo!” Cuando todo estuvo listo, el Espíritu de Dios vino sobre una joven mujer llamada María e hizo que Jesús fuera concebido.
    ¡Jesús vino no sólo como el Hijo de Dios, sino como el Hijo del hombre! Dejando de lado Sus derechos divinos, operó como un hombre en Su vida en la Tierra, porque esa era la única manera de deshacer lo que había pasado a través de la caída de Adán. Un hombre le había entregado la familia de Dios al diablo al cometer traición espiritual, y un hombre debía obtenerla de nuevo.
    Esa es la razón por la que tuvo que nacer de una virgen. No fue para que pudiéramos cantar villancicos. Fue para que, como un nacido de mujer, Jesús tuviera autoridad en la Tierra, y como un hijo de Dios, Él pudiera redimirnos de la maldición del pecado.
    El retrato perfecto del plan de Dios
    Durante el ministerio terrenal de Jesús, Él nos pintó un retrato perfecto de la voluntad de Dios para Su familia. «Porque no busco hacer mi voluntad, sino hacer la voluntad del que me envió… Y que nada hago por mí mismo, sino que hablo según lo que el Padre me enseñó… Sino que el Padre, que vive en mí, es quien hace las obras» (Juan 5:30, 8:28, 14:10).
    Cada Palabra que Jesús dijo y cada obra que hizo reflejaba el corazón de Su Padre celestial. Esa es la razón por la que nunca se rehusó a sanar a nadie. Es la razón por la que nunca oró: “Si es tu voluntad que esta persona sea sana…”, o “¿Quieres que esta persona permanezca enferma para que puedas enseñarle algo?”
    Algunas personas hoy día oran de esa manera; sin embargo, Jesús nunca dijo nada parecido. ¡Al contario! Cuando las multitudes vinieron a Él, afligidas con cada enfermedad o dolencia imaginable, Él los sanó porque entendía que la enfermedad es un enemigo de Dios. Es parte de la maldición que vino a la humanidad como resultado del pecado. Es una obra del diablo que viene a robar, matar y destruir.
    Primera de Juan 3:8 dice: «Para esto se ha manifestado el Hijo de Dios: para deshacer las obras del diablo». Y Jesús cumplió con Su propósito en cada oportunidad. Cada vez que alguien le abría la puerta creyendo que estaba ungido, Él destruía la obra de Satanás. El deshacía los efectos de la ley del pecado y la muerte, y les traía a las personas vida abundante.
    Cuando, Jesús vino a la Tierra fue como si Dios hubiera creado nuevamente a Adán. Él era el cumplimiento de lo que Dios originalmente quiso que fuera Su familia. Tal como en el Génesis cuando el primer hombre fue creado, Jesús nació a la imagen de Dios. Tenía en Su interior la misma vida que Dios sopló en Adán. Esa vida era tan poderosa que, si alguien tocaba Su vestido con fe, sacaría la enfermedad y las dolencias de su cuerpo.
    “Pero Gloria” podrías decir, “eso sucedió hace 2.000 años, ¿Qué tiene que ver eso con el plan de Dios para la iglesia de hoy?”
    ¡Tiene todo que ver con eso! Como creyentes, hemos sido recreados a la imagen de Dios y por lo tanto espiritualmente somos iguales a Jesús. Estamos llenos con el mismo Espíritu Santo con el que Él estaba lleno. Tenemos la vida de Dios en nuestros cuerpos terrenales tal como Él tenía la vida de Dios en Su cuerpo terrenal; así que, el mismo poder que fluyó a través de Él puede fluir a través de nosotros.
    De eso se trata la imposición de las manos. Jesús dijo que como creyentes: «pondrán sus manos sobre los enfermos, y éstos sanarán» (Marcos 16:18). Él dijo que la vida y la Palabra de Dios no solamente serán salud y sanidad para nuestro cuerpo, sino que irán al cuerpo de alguien más y serán vida y salud también para su cuerpo.
    El propósito de Dios para ti y para mí, como Sus hijos e hijas, es el mismo que para Su primogénito. Nosotros no estamos en la Tierra tan solo esperando ir al cielo cuando muramos. Estamos aquí para destruir las obras del diablo, deshaciendo los resultados del pecado y la muerte y ministrándole vida a la gente. Hemos nacido en la familia de Dios para siempre, para que podamos tener una relación con Él, caminar en Su gloria y hacer Su voluntad en la Tierra como en el cielo.
    Lo dije antes y lo dijo nuevamente: ¡La paciencia de Dios es admirable! Él ha estado trabajando para llevar a la iglesia a la unidad, a la estatura completa de Jesús por miles de años, y ahora… está a punto de ocurrir. ¡Así que iglesia, alístate! Créelo, espéralo.
    ¡Estamos a punto de crecer juntos en la gloria de Dios!

  • El ministerio de los ángeles – por Charles Capps

    El ministerio de los ángeles – por Charles Capps

    Hace varios años el Señor me instruyó a enseñar al cuerpo de Cristo acerca de los ángeles. Cuando le dije que no sabía nada acerca de ellos, Él me corrigió diciendo: Tampoco nadie más, por esa razón quiero que enseñes al respecto. Es el momento que el Cuerpo de Cristo despierte a la liberación sobrenatural que he puesto en la Tierra para ellos.
    Por lo tanto, empecé a estudiar acerca de estos seres celestiales. Descubrí que el ministerio sobrenatural de los ángeles en la Tierra es muy real. Pero su efectividad depende en gran parte de ti y de mí. En realidad, nosotros podemos impedir que ellos hagan lo que fueron creados para hacer. Por tal razón debemos entender su ministerio y aprender a cooperar con ellos de acuerdo a la Palabra de Dios.
    En Hebreos 1 y 2 descubrimos que los ángeles son seres creados. Ellos no nacen como el hombre, ni tienen la misma autoridad que los seres humanos. Sin embargo, ellos fueron creados con un propósito. Hebreos 1:14 nos dice que su papel principal es: «¿Y acaso no son todos ellos espíritus ministradores, enviados para servir a quienes serán los herederos de la salvación?».
    ¿Quiénes son éstos herederos de la salvación? Tú y yo. Nosotros somos los herederos de la salvación, tal como los espíritus ministradores, o ángeles, son enviados por Dios a ministrarnos.
    ¿De qué somos herederos? De la Salvación—la cual incluye: preservación, sanidad, plenitud y liberación de males temporales.
    La Biblia narra en numerosas ocasiones la liberación angelical y su protección. Jesús siempre estuvo consciente de su presencia. Cuando lo arrestaron, Él dijo: «¿No te parece que yo puedo orar a mi Padre, y que él puede mandarme ahora mismo más de doce legiones de ángeles?» (Mateo 26:53).
    Una legión romana tenía 6.000 soldados. Jesús dijo que con una oración podría haber llamado 12 legiones—72.000 ángeles— para que vinieran a ayudarlo. Jesús entendía el poder de la protección angelical.
    Como coherederos con Jesús nosotros podemos tener la misma protección. ¡A través de las oraciones y declarando la Palabra de Dios, podemos tener la misma clase de protección divina que proviene del ministerio de los ángeles!
    Los apóstoles Pedro y Pablo experimentaron su asistencia. En más de una ocasión los ángeles liberaron a Pedro de la prisión (Hechos 5:18-20, 12:6-8).
    Pablo estaba enfrentando un naufragio—una situación potencialmente fatal. Después de mucho orar dijo: «Pero yo les pido que no pierdan el ánimo, pues ninguno de ustedes perderá la vida. Solamente se perderá la nave. Lo sé, porque esta noche ha estado conmigo el ángel de Dios, a quien sirvo y pertenezco, y me ha dicho: “Pablo, no tengas miedo. Es necesario que comparezcas ante el emperador. Dios te ha concedido que todos los que navegan contigo, salgan ilesos.” Así que, ¡anímense, amigos míos!, que Dios hará todo tal y como me lo ha dicho» (Hechos 27:22-25).
    ¡Recibir esa clase de resultados hará maravillas por tu vida de oración! Los ángeles son: «seres poderosos que cumplen Sus órdenes y obedecen Su voz» (Salmo 103:20, La Biblia Amplificada).
    Los ángeles, son una parte importante del mundo espiritual. Su asignación es muy real. Dios los creó para que estén disponibles en el momento que necesitemos ser ministrados y su ministerio incluye proveernos de protección divina.

  • FE en la Palabra de Dios – por Norvel Hayes

    FE en la Palabra de Dios – por Norvel Hayes

    No conozco una mejor manera de empezar una reunión—la Convención de Creyentes—que enseñándote a tener fe en la Palabra de Dios. ¿Por qué? ¡Porque es la forma número uno paea pelear en contra del diablo!

    Si puedo hacer que tengas fe en la Palabra de Dios, puedes tener la victoria. No importa qué creen las otras personas, cuál es tu pasado NI de dónde vienes.
    Si tan solo tomas la decisión de mantenerte firme en las escrituras por ti mismo, Dios vendrá a tu casa. ¡Él vendrá a tu cuerpo, mente, negocio y cualquier otra cosa que tengas y hará que sea un éxito, si sólo haces que tu boca diga lo correcto!
    ¡La Palabra de Dios funcionará para cada persona que tenga fe en ella!
    Muchas personas piensan que Dios aparecerá en escena únicamente porque son salvos. A pesar de que Él siempre está en escena, la verdad es que Él solamente responde a la fe en Su Palabra que sale de tu boca. Tú debes SABER lo que Dios ha dicho en Su Palabra acerca de esa área en tu vida en la que necesitas victoria. Y algo más, muy importante, debes DECLARAR lo que Su Palabra dice.
    Jesús dijo en Mateo 12:34: «Porque de la abundancia del corazón habla la boca»
    Y Él fue más allá en el versículo 37 al decir: «Porque por tus palabras serás reivindicado, y por tus palabras serás condenado».
    ¡Por tus palabras!

    Escrituras de victoria
    ¡Tú victoria proviene directamente de la Palabra de Dios que abunda en tu corazón cuando la declaras con tu boca! Así que la clave es poner la Palabra en tu corazón.
    Puede que digas: “Hermano Norvel, ¿qué tal si me dices cuáles son las escrituras de victoria para mi situación?”
    Puede que existan cientos de escrituras que pueden aplicarse a tus circunstancias. No seas perezoso, ¡búscalas tú mismo! Verás, las únicas escrituras que funcionarán para ti son aquellas que tú “encuentres”. Puedes pedirle al Espíritu Santo ayuda para encontrar las escrituras correctas. Pero no las encontrarás únicamente leyendo la Biblia de vez en cuando. Tus escrituras de victoria deben estar en tu corazón abundantemente. Deben convertirse en una parte de tu ser.
    Así que búscalas. Escríbelas. Luego empieza a declararlas hasta que se conviertan en tu brazo derecho y después en tu brazo izquierdo. Tal como usas tus brazos todos los días para hacer cosas, usarás esa Palabra de Dios hecha carne para triunfar en tu vida. La palabra de Dios que declaras acerca de sanidad provocará sanidad en tu vida, desde que amanece hasta que anochece. Su Palabra que declaras acerca de prosperidad, traerá prosperidad en tu vida todos los días.

    Peleando contra el diablo
    Cuando comencé a predicar Dios me dijo: Hijo, le enseñarás a la iglesia cómo pelear contra el diablo.
    Tener fe en la Palabra de Dios y declarar la Palabra es la principal forma de pelear contra del diablo. Mientras declaras la Palabra en los oídos de Dios, estárás declarándola en la cara del diablo al mismo tiempo. ¡Cuando lo haces, Dios entrará en escena y el diablo saldrá corriendo!
    Piénsalo. ¿No fue eso exactamente lo que hizo Jesús?
    Después de que Jesús estuvo en el desierto por 40 días, el diablo vino y trató de convencerlo de que podría hacer que el Plan de Dios se llevara a cabo en Su vida a través de Su propio esfuerzo. Jesús supo exactamente cómo hacer que el diablo se callara y se fuera. Mateo 4:1-11 nos dice cómo lo hizo. Jesús enfrentó cada ataque del diablo con la Palabra de Dios.
    —Está escrito—, Él dijo.
    Tres veces Jesús le respondió a las tentaciones y a las burlas del diablo con la Palabra. Él conocía la Palabra, ya formaba parte de Él; y Él tenía fe en que ésta le traería victoria sobre el diablo.
    ¡Dios quiere que sepas que puedes hacer lo mismo que Jesús hizo! Pon la Palabra en tu espíritu. Haz que se vuelva carne. Declárala. Úsala todos los días, de la misma manera en la que usas tus brazos. ¡Hazlo por fe! Y tendrás la victoria, ¡victoria total!

  • El principio del Ciento por Uno – por Jerry Savelle

    El principio del Ciento por Uno – por Jerry Savelle

    En 1972, el hermano Copeland había sido invitado a la Convención de los Hombres del Evangelio Completo en Birmingham, Alabama. Entonces me dijo: “Vayamos a Birmingham y pasemos un par de días en oración antes de que la reunión comience. Dios ha estado hablándome acerca de salir en televisión y necesito la mente de Cristo, la sabiduría de Dios para poder saber cómo hacerlo.
    Además, Dios también me ha hablado acerca de la necesidad de que este ministerio tenga un avión más grande y veloz. Necesito recibir sabiduría de Dios acerca de estas cosas y viajaremos antes para invertir dos días en oración”.
    Así que volamos a Birmingham en el pequeño Cessna 310 del hermano Copeland. Nos registramos en el hotel y esa primera noche me dijo: “Quiero que te reúnas conmigo en mi habitación a las 6 de la mañana; oraremos y recibiremos de parte de Dios respecto a estas cosas”.
    Yo estaba realmente emocionado porque, por primera vez, él me había invitado a participar de su tiempo de oración personal. Yo lo había visto orar en reuniones públicas, pero nunca había recibido una invitación para participar de la intimidad de su momento de oración. Usualmente, él se aísla durante ese tiempo especial.
    La mañana siguiente nos reunimos y me dijo: “Comencemos a orar en el Espíritu. Si escuchas algo de parte de Dios, por favor compártelo”.
    Así lo hicimos. Yo estaba sentado en una esquina del cuarto y noté que el hermano Copeland estaba arrodillado al lado de su cama con su libreta y su Biblia. Él oraba en el espíritu para luego hojear las páginas de su Biblia, una y otra vez. Yo pensé: eso está muy bien. Así que me arrodillé en frente de una silla y oré en el espíritu, hojeando las páginas de mi Biblia siguiendo su ejemplo.
    Kenneth oraba en el espíritu por unos minutos y luego declaraba el versículo que tenía en frente, acerca de la sabiduría de Dios. Por ejemplo, leía en Corintios dónde dice: “Jesús se hizo sabiduría por nosotros”; luego iba a Santiago y declaraba: “si a alguno le falta sabiduría, que se la pida a Dios, y Él se la dará libremente… pero que pida con fe sin dudar”.
    Él empezaba buscando los versículos que se correlacionaban acorde a lo que estaba pidiendo y luego los declaraba. A medida que declaraba esa escritura, yo lo imitaba. Después, el hermano Copeland se quedaba en silencio y solamente escuchaba.
    Hicimos eso la primer mañana durante casi dos horas. Luego, él dijo: “bueno, vamos a arreglarnos y a desayunar”.
    La mañana siguiente hicimos lo mismo. Nos reunimos a las 6 y repetimos en esencia el mismo proceso.
    Después del desayuno, Kenneth me llamó a la habitación y me dijo: “Creo tener la mente de Cristo referente a cómo empezar el ministerio televisivo. He recibido el formato”.
    Luego continuó: “Creo que Dios pagará en efectivo por esta petición. Sabemos que requerirá de muchísimo dinero para grabar en el estudio en Dallas. Así que primero tendremos que sembrar una semilla, para poder recibir la cosecha que pagará por todos los gastos”.
    Por supuesto, yo estaba de acuerdo en todo. Sin embargo, le prestaba mayor atención a cómo planeaba hacerlo. Estaba aprendiendo a acceder la sabiduría de Dios y a apropiarme de esa sabiduría una vez recibida.
    Él continuó: “Nuestro primer paso es conseguir el dinero necesario para los programas de televisión y para el avión nuevo. Tú sabes que yo no pido dinero prestado. Nosotros pagamos en efectivo por todo. Obviamente no hay manera alguna de hacerlo sin antes sembrar una semilla. Tengo que sembrar mi mejor semilla. La mejor semilla que tengo es mi avión, y la sembraremos”.

    ¿Cómo regresaremos a casa?
    Usualmente, cuando Kenneth decía que regalaría algo, lo hacía de forma inmediata. Así que yo estaba preocupado por cómo regresaría a casa. No respondí “Alabado sea Dios”, sino que me quedé callado y actué como si estuviera totalmente de acuerdo. Algunas veces las personas no sabrán tu nivel de ignorancia si tan solo te quedas callado.
    Él prosiguió: “Dios me ha dado el nombre del predicador al que quiere que se lo regale. Lo llamaré ahora mismo y le comunicaré lo que Dios me ha instruido”.
    A continuación llamó a un predicador amigo y lo escuché decir: “Joe, soy Kenneth”. Yo sabía que Joe estaba creyendo por un avión. No podía escuchar lo que Joe decía hasta que el hermano Copeland le dijo el motivo de su llamada—¡el hermano Copeland tuvo que alejar el teléfono de su oreja porque Joe comenzó a dar gritos de júbilo!
    Me lo imaginaba bailando y corriendo en círculos.
    Después el hermano Copeland le dijo: “Joe, regresaremos a casa y haremos los arreglos necesarios para entregártelo. Sin embargo, antes de transferirlo, rectificaremos el motor”.
    Me quedé allí sentado… mudo y sin palabras. Mi siguiente pensamiento fue: ¿si lo está por regalar, porqué invertirá dinero adicional? Deja que Joe repare el motor. El hermano Copeland percibió mis pensamientos y me dijo: “Sé lo que estás pensando”.
    “Estás pensando que si voy a regalarlo, qué necesidad hay de invertir dinero extra”.
    Le respondí: “sí, es exactamente lo que estoy pensando; jamás había escuchado nada parecido”.
    Kenneth Copeland no sólo predica acerca de la prosperidad; no sólo predica acerca de la siembra y la cosecha; él lo practica—cada día de su vida. No solamente desde el púlpito sino en cada área de su vida. Tienes que entender que yo no tenía el nivel financiero del hermano Copeland. Yo todavía estaba creyendo por dinero para suplir las necesidades básicas en mi casa y para poder vestirme. Estaba creyendo por dinero para darle a Carolyn y a las bebés mientras viajaba. ¡Estaba creyendo por el dinero de la renta… y él estaba regalando aviones!
    Así que le pregunté: ¿Por qué gastarás dinero en ese avión que estás a punto de regalar?
    Lo mejor es para Dios
    Él me respondió: “Porque creo en el principio del retorno del ciento por uno”.
    Identifiqué que estaba hablando acerca de Marcos 10:29-30. “¿Qué quieres decir con eso? le pregunté.
    “No quiero regalar un avión que tenga fallas en el motor, porque si lo hago, recibiré el ciento por uno de esa semilla, y terminaré con un avión más grande que necesitará reparaciones en el motor” me explicó. “Quiero dar algo que es muy bueno. Voy a hacer todo lo necesario para que esté en perfectas condiciones cuando lo regale, y así el avión que reciba será también de primera clase”.
    Unos 11 días después de sembrado el avión en el ministerio del hermano Joe, el hermano Copeland me llamó y me preguntó: “¿Quieres presenciar un milagro, tú y toda la familia?”
    Le respondí: “Nos gustaría muchísimo”.
    “Entonces encontrémonos en el aeropuerto de Oak Grove”.
    Fuimos al aeropuerto y vimos al hermano Copeland, a Gloria, Kellie y John parados en la zona de abordaje con su mirada fija en la pista de aterrizaje. Nos paramos detrás de ellos y exclamé: “¿Qué están haciendo?”
    Él me respondió: “Esperando el milagro. Tan sólo mantén tus ojos al final de la pista… y lo verás”.
    Nosotros nos paramos allí, mirando. Poco tiempo después, vi unas pequeñas luces a la distancia y pude identificar que era un avión en maniobras de aproximación. Tan solo once días después recibió un avión más grande y más rápido, totalmente pago. Entramos a la nueva nave y alabamos a Dios. ¡Fue un milagro grandioso!
    Yo estaba tan impresionado que quería regalar algo—¡cualquier cosa! Yo había estado dando, pero no a ese nivel. Pensé: Iré a casa y buscaré algo que pueda regalar. Necesito un auto nuevo—regalaré el auto.
    El Señor siempre me protegió. Él sabía que cometería un error. Él sabía que yo estaba siendo sincero; sin embargo, estaba equivocado. El Señor me dijo: antes de que salgas saltando de aquí y lo hagas, asegurémonos que es una revelación para ti tal como lo es para el hermano Copeland. No estás listo para hacerlo ahora; pero estarás listo si me escuchas.
    He visto a personas hacer lo mismo que el hermano Copeland hizo, sin resultados. Ellos terminarían sin creer el mensaje. Sin embargo, no hay nada malo en el mensaje ni el mensajero—simplemente, eso no era una revelación para ellos.
    Tú no puedes vivir de la revelación de otras personas—debe ser una revelación personal para ti.

    Una revelación por la cual vivir
    Yo aprendí a no apresurarme después de ver ese milagro. La fe viene por el oír y el oír por la Palabra de Dios. Así que me mantuve alimentando mi espíritu, escuchando los casetes del hermano Copeland acerca de las leyes de la prosperidad, sembrando y cosechando, observándolo aplicar esos mismos principios en su vida personal. Después de un tiempo, se volvió una revelación para mí.
    Comencé a ver la bendición de Dios sobre Carolyn y en mi propia vida. Aprendí las leyes de la siembra y la cosecha al observar al hermano Copeland ponerlas en práctica. Éstas se convirtieron en una revelación para mí y todavía hoy operan en mi vida. Todo lo que hemos recibido en nuestro ministerio ha llegado de esa manera. He regalado varios aviones y Dios me ha bendecido con mejores aviones. Ésta es la manera en la que mi familia y yo operamos.
    Te animo ahora mismo a que alimentes tu espíritu con la Palabra de Dios y que estudies las leyes de la prosperidad hasta que se conviertan en una revelación para tí. Después, ponlas en práctica. Dios suplirá cada necesidad. ¡Él es fiel!

  • LIBERADOS DE LAS DEUDAS – Por Melanie Hemry

    LIBERADOS DE LAS DEUDAS – Por Melanie Hemry

    El sol brillaba como un orbe de oro sobre Fulton, Kentucky. Su luz se difundía a través de las nubes de filigrana y la mañana olía a pasto recién cortado y tierra fértil. Barry Sharp disfrutaba de la brisa en su rostro antes de entrar a su casa. El sonido del teléfono irrumpió en el silencio y Barry frunció el ceño a causa del ruido.

    De camino hacia el aparato telefónico se detuvo al ver que su esposa Shirley contestaba. Su rostro lucía afligido. Ella lo miró con reproche en sus ojos.

     

    Escapándose de la casa, Barry condujo hasta su negocio automotriz y se encerró en la oficina. Deslizándose en la silla del escritorio, Barry reposó la cabeza entre sus manos. ¿Cómo es que todo había sucedido? Él había tratado de proteger a Shirley del estrés que sus finanzas estaban causando; sin embargo, los problemas habían arribado a la casa para pasar la noche. Los acreedores llamaban sin cesar, día y noche.

    “Señor, trabajo duro”, musitó Barry en defensa propia.

    Era la verdad. Él había trabajado duro en su negocio. Había participado en oportunidades interesantes de negocios y había ganado dinero en forma moderada. Animado, pidió dinero prestado para invertir aún más. Pero de alguna manera, con el paso de tiempo, se enterró en un hoyo financiero y no sabía cómo salir.

    Shirley desconocía que todo lo que tenían estaba empeñado. Tenían un cuarto de millón de dólares en deudas y estaban a punto de irse a la quiebra. El pensamiento de perder la casa hizo que sus rodillas se debilitaran. No podía imaginarse mirando de frente a su esposa y a sus cuatro hijos para decirles que habían perdido todo.

    Sin embargo, eso no era lo peor.

    Barry sabía que había perdido el respeto de su esposa. Ahora también sabía que con casa o sin, tendría una alta probabilidad de perder a su familia.

     

    Aprendiendo a ser guiado

    “Shirley y yo nos conocimos cuando yo cursaba el 9º grado y nunca existió nadie más para mí” recuerda Barry. “Shirley se graduó en economía del hogar y yo comencé mi propio negocio. Éramos activos en nuestra iglesia y enseñábamos en la escuela dominical. Cuando nacieron nuestros cuatro hijos ella les enseñaba en la casa y después manejábamos más de 160 km ida y vuelta para llevarlos a un colegio cristiano. Mientras le confié a Dios mi salvación, me imaginé que podía manejar el resto yo solo. Sin embargo, no funcionaba tan bien”.

    “En el comienzo de los 90 un amigo nos regaló unos casetes de Kenneth Copelando. Pasamos sin oírlos como un año, hasta que un día los escuché en el auto mientras viajaba. De regreso a la casa le dije a Shirley: ‘¡Esto es un mundo totalmente nuevo!’

    “Ella los escuchó y queríamos más. Nos hicimos colaboradores con KCM y aprendimos acerca de 2 Timoteo 2:15; decía que deberíamos estudiar para ser aprobados por Dios. Por primera vez en mi vida empecé a estudiar la Biblia. Asistimos a la Convención de Creyentes todos los años y aprendimos muchísimo. Yo creía en todo lo que Kenneth Copeland enseñaba—excepto en el área de las finanzas. Yo todavía pensaba que podía solucionar el problema”.

    “Uno de los cambios más profundos en la vida de Shirley se produjo mientras leía el libro de Gloria, ‘Conociéndolo’. En ese libro Gloria dice lo siguiente: ¿qué pasaría si una mañana nos levantáramos y encontráramos a Jesús en la mesa del desayuno. Pasaríamos tiempo con Él, o diríamos algo como ‘estoy emocionada de verte… pero necesito irme. Tengo un almuerzo en el centro de la ciudad y que ocuparme de algunos negocios. Es probable que tenga tiempo de hablar contigo cuando regrese en la noche’ ”.

    A partir de ese momento, Shirley se levantaba temprano y se encontraba con Jesús, en la mesa de desayuno. Ella oraba y leía la Biblia, haciendo tarjetitas de referencia con los versículos que le llamaban la atención. Ella miraba el programa la Voz de Victoria del Creyente a diario, e incorporó los libros de los Copeland en sus clases regulares del colegio hogareño.

    Como ambos amaban leer los devocionales: “En búsqueda de su presencia” y “Crezcamos de Fe en Fe”, Shirley decidió incluirlos como parte del currículo.

    Una vez al mes, cuando la revista La Voz de Victoria del Creyente llegaba, Shirley confesaba que algún día serían ellos los que saldrían en la revista y que “nuestra historia no sería una tragedia”, sino algo como: “Escuchamos la Palabra, creímos en la Palabra, obedecimos la Palabra y fuimos realmente bendecidos”.

    Shirley se esforzaba por escuchar la Voz de Dios y obedecerla. En el supermercado, un día escogió sus cosas con cuidado, esperando no tener que sacar nada en el momento de pagar. La voz suave del Señor la interrumpió mientras compraba: Paga el mercado de la persona que está adelante en tu misma fila.

     

    La bondad de Dios

    Cuando se aproximaba a la caja, Shirley se dio cuenta que la mujer que estaba delante de ella tenía un carrito de compras repleto. Tragó saliva con dificultad al saber que tendría que devolver toda su comida; sin embargo, obedecería. En el último instante, una mujer anciana deslizó su canasta en frente de Shirley. Todo lo que tenía eran dos latas de habichuelas.

    “Quiero pagarlas”, le dijo a la mujer que estaba a punto de pagar.

    “Necesito esas habichuelas”, le respondió la mujer.

    “No quiero tus habichuelas; solo quiero pagarlas por tú” le dijo Shirley, entregándole  el dinero a la cajera

    Cuando Shirley salió del supermercado, la señora estaba esperándola.

    “¿Por qué lo hiciste?” le preguntó. Shirley le explicó que el Señor le había instruido pagar por lo que tenía en su canasta.

    “Mi esposo falleció”, continuó la mujer con lágrimas en su rostro. “Esta mañana le dije al Señor: ‘Hoy tendrás que aparecerte y dejarme saber que me amas si quieres que siga viviendo’ ”.

    Ambas mujeres se regocijaron en la bondad de Dios.

    “Cuando empezamos a asistir a las convenciones, tres de los cuatro niños estaban muy pequeños para asistir a la Academia Superkids”, recuerda Shirley. “Nos sentábamos en la sección del medio [en el auditorio principal] con almohadas, cobijas y meriendas. Nos quedábamos en hoteles baratos, comiendo sándwiches de mortadela y melón”.

    “Cuando los niños tuvieron la edad para asistir a la Academia Superkid, estaban emocionados de poder participar. Cuando fueron grandes, voluntariaban como consejeros, levantándose a las 6 am para pararse en la fila en el centro de convenciones”.

     

    Una excepción

    “La Palabra estaba cambiando todo en nuestra vida, excepto las finanzas. Los acreedores llamaban día y noche. Mis padres jamás tuvieron deudas, así que ese tema no lo consideré como parte de nuestra charla prematrimonial. Cuando regresamos a casa después de la luna de miel, Barry bromeó diciendo que sólo tenía $20 en su bolsillo. ¡Yo me sorprendí al descubrir que ese era TODO el dinero que teníamos! No había dinero en el banco, ni ahorros”.

    “Cuando los acreedores empezaron a rondarnos, me di cuenta que estábamos llenos de deudas. Sin embargo, la peor parte eran los secretos de Barry. Él no me decía lo que estaba sucediendo; sentía que no me amaba y esa situación puso en riesgo nuestro matrimonio”.

    En el 2004, cuando Barry se dio cuenta que estaban al borde de la quiebra, su hijo mayor estaba aplicando para la universidad. Sin dinero para enviarlo, Barry aplicó por un préstamo.

    Un día, sentado en su oficina, Barry leyó Romanos 13:8: «No tengan deudas con nadie, aparte de la deuda de amarse unos a otros…» Después leyó Proverbios 22:7, que dice: «Los ricos son los amos de los pobres; los deudores son esclavos de los prestamistas».

    Repentinamente, Barry se sintió como un esclavo de las deudas.

    Instantes más tarde, su banquero lo llamó.

    “¡Barry, no lo vas a creer! Logré que te aprobaran un crédito aún con tu historial negativo”.

    La convicción inundó a Barry en oleadas. “Gracias” le dijo, “pero no puedo aceptarlo”.

    El banquero, quién conocía nuestra apretada condición financiera, suspiró. “Tu hijo no irá a la universidad” le dijo.

    Así parecía.

     

    Aplicando frenos a las deudas

    “Por primera vez en la vida oré y le entregué nuestras finanzas a Dios” nos comenta Barry. “Después le prometí al Señor que no pediría un centavo adicional prestado. Estaba determinado a afianzarme en la Palabra de Dios y a caminar en Sus caminos”.

    Lo primero que Barry tenía que hacer era hablar con Shirley. Él tenía que ser honesto con ella acerca del estado de sus finanzas y debía decirle acerca de la promesa que le había hecho a Dios. Después, juntos, tendrían que decirle a Ben que no podría inscribirse en la universidad.

    “Él estaba decepcionado, pero nosotros fuimos honestos y lo ayudamos a entender lo que estábamos atravesando”, relata Barry. “Le dije que lo enviaría tan pronto como pudiera, sin deudas”.

    Ben consiguió dos trabajos de medio tiempo para ayudar con las finanzas.

    “Nosotros siempre habíamos diezmado; sin embargo, siempre había manipulado esa cifra, cómo diezmar del neto en vez del bruto”, recuerda Barry. “Esos días habían terminado. Dimos el diezmo completo y empezamos a ofrendar. Nombrábamos nuestras semillas y sembrábamos para que nuestra hipoteca fuera cancelada, por la educación de los niños y por ser libres de la esclavitud de las deudas”.

    Una de las cosas que Barry admiraba acerca del hermano Copeland es que era un piloto. “Había soñado con volar desde niño” nos dice. “A los 21 años tomé mis primeras clases y en el transcurso de los años estudié para ser un piloto en forma intermitentemente. Ahora sembré una semilla por un avión”.

    “Sé que hubiera tenido que esperar un tiempo; sin embargo, todo cambió de un momento para otro. Empecé a recibir llamadas para hacer grandes proyectos que nunca antes se habían presentado. Empezaron a llegar más trabajos y más dinero, y me puse al día con los pagos de la casa. Poco a poco, empecé a salir de deudas. Además de tener más ingresos, las cosas dejaron de dañarse. El devorador había sido reprendido”.

    Un día Ben regresó frustrado del trabajo.

    “Mamá” dijo, “aquí están los cheques de mis dos trabajos. ¡Eso no alcanza para nada!”

    “¿Y que vas a hacer?” le preguntó Shirley.

    “La única cosa que puedo hacer. ¡Voy a sembrarlo y dejarlo crecer!”

    Shirley y Barry se alegraron de la decisión. Ellos siempre habían creído que los hijos aprenden más de lo que sus padres hacen que de lo que dicen. Ellos oraron y confesaron que sus hijos jamás serían atrapados por la esclavitud de las deudas, sino que vivirían bajo los principios de Dios.

    Shirley y Barry estaban viendo como sus semillas echaban raíces y crecían.

    En el 2006, dos años después de que Ben había planeado empezar la universidad, se mudó a California y se inscribió en la Escuela de Filmación de los Ángeles. Barry pagó en efectivo por esos estudios, y cuando se graduó con un diploma en producción de diseño, Ben no debía ni un centavo. Él se sorprendió de la gran cantidad de estudiantes que se graduaron y que tuvieron que enfrentarse a montañas de deudas. En retrospectiva, los dos años de espera habían valido la pena.

    En menos de seis años desde que Barry le entregó sus finanzas a Dios y le puso el freno a las deudas, los Sharp han pagado todas sus deudas, incluyendo su hipoteca. Son libres de deudas y de estrés.

    Mientras tanto Barry consiguió su licencia de piloto. Logró pagar en efectivo por un avión Cessna 172. En el 2015, cuando consiguió su certificación para volar por instrumentos, Barry pagó por un Piper Comanche 260 B.

    “Cuando Barry tenía 16 años fue a un retiro de la iglesia y regaló su auto en una ofrenda” explica Shirley. “Durante nuestros años de casados, una cosecha de muchos autos ha llegado a nuestra vida como fruto de esa semilla. Así que, además de los dos aviones de Barry, en su hangar tiene un Cadillac antiguo, dos corvettes, un camaro SS convertible, un TR3 Triumph y una motocicleta. Cuando su hangar estuvo repleto decidió vender el avión Cessna. Barry se convirtió en un excelente hombre de negocios y se ganó mi respeto”.

    En estos días Barry y Shirley vuelan a Fort Worth a la Convención de Creyentes en avión propio, y se hospedan en un hotel hermoso. Cuando sus hijos adultos—ninguno de ellos ha tenido deudas—se reúnen con ellos, frecuentemente bromean con su mamá, diciéndole: “Mamá, esta no parece la convención. Nuestro cuarto no huele a mortadela y melón”.

    “Nos cansamos de la religión de malteada y de vivir bajo la esclavitud de las deudas” comenta Barry. “Colaborar con KCM y obedecer la Palabra de Dios nos liberó de ambas. Cuando empezamos a vivir la Palabra que dice: “Da y se te dará…” nuestro mundo cambió y verdaderamente somos bendecidos en todo lo que hacemos. La bendición del Señor nos ha hecho ricos”

  • El orden divino Atrae lo divino – por Hilton Sutton

    El orden divino Atrae lo divino – por Hilton Sutton

    Dios es un Dios de orden divino. Él tiene todo planeado. Nada sucede por accidente. Eso significa que la Convención de Creyentes del Suroeste fue ordenada por Dios.

    No es algo que Kenneth Copeland decidió hacer porque no tenía nada más que hacer. Cada uno de nosotros en este lugar está aquí por el orden divino de Dios. Yo sé que estoy aquí por la voluntad absoluta de Dios.

    Desde el momento que la primera Convención de Creyentes del Suroeste fue anunciada en 1981, mucha gente comenzó a preguntarme cómo me habían elegido para que fuera uno de los predicadores. Les respondo: “porque yo soy un creyente. Predico del mismo libro. Tenemos la misma visión”.

    Dios nos ha llamado a todos de acuerdo a Su plan divino, y todos cabemos en él. ¿No te alegra saber que no todos predicamos igual? Si lo hiciéramos, algunas personas jamás serían ministradas. Por esa misma razón es que Dios ha puesto tanta variedad. Es en la unidad que ofrecemos el ministerio completo de nuestro Señor Jesús.

    Efesios 4:11-13 dice: «Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a estar unidos por la fe y el conocimiento del Hijo de Dios; hasta que lleguemos a ser un hombre perfecto…». Esta escritura nos deja bien claro que la unidad requerida en Juan 17 está en camino en el Cuerpo de Cristo. Está empezando a afianzarse.

    Mientras escuchaba a cada uno de los predicadores de la primera Convención de Creyentes del Suroeste, me di cuenta que casi todos ministraron sobre temas que ellos mismos habían aprendido de alguien más. La pregunta es: ¿por qué no deberían de hacerlo? ¿No somos todos nosotros trabajadores con el Señor (Corintios 6:1)? ¿No somos dirigidos por el mismo Espíritu Santo? Entonces, ¿por qué no deberíamos alimentarnos mutuamente y ser usados por Dios para inspirarnos entre nosotros?

    Sin embargo, no hemos visto nada todavía. Dios está listo y la iglesia debería llegar a su madurez total, engranando una marcha de productividad nunca antes vista por el mundo. Dios continúa revelándonos, en Su Palabra, lo que está haciendo y lo que hará. Hace años, cuando crecía en la iglesia, escuché a personas que decían: nunca sabes lo que Dios hará. No sabíamos que eso no es lo que la Palabra nos dice.

    Ahora somos mejores estudiantes de la Palabra que en las generaciones previas de la iglesia. Sin embargo, no tenemos tanto tiempo disponible como las generaciones pasadas. Nosotros debemos ser más diligentes con la Palabra de Dios para que podamos cumplir con la gran tarea que Dios nos ha encomendado en el escaso tiempo remanente.

    La era de la iglesia concluye con el arrebatamiento de la iglesia gloriosa. No una iglesia derrotada, no una iglesia enferma, no una iglesia que ha sido golpeada y está llena de morados, escondida dejado de la tierra tratando de mantenerse unida hasta el final—¡sino una iglesia gloriosa! ¡Una iglesia gloriosa es una iglesia dinámica! ¡Una iglesia gloriosa es una iglesia exitosa! ¡Una iglesia gloriosa es una iglesia productiva! ¡Una iglesia gloriosa es una iglesia inteligente—madura, santa, pura y súper ungida!

    ¿Dónde conseguimos esa clase de inteligencia? Al crecer en la gracia y el conocimiento del Señor y ser llenos del Espíritu Santo.

    ¡Estás en camino a una fe Grandiosa!

    ¡Amigos, eso es lo que está sucediendo en estas convenciones! Dios ha levantado los maestros más maravillosos en la historia de la iglesia para nosotros. ¿Por qué? Porque nosotros somos la generación que concluye la época de la iglesia. ¡Nosotros debemos ser la generación que termina el acto y logra hazañas para Dios a una escala que el mundo todavía no ha experimentado!

    En Lucas 18:8, Jesús le preguntó a Sus discípulos: «cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?» La única respuesta, aun para un creyente nuevo con una fe pequeña es: —¡Sí!—.

    Nosotros somos personas de fe. Pueda que existan momentos en los que usamos tan solo un poquito de ella o no la usamos en lo absoluto. ¡Sin embargo, cuando nos movemos en la autoridad completa de la Palabra de Dios, podemos operar en una fe grandiosa!

    En estas reuniones donde la Palabra es predicada, la fe se esparce como el fuego en un matorral seco por un viento fuerte.

     

    EL ORDEN DE DIOS EN TU VIDA

    Dios es un Dios de orden divino, y Él ha ordenado todo. Cuando tú y yo estudiamos Su libro, la Biblia, y le permitimos al Espíritu Santo dirigir nuestros pasos, caminaremos en el orden del Dios todopoderoso.

    ¡Es emocionante pensar que diariamente puedes caminar en el orden absoluto de Dios! Pero, para hacerlo, debes aprender el liderazgo del Espíritu Santo y transformarte en un estudiante del libro de estudios.

    Si no lo haces, tan solo te cruzarás con Dios en el camino de vez en cuando. Cuando no estás observando Su orden, cualquier cosa tiene el derecho de atravesarse en tu camino y con frecuencia, eso es lo que ocurre.

    Sin embargo, cuán maravilloso es descubrir que Dios es un Dios de orden y un maestro de la creación. Él no está practicando con nosotros.
    Él ha perfeccionado todo antes de que nosotros nos involucremos.

    Dios establece orden divino para tu vida individual, tu matrimonio, tu familia, tu relación con las personas por fuera de la iglesia, y aun en tu tiempo devocional íntimo. Dios no deja nada al azar. Aun nuestras relaciones con los amigos creyentes están ordenadas por Dios.

    Deja que ese orden divino comience a controlar tu vida, y te convertirás en una persona más efectiva y productiva para la gloria de Dios. ¡Te convertirás en un generador de poder divino!

     

    El orden de Dios en la iglesia

    Lo ves, la iglesia no debe ser un grupo pobre, enfermo, anémico, lleno de problemas y derrotado.

    La iglesia es la luz de Dios y la sal de la Tierra. Como la iglesia, debemos movernos con autoridad y poder, usando la armadura de Dios, usando las armas de nuestra batalla que son poderosas en Dios para derribar fortalezas.

    La iglesia es la representación del Dios todopoderoso y de Jesucristo en la Tierra. Jesús dijo en Mateo 16:18: «edificaré mi iglesia, y las puertas del Hades no podrán vencerla». Eso significa que Él la comenzará y la terminará.

    Si Pablo dijo en Efesios 5:27 que el Señor se presentará a Sí mismo una iglesia gloriosa sin mancha ni arruga, exactamente así será—una iglesia gloriosa. Para entender las manchas y las arrugas, lee prestando mucha atención 2 Pedro 2:9-20.

    ¿Sabes por qué nos está tomando tanto tiempo? ¡No hemos aprendido a relacionarnos entre nosotros! El Espíritu Santo quiere que nos reconozcamos los unos a los otros como miembros de la misma familia. Todos somos nacidos de nuevo y energizados por el Espíritu Santo, bajo el liderazgo de Jesucristo. Nosotros debemos levantarlo a Él para que todo el mundo pueda saber que el Padre lo envió, para que puedan acercarse a Él (lee Juan 12:32, 17:23) ¡Esa es la tarea de la iglesia!

    Nosotros debemos trabajar juntos. Nos necesitamos mutuamente.

    Cada uno de nosotros tiene su tarea propia; sin embargo, juntos hacemos un total. Así que involúcrate en la obra de Dios al relacionarte con los demás.

    ¡Una vez que empecemos a fluir en la unción del Espíritu Santo en unidad y armonía, apoyándonos y animándonos los unos a los otros, provocará que lo que hacemos sea mucho más poderoso!

  • ¡FELIZ DÍA A TODAS LAS MUJERES!

    ¡FELIZ DÍA A TODAS LAS MUJERES!

    Today we salute all women, and we pray that each of their lives a manifestation becomes Proverbs 31: 10-31.

    10 exemplary Woman, where did you find?
        It’s more precious than! Stones
    11  Her husband has full confidence in her
        and does not need ill – gotten gains.
    12  She brings him good, not harm,
        all the days of his life.
    13  She selects wool and flax
        and works with eager hands.
    14  is like the merchant ships,
        they bring her food from afar.
    15  gets up at dawn,
        he feeds his family
        and assigns tasks to . her maids
    16  calculates the value of a field and buys it ;
        with her ​​earnings she plants a vineyard.
    17  Decisive waist encircles
        and is preparing for the job.
    18  is pleased prosperity of their business,
        not its lamp goes out at night.
    19  one hand holds the spindle
        and the other twists the thread.
    20  is reaching the poor,
        and she holds the needy.
    21  If it snows, you do not have to worry about your family,
        because all are clothed in scarlet .
    22  coverlets sews herself,
        and dressed in purple and fine linen.
    23  her husband is respected in the community,
        it occupies a place among the local authorities.
    24  makes linen garments and sells them , and
        supplies the merchants with sashes .
    25  is clothed with strength and dignity,
        and face secure the future.
    26  when he speaks, he does so with wisdom,
        when instructed, he does it with love.
    27  She watches over the ways of her household,
        and the bread that does not eat . leisure
    28  her children rise up and call her blessed;
        her husband also praises her :
    29  “Many women do noble things,
        but you surpass them all.”
    30  charm is deceptive and beauty is fleeting;
        the woman who fears the Lord is worthy of praise.
    31  they are recognized accomplishments,
        and publicly praised his works!

    Proverbs 31: 10-31

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    Happy day! – KCM Team

  • Sin Concesiones – por Kenneth Copeland

    Sin Concesiones – por Kenneth Copeland

    With presidential elections in the US just one year, many Americans observe global problems that are breaking out and wonder: What kind of leader we need in this historical moment?
    That’s a very good question. As believers, each of us needs to hear from God concerning the matter. If we have not already done so, in the coming months we will need to know who the person He wants in that position and how you want to vote. However, there is another question for which we need an answer from God right now. One that is equally important.
    As we can see, the believers, both here and around the world, are facing pressure to back in faith-to remain silent about it and keep it hidden, out of reach, where not bother anyone . In this situation, we need to ask: What kind of Christians should be at this particular time in history?
    Obviously, the Bible has much to say about it . However, it was not until recently that I remembered a specific passage in the Old Testament, which speaks directly to the problems we are facing today. I tells of a man of God who lived their faith boldly in the midst of a pagan culture, even if that courage threatened to cost him his own life.
    I’m sure you remember the story. He is talking about when Daniel was cast into the den of lions. It is recorded in Daniel 6 and begins: “Darius made ​​the decision to set over the kingdom one hundred twenty satraps … Above them put three governors, whom the satraps were accountable to the interests of the king might not affected. One of the three governors was Daniel, but Daniel was above the presidents and princes because an excellent spirit he lay. Even the king thought to set him in charge of the whole kingdom “(verses 1-3).
    There, just the story begins, we find the answer to the question, What kind of Christians should be at this particular time in history?
    people need to be recognized for our superior (or excellent) spirit !
    that was the mark of distinction by which Daniel was recognized, and that was a light in a dark nation. This made ​​it could be someone you trust and was promoted to a position of great influence and authority. This caught the attention of people, and made ​​it an unstoppable force the kingdom of God.
    As believers, you and I have that same kind of spirit. As joint heirs with Jesus has given us His “more excellent name” (Hebrews 1: 4, RVR60). We are partners in a “much better ministry” (Hebrews 8: 6) and participants of His “great glory” (2 Peter 1:17).

    How am I supposed to express exactly that excellence?
    Read what the following verses say about Daniel, and you can see it. These tell us how, after being promoted, the other members of the administration of the king became jealous and tried to catch him committing a sin, in order to reportársela the king. However, they found a big problem, “they could not find it , nor accuse him of any fault, because he was reliable and had no vice nor committed any fault. Finally, they said, “We will never find the occasion to accuse this Daniel, unless we look at something that has to do with the law of his God” (Daniel 6: 4-5).
    Meditate on that. The enemies of Daniel could not trip him because his loyalty was extreme! Because of its excellent spirit, no matter what other people do; he believed and faithfully obeyed God in every situation.
    And that’s what we must do if we are to live in excellence today. We should be filled with faith and be faithful. Regardless of the cultural conditions, threats or pressures that may arise, we must never give concessions when it comes to believing and acting on the Word of God.
    Never.

    No matter what it takes
    “But Brother Copeland, you do not understand my situation. I must negotiate a little bit here and a little there. I am a leader in my line of work. I have a very high position in my company. If I am brave in my faith and do not follow the crowd, I can cost you dearly. ”
    No matter what it costs. Nothing in your life or my life is so precious to us to make concessions on our Lord and Savior.
    Our fidelity to Him is our highest calling and our highest honor, and will always be an error negotiate. That was something I learned many years working alongside my spiritual father, brother Oral Roberts. I heard him talk often about spiritual excellence and fidelity. One thing he often said on this subject still sets fire me. “The concessions do to retain something will make you lose it over time.” That is a spiritual law. It is an absolute factor. And it is also a reciprocal truth: if you stay connected to God through faith in His Word, rehusándote to negotiate, He will see you out in any situation, as a winner-and He still made ​​in the most impossible situations. Observe what happened next in the story of Daniel, and see what I mean. His enemies really conspired to use him against his faith, which was nonnegotiable. They went before the king and said, “Long live forever His Majesty King Darius! All governors, magistrates, satraps, princes and captains of the kingdom have unanimously agreed to ask His Majesty to enact a royal edict, and to confirm it , ordering that anyone in thirty days sue for any god or person lest His Majesty, to be thrown into the lions ‘ den. His Majesty be good enough to confirm this decree and sign it , so that under the law of the Medes and Persians, it can not be revoked “(verses 6-8). King Darius granted their request by signing the decree, which put into effect a law that, for 30 days, made ​​the prayer life of Daniel was a death sentence. How did Daniel respond? When he learned that the law had been signed, “went into his house, opened the windows of their chamber toward Jerusalem, and three times a day he knelt and prayed to his God, thanking him as he used to do “(verse 10). Daniel was not intimidated at all by threats! He kept praying as always-and not try to keep their secret prayers. Daniel did not close their curtains and blinds. On the contrary, he kept open so that anyone who wanted to could hear it . It’s easy to imagine the reaction of the people around them. Probably they called him aside and said, “Man, is a little more cautious; You do not want to end up in the ditch with lions. You have the authority to impact this nation. You’re improving things and the king hears you. If you keep praying that way, you will lose your ministry altogether. At least close the windows! At the end of the day it will not affect nada.Dios not need a window open to listen. ” ” Well , ” you might say,” That last part is correct, is not it? God does not need an open window to hear the prayers of someone “. In this case it’s needed. If Daniel had closed the windows, he had done because he was afraid and that would have changed everything. Fear cancels faith, and faith is what keeps us connected to God.

    Be careful with this phrase
    At this time, the same kind of pressure he faced Daniel is gaining strength. Here in the US, Christians are being forced to hide their faith behind closed doors. Essentially, we are told that we close the curtains and blinds when it comes to what we believe, while at the same time politicians and government officials assure us that our “freedom of worship” is still intact. Freedom of worship. that phrase sounds very similar to the phrase “freedom of religion” that describes what is guaranteed in the US constitution. But it is not the same thing. There is a big difference between them. The freedom of worship is currently used as a way of saying, “You can worship whoever you want in your home, car or church. But do not take the Bible to work with you. Andes not talking about Jesus during the break. If you start to practice your faith in public, where others can hear and be offended, my will cost expensive, because they do not need to hear what you think. ” Obviously, at this time, no one in the US It is threatening to throw Christians to the lions ‘ den. They are just trying to get us out of public spaces and their road. However, I have already made ​​my decision: I will not take me the way! I will not negotiate my walk with God. ” ” Brother Copeland, is there really people who have pushed for you to do it ? ” Oh, yes. On more than one occasion. Some years ago I was pressed by a member of the United States Senate, who came against me waiting for access to private information of employees of the ministry, which is confidential by law. I would not agree to their demands because he had made ​​a promise to the Lord and my colleagues many years ago that never share any of their names, nor reveal any of their offerings detail. He tried to force me to do it, suggesting that it had something to hide and making us look bad. Then he began legal proceedings against us. We were forced to spend more than a million dollars just to defend ourselves. Negative publicity is supposed to put pressure on us, making revenue ministry came under. But it does not work. Income did not decline. “Well, they have the right to cite you to court,” someone warned me. “And? I told. “Let them do it .” “And what if they send you to jail?” I answered that question publicly from the pulpit. “I gave my word to my colleagues and to the Lord about it .” And I continued: “I will not negotiate that. If the government wants to send me to jail, they can. I preach from prison, so I know very well what I will do there. ” Some people with good intentions approached me and encouraged me to deliver information. “It will not do any harm to anyone , ” I suggested. “The government will not misuse that information.” However, I continued to respond in the same way. “I do not care what they’re planning to do with her, I not give. I gave my word, and I will not. ”

    You are not alone
    , of course, in the end, the Lord protected me in that situation. He protected the ministry and everything went well. What’s more, instead of feeling threatened and intimidated by the experience, the pressure on me making me stronger term.
    This is how it always happens. If you continue in faith and you stand firm in the Word, you reach a point where you enjoy the lack of concessions. The joy of the Lord comes to your interior, and is your strength!
    The best way I can describe it is to compare it with something that I experienced once when I was a small child. I was traveling with my dad on one of his business and stopped overnight at a hotel. While he recorded us at the reception, I researched around and walked into a room where men played shuffleboard (shuffleboard) and made ​​the mistake of touching the board.
    Now that was an intimidating experience!
    When I put my finger on the board, one of the men began to abuse me verbally. I called in unimaginable ways and little I eat. However, while I was screaming, my dad came to the place. He put his hand on my shoulder grandota, I slid behind him, and with great booming voice said: “If you want to talk to this child, you have to talk to me! Do you understand? ”
    The man looked at my father like a deer frozen in the headlights of a car. He whispered, “I did not mean anything.”
    “Then, you should not have said anything!” Replied my father.
    With that, the room fell silent and everyone froze waiting to see what would my dad then. They had reason to be worried, since my dad was not a small man. Standing behind him, I felt great. I wanted to say something like, “Dale papi, we can handle it ! Yes, we can handle it !
    Of course, nothing happened. My dad just said, “Come on , son.” Then we turned around, we left the room and went to our room. When closed the door, said, “Kenneth: from now, you will keep your hands to yourself ! Do you understand? ”
    That landed me quickly, because for a short time had been flying very high. I felt invincible standing behind my father.
    As believers, we are in the same position when we stand firm with faith in the word of God and refuse any kind of negotiation. We are more than conquerors because we are not alone. We stand behind Jesus. We say, “Lord, we can with this! We can win this fight without any effort!
    That was the attitude that Daniel had. For the moment he entered the lion’s den, that was not a big problem. He was not afraid and was so full of faith, instead of eating, the lions had to wait until later, when he finally could eat the enemies. “And when they brought, he was unhurt because he had trusted in his God” (verse 23).

  • Revelando el misterio de la “Guerra Espiritual” – por Rick Renner

    Revelando el misterio de la “Guerra Espiritual” – por Rick Renner

    Occasionally, the theme of spiritual warfare becomes a popular topic; in an almost whimsical Body of Christ focus. When this happens, it is taught with such enthusiasm that a person who is attending church for the first time might assume that spiritual warfare is a new revelation, even though it is not.
    There have been many moments in history where this topic it became a rage in the charismatic sector in the Body of Christ. Anyone who has been in contact with the national pulse of the church, quickly agree that sometimes the Body of Christ experienced what I call as “the hobby of spiritual warfare”.

    This emphasis on spiritual warfare is good because it makes us better meet our adversary, the devil, and the way it operates. Once we understand the way they operate, then we can thwart their attacks against us. This is why Paul shared with the Corinthians about the devil and his strategy. “Not ignorant of his devices” (2 Corinthians 2:11, RVR1960)
    On the other hand, too much emphasis on spiritual warfare has the potential to be negative for the church. If spiritual warfare is not taught properly, it can be devastating, because this issue has a unique way to completely capture the attention of people until eventually think of nothing more than that. And that is the favorite deception of the devil makes believers magnify their power to a higher degree than it deserves. If this deception works, these believers focused on imbalanced with the devil thought, begin to imagine that he is behind everything that happens and also become paralyzed and unable to function normally in everyday life people. Thus, the enemy neutralized to to positively impact the kingdom of God.
    Unfortunately, this has resulted in the lives of many people who have focused on the problem of spiritual warfare in recent years.
    Do not misunderstand what I am saying, I am not opposed to spiritual warfare. The spiritual warfare is real! The scriptures command us to deal with the invisible, the invisible forces that have been sent against us. We have been sent to “cast out demons” (Mark 16:17) and “demolish arguments” (2 Corinthians 10: 3-5). This is part of our Christian responsibility to the lost, the oppressed and those who are possessed by demons.
    In my own ministry I have had to deal with demonic manifestations at times. For example, I remember a time years ago when a young teen Satanist approached me at the end of one of my meetings in a very large church. During that meeting, he realized that the powers of satan had captured his mind, so he came forward to receive prayer.
    As he went down the line praying for people, could see in the distance clearly that this particular young man he was sending signals from a very intense evil presence. As I approached, I sensed that he had been involved in some kind of
    occult activity.
    When finally I arrived at his place in line, the young man looked squeezing his eyes at me so hard, they looked like little slits in his face. By resting my eyes on hers, it was like watching a devil himself. Analyzing the situation, I realized that this young man was seeking help without ulterior motive. It had required great determination on their part to ignore the manipulative force and forced to walk to the front of the auditorium.
    As impose my hands on this young man that night, her body began to react violently against the power of God. Shivering under the intensity of that power, he writhed on the floor, finally curled up next to my feet. Dipped in the electrifying power of God that ran it up and down, this young man moaned: “I’m afraid to leave [the satanic group that had been involved]. They told me that if I left the group would kill me! ”
    I went up again to pray for him, and as I did, this horrible demon that had kept her captive mind immediately released and flew to the scene. Oh, yeah … definitely I believe in genuine spiritual battle!

    Spiritual Hostages
    Today there are multitudes of people in this world who are mentally hostages devil. 1 John 3: 8. “But the Son of God came to destroy the works of the devil” (NTV)
    The word destroy is taken from the Greek word luo, and this refers to “act to untie or release something.” This is exactly the word we’d use to describe a person who is untying his shoes. In fact, the word luo is used exactly that way in Luke 3:16: “After me will come one who is more powerful than I, who am not worthy to untie his shoes …”
    Thus, Jesus Christ He came to earth to untie or release, the powers of satan that bound us. On the cross, Jesus unraveled the power of Satan until His redemptive work was finished and our freedom was purchased completely.
    Later, Peter said in the house of Cornelius: “That message says that God anointed Jesus of Nazareth with the Spirit Holy and with power, and He went about doing good and healing all who were oppressed by the devil, for God was with him “(Acts 10:38).
    We know from these two verses that free people satan’s power is something that Jesus Christ is very interested. And if you are interested in Him, it should also be important to us. In
    order to free people from demonic oppression must learn to recognize the work of the enemy and how to defeat their attacks against the mind, because the mind is their main objective. Satan’s goal is to put a tie deception in some area of the mind of the person. If successful, you can begin to control and manipulate that person from that vantage point.
    The Holy Spirit is obviously declaring a powerful message about spiritual warfare these days. Christian leaders and churches around the world are waking up to this reality. In light of this, we must give first place to what the Holy Spirit is saying to the church and continue with the Word of God as our guide and foundation.
    As we seek to engage in spiritual warfare, we must be careful to walk with balance. First, we need to realize that this issue involves much more than dealing with the devil. Other important elements in spiritual warfare has to do with taking control of our minds and crucify our flesh. We must not forget these last elements of spiritual warfare because they are as vital as the first.
    The truth is that the devil’s attacks against our lives will not work if our flesh does not cooperate. If you truly mortify the flesh as we are commanded in the Scriptures (Romans 6: 2), we will not respond to the demonic suggestions and temptations of the flesh. The dead are unable to respond to something. In fact, we see the power of a crucified life! To
    live a crucified life is a critical part of spiritual warfare. If I write a book of spiritual warfare without mentioning this truth, would make my loyal readers a great injustice by giving them a very unrealistic view of the subject.
    A person can shout the devil all day, but if it has willingly allowed that some area your mind is helpless or without if control is aware of an area of sin but did not want to deal with that person she has opened the door for an attack. In this case, all your prayers against the devil will not use because their real enemy is not the devil. Rather, they are their own carnal mind and flesh they should submit to the control of the Holy Spirit in order to eradicate these attacks.
    In short: if people focused solely on the devil to start a spiritual war and fail to consider the other areas mentioned, which are of equal importance, its emphasis on spiritual warfare can be very destructive to them -and will be-.
    Although spiritual warfare is real and can not be ignored, we must be careful and remember that the real battle against satan it was won on the Cross and the Resurrection. And now, the victorious Christ himself who defeated the devil himself lives in us in the Person of the Holy Spirit! Therefore, the Apostle John says , “because greater is he that is in you than he that is in the world” (1 John 4: 4).
    Our view of spiritual warfare should start with the basic understanding that Jesus already won the victory over satan. If we do not start with this notion as a foundation, possibly we will be led to spiritual conclusions completely ridiculous. The victory has already been won; there is nothing we can add to the destructive work that Jesus did on the domain of Satan when he rose from the dead.
    Rick Renner is a respected Bible teacher, and leader of the Christian international community. He is the author of over 30 books, including the best sellers are Dressed to Kill and Sparking Gems From the Greek. In 1991, Rick and his wife, Denise, moved to the former Soviet Union with her ​​three children; established churches and a Bible college, a pastoral association and the first television program in the former Soviet Union.