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  • No encuentro ningún error en ti – por Pr. George Pearsons

    No hay nada que se compare con la Navidad en la casa de los Copeland.

    Como miembro de esta maravillosa familia, tengo el gozo de participar todos los años en la noche de la víspera de Navidad. Déjame darte un tour personal de esa noche gloriosa.

    Cuando llegamos, bajamos todos los regalos, los llevamos a la casa y los colocamos bajo el árbol. Casi instantáneamente, el aroma a comida deliciosa nos atrae directo a la cocina.

    “Vamos, veamos que están cocinando”.

    La cocina está llena de buenas cocineras en movimiento. Ten cuidado donde te paras, ¡te pueden llevar por delante! Todas las mujeres están corriendo, revolviendo las ollas y preparando la comida. Todos los hombres están parados alrededor esperando —todos, menos yo—. Yo tengo mi tarea asignada.

    Soy el encargado de cortar el pavo.

    No recuerdo exactamente cuándo pasó, pero hace algún tiempo, me fue concedido ese honor. Así que cuchillo eléctrico y bandeja en mano, aquí voy. Por supuesto, debo probar el pavo a medida que lo hago, para asegurarme que esté cortado a la perfección. Es un privilegio que viene con el trabajo.

     

    ¡Hora de comer!

    Cuando la comida por fin está lista, el hermano Copeland llama a toda la familia y oramos. Formamos un círculo tomándonos las manos, y le damos las gracias al Señor por todo lo que ha hecho durante el año.

    Declaramos “Amen”, y ¡es hora de comer!

    ¿Dónde comemos? Podemos elegir: el mesón de la cocina, el comedor auxiliar o el comedor formal; cuando estamos listos, podemos repetir una segunda — ¡y tercera vez!

    A pesar de que “Querida Ma” (Mary, la madre de Gloria) está en el cielo hace algunos años, su delicioso “pavo con salsa de pan de maíz” es la comida favorita de la familia. Los hombres estamos felices de que compartió la receta con las mujeres.

    Después de cenar, nos reunimos en la sala y es la hora de abrir los regalos.

    Cada uno tiene su lugar asignado.

    Kenneth y Gloria tienen las sillas de honor al lado de la chimenea.

    Varios miembros de la familia están encargados de distribuir los regalos. Yo estoy incluido en esta tarea.

    Después de repartir los regalos, una de las cosas que más me gusta hacer, es tomar distancia y ver como todos abren sus regalos, abrazándose y compartiendo los unos con los otros.

    Es una vista que me llena de gozo.

    Luego, llega el momento en la tarde que realmente estoy esperando.

    El hermano Copeland toma su Biblia y se prepara para ministrarle a la familia.

    Por esta razón, siempre traigo mi Biblia y mi libreta de apuntes. Los tópicos varían desde lo que está viendo para el próximo año, hasta lo que el SEÑOR está haciendo en nuestro país. Algunas veces recibimos un adelanto de las tareas que el SEÑOR tiene para KCM.

    En lo que a mí respecta, siempre estoy listo para escuchar al profeta declarar la PALABRA.

    Recuerdo una víspera de Navidad en particular; parecía que abrir los regalos se había tomado mucho tiempo. Ya era bastante tarde, y me preguntaba si tendríamos nuestro tiempo de “la palabra de Navidad del Profeta”. Ese día también caía una gran tormenta de nieve y comenzaba a apilarse. Algunos teníamos nuestros abrigos puestos y estábamos listos para irnos. Los niños estaban cansados y listos para irse a la cama.

     

    ¡Una Palabra de confirmación!

    De repente, una presencia muy fuerte del Señor descendió en la habitación. Algo en el espíritu cambió de dirección a medida que empezamos a hablar de las cosas de Dios.

    Hablábamos de los movimientos espirituales que habían ocurrido en la Tierra, del aumento de las manifestaciones de los regalos del Espíritu y las manifestaciones sobrenaturales en el Cuerpo de Cristo.

    La conversación se tornó cada vez más profunda.

    Y luego, algo pasó.

    El ambiente se enmudeció.

    El hermano Copeland observó en silencio a cada uno de los presentes, y expresó su amor y aprecio por la familia. Después nos miró por turnos a cada uno, con amor y ternura.

    Y dijo: “Kellie, no encuentro ningún error en ti”.

    “Terri, no encuentro ningún error en ti”.

    Mirando de lleno a cada persona en la habitación, repetía esas palabras: “no encuentro ningún error en ti”.

    Cuando llegó mi turno, el hermano Copeland me miró a los ojos y dijo: “George, no encuentro ningún error en ti”.

    Es difícil describir exactamente lo que experimenté en ese momento. Una carga muy pesada fue removida de mi corazón y me sentía de frente al amor mismo de Dios. Esas siete palabras tuvieron tal impacto en mi vida, que ese día marcó una diferencia en mi espíritu. Fui amado, aceptado y declarado libre de toda falta.

    Con el tiempo descubrí que fue Gloria la primera persona en ministrar esas mismas palabras al hermano Copeland. El había estado luchando con una situación difícil, y estaba orando para saber qué hacer cuando Gloria entró caminando, se paró detrás de su silla, puso sus manos en la parte trasera de su cabeza y empezó a orar.

    Después lo miró y le dijo: “Kenneth, no encuentro ningún error en ti”.

    Mientras el hermano Copeland compartía esta historia, dijo que esas palabras derritieron su corazón. La gracia de Dios inundó todo su ser. De repente, ya no tenía más problemas.

    Desde ese momento, Dios le ha instruido ministrar esas mismas palabras a otras personas, especialmente con aquellos que se encuentran bajo espíritus fuertes de condenación. Al hacerlo, el sólo sonríe, les acaricia la cara y les dice: “Dios y yo te amamos; no encuentro ningún error en ti”.

    Los resultados han sido maravillosos.

    Lo que transpiraba en esa víspera de Navidad vive continuamente en mí. Ha cambiado mi relación con el hermano Copeland, mi querido suegro y padre espiritual. A pesar de que trabajamos juntos en el ministerio, podemos pasar semanas sin vernos o hablar debido a los horarios que cada uno tiene. Pero eso no importa. Gracias a esa víspera de Navidad, sé que todo está bien entre nosotros.

    Esa es la imagen de cómo nuestro Padre Celestial nos ve. Gracias a Jesús, tú y yo hemos sido hechos la justicia divina de Dios. Y tenemos la libertad de pararnos en frente de nuestro amoroso Padre sin ninguna sensación de miedo, culpa o condenación. Cada vez que hacemos algo mal, lo único que tenemos que hacer es acceder Su perdón y volver al camino correcto.

    Imagínate al Padre diciéndote: “no encuentro ningún error en ti”.

    ¿No es maravilloso saber que Él ha cancelado la deuda de nuestro pecado y nos ve de la misma forma que un padre ve a sus hijos?

    Mientras meditaba en esto, el SEÑOR en Su gracia me dio dos escrituras en la versión Nueva traducción Viviente.

    Primero, Colosenses 1:20-22:

    «Y, por medio de Él, reconciliar consigo todas las cosas, tanto las que están en la Tierra como las que están en el cielo, haciendo la paz mediante la sangre que derramó en la Cruz. En otro tiempo ustedes, por su actitud y sus malas acciones, estaban alejados de Dios y eran sus enemigos. Pero ahora Dios, a fin de presentarlos santos, intachables e irreprochables delante de él, los ha reconciliado en el cuerpo mortal de Cristo mediante su muerte».

    Luego, Efesios 1:4 nos dice:

    «Dios nos escogió en Él antes de la creación del mundo, para que seamos santos y sin mancha delante de él».

    En esta Navidad, recibe el amor contundente y la gracia del Padre. Recibe Su regalo de justicia a través de Cristo mientras lo escuchas decir: “no encuentro ningún error en ti”.

  • ¡Eres Valioso! – por Jeremy Pearsons

    Jesús es el hijo de Dios. Probablemente ya lo sabes. ¿Pero que más es Él? Mucho más. Jesús es la Palabra hecha carne. Jesús es el cumplimiento de la profecía. Jesús es tu maestro, tu predicador y tu sanador. Jesús es tu regalo de parte Dios. Jesús es la medida de tu abundancia. Jesús es la medida de tu fortaleza. Jesús es la medida de tu habilidad, es la medida de tu valor. Jesús es todo esto, y más.
    En Mateo 13, Jesús da unos ejemplos muy interesantes acerca de cómo es el reino de los cielos. En el versículo 44, Jesús lo compara con un hombre que encuentra un tesoro en el campo, y vende todo para comprarlo. También, en los versículos 45-46, dice que el reino de los cielos es como un comerciante de perlas que encuentra una perla única y muy valiosa; luego, vende todo lo que tiene para comprarla.
    Encuentro similitudes con la parábola en Lucas 15. Jesús primero habla acerca de ir a buscar una oveja perdida. Después, el narra esta historia:
    «¿O qué mujer, si tiene diez monedas y pierde una de ellas, no enciende la lámpara, y barre la casa, y busca con cuidado la moneda, hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, reúne a sus amigas y vecinas, y les dice: “¡Alégrense conmigo, porque he encontrado la moneda que se me había perdido!” Yo les digo a ustedes que el mismo gozo hay delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente» (versículos 8-10).

    Puede que encuentres interesante estudiar un poco la cultura del medio oriente en esa época. Podrías descubrir en esa historia lo que esa moneda significaba para la mujer que la perdió. Las mujeres jóvenes en esa área y en ese tiempo generalmente no tenían abundancia o riquezas. Ellas ahorraban y ahorraban desde que eran jóvenes adolescentes hasta que se casaban; el motivo por el cual lo hacían era porque debían usar un adorno en su cabeza, que era algo muy parecido a usar un anillo de matrimonio. Y este adorno significaba que estaban casadas. Estaba compuesto por 10 monedas de plata.
    En términos de valor, la moneda valía muchísimo para la mujer mencionada en la historia por Jesús. Para ella no tenía precio—significaba muchísimo más de lo que pudiera costar su precio en dólares—. Así que ella buscó por toda su casa, y cuando finalmente la encontró, se alegró —no por haber recobrado el valor de la moneda en sí misma, sino por el significado de tener todas esas monedas—. Tenerlas era el símbolo de algo mucho más grande que una inversión monetaria.
    Jesús nos dice que el Reino de los Cielos se compara con eso.
    Nos dice que fuimos valiosos para que se pagara el precio más alto que alguien se pudiera imaginar —la suma total—.
    Tú fuiste digno de Su propia vida. Él pagó el precio más costoso por ti.
    Jesús es la medida de tu valor. El determinó que tu valor era equivalente al precio de Su propia vida cuando pagó por ti al morir. Recuerda: el precio pagado determina el valor.

    La imagen de Dios
    Muchas personas no entienden el valor que Jesús determinó para sus vidas gracias al precio que pagó. Piensan muy bajo de sí mismos, de su valor. Ven el campo, y piensan que no es valioso. Ven la perla, y no pueden imaginarse porqué el hombre gastó todo lo que tenía en ella. Meditan en la moneda y no entienden porqué la mujer la buscó frenéticamente hasta encontrarla, o porqué estaba tan emocionada cuando la encontró.
    No entienden el valor.
    No entienden que el tesoro escondido bajo la superficie hizo que vendiera todo para comprar ese campo. No ven lo que él vio, ese tesoro profundo que hizo que gastar cada centavo fuera importante.
    No entienden la belleza única e incomparable de la perla que la hizo valiosa para el comerciante. Ellos no ven su impagable esplendor como él lo ve.
    Ellos no entienden el significado que la mujer puso en esa moneda, y que al encontrarla, le fue restaurado. No entienden el motivo de la celebración.
    No entienden que sus vidas valen mucho más de lo que el mundo les dice. No ven el valor que Él puso en cada uno de nosotros al voluntariamente dar Su vida como el precio por nuestra redención.
    Existe un tesoro en tu interior —la misma imagen de Dios que se transmite por tus ojos, que camina en tu misma piel. El tesoro que está en tu interior fue valioso para Él. Él vio y reconoció una belleza impagable en ti, aún antes de que nacieras, antes de que dieras tu primer paso, o antes de que hicieras cualquier cosa —buena o mala—. Al mirar en lo más profundo de tu corazón, Él vio tu tesoro escondido.
    Tú eres la cosa más hermosa que Él ha visto, y la que verá. ¿Cómo puede ser? Por Jesús, porque tú luces tal como Él. Por la belleza del tesoro que ve cuando te mira, Él declara: “¡Eres valioso!”. El pagó el precio más alto por ti, y el precio que pagó, determina tu valor.
    Jesús te llamó valioso —el significado de una buena relación entre tú y tu Padre—. Valioso como para morir por ti. El reconoció que restaurarte para Dios era digno de pagar el precio más alto. Fuiste digno de las llagas en su espalda, los clavos en sus manos y pies. ¡Eras valioso como para soportar una corona de espinas!
    Jesús es la medida de tu valor.
    Para Él significas mucho más que un valor monetario, al igual que la moneda significaba algo más para la mujer. Él te vio como alguien valioso. Tú representas en sus ojos algo —el plan original—. Representas una relación que no ha sido rota con su creación. Esa creación a la que le infundió vida con Su aliento. Representas el ser que Él creó para tener comunión. Y Él decidió que Jesús era el precio justo para pagar por ti.
    Lo que hayas logrado, o lo que has fallado en tu vida, no determina la medida de tu valor. Tampoco es determinada por qué tan hermoso empezaste, o por las cicatrices que ahora tienes. Su sangre es la medida de tu valor.
    Eso es lo que Jesús es. Jesús es la Palabra de Dios hecha carne. Jesús es la Palabra profética cumplida. Jesús es el maestro más maravilloso, el predicador más emocionante, el sanador más bondadoso. Jesús es la medida de tu riqueza. Jesús es la medida de tu fortaleza. Él es la medida de tu habilidad.
    Jesús es la medida de tu valor.

  • La palabra “rico” no es una mala palabra – por Gloria Copeland

    Desde el Jardín del Edén, el diablo ha seguido tratando de robar la Palabra de Dios para Su pueblo. Y durante las últimas generaciones, existe una palabra en particular que él ha tratado de eliminar de la iglesia. Es la palabra rico.

    El diablo ha hecho su mayor esfuerzo para convencer a los creyentes que esa palabra le pertenece. Ha desparramado tantas mentiras acerca de ella, y le ha dado una connotación tan negativa, que muchos cristianos hoy en día se sienten incómodos diciendo “soy rico”, como si estuvieran maldiciendo. La verdad es que el diablo los ha engañado haciéndolos creer que rico es una
    mala palabra.

    Pero en realidad, lo opuesto es la verdad.

    Rico es una palabra bíblica. Es una palabra de bendición. Es una palabra de Dios. Sí. Dios es el primero que tuvo la idea de las riquezas financieras. Él ha hecho que Su gente sea rica desde el comienzo de los tiempos.

    Por ejemplo: debió ser Dios el que le dijo a Adán y a Eva acerca del jardín del oro. Si no fuera por Él, ellos ni siquiera se hubieran dado cuenta que era algo precioso. No hubieran sabido de su valor.

    Aun después de que Adán y Eva pecaron, y le abrieron la puerta a la maldición para que entrara en la Tierra, Dios continuó estableciendo caminos para que Su gente se enriqueciera. Hizo pactos con ellos y les prometió que al obedecerle, los protegería de la maldición y los BENDECIRÍA.

    Para asegurarnos que las riquezas materiales están incluidas en la BENDICIÓN, Dios más adelante lo dejó por escrito en la Biblia. Él dijo: «La bendición de Jehová es la que enriquece, y no añade tristeza con ella» (Proverbios 10:22, RVR1995).

    Claramente, Dios no hubiera dicho esto si rico fuera una mala palabra. Si estuviera en contra de las riquezas, no hubiera hecho que Abram fuera: «riquísimo en ganado, y en plata y oro» (Génesis 13:2). No hubiera bendecido a Isaac con: «más y más hasta que se enriqueció y fue prosperado, y se engrandeció hasta hacerse muy poderoso» (Génesis 26:13, AMP).

    Él no hubiera incrementado tanto a Jacob hasta que: «enriqueció Jacob muchísimo, y tuvo muchas ovejas, siervas y siervos, camellos y asnos» (Génesis 30:43).

    Si ser rico hubiera sido algo peligroso o vergonzoso, ciertamente Dios no hubiera hecho lo que hizo por Salomón.

    ¿Has leído alguna vez lo que pasó con él? Después de convertirse en rey de Israel, una noche Dios se le apareció y le dijo: «“Pídeme lo que quieras que yo te dé”. Y Salomón le dijo a Dios: “Tú has tenido gran misericordia de David, mi padre, y a mí me has puesto en su lugar como rey. Señor y Dios, confirma ahora la promesa que le hiciste a David, mi padre, pues tú me has puesto como rey de un pueblo tan numeroso como el polvo de la Tierra. Por favor, dame sabiduría y conocimiento para presentarme delante de este pueblo. A decir verdad, ¿quién podrá gobernar a tu pueblo? ¡Es tan grande!”.

    Y Dios le dijo a Salomón: «Por haber pensado así, y por no haber pedido riquezas, ni bienes ni gloria, ni la vida de los que no te quieren, ni una larga vida, sino que has pedido tener sabiduría y conocimiento para gobernar a mi pueblo, sobre el cual te he puesto como rey, recibirás sabiduría y conocimiento, y además te daré riquezas, bienes y gloria, como nunca antes tuvieron los reyes que te antecedieron, ni tendrán los reyes que te sucedan» (2 de Crónicas 1:7-12).

    Esta es la única manera segura de ser rico: primero la sabiduría y el conocimiento, después las riquezas.

     

    Sobrecogido por  la bondad de Dios

    Nota que Dios voluntariamente hizo que Salomón fuera rico. Salomón no se lo pidió. El solamente pidió por sabiduría y conocimiento, lo cual fue algo muy inteligente, porque de acuerdo con la Biblia, la sabiduría de Dios es lo principal o más importante en la vida. Es lo que abre la puerta a cosas como el honor, una larga vida y las riquezas.

    Como la sabiduría y las riquezas están conectadas, si Dios considerara el ser rico una cosa mala para Su gente, la respuesta a la oración de Salomón hubiera sido muy diferente. Él hubiera dicho: “no voy a darte sabiduría y conocimiento porque terminarás siendo muy rico. En lugar de eso, voy a dejarte ignorante. Voy a hacer que seas el más pobre de los pobres. Voy a bendecirte tanto que serás el rey más quebrado que alguna vez se haya visto”.

    Pero por supuesto que la conversación no ocurrió de esa manera. Al contario, Dios le dijo a Salomón que no solamente le daría sabiduría y conocimiento, sino que lo haría más rico que cualquier rey que hubiera existido o alguna vez pudiera existir.

    Desde el momento en que Dios le prometió a Salomón sabiduría y riquezas, Salomón tenía una unción para prosperar. Él continuó enriqueciéndose gracias a la palabra que el Señor había declarado sobre él. De acuerdo con la Biblia, «el peso del oro que venía a Salomón cada año, era seiscientos sesenta y seis talentos de oro» (2 Crónicas 9:13, RVR1960).

    Una vez le pedí a Kenneth que calculara cuánto equivaldría esto en la economía moderna. En ese entonces (unos 15 años atrás), el oro valía $300 dólares la onza, así que 666 talentos equivaldrían a $150 millones de dólares. Hoy en día, creo que el oro se está vendiendo por 4 veces más que ese valor. Así que el ingreso total que Salomón recibía al año eran ¡$600 millones de dólares!

    Pienso que Dios cumplió su Palabra con Salomón extremadamente bien, ¿no lo crees? La mayoría de nosotros podríamos estar muy bien con esa clase de ingreso. ¡Aun ministerios que gastan fortunas predicando y ministrando el evangelio a la gente por todo el mundo podrían estar bien con 600 millones de dólares al año!

    Pero Gloria, podrías decir, “no estoy seguro se ser tan rico es un buen testimonio para las otras personas. No estoy seguro si esto glorifica a Dios”.

    En el caso de Salomón, ciertamente lo hizo. Considera el efecto que tuvo en la reina de Sabá. Cuando ella escuchó acerca de lo que Dios había hecho por Salomón, quedó tan impresionada que quiso verlo con sus propios ojos. El compartió su sabiduría con ella y le dio un paseo por el palacio. «La reina de Sabá se quedó atónita al ver la sabiduría de Salomón y el palacio que él había construido, los manjares de su mesa, los asientos que ocupaban sus funcionarios, el servicio y la ropa de sus criados y coperos, y los holocaustos que ofrecía en el templo del Señor» (2 Crónicas 9:3-4, NVI).

    ¡En otras palabras, la reina de Sabá estaba tan impresionada por la manifestación de la bondad de Dios en la vida de Salomón que casi
    se desmaya!

    ¿No sería maravilloso si nosotros, el pueblo de Dios, tuviéramos el efecto “Salomón” en aquellos que no creen hoy en día? ¿No sería maravilloso que quedaran absolutamente asombrados por la BENDICIÓN de Dios que ven en nuestras vidas? Imagínate teniendo que decirle a las personas cuando las invites a tu casa: “tengo que advertirte, Dios ha sido muy bondadoso conmigo. Mi casa es un lugar magnífico. ¡Así que cuando la veas, no te desmayes!”

    Por supuesto, esto enojaría muchísimo a los hipócritas religiosos, pero las personas que son realmente honestas y están espiritualmente hambrientas, responderían de la misma manera que la reina de Sabá: ¡Ella le dio Gloria a Dios! «Entonces le dijo al rey: «¡Todo lo que escuché en mi país acerca de tus triunfos y de tu sabiduría es cierto! No podía creer nada de eso hasta que vine y lo vi con mis propios ojos. Pero en realidad, ¡no me habían contado ni siquiera la mitad de tu extraordinaria sabiduría! Tú superas todo lo que había oído decir de ti. ¡Dichosos tus súbditos! ¡Dichosos estos servidores tuyos, que constantemente están en tu presencia bebiendo de tu sabiduría! ¡Y alabado sea el Señor tu Dios, que se ha deleitado en ti y te ha puesto en su trono para que lo representes como rey! En su amor por Israel, tu Dios te ha hecho rey de ellos para que gobiernes con justicia y rectitud, pues él quiere consolidar a su pueblo para siempre» (versículos 5-8, NVI). La reina de Sabá alabó al Señor.

    Esto fue verdad en la época de Salomón, y es verdad ahora: Dios quiere que todos los que forman Su pueblo vivan como “carteleras vivientes” en la Tierra, revelando Su bondad y Su poder. Él quiere que aquellos que no lo conocen nos miren y digan: “Necesito averiguar más acerca de ese Dios al que los cristianos sirven. Él es generoso, amoroso y amable. ¡Su gente está realmente BENDECIDA!

     

    La protección del lugar de almacenamiento

    Si las riquezas que Dios le dio a Abrahám, Isaac, Jacob y Salomón no son prueba suficiente para ti que la palabra rico no es mala, hay muchos otros ejemplos en la Biblia que lo confirman. Por ejemplo, considera estas citas bíblicas:

    Proverbios 10:4: «Las manos negligentes llevan a la pobreza; las manos diligentes conducen a la riqueza» (Si Dios no quisiera que fuéramos ricos, Él no nos hubiera animado a ser diligentes. Nos hubiera dicho: “disfruta de la pereza”).

    Eclesiastés 5:19: «A cada uno de nosotros Dios nos ha dado riquezas y bienes, y también nos ha dado el derecho de consumirlas. Tomar nuestra parte y disfrutar de nuestro trabajo es un don de Dios» (Obviamente, si las riquezas fuera del diablo no podrían ser llamadas ¡un don de Dios!).

    Salmos 104:24: «¡Cuán numerosas son tus obras, oh Señor! Con sabiduría las has hecho todas; llena está la Tierra de tus posesiones» (LBLA). (¿A quien se supone que El Señor tenía en mente cuando Él puso sus posesiones en esta Tierra? Ciertamente no al diablo y sus seguidores. Dios puso sus posesiones (riquezas) en la Tierra para sus hijos e hijas, ¡creyentes nacidos de nuevo como nosotros!).

    Podrías preguntarte: “¿Si todo esto es cierto, porqué no hay más gente de Dios haciéndose rica? ¿Por qué hay tantos cristianos sufriendo financieramente?”

    En algunos casos es porque no han escuchado o creído la Palabra de Dios acerca de la prosperidad. Pero en muchos casos, es porque no han calificado para recibirla.

    Para calificar para recibir riquezas de parte de Dios, debemos poner a Dios y a su reino en primer lugar en nuestras vidas. Debemos atender a Su Palabra y hacer lo que Él dice es nuestra prioridad Nº 1. Debemos estar conectados a Él, y dedicarle nuestras vidas.

    No podemos tan solo vivir como el mundo y esperar que Dios igual nos prospere. No funciona así. La única manera de ganar acceso a las riquezas que Él ha “reservado” para nosotros (Salmos 31:19) es a través de la fe y la obediencia.

    Estos son los protectores de seguridad en el lugar de almacenamiento de Dios. Es lo que nos protege. Si tenemos nuestros corazones puestos en Él, y vivimos como nos dice, sabremos cómo manejar las riquezas de Dios cuando lleguen a nuestras manos. No nos drogaremos con ellas, no las usaremos en cosas y actividades inmorales, ni nos lastimaremos a nosotros mismos con ellas. Las usaremos para hacer el bien y para servir al Señor.

    Dios es tan bueno y generoso. Él está buscando todo el tiempo por gente que califique para recibir Sus riquezas. Como 2 de Crónicas 16:9 dice: «Los ojos del Señor están contemplando toda la Tierra, para mostrar su poder a favor de los que mantienen hacia él un corazón perfecto». La versión James Moffatt lo dice de esta manera: “Los ojos del Eterno recorren aquí y allá alrededor del mundo, mientras Él ejerce su poder a favor de los que le son devotos”.

    La palabra devoto significa: “fiel, leal, consagrado”. Habla de alguien que ama a Dios con todo su corazón, persevera y mantiene su Palabra. Si ese eres tú, entonces Dios está buscándote; y Él siempre encuentra aquel al que busca, no se le pasa ni uno solo. Podrías estar en la selva más profunda, y si tienes fe en lo que Dios dice acerca de la prosperidad y lo pones a Él en primer lugar en tu vida y le obedeces, no pasarás desapercibido. Él te encontrará, y te hará rico.

    Estas son buenas noticias, ¿no crees? ¡Y puedes acceder a ellas si tú quieres!

    Pero no puedes fingir tus intenciones al hacerlo. No puedes tan solo unirte a los predicadores de prosperidad y mantener una vida carnal, desobediente y pensar que las riquezas de Dios caerán sobre ti sobrenaturalmente. No sucederá.

    Dios escudriña el corazón. Él ve a través de nuestros afectos y nos dice, hoy como creyentes, esencialmente lo mismo que le dijo a los Israelitas por medio de Moisés en el Antiguo Testamento: «Y ahora, Israel, ¿qué es lo que el Señor tu Dios pide de ti? Solamente que temas al Señor tu Dios, que vayas por todos Sus caminos, y que ames y sirvas al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma; que cumplas Sus mandamientos y estatutos, los cuales hoy te ordeno cumplir, para que tengas prosperidad» (Deuteronomio 10:12-13).

    Cuando tienes esa devoción de todo corazón hacia Dios, quieres hacer algo más que solamente ir al cielo cuando mueras. Quieres ser un buen testigo del Señor aquí en la Tierra. Quieres vivir en victoria y en BENDICIÓN, y hacer todo lo que esté a tu alcance para llevar la Palabra acerca de Jesús.

    ¡Ésa es la razón por la que necesitas prosperar! No solo se trata acerca de ti, tu familia y tus necesidades. Se trata de promover y avanzar el reino de Dios. Es acerca de publicar la “cartelera” de Su bondad y tener suficientes recursos para hacer todo aquello que sea necesario.

    Dios tiene predicadores y misioneros que quiere enviar. Tiene naciones y gente que quiere alcanzar con el evangelio. Tiene iglesias que necesitan apoyo y edificios que deben ser construidos.

    ¡Se necesitará mucho dinero para hacer las cosas que necesitamos hacer en el reino de Dios en el tiempo que tenemos antes de que Jesús regrese!

    Así que deja a un lado las tradiciones de los hombres que te han hecho sentir mal acerca de la prosperidad. Olvídate lo que dice la multitud religiosa. ¿Qué importa lo que piensen? Solamente sigue adelante, y créele a Dios.

    Toma Su Palabra, recibe las riquezas que Él ha preparado para ti, y ríete camino al banco. Disfruta tu prosperidad, disfruta dando millones de dólares en la obra del reino de Dios.

    Obviamente, esto hará que el diablo se enoje porque Él quiere ese dinero. Pero no le pertenece. Le pertenece a Dios, y Él quiere que nosotros, Sus hijos e hijas, lo tengamos. Él quiere que sepamos que rico no es una mala palabra.

     

    5 CONSEJOS PRÁCTICOS PARA ENTENDER Y ACCEDER LAS RIQUEZAS DE DIOS

    La palabra rico es bíblica. Así que sigue adelante y recibe las riquezas que Dios tiene preparadas para ti. Aquí tienes unos consejos prácticos que te ayudarán a alcanzarlas.

    1) Desde la época de Abrahám, Dios ha prosperado a la gente que está bajo su pacto.

    Génesis 13:2: «…Abrám era riquísimo en ganado, plata y oro».

    2) Las riquezas materiales siempre han sido parte de la BENDICIÓN de Dios.

    Proverbios 10:22: «La bendición del Señor es un tesoro; nunca viene acompañada de tristeza».

     3) Dios fue quien hizo de Salomón el hombre más rico de todos los tiempos.

    2 Crónicas 1:12: «Recibirás sabiduría y conocimiento, y además te daré riquezas, bienes y gloria, como nunca antes tuvieron los reyes que te antecedieron, ni tendrán los reyes que te sucedan».

    4) El amor por Dios, y un corazón completamente obediente a Su Palabra, es lo que nos califica para recibir Sus riquezas.

    Deuteronomio 10:12: «Y ahora, Israel, ¿qué es lo que el Señor tu Dios pide de ti? Solamente que temas al Señor tu Dios, que vayas por todos sus caminos, y que ames y sirvas al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma».

    5) Si crees en Dios y lo pones primero en tu vida, Él te encontrará y te prosperará.

    2 Crónicas 16:9: «Los ojos del Señor están contemplando toda la tierra, para mostrar su poder a favor de los que mantienen hacia él un corazón perfecto».

  • De las ratas de arena… a lo SOBRENATURAL – Por Kenneth Copeland

    A comienzos de los años 70, Kenneth Begishe cavó un hoyo en el desierto de Arizona y colocó un cartel anunciando la “Iglesia White Post”. En ese momento no había indicios de edificio alguno, o algo distinto a las ratas de la arena.
    En la reserva de los indios Navajo la gente estaba tan dispersa a lo largo y ancho que la mayoría del terreno lucia deshabitado.
    Pero eso no molestaba a Kenneth Begishe. Él era un hombre de fe.

    Él había conseguido algunas de nuestras cintas de audio y había escuchado la PALABRA de Dios. La creía, y para él eso era todo lo necesario. Así, después de plantar su cartel en el medio de la nada y decir: “esta es la Iglesia White Post”, el hermano Begishe comenzó viajando de una agrupación Navajo a otra, hablándole a la gente acerca de Jesús y haciendo que fueran salvos.
    En 1993, nos invitó a Jerry Savelle y a mí para que fuéramos y lo ayudáramos a tener la primera convención de fe en una reservación india. En ese momento, la Iglesia White Post era mucho más que un cartel. Era una iglesia en crecimiento con unos 250 miembros.
    ¡Nunca olvidaré la reunión que tuvimos allí! Antes de empezar, el hermano Begishe me dijo lo que podía esperar — particularmente durante el momento de la ofrenda. Me dijo: “Hermano Copeland, nuestra gente ha sido enseñada a nunca venir delante del SEÑOR con las manos vacías, así que siempre traen una ofrenda. Pero no siempre es dinero. Algunas veces dan pequeñas piedras pulidas que han encontrado en la tierra, su camisa favorita que ha sido lavada y planchada, o su joya favorita”.
    Pensé que eso era maravilloso, pero lo que realmente me emocionó fue lo que me dijo a continuación.
    “Cuando nuestra iglesia empezó, nadie tenía un auto o una camioneta. Todos caminaban, andaban a caballo o venían en un carruaje. Pero empecé a enseñarles la PALABRA de Dios, y ahora cada miembro de mi iglesia tiene un auto o una camioneta. Estamos prosperando”.
    Cuando escuché eso, supe que esto era un fenómeno sobrenatural. Esa área era famosa por ser uno de los lugares menos poblados, y en donde la pobreza estaba más arraigada en todo el país.  Y aún así, esta iglesia no sólo estaba floreciendo, si no que las personas de la congregación también — ¡sin importar si lo único que tenían para dar eran rocas!
    ¿Qué hacía que algo así fuera posible? ¿De dónde provenían los recursos?
    Te diré algo: el gobierno no les proveyó. Tampoco lo hizo el banco. Ellos no venían de una economía local floreciente, porque ésta no existía. La verdad es que los recursos de la iglesia White Post y su congregación no venían de este mundo natural en lo absoluto.
    Provenían de La PALABRA de Dios a través de la gente que se había atrevido a creer absolutamente que lo Jesús dijo en Mateo 4:4 es cierto: «No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios».

    ¿Parte del problema o parte de la solución?
    Podrías decir: “Hermano Copeland eso es maravilloso, pero no todos nosotros estamos llamados a hacer lo que el Hermano Begishe hizo”.
    Seguro que lo estamos. Puede que Dios no nos pida que empecemos una iglesia como él lo hizo, pero todos nosotros estamos llamados a hacer la obra de Jesús de una u otra forma. Todos estamos llamados a ser: «los que oyen la palabra y la reciben, y rinden fruto» (Marcos 4:20). Así es cómo Dios hace que su voluntad se cumpla en la Tierra como en el cielo. Dios lo dijo, nosotros creemos Su PALABRA y la declaramos, entonces el Padre que habita en nosotros hace la obra, y ésta se manifiesta.
    Ese es el proceso que Dios usó a través de toda la Biblia. Fue lo que hizo en la creación y quedó plasmando en el Génesis. Fue lo que Jesús hizo a lo largo de los evangelios, y es lo que Él espera que hagamos todos los días para manifestar Su BENDICIÓN en y a través de nuestra vida.
    Él no quiere que dependamos del mundo y sus sistemas. No quiere que pongamos nuestra mira en las personas, sus gobiernos y la economía por los recursos que necesitamos para llevar a cabo su voluntad. Él nos creó para que vivamos de adentro hacia afuera. ¡Dios desea que no dependamos de nadie más que Él!
    ¡En vez de estar sujetos a los problemas de este mundo, nosotros deberíamos obtener de la PALABRA y del Espíritu de Dios que habita en nosotros todas las respuestas!
    A pesar de que lo hemos hecho hasta cierto punto, ni siquiera hemos rasguñado la superficie de los planes que Dios tiene para nosotros, y aquí está el porqué: hemos subestimando en gran manera nuestra capacidad espiritual. Con ayuda del diablo y las ideas religiosas, hemos continuado pensando acerca de nosotros mismos como “sólo humanos”.
    Quizás te preguntes, “¿bueno, acaso no somos humanos?” Sí, pero no somos solamente humanos. Somos coherederos con Jesucristo de Nazaret. Él es tanto humano como divino a la vez. Él es totalmente hombre y totalmente Dios. Como creyentes nacidos de nuevo en Su imagen, somos tal como Él. Tenemos su ADN y Su capacidad espiritual porque: «pues como él es, así somos nosotros en este mundo» (1 Juan 4:17).
    Una vez que entendamos y empecemos a seguir Su ejemplo, podremos hacer lo que Él hizo, y obtener los mismos resultados. Así que vamos a mirar exactamente qué nos dijo en el Nuevo Testamento acerca de Su forma de operar. Él dijo:

    «Nada hago por mí mismo, sino que hablo según lo que el Padre me enseñó» (Juan 8:28).

    «Porque yo no he hablado por mi propia cuenta; el Padre, que me envió, me dio también el mandamiento de lo que debo decir y de lo que debo hablar» (Juan 12:49).

    «Las palabras que yo les hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre, que vive en mí, es quien hace las obras» (Juan 14:10).

    Un día oraba acerca de estos versículos, meditando en el hecho de que tenemos la capacidad de oír y hablar la PALABRA de Dios tal como Jesús lo hizo, y me impactó el hecho de que Él dijo que vivimos por “cada palabra que sale de la boca de Dios”. ¡Cada palabra!
    De repente, comencé a pensar cuántas palabras están incluidas. Leí en alguna parte que existen más de un millón de palabras en el idioma inglés. Cerca de 175.000 están actualmente en uso. El promedio del vocabulario conversacional de una persona oscila entre 75.000 y 80.000 palabras. Me pregunté: ¿Cuántas palabras sabrá Dios?
    Mientras reflexionaba en esa pregunta, el Señor me habló: “Kenneth, podría hablar continuamente una palabra después de otra por toda la eternidad, y nunca repetiría una sola palabra”.
    Eso es maravilloso, ¿no es cierto? ¡Nuestro Dios es GRANDE y tiene mucho que decir! Pero lo que es maravilloso es lo siguiente: fuimos creados a Su imagen, así que si Él puede decirlo, nosotros podemos oírlo. Y si podemos oírlo, esto edificará fe en nosotros. Y si nosotros soltamos esa fe al hablar Sus palabras, Él puede hace que se manifiesten y podemos tener cualquier cosa que Él diga. ¡Nosotros estamos solo una palabra por detrás de Dios!

    Una herencia gloriosa
    Me doy cuenta que para algunos cristianos esto suena como una idea del más allá, algo que se nos ocurrió a nosotros, la gente de la fe. Pero no es así. Este fue el plan de Dios para la humanidad desde el comienzo. De hecho, si lees nuevamente y con una mirada fresca Génesis 1, verás que así fue cómo el hombre fue creado. Entonces dijo Dios: «¡Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza! ¡Que domine!…» (Versículo 26).
    Muchas personas leen ese versículo con la idea de que Dios simplemente estaba diciendo: “Tengo una idea, pienso que deberíamos hacer
    al hombre”.
    Eso no es así.
    Lo que Dios estaba haciendo era continuar el mismo proceso que había comenzado en Génesis 1:3 donde dijo: «“¡Luz, existe!” Y la luz fue» (Esa es la traducción literal de este versículo en el lenguaje hebreo). Dios estaba continuando con el método que había usado en los versículos 6-7 y el 11 donde dijo: «“¡Que haya algo firme en medio de las aguas, para que separe unas aguas de otras aguas!”… “¡Que se junten en un solo lugar las aguas que están debajo de los cielos, y que se descubra lo seco!” Y así fue… “¡Que produzca la tierra hierba verde, hierba que dé semilla, y árboles frutales sobre la tierra que den fruto según su género, y cuya semilla esté en ellos!” Y así fue».
    Dios no estaba solamente comunicando en esos versículos. En realidad, Él (Dios Padre) estaba creando con Sus propias palabras; y Él no estaba operando solo en el proceso. Jesús también estaba involucrado.
    Quizás digas: “¿Qué?, nunca antes he oído eso”.
    Entonces necesitas leer tu Biblia con más cuidado, porque en Juan 1 se identifica a Jesús como: «la Palabra se hizo carne» (versículo 14), y dice: «En el principio ya existía la Palabra. La Palabra estaba con Dios, y Dios mismo era la Palabra. La Palabra estaba en el principio con Dios. Por ella fueron hechas todas las cosas. Sin ella nada fue hecho de lo que ha sido hecho» (Versículos 1-3).
    ¡Esta es la forma en que todo llegó a existir! Dios le dio palabras a Su Hijo, un hombre del futuro, quien las declaró y se transformaron en el universo. Lo mismo pasó cuando Dios creó a Adán. Lo hizo a través de Su Hijo. Tal como Génesis 2:7 dice: «Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, sopló en su nariz aliento de vida y fue el hombre un ser viviente» (RVR1995).
    Debido a que la traducción en español de este versículo dice “sopló” en la nariz, es fácil para los cristianos tener una imagen errónea de lo que sucedió en ese momento. Tendemos a imaginar que Dios sopló en la nariz de Adán inflándolo como si fuera un globo. Pero eso no es cómo lo dice el hebreo original. En hebreo, la palabra traducida como sopló también significa espíritu; podríamos traducir ese versículo con mayor fidelidad de esta manera: “El Señor espiritualizó el espíritu de vida dentro del cuerpo del hombre”.
    Como Jesús dijo: «Las palabras que yo les he hablado son espíritu y son vida» (Juan 6:63), entonces esto es lo que realmente pasó en Génesis 2:7: Dios y Jesús estaban en el Jardín del Edén, sosteniendo por sus hombros el cuerpo sin vida de Adán, lánguido y descolorido. Jesús está mirando ese cuerpo cara a cara, ya que este cuerpo tiene la misma forma y tamaño que Jesús. Ha sido creado para lucir exactamente como Él en todo aspecto, ya que ha sido diseñado para seres que   reinarán en la Tierra, bajo el mandato de Dios.
    De repente, Dios provee la palabra y Jesús la declara: “¡Hombre, se a nuestra imagen, y ten dominio!” Entonces, el Espíritu Santo que ha estado revoloteando sobre el cuerpo inanimado de Adán entra en acción, provocando que esa palabra se cumpla, y como la Biblia hebrea lo define: “el hombre se convirtió en un espíritu viviente que habla, tal como Dios”.
    ¡Qué comienzo más glorioso! Esta es nuestra herencia. Esto es para lo que tú y yo fuimos creados por Dios. Fuimos creados para ser como Él, lucir como Él, tener una relación personal con Él, y co-crear con Él siguiendo Su ejemplo y usando el mismo proceso que Él usó para crearnos —escuchando, creyendo y declarando las palabras de Dios—.

    Como si nunca hubiéramos pecado
    Por supuesto, el diablo y la religión no te dirán esto; te dirán lo contrario. Tratarán de degradarte y burlarse de ti porque tú eres solamente humano. Te dirán: “No eres nada más que un gusano bueno para nada”.
    Pero no eres un gusano, y yo tampoco lo soy. ¡Nosotros somos de la especie de Dios! Somos verdaderamente hijos e hijas de Dios tanto como Jesús mismo. Como 1 Juan 3:1 dice: «Miren cuánto nos ama el Padre, que nos ha concedido ser llamados hijos de Dios». Y la Biblia Amplificada lo ratifica así: “Y lo somos”.
    Pero hermano Copeland, ¿Qué pasa con el pecado? ¿Qué pasa con la caída del hombre y la maldición?
    Jesús ya solucionó todo eso por nosotros. El pagó el precio para que la gracia de Dios pudiera abundar hacia nosotros y Él pudiera tratarnos como si nunca hubiéramos pecado. Por esta razón, el apóstol Pablo pudo escribir estas emocionantes palabras en el Nuevo Testamento: «De modo que si alguno está en Cristo, ya es una nueva creación; atrás ha quedado lo viejo: ¡ahora ya todo es nuevo! Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo a través de Cristo y nos dio el ministerio de la reconciliación» (2 Corintios 5:17-18,21).
    ¿Lo puedes ver? Cuando naciste de nuevo a ti te ocurrió lo mismo que a Adán cuando Dios dijo: “¡Hombre, se a nuestra imagen y ten dominio!” La única diferencia es que en esta ocasión tú estuviste involucrado en el proceso. Recibiste a Jesús al escuchar, creer y declarar las palabras de Dios. En respuesta a esto, el Espíritu Santo —que estaba revoloteando sobre tu cuerpo tal como una vez revoloteó sobre el cuerpo de Adán— entró en acción, y un nuevo hombre nació en tu interior. Las cosas viejas pasaron, todas las cosas se hicieron nuevas y tú fuiste re-creado a la misma imagen de Jesús. Su Espíritu cobró vida en tu interior y recibiste la capacidad de escuchar, y vivir por cada palabra que procede de la boca de Dios.
    ¡Esto es lo que le pasó a Kenneth Begishe! Fue salvo y escuchó lo que Dios dijo acerca de crear una iglesia llena de indios Navajo que creyeran LA PALABRA. Cuando el escuchó esa palabra, la fe brotó de su corazón y el hizo un cartel, y lo clavó en el medio de la nada. En esencia, él dijo: “Iglesia White post, existe”.
    Por supuesto, el Espíritu Santo se movió e hizo que la palabra sucediera, y poco tiempo después una iglesia estaba en ese terreno que una vez fue tierra vacante. Donde no existía nada más que ratas de arena, la PALABRA de Dios ahora es predicada, la gente es salva y próspera. Esas son la clase de cosas que pasan cuando los creyentes empiezan a vivir de adentro, hacia afuera.

  • ¡Cree que recibes tu SANIDAD! – por Gloria Copeland

    Ahora mismo puedes hacer tu decisión de vivir en salud divina, de la misma manera en la que tomaste tu decisión de aceptar a Jesús como Salvador. Primero, debes decidir estar sano. Luego, debes creer que has recibido la sanidad en tu cuerpo.
    Así como la Salvación se ofrece a “cualquiera” que la acepte (Juan 3:16), también la sanidad es ofrecida a todos lo que crean que está a su disposición.
    La palabra griega sozo que encontramos en Romanos 10:9 traducida como “salvo”, es la misma palabra traducida como “sano” en los evangelios. En Marcos 5:23, Jairo le pidió a Jesús: «…con mucha insistencia: “¡Ven que mi hija está agonizando! Pon tus manos sobre ella, para que sane (sozo) y siga con vida”». También vemos en Mateo 9:22 que a la mujer con el sangrado Jesús le dijo: «¡Ánimo, hija! Tu fe te ha sanado (sozo)» (NVI).
    Al resucitar de entre los muertos, Jesús compró sanidad para tu espíritu, tu alma y tu cuerpo. Has sido hecho completo.
    Ahora mismo por fe, confiesa a Jesús como tu sanador de la misma manera que lo hiciste el Señor de tu vida. Haz que Jesús sea el Señor sobre tu cuerpo de acuerdo con Romanos 10:10 que dice: «Porque con el corazón se cree para alcanzar la justicia, pero con la boca se confiesa para alcanzar la salvación».
    Haz de esta oración tu confesión: “De acuerdo con la Palabra de Dios, confieso con mi boca que Jesús es el Señor. Lo confieso ahora como mi sanador. Lo hago el Señor sobre mi cuerpo. Creo en mi corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos. Desde este momento mi cuerpo es salvo, sano, liberado y hecho completo.”

    Mantente Firme
    Ahora, resiste la tentación de estar enfermo de la misma manera que resistes la tentación de pecar. Esto te puede sonar muy simple, pero funciona porque la Palabra dice: «Por lo tanto, sométanse a Dios; opongan resistencia al diablo, y él huirá de ustedes» (Santiago 4:7).
    Satanás es la fuente de la enfermedad. Cuando trate de poner enfermedades en tu cuerpo, rehúsate a aceptarlas en el Nombre de Jesús, porque la enfermedad va en contra de la voluntad de Dios para tu vida. Cuando identifiques el pensamiento más pequeño de enfermedad que satanás esté tratando de sembrar, busca 1 de Pedro 2:24 y lee en voz alta lo que Jesús ha hecho por ti: «Él mismo llevó en su cuerpo nuestros pecados al madero, para que nosotros, muertos ya al pecado, vivamos para la justicia. Por sus heridas fueron ustedes sanados».
    Recíbelo por fe y agradécele a Dios que por las heridas de Jesús has sido sanado.
    La Biblia nos dice: «Manténganse, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no se sometan otra vez al yugo de la esclavitud» (Gálatas 5:1). Tu puedes disfrutar de salud divina con Jesús como tu sanador por medio de Su Nombre, Su Palabra y Su Espíritu. ¡Éso es verdadera libertad!
    Pero para obtener resultados, debes creer que recibes cuando oras — no después que te sientas, o estés bien. Tienes que ser como Abraham: «su fe no flaqueó al considerar su cuerpo». En su lugar, consideró lo que Dios le dijo (Romanos 4:19-20).
    Después de que has creído que recibes, los síntomas de la enfermedad pueden continuar, pero ese es el momento en el que debes mantenerte firme, sin temor, confesando la Palabra. «Por lo tanto, no pierdan la confianza, que lleva consigo una gran y gloriosa recompensa. Lo que ustedes necesitan es tener paciencia y resistir; para que, una vez que hayan hecho la voluntad de Dios, reciban [y disfruten por completo] lo que él ha prometido darnos» (Hebreos 10:35-36, AMP).
    No permitas que esa confianza inamovible en Dios te sea arrebatada por satanás. Estás caminando por fe y no por vista.

    Ponte de acuerdo con la Palabra
    E.W. Kenyon enseña que existen tres testigos en recibir la sanidad: La Palabra, el dolor o la enfermedad, y tú.
    Tú eres el factor decisivo. Si unes tu confesión con el dolor, estarás pasando por alto la Palabra que dice que has sido sanado. Si unes tu confesión con la Palabra, habrás pasado por alto el dolor.
    La Biblia nos enseña que una cosa es establecida mediante dos testigos. La decisión está en ti. Te puedes poner de acuerdo con el dolor para que la enfermedad sea la que mande. O te atreves a ponerte de acuerdo con la Palabra, para que la sanidad sea establecida. Tus circunstancias copiarán a tus acciones y tu confesión.
    Firme y pacientemente reconoce que la Palabra de Dios no falla. Rehúsate a andar por lo que ves, y muévete únicamente por la Palabra, y por tu confesión de Jesús como Sanador.
    La Palabra cambiará lo que ves.
    Satanás tratará de decirte que no eres salvo. Sus síntomas de dolor o enfermedad te sugerirán que no has sido sano. No caigas en sus mentiras. Al contrario, mantente firme en el conocimiento de la Palabra de Dios, creyendo que has recibido.

    Ponte en posición para recibir
    La misericordia de Dios se derrama de acuerdo con Su pacto, la Palabra. Dios se ha atado a sí mismo a Su Palabra, y debido a esto, sólo puede moverse libremente hacia aquellos que se ubican a sí mismos en una posición receptiva. Al actuar en la Palabra te colocas en esa posición.
    Jesús le dijo a un hombre de la nobleza cuyo hijo estaba a punto de morir: «…tu hijo vive». Y ese hombre creyó en lo que Jesús le dijo, y se fue». La Biblia dice que el niño comenzó a estar mejor a la hora en que Jesús dijo «Tu hijo vive» (Juan 4:46-53).
    Cuando crees que recibes tu sanidad, puedes ser sano instantáneamente, o es posible que tengas que actuar en el pacto de sanidad, a pesar de que tu cuerpo no se sienta sano. Una cosa de la que tienes conocimiento es: Cuando crees que recibes, la sanidad comienza a tomar lugar en tu cuerpo. Dios no puede mantener Su pacto sin sanarte — si tú has cumplido con las condiciones de ese pacto.
    Estás aprendiendo a moverte por la Palabra de Dios, en lugar de lo que ves y sientes. Así es como funciona la fe. Te estás transformando en ese hombre o esa mujer de fe que has anhelado ser.
    Tu fe se fortalece a medida que la usas para actuar en la Palabra de Dios.
    A medida que aprendes a mantenerte en contra de satanás y sus síntomas, verás que cada vez se hace más fácil. Pero, no existe una fórmula efectiva a menos que continuamente ejerzas la fuerza de la fe a través de la alimentación en la Palabra.
    Si lo haces, llegará un momento en el cual simplemente irás a 1 de Pedro 2:24 para reforzar la Palabra de que fuiste sanado y agradecerle a Dios por su Palabra de sanidad, y luego continuarás en tu día. Haz tu decisión de estar bien. ¡Cree que recibes!

  • Alcanzando lo Sobrenatural – por Dennis Burke

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    A dondequiera que vamos se nos enseña como ser buenas personas desde un punto de vista natural: Nos enseñan cómo tratarnos los unos a los otros. Cómo ser amables con nuestro cónyuge, y cómo ser personas íntegras.
    Todo eso está bien y es muy provechoso, pero, a veces necesitamos ir más allá de lo natural. Necesitamos ayudar a las personas a que descubran cómo escuchar al Espíritu Santo, y cómo responderle a Dios.
    ¡Necesitamos ayudarlas a alcanzar lo sobrenatural!

    Hace unos meses, Dios me usó para ayudar a una pasajera de un vuelo que se dirigía hacia Australia a tener un encuentro sobrenatural. El vuelo era largo, así que me levanté para ejercitar mis piernas. En la parte trasera del gran avión jumbo Airbus A380, había una cocina en donde un grupo de personas se habían reunido. En ese lugar, una señora y yo entablamos una conversación:
    ¿De dónde eres?, me preguntó.
    Soy de Texas, le respondí.
    No suenas como alguien de Texas.
    Bueno, es algo confuso. Nací en California, pero ahora vivo en Texas, le contesté.
    Luego, le pregunté: — ¿Y tú, de dónde eres?
    Vivo en Australia, pero crecí en Rusia.
    Lo imaginé, pues la señora tenía un acento ruso muy fuerte.
    Hablamos durante uno o dos minutos, cuando de pronto ella se puso muy seria y me dijo:
    Tienes la energía más pura y blanca que jamás haya visto.
    Ella captó mi atención.
    Y me dijo: «Tengo un don. Vivo en un pueblo pequeño, y muy a menudo las personas me visitan para que les haga un diagnóstico. Puedo ver oscuridad en ciertos órganos de sus cuerpos, y el nivel de energía». Luego, entrecerró sus ojos, y me dijo: «Pero nunca había visto nada tan fuerte».
    Después se quedó como si estuviera congelada.
    «Algo de gran importancia te sucedió en 1971. ¿Tu padre murió?».
    «No» le respondí.
    Y ella insistió: «Algo… algo muy dramático te sucedió».
    Yo sabía que esa señora había estado consultándole a los demonios mientras conversábamos; sin embargo, yo no estaba asustado.
    Después de unos momentos le dije: «Sé exactamente de qué estás hablando. Hay una “energía pura y blanca” en mi interior. Es algo que tú jamás has visto». Luego, aproveché la oportunidad para presentarle la verdadera fuente de energía.
    Finalmente, la señora admitió que en el pasado oraba a Dios, sin embargo, nunca supo con exactitud a quién le estaba hablando.
    Le dije: «Bueno, yo sé con quién quieres hablar. Yo he hablado con Él durante muchos años. Y sí tienes razón, en 1971 algo muy importante sucedió en mi vida. Ése fue el año en el que hice a Jesucristo el Señor de mi vida». Y luego le dije: «Él es al que has estado buscado durante toda tu vida. Él es la respuesta, y la energía “pura y blanca” que tú ves. Y no existe otra forma de recibir este tipo de vida, sólo a través de Jesucristo».
    Mientras conversábamos, la vida estaba confrontando a la muerte, ¡y yo participaba de esa acción! Alabado sea Dios, tuve la oportunidad de presentarle el regalo de la gracia a esta señora que estaba tan perdida, y no lo estaba haciendo solo. El Espíritu Santo anhela que cada creyente se convierta en un espíritu dador de vida que alcanza lo sobrenatural, e imparte el regalo de la gracia. No importa si somos pastores, ministros o personas comunes; todos pertenecemos al ejército del reino de Dios. Ése es nuestro privilegio, y nuestro trabajo.

    Cuando David alcanzó la eternidad
    Déjame mostrarte un ejemplo de esa impartición de gracia en la Biblia. En 2 Samuel 12, el profeta Natán llegó con David para confrontarlo por el pecado que había cometido con Betsabé. Basados en el Antiguo Testamento, para David y Betsabé no había perdón (Deuteronomio 22:22). La ley ordenaba que los líderes de Israel tomaran a David y lo sacaran a las afueras de la ciudad para apedrearlo hasta que muriera. Pero, David le suplicó a Dios pidiéndole perdón, y Él lo perdonó (Salmos 51).
    David vio algo en Dios que el pueblo de esa época no había descubierto en Él. Se dio cuenta que Dios estaba más interesado en perdonar, que en castigar, que estaba más interesado en libertar, que en destruir. Y Natán fue el canal para que David entrara a la dimensión sobrenatural, y encontrara la gracia de Dios. Luego, David entró a la presencia de Dios y descubrió que si confesaba su pecado ante Dios —si lo ponía ante el altar, sin hacer de esto un juego — entonces se le daría acceso a su libertad.
    Y en vez de morir, David se convirtió en el rey más poderoso que Israel haya conocido hasta que Jesús llegó como el Rey de reyes. David entendió algo que no se había entendido en la época en la que vivía. Literalmente, entró en el Nuevo Pacto —el Pacto que Jesús nos dio— a través de la gracia y el perdón, y lo recibió para su vida de manera sobrenatural.
    En 1 Crónicas 17, David experimentó otra impartición sobrenatural. Y una vez más, vemos que Natán fue el instrumento que Dios usó. Natán se acercó a David para hablar con él, respecto al tema de edificarle una casa a Dios. David había visto los templos que las naciones cercanas habían construido para sus dioses demoníacos y quiso construirle una casa a Dios para avergonzarlos. Eso parecía una buena idea, sin embargo, Dios nunca había pedido por una casa. Así que envió al profeta Natán para corregirlo, y para revelarle Su plan, que consistía en una casa mejor —Jesús—.
    «…Te hago saber también que yo, el Señor, te edificaré una casa. Cuando llegue el momento de que te reúnas con tus antepasados, yo haré que uno de entre tus hijos se levante para sucederte, y también afirmaré su reinado. Él me edificará casa, y yo confirmaré su trono para siempre. Yo seré su padre, y él será mi hijo, y jamás le negaré mi misericordia, como se la negué a quien reinó antes de ti; más bien, lo confirmaré en mi casa y en mi reino para siempre, y para siempre se afirmará su trono»
    (1 Crónicas 17:10-14).

    Nota la importancia del asunto.
    Dios le dijo a David, un hombre bajo pacto, un hombre que caminaba en revelación y en perdón, que Él establecería una nueva clase de reino. Dios nunca le había dado a conocer la promesa del Mesías a nadie como se la reveló a David. Y él reconoció la importancia de lo que Dios le había dicho. Había un trono, y éste vendría a través de su familia.
    David quedó abrumado por la promesa que el Señor le había dado. Alcanzó a ver en el ámbito de la eternidad que otro reino vendría, el cual sería el comienzo de otra raza humana, una especie que ayudaría a las demás personas a entrar en lo sobrenatural e impartir el don
    de la gracia.

    Acepta tu posición en la nueva raza
    El apóstol Pablo se dio cuenta de esa verdad en 1 Corintios 15:45: «Así también está escrito: «El primer hombre, Adán, se convirtió en un ser con vida»; y el postrer Adán, un espíritu que da vida». El último Adán pertenece a la misma línea de la familia que Dios le anunció a David. David había visto que Dios haría algo sobrenatural por medio de un hombre, algo que va más allá de la capacidad humana. David vio una nueva raza.
    ¡Tú y yo somos esa raza! Somos una nueva creación en Cristo. No sólo fuimos perdonados, sino que ahora no estamos definidos por nuestro color de piel, nuestra etnia o nuestra historia. Por el contrario, Dios nos diseñó para ser espíritus dadores de vida, y que guían a los demás hacia lo sobrenatural. Debemos impactar a las personas a través de las palabras que hablamos, las oraciones que hacemos, y las cosas que Dios nos da. No solamente somos responsables de ser mejores personas o de tener una vida mejor y feliz; estamos llamados a edificar cosas para Dios.
    En 1 Pedro 4:10, leemos: «Ponga cada uno al servicio de los demás el don que haya recibido, y sea un buen administrador de la gracia de Dios en sus diferentes manifestaciones».El comentario del Nuevo Testamento de J.B. Phillips traduce este versículo de la siguiente manera: “Sírvanse los unos a los otros con el don particular que Dios les ha dado a cada uno de ustedes, como fieles distribuidores de la multiforme gracia de Dios”.
    La gracia de Dios abarca muchas áreas: La sanidad, los negocios, la predicación, y mucho más. Así como un diamante tiene diferentes cortes, cada corte tiene su propia faceta. Aunque todo el diamante es hermoso, cada faceta es diferente. Y algo similar sucede con nosotros, todos somos diferentes y debemos servirnos los unos a los otros con el don que se nos ha dado. Así es la gracia de Dios —y como ese versículo lo indica, nosotros somos distribuidores de esa gracia—.
    El favor de Dios está en nuestro interior para que sea revelado a través de nosotros y a través de los dones del Espíritu Santo.  2 Corintios 8:7 dice: «Por lo tanto, ya que ustedes sobresalen en todo, es decir, en fe, en palabra, en conocimiento, en todo esmero, y en su amor por nosotros, sobresalgan también en este acto de amor». Cada creyente debe crecer en los dones de la gracia para convertirse en una herramienta efectiva en las manos
    del Maestro.
    Todos necesitamos tomar y aceptar esta revelación, y permitirle al Espíritu Santo que lleve a cabo Su obra por medio de nuestra vida. Tenemos una tarea — usar los dones de la gracia de Dios para cambiar vidas para Su gloria. ¡Estamos aquí para ayudar a las personas a entrar a lo sobrenatural, y así ser distribuidores de la gracia
    de Dios!

  • CONSEJOS PRÁCTICOS: Atrapa la Visión

    Al igual que un mariscal de campo está siempre listo para lanzar un pase y ganar el juego, Dios siempre está buscando un receptor. Él está buscando creyentes que atrapen Su visión para sus vidas y corran con ella. Tú puedes ser uno de esos creyentes. Puedes cruzar la meta de la vida habiendo cumplido Su plan para tu vida. Éstos son algunos consejos que te ayudarán a lograrlo:

    1) Dios quiere hacer grandes cosas para ti.
    2 Crónicas 16:9: «Los ojos del Señor están contemplando toda la tierra, para mostrar su poder a favor de los que mantienen hacia él un corazón perfecto».

    2) Él quiere revelarte una visión divina para tu vida.
    Proverbios 29:18: «Cuando no hay visión, el pueblo se desvía; ¡dichoso aquél que obedece la ley!».

    3) Busca a Dios hasta que puedas ver Su visión para tu vida.
    Mateo 7:7: «Pidan, y se les dará, busquen, y encontrarán, llamen, y se les abrirá».

    4) Hallarás más de esa visión en la Palabra escrita de Dios.
    Salmos 119:105: «Tu palabra es una lámpara a mis pies; ¡es la luz que ilumina mi camino!».

    5) Aférrate a la visión que encuentres en la Palabra de Dios y ésta se cumplirá.
    Habacuc 2:3: «La visión va a tardar todavía algún tiempo, pero su cumplimiento se acerca, y no dejará
    de cumplirse. Aunque tarde, espera a que llegue, porque vendrá sin falta. No tarda ya».

  • Atrapa la Visión – por Gloria Copeland

    blog

    Normalmente, no soy aficionada al fútbol americano, pero hace varios años miré una parte del juego del Super Bowl que jamás olvidaré.
    Los Rams de St. Louis estaban jugando contra los Titans de Tennessee. En los últimos dos minutos del juego, con el marcador empatado, el mariscal de campo de los Rams, Kurt Warner (quien por cierto, es un creyente), retrocedió y lanzó la pelota. En una fracción de segundo observó todo el campo, buscando un receptor. Y como era de esperar, encontró a Isaac Bruce (¡otro creyente!) en posición, listo para atrapar la pelota y correr. Warner lanzó el pase, Bruce lo atrapó, y corrió para anotar.
    Ése fue un gran momento para los Rams, pero también fue un gran momento para mí porque recibí una revelación del Señor que desde entonces he venido enseñando. De pronto, me di cuenta más claro que nunca que Dios siempre está buscando un receptor. Él tiene una bodega celestial llena de riquezas, una Biblia que rebosa con promesas, un corazón lleno de planes maravillosos; y Sus ojos siempre: «están contemplando toda la tierra, para mostrar su poder a favor de los que mantienen hacia él un corazón perfecto» (2 Cronicas 16:9).
    Así como Kurt Warnes buscaba a Isaac Bruce, Dios busca a creyentes que en fe alcancen y tomen todo lo que Él ya ha provisto. Él está buscando personas que se aferren a Su visión para sus vidas, que corran con ella y que crucen la meta como los ganadores que Él creó.
    El problema es que ese tipo de creyentes no son tan fáciles de encontrar. Aunque hay multitudes de cristianos en el campo del juego de la vida, muchos de ellos no se han colocado en posición para recibir. En lugar de tener sus manos en el aire y sus ojos en la pelota, deambulan sin rumbo, diciendo: “Yo me imagino que Dios hará lo que quiera hacer con mi vida. Pues todo depende de Él”.
    Aunque tengan buenas intenciones, están tomando una postura equivocada. Dios ya nos dijo en Su Palabra lo que quiere hacer por nosotros. Él quiere sanarnos, prosperarnos, quiere que seamos BENDECIDOS y que seamos una BENDICIÓN para los demás. Él quiere cumplir todos los sueños que ha depositado en nuestro corazón.
    Sin embargo, no puede llevar a cabo nada de esto sin nuestra cooperación. Dios necesita que hagamos nuestra parte.
    Si deseas saber lo importante que es para nosotros cumplir con lo que nos toca, piensa en cómo habría terminado el Super Bowl si Isaac Bruce no hubiera cumplido su parte ese día. Qué habría pasado si no hubiera prestado atención o si hubiera puesto sus manos sobre sus ojos, y hubiera dicho: “Simplemente no soy digno de ganar el Super Bowl. Creo que no lo merezco. No me veo ganándolo”.
    Te diré lo que habría ocurrido. Los Rams hubieran perdido el juego.
    Personalmente, no me gusta perder cuando juego, ¿y a ti? Y más aun cuando se trata de este importante juego llamado vida; deseo terminarlo siendo una ganadora. Por tanto, hace mucho tiempo, decidí que iba a atrapar la visión que Dios tiene para mí. Y además, voy a sujetarla bien, pues de acuerdo con la Biblia, esa visión es necesaria para obtener la victoria.
    Así como dice en Proverbios 29:18: «Cuando no hay visión, el pueblo se desvía; ¡dichoso aquél que obedece la ley!».
    La palabra visión en este versículo, se refiere especificamente a una imagen interna que proviene del Señor. La Biblia Amplificada la describe como una: “relevación redentora de Dios”. Ésa es una revelación tan clara y real que, como lo describe la definición hebrea, puede ser: “contemplada mentalmente, percibida, o mirada con atención”.
    Para nosotros, como creyentes, tener este tipo de visión divina es vitalmente importante. Si queremos disfrutar de todos los beneficios maravillosos que Jesús compró para nosotros con Su muerte y Su resurrección, debemos tener una imagen de esa visión en nuestro interior —una imagen interior que podamos ver todo el tiempo— de las promesas y del plan de Dios cumpliéndose en nuestra vida.
    Si no la tenemos, aunque vayamos al cielo cuando muramos, nuestra vida sobre la Tierra no será todo lo que Dios estableció que fuera. Mucho de lo que Él destinó que hagamos y disfrutemos, perecerá. En hebreo, el término perecer significa, entre otras cosas: “Desestimar o arruinar, soltar y permitir que algo se resbale entre los dedos”.

    Dios no te enviará un telegrama
    Quizá digas: “Pero Gloria, ¡no sé cuál sea la visión de Dios para mi vida! No estoy seguro de cuáles son Sus planes específicos para mi vida”.
    Entonces, haz algo al respecto. No te quedes esperando que Dios te envíe un telegrama o un paquete por correo con las instrucciones adentro. Búscalo y descubre qué tiene reservado para ti. Invierte tiempo en oración, asistiendo a la iglesia y a las reuniones de creyentes donde el Espíritu Santo se mueve, y escucha lo que Dios está diciéndole a tu espíritu. Dale la oportunidad de iluminarte e indicarte qué dirección debes ir.
    Lo más importante es que inviertas tiempo en la Palabra escrita de Dios. Descubrirás gran parte de tu visión divina escrita justo allí. La Palabra está llena de buenas noticias acerca de todas las BENDICIONES que te pertenecen por medio del plan de redención. Además, a través de la Palabra escrita descubrirás cómo vivir y aprenderás qué debes hacer para conectarte con Sus planes únicos para tu vida.
    A lo mejor pienses: “Si eso es cierto ¿por qué hay tantos cristianos que leen la Biblia, y aún divagan sin una visión? ¿Por qué no reciben de manera abundante las bendiciones de Dios?”
    Porque para beneficiarse de la Palabra de Dios, tienes que hacer más que sólo leerla. Debes creerla y obedecerla. De otro modo, actuarás igual que las multitudes incrédulas que escucharon las parábolas de Jesús. Ellos jamás obtuvieron nada de aquellas enseñanzas, pues como Jesús dijo: «Otra parte cayó entre las piedras, donde no había mucha tierra, y pronto brotó, porque la tierra no era profunda» (Mateo 13:15).
    Esas personas habían endurecido su corazón a la Palabra de Dios por su propia incredulidad y desobediencia. Como resultado, perdieron su visión espiritual. Perdieron su habilidad para percibir y recibir lo que Dios intentaba mostrarles. Por tanto, no pudo sanarlos, ni restaurar todo aquello que faltaba en sus vidas.
    ¡Jamás caigas en esa condición! Mantén tus ojos y tus oídos espirituales abiertos, no sólo ocupándote de la Palabra, sino también creyendo y actuando conforme a lo que Dios te dice a través de ella. Si lo haces, Jesús podrá afirmar de ti lo mismo que dijo de Sus primeros 12 discípulos hace 2.000 años: «…a ustedes se les concede entender el misterio del reino de los cielos… dichosos los ojos de ustedes, porque ven; y los oídos de ustedes, porque oyen» (versículos 11, 16).

    A receptores diferentes, resultados diferentes
    Una vez que obtengas la visión de Dios para algún área de tu vida, puedes comenzar a llevarla a cabo. Pero a medida que lo hagas, tendrás que recordar el ejemplo que te dio Isaac Bruce. Cuando él atrapó ese pase tan importante y lo llevó hasta la zona de anotación, los miembros del equipo contrario hicieron lo imposible para quitarle la pelota. Sin embargo, él no se los permitió. Sin importar lo que sucedía, él se aferró al balón.
    Tú y yo debemos actuar de la misma manera si vamos a cruzar la meta como ganadores. Necesitamos aferrarnos a la visión que Dios nos ha dado, mantenerla firme en nuestro corazón y negarnos a que se nos escape.
    Es allí donde muchos receptores espirituales se descuidan y pierden la visión. Cuando el diablo los presiona, ellos pierden el control de su visión. Ellos permiten que el enemigo se las robe antes de que se cumpla en sus vidas.
    Jesús nos advirtió acerca de ello en Mateo 13:3-8, en la parábola del sembrador. Allí, se compara la Palabra de Dios con la semilla que siembra un granjero en cuatro diferentes tipos de suelo:

    “Un sembrador salió a sembrar. Y mientras sembraba, algunas semillas cayeron a la orilla del camino, y las aves vinieron y se las comieron. Otras semillas cayeron en suelo rocoso, donde no había buena tierra; y de una vez florecieron; debido a que no tenían profundidad en el suelo. Pero cuando el sol salió, se quemaron; y como no tenían raíz, se secaron y se marchitaron. Otras semillas cayeron entre las espinas, y las espinas crecieron y las ahogaron. Otras semillas cayeron en buena tierra, y produjeron granos —algunas, hasta cien veces más de lo que fueron sembradas; algunas sesenta veces más y otras treinta veces más—” (AMP).

    Las diferentes clases de tierra en esta parábola representan cuatro grupos de personas. Cada grupo tenía la misma oportunidad de ser BENDECIDO porque la Palabra llegó a todos ellos. Pero debido a que cada grupo recibió la Palabra de manera diferente, no obtuvieron los mismos resultados.
    El primer grupo permitió que el diablo devorara la Palabra de inmediato. Ésa es la clase de personas que escuchan lo que se enseña en la Biblia, y en lugar de recibirla, la rechazan. Como resultado, no reciben nada de ella. Ni una sola cosa.
    El segundo grupo de personas recibió la Palabra y se regocijó en ella momentáneamente, pero en realidad no permitió que se arraigara. Entonces: “cuando la aflicción, los problemas o la persecución [vino] a causa de la Palabra” (versículo 21, AMP) el diablo pudo convencerlos de que las promesas de Dios jamás serían una realidad en su vida, y su fe en la Palabra flaqueó. Su visión divina se marchitó y murió.
    Si se lo permites, el diablo usará la misma artimaña contigo. Por esa razón, debes determinar en tu interior que te aferrarás a las promesas de Dios. Y también, depender con firmeza de lo que Dios te dice acerca de tu llamado divino y tus sueños.
    Estos llamados y sueños no se cumplen de la noche a la mañana. A menudo toman tiempo.
    Quizá hace 30 años, Dios te dio una visión acerca de algo que Él tiene reservado para ti, y puede ser que aún no se haya cumplido; sin embargo, eso no debe desanimarte. Sólo continúa confesándolo y creyéndolo. Sigue aferrándote a ello y no lo dejes ir.
    El tiempo es muy importante para Dios, y es posible que aún no sea el tiempo para que esa visión en particular se cumpla. Pero si renuncias a ella, perecerá y jamás la verás cumplirse. Te perderás de vivir una preciosa parte del plan de Dios para tu vida.
    Por tanto, ¡no te rindas! En lugar de eso, sigue buscando a Dios a diario. Sigue obedeciendo Su Palabra y obedece los consejos de Su Espíritu. Un día de éstos, darás un pequeño paso de obediencia y, aun sin darte cuenta, estarás dentro de la siguiente fase del plan de Dios para tu vida.
    ¿Quién sabe qué podría pasar? Quizá Dios te guíe a ir a alguna cafetería y termines conociendo al hombre que será el esposo que Él te prometió. Te puede decir que llames a alguien que no has visto en mucho tiempo y, gracias a esa conversación, termines teniendo la oportunidad del negocio de tus sueños.
    Como creyentes, debemos vivir cada día con los oídos de nuestro corazón sintonizados con Dios, escuchándolo hablar aun acerca de aquellas cosas que aparentemente son insignificantes, pues no sabemos qué bendiciones puedan esperarnos como consecuencia de nuestra obediencia.

    Ten cuidado con las espinas
    El tercer grupo de personas en la parábola del sembrador de Jesús, recibió la Palabra y se aferró a ella. Sin embargo las espinas, las cuales representan «las preocupaciones de este mundo y el engaño de las riquezas», ahogaron la Palabra para que no pudiera dar fruto (versículo 22).
    Pienso que en este punto es donde muchos cristianos llenos del espíritu se apartan del camino. Ellos tienen demasiadas cosas qué hacer; enfrentan demasiadas exigencias en el hogar, en el trabajo y aún en la iglesia, y permiten que estas cosas ahoguen su tiempo para la Palabra. Dejan que las preocupaciones e inquietudes de este mundo sofoquen su visión divina.
    No permitas que eso te suceda. Pelea por ese tiempo de comunión con Dios. Deshazte de las cosas de tu vida que están estorbando tu comunión con Él. Y coloca a Dios y a Su Palabra en tu agenda todos los días. Mientras más atención le prestes a Dios, más podrá actuar en tu vida. Entre más te enfoques en Él y en Su Palabra, más profunda será en tu corazón la raíz de la visión que Él tiene para ti.
    Tu corazón es una buena tierra para esa visión divina; sabe qué hacer con la Palabra de Dios y cómo procesarla. Si depositas la Palabra en tu corazón y la mantienes allí, regándola y protegiéndola, al final verás tu cosecha —“primero la hoja, luego la espiga, después el grano de la espiga” (Marcos 4:28, AMP)—.
    Y al final, te convertirás en uno de esos receptores de los que Dios me habló ese día durante el Super Bowl. Atraparás la visión de Dios y correrás con ella… hasta cruzar triunfante la meta de la vida.
    Al igual que un mariscal de campo está siempre listo para lanzar un pase y ganar el juego, Dios siempre está buscando un receptor. Él está buscando creyentes que atrapen Su visión para sus vidas y corran con ella. Tú puedes ser uno de esos creyentes. Puedes cruzar la meta de la vida habiendo cumplido Su plan para tu vida. Éstos son algunos consejos que te ayudarán a lograrlo:

  • EL puente ya está construido – por Kenneth Copeland

    puente

    El 20 de Julio de 2014, a las 6:50 a.m., mi querido amigo de tantos años, el obispo Tony Palmer, partió de esta Tierra para estar con Jesús, nuestro SEÑOR y Salvador.

    Mientras estuvo en la Tierra, el ministerio y la unción de Tony y su esposa Emi se convirtieron en un puente para el Cuerpo de Cristo entre Católicos y Protestantes. Tony tuvo un gran impacto en el mundo de la Renovación Católica.  Y en ese rol, al ministrar y enseñar la PALABRA de fe en Argentina, conoció y se convirtió en uno de los amigos cercanos del Cardenal Bergoglio. Su amistad creció y se hizo cada vez más fuerte, hasta que llegaron a ser más que amigos. Se transformaron en un Padre e hijo espirituales en el SEÑOR. Más adelante, el Cardenal Bergoglio se convirtió en el Papa Francisco.
    Este año, en el mes de Enero, Tony trajo un video con un saludo personal de parte del Papa Francisco a nuestra conferencia anual de Ministros en Fort Worth, Texas. Este fue un momento maravilloso y de gran unción en nuestras vidas. Tony estaba siendo EL PUENTE.

    Después, Tony regresó a Roma con un video (ambos videos tomados con su celular) de parte nuestra para el Papa. El Papa Francisco respondió a nuestro mensaje con una invitación personal para mí y otras 7 personas: James y Betty Robison, el Dr. Geoff  Tunnicliffe, el Dr. Brian Stiller, Thomas Schirrmacher, y John y Carol Arnott. Gracias a Tony, todos nosotros vivimos una de las experiencias más maravillosas de nuestras vidas. SE CONSTRUYÓ EL PUENTE, y compartimos en la Gloriosa presencia de nuestro SEÑOR y Salvador,  quien estaba muy complacido. Al fin, Su oración y poderoso mandato celestial de Juan 17:21 empezó a tomar forma de acuerdo con Efesios 4:13.

    Juan 17:21
    «Para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que
    el mundo crea que tú
    me enviaste».

    Efesios 4:13
    «Hasta que todos lleguemos a estar unidos por la fe y el conocimiento del Hijo de Dios; hasta que lleguemos a ser un hombre perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo».

    La unidad de la fe —no de las doctrinas—. Nuestras doctrinas difieren. Pero, ¡Nuestra fe está cimentada
    en Jesús de Nazaret, el Hijo del Dios Viviente!

    ¡Sabemos que el diablo es responsable del ataque a la vida de Tony! El trató de detener el movimiento mundial de unidad en Jesús, como si fuéramos uno solo. ¡Llegaste tarde, diablo! ¡EL PUENTE YA ESTÁ CONSTRUIDO! Y ES UN PUENTE DE AMOR — UN PUENTE QUE NUNCA FALLARÁ. Gloria, yo, y todos en el ministerio estamos emocionados de pararnos firmes sobre EL PUENTE  que la gracia construyó — a través de Tony Palmer. Te amamos y te extrañamos, QUERIDO MUCHACHO.

    ¡Jesús es el SEÑOR!

  • Desarrollando la fuerza de la Fe

     

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    Hace años, cometí un error que nunca repetiré: Le concedí una entrevista a una reportera. Debería haberlo pensado antes de aceptar; sin embargo, el SEÑOR se encargó de eso después. En ese tiempo, no supe tomar una mejor decisión.
    Con el transcurso de los años, volví a desobedecer el mandamiento de no conceder entrevistas. Y los resultados fueron peores que los de la primera vez.
    En la primera entrevista, las cosas parecían marchar muy bien. La reportera me hacía preguntas acerca de la sanidad, y yo le contestaba de acuerdo a las Escrituras. Se lo expliqué de la forma más sencilla, y con mi Biblia en mano le dije: «Aquí está en lo que creemos, porqué lo creemos, y lo que hacemos».
    La reportera me prestó atención, y sus respuestas fueron siempre respetuosas. Sin embargo, cuando el artículo fue publicado, no podía creer lo que mis ojos leían. Parecía que la reportera no había escuchado nada de lo que le había respondido. Estaba muy confundido, así que fui al SEÑOR y le pregunté: «¿Qué es lo que está tratando de hacer?».
    Y Él me respondió: Ella está tratando de ayudarte. Para ella suena muy insensato lo que respondiste en la entrevista; y como le caíste bien, lo cambió para no avergonzarte.
    El SEÑOR me pidió que no volviera a hacerlo, y después de esa experiencia me di cuenta por qué me lo había pedido. Las personas que no conocen al SEÑOR no tienen la capacidad de entender a los que sí lo conocemos; no entienden quiénes somos, ni la forma en que actuamos.
    Primera de Corintios 2:14 lo explica de esta manera: «Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son una locura; y tampoco las pueden entender, porque tienen que discernirse espiritualmente».
    Esto es algo que todos nosotros, los creyentes nacidos de nuevo, necesitamos recordar. No somos personas “naturales”, ni pertenecemos a este mundo. Nosotros somos personas espirituales, y pertenecemos a la eternidad. Somos ciudadanos del cielo, embajadores de Dios, y nos encontramos en medio de una misión: Llevar Su BENDICIÓN a donde quiera que vayamos. Y lo alcanzaremos sólo de una forma: Viviendo y actuando por medio de la fe en la PALABRA de Dios.
    Las personas que no tienen la revelación de la PALABRA, van a pensar que nuestro estilo de vida es peculiar, o raro. Sim embargo, eso está bien. De hecho, así es como debe ser. Como creyentes no tenemos que pensar, hablar, y actuar como el mundo lo hace en lo que concierne a los temas de sanidad… economía… o cualquier otra cosa.
    No se supone que estemos preocupándonos y quejándonos por las malas noticias que escuchamos en la radio, en la televisión, o el internet, como lo hacen los que no son creyentes. No deberíamos decir cosas como: “¿Escuchaste las últimas noticias? ¡Las cosas se están poniendo cada vez más difíciles!”.
    No, nuestras conversaciones deben ser totalmente diferentes. Debemos decir cosas como: “Las condiciones de este mundo no me preocupan para nada, pues estoy conectado con Dios, y Él no tiene altibajos”. Debemos actuar como lo hizo Isaac: en medio de la sequía que sufrió la nación entera, se mantuvo viviendo en fe en Su pacto de BENDICIÓN, y al final terminó cavando pozos de agua que se convirtieron en una BENDICIÓN no sólo para su familia, sino para toda la nación.
    En lugar de permitir que nuestro gozo cambie como lo hace la bolsa de valores, tú y yo debemos ser personas incambiables, como el hombre justo que describe la Biblia, quien se deleita en la PALABRA de Dios. El Salmo 112:6-8 dice acerca de él: «y por eso nunca tendrá tropiezos… vivirá sin temor a las malas noticias, y su corazón estará firme y confiando en el Señor. Su corazón estará tranquilo, sin ningún temor, y llegará a ver la caída de sus enemigos».

    El núcleo fundamental de tu identidad
    Quizá digas: «Hermano Copeland, me gustaría actuar en ese nivel de fe que no cambia. Pero por alguna razón es muy difícil para mí».
    Quizá se deba a que ya te olvidaste de quién eres en realidad. O tal vez porque, así como el mundo que te rodea, estás pensando acerca de ti mismo en términos naturales, y estás enfocándote en tu hombre exterior, en lugar de enfocarte en quién eres en tu interior. El vivir por fe puede causar grandes problemas, porque la fe es una fuerza espiritual. No es algo mental o físico; la fe proviene de tu espíritu.
    Tu espíritu es quien en realidad eres. Es el núcleo, es el centro fundamental de tu identidad. Esto es lo que en 1 Pedro 3:4 se refiere como: «…sino el interno, el del corazón…» (RVR1995), y es la parte más importante de todo tu ser. Jesús lo aclaró en Juan 6:63, cuando dijo:
    «El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha…».
    ¿Alguna vez se te ha quebrado una uña a la mitad? ¿Qué sucedió? Descubriste que esa parte está viva ¿no es así? Pues así es como la palabra: «…da vida…» es usada en este versículo. Jesús estaba diciendo “que el espíritu es el que te da la vida, no la carne.”
    Proverbios 4:23 lo explica de la siguiente forma: «Cuida tu corazón más que otra cosa, porque él es la fuente de la vida». La fuente de la vida son las fuerzas espirituales que fluyen del centro de tu ser. Son fuerzas que deben ser protegidas a cualquier costo, pues sin ellas no puedes vivir.
    Una de esas fuerzas es la fe.
    “Pero hermano Copeland, como te lo mencioné anteriormente, yo no tengo fe”.
    Claro que sí. Si eres un creyente nacido de nuevo, tu espíritu tiene el mismo ADN de Dios. Tu hombre interior es exactamente como Jesucristo de Nazaret. Y no te pareces sólo un poco a Él; eres exactamente como Él. Eso significa que tienes la misma fe que Él tiene.
    El libro de Romanos del Nuevo Testamento lo confirma. Allí, la Biblia le está hablando a la Iglesia
    —no a los incrédulos—:
    «Porque en el evangelio se revela la justicia de Dios, que de principio a fin es por medio de la fe, tal como está escrito: «El justo por la fe vivirá» (Romanos 1:17).

    «…Dios le ha repartido a todo hombre [a todo hijo de Dios nacido de nuevo] la medida de fe» (Romanos 12:3, AMP).

    Piensa en eso. De acuerdo a estos versículos, Dios mismo depositó en tu espíritu Su propia fe, la cual produce vida. En Lucas 17, Jesús hace referencia de la fe como tu servidora. Dios te la dio, y ahora tú debes comandarla. Puedes usarla como Él lo hace, ya sea para crear algo en donde se necesita crear, o para mover montañas que estén en medio de
    tu camino.

    Sigue creciendo
    Por supuesto, ninguno de nosotros sabe cómo hacerlo automáticamente. A pesar de haber sido equipados con las herramientas necesarias al haber nacido de nuevo, debemos crecer y desarrollar nuestra capacidad para utilizar esas herramientas.
    Recuerdo que cuando comenzamos a hacerlo, nos parecíamos mucho a mi hijo John cuando recibió su primera escopeta. A la edad de 8 años, él ya era tan bueno como yo. Sin embargo, todavía tenía mucho más que aprender. Y eso lo comprobó en una ocasión cuando fuimos de caza a la propiedad del abuelo de Gloria. Estábamos pasando por un pequeño establo que el abuelo había construido para el ganado, cuando de repente John observó una tarántula negra que colgaba al lado de la construcción. Sin pensarlo dos veces, John levantó su escopeta calibre 20, y le apuntó.
    Le dije: «¡Hijo, no hagas eso!».
    «¿Por qué no papi?» me preguntó.
    «¡Porque perforarías el establo del abuelo!».
    Por la expresión de su rostro, pude darme cuenta que ni siquiera se le había ocurrido pensar en las consecuencias. Estaba tan enfocado en la araña, que no miró el establo que estaba detrás de ella. «Oh…» contestó.
    Algunas veces, como creyentes, hacemos lo mismo en lo que a la fe concierne. En lugar de parecernos a ese hombre maduro espiritualmente que menciona Salmos 112, un hombre cuyo corazón está conforme a Dios y a Su PALABRA, actuamos como niños espirituales y le damos nuestra atención a las circunstancias que nos rodean, de la misma forma que mi hijo lo hizo con la araña. Comenzamos a pensar y a hablar como el mundo lo hace, en lugar de actuar con fe.
    ¿Cómo podemos superar esta tendencia inmadura?
    Desarrollando nuestro espíritu, así como desarrollamos nuestro cuerpo.
    En primer lugar, debemos alimentar nuestro espíritu con buena comida. No con pan y frijoles —eso es comida natural— ¡sino con la PALABRA de Dios! Su PALABRA es comida espiritual. Cuando nos alimentamos de ella, ésta nutre nuestro hombre interior y produce la fuerza espiritual de la fe.
    Eso fue lo que sucedió cuando recibimos nuestra salvación. Al escuchar la PALABRA acerca de Jesús, la fe nació en nuestro interior para recibirlo como nuestro Salvador y SEÑOR. Sin embargo, el plan de Dios no es que nos quedemos estancados en ese lugar. Él no quiere que nos quedemos viviendo con ese nivel de fe por el resto de nuestra vida. Eso no sería práctico.
    Piensa en eso en términos físicos, y verás a qué me refiero.
    Imagínate que has comido un buen plato de comida. Luego, tomaste unas pesas muy livianas y comenzaste a levantarlas. Si te mantienes levantándolas por un largo tiempo, eventualmente gastarás todas las energías que la comida te proveyó. Llegarás al punto de no poder levantarlas más, no porque estén muy pesadas, sino porque tus músculos necesitan más alimento, y necesitan reponer tus fuerzas.
    Eso mismo sucede en el mundo espiritual. No podemos vivir toda la vida sólo con un plato de comida espiritual. Debemos mantenernos comiendo y reponiendo nuestras fuerzas. Esa es una de las razones por la que Dios nos dio palabras.
    Las palabras son contenedores espirituales. Éstas no solamente son un conjunto de letras que se usan para comunicarnos con los demás. El propósito principal de las palabras, es desatar poder y fuerza espirituales. Las palabras pueden estar llenas de temor, o de fe. Pueden llevar amor, o malicia. Las palabras pueden estar llenas de LA BENDICIÓN, o de la maldición. ¡Las palabras son contenedores, o portadoras!
    Aunque las palabras del ser humano pueden llevar una mezcla de estas cosas, ¡las palabras de Dios siempre están llenas de fe! Por esa razón, una y otra vez, la Biblia dice cosas como:

    «Así que la fe proviene del oír, y el oír proviene de la palabra de Dios» (Romanos 10:17).

    «…Las palabras que yo les he hablado son espíritu y son vida» (Juan 6:63).
    «Hijo mío, presta atención a mis palabras; inclina tu oído para escuchar mis razones. No las pierdas de vista; guárdalas en lo más profundo de tu corazón. Ellas son vida para quienes las hallan; son la medicina para todo su cuerpo» (Proverbios 4:20-22).

    Debido a que podemos usar la fe todo el tiempo, debemos alimentarla de una dieta regular de la PALABRA. Sin embargo, el problema es que muchos cristianos no se dan cuenta de eso. Y mientras alimentan su hombre exterior con tres comidas al día, su hombre interior está desnutrido.
    ¡No hagas eso! No alimentes tu cuerpo físico con comida, y mantengas en ayuno a tu espíritu. Si tienes que escoger por ayunar uno o el otro, ¡que sea la carne la que ayune, y alimenta a tu espíritu!

    Desarrolla tus músculos espirituales
    Por supuesto, aparte de alimentarte de la Palabra, tienes que hacer algo más para desarrollarte en lo espiritual. Necesitas hacer mucho ejercicio. Y si no sabes cómo hacerlo, puedes comenzar siguiendo las instrucciones de Judas 1:20-21: «Pero ustedes, amados hermanos, sigan edificándose sobre la base de su santísima fe, oren en el Espíritu Santo, manténganse en el amor de Dios, mientras esperan la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para vida eterna».
    De acuerdo con estos versículos, cuando oras en el espíritu o en otras lenguas; le estás dando a tu hombre interior un entrenamiento. Pues fortaleces tus músculos espirituales. Y eso te hace crecer en “tu santísima fe”.
    ¿Y por qué se le llama “santísima fe”? Porque cuando oras en una lengua desconocida, tu mente natural no se involucra y no echa a perder esa oración. Te encuentras hablando directamente desde tu espíritu, para que el Espíritu Santo te dé las palabras correctas para orar de acuerdo a la perfecta voluntad de Dios (Romanos 8:26-27).
    Quizá digas: «Bueno, traté de hacer eso pero no me ayudó
    para nada».
    Eso pasó porque no lo hiciste con fe. Jesús dijo en Marcos 11:24:
    «…Todo lo que pidan en oración, crean que lo recibirán, y se les concederá». Él no nos dijo que lo hagamos sólo cuando oramos en nuestro propio entendimiento. Él dijo: Cuando oren, crean que lo recibirán —ya sea en el espíritu, en otras lenguas, o en una lengua desconocida—.
    Ambas oraciones son válidas. El apóstol Pablo lo dejó claro en
    1 Corintios 14:15, cuando dijo:
    «…orar con el espíritu, pero también con el entendimiento…». En ese mismo capítulo, también nos enseñó que debemos orar para interpretar cuando alguien ora en otras lenguas, y de esa forma nuestra mente producirá fruto.
    Aunque no recibas la interpretación en ese mismo momento, puedes continuar creyendo que la recibes cuando oras. Es probable que las palabras que dices cuando oras en otras lenguas parezcan un misterio para ti, pero aun así puedes desatar tu fe y declarar: “Creo que lo que oré proviene del Espíritu de Dios, y creo que lo recibiré, ¡aunque continúe siendo un misterio!”.
    Otro tipo de ejercicio espiritual que se menciona en Judas 1:21, consiste en mantenerte en el amor de Dios. El amor es importante para desarrollar tu fe, pues la
    «…la fe… obra por el amor» (Gálatas 5:6). En donde no hay amor, no hay fe.
    Así que aviva el amor de Dios que está en tu interior. Alimenta tu espíritu con lo que la PALABRA de Dios nos enseña, y haz bastante ejercicio espiritual viviendo en el amor de Dios todos los días.
    Aunque el mundo a tu alrededor no entienda lo que estás haciendo, continúa viviendo como si fueras una persona de otro mundo, porque en realidad… lo eres.