Category: Colaboración

  • Familia de FE

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    El sol de verano brillaba a través de las montañas en el horizonte, en las afueras de Westminster, Colorado, mientras Bryan Lee aceleraba su gran camioneta de motor diesel en una curva. Pasó en frente de una gran área de trabajo con jardines y parques que sus empleados acababan de terminar, y admiró el trabajo que habían hecho. Su negocio de diseño de jardines y parques había llegado a ser tan próspero que él y su esposa, Cindy, vivían el sueño americano. Habían comprado una casa nueva imponente. Bryan pensaba: Parece un castillo. Tenían dos casas más que rentaban y habían invertido en otras oportunidades de negocios.
    Cuán lejos había llegado. Desacelerando su camioneta, Bryan recordó cómo era su vida 19 años atrás. A pesar de ser un empleado de medio tiempo conduciendo camiones del departamento de limpieza y saneamiento, vivía feliz y contento con su esposa y sus dos hijas. Luego, todo se derrumbó. Su esposa decidió que ya no deseaba estar casada con él. Y contrató a un abogado que iría tras las finanzas de su esposo como un pitbull, quitándole cada centavo y dejándolo sin casi nada para subsistir.
    Bryan sacudió su cabeza cuando recordó lo ingenuo que había sido. Él había pagado sus cuotas alimenticias en efectivo, y a cambio su ex esposa lo llevó a juicio, afirmando que no la había hecho. El juez lo envió a prisión. Había perdido a su esposa, a sus hijas, su hogar, sus finanzas; y luego perdió su empleo.
    Cómo había cambiado su vida.
    Entonces, ¿por qué sentía como si de nuevo estuviera en prisión?
    Deteniendo su camioneta a la orilla del camino, Bryan reclinó su cabeza contra la ventana y suspiró. Era momento de enfrentar la verdad. Él había edificado su vida como una casa de naipes y todo estaba a punto de colapsar. No estaba en prisión, pero estaba aprisionado en una montaña de deudas, obligado a pagar más de un millón de dólares en deudas. Había usado más crédito del que debía, y su matrimonio y su familia se encontraban en una situación estresante.
    Colocando sus manos en su rostro, Bryan oró: “¡Dios, por favor, ayúdame a salir de este desastre!”.

    Pequeños pasos de fe
    Bryan recuerda: «Lo único bueno que surgió de esos años difíciles después de mi divorcio, ¡fue que nací de nuevo en julio de 1988! Anhelaba tanto que mi matrimonio funcionara que por un par de años llevé puesto mi anillo de bodas. Conducía un camión de basura y sobrevivía con mi salario mes a mes. Pensaba que la forma de mostrarle amor a mi ex esposa era con mi mayor esfuerzo, así que pagué la cuota alimenticia en efectivo. Eso me hizo ver como un maníaco ante el juez, y la cantidad del supuesto monto que no había pagado producía intereses a diario. Ella me llevó a la corte más de 30 veces, e hizo que fuera a prisión en varias ocasiones. Pero esa primera vez fue la peor».
    «El juez me permitió trabajar afuera mientras estaba en la cárcel. Vivía y dormía en la prisión, pero me permitían salir durante el día para ir a trabajar. Como nuevo creyente, me sentía animado —aun cuando vivía en la cárcel—, al punto que mi jefe pensó que estaba perdiendo la razón. Y por eso, me despidió. Fue así como empecé a cortar césped para ganarme la vida».
    «Ese mismo año, un amigo me sugirió que sintonizara el programa de televisión La Voz de Victoria del Creyente. Seguí su consejo y mi vida cambió. Compré una vieja camioneta por USD $70, y en agosto de 1989, mi amigo y yo manejamos hasta Fort Worth para asistir a la Convención de Creyentes del Suroeste. Dejamos la camioneta estacionada en Houston Street y durante la convención vivimos allí. Comíamos sándwiches de mantequilla de maní y mermelada».
    «Yo había estado viendo los programas de television a diario, pero asistir a la convención fue como tomar la autopista para aprender a vivir por fe. Mientras estuve allí, tomé la decisión de convertirme en colaborador. Me comprometí a orar por los Ministerios Kenneth Copeland, a sembrar en ellos, a mirar el programa y a asistir a las convenciones. Durante ese tiempo, el Señor me dijo que volviera a casa y les enseñara a mis hijas acerca de la fe».
    Después de la convención, Bryan regresó a casa y se ofreció como voluntario para enseñar en la escuela dominical de su iglesia. Durante los siguientes 10 años, les enseñó a los niños, incluyendo a sus hijas, cómo vivir por fe. Ministró en grupos de su iglesia y comenzó un ministerio para varones y un ministerio para prisioneros.
    Durante esos años continuó orando por KCM, sembró en el ministerio, sintonizó los programas y asistió a las convenciones. La gracia y el favor se encontraban sobre Bryan y sobre su negocio. Él había iniciado su negocio de podar césped con sólo 5 jardines, que se convirtieron en 20 y luego, a 100 jardines mensuales. En el invierno, cuando no había nada que cortar, entregaba gas propano en las montañas. Con el tiempo, inició su propio negocio de diseñar jardines y parques, y prosperó más allá de lo que había soñado.

    Un nuevo pacto
    El 31 de julio de 1999, Bryan se casó con Cindy, a quién conoció en la iglesia. Para ese entonces, las hijas de Bryan eran adolescentes, y Cindy tenía dos hijos preadolescentes. Después de unos años, su familia y negocio crecieron y sus obligaciones en el ministerio también. Poco a poco, otras cosas comenzaron a derrumbarse. Él ya no tenía tiempo para mirar el programa de televisión de forma regular. Estaban demasiado ocupados para asistir a las convenciones —pues alguno de sus hijos siempre tenía algo que hacer—. Y en el ajetreo y el bullicio de la vida diaria, hizo a un lado su colaboración con KCM, incluyendo sus siembras.
    Por exceso de estrés, Cindy comenzó a desarrollar síntomas de fibromialgia. Sabiendo que necesitaban una infusión de fe, Bryan les sugirió asistir a la Campaña de Victoria en Branson 2006.
    Cindy explica: «No quería ir. Había oído del hermano Copeland, pero jamás había escuchado sus enseñanzas. Sabía que necesitaba ayuda, pero no sabía a dónde ir. No obstante, Dios me dijo que asistiera. La Campaña de Victoria en Branson fue inolvidable. Nací de nuevo desde que tenía 18 años, pero jamás había experimentado nada como eso. Esa semana cambió mi vida, y comencé a creer que había recibido mi sanidad. Estaba segura que necesitaba vivir por fe».
    Después de haber sido bien instruido por KCM, Bryan aprendió la importancia de no endeudarse. Ése fue otro punto importante en el que falló. Poco a poco, pasó de ser libre en sus finanzas a estar enterrado en deudas. Luego, vino la recesión económica y con ella se paró la industria de la construcción. Cuando eso sucedió, el negocio de diseño de jardines se detuvo de golpe. Y en lugar de cortar 100 jardines al mes, ahora sólo tenían 5 ó 6. Y como si eso no fuera suficiente, los empleados importantes que estaban a cargo del negocio, habían hecho algunas decisiones incorrectas. El resultado fue que Bryan quedó estancado con maquinaria averiada y un ingreso limitado.
    Bryan admite: «Tuve que arrepentirme. Yo había aprendido del hermano Copeland acerca del peligro de endeudarse. ¡No tropecé con las deudas por accidente! ¡Eso lo sabía muy bien! Un día llegué a casa y encontré a Cindy en la lavandería. Me arrepentí delante de ella y admití que había llevado a nuestra familia por el camino equivocado. Le pedí perdón y le prometí que con la ayuda de Dios, yo los sacaría de deudas y que jamás volveríamos a pedir prestado».

    Semilla para sembrar
    En marzo de 2008, Bryan y Cindy recibieron del gobierno una devolución de impuestos de USD $8.397. Aunque ese dinero habría ayudado para pagarle a sus acreedores, Bryan sabía que eso era algo muy pequeño comparado con lo que necesitaban. Ellos no podían tapar el dique con un dedo; necesitaban un milagro financiero. Por tanto, sembraron toda esa cantidad como una semilla en KCM.
    Sentada en Starbucks, bebiendo una taza de café humeante, Cindy se preguntaba cómo podían escalar esa montaña de deudas. Ella ni siquiera sabía dónde comenzar. Agobiada, ella susurró: “¿Señor, qué deseas que hagamos?”.
    Reúnanse el lunes con un agente de bienes raíces y pongan la casa en venta.
    ¿Había sido esa la voz de Dios? Y de serlo, ¿habría notado Él que la casa del vecino había estado en venta por 5 años? ¿Y que otras casas cercanas habían estado en venta por lo menos dos años?
    “Qué deseas que hagamos”.
    Vayan a casa.
    Tan pronto como ella llegó a casa, una persona que rentaba una de sus casas llamó: «Quiero terminar mi contrato y mudarme. No puedo seguir pagando». Cindy parpadeó para contener sus lágrimas mientras colgaba el teléfono. ¿Acaso, las cosas podían empeorar más?
    Cindy recuerda: «El Señor insistió en que nos reuniéramos con un agente de bienes raíces el lunes. No el martes, ni el miércoles. Debía ser el lunes. Obedecimos, y 8 días después la casa ¡se vendió por el precio que estábamos pidiendo!».

    Venciendo las deudas
    «Al día siguiente, otra casa de nuestro vecindario fue puesta a la venta. La casa era casi idéntica a la nuestra, pero mucho mejor y más equipada. Si hubiéramos esperado un día más, los compradores habrían elegido esa casa, en lugar de la nuestra. Además, al poco tiempo el mercado de bienes raíces colapsó. De no haber puesto la casa en venta cuando lo hicimos, habríamos perdido esa oportunidad».
    «Cuando nuestra casa se vendió, no teníamos a dónde ir. Entonces, le pregunté al Señor qué debíamos hacer y Él nos respondió: Vayan a casa. En ese momento, comprendí a qué se refería. Deseaba que volviéramos a nuestra primera vivienda —¡y la persona que vivía ahí se acababa de ir!—».
    Con el dinero en efectivo de la venta de su casa en mano, Bryan comenzó a pagar sus cuentas y a trabajar con los acreedores para negociar una rebaja de la deuda. Una compañía de tarjetas de crédito a la que le debían USD $25.000 no quiso negociar, así que Bryan y Cindy se comprometieron a realizar pagos mínimos. Sin embargo, otras compañías renegociaron contentos.
    Seis semanas después de sembrar los USD $8.397 como una semilla en la tierra fértil de KCM, Bryan y Cindy pagaron USD $839.700 en deudas. 12 de las 16 deudas con sus acreedores fueron saldadas. Bryan vendió su compañía de diseño de jardines y volvió a su primer negocio —podar césped—. En 30 días, tenía 50 jardines para podar.
    En el 2013, después de realizar pagos por cinco años, los USD $25.000 de deuda de tarjetas de crédito habían disminuido a USD $8.000. Cuando los Lee enviaron por correo su último pago, la compañía no sólo les devolvió el cheque, ¡sino que cancelaron la deuda pendiente de USD $8.000!

    El poder de la colaboración
    Bryan explica: «Literalmente puedo decir que mis altibajos en las finanzas cambiaron al volverme colaborador de KCM. Desde 1989, cuando oraba por el ministerio, daba mis ofrendas, alimentaba constantemente mi fe a través del programa televisivo —el cual veía a diario— y asistía a las convenciones, mis ingresos aumentaban casi en línea vertical. Años después, cuando dejé de hacer todo eso, mis finanzas cayeron en picada. Cuando activé mi fe y volví a conectarme, se elevaron de nuevo. La colaboración con KCM ha representado la diferencia entre la vida y la muerte financiera para nosotros».
    «No fue una bola gloriosa que cayó del cielo la que canceló esos dos últimos acreedores. Tuvimos que ser diligentes por algunos años, y pagamos poco a poco. Sin embargo, hoy tenemos dinero en todas nuestras cuentas y no tenemos presión financiera. Cuando queremos asistir a una convención, jamás tenemos un pensamiento limitado con respecto a nuestras finanzas. Administramos nuestros negocios sin deudas o líneas de crédito. Cuando necesitamos algo, escribimos una oración de petición y Dios nos provee. No existe una mejor forma de vivir que no sea por fe. Nadie puede cambiar mi forma de pensar, ¡jamás retrocederé!».
    Además de sus negocios, hoy Bryan y Cindy ministran en Bryan Lee Ministries. En abril de 2011, bajo la dirección de Dios, Bryan inició su programa radial Heart of the Believer (Corazón del Creyente), el cual actualmente se transmite en cinco estados: Colorado, Texas, Oklahoma, Nuevo México, y Carolina del Norte. Muy pronto será transmitido en Alaska.
    En el 2013 y el 2014, organizaron escuelas de sanidad. En cada reunión las personas fueron sanadas y bendecidas. Además, dos noches al mes, se reúnen bajo el lema: “La familia de fe”, para predicar el evangelio. Lo que han recibido, lo entregan de forma gratuita. Bryan y Cindy Lee son una familia de fe, que libera a los cautivos.

     

  • Una invitación a colaborar de parte de Kenneth Copeland

    7-14_partner-invitationGracias por la oportunidad que nos das de ser parte de tu vida! Para Gloria y para mí esto es lo que realmente importa. Estamos aquí para ti… para ministrar la PALABRA no comprometida de fe y la Victoria en Jesús para tu vida.

    Hemos dedicado nuestras vidas a mostrarles a los creyentes cómo dejar que sus voces sean oídas, como vivir en victoria en Jesús y como percibir el valor de su propio ministerio en la vida de los demás cada día de sus vidas. Como lo he dicho antes, y como siempre lo repito: este ministerio no es acerca de nosotros, sino de cómo llegamos a tu lado para animarte, fortalecerte y compartir Su gloria contigo.

    Nuestras vidas cambiaron dramáticamente muchos años atrás porque hicimos una decisión muy importante: Determinamos que caminaríamos en fe cada día, creyendo CADA PALABRA de Dios y ¡recibiendo LA BENDICIÓN que Él nos ha dado por gracia!

    Desde ese día, jamás retrocedimos, y ha sido emocionante caminar con Dios y verlo hacer Su trabajo en las vidas de los creyentes que han hecho la misma decisión.

    Hoy quiero recomendarte, si eres nuevo o no conoces mucho de KCM, a formar parte de lo que Dios está haciendo en la vida de tantas personas alrededor del mundo a través de este ministerio.

    Si el deseo de tu corazón es un caminar más íntimo con Dios, si estás buscando revelación fresca de Su PALABRA, y si estás listo para avanzar y cumplir el plan de Dios para tu vida, a Gloria y a mí nos gustaría entrar en un pacto espiritual de colaboración contigo. Será un honor tenerte a nuestro lado — creyéndole a Dios por lo mejor, orando juntos y experimentando juntos Su favor y Su bendición sobre nuestras vidas mientras descubrimos la riqueza y la sabiduría de Su PALABRA.

    Así es como ministramos cada día a nuestros colaboradores.

    Colaborar con los Ministerios Kenneth Copeland no significa inscribirse en un programa especial. Es una conexión espiritual que toca cada parte de tu vida. Es una unión de corazones —el tuyo y el nuestro— creyendo juntos para ver la PALABRA de Dios viva; no solamente en nuestras vidas, sino también en las de aquellos alrededor del mundo, mientras declaramos a una voz, firme y claramente que “¡Jesús es el SEÑOR!” desde la cima más alta al valle más profundo, ¡y en todos los confines de la Tierra!

    Hoy más que nunca, Dios está buscando por esas personas que decidan creer en Él como lo hizo Abraham, el padre de la fe. El necesita de aquellos que no solamente le crean con todo su corazón, sino que también de manera segura esperan que ¡LA BENDICIÓN de Abraham sea manifestada en sus propias vidas, y derramada a su alrededor y en la vida de las personas con las que Dios las conecte!

    Ése es el deseo que hemos visto crecer en nuestros colaboradores a través de los años. Su pasión por Su PALABRA crece. Ellos le creen a Dios por respuestas en sus vidas y saben que Dios les ha dado la victoria por todo lo que Jesús ya ha hecho por este mundo. Ellos nos comparten que no importa donde ellos estén en su caminar de fe. ¡La PALABRA se hace viva en ellos como nunca antes! ¡Y son equipados para ser esa voz fuerte de victoria que otros necesitan oír!

    Nuestros colaboradores van con nosotros “a este mundo” para predicar y enseñar la PALABRA de Dios. Y cuando nosotros vamos, hay una unción para ministrar que fluye a través de la colaboración. Nosotros experimentamos la protección de la mano de Dios, su provisión y vemos como el enemigo es derrotado una y otra vez después que la PALABRA de Dios es proclamada.

    Debido al pacto que compartimos, este ministerio no es sólo nuestro — nuestros colaboradores comparten cada aspecto del mismo. Considera lo que el Apóstol Pablo escribió en Filipenses cuando le hablaba a sus colaboradores para que apoyaran su trabajo. El oraba por ellos siempre, manteniéndolos cerca de su corazón y declarando el trabajo completo de Dios en sus vidas. El los alentaba en la verdad de que a medida que ellos oraban por él y lo apoyaban en su llamado, se convertían en participantes de la gracia que estaba en su vida y su ministerio. (Filipenses 1:7; 1 Corintios 15:10)

    Él estaba refiriéndose a la unción de Dios que era obvia en su vida. Les recordaba que ellos compartían su misma unción, frecuentemente observada en el ministerio con “señales que lo seguían.”

    Esta verdad no es diferente en nuestra actualidad. Cuando el Espíritu de Dios te guía a conectarte con nuestro ministerio, la unción de nuestro ministerio viene sobre ti y tu unción se une con la nuestra.

    Cuando nos conectamos en el Espíritu, podemos alcanzar cosas grandiosas para la gloria de Dios. La Biblia nos dice que un solo hombre puede perseguir a mil, y dos hacer huir a diez mil… (Lee Deuteronomio 32:30)

    Hoy, nos gustaría invitarte a unirte a nosotros en un pacto de colaboración. Estamos aquí para ti y nos emocionaría tenerte como nuestro colaborador en el ministerio… Creyentes unidos con propósito y visión… ministrando el Evangelio de Jesús y el amor de Dios a nuestro mundo. Por favor considera nuestra petición en oración, ¡escríbenos o llámanos para informarnos tu decisión de unirte a nosotros! Después de tu contacto, inmediatamente te enviaremos nuestro paquete al colaborador.

    Como nuestros colaboradores ya lo saben, Gloria y yo oramos estas escrituras sobre ti cada día: Salmos 23, Salmos 91, Salmos 103, Salmos 112, Isaías 54, Efesios 1:16-23, Efesios 3:14-20, Colosenses 1:9-11, 1 Tesalonicenses 5:23, Romanos 15:29, Romanos 15:13 y Zacarías 9:11-12. Te aliento a buscar estas escrituras para que puedas ver de primera mano que nosotros unimos nuestra fe y creemos a Dios por cada día de tu vida.

    Además de orar por ti, he comprometido mi vida a buscar a Dios y recibir revelación de Él, la cual compartiré contigo en una carta de enseñanza especial para el colaborador cada mes.

    Gloria y yo seremos honrados de tenerte como colaborador con los Ministerios Kenneth Copelad y ser parte de nuestro caminar de fe en estos días excitantes en los que vivimos — ¡los mejores días en el plan de Dios para nuestro mundo!

    Por favor continúa viendo nuestro programa la Voz de Victoria del Creyente, mientras te proveemos la carne de la PALABRA de Dios. Serás capacitado con poder para dejar que tu voz se escuche, hasta que descubras y declares las cosas grandes que Dios tiene para ti — un plan que guiará tu vida por fe… y a tu victoria.

    Fuiste redimido para Sus propósitos, y Él te ha ungido para el ministerio. Como Colaboradores en Pacto, creo que veremos crecer esa unción y Sus propósitos cumplirse en tu vida mientras juntos continuamos proclamando que… “Jesús es el Señor”

    Texto extraído de: Revista LVVC – Edición julio 2014, página 20

  • La carta al colaborador de Kenneth

    7-14_letterEl Señor me ha bendecido con muy buenos amigos a través de los años, pero los mejores amigos que tengo son las personas que han decidido colaborar con el ministerio. Esas son las personas a las que le escribo una carta cada mes.

    Y cada mes, desde la primera vez que escribió su primera carta al colaborador en Febrero de 1986, Kenneth Copeland ha cumplido fielmente con su compromiso de escribir una carta y enviarla a sus colaboradores, año tras año, sin excepción. Esta carta es real, personal y siempre llega en el momento preciso… Porque en lo que concierne a Kenneth Copeland, está escribiéndoles a sus amigos más cercanos.

    Un compromiso para toda la vida

    Kenneth Copeland aprendió la importancia de escribir una carta años atrás de su padre espiritual, Oral Roberts, una mañana en la que se reunieron por petición del hermano Roberts para que Kenneth lo ayudara a escribir su propia carta. El hermano Roberts levantó su Biblia en alto y le preguntó:

    ¿Qué es esto?

    “Esa es la Palabra de Dios” Kenneth le respondió.

    ¿Qué es esto? Le preguntó de nuevo.

    Kenneth sabía que tenía que darle la respuesta correcta, y trató nuevamente.

    “Bueno, es el viejo pacto y el nuevo pacto”

    ¿Qué es esto? Le preguntó por tercera vez.

    “Es la Biblia”

    Sin aviso alguno, el hermano Roberts lanzó la Biblia a través del escritorio y golpeó a Kenneth  en el medio del pecho, casi tumbándolo de la silla.

    Con la unción sobre él le dijo: “son cartas, y están tan ungidas hoy como lo estaban el día en que fueron escritas.”

    ¡Cartas!

    Esa palabra resonaba en el interior de Kenneth. Y pensó: el nuevo testamento está compuesto en su mayoría de cartas que el Apóstol Pablo le escribió a sus colaboradores en las iglesias de Éfeso, Filadelfia, Galacia, Corinto, Roma, Colosas y Tesalónica — las cartas eran escritas para animarlos, alentarlos y ayudarlos a sobrepasar cada obstáculo.

    Luego, el hermano Roberts habló nuevamente:

    Y le dijo: “Voy a pedirte que hagas uno de los compromisos más serios que hayas hecho en toda tu vida; quiero que te comprometas con Dios que cada 30 días, por el resto de tu vida, orarás al Espíritu Santo hasta que tengas algo ungido para escribirle a tus colaboradores, de la misma forma que Pablo escribió sus cartas.”

    Ese mismo día, Kenneth se comprometió de por vida. El SEÑOR lo motivó a estudiar la carta a los Filipenses — una carta de Pablo a sus colaboradores en el ministerio —, como un ejemplo de cómo el Espíritu Santo podría usarlo para escribir a sus propios colaboradores.

    Kenneth explica: “Desde ese momento hasta entonces, he estado escribiendo una carta cada mes a mis amigos colaboradores. No son cartas para conseguir dinero. No las escribo por esa razón. Dios es mi proveedor y Él suple a todas mis necesidades. Escribo las cartas porque quiero bendecir a mis colaboradores, porque ellos comparten mi gracia (Filipenses 1:7), quiero compartir con ellos las revelaciones que Dios me da.”

    Estas nos son revelaciones repentinas. Cada carta representa horas y horas de oración de parte del hermano Copeland. A través de ellas comparte personalmente las cosas que el SEÑOR está enseñándole con el deseo de fortalecer y animar a todos los que las reciben.

    Kenneth relata: “Agonizo con esas cartas, oro… y oro… y oro… y oro. Luego vuelvo y oro hasta que escucho lo que Dios tiene en su corazón. Algunas veces recibo en la madrugada. Pero una cosa es segura — Espero hasta que escucho del cielo. No sólo me siento y escribo cualquier cosa en el papel.”

    Tal vez nadie conoce mejor que los miembros de su familia el tiempo y el compromiso que Kenneth dedica cada mes para escribir la carta a sus colaboradores.

    “Mi mamá y papá siempre han estado comprometidos a nuestros colaboradores” dice su hija Kellie Copeland Swisher, quien recuerda haber crecido viendo a su papá escribir a mano la carta para los colaboradores cada mes.

    “Siendo niños, siempre estuvimos conscientes de los colaboradores porque nuestros padres hablaban y oraban por ellos todo el tiempo” dice Kellie. “Siempre existía la presencia de los colaboradores en nuestra casa. Su amor y compromiso por los colaboradores también se estableció en nuestros corazones, y a medida que crecíamos esa conciencia se transformó en algo propio en nosotros al llegar a la edad adulta”

    Kellie también recuerda cómo su papá invertía horas con bolígrafo y papel en mano, “orando por la carta de los colaboradores hasta que oía del Señor.”

    “Nos íbamos de  vacaciones, y si era el momento de escribir la carta, mi papá no hacía nada más hasta que estaba escrita. El no esquiaba. No iba al lago. Él no se levantaba de su silla hasta que la carta estaba terminada. Era como si los colaboradores estuvieran de vacaciones con nosotros. “Y al terminar de escribirla, si él no podía levantar esa carta al cielo y decirle desde su corazón al Señor: ‘Esto es lo que Tú le estás diciendo a tu gente, y es lo que proveerá a sus necesidades — no las mías’, no importaba que tan grandiosa fuera esa carta;  la arrugaba, la tiraba al piso y empezaba de nuevo.”

    El latido del corazón del ministerio

    Desde sus inicios, la carta al colaborador de Kenneth Copeland no solamente ha sido un estímulo para sus recipientes, sino también una fuerte de verdad y victoria. Por ejemplo: cuando la recesión golpeó al Canadá hace algunos años, una colaboradora de ese país recordó las instrucciones que el Señor le había dado a través de la carta al colaborador de Kenneth Copeland de Febrero de 1992: ¡No te unas a la recesión! Así que no lo hizo. Después de recibir esa carta, el Espíritu Santo la instruyó a tomar el paso adicional de orar que la recesión trabajaría a su favor y no en su contra.

    El hermano Copeland recuerda que “la primera cosa que sucedió fue que en vez de ser víctima de la reducción de personal en su compañía como resultado de la recesión, fue promovida a una posición en recursos humanos.” Poco tiempo después, le dieron la oportunidad de terminar con sus estudios, “y mientras el mundo a su alrededor atravesaba la recesión, ella escogió participar de ¡LA BENDICIÓN de provisión y promoción de Dios!”

    Más que nunca, las cartas de Kenneth Copeland se han convertido en el palpitar del corazón del ministerio. “Estimo que entre el 85–90 por ciento de lo que predico en las reuniones… lo recibo como parte de la revelación mientras escribo la carta,” dice Kenneth. “Lo he hecho por muchos años y es un flujo y una fuente constante de revelación para mí.”

    Hoy en día la carta al colaborador es enviada a casi 300.000 personas alrededor del mundo cada mes, y es una de las herramientas más importantes de los Ministerios Kenneth Copeland. Ésta viaja a todo el mundo, desde la cima más alta al valle más profundo, y a todos los confines de la tierra, fortaleciendo y produciendo miles de testimonios de salvación, sanidad, liberación, restauración y crecimiento.

    A pesar de que la mayoría de los materiales de KCM tardan meses en ser producidos, la carta al colaborador es considerada prioridad número uno y toma únicamente algunos días desde su concepción hasta su culminación.

    “Estas cartas han cambiado vidas — las de mis colaboradores y la mía” dice Kenneth. “Gracias a  Dios, y al Espíritu Santo que obró a través del Apóstol Pablo y el hermano Roberts, todos hemos sido bendecidos.”

    Con el paso de los años, hemos visto que la colaboración es dinámica. La colaboración no es una relación unilateral. Por definición, colaboración significa “Participar en”. Como el Apóstol Pablo dijo, “Doy gracias a mi Dios cada vez que me acuerdo de ustedes…por su comunión en el evangelio, desde el primer día hasta ahora…Es justo que yo sienta esto por todos ustedes, porque los llevo en el corazón. Tanto en mis prisiones como en la defensa y confirmación del evangelio, todos ustedes participan conmigo de la gracia.” (Filipenses 1:3,5,7)

    Si todavía no eres colaborador de KCM, te invito hoy a que te unas a Gloria y a mí como tal. Si tú y el Señor han decidido que éste es el momento para establecer esta conexión de alianza, me gustaría enviarte nuestro Paquete de Nuevo Colaborador. El mismo incluye información detallada acerca de la colaboración y sus beneficios, incluyendo nuestros compromisos contigo. Llámanos ahora a los teléfonos:

    1-800-600-7395 (EE.UU.)

    +1-817-852-6000 (Internacional)

    lunes a viernes / 9:30am – 5:00pm (Hora central de EE.UU.)

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    Texto extraído de: Revista LVVC – Edición julio 2014, página 18

  • POR PRIMERA VEZ EN ESPAÑOL – REPORTE DE COLABORADORES EN ALIANZA 2013

    Es con gran gozo y entusiasmo que hacemos entrega por primera vez a nuestra audiencia hispana del “Reporte de COLABORADORES en Alianza” para el año 2013.
    Si alguna vez te has preguntado qué es lo que hacemos aquí en los Ministerios Kenneth Copeland, puedes encontrar todas las respuestas en esta publicación interactiva. ¡Esperamos que lo disfrutes!

    Distribución de Gastos

    En el reporte de colaboradores en alianza del 2013, podrás ver con claridad que tú y los Ministerios Kenneth Copeland están ministrando la Palabra de Dios de manera efectiva; están predicando el evangelio de Su maravillosa gracia, y le están brindando a las personas la oportunidad de convertirse en ciudadanos del reino eterno de nuestro SEÑOR y Salvador Jesucristo (2 Pedro 1:11). ¡Qué maravillosa conexión tenemos!

    Conforme vayas leyendo este reporte, únete a nosotros en darle gracias al SEÑOR por todo lo que Él ha hecho en este año y por todo lo que hará siempre. Y pídele que te hable con claridad y que te muestre lo importante que eres en todo lo que Él ha planeado para KCM y para tu ministerio personal —para tu familia, y con tus amigos— ¡en el lugar donde vives! Tú eres parte importante en todo lo que Él está haciendo, ¡allí donde te encuentras!

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