Category: Consejos Prácticos

  • ¿Agotado… o LLENO DE VIDA? – por Kenneth Copeland

    Hace algunos años, estaba escuchando a Gloria predicar acerca de la sanidad y escuché algo que ciertamente ha añadido años a mi vida. Nunca lo olvidaré. Ella enseñaba acerca del Salmo 91 y solo había leído hasta el versículo 16: «Le concederé muchos años de vida, y le daré a conocer mi salvación».
    Inmediatamente fue a Génesis 6:3, donde Dios dice: «Vivirá hasta ciento veinte años». Repentinamente, el SEÑOR habló en mi interior y me dijo: ¡Ese versículo es tanto Mi PALABRA como lo es el que dice por Sus llagas has sido sanado!
    Aunque suene como una declaración obvia, en ese momento era justo lo que yo necesitaba escuchar. En los meses previos había tolerado que el diablo me engañara con algunas mentiras acerca de mi edad. Sin darme cuenta, había permitido que mi fe por una larga vida se debilitara. Durante muchos años había confesado lo que dice Salmos 103:5 acerca de Dios renovando mi juventud como la del águila, pero algo había cambiado.
    Había empezado a sentirme agotado. Al cumplir 70 años, había alcanzado la edad en la que mis ancestros empezaron físicamente a declinar, y estaba permitiendo que lo mismo me pasara. Pero, gloria a Dios, me di cuenta de lo que estaba sucediendo. Recibí una revelación fresca del hecho de que el largo de mi vida no está definido por mi historia familiar. Se define por lo que está escrito en la PALABRA de Dios, y ésta dice: «[que el hombre] vivirá hasta ciento veinte años» (Génesis 6:3).
    Desde ese día en la escuela de sanidad de Gloria, el SEÑOR me ha hablado mucho acerca de este tema. Me instruyó a dejar de cooperar con mi ADN natural heredado de mis ancestros, y a liberar en fe el ADN de mi espíritu nacido de nuevo —el cual es el mismo ADN de Dios—.
    He obedecido este mandamiento y mi cuerpo se ha puesto en línea. ¡En vez de estar deteriorándose, se ha fortalecido!
    Cumplí 78 años en diciembre del año pasado, y ahora estoy más fuerte que hace 20 años. Estoy caminando en la vida y la energía de Dios. Vuelo por todo el mundo predicando el evangelio y estoy viviendo el mejor momento de mi vida.
    Y yo no soy el único feliz por ello; el SEÑOR también lo está.
    ¿Por qué? Porque la unción de Su espíritu en la vida de Su gente está diseñada para desarrollarse con la edad. Así que, si continúo caminando con Él, entre más viejo me ponga, más se desarrollará la unción.
    No hace mucho tiempo el SEÑOR me dejó este concepto muy claro. Me dijo: Kenneth, cuando tenías 30 años Mi unción vino sobre ti. A medida que los años pasaron, creció y se desarrolló y para el momento que tenías 40, había madurado considerablemente. Pero a los 40 no podías tener la unción de los 60. No funciona de esa manera. Tienes que crecer en gracia y conocimiento del SEÑOR. Tienes que crecer en fe. A los 60, puedes tener la unción de los 60 años, pero no puedes tener la unción de los 80 hasta que no llegues a esa edad.
    Luego el SEÑOR continuó diciendo: Debido a que Mi pueblo ha dejado al diablo decirle que no puede vivir más allá de los 80 años, se están perdiendo de la unción que he diseñado para ellos a los 90, 100, 110 y 115 años. ¡Como resultado, no tienen esas unciones en la Tierra!
    “Pero, SEÑOR”, le dije, “existen algunas personas en el mundo que están viviendo más y más y están llegando muy cerca de
    esa edad”.
    Sí, me respondió, pero Mi gente —aquellos que están ungidos por Mí— ¡no lo están haciendo!

    Marchándose con estilo
    Sé que probablemente estás pensando: ¿Será realmente posible continuar desarrollando la unción de Dios cuando tienes más de 100 años?
    Seguro que sí. No sólo existen ejemplos en la Biblia (Abraham y Moisés por ejemplo), pero además personalmente estuve familiarizado con un hombre que lo hizo. Su nombre era Otis Clark.
    Como ministro ungido de Dios y colaborador con este ministerio, papá Clark partió a casa a estar con el SEÑOR cuando tenía 109 años. Pero tú nunca hubieras adivinado su edad al mirarlo. Usualmente se sentaba en la primera fila durante las convenciones de creyentes y siempre lucía fuerte y saludable. A la edad en la que la mayoría de la gente hubiera esperado caminar por ahí en bata y chancletas, el usaba un traje bien ajustado y un sombrero alado.
    Más maravilloso aún, nunca se retiró de predicar el evangelio. Predicó toda su vida. La noche del sábado antes de cruzar hacia el cielo, le dijo a su familia: “quiero que mañana temprano me lleven a la iglesia”. Trataron de persuadirlo porque se había estado sintiendo regular. Le dijeron: “los doctores están preocupados por ti; no necesitas estar predicando”. Pero el insistió.
    Pasó toda la noche del sábado alabando al SEÑOR y gritando la victoria. Cuando fue a la iglesia el domingo a la mañana, le preguntaron si quería decir unas palabras y así lo hizo. ¡Predicó… y predicó… y predicó! Luego, se fue a su casa, se recostó y se fue al cielo.
    Papá Clark se marchó con estilo. ¡Predicó su camino a la gloria a los 109 años!
    ¿Cuál era su secreto?
    Él puso la PALABRA de Dios en primer lugar en su vida. Meditó en ella, la creyó y la obedeció. Buscó la sabiduría de Dios y vivió de acuerdo con ella, no sólo espiritualmente sino también físicamente. En otras palabras, cuando llegó el momento de estar saludable, papá Clark hizo su parte en lo referente a las cosas naturales. Comía y hacia ejercicio. Hizo lo que era bueno para su cuerpo.
    Si tú y yo vamos a vivir hasta completar nuestros días, tenemos que hacer lo mismo. No podemos solamente sentarnos por ahí, comer cualquier cosa que nuestra carne desee, vivir descuidadamente, engordar y creer que vamos a vivir hasta los 120 años. No sucederá así.
    Así que toma la decisión de calidad ahora mismo de renovar tu mente y pensar escrituralmente acerca de la comida. No te dejes engañar por todas las tonterías que la gente del mundo está diciendo al respecto. Ellos no saben nada. Han aparecido con ideas de cómo perder peso desde hace muchos años y sus métodos no funcionan. Por esta razón, muchas personas pierden los mismos 20 kilos una y otra vez. El mundo no sabe cómo solucionar el problema.
    Pero, ¡Dios si lo sabe!
    Así que, en vez de tratar de estar saludable siguiendo la última moda, empieza a orar y créele a Dios por sabiduría. El pondrá la información correcta en tu camino.
    Lo ha hecho por mí muchas veces. La verdad es que lo hizo recientemente. Estaba creyendo por sabiduría acerca de un problema físico y un día, mientras Gloria y yo charlábamos tomando una taza de té, algo llamó mi atención en la televisión. ¡Ni siquiera estábamos viendo la televisión en ese momento! La televisión estaba encendida, pero sin volumen. Por un segundo miré la pantalla y vi un libro que anunciaban. El Señor me dijo, ¡compra ese libro antes de que se ponga el sol!
    Obviamente lo hice. Ese libro me proveyó exactamente lo que le había estado pidiendo al SEÑOR que me diera.

    El libro que más necesitas
    Quizás estés diciendo: “también quiero leer ese libro. ¿Me puedes dar su nombre?”
    No, porque el libro que más necesitas es el que Dios ya te dio —su PALABRA escrita—. Si tú usas ese libro para edificar tu fe, entonces puedes orar como yo lo hice y escuchar tú mismo al SEÑOR.
    “Pero hermano Copeland, la Biblia es muy grande. ¿Qué parte debería leer?”
    Bueno, todo en ella es bueno así que debieras leerla toda. Pero para edificar tu fe por una vida larga y saludable, necesitas focalizarte especialmente en escrituras que hablen acerca de sanidad. Luego, cuando el diablo te persiga con enfermedades o males, estarás listo para resistirlo con la PALABRA y sacarlo corriendo.
    Eso es algo que muchos creyentes no puede hacer porque tienen preguntas sin respuestas en cuanto a la sanidad. Les han enseñado, por ejemplo, que algunas veces Dios sana y otras no. Así que cuando buscan de Él por sanidad, no están seguros si sucederá. Tienen una actitud de “nunca sabes lo que Dios va a hacer”.
    La verdad es que escuché a un presentador de noticias decir esas mismas palabras en la televisión una vez. Él hablaba acerca de cómo se desenvolvían los eventos actuales: “ya sabes, supongo que pasará si esa es la voluntad de Dios que pase. ¿Pero, quién en el mundo sabe cuál es la voluntad de Dios?”
    Le grité al televisor: “Yo la conozco”.
    Dios no quiere una cosa y escribe otra. Su voluntad está en Su PALABRA. Como la fe comienza donde la voluntad de Dios es conocida, la primera cosa que necesitas saber acerca de la sanidad es lo que Dios dice en la Biblia. ¿Es la voluntad de Dios la sanidad, o no?
    Puedes ver la respuesta a esa pregunta en Lucas 5, el cual habla de un momento en el ministerio de Jesús en el que un hombre descrito como “lleno de lepra” se le acerca. Eso significa que ese hombre no solamente empezaba a sufrir de los síntomas de esta enfermedad, sino que estaba siendo carcomido por la misma.
    Se suponía que los leprosos se mantuvieran alejados de la gente ya que en esos días eran considerados intocables. Pero este hombre no solamente llegó a una distancia muy corta de Jesús, sino que cuando vio a Jesús «se arrodilló y, rostro en tierra, le rogaba: «Señor, si quieres, puedes limpiarme». Entonces Jesús extendió la mano, lo tocó y le dijo: «Quiero. Ya has quedado limpio». Y al instante se le quitó la lepra» (versículos 12-13).
    La primera cosa que quiero que notes es lo que Jesús hizo. ¡El tocó al hombre! Jesús no estaba asustado de contagiarse de la lepra. Él tenía confianza en que la unción de Dios lo protegería de esta enfermedad.
    Hace años, cuando ministré al lado de Oral Roberts, vi esta misma clase de confianza en él. En sus reuniones imponía las manos sobre gente con toda clase de enfermedades. Él nunca retrocedió para alejarse de una persona y nunca se contagió con alguna enfermedad o dolencia en todos los años de su ministerio.
    “Sí, pero hermano Copeland, ¡él era Oral Roberts!”
    Lo sé, pero tú eres tan coheredero con Jesús como él lo era. Por lo tanto, esa misma clase de protección que el experimentaba es la voluntad de Dios para ti.
    Lo mismo es verdad cuando se refiere a la sanidad. Nunca debes preguntarte si es la voluntad de Dios sanarte. Jesús dejó claro este tema de una vez y para siempre. Cuando el leproso le preguntó si quería limpiarlo, Jesús le respondió: “Quiero”.

    La voluntad de Dios para todos los hombres, todo el tiempo
    La tradición religiosa ha tratado de robarles por muchos años a los creyentes el poder de la sanidad al declarar que esas palabras solamente aplican para ese hombre. Denominaciones completas han predicado que a pesar de que fue la voluntad de Dios sanar a ese leproso, es posible que no sea Su voluntad sanar a alguien más. ¡Pero esa idea es totalmente equivocada! Mateo 12:15 dice que durante el ministerio terrenal de Jesús: «mucha gente lo siguió, y él los sanó a todos».
    Jesús nunca le dio la espalda por alguna razón a una persona, y Él es la expresión perfecta de la voluntad de Dios para todos los hombres todo el tiempo. Así que, lo que le dijo al leproso, nos lo ha dicho a nosotros: ¡La sanidad es mi voluntad para ti!
    Jesús lo confirmó cuando nos enseñó a orar: «Hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo» (Mateo 6:10). ¿Es la voluntad de Dios que existan enfermedades en el cielo? ¡No! Por lo tanto, tampoco es Su voluntad que existan enfermedades en la Tierra.
    Alguien podría decir: “Si eso es cierto, entonces ¿por qué hay enfermedad aquí?”
    Debido a la maldición que el diablo trajo a la Tierra a través del pecado. De acuerdo con Deuteronomio 28:61, «toda enfermedad y toda plaga» es el resultado de esa maldición. Pero Gálatas 3:13-14 dice: «Cristo nos redimió de la maldición de la ley, y por nosotros se hizo maldición (porque está escrito: «Maldito todo el que es colgado en un madero»), para que en Cristo Jesús la bendición de Abrahám alcanzara a los no judíos…»
    ¡Gracias a Dios, como creyentes del Nuevo Testamento ya no estamos bajo la maldición! Estamos BENDECIDOS, y la BENDICIÓN siempre ha incluido la sanidad. La Biblia lo afirma una y otra vez. Dice:

    «Pero me servirán a mí, el Señor su Dios, y yo bendeciré tu pan y tus aguas, y quitaré de en medio de ti toda enfermedad» (Éxodo 23:25).

    «Con el poder de su palabra los sanó, y los libró de caer en el sepulcro» (Salmos 107:20).

    «Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides ninguna de sus bendiciones! El Señor perdona todas tus maldades, y sana todas tus dolencias» (Salmos 103:2-3).

    «Hijo mío, presta atención a mis palabras; inclina tu oído para escuchar mis razones. No las pierdas de vista; guárdalas en lo más profundo de tu corazón. Ellas son vida para quienes las hallan; son la medicina para todo su cuerpo. Cuida tu corazón más que otra cosa, porque él es la fuente de la vida» (Proverbios 4:20-23).

    Mira nuevamente el último versículo. Dice la “fuente” (o la fuerza) de la vida fluye de tu corazón a tu espíritu. Esas son buenas noticias, porque tienes al Dios todopoderoso viviendo en tu interior. Su vida divina está en ti. Sus fuerzas limpiadoras están en ti. Su justicia está en ti.

    Así que anima tu fe. Pon la PALABRA de Dios frente a tus ojos y libera su ADN divino. ¡Permite que la sanidad y la fuerza renovadora de la juventud de
    Dios fluyan!
    Vive desde el interior, y en vez de ponerte más débil a medida que avanzas en edad, hazte más fuerte. Crece en fe, gracia y en la unción de Dios. Navega hasta los 85 o 90 años y continúa avanzando hasta los 120. Luego, abandona esta Tierra con estilo como papá Clark lo hizo. Grita tu camino a la gloria, alabando a Dios y diciendo: “¡Me concederá muchos años de vida, y me dará a conocer Su salvación!».

    Consejos prácticos: Una vida larga y satisfecha

    Como creyentes, tu longevidad no se define por tu historia familiar. Se define por la PALABRA escrita de Dios. Así que enfoca tu fe en vivir completamente la cantidad de años que dicen las escrituras. Mantente avanzando fuerte y creciendo en la unción hasta que hayas vivido para completar una edad bíblica, y luego grita tu camino hacia la gloria al haber vivido verdaderamente una vida larga y satisfecha. A continuación te presento algunos consejos que te ayudarán:

    1) Dios define una larga vida como un mínimo de 120 años.
    Génesis 6:3: «Y el Señor dijo: «No va a estar mi espíritu peleando siempre con el hombre, pues él no es más que carne. Vivirá hasta ciento veinte años».

    2) Un beneficio de tu pacto con Dios es que tu juventud se renueva.
    Salmos 103:5: «El Señor te sacia con los mejores alimentos para que renueves tus fuerzas, como el águila».

    3) La sanidad es siempre la voluntad de Dios.
    Lucas 5:12-13: «En otra ocasión, mientras Jesús estaba en una de las ciudades, se presentó un hombre lleno de lepra, quien al ver a Jesús se arrodilló y, rostro en tierra, le rogaba: «Señor, si quieres, puedes limpiarme.» Entonces Jesús extendió la mano, lo tocó y le dijo: «Quiero. Ya has quedado limpio.» Y al instante se le quitó la lepra».

    4) Jesús nunca le dio la espalda a una persona que le pidió sanarla.
    Lucas 6:19: «Toda la gente procuraba tocarlo, porque de él salía un poder que sanaba a todos».

    5) Debido a que la vida misma de Dios está en tu espíritu, puedes liberarla por medio de la fe y dejarla fluir.
    Proverbios 4:23: «Cuida tu corazón más que otra cosa, porque él es la fuente de la vida».

  • La palabra “rico” no es una mala palabra – por Gloria Copeland

    Desde el Jardín del Edén, el diablo ha seguido tratando de robar la Palabra de Dios para Su pueblo. Y durante las últimas generaciones, existe una palabra en particular que él ha tratado de eliminar de la iglesia. Es la palabra rico.

    El diablo ha hecho su mayor esfuerzo para convencer a los creyentes que esa palabra le pertenece. Ha desparramado tantas mentiras acerca de ella, y le ha dado una connotación tan negativa, que muchos cristianos hoy en día se sienten incómodos diciendo “soy rico”, como si estuvieran maldiciendo. La verdad es que el diablo los ha engañado haciéndolos creer que rico es una
    mala palabra.

    Pero en realidad, lo opuesto es la verdad.

    Rico es una palabra bíblica. Es una palabra de bendición. Es una palabra de Dios. Sí. Dios es el primero que tuvo la idea de las riquezas financieras. Él ha hecho que Su gente sea rica desde el comienzo de los tiempos.

    Por ejemplo: debió ser Dios el que le dijo a Adán y a Eva acerca del jardín del oro. Si no fuera por Él, ellos ni siquiera se hubieran dado cuenta que era algo precioso. No hubieran sabido de su valor.

    Aun después de que Adán y Eva pecaron, y le abrieron la puerta a la maldición para que entrara en la Tierra, Dios continuó estableciendo caminos para que Su gente se enriqueciera. Hizo pactos con ellos y les prometió que al obedecerle, los protegería de la maldición y los BENDECIRÍA.

    Para asegurarnos que las riquezas materiales están incluidas en la BENDICIÓN, Dios más adelante lo dejó por escrito en la Biblia. Él dijo: «La bendición de Jehová es la que enriquece, y no añade tristeza con ella» (Proverbios 10:22, RVR1995).

    Claramente, Dios no hubiera dicho esto si rico fuera una mala palabra. Si estuviera en contra de las riquezas, no hubiera hecho que Abram fuera: «riquísimo en ganado, y en plata y oro» (Génesis 13:2). No hubiera bendecido a Isaac con: «más y más hasta que se enriqueció y fue prosperado, y se engrandeció hasta hacerse muy poderoso» (Génesis 26:13, AMP).

    Él no hubiera incrementado tanto a Jacob hasta que: «enriqueció Jacob muchísimo, y tuvo muchas ovejas, siervas y siervos, camellos y asnos» (Génesis 30:43).

    Si ser rico hubiera sido algo peligroso o vergonzoso, ciertamente Dios no hubiera hecho lo que hizo por Salomón.

    ¿Has leído alguna vez lo que pasó con él? Después de convertirse en rey de Israel, una noche Dios se le apareció y le dijo: «“Pídeme lo que quieras que yo te dé”. Y Salomón le dijo a Dios: “Tú has tenido gran misericordia de David, mi padre, y a mí me has puesto en su lugar como rey. Señor y Dios, confirma ahora la promesa que le hiciste a David, mi padre, pues tú me has puesto como rey de un pueblo tan numeroso como el polvo de la Tierra. Por favor, dame sabiduría y conocimiento para presentarme delante de este pueblo. A decir verdad, ¿quién podrá gobernar a tu pueblo? ¡Es tan grande!”.

    Y Dios le dijo a Salomón: «Por haber pensado así, y por no haber pedido riquezas, ni bienes ni gloria, ni la vida de los que no te quieren, ni una larga vida, sino que has pedido tener sabiduría y conocimiento para gobernar a mi pueblo, sobre el cual te he puesto como rey, recibirás sabiduría y conocimiento, y además te daré riquezas, bienes y gloria, como nunca antes tuvieron los reyes que te antecedieron, ni tendrán los reyes que te sucedan» (2 de Crónicas 1:7-12).

    Esta es la única manera segura de ser rico: primero la sabiduría y el conocimiento, después las riquezas.

     

    Sobrecogido por  la bondad de Dios

    Nota que Dios voluntariamente hizo que Salomón fuera rico. Salomón no se lo pidió. El solamente pidió por sabiduría y conocimiento, lo cual fue algo muy inteligente, porque de acuerdo con la Biblia, la sabiduría de Dios es lo principal o más importante en la vida. Es lo que abre la puerta a cosas como el honor, una larga vida y las riquezas.

    Como la sabiduría y las riquezas están conectadas, si Dios considerara el ser rico una cosa mala para Su gente, la respuesta a la oración de Salomón hubiera sido muy diferente. Él hubiera dicho: “no voy a darte sabiduría y conocimiento porque terminarás siendo muy rico. En lugar de eso, voy a dejarte ignorante. Voy a hacer que seas el más pobre de los pobres. Voy a bendecirte tanto que serás el rey más quebrado que alguna vez se haya visto”.

    Pero por supuesto que la conversación no ocurrió de esa manera. Al contario, Dios le dijo a Salomón que no solamente le daría sabiduría y conocimiento, sino que lo haría más rico que cualquier rey que hubiera existido o alguna vez pudiera existir.

    Desde el momento en que Dios le prometió a Salomón sabiduría y riquezas, Salomón tenía una unción para prosperar. Él continuó enriqueciéndose gracias a la palabra que el Señor había declarado sobre él. De acuerdo con la Biblia, «el peso del oro que venía a Salomón cada año, era seiscientos sesenta y seis talentos de oro» (2 Crónicas 9:13, RVR1960).

    Una vez le pedí a Kenneth que calculara cuánto equivaldría esto en la economía moderna. En ese entonces (unos 15 años atrás), el oro valía $300 dólares la onza, así que 666 talentos equivaldrían a $150 millones de dólares. Hoy en día, creo que el oro se está vendiendo por 4 veces más que ese valor. Así que el ingreso total que Salomón recibía al año eran ¡$600 millones de dólares!

    Pienso que Dios cumplió su Palabra con Salomón extremadamente bien, ¿no lo crees? La mayoría de nosotros podríamos estar muy bien con esa clase de ingreso. ¡Aun ministerios que gastan fortunas predicando y ministrando el evangelio a la gente por todo el mundo podrían estar bien con 600 millones de dólares al año!

    Pero Gloria, podrías decir, “no estoy seguro se ser tan rico es un buen testimonio para las otras personas. No estoy seguro si esto glorifica a Dios”.

    En el caso de Salomón, ciertamente lo hizo. Considera el efecto que tuvo en la reina de Sabá. Cuando ella escuchó acerca de lo que Dios había hecho por Salomón, quedó tan impresionada que quiso verlo con sus propios ojos. El compartió su sabiduría con ella y le dio un paseo por el palacio. «La reina de Sabá se quedó atónita al ver la sabiduría de Salomón y el palacio que él había construido, los manjares de su mesa, los asientos que ocupaban sus funcionarios, el servicio y la ropa de sus criados y coperos, y los holocaustos que ofrecía en el templo del Señor» (2 Crónicas 9:3-4, NVI).

    ¡En otras palabras, la reina de Sabá estaba tan impresionada por la manifestación de la bondad de Dios en la vida de Salomón que casi
    se desmaya!

    ¿No sería maravilloso si nosotros, el pueblo de Dios, tuviéramos el efecto “Salomón” en aquellos que no creen hoy en día? ¿No sería maravilloso que quedaran absolutamente asombrados por la BENDICIÓN de Dios que ven en nuestras vidas? Imagínate teniendo que decirle a las personas cuando las invites a tu casa: “tengo que advertirte, Dios ha sido muy bondadoso conmigo. Mi casa es un lugar magnífico. ¡Así que cuando la veas, no te desmayes!”

    Por supuesto, esto enojaría muchísimo a los hipócritas religiosos, pero las personas que son realmente honestas y están espiritualmente hambrientas, responderían de la misma manera que la reina de Sabá: ¡Ella le dio Gloria a Dios! «Entonces le dijo al rey: «¡Todo lo que escuché en mi país acerca de tus triunfos y de tu sabiduría es cierto! No podía creer nada de eso hasta que vine y lo vi con mis propios ojos. Pero en realidad, ¡no me habían contado ni siquiera la mitad de tu extraordinaria sabiduría! Tú superas todo lo que había oído decir de ti. ¡Dichosos tus súbditos! ¡Dichosos estos servidores tuyos, que constantemente están en tu presencia bebiendo de tu sabiduría! ¡Y alabado sea el Señor tu Dios, que se ha deleitado en ti y te ha puesto en su trono para que lo representes como rey! En su amor por Israel, tu Dios te ha hecho rey de ellos para que gobiernes con justicia y rectitud, pues él quiere consolidar a su pueblo para siempre» (versículos 5-8, NVI). La reina de Sabá alabó al Señor.

    Esto fue verdad en la época de Salomón, y es verdad ahora: Dios quiere que todos los que forman Su pueblo vivan como “carteleras vivientes” en la Tierra, revelando Su bondad y Su poder. Él quiere que aquellos que no lo conocen nos miren y digan: “Necesito averiguar más acerca de ese Dios al que los cristianos sirven. Él es generoso, amoroso y amable. ¡Su gente está realmente BENDECIDA!

     

    La protección del lugar de almacenamiento

    Si las riquezas que Dios le dio a Abrahám, Isaac, Jacob y Salomón no son prueba suficiente para ti que la palabra rico no es mala, hay muchos otros ejemplos en la Biblia que lo confirman. Por ejemplo, considera estas citas bíblicas:

    Proverbios 10:4: «Las manos negligentes llevan a la pobreza; las manos diligentes conducen a la riqueza» (Si Dios no quisiera que fuéramos ricos, Él no nos hubiera animado a ser diligentes. Nos hubiera dicho: “disfruta de la pereza”).

    Eclesiastés 5:19: «A cada uno de nosotros Dios nos ha dado riquezas y bienes, y también nos ha dado el derecho de consumirlas. Tomar nuestra parte y disfrutar de nuestro trabajo es un don de Dios» (Obviamente, si las riquezas fuera del diablo no podrían ser llamadas ¡un don de Dios!).

    Salmos 104:24: «¡Cuán numerosas son tus obras, oh Señor! Con sabiduría las has hecho todas; llena está la Tierra de tus posesiones» (LBLA). (¿A quien se supone que El Señor tenía en mente cuando Él puso sus posesiones en esta Tierra? Ciertamente no al diablo y sus seguidores. Dios puso sus posesiones (riquezas) en la Tierra para sus hijos e hijas, ¡creyentes nacidos de nuevo como nosotros!).

    Podrías preguntarte: “¿Si todo esto es cierto, porqué no hay más gente de Dios haciéndose rica? ¿Por qué hay tantos cristianos sufriendo financieramente?”

    En algunos casos es porque no han escuchado o creído la Palabra de Dios acerca de la prosperidad. Pero en muchos casos, es porque no han calificado para recibirla.

    Para calificar para recibir riquezas de parte de Dios, debemos poner a Dios y a su reino en primer lugar en nuestras vidas. Debemos atender a Su Palabra y hacer lo que Él dice es nuestra prioridad Nº 1. Debemos estar conectados a Él, y dedicarle nuestras vidas.

    No podemos tan solo vivir como el mundo y esperar que Dios igual nos prospere. No funciona así. La única manera de ganar acceso a las riquezas que Él ha “reservado” para nosotros (Salmos 31:19) es a través de la fe y la obediencia.

    Estos son los protectores de seguridad en el lugar de almacenamiento de Dios. Es lo que nos protege. Si tenemos nuestros corazones puestos en Él, y vivimos como nos dice, sabremos cómo manejar las riquezas de Dios cuando lleguen a nuestras manos. No nos drogaremos con ellas, no las usaremos en cosas y actividades inmorales, ni nos lastimaremos a nosotros mismos con ellas. Las usaremos para hacer el bien y para servir al Señor.

    Dios es tan bueno y generoso. Él está buscando todo el tiempo por gente que califique para recibir Sus riquezas. Como 2 de Crónicas 16:9 dice: «Los ojos del Señor están contemplando toda la Tierra, para mostrar su poder a favor de los que mantienen hacia él un corazón perfecto». La versión James Moffatt lo dice de esta manera: “Los ojos del Eterno recorren aquí y allá alrededor del mundo, mientras Él ejerce su poder a favor de los que le son devotos”.

    La palabra devoto significa: “fiel, leal, consagrado”. Habla de alguien que ama a Dios con todo su corazón, persevera y mantiene su Palabra. Si ese eres tú, entonces Dios está buscándote; y Él siempre encuentra aquel al que busca, no se le pasa ni uno solo. Podrías estar en la selva más profunda, y si tienes fe en lo que Dios dice acerca de la prosperidad y lo pones a Él en primer lugar en tu vida y le obedeces, no pasarás desapercibido. Él te encontrará, y te hará rico.

    Estas son buenas noticias, ¿no crees? ¡Y puedes acceder a ellas si tú quieres!

    Pero no puedes fingir tus intenciones al hacerlo. No puedes tan solo unirte a los predicadores de prosperidad y mantener una vida carnal, desobediente y pensar que las riquezas de Dios caerán sobre ti sobrenaturalmente. No sucederá.

    Dios escudriña el corazón. Él ve a través de nuestros afectos y nos dice, hoy como creyentes, esencialmente lo mismo que le dijo a los Israelitas por medio de Moisés en el Antiguo Testamento: «Y ahora, Israel, ¿qué es lo que el Señor tu Dios pide de ti? Solamente que temas al Señor tu Dios, que vayas por todos Sus caminos, y que ames y sirvas al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma; que cumplas Sus mandamientos y estatutos, los cuales hoy te ordeno cumplir, para que tengas prosperidad» (Deuteronomio 10:12-13).

    Cuando tienes esa devoción de todo corazón hacia Dios, quieres hacer algo más que solamente ir al cielo cuando mueras. Quieres ser un buen testigo del Señor aquí en la Tierra. Quieres vivir en victoria y en BENDICIÓN, y hacer todo lo que esté a tu alcance para llevar la Palabra acerca de Jesús.

    ¡Ésa es la razón por la que necesitas prosperar! No solo se trata acerca de ti, tu familia y tus necesidades. Se trata de promover y avanzar el reino de Dios. Es acerca de publicar la “cartelera” de Su bondad y tener suficientes recursos para hacer todo aquello que sea necesario.

    Dios tiene predicadores y misioneros que quiere enviar. Tiene naciones y gente que quiere alcanzar con el evangelio. Tiene iglesias que necesitan apoyo y edificios que deben ser construidos.

    ¡Se necesitará mucho dinero para hacer las cosas que necesitamos hacer en el reino de Dios en el tiempo que tenemos antes de que Jesús regrese!

    Así que deja a un lado las tradiciones de los hombres que te han hecho sentir mal acerca de la prosperidad. Olvídate lo que dice la multitud religiosa. ¿Qué importa lo que piensen? Solamente sigue adelante, y créele a Dios.

    Toma Su Palabra, recibe las riquezas que Él ha preparado para ti, y ríete camino al banco. Disfruta tu prosperidad, disfruta dando millones de dólares en la obra del reino de Dios.

    Obviamente, esto hará que el diablo se enoje porque Él quiere ese dinero. Pero no le pertenece. Le pertenece a Dios, y Él quiere que nosotros, Sus hijos e hijas, lo tengamos. Él quiere que sepamos que rico no es una mala palabra.

     

    5 CONSEJOS PRÁCTICOS PARA ENTENDER Y ACCEDER LAS RIQUEZAS DE DIOS

    La palabra rico es bíblica. Así que sigue adelante y recibe las riquezas que Dios tiene preparadas para ti. Aquí tienes unos consejos prácticos que te ayudarán a alcanzarlas.

    1) Desde la época de Abrahám, Dios ha prosperado a la gente que está bajo su pacto.

    Génesis 13:2: «…Abrám era riquísimo en ganado, plata y oro».

    2) Las riquezas materiales siempre han sido parte de la BENDICIÓN de Dios.

    Proverbios 10:22: «La bendición del Señor es un tesoro; nunca viene acompañada de tristeza».

     3) Dios fue quien hizo de Salomón el hombre más rico de todos los tiempos.

    2 Crónicas 1:12: «Recibirás sabiduría y conocimiento, y además te daré riquezas, bienes y gloria, como nunca antes tuvieron los reyes que te antecedieron, ni tendrán los reyes que te sucedan».

    4) El amor por Dios, y un corazón completamente obediente a Su Palabra, es lo que nos califica para recibir Sus riquezas.

    Deuteronomio 10:12: «Y ahora, Israel, ¿qué es lo que el Señor tu Dios pide de ti? Solamente que temas al Señor tu Dios, que vayas por todos sus caminos, y que ames y sirvas al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma».

    5) Si crees en Dios y lo pones primero en tu vida, Él te encontrará y te prosperará.

    2 Crónicas 16:9: «Los ojos del Señor están contemplando toda la tierra, para mostrar su poder a favor de los que mantienen hacia él un corazón perfecto».

  • ¡Cree que recibes tu SANIDAD! – por Gloria Copeland

    Ahora mismo puedes hacer tu decisión de vivir en salud divina, de la misma manera en la que tomaste tu decisión de aceptar a Jesús como Salvador. Primero, debes decidir estar sano. Luego, debes creer que has recibido la sanidad en tu cuerpo.
    Así como la Salvación se ofrece a “cualquiera” que la acepte (Juan 3:16), también la sanidad es ofrecida a todos lo que crean que está a su disposición.
    La palabra griega sozo que encontramos en Romanos 10:9 traducida como “salvo”, es la misma palabra traducida como “sano” en los evangelios. En Marcos 5:23, Jairo le pidió a Jesús: «…con mucha insistencia: “¡Ven que mi hija está agonizando! Pon tus manos sobre ella, para que sane (sozo) y siga con vida”». También vemos en Mateo 9:22 que a la mujer con el sangrado Jesús le dijo: «¡Ánimo, hija! Tu fe te ha sanado (sozo)» (NVI).
    Al resucitar de entre los muertos, Jesús compró sanidad para tu espíritu, tu alma y tu cuerpo. Has sido hecho completo.
    Ahora mismo por fe, confiesa a Jesús como tu sanador de la misma manera que lo hiciste el Señor de tu vida. Haz que Jesús sea el Señor sobre tu cuerpo de acuerdo con Romanos 10:10 que dice: «Porque con el corazón se cree para alcanzar la justicia, pero con la boca se confiesa para alcanzar la salvación».
    Haz de esta oración tu confesión: “De acuerdo con la Palabra de Dios, confieso con mi boca que Jesús es el Señor. Lo confieso ahora como mi sanador. Lo hago el Señor sobre mi cuerpo. Creo en mi corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos. Desde este momento mi cuerpo es salvo, sano, liberado y hecho completo.”

    Mantente Firme
    Ahora, resiste la tentación de estar enfermo de la misma manera que resistes la tentación de pecar. Esto te puede sonar muy simple, pero funciona porque la Palabra dice: «Por lo tanto, sométanse a Dios; opongan resistencia al diablo, y él huirá de ustedes» (Santiago 4:7).
    Satanás es la fuente de la enfermedad. Cuando trate de poner enfermedades en tu cuerpo, rehúsate a aceptarlas en el Nombre de Jesús, porque la enfermedad va en contra de la voluntad de Dios para tu vida. Cuando identifiques el pensamiento más pequeño de enfermedad que satanás esté tratando de sembrar, busca 1 de Pedro 2:24 y lee en voz alta lo que Jesús ha hecho por ti: «Él mismo llevó en su cuerpo nuestros pecados al madero, para que nosotros, muertos ya al pecado, vivamos para la justicia. Por sus heridas fueron ustedes sanados».
    Recíbelo por fe y agradécele a Dios que por las heridas de Jesús has sido sanado.
    La Biblia nos dice: «Manténganse, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no se sometan otra vez al yugo de la esclavitud» (Gálatas 5:1). Tu puedes disfrutar de salud divina con Jesús como tu sanador por medio de Su Nombre, Su Palabra y Su Espíritu. ¡Éso es verdadera libertad!
    Pero para obtener resultados, debes creer que recibes cuando oras — no después que te sientas, o estés bien. Tienes que ser como Abraham: «su fe no flaqueó al considerar su cuerpo». En su lugar, consideró lo que Dios le dijo (Romanos 4:19-20).
    Después de que has creído que recibes, los síntomas de la enfermedad pueden continuar, pero ese es el momento en el que debes mantenerte firme, sin temor, confesando la Palabra. «Por lo tanto, no pierdan la confianza, que lleva consigo una gran y gloriosa recompensa. Lo que ustedes necesitan es tener paciencia y resistir; para que, una vez que hayan hecho la voluntad de Dios, reciban [y disfruten por completo] lo que él ha prometido darnos» (Hebreos 10:35-36, AMP).
    No permitas que esa confianza inamovible en Dios te sea arrebatada por satanás. Estás caminando por fe y no por vista.

    Ponte de acuerdo con la Palabra
    E.W. Kenyon enseña que existen tres testigos en recibir la sanidad: La Palabra, el dolor o la enfermedad, y tú.
    Tú eres el factor decisivo. Si unes tu confesión con el dolor, estarás pasando por alto la Palabra que dice que has sido sanado. Si unes tu confesión con la Palabra, habrás pasado por alto el dolor.
    La Biblia nos enseña que una cosa es establecida mediante dos testigos. La decisión está en ti. Te puedes poner de acuerdo con el dolor para que la enfermedad sea la que mande. O te atreves a ponerte de acuerdo con la Palabra, para que la sanidad sea establecida. Tus circunstancias copiarán a tus acciones y tu confesión.
    Firme y pacientemente reconoce que la Palabra de Dios no falla. Rehúsate a andar por lo que ves, y muévete únicamente por la Palabra, y por tu confesión de Jesús como Sanador.
    La Palabra cambiará lo que ves.
    Satanás tratará de decirte que no eres salvo. Sus síntomas de dolor o enfermedad te sugerirán que no has sido sano. No caigas en sus mentiras. Al contrario, mantente firme en el conocimiento de la Palabra de Dios, creyendo que has recibido.

    Ponte en posición para recibir
    La misericordia de Dios se derrama de acuerdo con Su pacto, la Palabra. Dios se ha atado a sí mismo a Su Palabra, y debido a esto, sólo puede moverse libremente hacia aquellos que se ubican a sí mismos en una posición receptiva. Al actuar en la Palabra te colocas en esa posición.
    Jesús le dijo a un hombre de la nobleza cuyo hijo estaba a punto de morir: «…tu hijo vive». Y ese hombre creyó en lo que Jesús le dijo, y se fue». La Biblia dice que el niño comenzó a estar mejor a la hora en que Jesús dijo «Tu hijo vive» (Juan 4:46-53).
    Cuando crees que recibes tu sanidad, puedes ser sano instantáneamente, o es posible que tengas que actuar en el pacto de sanidad, a pesar de que tu cuerpo no se sienta sano. Una cosa de la que tienes conocimiento es: Cuando crees que recibes, la sanidad comienza a tomar lugar en tu cuerpo. Dios no puede mantener Su pacto sin sanarte — si tú has cumplido con las condiciones de ese pacto.
    Estás aprendiendo a moverte por la Palabra de Dios, en lugar de lo que ves y sientes. Así es como funciona la fe. Te estás transformando en ese hombre o esa mujer de fe que has anhelado ser.
    Tu fe se fortalece a medida que la usas para actuar en la Palabra de Dios.
    A medida que aprendes a mantenerte en contra de satanás y sus síntomas, verás que cada vez se hace más fácil. Pero, no existe una fórmula efectiva a menos que continuamente ejerzas la fuerza de la fe a través de la alimentación en la Palabra.
    Si lo haces, llegará un momento en el cual simplemente irás a 1 de Pedro 2:24 para reforzar la Palabra de que fuiste sanado y agradecerle a Dios por su Palabra de sanidad, y luego continuarás en tu día. Haz tu decisión de estar bien. ¡Cree que recibes!

  • CONSEJOS PRÁCTICOS: Atrapa la Visión

    Al igual que un mariscal de campo está siempre listo para lanzar un pase y ganar el juego, Dios siempre está buscando un receptor. Él está buscando creyentes que atrapen Su visión para sus vidas y corran con ella. Tú puedes ser uno de esos creyentes. Puedes cruzar la meta de la vida habiendo cumplido Su plan para tu vida. Éstos son algunos consejos que te ayudarán a lograrlo:

    1) Dios quiere hacer grandes cosas para ti.
    2 Crónicas 16:9: «Los ojos del Señor están contemplando toda la tierra, para mostrar su poder a favor de los que mantienen hacia él un corazón perfecto».

    2) Él quiere revelarte una visión divina para tu vida.
    Proverbios 29:18: «Cuando no hay visión, el pueblo se desvía; ¡dichoso aquél que obedece la ley!».

    3) Busca a Dios hasta que puedas ver Su visión para tu vida.
    Mateo 7:7: «Pidan, y se les dará, busquen, y encontrarán, llamen, y se les abrirá».

    4) Hallarás más de esa visión en la Palabra escrita de Dios.
    Salmos 119:105: «Tu palabra es una lámpara a mis pies; ¡es la luz que ilumina mi camino!».

    5) Aférrate a la visión que encuentres en la Palabra de Dios y ésta se cumplirá.
    Habacuc 2:3: «La visión va a tardar todavía algún tiempo, pero su cumplimiento se acerca, y no dejará
    de cumplirse. Aunque tarde, espera a que llegue, porque vendrá sin falta. No tarda ya».

  • CONSEJOS PRÁCTICOS: Cumple tus sueños

    6-14_consejos-practicosDios desea que tengas grandes expectativas. Quiere que tengas grandes sueños basados en la Palabra e inspirados por el Espíritu Santo, y anhela cumplir esos sueños. Sin embargo, para que Él pueda llevarlos a cabo, debes perseverar en el programa de la fe y ser paciente. Sigue creyendo y niégate a renunciar a tus sueños, sin importar cuánto tarden en cumplirse. A continuación te daré algunos consejos que te ayudarán:

    El deseo de nuestro corazón debe ser, ante todo, agradar a Dios. 1 Tesalonicenses 4:1: «Finalmente, amados hermanos, les rogamos en el nombre del Señor Jesús a que vivan de una manera que le agrada a Dios, tal como les enseñamos. Ustedes ya viven de esta manera, y los animamos a que lo sigan haciendo aún más» (NTV).

    Invierte tiempo a diario en la Palabra para fortalecer tu fe. Romanos 10:17: «Así que la fe proviene del oír, y el oír proviene de la palabra de Dios».

    Actúa de acuerdo con la Palabra en cada área de tu vida. Deuteronomio 30:14: «la palabra está muy cerca de ti: está en tu boca y en tu corazón, para que la cumplas».

    Cuando el Espíritu Santo te muestre el siguiente paso, dálo. Romanos 8:14: «Porque los hijos de Dios son todos aquellos que son guiados por el Espíritu de Dios».

    Rechaza el desánimo. Hebreos 6:12: «a fin de que no os hagáis perezosos, sino imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas» (RV95).

    Texto extraído de: Revista LVVC – Edición junio 2014, página 31