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  • 5 claves para superar la presión financiera

    5 claves para superar la presión financiera

    ¿Estás enfrentando una presión financiera extrema? Hay una salida. Aprende cómo puedes obtener la victoria con estas cinco claves para superar la situación.

    No hay muchas cosas que puedan causar tanto estrés y ansiedad como la presión financiera. Puede ser una preocupación que te consume todo el día y te mantiene despierto en la noche. Cuanto más tiempo persista, más puede afectar negativamente tus relaciones e incluso tu salud. Muchos de nosotros hemos estado en esta circunstancia.

    Cualquiera que sea tu situación actual, ya sea una deuda creciente, la pérdida de un trabajo o gastos inesperados, Dios quiere liberarte y restaurar los años que las langostas han comido (Joel 2:25). Su voluntad es siempre que vivas una vida abundante, y esto incluye tus finanzas. Él no quiere que luches ni que te preocupes. Él quiere que satisfagas todas tus necesidades, que estés equipado para ayudar a los demás y que vivas en Su perfecta paz.

    Para que Sus bendiciones se manifiesten en tu vida, debes hacer tu parte siendo obediente a Su Palabra. Puedes sentirte cansado de la lucha, pero la Biblia dice “No nos cansemos, pues, de hacer el bien; porque a su tiempo cosecharemos, si no nos desanimamos” (Gálatas 6:9 RVC).

    Aquí hay cinco claves de superar la presión financiera y volver al lugar de victoria donde perteneces.

     

    1. Recupera Tu Poder

    “Les he dado autoridad sobre todos los poderes del enemigo”. – Lucas 10:19 (NTV)

    Cuando no puedes pagar tus cuentas; los acreedores te están llamando; o te enfrentas a la pérdida de un trabajo, un auto o una casa, una cosa es segura: sientes impotencia. Cuando comienzas a sentirte de esa manera, el diablo llega para convencerte de que no hay nada que puedas hacer, y toda esperanza se pierde. Cuando te distraes con la inmensa presión que proviene de un desafío financiero extremo, es fácil olvidar quién eres y el poder y la autoridad que ya has recibido. Todo lo que puedes pensar es, ¿cómo voy a salir de esto?

    Si te encuentras en esta situación hoy, es probable que hayas recibido algún “consejo” o “ánimo” no tan bueno que parece más insensible que útil. Puedes leer tu Biblia todos los días, orar de rodillas y clamar a Dios, pero, aun así, sientes lo mismo. Si estás atrapado en ese lugar, es hora de hacer un cambio… es hora de recuperar tu poder.

    Todo comienza con rechazar la mentalidad incorrecta y construir una forma de pensar apropiada. Si has estado en una sequía severa en tus finanzas durante un largo período de tiempo, es posible que hayas caído en la tentación de asumir la mentalidad de víctima. Esto incluye pensamientos como: ¿Por qué me está pasando esto a mí? Siempre he obedecido a Dios, y ahora aquí estoy. ¿Por qué mis finanzas siempre son un desastre? No estoy viviendo en la abundancia financiera como todos dicen que debería estar viviendo.

    Cuando adoptas una postura espiritual de autocompasión, en realidad estás parado en una posición de derrota, una postura débil que invita al enemigo a involucrarse y “ayudarte” a continuar por el camino equivocado. Incluso éste usará tu pensamiento equivocado para empujarlo aún más, tal vez lo suficiente como para culpar a Dios por no rescatarte o impedir que la situación sucediera en primer lugar. Si ya estás en este lugar, es hora de prestarle atención a las luces rojas en el tablero. Sal de esta mentalidad y hazlo rápidamente. Es una bomba de tiempo que no te llevará a buen destino.

    En cambio, resiste al diablo, resiste la autocompasión y el juego de la culpa, y recupera tu posición de poder. Una persona actuando con poder no se queja, sino que toma medidas.

    Ciertamente, esto requerirá de cada gramo de fuerza que tengas, ¡pero puedes hacerlo! ¡Dios te da fuerzas cuando te sientes débil (2 Corintios 12:10), Él te armará con fuerza para la batalla (Salmo 18:39), y Él dice que siempre te lleva en triunfo (2 Corintios 2:14), ¡siempre! Puedes poner al enemigo bajo tus pies. Tomará tiempo y un corazón dispuesto, así que no te desanimes si no te sientes en la capacidad de inmediato. La clave es comenzar a tomar medidas para recuperar el poder que te pertenece en Cristo Jesús. Ese es un poder que no puede ser derrotado.

     

    2. Elimina Paulatinamente la Deuda

    “Quitemos de nuestra vida cualquier cosa que nos impida avanzar” – Hebreos 12:1 (PDT)

    Cuando enfrentas una escasez de dinero, parece imposible incluso considerar reducir la deuda. Sin embargo, aquí está el trato: la obediencia es clave para ser libres. Dios nos ha mandado a mantenernos fuera de las deudas y no deberle nada a nadie (Romanos 13:8, PDT). Si estás en deuda, no entres en condenación, ¡sal de ella! La clave es tomar la decisión de que la deuda ya no será más tu estilo de vida. No será tu fuente, no será tu sistema de seguridad, y no será el grillete que te aleje de la libertad financiera.

    No dejes que el mundo te diga cómo vivir. En cambio, escucha la Palabra de Dios y a maestros de confianza como Bill Winston, Gary Keesee y Dave Ramsey, quienes te enseñarán cómo administrar tu dinero bíblicamente. Comienza enumerando cada deuda que tengas en una hoja de cálculo para reducción de deudas. Esta hoja de cálculo te permitirá enumerar tus deudas en orden de menor a mayor. Luego, comienza a reducir tus deudas.

    Si te encuentras en una situación en la que apenas puedes llegar a fin de mes, sal con fe y obediencia pagando incluso unos pocos pesos a la vez. Dios le agregará a tu obediencia lo sobrenatural todas las veces. Él quiere ayudarte con tus finanzas. ¡Está de tu lado!

    Luego, háblale a la montaña de deudas en tu vida de acuerdo con Marcos 11:23. Cada vez que recibas un estado de cuenta, mantenlo en alto y di: “¡Gracias, Jesús, que esta montaña está pagada!” Te sorprenderá cuánta paz te traerá dar incluso el más pequeño paso hacia la libertad de las deudas.

     

    3. Sigue Diezmando y Ofrendando

    “Den, y recibirán…. La cantidad que den determinará la cantidad que recibirán a cambio”. – Lucas 6:38

    Aquí es donde la mayoría de los cristianos se pierden. Las cosas se ponen difíciles, las fuentes se secan y aprietan lo poco que tienen. Es contradictorio regalar dinero cuando te preguntas cómo vas a pagar tu hipoteca, pero es fundamental para superar la presión financiera.

    El diezmo no se basa en tus ingresos o en tu situación financiera; se trata de un sistema para honrar a Dios y recibir en retorno. No es discriminatorio: todos pueden aprovechar LA BENDICIÓN a través del diezmo y la ofrenda. No permitas que el miedo a no tener suficiente te robe tu derecho a un retorno sobrenatural. Haz que el diezmo sea lo primero que hagas con cada peso que ingresa a tu hogar (¡hazlo con fe!) Incluso si esto significa que no te sobre en lo natural. Al hacerlo, Dios dice que Él abrirá las ventanas del cielo sobre tu vida (Malaquías 3:10).

     

    4. Cambia tu Enfoque

    “Busquen al Señor y su fuerza”. – 1 Crónicas 16:11 (NTV)

    ¿Qué es lo primero que piensas cuando te levantas por la mañana? Si estas enfrentando una presión financiera extrema, es probable que tus pensamientos salten a tus problemas. De hecho, si realmente lo piensas, lo más probable es que sea lo que consume tus pensamientos durante todo el día. Es una presión que debe desaparecer, una molestia que no se detendrá y un problema que parece no tener respuesta. Pero hay una respuesta.

    Muy a menudo, el avance se produce cuando hacemos aquellas cosas que no son nuestra respuesta natural. Dios nos llama a un nivel más alto de lo que nuestras mentes carnales inventan por sí mismas. Nos llama a vivir de fe en fe y de gloria en gloria. ¡Eso requiere un poco de esfuerzo! Comienza con cambiar tu enfoque del problema hacia Él.

    ¿Quieres salir de estas cadenas? Alábale. Adóralo. Deja de pensar y orar sobre tu situación por un tiempo, y cambia tu enfoque hacia la bondad de Dios. Dale gracias por quién es, lo que ha hecho en tu vida y lo que hará (¡eso es fe!). Él es digno de todas nuestras alabanzas.

    Tal vez has olvidado por lo que estás agradecido. Tu atención se ha centrado en lo que no tienes durante un largo tiempo porque parece que este asunto requiere mucho pensamiento y atención. Puede tomar un tiempo restaurar un corazón agradecido, pero mantente hasta que sea genuino y sincero.

    Cambia tu enfoque a obedecerle. Incluso en medio de tus problemas (especialmente en medio de tus problemas), Él te está llamando para que hagas algunos cambios en tu vida y te levantes y te hagas aún más fuerte espiritualmente.

    Hazte estas preguntas difíciles. ¿Estás caminando en amor? Podrías pensar: ¿Qué tiene que ver el amor con el pago de mi auto? La respuesta es: todo. El amor es una fuerza poderosa: tiene el poder de cambiar cualquier situación en un instante. Cuando caminas en amor, total y completamente, nada puede evitar que el poder de Dios se mueva en tu vida. Por otro lado, si tienes amargura, falta de perdón u orgullo, no irás a ninguna parte rápidamente. Dios es amor, y sin amor, estás lejos de Él.

    Dedica tiempo buscando al Señor, Quien es Amor, y analiza cómo puedes crecer en el amor. El amor nunca falla. Si alguna vez necesitabas no fallar, es ahora, en tu prueba.

    5. Libera el Control de la Situación

    “Pongan todas sus preocupaciones y ansiedades en las manos de Dios, porque él cuida de ustedes”. – 1 Pedro 5:7 (NTV)

    La presión financiera es una situación inminente, ¿no es así? No es algo que va y viene, está ahí todo el tiempo. Mientras estás ocupado apagando un incendio, otro parece encenderse, luego otro. Cuando te enfrentas a la falta de aquello que necesitas, o te arrinconan en la esquina con la amenaza de perder tu casa o tu auto, es natural que quieras saltar a la acción para arreglarlo. Pero la mayoría de las veces, esa acción es preocupación.

    Tal vez te sientas irresponsable si no estás despierto por la noche, preocupándote por tu situación o buscando en Internet por la más mínima ayuda. Cuando adoptas el enfoque natural, puedes pensar en una forma de evitar un desastre, pero luego aparece otro inmediatamente. Al hacer esto, te encuentras cada vez más cansado, frustrado y desanimado que nunca. La razón es simple: cuando intentas arreglar algo de forma natural, es en ese plano donde se mantendrá tu situación.

    Lo que sea que enfrentes hoy siempre saldrá mejor en lo sobrenatural. Lo imposible de repente se convierte en posible, lo roto se arregla, lo viejo se hace nuevo y el llanto se convierte en danza. Entonces, si quieres superar la presión financiera, libera tu control sobre la situación, pon tus preocupaciones sobre el Señor y míralo trabajar.

     

    ¡Pon en práctica estas cinco formas de superar la presión financiera y prepárate para recibir Su abundante cosecha! Hay una salida a la presión financiera, no importa cuán extrema. Incluso en el momento de imposibilidad, cuando recuperes tu poder, sigue diezmando y dando, librándote de las deudas y enfocándote en alabar y obedecer a Dios; así superarás la presión financiera que enfrentas hoy. Tu victoria está del otro lado, a la espera. ¡En el Nombre de Jesús, serás libre!

  • Cómo Vivir sin Miedo: 4 Pasos Audaces con los que puedes empezar… ¡Hoy Mismo!

    Cómo Vivir sin Miedo: 4 Pasos Audaces con los que puedes empezar… ¡Hoy Mismo!

    ¡Puedes vivir sin temor! ¡Estos son cuatro pasos audaces que puedes empezar hoy para deshacerte del temor!

     

    En la Segunda Guerra Mundial, la Alemania nazi lanzó una serie de ataques aéreos contra la ciudad de Londres. Durante esos bombardeos, los residentes evacuaron sus hogares y negocios y se resguardaron en refugios subterráneos designados.

    En una noche particular de bombardeos, una mujer no asistió al refugio de su vecindario. Unos días después, algunos de sus vecinos la vieron y le preguntaron si todo estaba bien.

    “Todo está bien”, respondió ella.

    “Entonces, ¿por qué no estabas en el refugio la otra noche?” ellos preguntaron.

    “Allí huele mal”, dijo, “y no me gusta”.

    “¿No tienes miedo de que las bombas te atrapen?” preguntaron sus amigas.

    “Oh, no”, dijo con confianza. “Leí el versículo donde dice que mi Dios no duerme, ni se deja vencer por el sueño. Así que decidí que no tenía sentido que ambos estuviéramos despiertos. Solo oré: “Señor, te alabo, te doy gracias y me cubro con tu amor, y ya no voy a ir a ese refugio”.

    Este es el ejemplo de una creyente con una revelación del amor de Dios. Y fue esa revelación de amor lo que le permitió a esta mujer vencer el temor y entregarle el cuidado y el bienestar de su vida a Dios.

    Al final resultó que, solo unos días después, un avión enemigo entró y bombardeó ese vecindario y arrasó todas las casas. Cada casa, es decir, excepto la mujer que eligió permanecer en la comodidad de su hogar … y en la comodidad del amor de Dios.

    # 1 – No le dejes espacio al temor

    Como hijos amados y ungidos de Dios, es sorprendente que no hayamos aprovechado más nuestra autoridad y seguridad que habita en el amor de Dios, como lo hizo la mujer en Londres.

    En cambio, a través de nuestra ignorancia y doctrinas religiosas hechas por el hombre, hemos permitido que el diablo nos oprima y nos mantenga en todo tipo de esclavitud. Y todo por miedo.

    Tal vez te preguntes qué posible conexión hay entre el amor de Dios por nosotros y no tener miedo. Esa conexión se encuentra en 1 Juan 4:

    “Todo aquel que confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios. Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que permanece en el amor, permanece en Dios, y Dios en él. En esto se ha perfeccionado el amor en nosotros, para que tengamos confianza en el día del juicio; pues como él es, así somos nosotros en este mundo. En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera al temor…” (Versículos 15-18)

    Dios es amor. Y en el amor, no hay temor. Ni un poco.

    Además, ese amor, que no deja lugar al miedo, habita en nosotros. Entonces tampoco debería haber temor en nosotros. Después de todo, no se nos ha dado un espíritu de temor, “sino de poder y de amor …” (2 Timoteo 1: 7).

    Para que el miedo entre en el corazón de un creyente, debe venir del exterior, del mundo infestado de temor en el que vivimos. Y ahí es donde conocer y creer en el amor de Dios entra en juego para nosotros.

    Momentos antes de que Jesús fuera a la cruz, oró específicamente por nosotros “para que ellos [nosotros] seamos perfectos en uno; y para que el mundo sepa que me enviaste y que los has amado [a nosotros] como me has amado … Y les he declarado tu nombre, y lo declararé: para que el amor con el que me has amado pueda estar en ellos, y yo en ellos “(Juan 17:23, 26).

    La razón por la que Jesús renunció a su lugar en la gloria de Dios, y vino a la tierra, a asumir las limitaciones del cuerpo humano, ir a la cruz, sufrió y murió, para poder hacer esta transacción: “que por el amor con el que [Dios] amó Yo [Jesús] puede estar en ellos [nosotros] “.

    Dios nos ama con el mismo amor que ama a Jesús. Y si Él nos ama en ese nivel, entonces ciertamente nos protegerá en ese nivel. Pero tenemos que saber y creer en su amor.

    Conociste el amor de Dios en el momento en que naciste de nuevo. De hecho, fue el amor lo que te recreó. Fue el amor lo que te libró del poder de las tinieblas y te transfirió al reino de Su querido Hijo o “el Hijo de Su amor”, como se traduce literalmente (Colosenses 1:13).

    ¿Pero qué tan bien conoces ese amor?

    “Bueno, sé que Dios me ama, hermano Copeland. Pero no iría tan lejos como para decir que Él me ama como ama a Jesús “.

    Entonces no estás caminando en su amor por fe. Estás retrocediendo en lo que tu carne, y probablemente el diablo, te están diciendo.

    Las veces que no sientes la presencia de Dios o el amor de Dios, esas son las mismas veces en que es mejor que creas que Él está allí y creas en Su amor por ti. De lo contrario, tu carne te decepcionará. Tu mente te decepcionará. Y Satanás usará todo lo que pueda para presionar y alejarte del amor de Dios.

    No me importa lo “espiritualmente seco” que puedas sentirte. Eso no cambia nada. La Palabra dice lo mismo hoy como lo dijo ayer. Y dice: “En el principio era la Palabra[a], y la Palabra era con Dios, y la Palabra era Dios” (Juan 1:1).

    La Palabra es Dios Y Dios es amor. Entonces la Palabra es amor.

    Levántate todos los días decidido a dejar que solo la Palabra —amor— te diga lo que sientes, no tu carne, ni tus circunstancias, y ciertamente no el diablo. Escucha el amor que te dice: “Nunca te dejaré, ni te abandonaré” (hebreos 13: 5).

    Recuerda, cuando hemos conocido y creído el amor de Dios, “en esto se ha perfeccionado el amor en nosotros” (1 Juan 4:17).

     

    # 2 – Guarda Sus mandamientos

    Otro aspecto de nuestro amor siendo perfeccionado se encuentra en 1 Juan 2: 4-5: “El que dice: Lo conozco [conozco a Dios, conozco a Jesús, conozco el amor], y no guarda sus mandamientos [de Dios], es mentiroso, y la verdad no está en él. Pero quien cumple su palabra [de Dios], en él verdaderamente se perfecciona el amor de Dios “.

    Cuando guardas la Palabra de Dios, permites que el amor de Dios siga su curso completo en tu vida. Llegas a ese lugar de permitir que Dios haga lo que Él diseñó para hacer en tu interior. Es lo que Dios tenía en mente cuando creó a Adán. Es lo que estaba en Jesús. Y eso es exactamente lo que Él planea hacer en ti.

    Pero notemos que la clave para ser perfeccionado en el amor de Dios está unida a guardar Sus mandamientos: Su Palabra. Primero 1 Juan 3:23 dice: “Éste es su mandamiento: Que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, y nos amemos unos a otros como Dios nos lo ha mandado”.
    Este versículo se refiere al mandamiento que Jesús dio a sus discípulos: “Un mandamiento nuevo les doy: Que se amen unos a otros. Así como yo los he amado…” (Juan 13:34).

    Amaos los unos a los otros como yo los he amado …

    “¡No podemos hacer eso, Jesús!

    Por supuesto que no podemos. Es por eso que 1 Juan 3:23 precede al mandamiento de amar con “Creer en el nombre de su Hijo Jesucristo. Entonces podemos amarnos los unos a los otros.

    Eso cambia aspecto principal de lo que estamos estudiando. Saca el amor del reino emocional y lo pone en el reino espiritual. En otras palabras, necesitarás creer en el Nombre de Jesús el Ungido para poder amarse unos a otros como Él lo hizo. Va a tomar de tu fe.

    También date cuenta de que en estos dos pasajes estamos hablando de un mandamiento de Jesús. Si nos ordenó amar, entonces de alguna manera debe habernos equipado para hacerlo.

    Además, Jesús no nos amó con alguna forma humana de amor. Nos amó con el amor de Dios, y ese no es un amor cualquiera.

    A lo largo de su ministerio terrenal, Jesús usó una palabra griega para amor que era poco común. Es la palabra que conocemos como ágape.

    La gente de la época de Jesús realmente no entendía la palabra porque no era una palabra utilizada en las conversaciones del día a día. Fue utilizada principalmente en escritos clásicos y demás.

    Encontramos ágape usado en los libros del apóstol Pablo, particularmente en ese gran pasaje sobre el amor, 1 Corintios 13. Pero incluso los traductores ingleses tradujeron el amor como caridad, lo cual está más cerca del verdadero significado porque la caridad es más que solo amor.

    La caridad es en realidad un amor que tiene un gran deseo de dar. Entonces ágape, como lo usó Jesús, es más que solo amarse unos a otros. Se aman unos a otros hasta el punto de que están dispuestos a dar de sí mismos.


    # 3 – Haz un compromiso con el mandamiento del amor

    En Juan 21: 15-17, Jesús le preguntó a Pedro tres veces: “¿Me amas?” o “¿Me amas con amor Ágape?” Pedro tuvo que responder tres veces antes de acertar porque estaba tratando de responder a Jesús con las palabras de la época. Simplemente no entendió lo que Jesús estaba diciendo.

    Ágape es la clave del mandamiento de amar. Es la clave para amar como Jesús amaba.

    Para llevar el amor de Dios, el tipo de amor ágape, a la humanidad, Jesús entró en un pacto de sangre con Dios. Con el sacrificio de su propia sangre, Jesús dijo: “¡Ágape!”

    Ágape es un acto de la voluntad. Es un pacto hablado del cual no hay retirada, y sobre el cual no hay debate.

    Entonces puedes entrar y recibirlo participando de Su pacto, o puedes quedarte afuera e ir directamente al infierno. De cualquier manera, Dios te amará hasta allí porque el pacto se ha hecho. Él dijo: ¡Yo Amo!  Y eso fue todo.

    Jesús usó su voluntad para amar. Y debes usar tu voluntad para recibir.

    Pero sin la ayuda de Dios, no tenemos la habilidad natural de amar incondicionalmente. Y no se espera que guardemos el mandamiento de amar por nuestra propia cuenta, nuestro hombre natural. Ahí es donde el antiguo pacto era un problema. Los hijos de Israel demostraron cuán débil es realmente esta carne (cuerpo).

    Hoy, sin embargo, tenemos la sangre de Jesús, tenemos Su Nombre que está por encima de cada nombre y tenemos el Espíritu del Dios Todopoderoso morando dentro de nosotros. Eso es Amor ágape viviendo en nosotros. Todo lo que tenemos que hacer es tomar la decisión de guardar el mandamiento. Dios se encargará del resto.

    Pero si no nos comprometemos con el mandamiento de amar, enfrentaremos las consecuencias en 1 Juan 2: 10-11: “El que ama a su hermano, permanece en la luz, y en él no hay tropiezo. Pero el que aborrece a su hermano está en tinieblas, y anda en tinieblas, y no sabe a dónde va, porque las tinieblas le han segado los ojos”.

    # 4 – Revísate a ti mismo

    Puro y simple … el odio es una constante lucha. Pero nuestra idea del odio es esa oleada de emoción (rabia) justo antes de decidir si hacer o no un daño grave a alguien porque estás enojado con él. Pero no es así.

    Cuando Adán fue pasado de la vida a la muerte, su fe se convirtió en miedo. Y el amor de Dios dentro de él se convirtió en odio porque ahora estaba conectado con Satanás.

    Sí, existen diferentes grados de odio, Igual, sigue siendo odio. Y el más mínimo grado es tan malo y peligroso como el más alto grado.

    Puede que no quieras matar a alguien, pero te estás matando a ti mismo. Porque eso es lo que hará el odio en tu vida. Te matará, te envejecerá y arruinará tu día.

    Estoy hablando de todas esas pequeñas cosas llenas de odio que alguien podría pensar, decir o hacer, durante el día, sin darse cuenta de lo que realmente está sucediendo. Es esa lucha la que fortalece y fortalece: todo el día, toda la semana, toda la vida.

    Ahí es donde debes arrepentirte y lidiar con esas cosas en el momento en que aparecen. Ni siquiera permitas que el grano más pequeño de odio —o lucha— permanezca en tu espíritu. Porque, ten en cuenta que aquí estamos lidiando con el temor. Estamos tratando con la conexión espiritual con la muerte (hebreos 2: 14-15).

    Así que estar con odio en tu corazón hacia tu hermano no va a perfeccionar el amor de Dios en tu vida. El amor que a su vez echa fuera todo temor.

    No, 1 Juan 2:11 dice que los conflictos te arrojarán a la oscuridad.

    ¿Y qué hay en la oscuridad? Temor.

    En el momento en que el temor se te presente en cualquier forma, se consciente de que no tienes un problema de temor. Tu problema está en cumplir el mandamiento de amar como Jesús amó.

    Tal vez le disparaste a alguien cuando no deberías haberlo hecho. ¿O estás aferrado a algo que alguien dijo o hizo que te lastimó, y no lo has perdonado, o te has negado a caminar en amor?

    El punto es, ponte delante de Dios y júzgate a ti mismo. Pídele que te revele el problema y tómate el tiempo para solucionarlo … inmediatamente.

    Entonces comprométete a caminar en amor. Eso significa amar a la persona con la que tiene problemas, a menudo, por fe.

    Al hacerlo, el amor de Dios se perfeccionará en ti. Y todo miedo será expulsado. Entonces no pasará mucho tiempo hasta que empieces a andar en amor.

    El amor que nunca te abandona, ni te desampara. Expulsa todo el temor y nunca te deja en la oscuridad. Es el amor que nunca falla.

  • ¿Cómo pasar el test del temor?

    ¿Cómo pasar el test del temor?

    ¡Pasa la prueba del temor! ¡Toma autoridad sobre el miedo, confía en el amor y las promesas de Dios, manteen al diablo bajo tus pies hasta que el temor muera de hambre y alimenta tu fe en el proceso!

     

    Aún desde una edad temprana, la vida está llena de exámenes: exámenes de matemáticas, exámenes de manejo, exámenes de aptitud y muchos otros que todos enfrentamos en un momento u otro. Una prueba está diseñada para medir el rendimiento, medir la comprensión y determinar si una persona ha dominado una habilidad en particular. Cuando se trata de nuestras vidas espirituales, no estamos exentos de ser probados; de hecho, Satanás arroja todo tipo de “pruebas” o circunstancias desafiantes, con la esperanza de que mordamos el anzuelo y le demos acceso a nuestras vidas. ¿Su prueba favorita de todos los tiempos? La prueba del miedo.

    La Biblia repetidamente nos ordena “no temer”, lo que viene en forma de preocupación, ansiedad y diferentes fobias. Es el arma principal de Satanás, y él responde de la misma manera que Dios responde a la fe. Él usa el miedo para desafiar las promesas de Dios y robar la esperanza de los cristianos.

    La prueba del temor medirá si estás obrando con la esperanza de la Palabra de Dios o no. Si tienes miedo, no tienes esperanza. Si no tienes esperanza, no tienes fe. Si no estás en la fe, no estás caminando en amor. Es fácil ver cómo Satanás puede usar el miedo para obstaculizar muchas vidas cristianas.

    Entonces, cuando la Prueba de miedo llega a tu vida, ¿la pasas o la fallas? Si no has pasado la prueba en esta área, toma este tutorial sobre cómo pasar la “Prueba del temor”. Responde estas preguntas, y aprenderás cómo tomar autoridad sobre el miedo, confiar en el amor y las promesas de Dios, mantener al diablo bajo tus pies, matar al temor de hambre y alimentar tu fe.

    Pregunta 1: ¿Estás tomando autoridad sobre el temor?

     “Miren, les he dado autoridad sobre todos los poderes del enemigo.” – Lucas 10:19 (NTV)

     

    ¿Alguna vez escuchaste a alguien decir que tiene un “miedo saludable” a algo? Algunas personas piensan que el miedo es bueno. ¿Pero qué tiene de bueno? La Biblia dice que no es de Dios, por lo que no puede ser bueno. Trae tormento, falta de paz, sabiduría o libertad (1 Juan 4:18, RVC).

    Entonces, la primera pregunta en la prueba es, ¿de dónde vienen tus miedos y estás tomando autoridad sobre ellos?

    Si creciste en una familia pobre, podrías estar esclavizado por el miedo a la pobreza. Incluso podrías tratar de aplicar los principios de Dios, ¡pero el diablo te seguirá robando hasta que te acerques a Dios, te arrepientas de ese miedo y te deshagas de él!

    Lo mismo es cierto de la enfermedad. Si le tienes miedo, puedes esperar estar enfermo. El miedo producirá la enfermedad. Pero si tomas autoridad sobre el temor y la enfermedad, que son ambos del enemigo, puedes confiar en la Palabra de Dios, que dice que Él ya nos ha sanado (Isaías 53: 4-5, 1 Pedro 2:24).

    Quizás temes por la seguridad de tus hijos y estés constantemente preocupado y lleno de ansiedad. Para pasar la prueba del temor, toma autoridad sobre el miedo parándote firme en el Salmo 91 y las muchas otras promesas de Dios que prometen su bienestar. ¡Pon tu esperanza y fe en Dios!

    Efesios 6:12, RV, dice: “no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes”. Por lo tanto, si tomas la autoridad sobre el temor y rompes su poder, ¡la pobreza, la enfermedad y el fracaso que el miedo fue diseñado para traerle nunca tendrán la oportunidad de manifestarse en tu vida!

    Pregunta 2: ¿Estás confiando en el amor de Dios?

    “En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor, porque el temor lleva en sí castigo. Por lo tanto, el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor” – 1 Juan 4:18 (RVC)

     

    Este versículo establece claramente que “no hay temor en el amor”. Eso suena bastante simple. Si tienes amor, no temerás. Pero la Biblia también dice que Dios es amor (1 Juan 4:8). Entonces, si tienes a Dios, tienes amor, lo que significa que no debes tener miedo, ¿verdad? Pero si todavía tienes temor, la siguiente pregunta es: “¿Estás confiando en el amor de Dios?”

    El amor es una fuerza poderosa. Hace que nuestra fe funcione (Gálatas 5:6, RV), nos mantiene en línea con la Palabra de Dios (Juan 14:21), y nos mantiene fuera de la trampa del temor del diablo. Cuando crees y confías en el amor que Dios tiene por ti, no tendrás miedo de hacerte ilusiones y poner tu fe en Su Palabra. Si confías en Su amor por ti, entonces creerás que Él quiere prosperarnos. Creerás que Él sanará tu cuerpo. Creerás que Él protegerá a tus hijos. Creerás en Su amor.

    Es por eso que verse a uno mismo amado por el Padre celestial y confiar en ese amor es el primer paso para caminar en amor. Te permite amar a los demás y expulsar el miedo en tu vida.

     

    Pregunta 3: ¿Estás completamente persuadido?

    “…plenamente convencido de que Dios, quien había prometido, era poderoso para hacerlo”. – Romanos 4:21 (RVA)

     

    ¿Cómo sabes si estás completamente persuadido de algo? ¿Es porque piensas, sientes o deseas creerlo? No. Cuando estás completamente persuadido de algo, no puedes moverte de ello, sin importar lo que nadie diga en el mundo. Podría haber un nuevo estudio y cobertura de los medios de comunicación que te diga que el cielo es naranja. Tu vecino podría creerlo; Tus amigos podrían creerlo. Pero no cambiaría el hecho de que sabes que el cielo es azul. ¡Todo lo que tienes que hacer es mirarlo!

    Pero ¿qué pasa con las cosas que no puedes ver en lo natural, como las promesas de Dios antes de que se manifiesten? ¿Cómo puedes convencerte por completo de que las promesas se cumplirán?

    Cuando tomas una posición sobre la Palabra de Dios, Satanás vendrá inmediatamente y desafiará esas promesas con cada táctica de miedo que pueda inventar. Enviará a personas que hablan con incredulidad, circunstancias que parecen ir en la dirección opuesta, malos informes, pensamientos desalentadores, ¡lo que sea! Pero no olvidemos por un momento, ¡él es un mentiroso!

    Entonces, para responder la siguiente pregunta para pasar la Prueba del temor… ¿estás completamente convencido de que lo que Dios ha prometido que pasará? Si es así, no tendrás miedo. No renunciarás cuando el diablo arroje clavos en el camino. ¿Por qué? Porque tendrás esperanza. Tendrás la imagen dentro de ti que Jesús lo dijo.

     

    Pregunta 4: ¿Le estás dando lugar al diablo?

    “Pues Dios no nos ha dado un espíritu de temor, sino un espíritu de poder, de amor y de buen juicio.”. –2 Timoteo 1:7 (DHH)

    Toda la misión de Satanás se resume en tres palabras: robar, matar, destruir (Juan 10:10). Por eso usa la táctica del miedo con tanta frecuencia. Él usará pensamientos y circunstancias para ver si puede lograr que le des solo una pulgada al provocar que tengas miedo.

    Por ejemplo, a veces, la gente piensa que es inofensivo preocuparse. Incluso se sienten irresponsables si no lo hacen. Pero la preocupación es lo mismo que el miedo. Si le das al diablo una pulgada de preocupación, él plantará esa semilla de miedo en ti, y solo crecerá cuando te des cuenta sus amenazas acerca del futuro y sus alardes sobre el pasado. En poco tiempo, comenzarás a creer las mentiras de Satanás en lugar de la verdad de la Palabra de Dios.

    Cuando llega una prueba de miedo como ésta, solo hay una respuesta: no le des al temor un lugar en tu vida. Si el maltrato pasado, el fracaso o las manifestaciones no realizadas abren la puerta al miedo, ponlos bajo la sangre de Jesús y lávalos para siempre. Comienza diciendo: “Me niego a temer”. Haz esa declaración antes de que el diablo tome incluso 1 cm. Luego di: “Diablo, estás tratando de ponerme temor. No voy a aceptar ese miedo. ¡Sal de aquí y no vuelvas! ”

     

    Pregunta 5: ¿Estás alimentando la fe y matando de hambre al temor?

    “No se preocupen por nada …” Filipenses 4: 6 (NTV)

     

    Si alguna vez has estado en el zoológico, es probable que hayas visto una señal que dice algo así como “No alimentes a los cocodrilos”. ¿Por qué? Porque cuando los alimentas, se vuelven peligrosos. Lo mismo es cierto acerca del temor. El miedo solo es peligroso si lo alimentas. Cuando lo matas de hambre, se vuelve cada vez más pequeño hasta que ni siquiera existe en tu vida. Funciona de la misma manera con la fe. Para pasar la Prueba del temor, debes alimentar la fe y matar de hambre al temor.

    Entonces, la siguiente pregunta en el examen es, ¿cómo alimentas la fe? Con la Palabra de Dios (Romanos 10:17). Ponla en tus ojos y en tus oídos continuamente. Alimenta tu espíritu diariamente con comidas calientes de la Palabra de Dios, no solo una merienda fría a la semana. Deja que la Palabra de Dios se convierta en la autoridad final en cada área de tu vida.

    Luego, piensa en lo que sucede en tu mente. ¿Lo que estás pensando es verdadero, honorable, justo, puro, amable, admirable, excelente y digno de elogio? Si es así, “el Dios de paz estará contigo” (Filipenses 4:8-9, NVI). Cuando piensas en la Palabra de Dios, en lugar de preocuparte por tus circunstancias, simultáneamente estás alimentando tu fe y dejando al temor hambriento.

    ¿De qué otra manera matas de hambre al temor? Negándote a alimentarlo. La mejor comida para el miedo son los medios de comunicación seculares, las noticias y las personas que hablan de miedo y negatividad. ¡Elimina estas cosas de tu vida y sigue una dieta libre de miedo!

    Luego, guarda lo que dices. Si estás creyendo por algo, no digas nada contrario a las promesas que Dios te ha dado al respecto. Su objetivo es mantener sus esperanzas … no derribarlas y paralizar tu fe con palabras negativas y llenas de miedo. En cambio, habla las promesas de Dios con fe.

     

    Entonces, ¿cómo te fue? ¿Crees que tienes lo necesario para pasar la prueba del temor la próxima vez que el diablo intente robarte la esperanza y desafiar las promesas de Dios para tu vida? Cuando estudies e implementes estas estrategias, obtendrás una excelente calificación por resistir el miedo. Pasarás el curso con gran éxito y pasarás a cosas más grandes y mejores, como vivir la vida en abundancia. ¡Decídete a poner tu esperanza en Dios y conviértete en una persona que se niega a dejar que el miedo te robe las promesas del Dios Todopoderoso!

  • ¡7 claves para tomar tu sanidad ─ por fe!

    ¡7 claves para tomar tu sanidad ─ por fe!

    ¡Tómala!

    Eso es exactamente lo que tienes que hacer si quieres obtener sanidad.

    De hecho, en cada área de la vida, obtener la victoria se reduce a una sola cosa: simplemente creer lo que Dios ha dicho en Su Palabra. Lo que Él dice, lo que está escrito en la Biblia es la verdad absoluta y realmente funcionará si nos aferramos a ello.

    La sanidad no es un problema para el Señor y eso es un hecho. La única parte difícil es hacer que las personas crean lo que Él ha dicho en Su Palabra para que puedan recibir la sanidad.

    Dios nos ha dado a cada uno la opción. Lo dijo así: “os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia” (Deuteronomio 30:19). Debemos elegir tomar lo que Dios nos ha ofrecido. Y debemos hacer esto: “con valentía” dice Mateo 11:12.

    Si necesitas una sanidad, no puedes sentarte y esperar a que te caiga del cielo. ¡Tienes que hacer lo que sea necesario para levantarte en fe y tomar lo que legítimamente te pertenece!

    Tomar requiere de una fe activa. Tener fe en Dios y en Su Palabra es la respuesta final a cada problema, independientemente de lo que otros puedan decir.

    A la gente no le faltan consejos bien intencionados. Estoy segura de que lo has notado, especialmente si crees en Dios por sanidad. Lo más probable es que también hayas descubierto que la mayoría de lo que la gente dice no son consejos provechosos. Te lo puedo decir por experiencia, las respuestas que realmente funcionan se encuentran en un solo lugar: la Palabra.

    La Palabra de Dios tiene poder en sí misma para hacerse realidad. No solo eso, la Palabra nos enseña que Dios no piensa como nosotros pensamos, ni actúa como nosotros actuamos. Sus pensamientos y acciones están muy por encima de lo que pensamos y hacemos, sus planes son mejores y más inteligentes (Isaías 55:8-11/TLA).  Esto se hace posible cuando la Palabra de Dios desplaza otros pensamientos e ideas en nuestra mente. Entonces podemos orar con fe y recibir lo que necesitamos.

    # 1 – ¡La Fe cree lo que necesita!

    “Por eso te digo: ¿Qué cosas deseas, cuando oras?”, Jesús dijo, “todo lo que orando pidiereis, creed que lo recibiréis, y os vendrá.” (Marcos 11:24). Esa palabra recibir es una palabra de acción. Significa “tomar”. Podríamos decir: “Lo que desees cuando ores, cree que lo tomas”. ¡Esa es una breve lección sobre la fe!

    La fe cree que toma lo que necesita cuando ora. Eso es exactamente lo que debemos hacer cuando oramos por sanidad. Debemos tomar la sanidad como un perro toma un hueso. ¡Aprieta con fuerza ese hueso y se niega a soltarlo!

    El hecho es que realmente no has orado con fe, si cuando oras por algo, no lo tomas. Te levantarás de la oración diciendo: “No lo tengo. Todavía estoy enfermo, todavía me siento mal”, entonces nunca lo tomaste … y ciertamente no lo tienes.

    Simplemente no puedes mirar las circunstancias para determinar si estas sano o no. 2 corintios 4:18 explica que no debes “mirar las cosas que se ven, sino las que no se ven: porque las cosas que se ven son temporales; pero las cosas que no se ven son eternas “.

    Mírate tomando la sanidad durante tu oración. Mírate teniendo perfecta salud. Tómala, por fe, y aférrate a ella. Cuando la tomas, la tienes. Y si la tienes, dices que la tienes. Llamas las “cosas que no son como si fueran” (Romanos 4:17).

    Para llegar a ese punto, lee las escrituras de sanidad en voz alta y recibe (toma) cada promesa. Mira las escrituras con los ojos y escúchalas con los oídos mientras las pronuncias con tu boca. Ten la seguridad de que llegarán a tu corazón y podrán desatar tu fe. Dirás: “¡Gracias, Señor, ¡creo que estoy sano y lo acepto!”

    # 2 – ¡Sé implacable!

    Hace años, mi amiga Dodie Osteen tuvo que tomar la sanidad de esa manera. Le dieron un informe de que el cáncer en su hígado era fatal. Los doctores no ofrecieron ninguna esperanza. Entonces, Dodie fue a su casa desde el hospital. ¡Ella y su esposo tomaron medidas diligentes! Se pusieron de acuerdo sobre las promesas de sanidad en la Palabra de Dios. Confesaron la Palabra sobre su cuerpo. Eran implacables.

    Dodie tomó fielmente esas escrituras de sanidad todos los días, al igual que la medicina. Ella peleó la buena batalla de la fe usando la espada de la Palabra para resistir el miedo y todas las mentiras del diablo (Efesios 6:17; Santiago 4: 7). Fue una batalla que tomó un tiempo, pero Dodie fue completamente sana de cáncer y sigue libre de cáncer hoy en día. De hecho, ella ha estado sin de cáncer por más de 22 años. Dodie dice que se mantiene bien tomando consistentemente la medicina de Dios.

    Proverbios 4: 20-22 explica este proceso de sanidad. Dice: “Hijo mío, atiende mis palabras; Inclina tu oído a mis dichos. No se aparten de tus ojos; guárdalos en medio de tu corazón. Porque son vida para los que los encuentran, y salud para toda su carne. La palabra hebrea traducida salud significa “medicina”. Las escrituras de sanidad son la medicina que Dios tiene para tu cuerpo. Entonces, toma esa medicina diariamente, se implacable y toma tu sanidad.

    El hecho es que, como hijo del Dios viviente, ¡eres más que vencedor en Cristo (Romanos 8:37)! Entonces, si crees en la sanidad, ¡puedes echar al diablo de tu vida con la Palabra de Dios! Si lleva tiempo obtener una sanidad completa, no te rindas; ¡decídete a perseverar hasta que ganes! Y no caigas preso de la autocompasión ni busques la simpatía de los demás. Eso no es lo que necesitas. La fe es lo que necesitas.

    # 3 – Hazte cargo del trabajo pesado

    Veamos la importante lección que Jesús enseñó a sus discípulos sobre la fe y recibir de Dios. En Marcos 11, encontramos que Él les encargó simplemente “Tener fe en Dios” (versículo 22). A modo de explicación acerca de esta escritura, el margen de mi Biblia dice: “Ten la fe de Dios”. La fe se nos imparte cuando nacemos de nuevo, y se nos da “la medida de la fe” (Romanos 12: 3). En ese momento, Dios nos da el mismo tipo de fe que tiene. Pero, tenemos la responsabilidad de alimentar y hacer crecer nuestra fe.

    La fe para la sanidad viene mientras meditamos en lo que la Palabra de Dios dice acerca de la sanidad. Cuando leemos las escrituras acerca de esto, estamos construyendo nuestra fe para obtener sanidad. Un fisiculturista levanta pesas constantemente para desarrollar sus músculos. Se vuelve más fuerte día a día mientras se ejercita. Desarrollamos nuestra fe de la misma manera: ejercitamos (repasamos) las escrituras de sanidad una y otra vez hasta que seamos lo suficientemente fuertes en la fe para llevar nuestra sanidad del reino espiritual al reino natural. Hebreos 11: 1 lo dice de esta manera: “Ahora la fe es la sustancia de las cosas que se esperan, la evidencia de las cosas que no se ven”. Jesús les dijo a varias personas que recibieron sanidad que fue su fe la que los sanó. (Ver Mateo 9:22; Marcos 10:52 y Lucas 17:19.) Y, la fe funcionará para usted de la misma manera que funcionó para los mencionados en la Biblia.

    Dios está presente donde la fe está presente. La fe hace que el poder de sanidad sobrenatural de Dios aparezca en escena y anule las enfermedades y circunstancias naturales.

    # 4 – Lee la palabra

    Estoy seguro de que te das cuenta de que la fe necesaria para creer por sanidad no vendrá leyendo revistas seculares o cómics. Para construir tu fe, debes leer la Biblia y creer que Dios te está hablando. Romanos 10:17 explica: “Entonces, la fe viene por oír y el oír por la palabra de Dios”. Encuentra las escrituras que se apliquen a tu situación y toma estas promesas y aplícalas en tu vida. Saber que la Biblia es la Palabra de Dios para mí, y que puedo tomarla y hacer algo con ella (Juan 17:17), es una verdad que cambió mi vida.

    La Biblia nos dice lo que Dios dice sobre las cosas. Hombres de la antigüedad, ungidos por el Espíritu Santo, escribieron lo que salió del corazón de Dios. Con respecto a la sanidad, escribieron cosas como “por cuyas llagas fuisteis sanados” (1 Pedro 2:24).

    El espíritu nacido de nuevo es un recipiente para la Palabra de Dios. Sus palabras entran en nosotros cuando las tomamos constantemente a través de nuestros ojos y oídos. A partir de ahí, sus palabras que dan vida bajan a nuestros corazones o espíritus y afectan todo nuestro cuerpo.

    Entonces, si necesitas sanidad, aliméntate de las escrituras sobre sanidad diariamente. Tu fe aumenta según la cantidad de tiempo que pases en la Palabra de Dios. ¡Cuando la Palabra llegue a tu corazón y se desborde por tu boca, la sanidad por la fe se manifestará!

    Jesús dijo en Mateo 12:34, “Porque de la plenitud (el desbordamiento, la superabundancia) del corazón habla la boca” (La Biblia Amplificada). Lo que dices continuamente con tu boca es lo que estás disfrutando o luchando en tu vida hoy. Tus palabras abren o cierran la puerta al poder de Dios obrando en tu situación. También le abren o le cierran la puerta al diablo. Entonces, si te encuentras diciendo cosas que no deseas en tu vida, arrepiéntete y cambia tus palabras. Habla solo lo que quieras que suceda.

    # 5 – Desata la fe con tus palabras

    Cada palabra que dices es importante. Para tener fe en la sanidad que opera en tu vida, debes tener confianza no solo en la Palabra de Dios, sino también en Sus palabras. Marcos 11:23 dice: “Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate, y échate en la mar, y no dudare en su corazón, más creyere que será hecho lo que dice, lo que dijere le será hecho”

    La fe viene al escuchar y se pone en acción al decir. La fe es liberada por tus palabras.

    La fe es creer lo que Dios dice en su Palabra, independientemente de lo que pueda decir cualquier persona, circunstancia o demonio. Y la fe habla lo que dice la Palabra. Cuando llevas la Palabra a tu corazón y sale a través de tu voz, se convierte en la Palabra de Dios aplicada al problema. Si mantienes tus palabras de acuerdo con la Palabra de Dios, cambiarán tus circunstancias naturales. O, como dijo Jesús, “La verdad te hará libre” (Juan 8:32).

    Pero si lees la Palabra con los ojos tradicionales, sin creer que las promesas son para tu vida, te descalificas para recibir esas promesas. Necesitas creer en Dios y en Su Palabra para que la Palabra transforme tu situación.

    Recibe la Palabra como la verdad. Luego confiesa: “Ese es Dios quien me habla. Puedo tenerlo ¡Lo tomo!”

    Esa es la fe.

    # 6 – Toma posesión de la tierra

    Después de haber recibido la Palabra de Dios para la sanidad por fe, comienza a hacer lo que no podías hacer antes. Santiago 1:22 dice que debemos ser hacedores de la Palabra, no solo oidores.

    Los hijos de Israel en el desierto son un buen ejemplo de lo que les sucede a los oidores que no son hacedores. A través de Moisés, Dios le dijo a esta nación de personas, que les había dado la tierra. En un momento, Moisés básicamente les dijo que lo que el señor había dicho; han estado dando vueltas por la misma montaña el tiempo suficiente (Deuteronomio 1: 6). ¿Alguna vez te has sentido así? ¡Quizás incluso ahora estás recorriendo esa montaña de incredulidad y no estás llegando a ninguna parte rápidamente!

    Si es así, ¡puedes tomar medidas de fe drásticas!

    Lo que Dios dijo a los hijos de Israel también se aplica a ti. Él dijo: “He aquí, yo he puesto la tierra delante de ti: entra y posee la tierra que el Señor juró a tus padres … para darles a ellos y a su descendencia después de ellos” (versículo 8).

    Dios les había prometido la tierra. Pero poseerla no era automático. Les estaba diciendo que fueran armados y la tomaran. Esa era la única forma en que la iban a conseguir.

    Si necesitas sanidad, ¡así es como debes poseerla también! ¡Debes tomarla!

    # 7- ¡Tómala con valentía!

    La sanidad te pertenece a ti y a mí. Dios nos ha dado grandes promesas en su Palabra, incluyendo promesas de salud y plenitud. Él envió a Jesús a morir en la cruz para redimirnos del pecado y la enfermedad. Gálatas 3:13 dice: “Cristo nos ha redimido de la maldición de la ley, siendo hecho maldición por nosotros …”. La maldición incluye cada enfermedad y cada dolencia (Deuteronomio 28: 15-68). El sacrificio de Jesús pagó para que seamos redimidos de todas ellas.

    En lo que respecta a Dios, eso resuelve el problema de la sanidad. Ya todo está hecho. No le queda nada por hacer. La sanidad nos pertenece en Cristo Jesús y, sin embargo, no es automática. Depende de nosotros recibirla.

    Si necesitas sanidad, ¡tómala con tu fe y con tus palabras!  Cree que la recibes y no vaciles.

     

  • ¿Es la sanidad realmente para todos?

    ¿Es la sanidad realmente para todos?

    Este mensaje único sobre la sanidad alterará para siempre cómo ves la enfermedad y la dolencia.

    por Kenneth Copeland

    ¡Tus días de enfermedad y dolencias han terminado! Nunca olvidaré el día en que Dios me dijo esas palabras: fue una de las mejores noticias que he escuchado. Lo creí y he estado caminando en esta gloriosa verdad más de cinco décadas. Si deseas que Dios te diga esas mismas palabras, te preguntarás si la sanidad es realmente para todos. Bueno, te tengo buenas noticias: ¡la sanidad es para todos!

    Él nos lo ha dicho a todos.

    Lo dijo con tal poder y fuerza que hizo temblar el infierno y sonar el cielo. Lo escribió en la sangre del pacto de su propio Hijo. Lo gritó a través de los siglos a través de los profetas, apóstoles y predicadores.

    El problema es que la mayoría de los cristianos realmente no han dejado que llegue a sus corazones y se convierta en verdad para ellos. Dios lo ha dicho… pero aún no lo han creído.

    Si ese es tu caso, entonces lo que estás a punto de leer puede cambiarlo para siempre. Si llevas este mensaje, lo estudias en las Escrituras y compruebas por ti mismo que es la verdad, si te atreves a creerlo y a actuar en consecuencia, no solo cambiará tu corazón, sino que también cambiará tu cuerpo.

    Este mensaje único sobre la sanidad cambiará para siempre cómo ves la enfermedad y las dolencias. Eliminará todas las dudas sobre la voluntad de Dios para tu sanidad y te abrirá la puerta de la salud divina. A continuación, te presento tres verdades que te ayudarán a resolver este problema en tu mente de una vez por todas.

     

    Verdad # 1: La Cruz nos liberó completamente de la maldición.

    Para comprender esta verdad, debes regresar a la cruz, al lugar donde Jesús pagó el precio por ti: espíritu, alma y cuerpo. El calvario fue el evento más completo que jamás haya tenido lugar.

    Dios no dejó nada por fuera. Ninguna cosa maldita que surgió a través de la unión de la humanidad con Satanás quedó en pie. Jesús triunfó–sobre todo. Al tomar sobre Sí Mismo todo lo que el hombre caído haya sufrido alguna vez, nos hizo libres: espíritu, alma y cuerpo.

    Se convirtió en nuestro sustituto. Se hizo pobre para que pudiéramos ser ricos (2 Corintios 8:9). Se debilitó para que pudiéramos ser fuertes. Él soportó la muerte para que pudiéramos ser vivificados (1 Corintios 15:22). “Él personalmente llevó nuestros pecados en su cuerpo en la cruz para que podamos estar muertos al pecado y vivir para lo que es correcto. Por sus heridas fuimos sanados” (1 Pedro 2:24).

    Observa cómo la sanidad y el perdón van de la mano. Dios no los separa. El motivo es simple. ¡No están separados!

    Sin embargo, algunos teólogos han tratado de robar el mensaje de la Cruz de todo su poder al enseñar que esta sanidad es meramente una sanidad espiritual. Pero Isaías 53:5 dice: “Fue herido por nuestras transgresiones, fue molido por nuestras iniquidades: el castigo de nuestra paz fue sobre él; y por sus llagas fuimos curados” (RV).

    Debo admitir que, a juzgar por la vida derrotada y enferma de muchos cristianos, puede parecer que el plan redentor hizo poco más que salvarnos del infierno casi que por un pelo. Pero eso se debe a que, en su mayor parte, no tenemos idea de lo que realmente sucedió en el Calvario. Y esa falta de conocimiento ha destruido muchas preciosas vidas cristianas.

    Pero la Palabra de Dios dice que Jesús fue herido por nuestras iniquidades … y por las heridas que le fueron causadas, fuimos sanados. Las palabras herido y azote se traducen de la misma palabra hebrea … así que eso significa que podemos decirlo de esta manera: “Fue herido por nuestras iniquidades y por esos azotes fuimos sanados”. ¡No dejes que nadie te convenza de que tu sanidad no fue parte del plan de redención de Dios, porque lo fue absolutamente!

     

    Verdad # 2: La sanidad y el perdón del pecado fueron comprados por la misma sangre que se derramó por las heridas en el cuerpo de Jesús.

    Jesús pagó el mismo precio asombroso por nuestros pecados y nuestra sanidad. Llevo sobre su propio cuerpo toda enfermedad y dolencia, así como asumió sobre sí el pecado de la humanidad. Sufrió los tormentos de cada hombre, para que pudiéramos estar libres de todos ellos.

    El solo pensamiento de esto tambalea la mente. ¡El pecado por si solo es poderoso! Cambiará el color del cabello de una persona. Torcerá su semblante. Oscurecerá la luz en sus ojos.

    Pero Su sacrificio se expandió para incluir las enfermedades de cada hombre, mujer y niño que alguna vez vivirá en este planeta. Por supuesto, no podemos imaginar tal horror. Pero si pudiéramos, podríamos ver el horrible precio que Jesús pagó por nosotros en el Calvario.

    A la luz de tal sacrificio, ¿cómo nos atrevemos a ignorar lo que sucedió en la Cruz y decirle a un hermano enfermo que es la voluntad de Dios que esté enfermo un poco más para que pueda aprender algo? Es como decir que Dios querría que alguien esté en pecado un poco más para aprender algo. Y, por supuesto, ¡eso es absurdo!

    Ya es hora de que nos demos cuenta de que Dios odia la enfermedad de la misma manera que odia el pecado. ¡El pecado, la enfermedad y las dolencias salieron del mismo pozo al mismo tiempo!

    Ahora, si por un tramo intrincado de la imaginación religiosa pudiéramos decidir que es su voluntad que nos enfermemos, tendríamos que condenar a todos los médicos y enfermeras por tratar de frustrar la voluntad de Dios. Eso no tiene sentido, ¿verdad?

    Verdad # 3: La sanidad siempre llega a quienes la reciben.

    Dios dijo: “Por su llaga fuimos nosotros curados” (Isaías 53:5, RV). También dijo: Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si estuviere en pecados, le serán perdonados” (Santiago 5:15). Y Él dijo: “[Jesús] tomó nuestras enfermedades y quitó nuestras dolencias” (Mateo 8:17).

    Dios siempre cumple Su Palabra: la sanidad siempre llega. El nuevo nacimiento llega de la misma manera a cualquiera que siga las instrucciones en Romanos 10:9-10: “Si declaras abiertamente que Jesús es el SEÑOR y crees en tu corazón que Dios lo levantó de entre los muertos, serás salvo. Porque es creyendo en tu corazón que estás bien con Dios, y es declarando abiertamente tu fe que eres salvo”.

    El problema ha estado en nuestra recepción, no en la entrega de Dios.

    “Pero si recibir la sanidad es tan simple como recibir la salvación”, preguntan, “¿por qué tantos cristianos siguen enfermos?”

    Principalmente, es porque la verdad sobre la sanidad no se ha predicado constantemente. Dado que “la fe viene al oír, y al oír la PALABRA de Dios” (Romanos 10:17, RV), se deduce que la falta de enseñanza de la plenitud del evangelio ha dejado a muchos cristianos sin suficiente fe para curar un dolor de cabeza, mucho menos cáncer.

    Si estás deseando en este momento que la sanidad comience a obrar en tu cuerpo, ¡deja de desear y comienza a cavar en LA PALABRA! Estudia, medita y escucha predicas llenas de fe sobre la sanidad y la redención. Entonces comienza a predicarlo. Predícalo para ti mismo. Predícalo a tus hijos. Predícalo a tu perro si él es el único que te escuchará. Probablemente no hará mucho por él, pero te ayudará, y eso es lo que importa.

    No digo que sea fácil. No lo será, No en esta vida, No en este mundo, No puedes vivir en la victoria sobre el pecado sin hacer un esfuerzo, y no puedes seguir adelante en la vida y esperar que Dios deje caer la sanidad en tu regazo.

    No, tendrás que soportarlo. Tendrás que pelear la buena batalla de la fe. Pero como he respondido en este artículo, la sanidad es para cada creyente. Sí … estás en una batalla, ¡pero es una batalla que puedes ganar y tienes derecho a ganar!

  • Las Llaves que Desbloquean la Sanidad

    Las Llaves que Desbloquean la Sanidad

    ¿Estás intentando descubrir la sanidad y te sientes como hurgar en un fajo de llaves gigante para encontrar la correcta? ¡Deja de buscar! Las claves que desbloquean la sanidad están aquí.

    Si alguna vez has perdido tus llaves, tienes claro una cosa: ¡puede ser frustrante! No puedes abrir la puerta de tu casa, no puedes encender tu automóvil y no puedes recibir el correo. Estás bloqueado y no tienes acceso a lo que te pertenece.

    A veces, podemos sentir lo mismo espiritualmente cuando se trata de sanidad. Sabemos que la sanidad nos pertenece. Sabemos que la abundancia, la paz y la alegría son legítimamente nuestras, pero parece que no podemos encontrar las llaves. Vamos al terreno espiritual mirando de un lado a otro y pensamos: Tal vez si oro más y más, tal vez si digo algunas confesiones más, obtendré mi sanidad. O incluso podríamos desviarnos lo suficiente como para pensar: Tal vez no sea la voluntad de Dios sanarme.

    Detnénte allí mismo.

    Si estás en el lugar donde estás pasando por un fajo de llaves espirituales del tamaño del llavero de un conserje, y te preguntas si existe una llave, es hora de dar un paso atrás y mirar al Maestro Cerrajero. Él tiene la llave maestra que abre todas las puertas a tu bendición, tu sanidad y tu victoria: es la Palabra de Dios. Ya no tienes que buscar las llaves de tu sanidad. No tiene que seguir probando una llave tras otra en ese llavero gigante. El ministerio de vida y sanidad de Jesús toma las llaves exactas que necesita del anillo y las coloca directamente en sus manos.

    Si estás listo para dejar de jugar con ese llavero gigante, aquí hay cinco claves que desbloquean tu sanidad.

    Clave No. 1: Meditar en Dios

    “Hijo mío, presta atención a mis palabras; Inclina tu oído a mis dichos. No dejes que se aparten de tus ojos; guárdalos en medio de tu corazón; porque son vida para quienes los encuentran y salud para todo su cuerpo “. –Proverbios 4:20-22

    Una de las claves para desbloquear la sanidad se encuentra en las manos de la mujer con el flujo de sangre (Lucas 8: 43-48). No sabemos mucho acerca de esta mujer, no sabemos su nombre, sus antecedentes familiares o lo que puede haber causado su dolencia. Ni siquiera sabemos si ella había conocido a Jesús antes. Pero sí sabemos esto: se sanó.

    ¿Cómo? Bueno, fue un largo proceso para ella. Había estado luchando con su enfermedad durante 12 largos años. Había gastado cada centavo que tenía tratando de mejorar, pero en cambio era peor. Tampoco se le permitía caminar por las calles, por lo que había estado encerrada en su casa durante todos estos años, hasta ahora.

    ¿Qué causaría que alguien dé un salto de fe y salga de su casa para caminar por las calles (ilegalmente) y preguntarle a un hombre que quizás nunca haya conocido para sanarla?

    La respuesta es simple: fe.

    ¿Cómo llegó ella con una fe tan audaz? Al meditar en Jesús. Aunque estaba encerrada, claramente había oído hablar de él. Ella había oído hablar de sus milagros, su compasión, sus sanidades. Había meditado sobre estas cosas en su corazón el tiempo suficiente para que la fe surgiera en su interior. Ella ya creía en la sanidad antes de salir a la calle.

    Lo pensó y lo pensó hasta que llegó la fe, y luego salió de su boca cuando dijo: “Si puedo tocar su manto, estaré completa” (Marcos 5:28). ¿Y qué dijo Jesús? Él dijo: “Tu fe te ha sanado” (Marcos 5:34; NVI).

    Esa misma clave funcionará para ti. Comienza a meditar en la Palabra. Medita en Jesús en lugar de pensar en lo que el mundo tiene para decir o lo que te dicen tus síntomas o tus sentimientos. Apaga la televisión por un tiempo y mantente enfocado en Él. Si ves anuncios de pastillas y medicamentos para las enfermedades, ¡responde lo siguiente!: “Hay sanidad para eso. No necesito tus pastillas. Gloria a Dios.” Responde o no lo mires. Evita que tu conciencia tenga acceso a cualquier cosa que no sea Jesús hasta que la fe venga y entre en tu boca, y comiences a hablar fe. Sabrás cuándo llegue, ¡cuándo empiezas a emocionarte!

    Marcos 11:23-24 nos dice que todo lo que deseemos, cuando oramos, debemos creer que lo recibimos. Entonces, cuando ores, comienza a creer mientras oras, no después. La mujer con el problema de la sangre no solo saltó a la calle ese día y se sanó. No. Pasó suficiente tiempo meditando sobre esto para estar completamente persuadida, y ese tiempo meditando sobre Jesús desbloqueó su sanidad.

     

    Clave No. 2: Vístete de la humildad bíblica

    “Por lo tanto, acerquémonos con valentía al trono de la gracia, para que podamos obtener misericordia y encontrar gracia para ayudar en tiempos de necesidad”. –Hebreos4:16

    Es posible que no hayas buscado en tu llavero esta llave de sanidad, pero se ajusta a la cerradura y abre la puerta. ¿Qué es? La humildad.

    La definición bíblica de la humildad es “audacia”: llegar con valentía al trono de la gracia para encontrar misericordia y ayuda. Andrew Murray definió la humildad como “el lugar de la dependencia total de Dios”. [1] En otras palabras, cuando no creemos que necesitemos la ayuda de Dios, o estamos tratando de resolver todos nuestros problemas en nuestras fuerzas o estamos hasta las rodillas en el pecado del orgullo.

    ¿Cómo saber si estás actuando con orgullo? El orgullo dice: “Puedo hacerlo solo”. El orgullo se mantiene toda la noche tratando de arreglarlo. ¿Por qué Dios no viene y lo arregla? Porque no puede. Estas manteniéndote en tu problema.

    Por otro lado, la humildad es reconocer que Dios es más grande que nosotros. Se nos instruye que nos vistamos con humildad (1 Pedro 5:1-5) y eso incluye echar nuestra preocupación sobre Dios (1 Pedro 5:7).

    ¡Esto significa deshacerse de tus preocupaciones–– todas ellas! Dios no quiere que cargues con una sola.

    Él quiere que vivas una vida despreocupada, con el poder del Espíritu Santo.

    ¿Recuerdas a la mujer sirofenicia que le pidió a Jesús que sanara a su hija quien estaba poseída por un demonio (Mateo 15:22-28)? Él respondió y dijo: “No fui enviado sino a las ovejas pérdidas de la casa de Israel”. Entonces ella se acercó y lo adoró. Ella lo llamó Él “Señor”. Ella lo llamó, “Hijo de David”. Ella clamó por misericordia diciendo: “Señor, ¡ayúdame! “Pero Él respondió y dijo: No es bueno tomar el pan de los hijos y tirarlo a los perrillos”. (Toma nota de eso. La sanidad es el pan de los niños).

    Somos la familia de Dios. Ella, en ese momento, estaba fuera de la familia de Dios. Es por eso que Jesús dijo esto. Ella podría haberse ofendido fácilmente aquí. Pero, en cambio, ella se humilló y dijo: “Sí, Señor, aun los perritos comen las migajas que caen de la mesa de los maestros”. Entonces, Jesús respondió y dijo: “¡Grande es tu fe! Deja que te sea hecho como quieres”

    Ella no tenía orgullo. Ella vino a entregar a su hija y se humilló delante de Jesús. Esa es la gran fe de la que Jesús estaba hablando.

    Cuando echas tus preocupaciones y te deshaces de tu miedo, estás caminando en la humildad de la Biblia. La Biblia nos dice que es el amor perfecto el que echará fuera nuestro temor (1 Juan 4:15-18). Entonces, practica el amor de Dios y deja que se desarrolle y crezca en ti. Su amor perfecto en tu interior expulsará el miedo y te permitirá caminar en el tipo de humildad que desbloquea la sanidad.

     

    Clave No. 3: No te irrites con facilidad

    “El amor … no se irrita”. –1 Corintios 13: 5 (AMPC)

    Siempre que necesites recibir algo de Dios o caminar en Su perfecta voluntad, hay una llave maestra que siempre se ajusta a la cerradura: EL AMOR. Dios es amor (1 Juan 4:8).

    Y nos ha mandado que nos amemos unos a otros (Mateo 22:37-39). Entonces, cada vez que estamos fuera de sintonía con el amor, estamos fuera de sintonía con Su voluntad y fuera de la alineación para recibir cualquier parte de LA BENDICIÓN, incluida la sanidad.

    Primera Corintios 13 nos da una imagen completa de cómo se ve el amor, y una característica es que el amor no se irrita.

    Estos son los síntomas de las personas irritables:

    • Son imposibles de enseñar y se ofenden fácilmente
    • Son rápidos para enojarse y lentos para arrepentirse
    • Piensan que nunca se equivocan
    • Parece que siempre le duelen sus emociones.

    Si te identificas con alguno de estos, hay una solución. Camina en amor y permanece en amor todo el tiempo. Eso suena simple, pero como todos sabemos, ¡requiere de trabajo! El amor es una decisión. El amor de Dios es derramado en nuestros corazones (Romanos 5:5), y eso significa que tenemos lo que se necesita. Simplemente tenemos que estar dispuestos. Caminar en amor es algo que debe desarrollarse y mantenerse en nuestro interior, ¡pero la recompensa lo vale!

    Hay dos formas prácticas de comenzar a construir su caminar en amor y responder a las situaciones de la vida con sabiduría:

    1. Estudia las características del amor en 1 Corintios 13:5. Escribe este versículo en una tarjeta de 3×5 y léelo en voz alta todos los días.
    2. Lee un capítulo del libro de Proverbios cada día.

    Haz que caminar en amor sea un enfoque importante en tu vida. No seas irritable y no juzgues a nadie.

    Ten un espíritu enseñable. (Si una persona no se puede enseñar, no puede ser corregida o dirigida. Entonces el Espíritu Santo no puede protegerla). Camina en el amor de Dios, y activarás LA BENDICIÓN todo el tiempo.)

     

    Clave No. 4: Camina libre de ofensas

    “Cuando estás orando, primero perdona a cualquiera a quien le guardes rencor”. –Marcos 11:25

    Cuando encuentres que tu sanidad se ve obstaculizada, puedes sentir que estás poniendo una llave cuadrada en un ojo de cerradura redondo. Si intentas desbloquear la sanidad sin amor, tu llave no encajará. Puedes forzar la cerradura todo lo que quieras: la puerta no se abrirá. Eso es porque mantenerse alejado tanto de la ofensa como de la falta de perdón es un requisito previo para recibir la sanidad.

    ¿Cómo lo sabemos?

    Marcos 11:24 es el versículo de fe al que se hace referencia con tanta frecuencia, que dice: “Por lo tanto, te digo, cualquier cosa que pidas cuando ores, cree que las recibes y las obtendrás”.

    Lo que muchas personas parecen omitir es el versículo que sigue inmediatamente, que continúa, diciendo: “Y cuando estés orando, si tienes algo en contra de alguien, perdónalo, para que tu Padre en el cielo también te perdone tus transgresiones” (versículo 25).

    Asegúrate de tener esta llave de la sanidad en tu mano. Tómate un tiempo para sentarte con el Señor y pedirle que te muestre si estás en conflicto con alguien o si te has ofendido. Si es así, el diablo puede entrar y hacerte tropezar. Marcos 4:17 nos dice que el diablo usa ese tipo de ofensas para robar la Palabra de nuestros corazones. Si puede hacernos sentir ofendidos, puede sacar el tapón de nosotros y drenar la Palabra como el agua de un balde.

    Entonces, rechaza esos sentimientos de ofensa. El tipo de amor de Dios perdona y no guarda rencor.

    Y no te olvides de perdonarte a ti mismo. Si te aferras a un fracaso pasado, todavía estás bloqueando tu sanidad al negarte a perdonar. Recuerda, una vez que confiesas y te arrepientes, Dios es fiel para perdonarte y limpiarte (1 Juan 1:9). Ahora, debes recibir tu perdón y seguir adelante, o te perderás una de las llaves importantes que desbloquean la sanidad.

     

    Clave No. 5: Toma autoridad sobre tus palabras

    “Entonces dijo al árbol…” – Marcos 11:14 (NVI)

    Hay una de las llaves que desbloquean la sanidad que encontrarás en un lugar interesante: tu boca. Jesús demostró esta verdad cuando habló a la higuera. Lo usó como la base de Marcos 11:23-24, donde dijo: “lo que dice, lo que diga le será hecho”. En otras palabras, lo que decimos es lo que obtendremos.

    Vivimos en un entorno dominado por palabras, y toda nuestra vida es el resultado de lo que hemos estado diciendo. Es por eso que las Escrituras nos dicen que debemos prestar atención a la Palabra de Dios, ponerla en primer lugar, ponerla en nuestros corazones, meditar en ella y hablar de ella con nuestras bocas (Proverbios 4:20-22).

    Se nos fue dada la habilidad de hablar como Dios por una razón. Tienes derecho a elegir las palabras que hablas. Pero para desbloquear la sanidad, debes tomar autoridad sobre tus palabras.

    Si desea recibir sanidad por fe, en lugar de hablar de lo miserable que te sientes, haz una declaración de Isaías 53:5. Di: “Jesús fue herido por mis transgresiones. Fue molido por mis iniquidades. El castigo de mi paz fue sobre él, alabado sea Dios, ¡fui sanado!

    Si continúas meditando en estas palabras y confesándolas, la verdad que hay en ellas comenzará a penetrar. Se arraigarán en tu corazón y comenzarán a crecer. Y eventualmente, hablarás desde la abundancia de tu corazón.

    Ahora que conoces estas cinco llaves que desbloquean la sanidad, pasa tiempo meditando sobre estas verdades y poniendo en práctica lo que has aprendido. Sé un hacedor de la Palabra. Dedica tiempo a leer las escrituras sobre la sanidad, y cree que la voluntad de Dios para tu es la sanidad. ¡Toma estas llaves, camina valientemente hacia la puerta de la bendición y desbloquea tu sanidad hoy!

     

    [1] Humility, Andrew Murray, 2001, Bethany House Publishers

  • Cómo Obtener y Mantener tu Sanidad  

    Cómo Obtener y Mantener tu Sanidad  

    Nunca más tendrás que lidiar con enfermedades o dolencias. No importa cuál sea tu situación, ¡puedes aprender cómo obtener y mantener tu sanidad de una vez por todas!

    Tus días de enfermedad y dolencia han terminado. No importa cuánto tiempo hayas estado luchando, no importa cuán grave sea tu situación: la sanidad te pertenece. Incluso si sientes que está detenida, o de pronto no estás seguro si alguna vez verás una manifestación: estas palabras son para ti.

    No solo debemos esperar la sanidad, sino que también debemos creer que vivimos en salud divina. John G. Lake dijo: “La sanidad divina es la eliminación por el poder de Dios de la enfermedad que ha venido sobre el cuerpo. Pero, la salud divina es vivir día a día, hora a hora en contacto con Dios para que la vida de Dios fluya hacia el cuerpo tal como la vida de Dios fluye hacia la mente o fluye hacia el espíritu”.

    La sanidad es un derecho que hace parte de tu pacto. Si lo quieres, es tuyo. No está en discusión, en lo que respecta a la Palabra de Dios. El problema es que la mayoría de los cristianos realmente no lo han creído. No han dejado que llegue a sus corazones y se convierta en una realidad para ellos. Dios lo ha dicho … pero aún no lo han creído. Si ese es tu caso hoy, te la plena seguridad: es la voluntad de Dios sanarte. Está en Su plan redentor. Tiene que ser Su voluntad porque puso nuestra enfermedad en Jesús, tal como lo hizo con nuestro pecado (Isaías 53: 5). Dios hizo clara su Palabra, y siempre la guarda.

    ¿Una experiencia aislada te ha hecho creer que tal vez no sea la voluntad de Dios que todos sean sanados? No permitas que las experiencias pasadas sean la base de tu fe; deja que la verdad de la Palabra de Dios sea tu estándar. La voluntad de Dios para tu vida es la sanidad.

    Puedes apoderarte de lo que te pertenece y vivir en salud divina siguiendo las estrategias descritas en la Palabra de Dios. Así es como puedes recibir y mantener tu sanidad.

     1. Párate en la Palabra de Dios

    “Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides todos sus beneficios: quien perdona todas tus iniquidades, quien sana todas tus enfermedades”. –Salmo 103:2-3

    Cada vez que un creyente tiene un problema para recibir o mantener la sanidad, generalmente sufre de ignorancia de la Palabra de Dios y de sus derechos y privilegios en Jesucristo. Muchas personas que afirman tener fe no confían en Dios cuando se trata de la sanidad. Conocen las promesas, e incluso creen que la sanidad es para hoy, simplemente no creen que sea necesariamente para ellos. “Quizás Dios no lo haga”. Ese es un pensamiento peligroso.

    Aquí hay algo que debes entender: la sanidad siempre llega.

    La Palabra de Dios es el vehículo que te llevará allí. Si estás bien, la Palabra de Dios te mantendrá bien. Si estás enfermo, te curará y luego te mantendrá bien. La Palabra de Dios es medicina. Pero debes prestarle atención (Proverbios 4:20-23). Eso significa que prestes atención a lo que dice, lo creas y actúes como resultado.

    Si estás empantanado y sientes presión, es una señal segura de que no estás prestando suficiente atención a la Palabra de Dios. La Palabra es lo que hace que tu vida funcione. Hace que venga la sanidad.

    Pararse en la Palabra de Dios es meditar en ella y hacerla autoridad final en tu vida. La tienes en tu corazón hasta que la realidad de tu sanidad tenga más poder y validez para ti que los síntomas de enfermedad que llegan a tu cuerpo. Una cosa que debes saber: ¡la Palabra de Dios no falla! Entonces, si te encuentras diciendo: “Bueno, la Palabra no está funcionando para mí”, entonces sabrás automáticamente que no estás de pie.

    Sé diligente en mantener la Palabra de Dios en tu corazón. Continuamente léela, escúchala, piénsala, háblala. Será salud para tu cuerpo (Proverbios 4:22). Y cuando te sanes, mantienes tu sanidad al permanecer en las escrituras de sanidad y contar tu testimonio sobre tu sanidad.

    Sigue tomando la medicina. Sigue tomando la Palabra de Dios. Sigue tomando ese medicamento después de que te hayas sanado, te mantendrás sano. La Palabra de Dios es vida y salud.

    2. No dejes que los síntomas te hablen

    “Y no se debilitó en la fe al considerar su cuerpo, que estaba ya como muerto (siendo de casi cien años, o la esterilidad de la matriz de Sara.” – Romanos 4:19 (RVR1960)

    Para recibir la sanidad, debes hacer que la verdad de la sanidad sea más real que los síntomas en tu cuerpo. Pero para seguir siendo sanado, es necesario tener en cuenta que la lucha es real.  El diablo no tiene intención de dejarte mantener tu sanidad una vez que la recibes. Él va a tratar de engañarte para que renuncies.

    Entonces, ¿cómo alguien pierde su sanidad? Satanás enviará síntomas mentirosos tratando de que la persona sanada los reciba. Luego, como lo describe Kenneth E. Hagin, “En el momento en que aparecen los primeros síntomas, dirán: “Pensé que el Señor me había sanado. Supongo que no lo hizo”. Y cuando dicen eso, abren la puerta al diablo. En lugar de levantarse y enfrentar al Diablo con la Palabra de Dios y ordenar que se rompa su poder, ceden” [1].

    Esto le sucedió a un hombre que había sido sanado en sus oídos, su sistema auditivo había sido restaurado. Estuvo escuchando perfectamente durante varios días. Pero, luego, aproximadamente una semana después, ya no podía escuchar. El Señor le mostró lo que sucedió. Mientras se dedicaba a sus asuntos diarios, el diablo saltaba sobre su hombro y le decía: “¿Notaste que no puedes oír tan bien como el otro día?” En unos pocos días, ese demonio lo había convencido de que perdiera la audición. Se rindió.

    Por eso Jesús dijo: “Aférrate firmemente a lo que tienes hasta que yo venga” (Apocalipsis 2:25).

    ¿Cómo te aferras a tu sanidad?

    Cuando el enemigo viene hacia ti con síntomas de enfermedad, no puedes arrastrarte en la cama y quejarte: “¿Por qué siempre me pasa esto a mí?” En lugar de eso, pisa fuerte el pie y di: “Gloria a Dios, este cuerpo está fuera de tus límites, Satanás. Me niego a permitirte que pongas esa cosa sucia en mi cuerpo después de que Jesús ya lo tomó por mí. ¡Así que también podrías empacarlo e irte a casa ahora mismo!”

    No siempre será fácil: debes hacer un esfuerzo. Tienes que defenderlo y pelear la buena batalla de la fe. Pero no dejes que eso te asuste. Es una pelea que puedes ganar. Puedes ganarla porque Jesús te dio todo lo que necesitas para ganarla hace 2.000 años. Él tomó tu debilidad y te dio sus fuerzas. Él tomó tu pecado y te dio Su justicia. Él tomó tu enfermedad y te dio Su salud. Él tomó cada derrota y te dio Su victoria en su lugar.

    Eres el heredero del mayor intercambio jamás hecho.

    3. Deja ir la duda

    “Y no hizo muchos milagros allí debido a su incredulidad”. –Mateo 13:58 (NASB)

    El único registro de algo que impidió que Jesús cumpliera la voluntad de Dios para sanar a todos ocurrió en Nazaret. No pudo hacer grandes obras debido a su incredulidad. La duda te robará las bendiciones de Dios. La incredulidad te dejará enfermo.

    La Palabra de Dios derrota la incredulidad. Cuando una persona recibe la Palabra, la duda, la derrota y el desánimo tienen que irse. Por lo tanto, no te aferres a ninguna duda o incredulidad. Ni siquiera te detengas por un momento. Deja que la Palabra de Dios la expulse. Tu vida depende de ello.

    La fe debería estar altamente desarrollada en la Iglesia en torno a la sanidad. Si así fuera, los cristianos serían tan rápidos en creer que son sanados como en creer que son salvos. Pero las semillas de la duda y la incredulidad han contaminado los corazones de los creyentes.

    Recuerda: la duda surge al escuchar la incredulidad, ¡así que ten cuidado con lo que escuchas! Dios quiere que te sanes. Pero Él trabaja solo por fe.

    4. Deposita tus preocupaciones sobre el Señor

    “Echa toda tu ansiedad sobre Él, porque Él cuidará de ti”. – 1 Pedro 5:7

    En este momento hay personas que están al borde de una manifestación de sanidad, y no ha llegado por una razón: se aferran a su condición física. En otras palabras, es todo lo que piensan.

    Les preocupa si su medicamento está funcionando, piensan si deberían volver al médico o no, buscar un médico diferente o probar otra dieta especial. Están tan envueltos en su condición, que lo sostienen firmemente y, sin saberlo, no lo han dejado ir y no se lo han dado al Señor.

    Cuando se trata de recibir y mantener la sanidad divina, Andrew Murray dijo: “Lo primero que debe aprender es dejar de estar ansioso por el estado de tu cuerpo”. [2]

    Dios te ama mucho. Él quiere que le entregues toda la preocupación y la ansiedad. ¡Él es quien puede manejarlas adecuadamente! Mientras te aferres al cuidado de la enfermedad, te estás apropiando de ella, y la Biblia dice que cuando lo haces, no te humillas ante Dios (1 Pedro 5:6).

    La palabra funciona. Deja que la Palabra pelee su propia pelea. Solo descansa en Dios, y un día te despertarás y tus síntomas desaparecerán.

    5. Confiesa y posee

    “Tendrá lo que diga”. –Marcos 11:23

    ¿Estás hablando con tu montaña o dejando que tu montaña se eleve sobre ti? Verás, la fe moverá montañas, pero ni siquiera moverá un topo a menos que lo sueltes con las palabras de tu boca. Tus oraciones deben alinearse con la Palabra de Dios, tal como deben hacerlo las palabras que salen de tu boca, para lograr resultados.

    Si vamos a obedecer a Dios, debemos hablar con la montaña de la enfermedad y expulsarla de nuestras vidas (Marcos 11:23).

    ¿Qué tan poderosas son las palabras?

    Hace años, un ministro fue a visitar a un hombre en el hospital que estaba inconsciente y los médicos lo dieron por muerto. El Señor le dijo al ministro que le dijera a la esposa del hombre que si ella obedecía a Marcos 11:23, su esposo sería sanado. ¡Entonces, ella lo hizo! Día tras día, se sentó junto a su esposo inconsciente y dijo: “Mi esposo vivirá y no morirá, en el nombre de Jesús … Mi esposo vivirá y no morirá, en el nombre de Jesús”. Como resultado, el joven estaba completamente sano.

    Comienza a hablar la Palabra hoy. Llama las cosas que no son como si fueran. ¡Mientras lo haces, tu fe se fortalecerá y tu sanidad vendrá!

    6. Nunca la dejes ir

    “Mantengamos firme la profesión de nuestra fe sin vacilar”. –Hebreos 10:23

    Cuando pongas en práctica la medicina de Dios para la salud divina, primero tienes la Palabra en tu corazón, la hablas y resistes al diablo, no te desanimes si no ves los resultados inmediatos. Algunas veces la sanidad se produce instantáneamente, pero hay otras ocasiones en que se produce de manera más gradual. Por lo tanto, no permitas que los síntomas persistentes te hagan dudar. Expulsa cada pensamiento que el diablo te envíe.

    Luego, habiendo hecho todo lo posible para levantarse, párate hasta que tu sanidad se manifieste por completo. Mantente firme. No vaciles. Santiago 1:6-8 nos dice que quien duda y no se mantiene firme es inestable y de doble ánimo, y no recibirá de Dios.

     

    Recuerda esto:

    “El que prometió es confiable y fiel [a Su palabra] …” Necesitas resistir pacientemente [soportar en circunstancias difíciles sin comprometer], de modo que cuando hayas llevado a cabo la voluntad de Dios, puedas recibir y disfrutar al máximo lo que se te ha sido prometido” (Hebreos 10:23, 36 AMP).

    Cuando llega el dolor, cuando aparecen los síntomas, ¿qué haces? Te enfocas en la Palabra de Dios; te enfocas en la promesa. No dejes que el diablo te desvíe de tu posición de fe. ¡No te muevas ni una pulgada! ¡Agárrate fuerte!

    A medida que pongas en práctica este plan de permanecer en la Palabra de Dios, mantenerse alejado de la duda y la preocupación, resistir al diablo y mantenerse firme, te posicionarás para obtener y mantener tu sanidad. No tendrás que volver a enfermarse nunca más. Lo mejor que Dios tiene para ti es vivir en salud divina todos los días. Ahora, camina hacia adelante, ¡recibe tu sanidad!

     

    [1] Kenneth E. Hagin, How to Keep your Healing, 1980, Faith Library Publications.

    [2] Andrew Murray, Divine Healing, Whitaker House, 1982.

     

  • ¡Deja de Temer! 7 Maneras de Superar el Miedo a un Gran Cambio en el 2020

    ¡Deja de Temer! 7 Maneras de Superar el Miedo a un Gran Cambio en el 2020

    Pon en práctica estas 7 formas de superar el miedo a un gran cambio y avanza hacia la paz, la alegría y la victoria más grandes que haya conocido.
    TIEMPO DE LECTURA: 5 MINUTOS

     

    Miedo a las alturas, miedo a las arañas, miedo a las serpientes…
    …miedo a morir, miedo a hablar, miedo al rechazo, miedo a los payasos, miedo a… sí… la mantequilla de maní.
    La lista de fobias es interminable.

    Si bien muchos creen que los miedos son normales o “saludables”, considera la definición de fobia: “Un miedo exagerado, generalmente inexplicable e ilógico, a un objeto en particular, clase de objetos o situación”.

    En otras palabras, los miedos no tienen un razonamiento lógico detrás de ellos, ni sirven para un propósito. Y son solo la visión del mundo. Según Dios, el miedo es:

    • Un torturador (1 Juan 4:18)
    • Un espíritu que no te pertenece (2 Timoteo 1:7)
    • Lo contrario de la fe, sin la cual no podemos agradar a Dios (Hebreos 11:6).

    Más que eso, el miedo está bajo la maldición de la ley.

    Si has estado viviendo con miedo, o con múltiples miedos, este es tu año para hacer un gran cambio y superar el miedo. Ese es parte del mensaje detrás de la palabra del Señor a través de Kenneth Copeland para 2020, que es el año de nuevas visiones, poder manifiesto y grandes cambios.

    Ya has sido liberado del miedo. Siempre que sientas miedo, miedo de volar, miedo de nadar, miedo de conducir, recuerda que Jesús cargó con ese miedo por ti el mismo día que cargó con tus pecados, enfermedades e iniquidades.

    ¡Es hora de dejar de tener miedo! Pon en práctica estas siete formas de superar el miedo a un gran cambio y avanza hacia la paz, la alegría y la victoria más grandes que hayas conocido.

     

    1.  Pon atención a lo que estás viendo

    Franklin Roosevelt tenía razón cuando dijo: “Lo único a lo que debemos temer es al miedo mismo”.

    El miedo no evita que sucedan cosas malas; a menudo es la causa de ellas.

    Rick Renner compartió sobre el tiempo en que estaba en la universidad, y pasó un fin de semana entero con sus amigos viendo una maratón de más de una docena de películas de terror. No solo abrió la puerta para que Rick tuviera mucho miedo en su vida, sino que comenzó a ocurrir algo aún más severo.

    Durante 15 años, Rick experimentó no uno, ni dos, sino TRES casos en los que su vida estaba siendo seriamente amenazada por otra persona, incluidas personas con historias violentas. De hecho, estas situaciones eran material de películas de terror.

    Cuando Rick finalmente le preguntó a Dios qué estaba pasando, el Señor reveló que todo surgió del maratón de películas de terror 15 años antes. El Señor le dijo a Rick que había abierto la puerta a la muerte y la destrucción en su vida al ver esas películas. Rick pudo arrepentirse y lidiar con la situación espiritualmente.

    Ya sea que lo sepas o no, las imágenes te acompañan. Tu cerebro es como una pantalla de cine: el diablo puede y lo usará contra ti. Mira lo que estás viendo. Tu mente no debe alimentarse de miedo, horror, misterios de asesinatos, noticias negativas o cualquier otra cosa basada en el miedo.

     

    2. Reconocer al autor del miedo

    Para ganar la batalla y vencer el miedo, debes reconocer que el miedo no es natural o saludable, sino una estrategia del enemigo contra ti. Satanás es el autor del miedo. Cuanto antes reconozcas esto, antes podrá patearlo hasta la acera.

    El miedo nunca es para ti, siempre está en tu contra. NUNCA ha ayudado a nadie, sino que nos causa daño (Salmo 37:8). Eso es lo que el enemigo intenta hacerte: detenerte, abrir puertas a sus tácticas y robarte tu bendición.

    Cada vez que comiences a sentir algún tipo de miedo, recuerda al autor. Esto te ayudará a saber qué hacer.

     

    3. Negarse al miedo

    Cuando conoces la fuente del miedo, sabes cómo resistirlo.

    ¿Realmente puedes elegir no sentir algo? Absolutamente, 100 por ciento, sin duda. Las emociones nunca pertenecen al asiento del conductor de tu vida, ¡tú lo haces! Puedes elegir amar, elegir perdonar y vivir una vida libre de miedo.

    Cuando te niegas a temer (resistes el espíritu del miedo), trae libertad y paz, y, oh… mantiene la puerta cerrada ante cualquier intento que el diablo haya planeado en tu vida. Siempre que un pensamiento temeroso intente colarse, debe ser rápido en tu respuesta. “Responde no, me niego a temer.”

     

    4. Respóndele a tus miedos

    Cuando el diablo alimente pensamientos temerosos en tu mente, ¿cuál es tu respuesta? Para la mayoría de los cristianos, la respuesta es: “Nada”. O, en el mejor de los casos, intentan dejar de pensar mal. Pero, como Kenneth Copeland ha dicho a menudo: “No luchas contra pensamientos con pensamientos. Luchas contra los pensamientos con palabras.”

    Cuando Satanás trató de tentar a Jesús, no trató de vencer al diablo. Tomó autoridad sobre él con sus palabras. Necesitas hacer lo mismo. Cuando llegue un pensamiento temeroso, responde inmediatamente, en voz alta, con la Palabra de Dios.

     

    5. Enfrenta tus miedos

    Una forma de mostrarle al diablo que no tienes intención de aceptar su carga de miedo en tu vida es enfrentarlo. Kenneth Copeland hizo lo mismo cuando experimentó miedo en un ascensor. Él nos comparte cómo superó el miedo en este momento.

    “Una vez, me subí a un ascensor en un hotel en Atlanta, Georgia, que estaba a la intemperie y hecho de vidrio. Al principio, no tenía miedo, pero cuando me acerqué al cristal y miré cuatro o cinco pisos, mis dedos comenzaron a curvarse. Tuve esta sensación intensa de alejarme del vidrio. En cambio, dije: “No, no lo hagas. No me pondrás ese miedo.”

    “Presioné mi nariz contra ese vidrio y me obligué a subir y bajar cuatro o cinco veces hasta que el miedo se fue. No tolero el miedo de alguien que ya ha sido azotado.”

    No aceptes el miedo en tu vida. Repréndelo y enfréntalo si la situación lo permite. ¡Haz lo mismo que hizo Kenneth, y hazle saber al diablo que no te tendrás miedo!

     

    6. Echa tus preocupaciones, de verdad

    ¿Cuáles son tus miedos? ¿Miedo a un déficit financiero? ¿Miedo a perder una relación? ¿Miedo a perder un trabajo? ¿Miedo a morir por una condición de salud específica? Cualquiera que sean tus miedos, no te pertenecen. El Salmo 55:22 nos dice que, si le damos nuestras preocupaciones al Señor en lugar de guardarlas nosotros mismos, Él las cuidará por nosotros.

    Pero, si insistimos en aferrarnos estrictamente a todos los cuidados, inquietudes, preocupaciones o temores, le impedirá moverse en nuestro nombre. Puedes liberarte del miedo cuando le dedicas tus preocupaciones, de verdad. Eso significa que no dice que los vas a entregar, luego darte la vuelta y comenzar a preocuparte nuevamente. Dale tus temores al Señor y déjalos allí.

     

    7. No dejes que los temerosos contaminen tu oído

    Sin saberlo, la mayoría de las personas viven con miedo y negatividad. Y lo hablan. Mucho. Aquí es donde deberá tomar algunas decisiones. No necesariamente tienes que excluir a las personas de tu vida, pero querrás limitar el tiempo que pasas con aquellos que son un flujo constante de miedo y dudas.

    Puedes pensar que tu miedo y negatividad no te afectarán, pero lo que transmites a tus ojos y oídos se convierte en combustible para tu mente, así como lo que pones en tu cuerpo se convierte en combustible para ello, ya sea saludable o dañino. Así que no dejes que los temerosos contaminen tu oído: pasa tiempo con personas positivas y llenas de fe. Traerá un gran cambio a tu vida y te mantendrá libre de los daños del miedo.

     

    Entonces, ¿estás listo para dejar de asustarte? A medida que ponga en práctica estas 7 maneras de superar el miedo al gran cambio en 2020, te encontrarás desarrollando un nuevo hábito lleno de fe de caminar en perfecta paz. ¡No necesitas temer nada en esta vida! Jesús está a tu favor, contigo, te protege, te guía y te bendice todos los días. Ten fe en Dios: es la única forma de vivir una vida larga y feliz.