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  • Los tiempos finales—Serán buenos (por Billye Brim)

    2-14_brimDios no está sometido al tiempo; Él es la eternidad. Dios creó el tiempo para su trato con el hombre. Él extrajo un pedazo de la eternidad, la midió y la llamó tiempo. El tiempo como Dios lo midió tiene un principio y un fin. Nosotros estamos situados en algún lugar de esa línea temporal. La pregunta es: ¿En dónde?

    Años atrás, le pregunté al Señor acerca de mi ministerio.

    ¿Quién soy yo?,—le pregunté.

    Tú eres una testigo,—fue la respuesta que escuché.

    Luego, confirmó mi llamado con Hechos 26:16: «Pero levántate, y ponte sobre tus pies; porque para esto he aparecido a ti, para ponerte por ministro y testigo de las cosas que has visto, y de aquellas en que me apareceré a ti».

    En otra ocasión, Dios estableció la conexión entre mi llamado a ser una testigo y los tiempos finales. Y me dio la clave para discernir estos tiempos, cuando escuchaba una enseñanza del Dr. Kenneth E. Hagin en una de las clases de Rhema Bible Training Center.  Mientras enseñaba acerca de “Interpretar la Palabra de manera correcta”, el puntualizaba lo siguiente: «Determina siempre a quién se está dirigiendo una escritura».

    El hermano Hagin dijo: “Una escritura puede dirigirse a una sola persona”, “o puede estar hablando ‘de’ o ‘a’ uno de los tres grupos de personas, los cuales Dios reconoce y trata como tales. Dios menciona estos tres grupos en una carta escrita a la Iglesia».

    Luego, leyó 1 Corintios 10:32: «No seáis tropiezo ni a Judíos, ni a Gentiles, ni a la Iglesia de Dios». En ese momento, a finales de la década del setenta, escuché lo que me pareció una voz audible diciéndome: Si recuerdas ese versículo en tu corazón, éste mantendrá tu doctrina acerca de los tiempos finales libre de error.

    Los Judíos, las Naciones y la Iglesia

    El Señor tiene planes y propósitos para estos grupos. Él tiene juicios y un futuro para los Judíos, para las naciones (gentiles) y para la Iglesia. Y hay gente de cada grupo con un lugar dentro del Milenio —un umbral al que estamos a punto de atravesar—.

    He desarrollado tres áreas en mi vida ministerial de testigo, mirando y diciendo lo que veo—los Judíos, las naciones y la Iglesia—.

    El primer grupo que el Señor me enseñó a observar fue la Iglesia. Me reveló Su plan para la Iglesia gloriosa. (¡Lee la carta a los Efesios!) Y me dio por mentores a generales del ejército del Señor de los últimos tiempos.

    Dios me llevó a las naciones. Durante la década de los ochenta me llevó a la Rusia Soviética donde fui testigo de Dios derrotando al comunismo en 1989. Hemos observado a Europa y las señales de los tiempos finales allí mismo, durante viajes frecuentes a Bruselas y a las naciones del viejo continente.

    Y después, por supuesto, observé a Israel: ¡El reloj de tiempo de Dios!

    Cuando Sus discípulos le preguntaron al Señor: “¿Cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin de los siglos?”. Un punto clave en la respuesta de Jesús fue: «…Mirad la higuera y todos los árboles» (Mateo 24:3; Lucas 21:29).

    La palabra “árboles” en Lucas 21:29, se refiere a naciones. En tanto que “la higuera” en ese versículo ser refiere a Israel (ver Joel 1:6-7). Y “todos los árboles”, son las otras naciones mencionadas en profecía. Los profetas nos dijeron desde el principio las cosas que sucederán en los últimos días, en ciertos países como: Irak (Babilonia), Irán, Siria, Egipto, Rusia, Europa, etc. Es de estos profetas que  recibimos luz acerca de los acontecimientos de estos tiempos. (Ver 2 Pedro 1:19-21).

    Al observar la higuera y las naciones mencionadas en profecía, podemos establecer nuestra posición en la línea temporal y en relación a la culminación del tiempo.

    Cuando hablamos de los tiempos finales, en realidad no nos referimos a la culminación del tiempo mismo, sino al fin de esta era y la transición a la siguiente.

    Desde que Dios le entregó la ley al pueblo de Israel en el monte Sinaí, la tradición judía ha enseñado que Dios le dio a la humanidad una semana laboral de seis días, correspondiente a los seis días de la Creación. Después de estos seis días, el hombre y la Creación entran en el séptimo día, correspondiente al día de reposo del Señor —el Sabbat—, los 1,000 años del reinado Milenario.

    En Salmo 90:4, y 2 Pedro 3:8 se nos enseña que para el Señor 1,000 años en la Tierra son como un día.

    Creo que la Tierra es tan antigua como la ciencia verdadera demanda que sea; sin embargo, el hombre como nosotros lo conocemos fue creado hace casi 6000 años. En otras palabras, y resumiendo, estamos casi al final de la semana laboral de seis días. Y pronto pasaremos al séptimo día.

    ¿Cómo lo sabemos? Al observar las señales de los tiempos. Y estudiando las noticias cotidianas a la luz de la profecía bíblica.

    ¿Qué sabemos del futuro?

    Voy a citarte un fragmento de la introducción al libro de Apocalipsis escrito por F.W. Grant en The Numerical Bible (La Biblia Numérica) en 1902:

    El futuro del mundo estará en gran parte… compuesto de juicio, aunque es cierto que este juicio será para una bendición que espera después de éste y que es tan brillante como Dios puede hacerla… los caminos morales de Dios… el final traerá perfectamente…. El futuro excederá toda y cada promesa del pasado, y es necesario, por consiguiente, que toda profecía sea cumplida en su totalidad; mientras tanto, el cumplimiento parcial nos demuestra ese objetivo, el cual al culminar en su gran final revela su perfección.

    ¿Cómo debemos de actuar en estos días que estamos viviendo, en camino hacia “un futuro tan brillante como Dios puede hacerlo”?

    «Y reinarán en tus tiempos la sabiduría y la ciencia…» (Isaías 33:6). Nosotros debemos conocer la Palabra del Señor para nuestra propia vida, y para estos últimos días, como nos ha sido revelado por los profetas.

    «Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado» (Isaías 26:3). Estos son días de instrucción y revelación gloriosa para aquellos que practican la presencia de Dios, al mantener sus mentes enfocadas en el Señor y en su Palabra.

    Aquellos que pertenecemos al tercer grupo —la Iglesia— esperamos por la maravillosa experiencia de ser transformados de gloria en gloria a la misma imagen del Señor (2 Corintios 3:18). Nosotros —el Cuerpo de Cristo— deberíamos proponernos habitar en Su presencia, caminar en Su Espíritu, participar de Sus beneficios y ser Sus colaboradores, a fin de bendecir al mundo.

    Israel atravesará las fases finales del trato que Dios tiene con ella hasta llegar a una redención y restauración completas. Las naciones “ovejas” entrarán a los reinos que han sido preparados para ellas. La Creación espera la liberación y la restauración.

    Yehiya Tov—¡Será bueno!

    He pasado horas y horas con gente de Israel — gente común, con estudiosos del Torá, con funcionarios gubernamentales y con rabinos— y sé sin lugar a dudas que la Iglesia e Israel están de acuerdo en que la venida del Mesías es inminente.

    Una frase que he aprendido de ellos, la cual usan frecuentemente, y aun en tiempos de dificultad, es: “¡Yehiya Tov!”, que traducido significa: ¡Será bueno!

    Texto extraído de: Revista LVVC – Edición marzo 2014, página 10

  • Es hora de refugiarnos (por Gloria Copeland)

    3-14_gloriaCada día que pasa, estoy más contenta de que Dios haya provisto para su gente un lugar de refugio. Además, estoy sumamente consciente que mejor nos aseguremos de permanecer en ese lugar las 24 horas del día, los siete días de la semana.

    Vivimos en  tiempos  peligrosos, y el final de esta era se aproxima rápidamente;  lo que los profetas han estado declarando desde que la Biblia fue escrita, está cumpliéndose: La luz de Dios está brillando cada vez más, y las tinieblas del diablo se oscurecen día tras día.

    El pecado hoy está fuera de control. Algunas veces me asombra ver cuánto ha incrementado la maldad en el tiempo que llevo de vida. Cosas que eran impensables cuando yo crecía, hoy en día son las más comunes.

    Muchas personas tienen la idea que el pecado no es una gran cosa. Piensan que deberíamos ser más tolerantes. Algunos han llegado al punto de estar orgullosos de él, y lo exhiben ante Dios impunemente.

    Si has leído la historia de la Biblia,  sabes que hacer eso no es algo muy inteligente. Sólo aumenta el nivel de violencia y peligro culturales; le abre la puerta a la calamidad, la destrucción, y por último al juicio divino.

    Quizá lo que diga no es algo popular en estos días, pero sin embargo, voy a decirlo: el pecado no está bien. El pecado acarrea consecuencias con él.

    Cualquiera que piense lo contrario, necesita estudiar lo que le sucedió a Sodoma y Gomorra. Esas ciudades ya no existen; tu y yo no podemos ir allí de vacaciones, ni disfrutar una gira en los museos de antigüedades. Esas ciudades desaparecieron. Dios tuvo que juzgarlas y destruirlas, pues, si hubiese permitido que dicha maldad continuara creciendo, habría contaminado al mundo entero. Hubiera oscurecido los corazones de futuras generaciones e impedido que Dios las alcanzara.

    Aunque el mundo aún no ha llegado hasta ese punto en nuestros días (y no creo que llegue mientras la iglesia continúe en la Tierra predicando el evangelio y viviendo para Jesús), el pecado claramente está teniendo un efecto negativo en este planeta. La Tierra tiene un límite para soportar cierto grado de maldad antes de que ésta se revele y se comiencen a multiplicar los terremotos, incendios, hambrunas, y las plagas. Por esa razón, mientras más nos acerquemos al final de esta era, más peligroso se pondrá el mundo.

    Tú puedes estar seguro y protegido

    “Bueno Gloria” tu podrías decir, “estás haciendo que las cosas luzcan de verdad tenebrosas”.

    Lo sé, y en realidad sería tenebroso  si no fuera por lo siguiente: Como creyentes, Dios ha provisto protección para nosotros. Él nos ofrece un refugio en contra del peligro de este mundo.

    Si aceptamos la oferta que Dios nos hace, entonces podemos ser como el hombre del Salmo 91 que mora en el lugar secreto del Altísimo.  Podremos decir con confianza: “El Señor, Él es mi refugio y mi fortaleza, mi Dios, en quien me apoyo y dependo, y en Él [con seguridad] confío” (versículos 1-2, AMP).

    Un refugio es algo maravilloso, pues  provee un lugar seguro aún en medio de la destrucción más devastadora.

    ¿Has visto fotos viejas de la segunda guerra mundial donde las personas se amontonaban en refugios bajo tierra para protegerse de las bombas? Bueno, esa es una buena ilustración de lo que un refugio puede hacer. Puede protegerte, y literalmente salvar tu vida cuando la maldad y la violencia están estallando a tu alrededor.

    En los momentos de tribulación, incluso un refugio natural puede ser una gran bendición. Pero, un refugio sobrenatural —la clase que Dios provee para nosotros —, es aún una mayor bendición. A diferencia de un refugio natural, en el lugar secreto del Altísimo siempre habrá suficiente lugar. Dios nunca te rechazará, ni te dirá que ya no hay espacio para ti. Él nunca dirá: “Mi refugio está lleno”.

    ¡Dios es grande! Es suficientemente grande para cubrir a todos lo que vienen a Él. Él es tan grande, que puede mantenernos cubiertos de manera continua por Su bondad, a fin de que sin importar el lugar donde estemos podamos decir lo mismo que dijo David en 2 Samuel 22:2-3: «…Jehová es mi roca y mi fortaleza, y mi libertador;

    Dios mío, fortaleza mía, en él confiaré; mi escudo, y el fuerte de mi salvación, mi alto refugio; salvador mío; de violencia me libraste».

    La obediencia importa

    Si alguien necesitó refugiarse alguna vez contra la violencia, ése fue David; en el transcurso de su vida enfrentó muchas cosas. Tuvo que pelear contra el león y el oso cuando atacaron las ovejas de su padre. Tuvo que sin ayuda matar al gigante asesino, Goliat. Pero el pudo hacer todo sin miedo, gracias a que tenía esta revelación: «…el SEÑOR [es]…Misericordia mía y fortaleza mía, mi baluarte y mi libertador, escudo mío en quien me he refugiado…» (Salmos 144:1-2, LBA).

    Mira una vez más las tres últimas palabras. Las resalté para darles más énfasis porque son especialmente importantes. Ellas nos dejan saber que el poder del refugio de Dios no cae sobre nosotros como cae una manzana de un árbol. Hay algo que tenemos que hacer para apropiarnos de ese refugio. Necesitamos activamente “tomar refugio” en Dios.

    ¿Cómo lo hacemos? ¡Por Fe!

    La fe es la clave para recibir todo lo que Dios nos ofrece. Es como recibimos el nuevo nacimiento, la sanidad y la prosperidad. Y como la fe viene por el oír la Palabra de Dios, para tener fe en nuestro refugio lo primero que debemos hacer, es buscar lo que la Palabra de Dios nos dice acerca de éste. Debemos alimentarnos de las promesas de protección de Dios, hasta que todo el temor sea erradicado de nuestro corazón.

    Luego, de acuerdo con Romanos 10:10, confesamos lo que creemos. Hablamos como David lo hizo, diciendo cosas como: “Estoy protegido en el lugar secreto del Altísimo, quien me protege de la violencia. Él es mi refugio, mi defensa y mi ayuda en tiempos de tribulación”.

    Kenneth y yo predicamos con frecuencia acerca de la fe y las palabras, así que si nos escuchas frecuentemente, ya sabes la importancia de ellas. Pero, no sólo basta con ellas. No es solamente lo que crees y lo que dices lo que importa; tus acciones son importantes también.

    Si quieres permanecer protegido en el refugio de Dios,  debes obedecerle. Tienes que hacer lo que te dice que hagas en Su Palabra escrita y por medio del Espíritu Santo en tu interior. De otra forma, estarás abriéndole la puerta al diablo; y el ganará entrada en tu vida y pondrá en riesgo tu seguridad.

    Lo que voy a decir te hará pensar, pero no es más que la verdad. Aunque seamos creyentes — nacidos de nuevo y lavados con la sangre de Jesús—, si queremos vivir en el lugar secreto de protección de Dios, debemos estar firmes y constantes en nuestro caminar con Él. No podemos un día estar en fuego, y recaer al siguiente día. No podemos ser tibios, actuando como santos el día domingo, y como pecadores el día lunes. «…porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor» (Santiago 1:6-7).

    Viviendo en medio del peligro

    Ésa es una razón por la que en mi propia vida enfatizo mucho dedicarle tiempo a de la Palabra de Dios. La Palabra fortalece mi fe, y  me mantiene espiritualmente estable. Me corrige cuando me equivoco y me enseña a vivir como le agrada a Dios.

    Hace 50 años solía hacer y decir cosas sin convicción, cosas que no haría, ni diría hoy porque he pasado tiempo en la Palabra de Dios. Y como resultado, lo conozco más a Él y a sus caminos. He aprendido más acerca de lo que debo y no debo hacer y decir.

    ¿Sabes qué más he aprendido al dedicarle tiempo a la Palabra? He aprendido que Dios es totalmente bueno y que quiere lo mejor para mí. Pero, si elijo ir en dirección opuesta a la suya, entonces estoy tomando mi vida en mis propias manos. Estoy dirigiéndome hacia los problemas; pues así como obedecer Sus mandamientos nos lleva a LA BENDICIÓN, reusarnos a seguir su dirección nos lleva a la maldición.

    La desobediencia a la Palabra de Dios es la puerta abierta a todo lo malo. Es por eso que Santiago 1:22 dice: «Pero sed hacedores de la palabra, y no tan sólamente oidores…». Los cristianos que son sólamente oidores, viven en un territorio peligroso. No obstante, los hacedores viven con seguridad y protección.

    Yo quiero ser una hacedora de la Palabra, ¿y tú? Quiero hacer todo lo que pueda para vivir en obediencia al Señor. Quiero pensar como la Biblia dice que debo pensar. Quiero hablar como la Biblia me dice que debo hablar, y actuar como la Biblia me dice que debo actuar. Quiero habitar en el lugar secreto del Altísimo para poder estar segura y protegida en los tiempos de juicio y tribulación para mi nación.

    Quiza preguntes: “¿Gloria, estás diciendo que nuestra nación se dirige hacia el juicio?”. Ese no es el punto principal; pero admito que es posible. Después de todo, la Biblia nos dice claramente que las cosas se pondrán muy mal en la Tierra antes de que Jesús venga. Personalmente, estoy orando para que antes de que lo peor venga, nuestra nación despierte en el Señor y experimente un gran avivamiento. Luego el rapto (arrebatamiento) puede venir y Dios puede llevarnos con Él.

    Pero, a pesar de cómo acontezca, sin importar qué tan difícil se ponga antes de irnos al cielo; si Dios es tu refugio, no tienes por qué preocuparte. Proverbios 3:25-26, nos dice: «No hay por qué temer la calamidad repentina ni la destrucción que viene sobre los perversos, porque el SEÑOR es tu seguridad…» (NTV).

    Como personas justas, tú y yo podemos sobrevivir al juicio nacional o cualquier otro tipo de peligro. Podremos atravesar los tiempos más difíciles, y terminar más BENDECIDOS que nunca. Si quieres ver una imagen de cómo esto pasa, lee en el libro de Éxodo la historia de lo que Dios hizo por los niños de Israel la noche antes de sacarlos de Egipto.

    ¡Ese sí que fue un tiempo de juicio sobre una nación!. En esa noche, todos los primogénitos de Egipto murieron a causa de la rebeldía contra Dios. Pero en medio de todo eso, el Señor protegió y prosperó a Su pueblo, cumpliendo la promesa que les hizo en Éxodo 11:7: «Pero contra todos los hijos de Israel, desde el hombre hasta la bestia, ni un perro moverá su lengua, para que sepáis que Jehová hace diferencia entre los egipcios y los israelitas».

    Dios hace lo mismo por Su gente hoy, Él hace diferencia entre justos e injustos.

    Quizás alguien diga: “Bueno, no creo que eso sea justo”. Sí lo es. ¡Es absolutamente justo! Cualquiera que se lo proponga puede hacer lo que Dios dice. Cualquiera puede arrepentirse y recibir su perdón. Cualquiera puede recibir a Jesús como su Señor, ser nacido de nuevo, y empezar a obedecer la Palabra y refugiarse en Dios. Jesús dijo: «…y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente» (Apocalipsis 22:17). Eso significa que es nuestra elección recibir o no la justicia de Dios, y tomarlo a Él como nuestro refugio. También es nuestra decisión permanecer en ese refugio día tras día.

    Si optamos por no refugiarnos en el, y si elegimos salirnos de la protección de nuestro pacto con Dios, viviendo en desobediencia a la Palabra, Dios no podrá ayudarnos. Él tratará de corregirnos, pero, si nosotros lo ignoramos e insistimos en ir por nuestro propio camino, sufriremos las consecuencias y no nos gustarán.

    Piensa una vez más en la noche de la Pascua en Egipto, y sabrás a qué me refiero. Antes de que llegara la plaga, Dios les pidió a los israelitas que untaran la sangre del cordero en los dinteles de las puertas, y luego ir adentro de sus casas: «…y ninguno salga de las puertas de su casa hasta la mañana» (Éxodo 12:22).

    ¿Qué crees que le hubiera sucedido a un primogénito de los israelitas, si hubiera tomado la decisión de ir afuera a la media noche e ignorar las instrucciones de Dios?. El hubiera muerto —y esto hubiese sido su propia responsabilidad, pues él decidió desobedecer. El decidió salirse de la protección de la sangre, al ignorar la Palabra de Dios—.

    Mi amigo y compañero creyente, no tomemos esa clase de decisiones en estos tiempos peligrosos. Seamos más serios que nunca con la Palabra de Dios. Pongamos nuestra fe en Dios como nuestro refugio, deshagámonos de la basura en nuestra vida y hagamos lo correcto.

    Así, estaremos seguros sin importar lo que suceda a nuestro alrededor. No sólo sobreviviremos, sino que también prosperaremos… en el lugar secreto del Altísimo.

    Texto extraído de: Revista LVVC – Edición marzo 2014, página 27

  • Lo que crees tiene poder (por Joseph Prince)

    2-14_princeLo que crees tiene poder. Si logras cambiar lo que crees, ¡puedes cambiar tu vida! He conocido muchas personas maravillosas que siguen luchando para controlar su temperamento y sus acciones. No importa cuánto lo intenten o cuánto esfuerzo, tiempo y recursos inviertan en su lucha; terminan como un boxeador derrotado, en su esquina con el cuerpo vencido, la moral destrozada y con la confianza hecha añicos —atrapados una vez más en la culpa, en el temor y en las adicciones que se niegan a irse—.

    Luego, la campana suena anunciando el siguiente asalto. La pelea continúa, y lanzan todo lo que tienen contra su adversario —izquierda, derecha, izquierda, derecha—. Cuando parece que están progresando, el oponente comienza a dirigir golpes a la cabeza, y cada uno viene cargado con una acusación venenosa y condenatoria:

    ¿Quién te crees que eres? ¿Ya te olvidaste de todos los errores que has cometido?

    Las cosas nunca mejorarán. Deberías aceptar que simplemente es así. No funcionará, ¡otra vez vas a fracasar!

    Nadie te ama. Estás completamente solo.

    He visto al adversario utilizar esas tácticas engañosas una y otra vez. He visto a muchas personas intentando salir de la sombra de su pasado o luchando para liberarse de sus adicciones; y al final, terminan rindiéndose a esas mentiras acerca de sí mismos, de su identidad, y de su destino.

    Ése es el poder de creer en forma incorrecta.

    El creer incorrectamente encierra a las personas en una celda. No tienen grilletes visibles, pero sin embargo, al creer en lo incorrecto, hace que se comporten como si estuvieran en una cárcel de máxima seguridad. Y cada día, se dirigen de manera inevitable a sus frías y húmedas celdas de adicciones. Se dejan guiar a los calabozos de comportamientos destructivos. Se han convencido a sí mismas de no soñar jamás con un lugar mejor, creyendo que no tienen elección más que vivir en desesperación, en frustración y en derrota.

    Creer en lo correcto, por el contrario, es la luz que ilumina la senda a la libertad fuera de esa prisión.

    Dios quiere iluminar tu camino

    Ahora bien, antes de etiquetar y dejar de lado este artículo como uno de los tantos que afirman que todo estará bien cuando piensas de manera positiva, detente. Este artículo no trata acerca de psicología humana. Se trata de creer correctamente, y eso nace de una relación íntima y personal con nuestro amado Salvador, y de estar fundados sobre Su Palabra, la cual nos da luz y vida. El salmista lo describe de la siguiente forma: «Tu palabra es una lámpara a mis pies; ¡es la luz que ilumina mi camino!» (Salmos 119:105, RVC). En otra versión, leemos: “Por Tus palabras puedo ver a dónde voy; ellas derraman un rayo de luz sobre mi oscuro camino” (Traducción libre de la versión The Message).

    Amigo, Dios desea derramar un rayo de luz en tu camino, ahora mismo. Cualquier cosa con la que estés luchando hoy, sin importar cuán insuperables parezcan tus retos, comenzarán a cambiar para bien cuando comiences a creer en lo correcto.

    Esas victorias por las que has estado luchando por años, pueden ocurrir en un instante sobrenatural. Lo sé porque he aconsejado y orado por muchas personas que me han contado que al involucrar a Jesús en su situación, triunfaron sobre años de adicciones —al cigarrillo, al alcohol y a la pornografía—. Se levantaron una mañana, y el deseo por continuar con esos malos hábitos ¡simplemente ya no estaba!

    Seamos sinceros, en cierta medida todos creemos de forma incorrecta en algún área de nuestras vidas. Si no me crees, hazte la siguiente pregunta: “¿Cuán frecuentemente me siento ansioso, preocupado o con miedo de que algo malo me suceda, o a mis seres queridos?”. Amigo, estas emociones negativas que nos agotan, sólo son indicadores de lo que realmente creemos de nosotros mismos, de nuestras vidas y de Dios.

    Cuando vivimos atemorizados y preocupados todo el tiempo, vivimos como si no creyéramos que tenemos un Pastor con fuerza y capacidad, quien es bondadoso con nosotros, quien nos guía hacia lugares de delicados pastos, y que con amor nos cuida y nos protege. Y si estar preocupado o temeroso es tu estilo de vida, lo que necesitas es mantenerte escuchando y aprendiendo acerca del gran amor de Dios para contigo y en lo valioso que tú eres para Él. Entre más creas esas verdades —y mientras más las arraigues en tu interior—, más cambiarán tus pensamientos y tus sentimientos; y dejarás de ser víctima de las emociones y los comportamientos insalubres.

    De una forma u otra, todos tenemos creencias equivocadas en nuestro corazón, las cuales deben ser expuestas a la verdad de la Palabra de Dios. Por esa razón necesitamos al Salvador. Nuestras creencias incorrectas sólo podrán desarraigarse al ser expuestas ante Su gracia, y a la verdad de Su Palabra.

    Conociendo la verdad que te hace libre

    El tema principal de este artículo está basado en el siguiente versículo: «y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres»
    (Juan 8:32, RVC). Ése es el versículo más popular de la Biblia, pues incluso se utiliza en la literatura secular. Pero ¿qué significa eso en realidad? ¿Cuál es la verdad que te hace libre?

    Es importante que notemos que Jesús le dijo ésto a los judíos de Su época. Gente que desde pequeños estudiaban y aprendían la ley. Sin embargo, al igual que nosotros en la actualidad, ellos todavía luchaban con temores, ansiedades, enfermedades y toda clase de opresión, ataduras y adicciones.

    ¿Cuál era la verdad a la que Jesús se refería, que al escucharla, haría libres a las personas de todo lo que fuera destructivo? Ciertamente no podía ser la ley porque estas personas eran expertos de la ley. Ya obedecían la ley de la mejor forma que podían; y sin embargo, no encontraban libertad en ella. Amigo, La libertad sólo puede hallarse en Su gracia. Cuando crees de manera correcta en Su gracia y en Su amor hacía ti, los grilletes del temor, la culpa y las adicciones se caerán.

    La gracia: el antídoto para la mente envenenada

    La gracia es la verdad que Jesús vino a darnos. Su Palabra nos dice: «…la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo» (Juan 1:17).

    En los manuscritos griegos originales, la gracia y la verdad son consideradas como una sola palabra, porque el verbo “vinieron” figura en forma singular (vino). La gracia y la verdad son una misma cosa. La gracia es la verdad que tiene el poder para librarte del temor, de la culpa y de toda adicción: «y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres» (Juan 8:32, RVC). La verdad de la gracia, y no la verdad de la ley, es la que trae verdadera libertad a tu vida. La verdad de la ley sólo te ata. De hecho, la esclavitud de la religión es una de las ataduras más devastadoras que puede agobiar a una persona. Ésta mantiene a las personas en estado constante de temor, culpa y ansiedad.La buena noticia es que la gracia vino para librarte de la maldición de la ley. La gracia no es una doctrina o una materia teológica. Cuando Jesús habló de la gracia, se refería a Sí mismo. La gracia es una persona. Es Jesús mismo. «La ley fue dada por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.» (Juan 1:17, RVC). Su gracia es la verdad que tiene el poder de abrir los cerrojos de tu prisión. ¡Su gracia es el antídoto para contrarrestar cualquier veneno en tu mente! Cuando tú experimentas el amor de Jesús, y Su dulce amor y Su tierna misericordia, cada creencia incorrecta comienza a disolverse ante la gloria de Su amor.

    He sido testigo de esa verdad una y otra vez, pues adondequiera que voy, proclamo sin tapujos el evangelio no adulterado de la gracia, y el inagotable amor de nuestro Señor Jesús. Cuando una persona empieza a recalibrar lo que cree, a fin de recibir con alegría el generoso, el excesivo y el sobreabundante amor de Dios, la mentalidad destructiva —las fortalezas— comenzará a derrumbarse. Y en un instante sobrenatural, dicha persona quedará libre de hábitos destructivos, de temores y de ataduras. Su gracia no la puedes percibir de manera lógica, ¡sino por medio de tu corazón!

    Amigo, recibirás tu libertad cuando decidas creer correctamente en Su amor, en Su gracia y en Su favor para tu vida. Cuando creas en Su gracia de la manera correcta, comenzarás a vivir de la manera correcta. Creer lo correcto siempre produce una forma de vivir correcta.

    La gracia de Dios arranca de raíz las creencias equivocadas

    En una oportunidad, mientras predicaba en una conferencia, conocí a una mujer. Su nombre era Kate, y me hubiese gustado que tú también la conocieras. Ella era una jovencita segura de sí misma, atractiva, y de rostro radiante. Por consiguiente, me fue difícil creer cuando me dijo que había sido libre de una adicción al alcohol que tuvo durante cuatro años.

    Había sido una ejecutiva de mucho éxito, pero el estrés del trabajo y el esfuerzo de mantener su nivel y su imagen la llevaron a consumir, al menos, un litro de alcohol al día, como medio de escape. Con el paso del tiempo, mantenerse al día con las altas demandas de su carrera se convirtió en una lucha constante. A causa de la presión de mantener intacta su apariencia de éxito, cayó en una profunda depresión.

    Una cosa llevó a la otra y pronto Kate pasó de ser una adicta al alcohol, a ser dependiente de una mezcla de fuertes antidepresivos, tranquilizantes, pastillas para el tratamiento de la hipertensión y píldoras para dormir. Ella me comentó que intentó de todo para dejar la bebida. Hizo citas con psiquiatras y psicólogos, e incluso asistió fielmente a grupos de ayuda para alcohólicos. A lo largo de sus interminables citas y reuniones, experimentó algo a lo que ella llama: “lapsos cortos de sobriedad”; pero sólo le duraban algunos días, cuando le iba bien.

    Un día, el esposo de Kate decidió invitarla de vacaciones. Esto la llenó aun más de ansiedad, pues no sabía cómo iba a “saciar” su deseo secreto por el alcohol, mientras viajaba con su esposo. Hasta ese momento, ella había intentado una y otra vez dejar la bebida, y ya estaba muy familiarizada con los síntomas de abstinencia que la habían derrotado una y otra vez. Sus manos temblaban y se sacudían tan fuerte que ni siquiera podía sujetar una cuchara para poder comer. Se sentía débil, y comenzaba a sudar frío, vomitaba muchas veces y no podía retener ningún tipo de alimento.

    Todos esos síntomas desaparecían con una copa o dos, así que se escabullía a comprar alcohol cuando se suponía que debía estar en el gimnasio, ¡y lo tomaba en secreto cuando su esposo estaba trabajando!

    Ante los ojos de los demás, Kate parecía tenerlo todo. Sin embargo, ella sabía que se encontraba atrapada en una prisión de alcoholismo y que no hallaba la manera de salir de su círculo vicioso lleno de fracaso.

    Después de varios intentos por vencer su adicción, y sin tener éxito, Kate estuvo a punto de darse por vencida. Pero Dios tenía otros planes. Él la guió a uno de los líderes de mi iglesia quien le enseñó a escudriñar la Palabra y a mantenerse orando en el Espíritu. A medida que escuchaba mis mensajes acerca de la gracia de Dios, Él comenzó a arrancar las creencias equivocadas que se habían arraigado en su mente y las reemplazó con creencias correctas.

    Cuando llegó el tiempo de irse de vacaciones, aún llena de incertidumbre, casi cancela el viaje a último minuto; pero decidió ir. Le pidió al Señor que la ayudara a mantener su mirada en Él, en lugar de intentar vencer los síntomas de abstinencia. Estaba determinada a disfrutar ese tiempo con su esposo y a agradecerle a Jesús por cada bendición, sin importar que fueran pequeñas.

    Kate me contó que durante su viaje, sólo estuvo descansando, orando en él Espíritu, y escuchando de manera constante mis mensajes en su iPod. Para su asombro, no padeció ningún síntoma. ¿Y sabes qué? Ya han pasado más de dos años desde ese viaje, ¡y nunca volvió a tomar una gota de alcohol! ¡Aleluya!

    Ella admitió que aunque en ocasiones ha tenido pensamientos de volver a beber, los ha podido vencer al creer que Dios le ha dado la fuerza para vencer la tentación. Y por Su gracia, ¡sabe que jamás volverá a tomar una botella!

    Amigo, en un instante sobrenatural, cuatro largos años de adicción empedernida terminaron para Kate. Ella no lo comprendió en ese momento, pero Dios la libró de su adicción (y de mucho más) al llenarla con Su Espíritu; y al enseñarle a quitar su mirada del problema y enfocarla en Jesús. Ella también me compartió cómo recientemente descubrió que la respuesta a su problema con la bebida estuvo todo el tiempo en la Palabra de Dios: «No se emborrachen con vino, lo cual lleva al desenfreno; más bien, llénense del Espíritu.» (Efesios 5:18, RVC).

    Admiro a esta joven por tener el valor de compartir su poderoso testimonio conmigo. Oro para que su testimonio te anime, te inspire y te dé esperanza.

    Cualquiera que sea tu situación, sin importar cuánto tiempo hayas permanecido atado —2 años, 10 años, 30 años—, debes saber esto: Dios puede librarte en un instante sobrenatural. El que creó el tiempo no está sujeto al tiempo. Jesús fue quien en una fracción de segundo, transformó el agua en un vino añejo muy fino; y también ¡puede saltar el proceso natural y acelerar tu liberación de cualquier atadura!

    Conozco a muchas personas que durante décadas lucharon contra sus adicciones. Sin embargo, una vez que tuvieron un encuentro sobrenatural con Jesús, sólo despertaron una mañana y ya eran libres, sin ninguna necesidad o deseo de volver a comprometer su vida con su comportamiento negativo. Frank, del estado de Maryland, me escribió para contarme cómo fue libre de las drogas. Le habían dicho: “Cuando te vuelves adicto, siempre serás un adicto”. Y lo creyó.

    Pero cuando conoció la verdad acerca del amor que transforma vidas, y de la gracia de Jesús por medio de uno de mis recursos de enseñanzas, ésta destruyó las cadenas que lo ataban. Y me escribió lo siguiente: «Di un salto de alegría cuando descubrí que sólo debía ¡aceptar la obra de Jesús y Su gracia! Después de treinta años de adicción a las drogas, pensé que no había esperanza para mí. Pero alabado sea Jesús, ahora soy libre y asisto con mi esposa a una iglesia donde se predica de la gracia, y ella también fue libre de su adicción a las drogas».

    Amigo, ¡ése es el poder de creer en lo correcto!

    La verdad de Dios es la que activa tu liberación

    Cuando Kate y Frank comenzaron a escuchar y a creer lo correcto acerca de Dios, su liberación se activó de una manera acelerada. Saber la verdad fue el catalizador. Estos casos contrastan con quienes se enfocan en vivir de manera correcta sin prestarle atención a creer en lo correcto. Lamentablemente, ellos sólo experimentan victorias pasajeras basadas en su fuerza de voluntad o la autodisciplina. No obstante, los que se enfocan y creen la verdad de Dios, experimentan una libertad perdurable sin ningún esfuerzo. Jesús no estaba bromeando o exagerando, cuando afirmó que conocer la verdad te haría libre.

    Jesús tiene la verdad que necesitas y que has estado buscando. Él es el camino, la verdad y la vida (Juan 14:6). En amor y por voluntad propia, Él entregó Su vida en la Cruz para liberarte. Todo este artículo trata de esa verdad—transformar lo que crees por medio del poder de Su sacrificio de amor y de Sus verdades eternas—. Yo me he esforzado para que tú tengas acceso a estas verdades y las comprendas con claridad. Mientras lees las palabras, los versículos y las historias de personas reales, quienes han sido liberadas con sólo creer en estas verdades acerca de Dios y en lo que Él dice de ellos, yo oro para que tengas un encuentro con la gracia de Dios como nunca antes. Cuando comiences a meditar en estas verdades, estoy seguro de que empezarás a vivir en libertad antes de lo que te imaginas. ¡Tu liberación está a tu alcance!

    Texto extraído de: Revista LVVC – Edición marzo 2014, página 12

  • Deja que tu Gozo Sobreabunde (por Kenneth Copeland)

    2-24_kenneth_miniSeas o no consciente de ello, tu necesitas el gozo del SEÑOR; todo tu ser clama por el… Quizá hayas intentado complacerte a ti mismo con sustitutos superficiales: dinero, estatus social, éxito, incluso drogas, alcohol, sexo ilícito o comiendo en exceso. Y si lo has hecho, sabes que al final estas cosas te dejan sintiéndote insatisfecho. La felicidad que brindan es momentánea, dejándote otra vez con ese anhelo profundo por algo más.

    El gozo. Todo tu ser ansía por el. ¿Por qué? Porque si quieres seguir viviendo, necesitas fuerzas, y el gozo del SEÑOR es tu fortaleza (Nehemías 8:10). Cada fibra de tu ser clama por esa fuerza, pues vives en un mundo que se mueve en dirección negativa.La raza humana sin Jesús va camino a la muerte. Por tanto, a fin de obtener vida, debes ir en contra de la corriente. Y se requiere de mucha fuerza para ir en contra de la corriente. Se requiere de esfuerzo para no vivir en la manera en la que el mundo vive —con duda,  temor, pobreza y fracaso—.

    Todo lo que tienes que hacer para caer en duda e incredulidad es relajar  un poco tu fe en el Señor. La corriente negativa de este mundo te arrastrará río abajo.

    ¡Con la pobreza es lo mismo! Todo lo que tienes que hacer para ser pobre es irte a la cama. La Biblia nos dice: “Un rato más de sueño, una pequeña siesta, un breve descanso de brazos cruzados—y la pobreza te asaltará como un ladrón…” (Proverbios 6:10-11, AMP). La prosperidad requiere esfuerzo y diligencia. No puedes alcanzarla si desperdicias tu vida durmiendo.

    Resistir la pobreza, el temor, la duda y la enfermedad requiere de fortaleza – ¡mucha fortaleza! Es por eso que todo tu ser continuamente clama por ella.

    Si no permaneces alerta, Satanás sacará ventaja de esa necesidad y te engañará. El te dirá que tu fuerza se encuentra en las drogas. El te dirá que está en el alcohol. El te dirá que está en la comida. El te dirá que está en el sexo.

    Ahora bien, el sexo es algo bueno; sin embargo, Dios no lo diseñó para que se vuelva tu vida. Y cuando las personas lo sacan de ese contexto, el sexo te destruirá como lo haría la mordedura de una cascabel. La muerte está ligada al adulterio. No trae vida ni paz. El adulterio produce muerte y destrucción.

    La fuerza que realmente necesitas puede venir únicamente de una sola fuente: El gozo del SEÑOR. El gozo es la fortaleza que necesitas para ir contra la corriente de este mundo. Ahora, te preguntarás, ¿de dónde proviene el gozo? ¿cómo puedo hacer que fluya?.

    El gozo proviene de la PALABRA de Dios. En Gálatas 5:22 se nos enseña que el gozo es un fruto del espíritu. Es una fuerza espiritual nacida en el espíritu del hombre en el momento de su conversión, junto a la fe, el amor, la paz, la paciencia, la benevolencia, la bondad, la mansedumbre y la templanza. El gozo no es algo que se pueda “adquirir”. Este ya está dentro de cada creyente nacido de nuevo.

    Debido al parentesco del gozo con la fe, es fácil aplicar muchos de los mismos versículos que hablan de la fe al gozo. En Romanos 10:17, leemos: «Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios». El gozo también viene al oír la PALABRA. 1 Juan 1:4 nos lo deja saber. Por tanto, el gozo es producto de la PALABRA, al igual que todo lo que proviene de Dios. No intentes buscar gozo en otras fuentes. Está dentro tuyo – busca allí a medida que medites en la PALABRA.

    El gozo viene cuando recibimos la revelación de  Jesús; quien es una revelación del Padre mismo —el Dios todopoderoso—. Descubrí esa poderosa verdad al meditar en las cosas que Jesús les dijo a Sus discípulos antes de ir a la Cruz.

    Al final de Su ministerio terrenal, El SEÑOR dejó atónitos a Sus discípulos, diciéndoles: «Os conviene [les es más beneficioso] que yo me vaya» (Juan 16:7).

    Tienes que entender por qué aquellos hombres quedaron tan atónitos ante esa declaración. Era difícil para ellos creer que era mejor que Jesús se fuera. Mientras Él estuvo con ellos, todas sus necesidades fueron suplidas: Él calmó las tormentas, alimentó multitudes con unos cuantos peces y panes, resucitó a los muertos y sanó a los enfermos. Obviamente mientras Él estaba con ellos todo era mejor de lo que había sido antes. Sin embargo, Jesús les indicó: «Os conviene que yo me vaya».

    Sigamos leyendo y descubramos porqué. Leamos de nuevo Juan 16:7: «Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador [el Ayudador] no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré». Ahora leamos, los versículos 13-15: «Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber. Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber».

    Y por último, leamos los versículos 22-25:

    «También vosotros ahora tenéis tristeza; pero os volveré a ver, y se gozará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestro gozo. En aquel día no me preguntaréis nada. De cierto, de cierto os digo, que todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará. Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido. Estas cosas os he hablado en alegorías; la hora viene cuando ya no os hablaré por alegorías, sino que claramente os anunciaré acerca del Padre».

    Presta atención en estas declaraciones. Jesús conecta el conocer al Padre con el gozo del SEÑOR. El sabía que el gozo es el resultado de tener una revelación del Padre. Y donde el gozo crece, hay fuerza (Nehemías 8:10).

    Entonces, ¿cómo vamos a conocer y a comprender al Padre? Felipe le hizo la misma pregunta a Jesús: “¿Cómo nos mostrarás al Padre?”. Y Él le respondió: «¡Los que me han visto a mí han visto al Padre!». Para obtener una revelación del Padre, necesitas observar a Jesús.

    El SEÑOR le habló a Oral Roberts años atrás y le dijo: Me conocerás mejor que ninguna otra persona si lees Mateo, Marcos, Lucas, Juan y el libro de los Hechos, tres veces durante 30 días, y si lo haces de rodillas. Y 30 días después, el hermano Roberts compartió: «Conozco de una manera más íntima a Jesucristo de Nazaret que cualquier otra persona sobre la Tierra».

    Jesús se reveló a Sí mismo al hermano Roberts en y a través de la PALABRA de Dios. Cuando el vio a Jesús, vio al Padre.

    Tú también puedes conocerlo de la misma manera. Jesús le hizo esa promesa a todo aquel que guarde Su PALABRA. En Juan 14:21-23, se nos explica: «El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré [revelaré] a él… El que me ama, mi palabra guardará…».

    El método fundamental de Dios para revelarse a si mismo es a través de la PALABRA: «Estas cosas os escribimos, para que vuestro gozo sea cumplido» (1 Juan 1:4). Si tu te propones escudriñar la PALABRA de Dios para obtener una revelación de Jesús y del Padre, el gozo del SEÑOR se levantará en tu corazón. Y si permaneces en éste, no habrá condición física, mental, espiritual, social, ni problema político que sea capaz de desanimarte. La gente busca esta clase de victoria y fuerza a diario. Ellos la buscan en todas partes excepto dónde realmente pueden encontrarla – En la PALABRA de Dios, teniendo comunión con Jesús y el Padre. Dios también se revela a Sí mismo por medio de los dones del espíritu. ¿Acaso no dijo Jesús que el Espíritu nos revelaría al Padre? Por tanto, eso significa que cuando el Espíritu se manifiesta a sí mismo, el Padre es revelado.

    Un médico amigo mío intervino quirúrgicamente a un joven que tenía un tumor en el tronco cerebral. Llegó al quirófano con una actitud de oración, y oró en lenguas durante toda la cirugía. Cuando comenzaba a hacer la incisión para extraer el tumor, escuchó la voz de Dios. El SEÑOR le dijo: Espera, no lo hagas. Estás cortando en el lugar equivocado.

    ¡Justo en medio de una sala de operaciones se manifestó una palabra de sabiduría! ¡El Padre se reveló a Sí mismo! Y le dijo al médico exactamente a dónde debía mover su bisturí para hacer la incisión en el lugar correcto. Más tarde, el médico dijo que si hubiera hecho la incisión donde había comenzado, el joven habría muerto.

    Esa palabra de sabiduría hizo que la cirugía fuera un éxito. Y eso trajo gran gozo al joven y a sus padres. El Padre revelándose a sí mismo a través de ese don del Espíritu hizo la diferencia entre la vida y la muerte. Y el resultado fue gozo. ¡Aleluya!

    ¿Cómo libero el gozo? Si éste ya se encuentra en mi espíritu, y la PALABRA lo alimenta y lo fortalece, entonces debe ser liberado. ¿Cómo? Una forma es a través de la alabanza. Dios habita en las alabanzas de Su pueblo. Salmos 16:11, nos dice: «…En tu presencia hay plenitud de gozo…». En Salmos 42:4, leemos: «…Entre voces de alegría y de alabanza del pueblo en fiesta». El gozo se libera con la voz. Como la fe, el gozo se desata con palabras. Las palabras de gozo de Dios, una vez declaradas con nuestra boca, agitan y liberan Su gozo desde nuestro interior, trayendo la fuerza que debemos tener  de parte del Espíritu de Dios.

    En Jeremías 31:13, se nos indica: «Entonces la virgen se alegrará en la danza, los jóvenes y los viejos juntamente; y cambiaré su lloro en gozo, y los consolaré, y los alegraré de su dolor». El gozo se libera cuando danzamos ante el Señor en alabanza y adoración. El gozo también se activa en la oración. El apóstol Pablo afirmó en Filipenses 1:4 que hacía múltiples oraciones con gozo. Cuando encontramos la respuesta en la PALABRA de Dios referente al tema por el cuál estamos orando, y luego meditamos hasta que esos versículos penetran en nuestro corazón y en nuestra mente, el gozo del SEÑOR comienza a agitarse en nuestro interior. A medida que es agitado, lo liberamos en oración y súplica juntamente con la fe. Luego viene la acción de gracias y alabanza, luego los gritos de júbilo; y por último, la danza de gozo. Asi, la fortaleza esta siendo aplicada en múltiples direcciones para resolver varios problemas a la vez. Con razón Satanás  huye de la presencia de Dios.

    Por consiguiente, el gozo no sólo es una gran bendición, sino también un arma de tremenda fortaleza. Sin embargo, al igual que todas las armas de nuestro arsenal, éste debe ser usado como un acto de Fe en la PALABRA de Jesús y no basados en cómo nos sentimos en ese momento. Él dijo que Su gozo era nuestro, y ¡yo le creo! El gozo es un fruto que nace de nuestro interior. ¡Yo lo creo! ¡Es mío! Por tanto, voy a alabar a Dios ya sea que tenga o no ganas de hacerlo —con expectativa plena de que el gozo hará su obra—. Pongamos a trabajar esta fuerza poderosa en nuestra vida, y recibamos fuerzas no sólo para nosotros; sino también para otros.

    ¡Regocíjate! Y una vez más te digo, ¡regocíjate!

    Texto extraído de: Revista LVVC – Edición marzo 2014, página 22

  • ¿Estás escuchando? (por Kenneth Copeland)

    3-14_mainLlevo piloteando aviones 52 años. Durante todo ese tiempo, he desarrollado una habilidad especial a tal punto, que ahora se ha vuelto parte de mi naturaleza: he aprendido a estar atento y escuchar las indicaciones del controlador de tráfico aéreo para mi, sin importar lo que esté sucediendo a mi alrededor.

    Quizá eso te parezca muy fácil. Sin embargo, no siempre es tan sencillo como parece. En áreas donde el tráfico aéreo es muy congestionado, se escuchan varias voces e instrucciones en la radio, como por ejemplo: “American 451, vire a la izquierda… ascienda y manténgase a 5.000”, “Delta 23, vire a la derecha… descienda y manténgase a 8.000”.

    Para aquellos que no entienden de aviación, esto suena confuso y desordenado. No obstante, como piloto no le presto atención a esas indicaciones. ¿Por qué? Porque estoy esperando por otras.

    Estoy a la expectativa de mis indicaciones. Cuando el controlador dice: “62 Juliette, vire a la izquierda y dirígase con rumbo 3-5-4”, contesto de inmediato porque está hablándome a mí. Yo respondo: “Si señor, 62 Juliette  virando a la izquierda con rumbo 3-5-4”.

    Durante mis casi 50 años de ministerio, he aprendido que debo hacer lo mismo con respecto a la voz de Dios. Si estoy dispuesto a seguir las instrucciones que Él nos da en Proverbios 4:20: («Hijo mío, está atento a mis palabras; inclina tu oído a mis razones»), debo estar en constante sintonía con lo que Él está diciendo. Debo atender continuamente a sus palabras. En la vida diaria, como en la cabina del avión, no siempre es fácil. Escuchas el bullicio de muchas voces. Sin embargo, he decidido firmemente que no voy a permitir que eso me distraiga, pues la única voz que en realidad necesito escuchar, es la voz de Dios. Sólo Sus palabras pueden darme una vida en abundancia, mantenerme caminando en LA BENDICIÓN, y llevarme hacia donde necesito ir.

    Jesús lo dijo en Juan 6:63: «El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida».

    ¡La vida misma de Dios está en Su PALABRA!

    Si eres salvo, eres una prueba viviente de esa verdad; has sido «…renacido, no de simiente (semilla) corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre» (1 Pedro 1:23).

    La PALABRA es la base de todo el reino de Dios. Es la clave para todos Sus sistemas y procedimientos. Jesús no dejó lugar a dudas. Durante Su ministerio terrenal, cuando las personas le preguntaban cómo hacía obras milagrosas tan poderosas, Él les indicó una y otra vez el poder de la PALABRA de Dios.

    Él no dijo: “Yo puedo hacer lo que quiero porque Soy el Mesías, y tengo un poder sobrenatural especial”. Tampoco dijo: “Yo puedo obrar milagros cuando quiera, pues Soy Dios manifestado en la carne”. Por el contrario Jesús dijo entre otras cosas, lo siguiente:

    › «No puedo yo hacer nada por mí mismo…» (Juan 5:30) (Él no dijo: “No lo haré”, sino «No puedo…»).

    › «[El Padre] que me envió es verdadero; y yo, hablo al mundo aquello que he oído [de parte de Él]» (Juan 8:26).

    › «…nada hago por mí mismo, sino que según me enseñó el Padre, así hablo» (Juan 8:28).

    › «…Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras» (Juan 14:10).

    ¡Ése era el proceso que respaldó la vida y el ministerio de Jesús! Primero que nada, prestaba atención y escuchaba las palabras de Dios. Luego, en fe, hablaba y actuaba en base a esas palabras, y el Padre que habitaba en Él las hacía una realidad.

    Por esa razón, Jesús consiguió siempre resultados en un 100 por ciento. Él nunca dijo o hizo lo que Él quería. Jesús lo demostró en el estanque de Betesda. Cuando caminó hacia el estanque, encontró una multitud de enfermos alrededor. Jesús amaba a todos, y seguramente deseaba sanar a cada uno de ellos. Sin embargo, caminó en medio de la multitud y le habló a un solo hombre.

    «…le dijo: ¿Quieres ser sano?… Levántate, toma tu lecho, y anda. Y al instante aquel hombre fue sanado, y tomó su lecho, y anduvo…». (Juan 5:6, 8-9).

    Por años los cristianos han leído esa historia, preguntándose por qué Jesús no sanó a todos los que estaban en ese lugar. Y la respuesta es muy sencilla: Porque no pudo hacerlo.

    Jesús podía hacer sólo lo que veía a Su Padre hacer, y decir sólo lo que escuchaba a Su Padre decir. Jesús lo escuchaba, hablaba y actuaba de acuerdo con Sus palabras, y el Padre hacía la obra.

    El Hombre más libre en la Tierra

    Ése era el secreto de todo el éxito de Jesús. Y también es el secreto de nuestro éxito, pues como Sus discípulos, deberíamos obrar de la misma forma que Él obró. Jesús dijo en Juan 8:31-32: «…Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres».

    Jesús fue el Hombre más libre que caminó sobre la faz de la Tierra. Él no tenía ningún tipo de atadura –no estaba atado al diablo ni a ninguna de sus obras, y tampoco a las fuerzas naturales de este mundo perdido–. Él tenía toda la libertad de realizar cualquier cosa que Dios deseara que hiciera, sin que nada lo detuviera pues Él permanecía en la PALABRA de Su Padre.

    Y eso mismo es cierto para nosotros. Si escuchamos las palabras que Jesús nos dice en cada situación, y elegimos hablar y actuar de acuerdo a Sus palabras, la misma verdad que hizo libre a Jesús, ¡nos hará también asi de libres a nosotros!

    Quizas digas: “Pero hermano Copeland, tengo un problema. Me parece que no escucho la voz de Dios”.

    ¿Por qué no la escuchas? ¿Acaso no has nacido de nuevo?

    “Claro que sí. Soy salvo desde hace muchos años”.

    Entonces tu problema ya está resuelto, porque Jesús dijo en Juan 10:27: «Mis ovejas oyen mi voz…».

    “Hermano Copeland, yo sé que Él dijo eso; pero Dios no me está hablando”.

    ¡Por supuesto que sí lo está haciendo! Él no es un Padre ausente. Él está hablando todo el tiempo. Está hablándote a través de la Biblia, la cual es Su PALABRA escrita. Está hablándote por medio de Su Espíritu Santo, y está cumpliendo la promesa que Jesús hizo en Juan 16: «Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber. Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber» (versículos 13-15).

    Si crees que Jesús decía la verdad en esos versículos, entonces puedes llegar sólo a una conclusión. Si alguien ya fue salvo, significa que tiene al Espíritu Santo viviendo dentro él; y si a pesar de eso sigue sin escuchar la voz de Dios, ¡entonces el problema es que alguien no está escuchando!

    Pero alabado sea Dios, ahora puedes decidir de no ser ese alguien. Puedes cambiar esto por medio de la fe, y declarar: “Jesús está hablándome, y tengo oídos para escucharlo porque soy Su oveja”.

    Una vez tomada esa decisión, y al sintonizar lo que el SEÑOR está diciéndote, podrás activar el proceso del Reino como Jesús lo hizo. Escucharás de Jesús lo mismo que Él escuchaba del Padre, y hablarás esas palabras con fe. Entonces, el Padre hará las obras, y lo que Jesús les dijo a Sus discípulos en Juan 14:12-13 se hará una realidad en tu vida: «De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aún mayores hará, porque yo voy al Padre. Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo».

    Ten cuidado con el diablo y su “película”

    Quiero advertirte que el diablo llegará de manera inmediata a robar la PALABRA. Aunque él no puede detener el proceso del Reino (pues es una operación celestial, y no puede cambiarse; así como Dios, es el mismo ayer, hoy y por siempre), lo que hará es tratar de tergiversar ese proceso para usarlo a su favor. Tratará de robarte las palabras que Dios te ha dicho, y las reemplazará con sus palabras.

    Con lo cual, en lugar de ser Dios el que obre en tu vida, será el diablo quien lo haga.

    Jesús explicó cómo sucede exactamente esto en Marcos 4:14-15: «El sembrador es el que siembra la palabra. Y éstos son los de junto al camino: en quienes se siembra la palabra, pero después que la oyen, en seguida viene Satanás, y quita la palabra que se sembró en sus corazones».

    Es muy probable que ya conozcas por experiencia este tipo de robo, así que ya sabes cómo funciona. Comienzas pasando tiempo en la PALABRA y escuchando lo que Dios está diciendo acerca de tu identidad en Cristo Jesús. Estás creyendo y repitiendo Su PALABRA, y viendo cómo Dios se mueve en tu vida. Y después, el diablo comienza con su “película”. Empieza recordándote alguna ofensa que alguien dijo en contra tuya. Y te susurra: “¿Puedes creer lo que dijo de ti?”. Cuando menos te das cuenta, estás pensando y diciendo lo que dijeron de ti, en lugar de lo que Dios está diciendo.

    Lo mismo puede pasar en el área de la sanidad. Quizá escuches la voz del SEÑOR hablándote a través de 1 Pedro 2:24  «…por cuya herida fuisteis sanados». Pones fielmente esa PALABRA frente a tus ojos, en tu oídos y en tu boca, creyendo que es medicina para todo tu cuerpo (Proverbios 4:22).

    Sigues bien por un tiempo, pero comienzas a sentir síntomas de la enfermedad, y se aparece el diablo con su película, ofreciéndote diferentes “escenas” alternativas que contradicen la PALABRA. Lo primero que te presenta es la imagen de un infarto.

    Te dice: “¿Crees que te dará un infarto?”.

    Tú le contestas: “¡No! No tendré ningún infarto. ¡Soy sano!”

    Entonces, te cambia la imagen.

    Y te dice: “¿Qué tal un cáncer de pulmón? ¿Crees que te dará cáncer de pulmón?”.

    “¡No!”.

    “Bueno, ¿y la enfermedad que tenía tu tía María? Al fin y al cabo tienes algunos de los mismos síntomas que ella tenía”.

    Con eso te pones a pensar: ¡Mi tía María murió de esa enfermedad! Quizá debería preocuparme por eso. Pero luego, reaccionas y declaras: “No, diablo, eso es ridículo. ¡Soy sano!”.

    No obstante, al final el diablo aparece con una alternativa que él sabe que estás dispuesto a considerar: la gripe.

    Y tu dices: “Sí, creo que eso es. Estoy contagiándome con la gripe”.

    Y al declarar esas palabras, en lugar de confesar la PALABRA de Dios, el diablo podrá hacer su trabajo —el mismo proceso, diferentes palabras—. Pero tu puedes optar por no recibir lo que el dice. Puedes apegarte a la PALABRA de Dios y recibir sanidad en su lugar.

    La decisión es tuya.

    ¿Qué dirás?

    “Bueno hermano Copeland, pienso que eso es ser extremista. No podemos elegir cuándo estaremos enfermos o cuándo estaremos sanos”.

    Por supuesto que sí, Dios dijo que podíamos. Él dijo en Deuteronomio 30:19: «A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia».

    La enfermedad es parte de la maldición. La salud es parte de LA BENDICIÓN. Podemos optar por cualquiera de ellas. Dios espera que escojamos la vida y la BENDICIÓN, pero la decisión final es nuestra. Somos nosotros quienes elegimos.

    Y ¿cómo tomamos esa elección?

    Con nuestras palabras.

    Esogemos la maldición al escuchar y decir lo que el diablo, nuestra carne y este mundo nos dicen. Y elegimos LA BENDICIÓN, cuando escuchamos y declaramos las mismas palabras de Dios, tales como: Gracias Señor, por bendecir nuestro pan y nuestra agua, y por quitar la enfermedad en medio de nosotros (Éxodo 23:25). Gracias por darnos Tu PALABRA de sanidad. ¡Recibo mi sanidad y declaro que mi casa y yo somos sanos!”.

    Eso hizo mi familia en Navidad hace algunos años, cuando mi nieta de 11 años fue diagnosticada con meningitis cerebroespinal. Nosotros escogimos la vida. No dijimos: “¡Oh Dios! ¡Lyndsey está enferma de gravedad! ¡Tememos que muera antes que amanezca!”. Aún cuando los médicos nos decían eso, nosotros no pusimos esas palabras en nuestra boca. En su lugar, escuchamos por las palabras de Dios.

    Nunca olvidaré ese día. Gloria y yo estábamos lejos de casa cuando recibimos la llamada donde nos informaban lo que estaba sucediendo, y de inmediato le pedimos dirección al SEÑOR. Le pedimos específicamente que Él nos mostrara qué hacer y qué decir. Y en el transcurso del vuelo de regreso a Fort Worth, escuché Su voz.

    Él me dijo: Kenneth, en cuanto veas a Lyndsey, pon tu dedo índice derecho sobre su esternón y háblale a la unción que está dentro de ella. Ordénale que se levante y que eche esa enfermedad fuera su cuerpo.

    Cuando llegamos al hospital, Gloria y yo nos pusimos los trajes de protección requeridos, y caminamos hacia el cuarto en donde Lyndsey había permanecido acostada y delirando por más de 12 horas. Al entrar, declaré sobre ella exactamente lo que el SEÑOR me había instruido. Y en efecto, Él hizo la obra. Lyndsey —quien no había dicho nada coherente en todo el día— de repente apretó sus dientes y declaró: «Abuelo, estoy sana en el nombre de Jesús».

    Eso sucedió a media noche. Cuando los médicos llegaron por la mañana, Lyndsey se encontraba perfectamente bien.

    Quizá preguntes: “¿Pero hermano Copeland, qué sucede si busco al SEÑOR en una situación como esa, y Su PALABRA no me llega?”.

    Sí llegará, pues siempre lo hace. Jesús prometió en Mateo 7:7 que llegará: «Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá».

    Cree en esa verdad y sintoniza Su voz. Escucha las palabras que Él está hablando así como un piloto escucha por su llamada. Y cuando lo escuches, respóndele de inmediato. Di y haz lo que Él te pida, y aterrizarás seguro en LA BENDICIÓN todo el tiempo.

    Texto extraído de: Revista LVVC – Edición marzo 2014, página 4

  • Esperanza para un mundo herido (por Melanie Hemry)

    2-14_profileSergio Alvarado se sentó en una silla en el porche delantero de la pequeña casa donde vivía con su madre y su hermano en Fort Worth, Texas. A sus 14 años, se veía como la mayoría de niños de su edad, excepto por sus ojos: éstos lucían como los de un anciano, no como los de un niño. Reclinándose en la silla, Sergio escuchaba el ladrido de los perros, y cómo una madre llamaba a sus hijos para que entraran a su casa. Y se preguntaba que se sentiría tener una madre que cocinara, limpiara y cuidara de él; que se asegurara que se lavara detrás de las orejas y que terminara su tarea.

    Apoyando su cabeza contra la pared, se preguntaba cómo se sentiría recibir el abrazo de una madre. Y pensó: Seguramente ella me abrazó alguna vez. Sin embargo, por más que intentó, no pudo traer a su mente ni un solo recuerdo.

    Recordó, en cambio, los paisajes y sonidos de ciudad Juárez, México — su ciudad natal y el lugar donde había vivido la mayor parte de su vida. Su casa estaba en un lugar conocido como: “El callejón de la heroína”, a donde gente de Estados Unidos cruzaba la frontera para conseguir esa droga. Las estrechas calles estaban llenas de bares y prostíbulos. Gente deambulando por las calles, otras cocinando droga en una cuchara. Hermosas jovencitas prostituyéndose, para obtener heroína.

    Sergio tenía 2 años de edad, y su hermano era sólo un bebé cuando su padre los abandonó. Ellos vivieron en casas sin techo, piso ni ventanas. Los muros era lo único en pie, como si eso sirviese de algo. Su madre se prostituía para poder sobrevivir, dejando sus hijos solos por días a la vez. Sergio, a la edad temprana de 3 años, era responsable de cuidar a su hermano. En ocasiones su madre los dejaba con una tía; o a veces llevaba los hombres a la misma casa.

    Cerrando sus ojos, Sergio regresó mentalmente a Juárez, y a esa pequeña casa de dos habitaciones donde habían vivido. Tenía 7 años cuando sentado en el suelo observó a su madre convulsionar y caer de la silla. Él corrió hacia ella, pero dos hombres lo hicieron a un lado y le gritaron: «¡Apártate!».

    Vio cuando estos hombres arrancaron su ropa y la arrastraron a la ducha. Luego, vio sangre en el brazo de su madre. Cualquier niño creciendo en el callejón de la heroína sabía lo que eso significaba.

    Su madre había sufrido una sobredosis.

    Mientras los hombres luchaban para revivirla, Sergio se recostó contra la pared y se deslizó hasta caer en el suelo. Se sentía tan viejo y exhausto. El quería salir de esa clase de vida, pero el único escape que podía imaginar era la muerte.

    Su madre sobrevivió… como si a eso se le pudiera llamar “vida”.

    Habían algunos recuerdos buenos, Sergio repite.

    Asistir a la escuela, por ejemplo, era como teletransportarse a un universo alterno. Disfrutaba el olor de la comida y la ovación de la multitud en el estadio de básquetbol donde trabajaba vendiendo papas fritas. En la esquina del estadio, su madre conseguía heroína. Por años fue Sergio el que cuidaba de su mamá —tratando de hacer que se mantuviera sobria y pagando la fianza para sacarla de la cárcel—.

    Sergio tenía 10 años cuando su madre los llevó ilegalmente a los Estados Unidos de América. Esa mudanza, en lugar de resolver los problemas, sólo complico más las cosas. Ellos no hablaban inglés. Y ese miedo al que Sergio se había enfrentado cada día lo amenazaba con tomar control de su vida, al tiempo que su madre se sumergía más y más en una espiral sin fondo.

    Para ayudar a proveer un techo sobre sus cabezas, Sergio y su hermano repartían periódicos y lavaban platos. Cuando su madre no regresaba a casa, normalmente el la encontraba inconsciente en la banca de un parque.

    Una noche Sergio escuchó algo que lo hizo enderezarse en la silla; bien entrada la noche, las estrellas brillando en el cielo, vio tambaleándose hacia la casa a su madre con un hombre.

    El filo de su navaja brillaba, tan fría y dura como sus ojos. «Intenta meter a ese tipo a la casa, y lo apuñalo», le advirtió con un tono firme y amenazante.

    Ella entró sola, mientras Sergio retomó su lugar como centinela en la puerta. Luego, cuando se quedó dormida, la ató a la cama con una cuerda. Sergio por fin respiró aliviado. Ella no podía beber o ingerir ninguna droga, a no ser que él la desatara.

    Asi pudo descansar por unas horas, ¡que bendición!

    Antes de irse, se detuvo; miró a su madre, y le dijo: «¿Vas a parar alguna vez? ¿Qué necesitas para hacerlo?».

    Un ciclo de pobreza y desesperanza

    Sergio explica: «Mi madre era analfabeta, y dio a luz a su primer hijo cuando tenía 12 años de edad. Al cumplir 19, ya tenía cuatro hijos cuyo padre ya había abandonado. Yo nací 10 años después que el más joven de esos cuatro. Para la época en que mi madre sufrió la sobredosis, el más joven de mis medio hermanos ya era adicto a la heroína».

    «Mi madre usaba drogas, pero su principal adicción era el alcohol. Vi a mi padre menos de 12 veces en mi vida. Él venía de una buena familia en El Paso, Texas. Aunque me dio su apellido, su familia se rehusó a reconocerme a mí y a mi hermano. Mi padre era un hombre dulce cuando estaba sobrio; sin embargo, al igual que mi madre, era un alcohólico empedernido».

    «Cuando cumplí 8 años, mi tía comenzó a llevarnos en ciudad Juárez a una pequeña iglesia pentecostal. Era blanca, rústica, de adobe. Las bancas estaban viejas y astilladas, y las paredes rotas y agrietadas. Sin embargo, la gente siempre estaba feliz y alabando a Dios. Me gustaba sentarme en la primera fila y escuchar al pastor».

    «Aunque no sabía que significaba nacer de nuevo, hice la oración para recibir a Jesús. Mi madre estaba sobria y ese fue el año más feliz de mi vida. Luego, comenzó de nuevo a beber y todo se vino abajo. Al llegar a Fort Worth, mi madre estaba tan fuera de control que bebía cualquier cosa —perfumes y alcohol desinfectante—».

    Solos y marginados

    A sus 16 años, Sergio buscaba en las bancas de los parques, en los bares y burdeles de Fort Worth a su madre. Estaba acostumbrado a que ella desapareciera; pero esta vez ella no había vuelto a casa. Preocupado, frunció las cejas. ¿Se habrá encontrado esta vez al tipo incorrecto? ¿Estará muerta? ¿Estará internada en algún hospital? Quizá había sido arrestada.

    Desesperado, Sergio se preguntaba qué sería de ellos si ella no regresaba. ¿Cómo sobrevivirían solos en un país extranjero?

    Por fin, recibieron noticias de México. Su madre había regresado a ciudad Juárez sin ellos.

    “Mira”, Sergio le dijo a su hermano menor: «somos inmigrantes ilegales. Aunque los dos trabajamos, no ganamos suficiente dinero para pagar la renta. ¡Tenemos que regresar a México!».

    Ahorraron dinero y compraron un automóvil por USD 400. Aunque ninguno de los dos sabía conducir, dedujeron que no sería algo difícil. Colocando un mapa sobre su vieja mesa de cocina, trazaron el itinerario. Empacaron sus pocas pertenencias, y salieron de la casa con rumbo a El Paso, Texas. Y desde ahí, cruzaron la frontera hacia ciudad Juárez.

    Meses después, y a sus 17 años, Sergio estaba sentado en un bar cuando uno de sus primos se sentó a su lado, y le dijo: «Acabo de ver a tu mamá».

    Un escalofrío le recorrió por las venas, y le preguntó: «¿Está muerta?».

    «Sí».

    «¿Dónde está?».

    «En la calle».

    El ciclo se repite

    Sergio explica: «Me senté a llorar, sentía una mezcla horrible de tristeza y alivio». Estaba muy cansado, sentía como si hubiera invertido toda mi vida en intentar mantener viva a mi mamá, y había fallado. Ella sólo tenía 50 años cuando murió sola en las calles. Tan triste como me sentía por su muerte, también estaba avergonzado por sentirme al mismo tiempo, aliviado; Bebí alcohol sin parar toda la noche».

    «Ese fue un punto de inflexión en mi vida. Había probado las drogas cuando vivía en Fort Worth; sin embargo, luego de que ella murió me sumergí en una espiral sin control. Sabía que estaba siguiendo sus mismo pasos, pero me sentía sin fuerzas para detenerme.

    Y quedé atrapado en un abismo de drogas y alcohol que duró 20 años».

    «Dos años después de la muerte de mi madre, mi padre también murió de alcoholismo. Para ese entonces, yo ya era totalmente adicto a la cocaína. Me casé y tuve hijos; sin embargo, al igual que mi madre, no podía mantener una relación. Contrario a mi madre, siempre tuve y conservé un empleo. Contrario a mi padre, apartaba tiempo para involucrarme en la vida de mis hijos. Muchas veces sufrí sobredosis de cocaína y casi muero. Mi vida era como un tren desbocado y mis hijos eran lo único que me mantenía vivo».

    Un día, Sergio llegó a recoger a sus hijos para pasar juntos el fin de semana de visitas asignado. Uno de sus hijos lo miró con disgusto y le dijo: «¿Vas alguna vez a parar de usar drogas? No quiero estar cerca tuyo nunca más».

    El dolor fue asombroso. Había caído tan bajo, que aun su hijo no quería estar cerca suyo. En ese momento recordó cuando había atado a su madre a la cama, en su determinación de romper el ciclo.

    Ahora, el ciclo se repetía a sí mismo.

    Un clamor por ayuda

    A los 37, Sergio vivía en una vieja casa de remolque en El Paso, Texas. Un día se paró afuera y miró al cielo. Exhausto más allá de las palabras, dijo: «Dios, estoy muy cansado. Si hay alguna oportunidad de cambiar mi vida, ¿podrías ayudarme?».

    Unos días después, Sergio conoció a una mujer hermosa. Cuando le preguntó si podían salir, Yvette le respondió: «Sergio, si quieres establecer una relación conmigo, tienes que asistir al seminario para parejas de la iglesia».

    Al darse cuenta que Yvette no se retractaría, Sergio asistió al seminario. Aunque estaba bajo el efecto de las drogas, recordó el gozo que descubrió en aquella pequeña iglesia pentecostal. Poco tiempo después, Sergio se hizo miembro de la Iglesia Abundant Life Faith en El Paso, Texas, rededicó su vida a Jesús y empezó a desintoxicarse de las drogas.

    Sus 20 años de adicción no desaparecieron de la noche a la mañana. Sergio descubrió que para ser libre, su espíritu tenía que crecer y fortalecerse en la Palabra. Y tendría que resistir al diablo.

    Sergio admite: «Es muy difícil dejar la cocaína. Esos 6 a 8 meses fueron muy difíciles. Me acostaba en la cama sufriendo el síndrome de abstinencia, cada célula de mi cuerpo clamaba por alivio. No me até a la cama, pero me envolvía a mí mismo en una cobija como si fuera un burrito mexicano y decía: ‘¡No me voy a mover!’».

    «Tuve que resistir… resistir…resistir… y resistir un poco más. Si veía drogas en el televisor, todo mi cuerpo se agitaba. Algunas imágenes y olores estimulaban ese deseo. Finalmente, fui libre de las drogas. Libre de mi pasado y libre para vivir mi vida».

    Dios tenía un plan

    El 21 de mayo de 2002, Yvette y Sergio se casaron. Tres años después, uno de sus hijos se mudó a Fort Worth y más adelante su hija también. Hambriento por reconstruir su relación con ellos, Sergio y su esposa se mudaron allí también. Yvette empezó a trabajar en el Departamento de Servicio al Colaborador de los Ministerios Kenneth Copeland. Poco tiempo después, Sergio también se unió al equipo.

    Sergio recuerda: «Cuando estuve en El Paso había escuchado las prédicas de Jerry Savelle, pero sólo había oído hablar acerca del hermano Copeland. Y comencé a prestarle atención a sus enseñanzas. El día que lo escuché decir que somos los profetas de nuestra propia vida, mi vida cambió para siempre. Luego, ¡aprendí acerca de la autoridad del creyente! Mensaje tras mensaje, empecé a crecer en la Palabra de Dios».

    El botín es para el vencedor

    Hace unos años, cuando Sergio estaba en Venezuela con el equipo de KCM para la Campaña de Victoria, le pidieron que interpretara al hermano Copeland en una iglesia local. Además, le informaron que viajaría con el hermano Copeland del hotel a la iglesia; así podría hablar con él antes de la reunión. Por primera vez en su vida, Sergio usaba un micrófono para ministrar la Palabra en español mientras el hermano Copeland predicaba.

    Hoy, como miembro del equipo de ministros de KCM, Sergio viaja a través de Estados Unidos -California, Florida, Michigan, Wisconsin-. En agosto pasado, durante la Campaña de Victoria de 2013 en Venezuela, el hermano Copeland invitó a Sergio a la plataforma para que diera su testimonio. Frente a una audiencia de miles de personas, Sergio modestamente escuchó como el hermano Copeland decía: «Quiero presentarles a mi hijo espiritual».

    Su madre lo había rechazado, su padre lo había abandonado; sin embargo, este hombre de Dios lo llamó: hijo. Sergio sabía que era LA BENDICIÓN de Dios, restaurando lo que estaba perdido.

    En marzo del año pasado, y con una carga por su gente, Sergio regresó a ciudad Juárez. Se paró una vez más en el estadio de básquetbol, donde niño trabajó vendiendo papas fritas y donde su madre pasó la mayor parte del tiempo trabajando en los bares cercanos. Esta vez no se realizó un evento deportivo; las tribunas se llenaron con gente que alabó el nombre de Jesús. Bajo la dirección del Señor, Sergio había rentado el estadio y organizado una Campaña de Victoria en Juárez, trayendo pastores de Lima, Perú y de diferentes partes de los Estados Unidos.

    Sergio explica: «Juárez es considerada una de las ciudades más peligrosas del mundo, y ésa es la razón porque la que Dios quiere que hagamos algo diferente en ese lugar».

    En marzo de este año, Sergio participará con Courtney Copeland, la nieta de Kenneth Copeland, y ministrará durante un evento juvenil denominado: Reaction Tour. Luego, en Julio, el mismo estadio está rentado para realizar otra Campaña de Victoria en Juárez.

    Además, el Señor dirigió a Sergio a comprar una propiedad en ciudad Juárez, en el área donde solía vivir.

    “El me dijo que comprara un terrero, y construyera una iglesia donde se predique la Palabra de fe; y que la equipara con una cocina grande”, Sergio comenta. “Vamos a alimentar a esos niños con buena comida y con la Palabra de Dios. Él nos ha llamado a investir a esos niños con poder. Ése es un claro ejemplo de lo que significa mi relación de colaborador con KCM. Es como lanzar una cuerda de rescate a las personas heridas alrededor del mundo”.

    Han pasado 13 años desde que Sergio Alvarado alcanzó la misma cuerda, lanzada por Dios, para dejar la cocaína. No sólo ha sido revertida la maldición en su propia vida, sino que su mensaje de esperanza es una cuerda de rescate para un mundo herido.

    Texto extraído de: Revista LVVC – Edición marzo 2014, página 22

  • La herencia del favor de Dios (por Jerry Savelle)

    2-14_jerryAntes de que Dios declarara: «…Sea la luz…», y asi dar inicio con la creación de todas las cosas que hoy en día existen, Él ya tenía preparado un plan maravilloso para la humanidad.

    El apóstol Pablo escribió, en su carta dirigida a los Gálatas, que ese plan consistía en que todas las personas fueran bendecidas: «Y la Escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles, dio de antemano la buena nueva a Abraham, diciendo; «En ti serán benditas todas las naciones.» De modo que los que tienen fe son bendecidos con el creyente Abraham» (Gálatas 3:8-9, RV95).

    El pacto que Dios realizó con Abraham, se extendió tanto a su descendencia de sangre, como a su descendencia espiritual. En el linaje de sangre de Abraham estaban su hijo Isaac y su nieto Jacob, quien más tarde recibió el nombre de Israel; haciendo que toda la nación hebrea lleve su nombre. El término gentiles en ese versículo se refiere a todos los pueblos, tribus y naciones que no son judíos. Y fue por medio de la fe que los gentiles se convirtieron en la semilla espiritual de Abraham; Pablo lo explicó de la siguiente forma:

    «Cristo nos redimió de la maldición de la Ley, haciéndose maldición por nosotros (pues está escrito: «Maldito todo el que es colgado en un madero»), para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzara a los gentiles, a fin de que por la fe recibiéramos la promesa del Espíritu. Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su descendencia. No dice: Y a los descendientes», como si hablara de muchos, sino como de uno: «Y a tu descendencia», la cual es Cristo. Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente descendientes de Abraham sois, y herederos según la promesa» (versículos 13-14, 16, 29, RV95).

    La Biblia declara que si tú y yo pertenecemos a Cristo —al haber aceptado a Jesús como el Señor de nuestra vida— somos entonces descendientes de Abraham, y herederos según la promesa. En otras palabras, la promesa que Dios le dio a Abraham, también es para nosotros. Eso lo podemos corroborar en Romanos 4:16: «Por eso la promesa viene por la fe, a fin de que por la gracia quede garantizada para toda la descendencia de Abraham…» (RV95). El apóstol Pablo nos enseña que estas promesas están aseguradas para toda la descendencia de Abraham —o como lo diríamos en palabras modernas, las promesas de Dios están garantizadas—.

    Dios planeó que disfrutáramos en plenitud cada promesa que Él le hizo a Su pueblo en Deuteronomio 28. Como herederos de la promesa de Dios, esas bendiciones son nuestra herencia. Ahora bien, si las bendiciones que Dios nos prometió aún no se están manifestando plenamente en nuestra vida; quizás sea porque desconozcamos nuestra herencia, o porque ignoramos la promesa que se nos ha dado a través de nuestro pacto con Dios.

    En Génesis 12 encontramos una promesa en particular que Dios le hizo a Abraham —una promesa que también es para nosotros como descendientes de Abraham—. Dios le manifestó en el versículo 2: «Haré de ti una nación grande, te bendeciré, engrandeceré tu nombre y serás bendición» (RV95). La versión bíblica amplificada (AMP), traduce ese mismo versículo de la siguiente manera: “Te bendeciré [con un gran incremento de favores]”. En otras palabras, Dios prometió incrementar Su favor en la vida de Abraham.

    Un incremento abundante

    Este incremento abundante de favor trajo cosas buenas a la vida de Abraham, al tiempo que, hará lo mismo por nosotros. Ese tipo de favor abundante es parte de nuestra herencia, y está a nuestra disposición; pues somos herederos de Abraham. No podemos ni siquiera imaginar las buenas cosas que el favor de Dios llevará a cabo en nuestra vida, pues Él: «…es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos…» (Efesios 3:20).

    A medida que la Biblia narra la historia de Abraham, podemos ver que él fue un hombre exitoso, próspero y poderoso, gracias al favor de Dios. Ningún enemigo podía derrotarlo porque tenía el favor de Dios. Abraham siempre salió victorioso, sin importar en dónde estuviera o las circunstancias por las que estuviera atravesando. En un punto de su vida, Dios le manifestó: «…Vete de tu tierra, de tu parentela y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré» (Génesis 12:1, RV95). Cuando Abraham dejó a su familia y su tierra, terminó en medio del desierto —y aun en ese lugar, Dios lo hizo un vencedor—. Al final de su vida, la Biblia manifiesta que: «Abraham estaba ya entrado en años, y el SEÑOR lo había bendecido en todo» (Génesis 24:1, NVI).

    La intención de Dios al establecer un pacto con Abraham, era crear un canal por el cual Él pudiera bendecirlo. Y gracias a la promesa que Dios le hizo a Abraham,  Él también tiene un canal por el cual puede bendecirnos. Dios desea que vivamos bajo el favor divino —ese tipo de favor que abre puertas que el ser humano no puede abrir—.

    Recuerda que vivir bajo el favor divino, no significa que nunca tendremos problemas, que nunca enfrentaremos oposición, o que nunca nos lastimarán. Significa que si invertimos tiempo para aprender acerca de nuestra herencia de favor, y luego nos determinamos a vivir bajo ese favor todos los días, veremos a Dios actuar en nuestra vida de una manera nueva y poderosa.

    Dios está dispuesto a mostrarnos Su favor

    Los primeros versículos de la Biblia que nos muestran a Dios interactuando con el ser humano, nos presentan una hermosa imagen de Su naturaleza misma, la cual es mostrarnos Su favor: «Los bendijo Dios y les dijo: «Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra y sometedla; ejerced potestad sobre los peces del mar, las aves de los cielos y todas las bestias que se mueven sobre la tierra» (Génesis 1:28, RV95).

    La gracia y el favor de Dios se manifestaron cuando bendijo por primera vez al hombre y a la mujer que había creado a Su imagen. El Señor les dijo: «…fructificad y multiplicaos; llenad la tierra y sometedla; ejerced potestad…». Es en esta bendición, que podemos ver el corazón de Dios y Su favor abundante, el cual fue entregado al ser humano. Sin embargo, muchas personas —incluyendo cristianos— aún necesitan recibir la revelación del favor de Dios.

    Recuerdo una ocasión en la que volvía a Fort Worth, después de ministrar en una reunión en Tulsa, Oklahoma. Me había tocado el asiento central en mi fila, y en la ventanilla se encontraba una señora de unos 60 años. Intercambiamos una mirada y nos saludamos. Luego, me senté mientras el resto de los pasajeros abordaba el avión, incluyendo un grupo de personas que había asistido a la reunión en la que había predicado.

    Al verme, estas personas me saludaron: “¡Hola hermano Jerry!” “¿Cómo estás hermano Jerry?” “Disfrutamos de tus prédicas esta semana”.

    Después de estos saludos con los integrantes del grupo, la señora volteó y me dijo: «Supongo que eres un ministro».

    «Así es señora, soy un ministro», le respondí.

    «¡Qué bueno, porque necesito oración, y la necesito ya mismo!», me contestó.

    Escuché mientras me describió su situación,  y al finalizar le hablé acerca del favor de Dios y le expliqué el impacto que podría tener en su vida. Luego, oré por ella. Después, ella me dijo: «Debe ser maravilloso ser amado y respetado por tantas personas». A lo cual le respondí: «Bueno, sólo puedo decirle que todo se lo debo al favor de Dios del cual acabo de hablarle, y es un honor contar con Su favor en mi vida». Estoy seguro de que esta señora regresó a casa con una nueva revelación del favor de Dios.

    En ocasiones, cuando Carolyn y yo meditamos acerca del favor de Dios sobre nuestra vida, nos maravillamos. No es que nosotros tengamos más privilegios que los demás, pero Dios ha bendecido la obra de nuestras manos de maneras asombrosas. ¡Definitivamente, Él ha cumplido Sus promesas en nuestra vida! Y en agradecimiento, hemos pasado más de 40 años esforzándonos por cumplir la promesa que le hicimos al comenzar el ministerio. Le prometimos a Dios que sin importar el alcance que este ministerio tuviera, ni su crecimiento, o el renombre que obtengamos; siempre seremos las mismas personas que éramos antes de iniciarlo. Nos propusimos que nunca nos sentiríamos superiores, y que nunca nos olvidaríamos de los que nos ayudaron a llegar hasta donde estamos. Por el contrario, prometimos estar dispuestos a mostrar el mismo nivel de favor que Dios nos ha mostrado. Esa promesa es la razón por la cual continúo aceptando invitaciones para predicar en iglesias pequeñas que no tienen más de 50 miembros.

    Recientemente, visité una iglesia maravillosa. Los pastores eran una pareja de edad avanzada, y la iglesia atravesaba una situación financiera difícil; y a pesar de eso, ellos hicieron lo mejor que pudieron para atenderme mientras estuve ahí. Antes de regresar a casa, decidí cubrir mis propios gastos —y lo que me dieran de ofrenda, mucha o poca, se la devolvería a esa preciosa pareja, y la sembraría en sus vidas—.

    La ofrenda que recibieron la noche que prediqué fue la más grande que esa pequeña congregación había recibido. Antes de retirarme, el pastor me dio el cheque muy contento. Lo miré, y le pregunté: «¿Pastor, este cheque es todo mío?».

    «Así es, hermano Jerry. Es todo suyo», me respondió.

    «Me está diciendo que es todo mío, sin ninguna restricción; y puedo hacer con él lo que yo quiera», volví a preguntarle.

    «Así es hermano Jerry».

    Entonces tomé una lapicera, endosé el cheque, se lo devolví al pastor, y le dije: «Ahora este cheque es para usted y su esposa».

    Cuando me preguntó por qué le estaba devolviendo el cheque, le contesté: «Sólo llámelo favor. El favor de Dios».

    Dios nos creó a Su imagen, y si Él está dispuesto a mostrarnos Su favor, ¿no deberíamos nosotros también estar dispuestos para mostrar ese favor a los demás? Pues a medida que sembremos semillas de favor en la vida de los que nos rodean, ese favor comenzará a crecer en nuestra propia vida, al igual que en la de Jesús. En Lucas 2:52, leemos: «Y Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres». Si Jesús tenía la capacidad para crecer en el favor con Dios y los hombres, entonces nosotros también la tenemos.

    Vivir en el favor de Dios produce alegría en nuestras vidas. En Salmos 5:12, leemos: «Tú, Jehová, bendecirás al justo; como con un escudo lo rodearás de tu favor» (RV95). La versión amplificada traduce el mismo versículo de la siguiente manera: “Como con un escudo estarás rodeándolo con tu buena voluntad (agrado y favor)” (AMP). A pesar de lo que algunos cristianos te digan, debes tener la certeza de que Dios no se opone a que disfrutes esta vida. De hecho, ser creyente debe ser algo divertido. Recuerda que Jesús oró para que Sus discípulos tuvieran Su: «…gozo cumplido en sí mismos» (Juan 17:13).

    De acuerdo con la oración de Jesús, nuestro gozo debe ser un reflejo de Su mismo gozo. La profecía mesiánica de Isaías, al referirse a Jesús, manifiesta que: «…el deleite de Jehová será prosperado en Su mano» (Traducción libre de King James Version – Isaías 53:10). Una vida marcada con alegría, y disfrutada con reverencia a Dios, es otra forma de mostrarle al mundo la imagen de Dios en la que fuimos creados.

    Coronados con honor y gloria

    En todos estos años de ministerio, he visto a muchas personas que no han disfrutado las victorias que les pertenecen, y esto se debe a que tienen una imagen muy pobre de sí mismas. Jesús declaró que debemos amar a los demás como a nosotros mismos; no obstante, he visto que hay muchas personas que ni siquiera se aman a sí mismas. En 2 Timoteo 2:1, se nos ordena que nos esforcemos: «…en la gracia que es en Cristo Jesús». En otras palabras, no debemos ser débiles son respecto al favor de Dios. Necesitamos ser fuertes y tener una actitud positiva en lo que concierne al favor de Dios. Muchos creyentes, en especial aquellos que no fueron criados en un ambiente donde los animaran o estimularan, tienen dificultad para entender esta verdad.

    Una noche Carolyn y yo volvíamos a casa después de cenar, cuando de repente ella vio la calcomanía en el parachoques del vehículo en frente a nosotros. A la distancia parecía una de esas calcomanías con mensaje positivo, indicando que el hijo del conductor es un estudiante con buenas notas en la escuela. Sin embargo, al acercarnos, ésta decía: “Mi hijo es el prisionero número uno en la cárcel del estado de Texas”. Ahora bien, estoy seguro que cuando estas personas pegaron la calcomanía en su vehículo, lo hicieron porque creyeron que sería algo gracioso —y no porque en realidad quisieran que su hijo estuviera en prisión—. Lo que estoy tratando de decir es: Cuando un hijo crece escuchando palabras de ese tipo, palabras como las de esa calcomanía, lo más seguro es que esas palabras se cumplan en su vida.

    Algunas personas me han preguntado: “¿Estás diciendo que si declaro ese tipo de cosas sobre la vida de mis hijos, se cumplirán en la vida de ellos?”.

    Yo siempre les respondo: “Si no hay una intervención divina, por supuesto que sí”. La Palabra de Dios nos enseña: «Instruye al niño en su camino, y aún cuando fuere viejo no se apartará de él» (Proverbios 22:6). Las palabras que confesamos sobre la vida de nuestros hijos llevan un gran poder, no importa si son buenas o malas. Por esa razón, es de suma importancia declarar el favor divino de Dios sobre nuestras familias a diario.

    Para aquellos que crecieron sin escuchar palabras de gracia y favor divino sobre sus vidas, les tengo buenas noticias. Podemos usar la Palabra de Dios para destruir: «…argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo» (2 Corintios 10:5, RV95). El apóstol Pablo describió la Palabra de Dios como: «…viva, eficaz y más cortante que toda espada de dos filos: penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón» (Hebreos 4:12, RV95). Por medio de la Palabra de Dios, podemos cambiar nuestra manera de pensar y hacer que nuestros pensamientos se alineen con lo que Dios declara acerca de nosotros. Dios manifiesta que fuimos creados a Su imagen, y que fuimos coronados con gloria y honor. Por tanto, debemos vivir en autoridad y dominio.

    Cuando nos armamos con el nombre de Jesús y la Palabra de Dios, podemos tomar autoridad sobre las mentiras y toda circunstancia que nos desalienta, las cuales parecieran controlar nuestras vidas. El favor de Dios puede cambiar situaciones que parecen imposibles.

    ¿Recuerdas Salmos 84:11? «Porque sol y escudo es Jehová Dios; gracia [favor divino] y gloria dará Jehová. No quitará el bien a los que andan en integridad». No importa qué tan terribles puedan ser tus circunstancias, cuánto dinero necesites, o qué tan negativo sea el reporte que recibiste del médico o del abogado —tampoco importa la cantidad de veces que te dijeron que nunca lograrías nada—. Cuando el favor de Dios se presenta, el fracaso y la derrota ya no serán algo inevitable. Pues el favor de Dios trae cosas buenas a tu vida: trae prosperidad.

    Cuando entendamos de corazón lo importante que somos para nuestro Padre celestial, la duda y la inseguridad desaparecerán, y viviremos en la plenitud de nuestra herencia de favor, la cual nos pertenece en Jesucristo.

    Texto extraído de: Revista LVVC – Edición febrero 2014, página 24

  • Mi Padre me ama (por Jenny Kutz)

    2-14_jennyA sus 17 años, Jenny Kutz experimentó el dolor del divorcio de sus padres. Dolor que al principio la dejó sin esperanzas—y truncó sus expectativas acerca del futuro—. En su nuevo libro, titulado: ABBA, Jenny comparte cuán fiel ha sido Dios para sustentarla y mantenerla firme desde entonces. Y que Él tiene un plan maravilloso no sólo para ella, sino para todo hijo que esté atravesando por una situación de divorcio. En su libro, Jenny anima a otros que se encuentren en situaciones similares, sin importar las circunstancias que estén enfrentando: la vida no se ha acabado y aún hay esperanza. Hay esperanza en Jesucristo, y apenas han comenzado tus nuevas aventuras. El siguiente artículo es  un extracto adaptado del libro ABBA.

    Recuerdo una ocasión, en la que estuve frente a frente a una mujer que pensaba suicidarse.

    Ella llegó al altar durante un servicio en respuesta a un llamado y me dijo que era atormentada continuamente  con pensamientos suicidas. Sentía que no estaba a la altura del estándar de ninguna persona, e insistía: «No merezco que nadie se preocupe por mí por todas las cosas que he hecho. He decepcionado a mi esposo. Él trabaja muy duro para darme lo que necesito, sin embargo, lo único que he hecho es defraudarlo a él y a mis hijos». Y siguió hablando de todos los errores y fracasos que había tenido.

    Comencé a ministrarla, y le compartí acerca del perdón y la gracia de Dios. Le compartí las promesas maravillosas que Dios tiene para ella; sin embargo, ella continuaba repitiéndome sus errores, fracasos y como no servía para nada. Aunque yo estaba compartiendo con ella verdades espirituales que la harían libre, sus pensamientos no le permitían aceptar la gracia de Dios. Yo sentía que no estaba llegando a ningún lugar, pues cada vez que le decía algo, ella continuaba dándome razones de porque era una “inútil”.

    Finalmente, y en medio de las quejas acerca de sus errores y fracasos, el Espíritu de Dios creció dentro de mi y le pregunté directamente: “¿Sabes que tu Padre te ama?”.

    De repente hubo un silencio entre nosotras. Yo pude ver como la pregunta la había golpeado tan fuerte como una tonelada de ladrillos, al tiempo que una sensación de calma la inundaba, y se daba cuenta que tenía un Padre que la amaba muchísimo. Un rato más tarde, ella susurró: “Mi Padre me ama”.

    Yo le respondí: «Tal cual, sólo deja que la idea te invada. Digámoslo otra vez».

    Cada vez que ella lo repetía, la sanidad y el amor comenzaron a agitarse en su corazón. Y mientras más permitía que la verdad penetrara, más la creía. Toda conversación referente a su pasado desapareció, para ser reemplazada por la bondad del perdón de Dios. Le compartí escrituras referentes al amor de Dios, y continué animándola.

    Esta mujer sólo pudo recibir el perdón y la gracia de Dios hasta que recibió la revelación del amor de Dios por ella. Mi Padre me ama. Esas cuatro palabras cambiaron por completo el curso de su vida. El amor de Dios penetró hasta el fondo de su corazón para rescatarla. Creo que sigue viva hoy, por el poder de Dios y la revelación de saber cuán preciosa es para Él. Ella cambió cuando dejó de ver a Dios como alguien lejano e impersonal y lo empezó a ver como un Padre que la amaba a pesar de sus errores. Comenzó a ver a Dios como un Padre a quien podía acudir y en quien podía confiar.

    Dios también te ha escogido a ti para amarte y protegerte. Veamos lo que Jesús manifestó en Juan 15:16 «Ustedes no me eligieron a mí, yo los elegí a ustedes…» (NTV). Él eligió amarte tal y cómo eres. Pueda que sientas que no mereces ser amado, aceptado o que no mereces protección alguna por lo que has hecho en el pasado. Sin embargo, ese pasado no puede cambiar lo que Dios siente por ti, o Su compromiso de cuidarte. De hecho, Él ya sabía que cometerías los errores que has cometido, y aun así eligió amarte.

    El amor de Dios es más profundo que cualquier otro amor que puedas encontrar. No importa lo bajo que caigas, no existe nada que pueda separarte de Su amor. No puedes correr de Su amor; aun así lo hayas intentado. Él siempre te amará, sin importar si eliges amarlo o no. Sin embargo, aunque Su amor es tan grande, Él te da la opción de aceptarlo. El te deja decidir si quieres llamarlo: “Padre”. Tú eres algo tan preciado para Él, que creó un camino para que pudieras llamarlo “Padre”.

    Recuerdo una noche cuando clamé a Dios porque me sentía herida, Él me mostró una visión en dónde yo era una niña pequeña. Me vi corriendo hacia Sus brazos. Corría a toda velocidad y con todas mis fuerzas. Nunca me distraje, mi mirada estaba enfocada por completo en Él.

    Cuando al fin lo alcancé, pude sentir que me sonreía, sentí el amor en Él. Me alzó y me comenzó a dar vueltas y más vueltas, como un padre lo hace con su niña pequeña. Cuando terminó de darme vueltas, me sentó sobre sus piernas. Recuerdo que me sentía tan inocente y tan segura, que todos mis temores y preocupaciones desaparecieron en Su gran amor. Ésa es la clase de Padre que Dios anhela ser para nosotros.

    A medida que pasan los años me he propuesto mantener mi fe como la de un niño, aprovechando cualquier oportunidad para clamar y correr hacia mi Padre celestial. Cierra tus ojos e imagínate a Dios levantándote en Sus brazos amorosos. Deja que todo el temor y el remordimiento se derrita en Su presencia. Entrégale todas tus preocupaciones y déjalas desaparecer.     Permite que Dios Padre sea Abba en tu vida: Tu Papi. Cada vez que comiences a preocuparte por alguna situación en tu vida, sólo di en voz alta: “Mi Padre me ama. Mi Padre me ama”. Y deja que esas palabras resuenen dentro tuyo.

    Texto extraído de: Revista LVVC – Edición febrero 2014, página 22

  • Viviendo en libertad (por Melanie Hemry)

    2-14_profileLa luz de una vela titilaba en la habitación, mientras Dara Maclean, de 22 años, apoyaba su espalda en la pared y se deslizaba en la alfombra color crema. Cerrando sus ojos, intentaba encontrarle sentido a todo.

    ¿Por qué siempre se sentía como si no fuera lo suficientemente buena o como una fracasada?

    La mayoría de sus amigos estaban en la universidad, comenzando su carrera profesional y contrayendo matrimonio. Dara había escogido un rumbo diferente; mientras trabajaba empleos de medio tiempo, se dedicó a lo que ella consideraba su llamado: la industria de la música. Dara donaba su tiempo sirviendo en la iglesia, mientras se entrenaba para el ministerio. Y continuaba creyendo que algún día firmaría un contrato con una gran compañía discográfica, para proclamar el evangelio por medio de la música.

    Dara se sentía estancada— como si estuviera en el limbo, trabajando en el ministerio, pero no al nivel que anhelaba su corazón. Luchó de manera constante para creer que lo imposible podía suceder. Al terminar con su novio, su corazón roto parecía confirmarle ese sentimiento de fracaso. No había logrado ese “felices por siempre” con él, y tampoco había indicios de éxito en sus esfuerzos musicales.

    Alguien le aconsejó: «Deberías tener siempre un plan de emergencia: Obtén algún título o gradúate de la universidad. Después de todo, las probabilidades están en tu contra. ¿Tienes idea de cuántas personas logran tener éxito en la industria de la música?».

    Durante años, Dara hizo caso omiso a esos comentarios. Sin embargo, en medio de ese sentimiento de derrota, comenzó a pensar  que quizás se había equivocado. A lo mejor era hora de ser realista. Incluso los proyectos independientes en los que había invertido tiempo no habían rendido el fruto que ella esperaba.

    Desde que tiene memoria, sus padres, Dan y Judi, la habían animado a trabajar duro, con la gracia de Dios, y a nunca dudar de la obra que Él estaba haciendo en su corazón. Ellos la exhortaron a sumergirse en la presencia de Dios, y ver dónde ésta la estaba dirigiendo: «Tú naciste con un propósito específico y con un destino que Dios te ha dado. Nuestro trabajo es revelarte el amor de Dios, y confiar que Él te guiará a cumplir los sueños que ha puesto en tu corazón».

    Cuando Dara tenía 7 años, irrumpió en la oficina de su padre y le contó que había escrito una canción. Su canto hablaba acerca de la caída los muros de Jericó; y a partir de ese momento, no ha dejado de escribir canciones.

    «¡El Señor me dio una visión! le dijo a sus padres. Me vi cantando en África, ¡rodeada de las personas más hermosas!».

    Sus padres nunca la desanimaron. Por el contrario, la motivaron: «Así será, Dios te está mostrando tu futuro. Nosotros servimos al Dios de los imposibles. ¡Mientras más imposible parece, mejor!».

    En su corazón Dara sabía que sus padres estaban diciendo la verdad. Ahora, años más tarde, y tras haber negociado durante meses con una compañía discográfica, tenía en sus manos la prueba que tanto había buscado: un contrato.

    ¿Qué podría ser mejor que eso?

    Dara tomó el documento, y lo leyó una vez más. En sus manos estaba la culminación de todos sus sueños. Un contrato para grabar con una compañía cristiana.

    ¡Por fin! Una confirmación de que ella servía para algo.

    ¡Por fin! ¡Una prueba de que ella había escuchado de Dios!

    ¡Por fin! Su sueño se estaba haciendo realidad.

    Pero había una inconveniente en la forma en la que había sido criada. Dara había aprendido a reconocer la voz de Dios.

    Y ella escuchó claramente la voz del Señor diciéndole:

    No firmes ese contrato.

    Con el corazón lastimado, Dara pensó: Ésto es lo que pasa cuando colocas tu fe a un nivel tan alto, lejos de la realidad. Cuando vives en la tierra de los imposibles, no hay vuelta atrás, ni plan de emergencia. En momentos como éstos, no queda nada más que un dolor desgarrador.

    Enfrentando al enemigo— en el espejo

    Dara relata: «De nuevo me sentía una fracasada. Desde niña, aprendí que hay un adversario que tiene como objetivo robar nuestro destino. Y decidí que no permitiría que robaran el plan de Dios para mi vida. Pero cuando por fin me ofrecieron un contrato para grabar y el saber que no debía firmarlo se sentía completamente  injusto».

    «Al sostener ese contrato, sentí como si estuviera sosteniendo mi sueño —sólo para que me fuera arrebatado—. Sentada en el suelo aquel día, me di cuenta que no era feliz, que estaba insatisfecha y que me sentía miserable. Estaba tan enfocada en el llamado que había caído en el perfeccionismo. Y eso provocaba que sintiera que no era lo suficientemente buena. Reconocí a mi enemigo cara a cara: Era yo misma».

    Sola y destrozada, Dara dejó a un lado su contrato de grabación. Abrió su Biblia e inició el proceso de redescubrir su identidad en Cristo. En Su presencia, ella escuchó las siguientes palabras: Lo que en realidad Me importa es que seas libre. ¿Me adorarás el resto de tu vida, aún si nadie nunca te ve?

    «Sí, Señor, lo haré».

    Necesito que dejes de enfocarte en los títulos. Quiero que la adoración sea tu estilo de vida y que simplemente ames a las personas. Cuando hagas lo que más Me importa, los sueños que he puesto en tu corazón se materializarán, y nada más te importará.

    Como un acto de fe y obediencia, Dara tomó su guitarra y le cantó al Señor. Como el salmista las palabras brotaron de su corazón quebrantado y cantó una canción nueva:

    “Un corazón herido y unas alas rotas no podrán detener a Tu amor para que siempre me encuentre…”.

    Después de ese momento en la presencia de Dios, ella tituló esa canción: “Free” (Libre).

    Más tarde, Dara fue a la casa de sus padres para compartir con ellos acerca de su lucha.

    Ellos le preguntaron: «¿Cuál es tu primer llamado?».

    «Tener comunión con Dios».

    «Entonces, enfócate en ese llamado. Y con el tiempo, Dios te sacará de la oscuridad y el anonimato».

    «Pero he trabajado duro para realizar mi sueño».

    Su padre le respondió: «En esta etapa de tu vida se está moldeando tu carácter e integridad. Piensa en el tiempo en el que Dios trató con el carácter y la integridad del hermano Copeland. Cuando esa etapa terminó, Dios se manifestó en su vida de una manera asombrosa. Entonces, ¿cómo se supone que será tu historia? Cuando tu carácter e integridad estén afirmados, Dios hará lo mismo por ti».

    Preparándose para el propósito

    Dara le dio gracias a Dios por la sabiduría de sus padres. Y recordó que cuando ella tenía 8 años escuchó, por casualidad, una conversación entre ellos.

    «Necesitamos vivir en una atmósfera de fe», su padre había dicho.    Poco tiempo después, se mudaron a Fort Worth, Texas para asistir a la iglesia Eagle Mountain International Church, y se involucraron más con los Ministerios Kenneth Copeland.

    Dara explica: «A mis 8 años, me convertí en una Superkid y me gustó muchísimo. La academia de Superkids es un lugar seguro donde los niños aprenden y crecen en el Señor. De niña, aprendí cómo organizar un servicio, cómo preparar un mensaje para recibir las ofrendas y cómo dirigir la alabanza y adoración».

    «Trabajé como voluntaria en la academia SuperKids desde los 8 hasta los 22 años. Todos esos años fundaron la base para el ministerio en mi vida. Aprendí cómo dirigir una banda, un coro y a danzar —mucho antes de darme cuenta que necesitaría esas habilidades para cumplir el llamado de Dios en mi vida—».

    Mientras ella se enfocaba en el Señor, y no en los títulos, las circunstancias de Dara parecían que no cambiaban —pero, sí su corazón—. Y se despertaba cada día  más consciente de su identidad en Dios.

    Ella sabía que Dios amaba a todo el mundo; pero descubrió que Su amor también se focaliza de manera individual: Una oveja perdida, un hijo pródigo, un pastorcillo, un Hijo y un Salvador.

    «Señor», Dara oró, «te dedico mi vida. Amaré a las personas todos los días».

    Cuando sus amigos le preguntaban: «Dara, ¿por qué no te inscribes en el concurso American Idol?», ella se reía. La respuesta era sencilla: El Señor no le había indicado que lo hiciera. Dios le había pedido que dirigiera la alabanza y adoración, y a bajar del escenario, ayudando una a una a las personas con problemas.

    Jamás se había sentido tan plena en su vida.

    El llamado

    Además de dirigir la adoración y liderar un grupo de jovencitas, Dara también aceptó dirigir la adoración en el grupo de enseñanza de su padre, el cual se llamaba: “Conociendo a Dios íntimamente”. No era un escenario, pero ¿a quién le importaba? Dara estaba satisfecha —o feliz en su alma—. Para ella no se trataba de una multitud, sino de Jesús.

    El 15 de junio de 2009, el teléfono de Dara sonó.

    La mujer al teléfono le explicó: «Mi nombre es Susan Riley, y te llamo desde Nashville, Tennessee. Alguien me envió una copia de tu proyecto independiente. Me gustaría contratarte como compositora».

    Dara contestó: «Soy compositora, pero creo que también he sido llamada a ser solista».

    Exactamente como el Señor se lo había prometido, el llamado surgió de la nada. A medida que Dara comenzó a negociar su contrato, descubrió que una mujer que asistía al grupo de su papá, fue quien había enviado su CD a Susan Riley.

    Dara relata: «Pasaron dos años mientras negociamos el contrato; pero esta vez el Señor me dio luz verde. El 7 de marzo de 2011 viajé a Nashville; y firmé un contrato con Word Records, bajo la cobertura de Warner Brothers. Y de inmediato estaba de gira con Winter Jam, una de las giras más grandes en el mundo».

    La vida de Dara cambió casi de la noche a la mañana.

    En el 2011, lanzó su primer álbum con Word Records, titulado: You Got My Attention (Llamaste mi Atención), y participó en la gira acústica navideña de la estación de radio K-LOVE. Al año siguiente, Dara ministró en conferencias y festivales a través de todo el país, realizó giras con KING & COUNTRY, Jason Castro, Casting Crowns y otros grandes exponentes de la música cristiana.  También ese mismo año lanzó un álbum navideño.

    Otra pieza del rompecabezas

    Dara expresa: «Al fin, permití que Jesús fuera suficiente para mí. Estaba ocupada realizando giras cuando mi padre, fiel a su estilo italiano, comenzó a realizar todo tipo de comentarios al azar. Entre ellos dijo: “Conocí a un chico, con un maravilloso corazón, que ama al Señor. Buen mozo.»

    «El nombre del muchacho era Donnie Petty, y Dios puso en el corazón de mi papá que nos conociéramos. Luego de nuestra primera cita en el zoológico, fuimos a tomar un helado, y después le mostré a Donnie fotos que guardaba en un album en Pinterest titulado “cómo me gustaría que luciera mi casa”. Le mostré varias fotos de arte y cosas que me inspiraban, entre ellos uno de mis favoritos: un cuadro hermoso del mundo pintado con acuarelas».

    Dara celebró su cumpleaños esa misma semana, y unos días más tarde Donnie le llevó un rollo. Él le dijo: «Tengo un regalo de cumpleaños para ti».

    Que raro pensó Dara: Casi no nos conocemos.

    «Donnie desenrolló una pintura de acuarela del mapa del mundo. ¡Él le había pagado a alguien para que lo pintara para mí! ¡Y desde ese momento, llamó mi atención!».

    Poco tiempo después, Dara recibió una llamada de Courtney Copeland, la nieta de Kenneth y Gloria Copeland, invitándola a adorar en su próxima gira: Reaction Tour en Kampala, Uganda.

    «En ese momento, comprendí que ésa fue la visión que el Señor me había dado cuando niña».

    «Courtney también estaba buscando hombres cristianos fuertes en el Señor y destacados en los deportes, y le pidió a Donnie que se uniera a su equipo. Cuatro meses antes de irnos a África, el Señor me dijo que Donnie era el hombre que había escogido para mí. Durante ese viaje, Donnie y yo la pasamos tan ocupados que no tuvimos mucho tiempo de vernos. Nunca estuvimos a solas. En nuestro último día en Uganda, al fin tuvimos algo de tiempo para compartir. Estábamos comprando recuerdos (souvenires), cuando de repente cayó una lluvia torrencial; nos reímos y corrimos para buscar un lugar donde refugiarnos. Al acercarnos a mi bungalow, Donnie tomó mi mano y me abrió su corazón. Dobló una de sus rodillas, y me pidió que pasara el resto de mi vida con él».

    Dara aceptó, y el 11 de mayo de 2013, luego de lanzar su tercer álbum: Wanted (Aceptada), ella y Donnie dijeron: “Sí, acepto”.

    Dara expresa: «Estoy tan feliz de que mi padre haya insistido en que viviéramos en una atmósfera llena de fe. Ser colaboradores de KCM, y crecer en la Academia Superkid ha significado tanto para mí. Si no conoces acerca del carácter de Dios, y cómo vivir en fe y en gracia, ¿cómo puedes a alcanzar Sus promesas?».

    Hoy en día, Dara Maclean Petty aún vive bajo la revelación que recibió en mayo de 2009, cuando escribió su canción: Free o “Libre”. Esa canción fue el mejor sencillo de su álbum: You Got My Attention.

    Dios aún tiene toda la atención de Dara, y ella sigue viviendo en libertad. Libre de la duda, del temor y del fracaso. Libre de las limitaciones.

    Texto extraído de: Revista LVVC – Edición febrero 2014, página 10

  • Una vida de búsqueda (por Gloria Copeland)

    2-14_gloriaHoy en día, se le da mucho énfasis a una gran variedad de estilos de vida. Las personas hablan de estilos de vida saludables y no saludables. También hablan acerca del estilo de vida urbano, del suburbano y del rural. Incluso, hace años existía un programa televisivo llamado: Estilos de vida de los ricos y famosos.

    Aunque supongo que esas cosas están bien, para mí sólo existe un estilo de vida digno de vivir: El estilo de vida que Dios describe en Su Palabra.

    A este estilo yo lo llamo: La vida de búsqueda, pues Jesús nos indicó cómo obtenerla al darnos las siguientes instrucciones:

    “Ya no se preocupen ni se angustien diciendo: ¿Qué comeremos?, o ¿Qué beberemos?, o ¿Qué vestiremos?. Los gentiles (paganos) anhelan y buscan todas estas cosas diligentemente; pero vuestro Padre celestial sabe que las necesitan. Más bien, busquen (enfóquense y luchen por conseguir) primeramente el reino de Dios y Su justicia [Su manera de ser y hacer lo recto], y todas estas cosas les serán añadidas” (Mateo 6:31-33, traducción libre versión AMP).

    Yo nací de nuevo leyendo esos versículos, por lo cual he conocido acerca de la vida de búsqueda por casi 50 años. Desde el principio, este estilo de vida fue emocionante para mí. Sin embargo, con el pasar del tiempo y al madurar me he vuelto más inteligente. De modo que hoy estoy más convencida de ella que nunca.

    ¿Por qué?

    Porque la vida de búsqueda es LA VIDA BENDECIDA. Es el tipo de vida que le abre las puertas a lo mejor de Dios para nosotros. La vida de búsqueda no sólo nos ofrece salud, prosperidad y éxito, sino también nos provee paz, gozo y todo lo que es bueno.

    A través de los años he descubierto que entre más busco a Dios, más feliz y maravillosa se vuelve mi vida. Además, me he dado cuenta que es mejor cultivar un estilo de vida que busca al Señor, en lugar de buscarlo para pedirle ayuda cuando estoy en problemas. Aunque Dios es misericordioso y siempre nos ayuda cuando le clamamos de corazón, podemos evitar momentos amargos y de dolor al permanecer cerca del Él a diario. Podemos disfrutar de una vida sin sobresaltos si de continuo buscamos realizar las cosas a Su manera.

    No es sólo una vez a la semana

    Tal vez alguien diga: “Pero Gloria, yo creo que estoy haciendo bien las cosas cuando se trata de buscar a Dios. Después de todo, yo asisto a la iglesia cada semana”.

    ¡Me alegra por ti! Ése es un buen comienzo. No obstante, la vida de búsqueda no sólo se trata de asistir a un evento semanal. Si de verdad quieres ser BENDECIDO, necesitas buscar las cosas de Dios todos los días. Debes mantener la Palabra de Dios frente a tus ojos, en tus oídos y en medio de tu corazón a cada instante.

    Eso es lo que se requiere para mantener tus pensamientos en línea.

    La razón es sencilla: vivimos en un mundo saturado de tinieblas. Estamos rodeados de una cultura disparatada que cree que lo malo es bueno, y lo bueno es malo. El diablo usa constantemente cualquier tipo de cosas para confundirnos e inundar nuestra mente de oscuridad. Por consiguiente, aún si asistes a la iglesia los domingos a la mañana y los miércoles por la noche, te desviarás de camino si sigues el ejemplo de los demás el resto de la semana.

    Pareciera que muchos cristianos no comprenden esto. Piensan que “ESTÁ BIEN” regresar del trabajo a la casa para sentarse a mirar los mismos programas de televisión que deshonran a Dios al igual que sus vecinos inconversos. Y no sólo me estoy refiriendo a los canales pornográficos; estoy hablando también de la basura en cada cadena televisiva que le falta el respeto a Dios o que promueve la inmoralidad.

    Aunque es fácil seguir la corriente del mundo y ver cualquier programa de televisión, no podrás disfrutar una vida de búsqueda si te relajas y emperezas. Tendrás que resistir al diablo y decidir hacer las cosas a la manera de Dios. Eso significa que a veces deberás apagar la televisión, y en su lugar, abrir tu Biblia.

    En otras palabras, deberás actuar.

    ¡Buscar es una palabra que requiere acción! Según el diccionario, ésta significa: “Ir tras algo, esforzándose de manera intensa; tratar de encontrar, preguntar o inquirir, aprender o discernir”.

    Recordé esto hace algunos años cuando perdí mi agenda personal. Había anotado todos mis compromisos para las semanas venideras en ella y estaba desesperada por encontrarla. Como te puedes imaginar, la busqué, la busqué y la busqué. En el cajón de mi escritorio, le di vuelta a mi guardarropa, y busqué en el auto de Kenneth y en el mío.

    Aunque demandaría mucho esfuerzo, seguí buscando y buscando porque necesitaba encontrar mi agenda. Y como era de esperarse, al fin la encontré.

    Más tarde me puse a pensar en el esfuerzo que invertí para buscar algo que sólamente afectaría unos días o unas semanas de mi vida. ¿Cuánto más no debiera invertir  en buscar las cosas de Dios —las cuales afectarían mi vida entera y toda la eternidad—?

    Una frase que cambió mi vida

    Otra definición para la palabra buscar proviene de la raíz hebrea que significa: “caminar dejando una huella o frecuentar”. Me gusta esta definición porque para ser buscadores de Dios, debemos pasar tiempo frecuentemente en Su Palabra y en oración.

    Personalmente, nunca tuve problemas para dedicarle tiempo a la Palabra. Desde que nací de nuevo, me ha gustado leerla y estudiarla. Es muy raro que pase un día sin que invierta mi tiempo leyendo la Biblia. Sin embargo, debo confesar que mi actitud no siempre fue la misma cuando se trata de orar. Sólo en el año 1982 la oración se volvió una prioridad diaria en mi vida. En ese entonces, estaba escuchando una enseñanza de Kenneth E. Hagin. Él dio una palabra profética que cambió mi vida.

    “Sólo dedíca una hora o dos de tu día en oración con el Señor”, y continuó:  “y todo estará bien en tu vida.”

    Yo había seguido el ministerio del hermano Hagin durante años. Y sabía que si él profetizaba algo se cumplía; así que esas palabras llamaron mi atención. Mi hijo John era un adolescente en aquellos días y se había alejado del Señor. Preocupada por su condición, pensé: Voy a empezar a levantarme más temprano e invertir una hora de mi día para orar, porque si lo hago todo estará bien conmigo y con John. Él recapacitará y comenzará a servirle al Señor.

    Debo confesar que al principio ¡levantarme temprano para orar fue difícil! Estábamos en temporada de invierno y cuando la alarma sonaba aún estaba oscuro y hacía frío. Mi carne se quejaba y yo pensaba: ¡No me quiero levantar! No obstante, de todas formas me las arreglaba para salir de la cama y pasaba una hora en oración. Habré fallado un par de veces, pero insistí hasta que se volvió un hábito.

    Muchos años después, hice un cálculo de cuántas horas había orado, gracias a que di ese paso de obediencia. Y quedé sorprendida al ver que había invertido miles de horas. ¿Crees que esas horas de oración han beneficiado mi vida? ¡Por supuesto que sí! Además de que John se convirtiera en un hombre de Dios y en el director ejecutivo de nuestro ministerio, muchas otras cosas mejoraron en mi vida.

    Esa decisión de buscar a Dios orando una hora al día, ha cambiado mi vida espiritual tanto o más que cualquier otra cosa que haya hecho desde que recibí la salvación y fui llena del Espíritu Santo. Piensa por un instante de lo que me habría perdido si hubiera dejado pasar esa oportunidad. ¡Imagínate todas las cosas buenas que habría dejado de lado al elegir el camino fácil y quedarme en la cama!

    Si no te quieres perder ni una sola de las cosas que Dios tiene para ti, te animo para que la oración se vuelva también una prioridad en tu vida. No dejes pasar el tiempo esperando a que otros oren por ti. No seas perezoso, ni pienses: Si me meto en problemas, voy a pedirle ayuda al grupo de oración de la iglesia.

    Los miembros del grupo de oración quizás estén orando por ellos mismos cuando tú llames. Es probable que no estén disponibles cuando tú los necesites. Es más, su llamado no es cuidar de ti como un bebé espiritual de dos años el resto de tu vida. Se supone que debes crecer y desarrollar tu propio estilo de vida de oración. Por tanto, si no lo haz hecho, determina hoy que vas a buscar a diario al Señor por medio de la oración y Su Palabra.

    ¡Sólo hazlo!

    ¿Qué ocurrirá cuando te comprometas a vivir un estilo de vida de búsqueda constante del Señor?

    No sólo vas a encontrar a Dios, ¡sino que también encontrarás la puerta que te llevará a disfrutar de una vida totalmente BENDECIDA!

    Jesús lo garantizó, al decir: “Sigan pidiendo y recibirán lo que solicitaron. Continúen buscando y encontrarán. Sigan tocando y [la puerta] se les abrirá” (Mateo 7:7, AMP).

    Es maravilloso recibir lo que has pedido. Es asombroso encontrarse con Dios para verlo abrir la puerta de Su magnífica voluntad para tu vida. Sin embargo, cuando eso sucede, hay algo más que necesitas hacer. Debes actuar en fe y obedecerle.

    La obediencia es parte vital en la vida de búsqueda. Si Dios te revela Su voluntad pero no actúas conforme a ésta, LA BENDICIÓN no desarrollará el máximo potencial que debería.

    Kenneth y yo aprendimos eso en 1967, cuando el Señor le indicó a Kenneth que nos mudáramos a Tulsa, Okla., a fin de que él estudiara en la Universiadad de Oral Roberts (ORU).

    ¡Acabábamos de nacer de nuevo cuando Dios nos dio esas instrucciones y parecían no tener sentido para nosotros! Kenneth tenía 30 años en aquel entonces, estábamos quebrados financieramente, teníamos niños a los cuales debíamos cuidar y una montaña de cuentas por pagar. Para nosotros Kenneth no necesitaba ir a la universidad, sino conseguir dos empleos para sobrevivir. No obstante, en su espíritu seguía escuchando la misma instrucción del Señor: Vé a ORU.

    Por un tiempo se opuso a esa instrucción, y pensaba: Es imposible e insensato. No podemos mudarnos, no tenemos dinero. ¿Cómo vamos a sobrevivir? (O como Jesús lo dijo: ¿Qué hemos de comer? ¿Qué hemos de beber? O ¿Qué hemos de vestir?) Por consiguiente, por un tiempo desobedecimos. Y como resultado, nuestras circunstancias —las cuales ya eran malas— empeoraron.

    Finalmente, entendiendo que sería mejor morir de hambre en la voluntad de Dios que fuera de ella, cargamos nuestras escasas pertenecias en un camión de mudanzas, y nos partimos hacia ORU. Cuando llegamos, Kenneth se inscribió como estudiante de tiempo completo tal cual el Señor se lo había ordenado. A partir de ese momento, cosas extraordinarias comenzaron a suceder.

    El costo de la matrícula de Kenneth se canceló de manera sobrenatural. Fue contratado de manera inmediata para ser el copiloto del avión del hermano Roberts. Tuvo la oportunidad de viajar a todas las reuniones de Oral Roberts, trabajando a su lado y aprendiendo de él acerca del ministerio de sanidad y liberación. Además, tuvimos la oportunidad de asistir a los seminarios de fe del hermano Hagin, los cuales cambiaron por completo nuestras vidas.

    Todo esto fue simplemente maravilloso; sin embargo, no sabíamos de antemano que iba a suceder cuando decidimos mudarnos desde Arkansas. Lo único que sabíamos era que Kenneth había sido llamado a predicar y que Dios nos había indicado que nos mudáramos a Tulsa.

    Así es la vida de búsqueda. Muchas veces no podrás entender cómo pasarán las cosas. Cuando Dios te da una orden, a menudo parecerá que Él te está pidiendo algo imposible. Pero debes actuar en fe y hacerlo de todas formas. Si no lo haces, si esperas hasta que todo marche bien, te saldrás del plan de Dios.

    Hoy, Kenneth y yo estamos muy felices de haber obedecido al Señor; y de no haber esperado hasta tener las finanzas para que él estudiara en ORU. ¡Nos hubiéramos quedado esperando toda la vida! ¿Por qué? Porque al estar fuera de la voluntad de Dios, nos hubiéramos hundido más en las deudas, en vez de salir de ellas.

    No obstante, al obedecer la instrucción de Dios y mudarnos a Tulsa vimos milagros. No sólo sobrevivimos, sino que Kenneth recibió el adiestramiento que necesitaba y en menos de un año, él estaba en el ministerio y todas nuestras deudas fueron pagadas.

    ¿Puede Dios hacer lo mismo contigo?

    Por supuesto que sí… y Él lo hará si la vida de búsqueda se vuelve tu estilo de vida. Por tanto, haz un nuevo compromiso. Toma la decisión de calidad de hacer de la Palabra de Dios tu prioridad No. 1 cada día. Cree y obedece lo que Dios ya dijo por medio de Su Palabra escrita, luego busca a Dios en oración para que te revele el plan específico que tiene para ti. Pídele sabiduría, y Él te la dará y te mostrará el siguiente paso.

    Cuando te lo muestre, obedece. Da un paso de fe, ve a dondequiera que te envíe, y haz lo que te indique en tu corazón.

    ¡Y empieza el estilo de vida de LOS BENDECIDOS!

    Texto extraído de: Revista LVVC – Edición febrero 2014, página 28