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  • Aumenta el poder (por Kenneth Copeland)

    6-14_kenneth-timelessAlguna vez has orado de esta manera: ¡Oh, Dios, necesito más poder! ¡Por favor… Por favor… Por favor dame más poder, SEÑOR! Yo sí. De hecho, hace algunos años oré de esa manera, seriamente suplicándole a Dios para que me diera un mayor poder para ministrar.   Esa oración estaba bien, era una oración muy espiritual. Sin embargo, el SEÑOR me interrumpió justo a la mitad. —Kenneth, ¿A dónde puedo ir para obtener más poder? —Dijo Él. La pregunta me dejó helado.

    —Nadie tiene más poder del que Yo tengo —añadió—. Y Yo ya te llené con Mi Espíritu. He depositado dentro de ti la misma fuerza milagrosa que creó el cielo y la Tierra, la misma fuerza sobrenatural que resucitó a Jesús de entre los muertos. ¿Dónde voy a conseguir un poder mayor que ése?

    El punto fue claro. Como creyentes nacidos de nuevo y llenos del Espíritu Santo, tú y yo no necesitamos más poder. Simplemente necesitamos desatar la plenitud de lo que ya nos ha sido dado. Debemos permitirle al Espíritu de Dios, quien habita en nosotros, que fluya a través nuestro en una medida más grande.

    Si no estamos viendo milagros en nuestra vida y en nuestro ministerio, no es culpa de Dios. ¡No es Él quien nos limita; somos nosotros!

    Quizá ésas no te parezcan buenas noticias, pero lo son.

    Y ésta es la razón: Si tú eres el único que está limitando el poder de Dios en tu vida, entonces ¡tú eres el único que puede solucionarlo! No tienes que sentarte a esperar que algún profeta súper ungido venga a la ciudad e imponga manos sobre ti. No tienes que esperar a que Dios te envíe un ángel para que te toque con su varita gloriosa. No tienes que esperar nada.

    Puedes tomar una firme decisión de incrementar el fluir del poder de Dios en tu vida, ¡a partir de hoy!

    Dios siempre está encendido

    “Hermano Copeland, yo no creo que podamos activar el poder de Dios a nuestra voluntad”.

    Yo tampoco lo creo. Pero gracias a Dios, ¡no tenemos que creerlo! Pues ¡Su poder siempre está encendido! Él lo encendió y lo puso a disposición de cada uno de nosotros hace casi 2.000 años el Día de Pentecostés, y desde entonces no lo ha apagado. Soy yo quien se enciende o apaga. ¡Dios siempre está encendido!

    Él simplemente está esperando que nosotros nos encendamos por completo y fluyamos en ese poder. Está esperando que sigamos el programa y comencemos a realizar las obras que Jesús llevó a cabo, y aún mayores (Juan 14:12).

    El problema radica en que hemos mantenido a Dios esperando por mucho tiempo. Y esto es porque la mayoría de los cristianos no creen en realidad que puedan llegar a hacer lo mismo que Jesús hizo, a pesar de que la Biblia lo afirma. Después de todo, Él tiene naturaleza divina, es el primogénito Hijo de Dios, y claramente tuvo una mayor medida del poder de Dios fluyendo a través de Él durante Su ministerio terrenal más que cualquiera de nosotros.

    Es cierto. Jesús operó en un nivel mayor de poder que nosotros. Pero no por la razón que la mayoría de las personas piensa. Su gran unción no se debía al hecho de que Él es el Hijo de Dios. ¡Ésa no fue la razón! En Filipenses 2:7, leemos que cuando Jesús vino a la Tierra, se despojó a Sí mismo de Sus privilegios divinos. Él hizo a un lado sus derechos de deidad y ministró como un hombre.

    ¿Entonces, cuál fue el secreto de Su asombroso poder?

    Puedes descubrirlo en Juan 3:34: “Porque el que Dios ha enviado habla las palabras de Dios… Dios no le entregó a Su Espíritu con moderación o con medida, sino ilimitado es el don que Dios hace de Su Espíritu” (AMP).

    De acuerdo con ese versículo, la razón por la que Jesús pudo actuar con un poder ilimitado fue porque habló la PALABRA de Dios.

    Jesús no declaró la PALABRA de Dios sólo cuando ministraba o cuando se sentía espiritual. Él no se paró en la iglesia y dijo: “Alabado sea Dios. Muchas son las aflicciones del justo, pero el SEÑOR te librará de todas ellas!”… y luego salió para decirle a Sus discípulos: “Las cosas están muy mal. Judas se está robando nuestro dinero. Los líderes religiosos intentan matarme. No sé si lograremos salir bien de esto”.

    No, Jesús no habló palabras de fe un momento y al siguiente palabras de duda. Él siempre confesó la PALABRA de Dios: «…hablo según lo que el Padre me enseñó» (Juan 8:28).

    Más que un libro de pasta negra

    Quizá tú digas: “Sé que la PALABRA es importante. Pero no puedo ver cómo ésta puede encender el poder de Dios en mi vida”.

    Eso es porque no comprendes en realidad lo que es la PALABRA. Piensas que tan sólo es un libro de pasta negra que llevas a la iglesia el domingo y que después dejas en la mesa del café el resto de la semana. Pero la verdad es que la PALABRA de Dios no es un libro. Ha sido plasmada como un libro, pero la PALABRA misma es lo que Dios nos ha dicho.

    Aparta por un momento tu mentalidad tradicional y míralo desde este punto de vista. Si alguien te dijera: “Kenneth Copeland te dio su palabra”, ¿cómo le responderías? ¿Actuarías religiosamente al respecto?

    No, tú querrías saber qué dije que haría. También desearías saber si mi palabra es buena. Desearías saber si soy del tipo de persona que cumple su palabra o no.

    Ésas son preguntas sensibles. ¿Por qué entonces muchos cristianos que aseguran valorar la PALABRA de Dios nunca se las han formulado?

    Ellos declaran: “Sí, amén, hermano. Creemos en la PALABRA de Dios”. Sin embargo, no pueden decirte con exactitud lo que Dios ha dicho que hará por ellos. Y una vez que lo descubren, consideran que es presuntuoso esperar que Él la cumpla. Al parecer, piensan eso porque Dios es Dios, Él tiene la opción de quebrantar Su PALABRA si así lo desea, sin que esto afecte Su naturaleza.

    Eso es absurdo. La palabra de una persona es su compromiso, es la medida de su carácter. Si un hombre honra su palabra cumpliéndola, entonces es un hombre honorable. Si deshonra su palabra incumpliéndola, será un hombre deshonroso. Te agrade o no, la integridad de todos —incluyendo la de Dios—, se juzga basado en el cumplimiento de su palabra.

    Sin duda, esa declaración podría erizarle la piel a algunos religiosos. Quizá digan: “¿Quién te crees que eres estableciendo un criterio para juzgar a Dios?”.

    ¡Yo no establecí ese criterio! Dios lo hizo. Fue Él quien nos enseñó a juzgar la integridad de esa manera. Él inventó la integridad de las palabras, y estableció ese parámetro.

    Dios y Su PALABRA son uno, no porque nosotros lo digamos; sino porque Él lo dijo. El Señor aclaró que no podemos separarlo de Su PALABRA. Así como Él jamás cambia, Su PALABRA tampoco. Ambos son lo mismo, ayer, hoy y siempre.

    Además, la PALABRA de Dios es tan poderosa como lo es Él.

    Eso puede sonar chocante para ti, pero si te detienes a meditar en ello por un momento, verás que tiene un perfecto sentido. Una palabra es siempre tan poderosa como la persona que la expresa.

    Por ejemplo, si Carlitos, el vendedor de la cuadra, te prometiera un empleo en General Motors Co., no habría mucho poder en esa palabra, pues él puede tener buenas intenciones, pero no tiene la autoridad para respaldar su palabra. En cambio, si el presidente de GM te llamara y te dijera que tienes que trabajar allí, puedes creer sus palabras como garantía, ya que él tiene el poder para hacer que esa palabra se cumpla. Su palabra escrita en una carta tendría el mismo poder para darte ese empleo que las palabras que te dijo.

    La PALABRA fue primero

    Debido a que Dios es todo poderoso, Su PALABRA también es poderosa. Él puede y respalda todo lo que dice.

    Ya que Él es el Creador, Su PALABRA contiene el poder para crear. Tú puedes ver esa palabra hecha realidad en el primer versículo de la Biblia: «Dios, en el principio, creó los cielos y la tierra. La tierra estaba desordenada y vacía, las tinieblas cubrían la faz del abismo, y el espíritu de Dios se movía sobre la superficie de las aguas. Y dijo Dios: «¡Que haya luz!» Y hubo luz» (Génesis 1:1-3).

    Observa que el Espíritu de Dios ya se movía antes que Dios hablara, pero nada sucedió hasta que Dios dijo. La Creación no ocurrió hasta que Dios declaró palabras de fe.

    Todo en esta creación material, todo lo que puedes ver, tocar, probar u oler llegó a existir como resultado de la PALABRA de Dios. Eso significa que la PALABRA de Dios es la sustancia originaria de toda la materia. ¡Piénsalo! El papel con el cual se hizo esta revista, provino de un árbol que antes fue semilla, y ésta vino de un árbol que fue semilla; y así hasta llegar a la PALABRA de Dios: “Sea”.

    A la luz de esa revelación, ¿piensas que Su PALABRA aún tiene el poder para cambiar este mundo físico y natural? ¿Crees que la PALABRA que creó el polvo del cual fue hecho tu cuerpo, tiene el poder suficiente para sanarlo? ¿Piensas que la PALABRA que creó toda la plata y el oro, todas las riquezas de este mundo, tenga el poder suficiente para suplirte de recursos para pagar tu factura de luz?

    ¡Claro que sí, por supuesto!

    La PALABRA de Dios es eterna, es soberana y no puede ser cambiada. (Somos nosotros quienes intentamos cambiarla cuando decimos que realmente no significa lo que dice. Pero, gracias a Dios, sí significa lo que dice y no hay nada que podamos hacer para cambiar ese hecho). En Salmos 119:89, leemos: «Señor, tu palabra es eterna, y permanece firme como los cielos».

    Por otro lado, este Universo material, es temporal. Éste sí puede y sí cambia. Como Jesús lo indicó: «El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán» (Marcos 13:31).

    Si tomas algo que es incambiable y lo usas para aplicar presión sobre algo que sí cambia, es obvio que uno de los dos cederá: ¡el que sí cambia! Por tanto, siempre que tomes la PALABRA de Dios y la apliques con fe en el ámbito temporal, ese ámbito debe rendirse y conformarse a la PALABRA.

    Jesús entendió esta verdad y vivió conforme a ella. Él tenía tanta fe en la PALABRA de Dios que cuando la confesaba, esta creación material se postraba y le obedecía, los demonios huían, las enfermedades desaparecían, la muerte entregó su dominio, el pan se multiplicaba, los vientos dejaban de soplar y las olas cesaban.

    De hecho, a través del poder de la PALABRA de Dios; Jesús ministró y vivió completamente libre de todas las ataduras de este planeta que está atado a la muerte. Luego, antes de irse nos dijo cómo hacer lo mismo.

    Él dijo: «Si ustedes permanecen en mi palabra, serán verdaderamente mis discípulos; y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres» (Juan 8:31-32).

    La mayoría de nosotros le ha dado un significado tan religioso a la palabra discípulo que hemos perdido el verdadero significado de lo que Jesús dijo en ese versículo. Un discípulo es simplemente una persona que sigue o llega a ser como alguien más. Por tanto, Jesús en realidad estaba diciendo: “Permanezcan en Mi PALABRA, y serán como Yo. Conocerán la PALABRA (lee Juan 17:17), y ésta los hará tan libres como a Mí”.

    Contenedores del poder

    Para comprender cómo la PALABRA de Dios puede tener un profundo efecto sobre tu vida, debes darte cuenta de que las palabras hacen más que sólo expresar información. Sirven como contenedores de poder espiritual. Éstas poseen la habilidad de llevar fe o temor, bendición o maldición, muerte o vida (lee Proverbios 18:21).

    En ocasiones, las personas declaran palabras ociosas o vacías, pero Dios jamás lo hace. Cada palabra que Él declara, está llena de fe, de poder y de vida. En Hebreos 4:12, leemos que Su PALABRA es «viva y eficaz, y más cortante que las espadas de dos filos, pues penetra hasta partir el alma y el espíritu…».

    De hecho, la PALABRA de Dios en realidad contiene en sí misma el poder para que se cumpla. Por ejemplo, en Isaías 55:11, Él afirma: «mi palabra… no vuelve a mí vacía, sino que hace todo lo que yo quiero, y tiene éxito en todo aquello para lo cual la envié».

    Cada palabra que Dios ha dicho, ha sido respaldada por Su fe; y está tan llena de poder hoy como lo estuvo en el momento en que la pronunció. Por tanto, cuando crees esa PALABRA, y luego tu fe se une a Su fe, el poder de esa PALABRA se desata, el Espíritu Santo actúa y la PALABRA explota en este mundo natural, ¡y se hace realidad en tu vida!

    Fue así como naciste de nuevo. Escuchaste o leíste la PALABRA de Dios: «Si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor, y crees en tu corazón que Dios lo levantó de los muertos, serás salvo» (Romanos 10:9). Tú creíste esa PALABRA, la confesaste en fe y el poder del Espíritu Santo fue desatado; transformando tu espíritu muerto y caído en un espíritu renacido, recreado a la imagen de Jesús mismo.

    ¡Qué milagro más asombroso! Tú fuiste arrebatado del dominio de las tinieblas, y el diablo no pudo hacer nada para impedirlo. Las palabras de Dios realizaron por ti lo mismo que hicieron con Jesús cuando Él estuvo en el abismo del infierno. Demolieron el poder del enemigo sobre ti y te resucitaron juntamente con el SEÑOR Jesús, ¡a fin de sentarte en los lugares celestiales con Él! (Lee Efesios 2:6).

    Transforma el mundo

    Aunque tú fueses el único confesando la PALABRA, ésta tiene el mismo poder como si Jesús mismo la confesara. Pues son las palabras de Dios, y cuando las confiesas y actúas basado en ellas con fe, ¡siempre desatan su poder!

    Pedro y Juan demostraron esa verdad en Hechos 3, el día que se acercaron al hombre cojo que se encontraba a la puerta llamada “Hermosa”. En ese momento, ellos sólo tenían unas pocas palabras del Nuevo Pacto. Sólo tenían las palabras que Jesús les dijo antes de que ascendiera:

    «Vayan por todo el mundo y prediquen el evangelio a toda criatura. El que crea y sea bautizado, se salvará; pero el que no crea, será condenado. Y estas señales acompañarán a los que crean: En mi nombre expulsarán demonios, hablarán nuevas lenguas, tomarán en sus manos serpientes, y si beben algo venenoso, no les hará daño. Además, pondrán sus manos sobre los enfermos, y éstos sanarán» (Marcos 16:15-18).

    Pero ésas eran todas las palabras que ellos necesitaban. Cuando ellos creyeron y actuaron de acuerdo con esas palabras, el Espíritu Santo actuó a favor de ellos como lo había hecho con Jesús —y un milagro sucedió—. Cuando abrieron su boca y dijeron: «En el nombre de Jesucristo de Nazaret, ¡levántate y anda! Y tomándolo de la mano derecha, lo levantó, ¡y al momento se le afirmaron los pies y los tobillos! El cojo se puso en pie de un salto, y se echó a andar; luego entró con ellos en el templo, mientras saltaba y alababa a Dios» (Hechos 3:6-8).

    Ellos no sólo realizaron ese milagro. Pedro y Juan, y el resto de los primeros discípulos creyeron en esas primeras PALABRAS del Nuevo Pacto; ¡y trastornaron el mundo entero! (Hechos 17:6).

    “Hermano Copeland, tu sabes que esos hombres eran apóstoles; por tanto, estaban ungidos para hacer tales milagros”.

    ¡No, no es así! Si ésa fuera la razón, entonces en Hechos 19:20, diría: “Fuertemente crecían los apóstoles en la palabra de Dios y prevalecían”. Esos primeros apóstoles estaban ungidos para hacer esos milagros porque ellos hablaron y actuaron de acuerdo con la PALABRA de Dios. Y fue la PALABRA y la unción que esa PALABRA liberó, la que hizo la obra.

    Debido a que la PALABRA nunca cambia, podemos confiar en que ésta prevalecerá por nosotros de una forma tan segura como lo hizo con Pedro, con Juan y con Jesús. Incluso prevalecerá de forma tan poderosa como cuando Dios dijo: ¡Sea la luz!

    ¿Qué estamos esperando?

    Nosotros tenemos el poder y la unción de Dios mismo moviéndose en nuestro espíritu renacido. Tenemos la PALABRA de Dios en la punta de nuestros dedos. Y entre más llenemos nuestro corazón con esa PALABRA, más actuaremos de acuerdo con ella y la confesaremos en fe; y esa unción podrá actuar con más libertad a través de nosotros.

    Tenemos todo lo que necesitamos para activar el poder de Dios en nuestra vida. Tenemos todo lo que necesitamos para sanar enfermos, echar fuera demonios, dar vista a los ciegos y resucitar a los muertos. No somos nosotros quienes estamos esperando por Dios. Él está esperando por nosotros.

    Alabado sea Dios, ¡no lo hagamos esperar más! Toma tu Biblia, comprométete a cumplirla y ¡avancemos!

    Texto extraído de: Revista LVVC – Edición junio 2014, página 18

  • ¡Cuando Dios dice, ‘Pssst!’ (por Gloria Copeland)

    5-14_timeless¿Sabías que tus hijos se encuentran en tu corazón? Eso es cierto. Los llevas dentro, así como Dios te tiene a ti dentro del Suyo.

    Puedes sentir lo que les sucede, incluso cuando están del otro lado del mundo. Si están heridos, solos, o jugando con el pecado y desviándose del camino, o cuando las cosas van bien o mal. Puedes sentirlo.

    Recuerdo que en cierta ocasión Kenneth y yo estábamos en Australia. Volábamos de una ciudad a otra, y de repente unos pensamientos inundaron  mi corazón con respecto a nuestro hijo John. En ese entonces, él era un adolescente: todo un muchacho. Él manejaba cualquier cosa que tuviera ruedas —automóviles, camiones, motocicletas, y cuadriciclos. Y parecía que siempre volcaba algo.

    Ese día en el avión estaba consternada por él, pues sabía cuánto le gustaría a Satanás entrar de forma inesperada y quitarle la vida; me sentía angustiaba porque los accidentes de John le podían brindar la oportunidad al diablo para lograr su objetivo.

    Pero el Espíritu Santo irrumpió en mis pensamientos. Le habló a Kenneth y le dijo: Mi misericordia permanece sobre John. Cuando Kenneth me dijo lo que el Espíritu le había revelado, todos mis temores se desvanecieron.

    Mi misericordia permanece sobre John. Jamás olvidaré esa promesa. A través de los años, cuando he orado por él, esa maravillosa Palabra frecuentemente crecía dentro mío y me recordaba que la vida de John estaba a salvo. Me aseguraba que el Señor lo guardaría y lo sostendría hasta el día en que él volviera a tomar el camino correcto.

    Mi misericordia permanece sobre tu hijo. Esta es una palabra maravillosa de Dios. Si Él cuidó de mi hijo, también cuidará de los tuyos. El pacto que el Padre ha hecho contigo mediante la sangre de Jesús, se extiende a tus hijos y tus nietos. En Salmos 103:17, dice: “Pero el Señor es eternamente misericordioso; él les hace justicia a quienes le honran, y también a sus hijos y descendientes”.

    Nuestros nietos también están cubiertos bajo nuestro pacto con Dios. Todo lo que el Señor me da, se lo dará a ellos. Toda la protección que tengo, Él se la brindará a mi familia.

    Si eres creyente, y estás dispuesto a confiar en Él por la liberación y la salvación de tus hijos, Dios los librará y los salvará.

    Estudia Zacarías 10:7-9. En esos versículos Dios nos enseña acerca del derramamiento de Su Espíritu en los últimos tiempos —los días que estamos viviendo.

    Él nos dice:

    “Efraín será semejante a un guerrero, y su corazón se regocijará como si bebiera vino. También sus hijos lo verán, y se alegrarán; su corazón se gozará en el Señor.

    Yo les daré la señal de que vuelvan, y volveré a reunirlos. Cuando los haya redimido; volverán a multiplicarse como antes. Aunque los esparcí entre los pueblos, aun en los países más lejanos se acordarán de mí; y volverán con los hijos con quienes vivieron.”

    Tal vez ni siquiera sepas dónde se encuentran tus hijos ahora mismo. Quizá ellos están en otra ciudad o en otro país. Pero eso no importa, las Escrituras dicen que cuando te regocijas en el Señor —no cuando te sientes deprimido, preocupado o atemorizado, sino cuando crees y confías en Dios plenamente al punto de llenarte de gozo— entonces tus hijos lo verán y volverán.

    “…Yo les daré la señal de que vuelvan…” ¿Qué quiere decir esto? Significa que el Señor les susurrará: ¡Pssst! ¡Ven aquí! Y ellos correrán hacia Él.

    Déjame contarte algo. Dios sabe cómo llamar la atención de alguien. Y también cómo atraer a las personas por quienes Su pueblo está orando. La madre de Kenneth oró por mí, y un día Él me dijo: ¡Pssst, Gloria! Yo lo escuché, y nací de nuevo.

    Yo no sabía mucho acerca de Dios antes de ese momento. Sabía que existía, pero no tenía un conocimiento real sobre Él. Aun así, Dios supo cómo atraer mi atención. Me llamó, y aquí estoy ¡predicando Su Palabra!

    Él hará lo mismo por tu hijo, no importa en qué clase de perversidad haya caído; Dios puede rescatarlo.

    Conozco a un hombre que pastorea una gran iglesia en Sacramento, California; su nombre es Phil Goudeaux. Él formaba parte del movimiento militar Black power (poder negro), y estaba a cargo de la seguridad de las Black Panthers (Panteras negras).

    Él no conocía a Dios y tampoco le interesaba conocerlo. Pero un día, cuando se encontraba en la universidad, un joven blanco se acercó a su mesa y comenzó a hablarle de Jesús. Este líder de las Black Panthers no podía creer ¡la valentía de este joven! Trató de deshacerse de él, lo amenazó, e incluso trató de golpearlo… pero no pudo.

    Por semanas, este joven blanco de apariencia menuda continuó siguiendo a este “malo” y corpulento hombre de color, hablándole acerca de Jesús. Finalmente, el Black Panther oró con este joven sólo para quitárselo de encima; después trató de olvidar lo que había hecho… pero no pudo. Dos semanas más tarde, por sí mismo, recibió a Jesucristo como el Señor de su vida.

    ¡Dios sabe cómo llamar la atención de alguien! Él los derribará y les hablará con voz fuerte si es necesario. Él lo demostró en la vida de un hombre llamado Saulo. Años después de que éste fuera salvo, escribió: “…fui también alcanzado por Cristo Jesús” (Filipenses 3:12).

    Dios alcanzó a Pablo en el camino a Damasco. Según el diccionario, la palabra alcanzar, significa: “capturar o arrestar”. En otras palabras, el Señor capturó la atención de Pablo. Lo último que este hombre hubiera deseado era convertirse en un seguidor Jesús. Se había declarado su enemigo. Sin embargo, el Señor supo cómo conquistarlo.

    No te preocupes. Dios sabe con exactitud cómo conquistar a tus hijos. Y cuando sea el momento, Él lo hará. Después de todo, tú no te encontrabas orando dentro de tu clóset cuando te encontró.

    Pero hasta que eso suceda, debes permanecer firme en fe por ellos. No importa en qué se involucren, ni qué tan lejos del camino parezcan estar, continúa declarando lo que la Biblia afirma acerca de ellos. Mantén tu mirada enfocada en el pacto de misericordia de Dios, y no en los síntomas de maldad que observes en sus vidas.

    Nunca te des por vencido con tus hijos. Si últimamente te has debilitado y desanimado, es tiempo de que el fuego regrese a tus huesos. Escudriña la Palabra y extrae las promesas que Él te ha dado para tus hijos. Aférrate a éstas y no las dejes escapar.

    Aprende a llamar las cosas que no son, como si lo fueran (Romanos 4:17). Cuando escuches malas noticias acerca de tus hijos o los mires haciendo algo que lastima tu corazón, sólo confiesa:

    “Dios, te agradezco porque tu tierna misericordia cubre a mi hijo. Te doy gracias Señor, porque él ha nacido de nuevo, ha sido lleno del Espíritu Santo, y es obediente a ti. Te agradezco porque Tú Palabra está en sus labios (Isaías 59:21), le enseñas con Tu Espíritu y grande es su paz (Isaías 54:13). No me muevo por lo que siento o por lo que veo. Pues soy movido por Tú Palabra y lo declaro hecho ¡en el nombre de Jesús!”

    Te lo diré una vez más: Tienes un pacto con el Padre, que cubre a tus hijos. Por tanto, ¡regocíjate! Dios será fiel contigo. Un día tu hijo o hija estarán ocupados en sus propios asuntos, y de repente Dios les dirá: ¡Psssst! Y escucharán la voz del Señor.

    Cuando eso suceda, ellos correrán hacia Él.

    Puedes estar seguro de eso.

    Texto extraído de: Revista LVVC – Edición mayo 2014, página 18

  • ¡Ora hasta que ganes! (por Marilyn Hickey)

    5-14_marilynEs probable que te sientas desanimado cuando no recibes la respuesta a alguna oración que has estado haciendo por mucho tiempo. Puedes percibirlo como si Dios se estuviera escondiendo de ti. David también se sintió de esa manera. En Salmos 55:1, leemos: “Dios mío, ¡escucha mi oración!”.

    ¿Está escondiéndose Dios de tu oración?, ¿acaso se ha ido de pesca? o ¿Está sucediendo algo más?, ¿qué haces cuando pareciera que Dios está “escondiéndose” de ti?

    “Pidan, y se les dará, busquen, y encontrarán, llamen, y se les abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe, y el que busca, encuentra, y al que llama, se le abre.” (Mateo 7:7-8).

    Las palabras: pidan, busquen y llamen; están escritas en griego en un tiempo verbal que indica acción continua. La oración debe ser constante. En ese versículo, Jesús nos está enseñando como orar. Debemos insistir cuando se trata de pedir, perseverar en la búsqueda, y continuar llamando a la puerta hasta que logremos prevalecer.

    ¡No dejes de orar! Si te dejas desanimar y te das por vencido, puedes perder tu respuesta. Si ya te rendiste orando por algo o por alguien, arrepiéntete y comienza a orar de nuevo.

    De acuerdo con Santiago 5:16: “…La oración ferviente de una persona justa tiene mucho poder y da resultados maravillosos” (NTV) ¡Tus oraciones tienen energía! Y cuando oras fervientemente desatas el poder de Dios en cualquier situación.

    Cuando parece que Dios no responde, ¡Él está haciendo cambios!

    A veces, Dios tarda en responder algunas oraciones porque está haciendo cambios en tu vida. Puede que no estés listo para manejar la respuesta a tu oración, hasta que tú hayas cambiado. Cuando oras por alguna situación, particularmente si es algo relacionado con tu vida, Dios tratará primero contigo. Algunas veces, Dios no se está escondiendo de nuestras oraciones; Él está tratando de llamar nuestra atención acerca de algo que desea que cambiemos en nuestras vidas. Frecuentemente, ese cambio conlleva un proceso, ypor lo tanto requiere de tiempo. A veces pensamos que Dios está siendo lento en responder nuestras oraciones, pero, ¿qué pasa si Él está esperando que tú cambies primero?

    Considera la vida de Jacob. Él tenía un problema con su carácter. Mintió, engañó y hasta conspiró para robar la bendición y la primogenitura de su hermano. Cuando le llegó el tiempo de regresar a la Tierra Prometida, y entrar a recibir su bendición, su carácter aún no estaba preparado. Aun después de haberle servido 20 años a un suegro engañador, Jacob todavía tuvo que luchar con Dios para estar listo y recibir su respuesta.

    José es otro ejemplo.

    A la edad de 17 años, Dios le dio sueños, en los cuales veía que un día toda su familia se postraría ante él. Durante los siguientes 13 años, todas las pruebas y tribulaciones por las que atravesó lo prepararon para obtener su milagro. A la edad de 30 años, José se convirtió en el primer ministro de la nación más poderosa y civilizada sobre la Tierra: ¡Egipto! La espera y los cambios que Jacob y José tuvieron que hacer fueron valiosos para que recibieran su bendición. ¡Y también para ti valdrán la pena la espera y los cambios!

    ¡Ensancha tu fe!

    Hebreos 6:12, dice: “…por la fe y la paciencia heredan [nosotros] las promesas”. Deberías repetir ese versículo todos los días, a fin de recordarte que nada viene de Dios, si no tienes fe y paciencia.

    Abraham tuvo que esperar 25 años para que su hijo prometido naciera. En el transcurso de esos años, él cometió algunos errores muy serios. Algunas veces mintió, en lugar de confiar en Dios. En otra ocasión, trató de ayudar a Dios a cumplir Su promesa; sin embargo, el resultado fue desastroso. No obstante, recibió su promesa; y hoy en día es llamado: “el Padre de la fe”.

    Después de que Isaac nació, Abraham necesitó fe. Pues Dios le pidió que tomara a Isaac y lo llevara hacia la montaña para sacrificarlo. Abraham ni siquiera parpadeó, discutió, lloró o se quejó. Sólo preparó su burro y obedeció. ¿Cómo pudo Abraham obedecerle a Dios una petición como esa? Obedeció gracias a la fe tan poderosa que había desarrollado durante su tiempo de espera a la respuesta de su oración por un hijo. Pues él creía que Dios podía resucitar a su hijo. Dios tardará en responder tus oraciones para edificar tu fe también.

    Persevera hasta que recibas tu respuesta

    Estamos viviendo en los últimos tiempos. Dios necesita personas que sean perseverantes, conformes a Su imagen y poderosas en fe. ¿Deberías enojarte, deprimirte, dejar de asistir a la iglesia o tirar tu Biblia por la ventana cuando Dios se esconde? ¡No! Debes perseverar hasta recibir tu respuesta. Sé agresivo, y háblate a ti mismo diciendo: No dejaré de orar y creeré hasta que obtenga mi milagro.

    Elías tuvo que orar siete veces para que lloviera. Moisés oró por 40 días por las personas que estaban murmurando. Daniel oró durante tres semanas, antes de escuchar del Señor. Jesús oró toda una noche antes de escoger a Sus discípulos.

    Cada una de esas personas perseveró, hasta que Dios contestó sus oraciones. Así que, cuando parezca que Dios está escondiéndose, ¡debes esperar y perseverar!

    Marilyn Hickes es fundadora y presidenta de Marilyn Hickey Ministries. Junto a su esposo, Wallace, ella es la fundadora de Orchard Road Christian Center in Greenwood Village, Colorado. Marilyn y su hija, Sarah Bowling, son anfitrionas de un programa de televisión llamado: Today with Marilyn and Sarah (Hoy con Marilyn y Sarah). Para más información, visita marilynandsarah.org.

    Texto extraído de: Revista LVVC – Edición mayo 2014, página 24

  • Agentes de prosperidad para el reino de Dios (por Kenneth Copeland)

    5-14_kennethHace 47 años, cuando era un estudiante de la universidad de Oral Roberts, tuve la oportunidad de almorzar con el gran evangelista T. L. Osborne. Estaba tan emocionado al respecto que una hora antes de reunirme con él, se me erizó todo el cuerpo. Si sabes algo acerca del hermano Osborne puedes entender a qué me refiero.

    Había algo extremadamente poderoso acerca de él. El conocía a Dios y tenía un ministerio de milagros. El hermano Osborne ya partió a la presencia del SEÑOR; sin embargo, durante su estadía en la Tierra, su ministerio fue uno de los más sobresalientes que el mundo jamás haya visto.

    Nunca olvidaré la primera reunión que tuve con él. Antes de ordenar la comida, me miró a los ojos y me preguntó: “¿Kenneth, te gustaría saber cómo volverte rico?”.

    Mi situación financiera era precaria en aquel entonces, así que no pensé dos veces como responderle.

    “¡Sí!”, le respondí.

    “Encuentra a un predicador al que Dios le haya encomendado una obra muy grande y financieramente imposible, ve a ese lugar y ayúdalo a llevarla a cabo.”

    Con esas palabras, el hermano Osborne, me introdujo a un principio económico celestial. Lo recibí en mi corazón, lo puse en práctica y —evidentemente— el SEÑOR me enriqueció. Dios me llevó de ser una persona tan pobre, que si mudarme de la ciudad requería de un dólar, no hubiera podido hacerlo, a una vida llena de fe para prosperar al punto que puedo hacer todas las buenas obras que Él me ha llamado a hacer, y aun así puedo tener mucho más de sobra para disfrutar. El me enseñó a ser una persona que no sólo recibe, sino que da; y en el proceso, me reveló que como creyente he sido llamado a ser: “Un agente de prosperidad para el reino de Dios”.

    Aunque me tomo este llamado de manera muy personal y lo disfruto al saber que no tiene límites, sé que no es algo exclusivo para mí. Sino que es parte del llamado de todo Cristiano.

    El deseo de Dios es que todos vivamos en esa gracia abundante, a fin de: “…que siempre y en toda circunstancia tengan todo lo necesario, y abunde en ustedes toda buena obra” (2 Corintios 9:8). Dios anhela que cada creyente sea lo suficientemente rico, con el propósito de ser todo el tiempo una BENDICIÓN financiera constante para otras personas.

    Lamentablemente, a muchos cristianos se les ha enseñado durante muchos años (¡en la iglesia de todo lugar!), que la voluntad de Dios es que algunas personas sean pobres. Sin embargo, ésa es una mentira anti-bíblica. La pobreza nunca ha sido parte del plan de Dios para nadie. Él la odia. La pobreza es un agente exterminador y destructor de las personas. Es parte de la maldición, Dios no es la fuente de la pobreza.

    Dios jamás ha hecho a alguien pobre.

    Al contrario, veamos lo que dice en Deuteronomio 15:4: “Entre ustedes no deberá haber pobres, porque el SEÑOR tu Dios te colmará de bendiciones en la tierra que él mismo te da para que la poseas como herencia” (NVI). Él está tratando de sacar las personas de la pobreza. Por esa razón, incluyó la prosperidad dentro del plan de redención. Y también es una de las razones por las cuales Jesús, siendo rico, se hizo pobre para que: “…con su pobreza ustedes fueran enriquecidos” (2 Corintios 8:9).

    ¡Deja que comiencen los milagros!

    “Bueno hermano Copeland, todo eso suena muy bien, y en realidad me gustaría tener suficiente dinero para BENDECIR a algunas personas; ya sé que me vas a decir que haga lo mismo que te dijo el evangelista. Vas a decirme que dé, pero francamente, no puedo hacerlo”.

    Te entiendo, pues yo tampoco tenía suficiente dinero cuando comencé con todo esto. En 1967, cuando el SEÑOR me pidió en una de las reuniones del hermano Oral Roberts que me convirtiera en colaborador financiero, dando USD $10 al mes, no tenía ni diez centavos. Pero, sabiendo en mi corazón que Dios me había hablado, estaba tan determinado a dar que tomé el pequeño lápiz que me habían pasado con las tarjetas de colaborador, y lo metí en el sobre que me dieron; luego lo deposité en el arca de las ofrendas.

    Y dije: “SEÑOR, esto es todo lo que tengo ahora, así que eso representará mi compromiso.  Quiero que sepas que en cuanto tenga los USD $10, los daré”.

    En ese preciso momento, una señora que estaba sentada unas filas atrás, me gritó: “¡Oye tú!”, miré a mi alrededor para buscar a quién le estaba hablando, y me di cuenta que me estaba apuntando a mí. Y aunque no había forma de que esa señora hubiera escuchado mi oración, estaba agitando con su mano la respuesta a mi oración; en la dirección donde yo me encontraba. Y me dijo: “¡Ven aquí! El SEÑOR me pidió que te diera estos USD $10”.

    Emocionado, tomé los 10 dólares que ella me dio, saqué el sobre que había dado junto con el lápiz, y deposité el dinero.

    Desde ese día, comencé a recibir milagros de USD $10, uno tras otro. Y en el transcurso de un tiempo, esos USD $10 se incrementaron  y se convirtieron en USD $20.

    Uno de los milagros más inolvidables ocurrió una tarde cuando Gloria, los niños y yo nos dirigíamos hacia Oklahoma desde Tulsa. Tenía agendada una reunión en ese lugar, y había gastado hasta el último centavo que tenía para llenar el tanque de gasolina de nuestro auto, un viejo Oldsmobile en muy mala condición. Cuando llegamos a las afueras de la ciudad, era hora de la cena y los niños comenzaron a decir: “¡Papi, tenemos hambre! ¿A qué hora vamos a comer?”.

    “En cualquier momento”, les respondí. No mencioné que no teníamos dinero para comprar comida. Y Gloria tampoco lo hizo.

    Gloria sólo sonrió, y creyó en Dios conmigo.

    Unos kilómetros más adelante, pasamos por un lugar donde había restaurantes por todos lados y los niños comenzaron a gritar más fuerte. Pero  algo más atrajo mi atención: era un pedazo de papel verde que pasó frente a mi automóvil, y se quedó atorado en la medianera que dividía la avenida.

    “¡Dinero!” exclamé.

    Gloria me miró sorprendida.

    “¿Qué?”, me preguntó.

    “Acabo de ver dinero volando por la calle”.

    Hice un giro en U, regresé, y encontré un billete de USD $20 pegado a la medianera; lo quité de ahí, me subí al automóvil y les pregunté a mis hijos: “¿Dónde quieren comer?”.

    Cosas como esas nos sucedieron semana tras semana. Recibíamos una bendición tras otra, y nunca pasó un mes sin que ofrendáramos nuestra semilla al ministerio del hermano Roberts, o en cualquier otro lugar en donde Dios nos guiaba a sembrar.

    Liberémonos de la mentalidad de escasez

    “Si, pero hermano Copeland, ese tipo de cosas te suceden porque eres un predicador”.

    No, no es por eso, La razón por la esas cosas me pasan es porque Dios cumple Su PALABRA, en la cual se nos enseña que: “(Dios) quien provee la semilla para la siembra y el pan para alimentarnos, también provee y multiplica tus (recursos para) sembrar e incrementar los frutos de tu justicia… a fin de que seas enriquecido en todas las áreas, y de esa forma puedas ser generoso, y…así dar gracias a Dios”
    (2 Corintios 9:10-11, AMP).

    Quizá digas: “Pero no puedo ver cómo Dios hará esas cosas por mí, en especial sabiendo cómo está la economía  en estos días”.

    No sabes cómo, porque aun estás viendo las cosas conforme al sistema de este mundo babilónico. Todos los que viven bajo ese sistema, no importa cuánto dinero posean, sólo piensan en escasez y pobreza. Incluso las personas adineradas del mundo viven con el constante temor a perder su dinero, y eso se debe a que mantienen pensamientos de escasez en su mente.

    Como creyente, no debes pensar de esa forma, pues has sido liberado de la mentalidad de escasez. Puedes sumergirte en la PALABRA, y descubrir lo que la misma dice acerca del plan de Dios para prosperarte. Deja de conformarte a este mundo y “…transfórmense por medio de la renovación de su mente…” (Romanos 12:2).

    Entre más lo hagas, más dejarás de pensar como una persona mundana que está atada a la economía de este mundo; y comenzarás a verte de la manera en que Dios te ve.

    Uno de los errores más grandes que puedes cometer

    ¿Y cómo Dios te ve exactamente?

    Él te ve de la misma manera que Jesús vio a Sus discípulos durante Su ministerio terrenal. ¿Recuerdas lo que Él les dijo cuándo quería alimentar a la multitud hambrienta en aquel lugar desértico y desolado? Jesús les dijo: “…Denles ustedes de comer”.

    Jesús no buscó a alguien lo suficientemente rico para pedirle que comprara comida para esa multitud de personas. Tampoco buscó a un granjero rico que acabara de recoger una gran cosecha. Él les pidió a Sus discípulos que los alimentaran porque ellos eran Sus agentes de prosperidad.

    No obstante, al igual que muchos cristianos en la actualidad, Sus discípulos pensaron que no calificaban, y debido a eso, protestaron: “…Aquí tenemos sólo cinco panes y dos pescados.” (Mateo 14:17).

    Obviamente eso no era suficiente ni siquiera para comenzar a satisfacer la necesidad, pero Jesús no se preocupó. Él sabía que Su Padre se encargaría de multiplicar ese poco de comida, hasta que la multitud quedara tan saciada que sobraría. Por esa razón, les indicó: “…Traédmelos acá”.

    Uno de los errores más grandes que puedes cometer cuando Dios te llama a hacer algo, es mirar tus propios recursos y ver si calificas para ese llamado. ¡Dios ya vio que calificabas desde el momento en que te llamó!

    Cuando Dios te dice: Da esta ofrenda, o Suple esta necesidad, significa que Él ya te ha provisto más que suficiente para que puedas hacerlo. Tu responsabilidad simplemente consiste en que traigas lo que tienes ante Él. Luego, Dios multiplicará eso que traes, y hará a través de ti y por ti, más allá de lo que puedas pedir o pensar.

    Conozco a un hombre que descubrió esa verdad hace muchos años, en un momento de su vida cuando todo indicaba que no tenía la capacidad financiera de BENDECIR a nadie. Este hombre era un ex empleado de una de las fábricas más grandes de automóviles, y había tenido que jubilarse antes de tiempo por problemas físicos y de salud. El cheque que recibía por su discapacidad no era suficiente para cubrir sus gastos mensuales, y encima de eso, no gozaba de buena salud para trabajar, así que no sólo necesitaba sanidad, sino también un milagro financiero.

    Este hombre fue a una reunión de sanidad de Oral Roberts, y durante el tiempo de la ofrenda, él estaba sentando con USD $5 en su bolsillo. Era todo lo que tenía para sobrevivir el resto del mes (y aún faltaba mucho tiempo para que el mes terminara). Pero escuchó al hermano Roberts predicar acerca de la importancia de sembrar en el reino de Dios, y se dispuso a escuchar con su corazón las instrucciones que el SEÑOR deseaba que siguiera.

    Cuando el SEÑOR le pidió que ofrendara los cinco dólares que tenía, le contestó: “¡Está bien, SEÑOR Jesús! Aquí está. Es todo lo que tengo. Tú me dijiste que lo diera, y eso es lo que estoy haciendo”. El recibió su sanidad, pero eso no fue todo.

    Después de un tiempo, mientras trabajaba en su casa, comenzó a sentir la necesidad de subir al ático, y sacar unos planos que había diseñado hacía algunos años para un componente de la tracción en camionetas 4×4. El SEÑOR le dijo: Quiero que tomes esos planos y que se los enseñes a tus antiguos jefes.

    “Pero ya lo hice, y se burlaron de mí sacándome de la reunión”, se quejó.

    Esta vez no se burlarán de ti, porque Yo estoy yendo contigo.

    Y así sucedió; los ingenieros aceptaron ver los planos del hombre una vez más, y esta vez quedaron asombrados. Y le dijeron: “¡Esto es exactamente lo que hemos estado buscando!”. La compañía le compró el diseño, y desde ese día, cada vez que esa compañía vende una camioneta con tracción 4×4, este hombre hizo dinero.

    ¿Sabes qué hizo con ese dinero?

    Se convirtió en uno de los donantes más importantes de ORU. Éste fue el plan de Dios todo el tiempo. El nunca vio a ese hombre como alguien pobre porque, como un creyente nacido de nuevo, él no lo era. Aun cuando aquel hombre sólo tenía USD $5 en su bolsillo, él era un Agente de prosperidad del reino de Dios.

    Esa misma verdad es para ti. El SEÑOR Jesús te ha llamado y dado el poder para que seas una BENDICIÓN financiera para la humanidad. No importa en qué estado se encuentre tu cuenta bancaria ahora mismo, tú no eres pobre. Tú eres coheredero con Cristo, y un heredero al trono.

    Incluso si estás en bancarrota y no tienes nada para sembrar, pon tu mirada en Dios y Él te proveerá. Luego, Él te mostrará en dónde debes sembrar esa semilla, y la multiplicará e incrementará.

    Así que, activa tu fe para recibir la gracia de dar y ponte a Su disposición. Declara: “Señor, estoy a tu disposición. Quiero que me conviertas en una BENDICIÓN para alguien. ¡Dame una necesidad para suplir y haz que sea una gran, gran, GRAN necesidad! ¡Permíteme alimentar a 20.000! Déjame hacer lo que el hermano Osborne dijo, encontrar a un predicador con una obra que sea muy grande para él, y déjame involucrarme y ayudarlo a llevarla a cabo”.

    No te escondas debajo de la banca que esta frente al altar, esperando que Dios no te llame porque tienes muchas facturas que pagar. No pienses más en esas facturas. Deja de enfocarte en ti mismo, y comienza a enfocarte en los demás. Y en lugar de decir: “No puedo dar”, haz lo mismo que hice cuando por primera vez me inscribí en el equipo de fútbol americano de la escuela primaria: ¡Yo estaba determinado a jugar!

    Durante el primer partido de la temporada, el entrenador trató de dejarme sentado en la banca; sin embargo, yo no podía quedarme sentado ahí. A intervalos regulares, salía de la banca y le gritaba: “¡entrenador, quiero entrar a jugar! ¡Yo puedo hacerlo!”. El entrenador me pedía que me sentara, pero cuando trataba de quedarme sentado, sentía que mis pantalones tenían resortes y volvía a salir de la banca.

    Mientras más veas en la PALABRA de Dios quién realmente eres, y para qué has sido llamado, tendrás más entusiasmo para dar y ganar almas para Jesús. Te levantarás cada mañana, y le dirás al SEÑOR: “Muéstrame una persona a la que pueda BENDECIR. ¡Entrenador, quiero entrar al juego! ¡Yo puedo hacerlo!”.

    Vivirás cada día como un Agente de prosperidad para el reino de Dios.

    Texto extraído de: Revista LVVC – Edición mayo 2014, página 28

  • Volver a Sus caminos (por Melanie Hemry)

    5-14_profileBela Megyery cargó su arma y la guardó en su pantalón —ceñida contra la parte baja de su espalda—. A sus 21 años, él era un completo adicto a la heroína. Y también era consciente de su situación económica. Gastaba USD $200 al día, y su adicción le costaba USD$1.400 a la semana y USD $73.000 al año. Todo eso sin incluir un solo tanque de gasolina, ni un bocado de comida.

    No era inconcebible. Él había sido un vago desde niño, faltando a más clases de las que asistía, mirando dibujos animados mientras sus padres trabajaban, y construyendo casas en los árboles a la orilla del ferrocarril, en una de las áreas más hostiles de Chicago.

    Él se había aprovechado de sus padres, los cuales habían escapado de la revolución húngara en 1956 como refugiados, y lo habían traído siendo un niño pequeño a un país cuyo idioma no hablaban. Incluso, si veían las notas que les mandaban los maestros, no podían leerlas.

    Pero su falta de interés en la escuela, no le impidió aprender.

    Su situación económica era mala. Y él no ganaba suficiente dinero para mantener su adicción trabajando con sus padres en su negocio de comidas empresariales a domicilio. A su parecer, sólo le quedaba una opción.

    Debía robar para obtener dinero.

    No le agradaba la idea de robarle a gente honesta, así que se le ocurrió un plan brillante. Necesitaba grandes sumas de dinero, y drogas.

    Pero, ¿quiénes tenían eso?

    Los traficantes.

    Así que ¡robaba a los traficantes de drogas!

    A nadie le importaba si le robaba a ellos. Y era muy poco probable que ellos llamaran a la policía para reportar el crimen.

    Bela acumuló una gran cantidad de dinero en efectivo para sus ahorros, y quería más.

    Sólo que en esta ocasión, el robo no salió según lo planeado.

    “Devuélveme la plata” le ordenó el traficante con una voz suave, y tan peligrosa como el sonido de una serpiente cascabel.

    Disparó primero por encima de la cabeza de Bela, pero él estaba tan drogado que hizo caso omiso de la advertencia. Las drogas corrían por sus venas y Bela atacó al hombre.

    Luego, ¡una bala, lo impactó y él cayó al piso!

    De camino al hospital, y aferrándose a la vida por un filamento más delgado que la aguja que utilizaba para inyectarse heroína, la historia de su vida pasó por su mente como un video. Se vio a sí mismo en su infancia en Hungría. Recordó cuando sus padres lo trajeron a Estados Unidos para disfrutar una vida mejor. También recordó lo detalles de su niñez… luego su adolescencia.

    En algún profundo lugar de su subconsciente, Bela comprendió que su vida estaba pasando ante sus ojos. ¡Ésto es lo que ves antes de morir! Reuniendo todas sus fuerzas, gritó una palabra: “¡Jesús!”.

    La secuencia de imágenes se detuvo. Todo se detuvo.

    Una tumba abierta

    “No sé por qué exclamé el nombre de Jesús” —admite Bela—. “No era cristiano. Mi familia era católica, y sólo íbamos a la iglesia en víspera de Navidad. Pero gritar ese nombre marcó en mí una diferencia. Cuando recobré el conocimiento, un médico se encontraba inclinado cerca mío, y me dijo que había estado a unos milímetros de la muerte cuando me llevaron al hospital”.

    “Esa experiencia no cambió nada en mí. Necesitaba más y más heroína sólo para sentirme una persona normal. Me inyectaba y tomaba todo lo que caía en mis manos. Era miembro de una pandilla y me había convertido en una persona violenta”.

    Por años Bela había intentado dejar la heroína, y en ese intento le prescribieron metadona.

    “Es más difícil dejar de consumir metadona que la misma heroína” —relata Bela— “Fui adicto a la heroína por 3 ½ años, y otros 7 ½ años a la metadona. Entre más años duraba mi adicción, más desesperanzado me sentía acerca de ser libre algún día.”

    Bela no había notado la sombra de tristeza que manchaba los ojos de su madre, o la forma temerosa en que lo miraba, porque ella sabía todo acerca de él. Ella observaba cómo desperdiciaba su vida, desvaneciéndose poco a poco.

    A los 28 años, Bela se dirigía hacia la tumba. Parecía un refugiado de la guerra. Su cadera era tan delgada que apenas podía sujetar sus pantalones.

    Desesperada, su madre oró: “Dios, él va a morir, y no sé qué hacer al respecto. Tú me lo diste, ahora yo te lo entrego a Ti”.

    Ella no escuchó una voz audible, pero recibió un mensaje en su corazón. Bela recordó las palabras que un día le dijo su difunta madre.

    “Él será un hombre de Dios. Un día él le predicará a millones de personas.”

    Ella miraba a Bela con su pistola en sus pantalones y cuando caminaba hacia la puerta, le decía:

    “¡Dios va contigo! ¡Serás un hombre de Dios!”

    “Sí, claro”, él le respondía.

    Cuando su vecino le hablaba acerca de las personas con las que andaba Bela, su madre no lo escuchaba.

    “¡Él será un hombre de Dios!” —replicaba su madre—. “Un día él le predicará a millones de personas”. El Señor le había dado esperanza para creer por su hijo, y ella se negó a confesar cualquier cosa contraria acerca de él.

    Una vida nueva

    En 1983 Bela se convirtió en el líder de una pandilla. Era respetado, poderoso, y tenía muchas mujeres a su alrededor. Sin embargo, le había robado al traficante incorrecto —uno que sí llamó a la policía—. Bela fue arrestado y posiblemente pasaría tiempo en la cárcel.

    Desesperado por obtener respuestas, Bela decidió ir a una librería cristiana. Mientras se encontraba allí, una amiga le presentó a su pastor: “¿Qué te impide entregarle el control de tu vida a Jesús ahora mismo?”, le preguntó el pastor.

    “Nada”, respondió él.

    “Cuando le entregué mi corazón a Jesús, sentí como si hubiera vuelto a la vida” recuerda Bela. “En el instante fui libre de mis adicciones”. Al día siguiente, alguien me ofreció un cigarrillo de marihuana, y no lo acepté. Les dije a las mujeres que no me volvieran a llamar. Ya era un hombre diferente”.

    “El pastor que me llevó a los caminos del Señor me habló de los Ministerios Kenneth Copeland y me convertí en un colaborador. Me alimentaba de la Palabra de Dios, escuchaba cintas y leía libros. Me involucré en una iglesia y presencié sorprendentes sanidades y milagros. Oramos por una mujer que tenía un tumor del tamaño de un pomelo, y cuando le iban a efectuar la cirugía, éste había desaparecido. Incluso, el médico pensó que le habían llevado a la paciente equivocada”.

    “Finalmente, fui libre de las drogas y mi vida era maravillosa”.

    Por casi cinco años Bela vivió en el gozo y la libertad que su nueva vida le trajo. Pero luego, las cosas comenzaron a cambiar.

    “Sabía que cuando eres libre de la adicción a las drogas, debes conservar esa libertad”—expresa Bela—. “No puedes fumar, ni beber”. Lo que me metió en problemas, fue el billar. Yo sólo quería jugar. Por supuesto, la mesa de billar se encontraba en un bar, pero me convencí a mí mismo de que podía jugar allí, e ingerir bebidas sin alcohol. Lo hice una o dos veces, y después pensé que quizá podía beber sólo un vaso.”

    Pronto, un vaso se convirtió en dos, dos en tres, y así sucesivamente.

    “Fui cuesta abajo rápidamente, y sin darme cuenta estaba inhalando cocaína” describe Bela. “Había vuelto a mi adicción y a mi antiguo estilo de vida. Empaqué mis libros, mis cintas y mis Biblias, y las guardé en el armario”.

    Escondite secreto

    Cuando Bela conoció a Christina, era como mirar a dos trenes a punto de estrellarse. A sus 17 años, Christina ya era alcohólica, adicta a las anfetaminas y a la fenciclidina por varios años. Sus padres habían sido alcohólicos, por tanto, no había estabilidad en su hogar. Un año antes, la madre de Christina había fallecido en un accidente de moto.

    Despreocupada, Christina celebraba toda la noche y dormía todo el día. Detestaba estar sobria, pero de cualquier forma —drogada o sobria— se sentía desesperada. Seis meses antes de conocer a Bela, Christina había clamado en su desesperación: “Dios, si existes, dime cuál es el propósito de mi vida, porque no deseo seguir viviendo”.

    Juntos, Bela y Christina bebían, festejaban y se drogaban. Luego, un día en noviembre de 1990, Christina estaba examinando el armario de Bela, cuando encontró una caja de libros y cintas de KCM. Ella tomó un libro y lo leyó de principio a fin. En el reverso, encontró la oración de salvación, y la repitió.

    Cuando Bela volvió a casa y vio a Christina, supo que algo le había sucedido. Ella… resplandecía.

    “¿Adivina qué me pasó?” —le dijo Christina.

    “Sé con exactitud qué pasó contigo.”

    “¿Qué?”

    “Has nacido de nuevo.”

    “¿Cómo lo supiste?”

    “Porque soy cristiano.”

    “¿Qué? ¿Si eres cristiano, por qué vives de la forma en que lo haces?”

    “Porque me aparté del Señor.”

    “¿Qué significa eso?”

    “Es difícil de explicar. Soy cristiano, pero volví a mi antiguo estilo de vida.”

    “¡Oh!” —exclamó Christina, reflexionando en sus palabras.

    Entonces ella se emocionó y exclamó: “Si te apartaste, ¿por qué no vuelves a Sus caminos?”.

    Cambiando de dirección

    ¿Volver a Sus caminos? ¿Quién ha escuchado tal cosa?

    Bela casi se río, pero se contuvo. El odiaba su estilo de vida. ¿Por qué no podía hacer lo que ella decía? Simplemente… volver a Sus caminos.

    Mientras más lo pensaba, mejor le parecía la idea. Había sido sencillo apartarse… ¿sería igual de fácil volver?

    Christina había repetido la oración del pecador. Él sólo debía arrepentirse, y volver a Sus caminos.

    Bela admite: “Dejé de nuevo las drogas, pero caí otra vez un par de veces. Luego, un día Christina dijo: ‘Hay algo posado en ti. Hay algo justo encima tuyo’. Yo le pedí que tomara autoridad sobre eso en el nombre de Jesús, y que lo echara fuera. Así lo hizo, y ahora he estado sobrio por 23 años.”

    Poco tiempo después, Bela y Christina se casaron, se hicieron miembros de una iglesia local, y comenzaron a alimentarse de la Palabra de Dios. Continuaron siendo colaboradores de KCM, y mirando a diario el programa de televisión La Voz de Victoria del Creyente. Compraron cintas y libros para enriquecer su vida espiritual, y se sumergieron en ellos.

    Christina declara: “Cuando le entregué mi corazón a Jesús, fui libre al instante. Dios me dio el poder para resistir las drogas y el alcohol. También fui libre del hábito de fumar dos paquetes y medio de cigarrillos al día. Nunca volví a beber o drogarme; sin embargo, Dios me mostró que si quería permanecer libre, debía dejar a mis dos mejores amigos. Fue muy difícil dejarlos para mí, pero ellos no deseaban cambiar, y sabía que a su lado, no iba a permanecer sobria”.

    “Bela y yo empezamos a tener hijos, y nuestra vida era buena. Lo único que no había cambiado era ese dolor emocional que sentía. Y ésto era algo que tenía que enfrentar con la Palabra de Dios. Nací de nuevo en noviembre de 1990, y para 1994 aún continuaba con esa lucha. Ese año, Rodney Howard-Browne visitó nuestra ciudad, y organizó varias reuniones. Pero mientras todos reían a causa del gozo que había en ellas, yo lloraba y lloraba. Fue vergonzoso. De repente un pastor se me acercó, y me dijo: ‘¡No llores más! ¡Gozo! ¡gozo!’. Pero no podía dejar de llorar.”

    “Casi dejo de ir a las reuniones, pero sentí que si permanecía firme asistiendo, experimentaría la victoria. Una noche, en lugar de llorar, ¡comencé a reír! Dios había realizado una profunda obra en mí, y finalmente fui libre. Desde ese instante, comencé a sentirme bien conmigo misma”.

    Mientras Christina esperaba su segundo hijo, le diagnosticaron cáncer cervical, anemia e ictericia. Armados para la prueba, Christina y Bela se enfocaron en las transmisiones diarias de LVVC, y en las enseñanzas que hablaban acerca de la victoria sobre la muerte. Ellos miraban La escuela de sanidad de Gloria Copeland, y leían el devocional diario: Crezcamos de Fe en Fe, todos los días. Dos años después de comenzar la batalla, Christina fue declarada completamente sana de cáncer.

    Bela relata: “Nuestra vida no sería lo que hoy es, si no fuera por nuestra conexión con KCM. Ellos nos han enseñado, nos han alimentado y han orado por nosotros. En una ocasión, mientras oraba para saber si debía o no iniciar mi propio negocio, sintonicé el programa. Y Gloria dio una palabra de conocimiento, en la cual hablaba de lo que yo estaba atravesando”.

    “En el 2010, fuimos a un restaurante en Branson, Missouri, y quedamos sentados cerca de los Copeland. Nos presentamos, y les contamos acerca de cómo esa palabra de conocimiento había cambiado nuestra vida. Entonces el hermano Copeland expresó: ‘Esa palabra era para establecerlos en el ministerio. Ustedes no estarían donde se encuentran hoy, si no hubieran obedecido esa palabra’ ”.

    Hoy, Bela y Christina Megyery son pastores de Rivers of Restoration Church (Iglesia Ríos de Restauración) en Arlington Heights, Illinois, y sus cuatro hijos: Christina, Victoria, Jessica y Joseph sirven junto a ellos. Bela también se encarga de un ministerio para prisioneros llamado: Free If You Want to Be Ministries (Ministerio Libre si quieres serlo).

    Bela Megyery no sólo volvió a los caminos del Señor, sino que él y Christina derrotaron el espíritu de adicción erradicándolo por completo de sus vidas, cumpliendo su destino y liberando a los cautivos.

    Texto extraído de: Revista LVVC – Edición mayo 2014, página 10

  • Televisión LVVC: ¡Celebrando 35 años!

    5-14_LVVC-celebration2Cuando Kenneth y Gloria Copeland no sabían cómo Dios llevaría a la televisión el ministerio de Su Palabra no adulterada, confiaron que el Señor les mostraría cómo hacerlo. Hablaron al respecto y meditaron en la Palabra. Jamás declararon palabras de incredulidad. Sólo sabían que tenían la comisión de parte del Señor de predicar utilizando todos los medios disponibles, y la televisión ciertamente era uno de ellos.

    Luego, un fin de semana, cuando iban de camino a su casa en Fort Worth después de un viaje a Arkansas, Kenneth y Gloria se detuvieron a desayunar. Ordenaron su comida, oraron y mientras desayunaban, comenzaron a hablar acerca de tener un programa en televisión.

    Repentinamente, las cosas cambiaron.

    El plan de Dios para iniciar el ministerio de televisión fue establecido en el corazón de Kenneth y encajó a la perfección como las piezas de un rompecabezas. Él miró a Gloria, y por su mirada supo que ella también había escuchado el mismo “clic”.

    “Gloria”, dijo Kenneth, “mañana es lunes. Vayamos a casa e iniciemos el ministerio de televisión”

    “Está bien” —añadió Gloria.

    Ellos sabían que Jesús les estaba diciendo: ESTÁ BIEN, hagámoslo.

    Pequeños comienzos

    El ministerio de televisión fue oficialmente lanzado el 27 de mayo de 1979 en Dallas, Texas. Pero antes de eso, a principios de los 70s, ya habían hecho cinco grabaciones de The Word of Faith (La Palabra de Fe) en 1971, y también 50 grabaciones de The Prayer Group (El grupo de oración), las cuales fueron transmitidas entre 1972 y 1978. Las transmisiones abrían con un himno tradicional, pero continuaban con las frescas e inesperadas palabras de un joven llamado Kenneth Copeland: “La PALABRA alimentará tu fe, y tu fe alimentará tus oraciones.”

    En mayo de 1979, esos primeros programas llegaron a convertirse en el Believer’s Voice of Victory, un programa dominical de una hora, el cual se grababa durante las campañas de victoria de los Ministerios Kenneth Copeland y las reuniones que se realizaban en toda la nación.

    Pero, obviamente, Dios tenía mayores expectativas para KCM y para el ministerio televisivo.

    En 1988, el Señor les recordó a los Copeland una promesa que les había hecho en 1967, y esa palabra los puso en el curso de su destino. Él les dijo: “Les dije que vendría muy pronto, y que deseaba que este mensaje de fe no adulterado fuera predicado en cada medio disponible. No he cambiado Mi plan. Y tampoco los he eximido de esa tarea.”

    Dios agregó una nueva instrucción que parecía imposible. Les dio una tarea que se convertiría en el paso de fe más grande que ellos habían dado: “Quiero que comiencen a transmitir el programa todos los días, una transmisión de 30 minutos en la que le enseñen a los creyentes quiénes son en Cristo Jesús. Sacándolos de la religión a la realidad… utilicen estos programas para enseñar, no para predicar. Continúen con sus transmisiones semanales del domingo y prediquen en ese espacio”.

    Ellos no tenían el dinero para transmitir a diario. Tampoco tenían el personal, el equipo o el estudio. Pero, lo que si tenían era esa palabra de Dios. Y también, su fe.

    ¡Eso era todo lo que Dios necesitaba!

    ¡Alcanzando al mundo!

    Esos primeros esfuerzos por transmitir a diario la Palabra de Dios no adulterada fueron todo un éxito, y establecieron una fundación sólida para el ministerio de televisión de KCM.

    Kenneth lo explica con claridad: “¿Cómo pasamos de una transmisión semanal a una diaria? Por fe. Meditamos en la PALABRA, confesamos nuestro éxito, y edificamos nuestra fe. Llamamos las cosas que no son como si fueran. Hicimos exactamente lo mismo que tú deberás hacer para alcanzar tu siguiente objetivo en la fe… buscamos a Dios. Y como siempre, Dios fue fiel a Su PALABRA”.

    Producido por el departamento de televisión de KCM, el cual supervisa gran parte de los medios de comunicación del ministerio, el programa LVVC es por lo general el primer vistazo que las personas nuevas le dan a la misión de KCM, la cual es: “predicar la Palabra de Dios no adulterada; a través de todo medio disponible desde la cima más alta hasta el valle más bajo y en todos los confines de la tierra”. El programa televisivo LVVC ayuda a los creyentes a crecer en las cosas de Dios, enseñándoles e introduciéndoles la Palabra de Dios. El material de enseñanzas y la relación con los Ministerios Kenneth Copeland lleva a las personas a tener un entendimiento más profundo de la Palabra de Dios, ya que puedan aplicar de manera práctica los principios espirituales en su vida diaria.

    Hoy en día, el programa LVVC transmite un total de 779 horas a la semana por todo el mundo a más de 450 estaciones, seis días a la semana. Cuenta con una audiencia de más de 885 millones, y está alcanzando lugares como África, Asia, Australia, Canadá, Europa, Puerto Rico, Europa del Este, Suramérica, Nueva Zelanda, y por supuesto, a los Estados Unidos.

    A través del GOD channel, el programa LVVC es transmitido a los televidentes en Francia, Italia, Portugal, Alemania, Dinamarca, Holanda, Noruega y al Reino Unido. En el continente australiano, el programa alcanza el 70% de toda la población. Y el programa semanal LVVC se transmite en español en toda Latinoamérica y en los Estados Unidos, así como también en Puerto Rico, España y Portugal.

    En el 2013, 75 estaciones de televisión en los Estados Unidos comenzaron a transmitir el programa LVVC en alta definición (HD). Este programa también se encuentra disponible en alta definición, los siete días de la semana en eskcmstaging.wpengine.com y a través de internet streaming.

    La televisión es poderosa. Es una señal que no conoce fronteras, ni obedece autoridades civiles. Alcanza los lugares oscuros, más lejanos y remotos de la Tierra. Y además transformó a KCM.

    Dios ha mostrado Su gloria a través del ministerio televisivo LVVC. Y Kenneth y Gloria, por medio de su fe y la fe de sus colaboradores y amigos continúan predicando y enseñando, llevando al pueblo de Dios a su lugar de fortaleza en este mundo — ¡desde la cima más alta, hasta el valle más bajo y en todos los confines del mundo!—.

  • POR PRIMERA VEZ EN ESPAÑOL – REPORTE DE COLABORADORES EN ALIANZA 2013

    Es con gran gozo y entusiasmo que hacemos entrega por primera vez a nuestra audiencia hispana del “Reporte de COLABORADORES en Alianza” para el año 2013.
    Si alguna vez te has preguntado qué es lo que hacemos aquí en los Ministerios Kenneth Copeland, puedes encontrar todas las respuestas en esta publicación interactiva. ¡Esperamos que lo disfrutes!

    Distribución de Gastos

    En el reporte de colaboradores en alianza del 2013, podrás ver con claridad que tú y los Ministerios Kenneth Copeland están ministrando la Palabra de Dios de manera efectiva; están predicando el evangelio de Su maravillosa gracia, y le están brindando a las personas la oportunidad de convertirse en ciudadanos del reino eterno de nuestro SEÑOR y Salvador Jesucristo (2 Pedro 1:11). ¡Qué maravillosa conexión tenemos!

    Conforme vayas leyendo este reporte, únete a nosotros en darle gracias al SEÑOR por todo lo que Él ha hecho en este año y por todo lo que hará siempre. Y pídele que te hable con claridad y que te muestre lo importante que eres en todo lo que Él ha planeado para KCM y para tu ministerio personal —para tu familia, y con tus amigos— ¡en el lugar donde vives! Tú eres parte importante en todo lo que Él está haciendo, ¡allí donde te encuentras!

    [button type=”bd_button btn_small” url=”http://bit.ly/CPR2013ESP” target=”on” button_color_fon=”#3fc2da” button_text_color=”#FFFFFF” ]ACCEDER AL REPORTE[/button]

    Si todavía no eres colaborador de KCM, te invito hoy a que te unas a Gloria y a mí como tal. Si tú y el Señor han decidido que éste es el momento para establecer esta conexión de alianza, me gustaría enviarte nuestro Paquete de Nuevo Colaborador. El mismo incluye información detallada acerca de la colaboración y sus beneficios, incluyendo nuestros compromisos contigo. Llámanos ahora a los teléfonos:

    1-800-600-7395 (EE.UU.)

    +1-817-852-6000 (Internacional)

    lunes a viernes / 9:30am – 5:00pm  (Hora central de EE.UU.)

    [button type=”bd_button btn_small” url=”http://bit.ly/1fOCOzr” target=”on” button_color_fon=”#3fc2da” button_text_color=”#FFFFFF” ]CONVIÉRTETE EN COLABORADOR[/button]

     

  • Atravesando por el fuego (por Gloria Copeland)

    5-14_gloriaVivir la vida cristiana no es un juego de niños. Y cualquiera que te diga lo contrario, no te está contando la historia completa.

    Aunque como creyentes tenemos la victoria en Jesús, quien nos dio el poder para triunfar sobre cualquier situación, a veces las cosas se complican.

    Aveces, nos enfrentamos  a problemas y pruebas que nos presionan…nos presionan… y nos presionan (a pesar de que oramos con desesperación para recibir un alivio), al punto que deseamos decir lo mismo que declaró Habacuc en el Antiguo Testamento: “Oh Dios mío, ¿cuánto más tendré que clamar para que me ayudes? ¿Cuánto más tendré que rogarte para que termines con la violencia, y me salves?” (Habacuc 1:2, AMP).

    La mayoría de los cristianos se han visto tentados a preguntarse eso en más de una ocasión. Quizá sea porque han necesitado sanidad, y han orado por eso durante semanas, meses, e incluso años sin resultados positivos. Tal vez han atravesado por problemas familiares, o han tenido dificultades financieras que no han podido resolver.

    Es en ese tipo de situaciones, todos podemos cometer el mismo error de Habacuc. Podemos ser tentados a ceder ante la presión del diablo, echarle la culpa a Dios, y preguntarle: “¿Por qué esto está llevando tanto tiempo? ¿Por qué no me ayudas? ¿Me estás escuchando?”.

    Pero eso es exactamente lo que no debemos hacer.

    Dios no tiene la culpa de los problemas en nuestra vida, Él no es quien los ocasiona. Cuando no obtenemos respuesta a nuestras oraciones, el problema no es Dios.

    El problema siempre está de nuestro lado.

    Y Habacuc pudo confirmarlo; El aprendió bien esa lección cuando Dios contestó todas sus preguntas con una sola frase: «…El justo vivirá por su fe» (Habacuc 2:4). O como la versión Amplificada lo dice: “El hombre justo e íntegro, vivirá por su fe y su fidelidad” (AMP).

    En síntesis, es ahí donde está el error que Habacuc cometió. Él estuvo quejándose incansablemente delante del Señor. Suplicándole que arreglara todo el desorden que había a su alrededor, pero él no había estado actuando en fe.

    Dios trabaja con la fe, y Habacuc no estaba ejerciendo su fe para que Dios pudiera actuar a su favor.

    Eso mismo nos puede decir Dios a nosotros en algunas ocasiones. Cuando no vemos los resultados que queremos de parte de Dios, no es porque Él no esté haciendo Su parte. Es porque nosotros estamos fallando en el área de la fe. Pues no estamos haciendo la parte que nos corresponde para recibir la victoria que Él ya nos proveyó.

    Quizá digas: “Pero Gloria, he vivido por fe durante muchos años, y sé cómo hacer lo que a mí me corresponde”.

    Es probable que tengas razón, pero no importa cuánto sepas; puedes arruinar todo sino estás atento. Es más, cada uno de nosotros aún está aprendiendo, pues no hay nadie que lo sepa todo. Así que tomar un curso de actualización de fe siempre será una buena idea. En especial, cuando enfrentemos diversas pruebas, debemos asegurarnos de manejar las pruebas de la forma que Dios espera. No como Habacuc, sino como lo hicieron Sadrac, Mesac y Abednego.

    ¿Te acuerdas de ellos, verdad? Ellos atravesaron una temporada de problemas que la mayoría de nosotros nunca experimentaremos. Estos jóvenes fueron lanzados literalmente a un infierno abrasador, sólo por rehusarse a adorar al ídolo de un rey.

    Y si hablamos de pruebas difíciles, Sadrac, Mesac, y Abednego; atravesaron una de ellas. No obstante, ellos supieron qué hacer. Pues levantaron su escudo de la fe y apagaron los dardos que el enemigo les lanzó (Efesios 6:16). Es más, no sólo sobrevivieron al fuego, sino que salieron de aquel infierno abrasador sin que el fuego les causara daño: “…No se les había chamuscado ni un cabello, ni se les había estropeado la ropa. ¡Ni siquiera olían a humo!” (Daniel 3:27, NTV).

    Y todo eso, gracias a que vivieron por fe.

    Una sustancia más preciosa que el oro

    ¿Qué es exactamente la fe?

    Es creer lo que Dios dice sin importar lo que veamos, sintamos o escuchemos en este mundo natural. Es creer en Su Palabra sin comprometerla. Es confiar que Dios cumplirá Sus promesas, a pesar de la cantidad de problemas que el diablo quiera poner en nuestro camino, a fin de que podamos declarar lo mismo que declararon Sadrac, Mesac, y Abednego: “El Dios a quien servimos… nos rescatará”
    (Daniel 3:17, AMP).

    De acuerdo con la Biblia, la fe es:

    “…tener fe es estar seguro de lo que se espera; es estar convencido de lo que no se ve” (Hebreos 11:1).

    “…ésta es la victoria que ha vencido al mundo: nuestra fe” (1 Juan 5:4).

    Una fuerza tan poderosa que puede mover las montañas de nuestra vida. (Marcos 11:23).

    Es de gran valor: “…es mucho más preciosa que el oro” (1 Pedro 1:7).

    Sin embargo, la fe no viene sólo porque deseemos tenerla. No se trata de sólo tomar la decisión de que vivirás por fe, y luego no hacer nada al respecto. Tienes que respaldar esa decisión con acciones. Debes abrir tu Biblia y descubrir lo que Dios quiere decirte, porque: “…la fe proviene del oír, y el oír proviene de la palabra de Dios” (Romanos 10:17).

    Cualquier persona que invierta el tiempo suficiente en la Palabra, puede ser una persona de fe. Por ejemplo: Yo puedo darle una Biblia a un mendigo en la calle; si él lee, medita y pone en práctica lo que ésta enseña, él podría prosperar. Y para el año siguiente, su prueba de pobreza podría llegar a su fin. Él y sus circunstancias podrían ser transformados al punto de no parecer la misma persona.

    Sin embargo, esa transformación no le ocurrirá a alguien que lee de vez en cuando un versículo bíblico. Tampoco sucederá con las personas que toman la Biblia a la ligera y adoptan la actitud de obedecer sólo cuando quieren. Esa transformación sólo ocurre con las personas que en realidad están comprometidas a conocer, y obedecer a Dios.

    “Porque así dice el Señor… ¡Búscame (investiga e infórmate sobre Mí con el mismo ímpetu con que buscas tu comida) y vivirás!” (Amós 5:4, AMP).

    La clave principal para vencer cualquier problema y el secreto para obtener una fe vencedora es: darle a Dios y a Su Palabra, la misma importancia que le das a la comida que ingieres.

    Es muy probable que no pases mucho tiempo sin ingerir comida natural, pues eres muy diligente al respecto. Kenneth y yo hacemos lo mismo. Todas las tardes a las 5:30 p.m., estamos sentados en la mesa para cenar; y si yo no estoy ahí, Kenneth quiere saber “¿En dónde estás? ¡Es hora de comer!”.

    De esa misma forma, deberíamos actuar todos nosotros como creyentes con respecto a la Palabra de Dios. La misma importancia que le damos a nuestro tiempo de comida, deberíamos darle a nuestro tiempo en la Palabra. Después de todo, ¡la Palabra de Dios es nuestro alimento espiritual! Ésta nutre nuestro espíritu, de la misma forma que la comida natural alimenta nuestro cuerpo.

    Si no te alimentas con comida en el ámbito natural, no llegarás muy lejos; y tampoco lo harás si no le dedicas tiempo a la Palabra. ¡Necesitas alimentarte de ella todos los días!

    En realidad, cuando estás atravesando por una prueba de fuego, es cuando más necesitas alimentarte de la Palabra, con frecuencia, todo el día. Y en lugar de perder el tiempo viendo programas seculares de televisión o haciendo cosas sin sentido, deberías enfocarte en la Palabra y permanecer en ella. Si haces eso, vivirás en victoria; porque cuando buscas la Palabra, de la misma forma que buscas la comida natural, Dios te promete que “¡vivirás!”.

    No tomes el camino fácil

    Puedes decir “Pero le he dedicado tiempo a la Palabra y nada ha cambiado”.

    Entonces continúa haciéndolo. ¡No te des por vencido ahora! Ya que si lo haces, perderás toda esperanza. Así que continúa dándole a Dios algo con lo que pueda trabajar. Permanece en fe —y mientras lo hagas, asegúrate de que tus actitudes representen lo que estás creyendo.

    Eso fue lo que hicieron Sadrac, Mesac, y Abednego. Ellos no sólo le creyeron a la Palabra de Dios en sus corazones, sino que además honraron a Dios con sus acciones. Obedecieron las instrucciones del Señor, y se convirtieron en un ejemplo vivo de Isaías 33:14-15: “¿Quién de nosotros podrá morar en ese fuego consumidor? ¿Quién entre nosotros podrá morar en esas llamas eternas? El que vive en justicia y habla lo correcto…” (AMP).

    Si quieres pasar en medio del fuego sin ser consumido, entonces haz lo mismo. No sólo lo creas en tu interior, sino también manifiesta acciones en el exterior. Debes ser obediente a los mandamientos del Señor.

    “Pero, ¡Pensé que dijiste que la fe es lo que importa!”.

    Así es, pero la obediencia y la fe son inseparables.

    Piensa en esto. Si creemos lo que Dios ha dicho, entonces haremos lo que Él nos diga. Vamos a vivir y a hablar de manera correcta, aun cuando tengamos que enfrentar situaciones como la enfermedad, la pobreza o la persecución.

    No me mal intérpretes; no estoy sugiriendo que como personas de fe nunca tropezaremos o nos equivocaremos. Me estoy refiriendo a que si fallamos, debemos arrepentirnos de inmediato. No tratemos de escondernos de Dios, ni de justificar nuestra desobediencia. Debemos confesar: Señor, estaba equivocado. Perdóname por favor. Te pido que me limpies con la sangre de Jesús y recibo su poder limpiador. Te pido que me ayudes, y que me des de Tu gracia para que nunca más lo repita.

    Luego debemos volver al camino  que recorríamos; y tenemos que caminar y hablar alineados con la Palabra de Dios. Cuando las pruebas vengan, tenemos que tener la confianza necesaria para permanecer firmes contra el diablo, quien está detrás de esas pruebas. Podremos apuntar nuestro dedo en su cara, y decirle que quite sus manos de nuestra salud, de nuestras finanzas y de nuestras familias ¡en el nombre de Jesús!

    “Pero, Gloria, no creo que el diablo me escuche”.

    Entonces necesitas estudiar lo que el Nuevo Testamento enseña acerca de este tema. Pues en éste se nos dice claramente que como creyentes, tenemos autoridad sobre el diablo, y que cuando lo resistamos, él huirá de nosotros (Santiago 4:7). Además, se nos dice que somos responsables de mantener al diablo alejado de nuestra vida y de no darle lugar (Efesios 4:27).

    Por supuesto, aún los cristianos que conocen muy bien estas cosas, a veces son perezosos y fracasan al no poner en práctica la Palabra. Recuerdo que hace algunos años Kenneth y yo nos dirigíamos a predicar. Terminamos de ministrar en Detroit, y llegamos a Milwaukee. Cuando llegamos al hotel el sábado por la noche, me sentía un poco cansada. Así que me puse mi pijama y me acosté sobre la cama. Y dije: “Tomaré el camino más fácil”.

    Y al decir esas palabras, me di cuenta que muchos cristianos cometen ese error cuando se trata de pelear contra el diablo. Toman el camino más fácil. Cuando la enfermedad trata de atacar sus vidas o se enfrentan a cualquier tipo de prueba, se ponen sus pijamas espirituales, se acuestan sobre la cama y permiten que el diablo haga lo que quiera. Luego, se esconden dentro de las cobijas, y esperan a que Dios haga algo para ayudarlos.

    ¡Ésa es la receta del fracaso!

    El diablo es el ladrón, pues se acerca a nuestra vida para: “…hurtar, matar, y destruir…”. Sin embargo, Jesús vino para que: “…tengan vida, y para que la tengan [nosotros] en abundancia” (Juan 10:10). Por tanto, si queremos disfrutar la vida en abundancia que Jesús ya nos ha provisto, debemos recibirla por medio de la fe, manteniéndonos firmes y resistiendo al diablo.

    Debemos declarar: “No, no, ladrón, no tocarás a mi familia. No robarás nada de mi cuenta de ahorros. No destruirás mi salud. No te aceptaré en ninguna parte de mi vida. ¡En el nombre de Jesús te echo fuera! ¡Ahora, VÉTE!”

    ¿Sabes qué voz escucha el diablo cuando oye esas declaraciones? Escucha la voz de Jesús, pues Él lo derrotó en lo más profundo del infierno. Jesús es quien: “Desarmó además a los poderes y las potestades, y los exhibió públicamente al triunfar sobre ellos…” (Colosenses 2:15). Jesús fue quien despojó al diablo de todo el poder que tenía, dejándolo absolutamente sin nada; y además de eso, ¡nos dio Su nombre para que lo usemos!

    ¡La única arma que el diablo posee son las mentiras! Él no tiene ningún poder sobre nosotros, a menos que se lo demos. Por consiguiente, no le des nada que él pueda utilizar. No le des tus palabras, ni tus acciones y menos una pizca de tu fe.

    En lugar de eso, dale todo a Jesús. Dale a Dios todas las oportunidades para que obre en tu vida. No al diablo.

    Ahora bien, te advertiré algo, a pesar de que el diablo es el más grande perdedor, tiene algo a su favor; es persistente cuando se trata de maldecir. Él no es victorioso, pero sí es tenaz. Por tanto, debes ser agresivo con él.

    Kenneth solía ilustrar esto describiendo cómo reaccionaría su madre si un cerdo sucio entrara a su sala. Siempre fue muy fácil para mí imaginar esa escena, pues la madre de Kenneth era una mujer muy fuerte y valiente, y tenía sus muebles de la sala de color blanco. Si un cerdo sucio hubiera tratado de acercarse a esos muebles, ¡ella lo hubiera sacado de la casa de inmediato!

    Ella no le hubiera hablado al cerdo con delicadeza. Tampoco le habría pedido de manera gentil que saliera de su sala. Con todas sus fuerzas, hubiera impedido que el cerdo entrara a su casa. Y no sólo le hubiera gritado, sino que hubiera tomado la escoba y lo habría sacado a escobazos.

    Así debemos actuar nosotros. Después de todo, espiritualmente hablando, también tenemos una sala blanca. Fuimos lavados con la sangre de Jesús, y quedamos blancos como la nieve. Nuestra vida ha sido formada por Dios, y Su deseo es que vivamos en abundancia.

    ¡Así que, hagámoslo! Vivamos por fe, tomemos autoridad sobre el diablo y triunfemos sobre cualquier problema. Atravesemos cualquier prueba de fuego como lo hicieron: Sadrac, Mesac y Abednego—sin ninguna quemadura, ¡y oliendo como una rosa!—

    Texto extraído de: Revista LVVC – Edición mayo 2014, página 4

  • Suficiente para toda buena obra (por Gloria Copeland)

    Cuando Kenneth y yo estábamos aprendiendo a caminar por fe, para alcanzar prosperidad hace más de 45 años, no sabíamos mucho sobre la Palabra de Dios. Nosotros, recibimos nuestra revelación paso a paso. Cada vez que aprendíamos algo nuevo, lo poníamos en práctica.

    En realidad, ahora es mucho más fácil para nosotros caminar en prosperidad que en esa época. Hoy, tenemos que creer por millones de dólares, sólo para pagar las cuentas de nuestras transmisiones de televisión. Pero esto ni de cerca es tan desafiante como lo era en aquel entonces: creer que Dios pondría alimentos sobre nuestra mesa. En esos días, frecuentemente tenía que orar en el espíritu sólo para pagar en el supermercado. Y esos fueron los momentos más difíciles, porque estábamos aprendiendo.

    Tú tienes que crecer en estas cosas. Si sólo hasta ahora estás escuchando que Dios quiere que prosperes, probablemente no estarás capacitado para obtener un millón de dólares la próxima semana.

    ¿Por qué? Porque tu fe todavía no se encuentra a ese nivel. Lo que necesitas hacer, es comenzar en donde estás ahora mismo. Empieza creyéndole a Dios por el pago de la renta. Empieza creyéndole a Dios por dinero para comprar alimentos. Comienza a creer, y luego ve aumentando.
    Eso fue lo que nosotros hicimos. Nosotros sólo continuamos creciendo; nos manteníamos escuchando a Dios y caminando en el nivel de fe que teníamos, y ésta fue creciendo. También nos manteníamos diezmando y ofrendando.

    Lo importante es comenzar ahora; no esperes hasta el próximo mes. Si quieres un cambio, entonces haz un cambio. Comienza creyéndole a Dios por las cosas que necesitas hoy, y empieza a agradecerle por ellas. Dile al diablo que ya no estás bajo la maldición. Aférrate a la Palabra y no la dejes ir.

    Si tú lo haces y permaneces en la Palabra, y continúas haciendo lo que Dios te dice, eventualmente tendrás una prosperidad sobreabundante. Entonces, no sólamente pagarás tus cuentas, sino también poseerás la capacidad de dar en toda buena obra.

    Declara la Palabra

    “Y Dios es poderoso como para que abunde en ustedes toda gracia, para que siempre y en toda circunstancia tengan todo lo necesario, y abunde en ustedes toda buena obra” (2 Corintios 9:8)

    Texto extraído de: Revista LVVC – Edición abril 2014, página 9

  • Las últimas palabras de Jesús (por Rick Renner)

    4-14_rennerLa noche que Jesús fue traicionado, se puso de rodillas y les lavó los pies a Sus discípulos. Luego, les sirvió la primera Cena y así confirmó Su pacto con ellos. Después, comenzó a hablarles las últimas palabras que les diría estando en Su cuerpo humano, antes de recibir un cuerpo glorificado. Mientras miraba a los ojos de sus discípulos, Él sabía que esta era la última vez que hablaría en esta forma. También sabía que estas últimas palabras estarían entre las más importantes que Él les habría declarado.

    Entonces, ¿qué les dijo Jesús a Sus discípulos en ese último e íntimo momento?

    Piensa por un momento qué palabras usarías si fuera la última vez que les hablarías a tus familiares y amigos cara a cara. Seriamente dudo que harías bromas o tendrías una conversación casual con ellos.

    Momentos como esos son benditos y sagrados. Este, sería un tiempo en el que  medirías cuidadosamente tus palabras, y hablarías las cosas que crees son las más importantes para que ellos recuerden después de que te hayas ido.

    Si tuvieras la oportunidad de expresarles tus últimas palabras a las personas que amas, ¿acaso no escogerías con cuidado lo que dirías en ese momento final?

    ¿Acaso, no sería este un  momento para expresarles las cosas más importantes y preciadas en tu corazón —palabras que expresen los sentimientos más profundos de tu alma hacia los que amas—?

    Si eres como la mayoría de seres humanos, tu deseo más grande sería que tus últimas palabras fueran las más amables, provechosas, y sinceras que puedas dejarles a esas personas que significan tanto para ti.

    En la vida de todas las personas, existen momentos claves en donde se enfrentan a la necesidad de expresar las últimas palabras.

    Antes de morir, una persona  generalmente ora por una oportunidad de expresar las últimas palabras de despedida a lo que ama.

    Una persona que está a punto de cambiar de empleo, es probable que necesite expresarles sus últimas palabras a los socios y amigos con los que ha trabajado durante largo tiempo.

    A los Padres también les llega el momento de expresar cuidadosamente las últimas palabras a un hijo o hija justo en el momento antes de que frente a un ministro comprometan su vida a  alguien más en matrimonio.

    Existen diferentes razones por las que quizá tengas que expresar tus últimas palabras en varias ocasiones de la vida. ¿Puedes pensar en un momento específico en donde hayas tenido que escoger tus últimas palabras para decírselas a las personas que más amas?

    Yo recuerdo ese momento de mi vida. Después de servir en una iglesia por muchos años, en una congregación donde literalmente habíamos derramado nuestro corazón y alma, Denise y yo sentimos que era hora de seguir el llamado de Dios en otro lugar. Los días pasaron,  y veía que nos acercábamos a nuestro último servicio de la iglesia con la congregación. Cada vez me volvía más y más consciente de que cuando me parara frente a las personas como su pastor, estaría predicándoles el mensaje más importante que alguna vez hubiera predicado a esa iglesia.

    Durante los años que servimos en esa iglesia, la congregación escuchó varios de mis sermones. Sin embargo, en ese último servicio les estaría expresando mis últimas palabras como su Pastor. Por tanto, debía escoger con sumo cuidado las palabras y expresarlas con sensibilidad. Era esencial que les dejara de mi parte el mensaje que era más importante para ellos, la última vez que me parara frente a ellos como su Pastor.

    Después de que Jesús les lavó los pies a Sus discípulos y les sirvió la primera Cena, permaneció con ellos y les enseño durante un largo tiempo. No sabemos cuánto tiempo tardó la enseñanza de Jesús esa noche, pero, tres capítulos completos (Juan 14, 15, y 16) están dedicados a sus últimas palabras a Sus discípulos. Estos capítulos contienen el archivo inspirado por el Espíritu Santo acerca de lo que Jesús les dijo a Sus discípulos, sólo unas horas antes de que fuera a la Cruz y a la tumba. Ésta sería la última vez que Él les hablaría como el Líder que habían conocido en forma humana.

    Jesús estaba a punto de partir físicamente de este mundo, y sabía que era absolutamente esencial que los discípulos aprendieran a depender por completo del Espíritu de Dios para guiarlos y dirigirlos después de Su partida. Entonces, Jesús utilizó Sus últimos momentos para enseñarles a los discípulos cómo seguir la dirección del Espíritu Santo, de la misma manera que lo habían seguido a Él.

    Quizá a los discípulos les pareció extraño mientras escuchaban a Jesús hablarles acerca del Espíritu Santo. Pues estaban acostumbrados a que Jesús los guiara de manera física y visible; pero ahora, estaban aprendiendo que el Espíritu de Dios se convertiría en su Líder. El Espíritu Santo sería un Líder que ellos no podrían ver, tocar, ni escuchar audiblemente. No obstante, debían seguirlo de la misma forma que seguían a Jesús. Ellos probablemente estaban pensando: “¿Cómo será el liderazgo del Espíritu Santo en nuestra vida? ¿Actuará y pensará diferente a Jesús? ¿Cómo será seguir al Espíritu de Dios?

    Sabiendo que estas interrogantes surgirían de antemano, Jesús utilizó esos momentos finales con Sus discípulos para disipar todo el temor e inseguridad que pudieran sentir acerca de cómo seguir el liderazgo del Espíritu Santo. Por esa razón Jesús fue tan cuidadoso en usar palabras claves cuando les habló acerca de la venida del Espíritu Santo. Por ejemplo, en Juan 14:16, Jesús dijo: “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador…”.

    Quiero que le prestes atención a una palabra muy importante en este versículo  —la palabra “otro”—. En el idioma griego, hay dos palabras que pueden traducirse como la palabra “otro”. La primera es la palabra griega allos, y la segunda es la palabra griega heteros. La palabra allos significa: “uno de la misma clase, del mismo carácter; del mismo tipo en todo el sentido de la palabra” o “casi una copia”. La segunda palabra, heteros, significa: “Alguien de otra clase” o “alguien de diferente tipo”. Esta palabra Heteros conforma la primera parte de la palabra heterosexual, la cual significa, por supuesto, alguien que tiene relaciones sexuales con una persona del sexo opuesto.

    La palabra griega que se usa en Juan 14:16, es la primera palabra, allos. La palabra Allos enfáticamente  significa que el Espíritu Santo será tal cual como Jesús en todas las áreas. Esto conduce  a un mensaje muy fuerte e importante acerca del Espíritu Santo. Jesús quería que los discípulos supieran que el Espíritu Santo era igual a Él. Seguir al Espíritu Santo no sería nada diferente a seguirlo a Él, con la excepción de que el liderazgo del Espíritu sería invisible, en lugar de físico y visible, como el liderazgo de Jesús.

    La cita de Juan 14:16, podría traducirse de la siguiente manera: “Oraré al Padre y Él les enviará a Alguien como Yo en todas las áreas. Él será idéntico a Mí en la forma que habla, en la forma en que piensa, en la forma en que actúa, la forma en la que ve las cosas, y la forma en la que las hace. Él será exactamente como Yo en todas las áreas. Si el Espíritu Santo está aquí, es como si Yo estuviera aquí porque pensamos, nos comportamos, y actuamos exactamente de la misma forma”.

    Antes en Juan 14:8, Felipe le dijo al Señor: “…muéstranos el Padre. Con eso nos basta”. La respuesta de Jesús fue: “…Hace ya tanto tiempo que estoy con ustedes, ¿y tu, Felipe, no me has conocido? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿Cómo entonces dices: ‘Muéstranos al Padre’?” (Juan 14:9).

    Jesús era la imagen exacta del Padre cuando caminó en esta Tierra. En la versión amplificada de Hebreos 1:3, leemos: “Él es la única expresión de la gloria de Dios [el Ser de Luz, el Resplandor radiante de lo divino], Él es la perfecta huella y la imagen misma de la naturaleza de [Dios]…”. Esto significa que Jesús reflejaba el carácter de Su Padre celestial en todas las áreas. Por esa razón, Él le respondió a Felipe: “…El que me ha visto a mí, ha visto al Padre…”.

    Aunque el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo son diferentes Miembros de la Divinidad, sólo existe un Dios, y cada integrante de la divinidad comparte la misma sustancia y esencia. Si ves a Jesús, ves al Padre. Mirando a Jesús podrás descubrir la voluntad del Padre. Jesús hizo y dijo exactamente lo que el Padre hacía y decía. Su vida, actitudes, y acciones fueron la absoluta manifestación de la voluntad del Padre, pues los dos estaban unidos en naturaleza, en carácter, en pensamientos, y en obras.

    Mientras Jesús les enseña a los discípulos acerca del Espíritu Santo, Él lleva esta verdad un poco más allá. Así como Jesús es la imagen exacta del Padre en cada área, ahora Jesús les dijo sin lugar a confusión a Sus discípulos que cuando el Espíritu Santo viniera lo representaría en cada palabra. Por eso, la palabra allos se utiliza para marcar este punto. Y no deja ningún lugar a la duda de que el Espíritu Santo será exactamente igual a Jesús.

    La palabra allos, nos dice  que el Espíritu Santo representa perfectamente la vida y la naturaleza de Jesucristo. Jesús hizo únicamente sólo lo que el Padre celestial haría, y ahora el Espíritu Santo hará sólo lo que Jesús haría. Como Representante de Jesús en la Tierra, el Espíritu Santo nunca actúa por Su propia cuenta o fuera del carácter de la vida Jesucristo.

    Como puedes ver, el Espíritu de Dios fue enviado para traernos la vida de Jesús. Asi, como Jesús se lo dijo a Felipe: “…El que me ha visto a mí, ha visto al Padre…”, y ahora nos dice a nosotros: “Si tienes al Espíritu Santo en tu vida, es como si me tuvieras a Mí”.

    Muy a menudo, escucho a cristianos expresar: “¿Me pregunto cómo hubiera sido caminar con Jesús? ¿No hubiera sido maravilloso caminar con Él, escuchar Su voz, y hablarle?”. Pero, los creyentes que hacen este tipo de interrogantes, no han entendido el ministerio del Espíritu Santo. Pues si ya lo hubieran entendido, sabrían que tener al Espíritu Santo en su vida, es como tener a Jesús justo al lado de ellos.

    Tu y yo debemos dejar de mirar al pasado y afligirnos acerca de lo que perdimos por no haber vivido hace 2000 años. En lugar de eso, necesitamos aprender a dejar que el Espíritu Santo nos lidere y nos guíe; de la misma forma que lo hizo con la Iglesia Primitiva. La ausencia física de Jesús no detuvo a los primeros creyentes para que realizaran milagros, resucitaran muertos, echaran fuera demonios, sanaran enfermos, o trajeran multitudes al conocimiento salvador de Jesucristo. Porque el Espíritu Santo estaba con ellos, El ministerio de Jesús continuó sin interrumpirse.

    Nunca olvides que como hijo de Dios, tienes al Espíritu Santo trabajando en ti y a tu lado durante todo el día. Y porque el Espíritu Santo es la representación exacta de tu Señor y Salvador, es como tener a Jesús ahí mismo, a tu lado.

    Las últimas palabras de Jesús a Sus discípulos giran alrededor del ministerio del Espíritu Santo en la vida de los creyentes. ¡Así de serio era este mensaje para Jesús! Si Jesús consideraba este tema ser tan importante, ¿por qué no le abres tu corazón a la obra del Espíritu hoy? Permite que el Espíritu Santo represente a Jesús en tu vida, en tu iglesia, en tu familia, en tu negocio, y en tu ciudad; así como lo hizo con los creyentes que vivieron durante la época del libro de los Hechos.

    Rick Renner es un respetado maestro de la Biblia, y líder de la comunidad internacional cristiana. Es autor de más de 30 libros, y entre los más vendidos se encuentran Dressed to Kill (Vestido para Matar) y Sparking Gems From the Greek (Gemas preciosas del Griego). En 1991, Rick y su esposa, Denise, se mudaron a la antigua Unión Soviética con sus tres hijos; establecieron iglesias y un seminario bíblico, una asociación pastoral y el primer programa de televisión en este lugar.

    Texto extraído de: Revista LVVC – Edición abril 2014, página 24