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  • Libera a tus ángeles (por Gloria Copeland)

    4-14_gloria-classicNo creo que sea una exageración decir que hoy en día, cada uno de nosotros está enfrentando algún tipo de problema. Alguna clase de dificultad de la que no podemos librarnos sin la ayuda de Dios. Para alguna persona, ese problema podría ser una enfermedad que la ciencia médica no puede curar. Para otra, podría ser un problema financiero o una crisis familiar.  ::  Pero, sin importar qué tipo de pared haya levantado el diablo para impedirte que avances, puedes estar seguro de algo: Dios ha prometido librarte. Sí, así es, pues en la Palabra se nos dice: “Muchas son las aflicciones del justo, pero de todas ellas le librará Jehová” (Salmos 34:19). ¡Amo cuando en la Biblia encuentro la palabra todo!

    ¿Cómo lleva a cabo Dios esa liberación? Una de las formas en que lo hace es a través de los ángeles. Quizá no le hayas dado mucha importancia a los ángeles. ¡Pero deberías! En los días peligrosos en que vivimos, su labor es vital para tu seguridad. Por esa razón necesitas comprender la manera en que actúan.

    En Salmos 91:9-11, leemos: “Por haber hecho al Señor tu refugio, y al Altísimo tu lugar de habitación, no te acontecerá ningún mal, ni ninguna plaga o calamidad se acercará a tu morada. Porque Él les asignará a Sus ángeles como encargo [especial] tu vida, para acompañarte, defenderte y preservarte en todos tus caminos [de obediencia y servicio]” (AMP).

    Dios les encarga a Sus ángeles tu vida. Les pedirá que te protejan… te guarden… y te ministren.

    En Hebreos 1:14, leemos: “No son todos los ángeles espíritus (siervos) ministradores enviados al servicio de [Dios para asistir a] los herederos de la salvación” (AMP). Si eres heredero de la salvación, los ángeles han sido enviados para servirte. Y su ministerio literalmente puede salvarte la vida.

    Esa verdad salvó la vida de Sadrac, Mesac y Abednego. La Biblia nos relata que fueron capturados y llevados delante del rey porque se negaron a postrarse delante de su ídolo de oro —y fueron sentenciados a morir en un horno de fuego—.

    Cuando el rey les advirtió las consecuencias mortales de sus acciones, los tres respondieron: “No es necesario que te respondamos sobre este asunto. He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado” (Daniel 3:16-18).

    En cada ejemplo bíblico donde los ángeles, de manera sobrenatural, han librado a la gente de Dios, he notado algo en particular: todas eran personas fieles. Sadrac, Mesac y Abednego dijeron: “Aunque nos cueste la vida, no nos inclinaremos”. El rey estaba tan enfurecido que ordenó que calentarán el horno siete veces más de lo normal. El fuego era tan intenso que mató a los soldados que lanzaron a los jóvenes dentro del horno.

    Sin embargo, la Biblia dice: “Y a Dios, el Señor, corresponde librarnos de la muerte [hacernos libres]” (Salmos 68:20, AMP). Dios libró de la muerte a estos tres siervos fieles.

    Cuando Nabucodonosor miró dentro del horno, se atemorizó y les preguntó a sus consejeros:

    “¿No lanzamos a tres hombres atados dentro del fuego? Yo veo a cuatro varones desatados, caminando en medio de las llamas, ¡y no están sufriendo daño! ¡Y la forma del cuarto varón es coma la de un hijo de dioses! Entonces Nabucodonosor se acercó a la puerta del horno de fuego ardiendo, y exclamó: Sadrac, Mesac y Abednego, ustedes son siervos del Altísimo [de pronto, el rey comenzó a hablar con respeto] salgan y vengan aquí. [Ellos] salieron de en medio de las llamas. Y los sátrapas, los asistentes, los gobernadores y los consejeros del rey, se reunieron y vieron a los tres varones —El fuego no tuvo poder sobre su cuerpo, ninguno de los cabellos de su cabeza se quemó; ni sus vestidos tienen quemaduras o cambió su color o su condición, ni siquiera se le adhirió el olor del humo—” (Daniel 3:24-27, AMP).

    Te estoy diciendo, que estos tres jóvenes no sólo fueron librados vivos del horno, sino que salieron sin un solo cabello de su cabeza quemado. Ni siquiera olían a humo.

    Cuando Nabucodonosor vio lo que había sucedido, dijo: “Bendito sea el Dios de Sadrac, Mesac y Abednego, quien envió a Su ángel, y libró a Sus siervos que confiaron en Él” (versículo 28). Hasta el rey Nabucodonosor se dio cuenta de que, debido a que ellos confiaron en Dios, Él envió a un ángel para protegerlos.

    Daniel en el foso de los leones

    El ejemplo de Sadrac, Mesac y Abednego no es algo único. Dios hizo lo mismo con Daniel.  Probablemente recuerdas esa historia. El rey había sido engañado por hombres impíos para sentenciar a muerte a Daniel. Su único crimen fue orar, y la noche que fue lanzado al foso de los leones, el rey se entristeció.

    Después de eso, el rey se fue a su palacio y se acostó sin comer nada. Tampoco permitió que tocaran para él instrumentos de música, y hasta el sueño se le fue.

    Muy de mañana, el rey se levantó y lo primero que hizo fue dirigirse al foso de los leones. Cuando estuvo cerca del foso, con voz triste pero fuerte llamó a Daniel y le dijo: “Daniel, siervo del Dios viviente, a quien tú sirves sin cesar, dime: ¿pudo tu Dios librarte de los leones?” Daniel le respondió: “¡Que viva Su Majestad para siempre! Mi Dios envió a su ángel para que cerrara las fauces de los leones y no me hicieran daño…” (Daniel 6:18-22).

    En algunas Biblias se incluye una imagen para ilustrar esa historia. En ésta, se muestra a Daniel dormido y a los leones, dormidos a sus pies. ¡Eso me gusta! Esa imagen me recuerda que Daniel durmió mejor en el foso de los leones que el rey en su palacio. Daniel tenía paz porque un ángel de Dios lo protegió.

    El profeta Eliseo experimentó la misma clase de protección. En 2 Reyes 6, se nos relata la ocasión en la que él y su criado fueron rodeados por el ejército sirio. Su criado entró en pánico, y exclamó: “¡Señor mío! ¿Qué haremos?” (Versículo 15).

    Eliseo miró a los caballos y los carros de ese enorme y hostil ejército, y declaró: “No tengas miedo, porque más son los que están con nosotros que los que están con ellos” (versículo 16). Él no oró: “¡Señor, ayúdanos! ¡Protégenos! ¡Guárdanos!”. Él estaba confiado plenamente en que Dios los libraría y los protegería. Por esa razón, sólamente oró: “Te ruego, oh Jehová, que abras sus ojos para que vea. Entonces Jehová abrió los ojos del criado, y miró; y he aquí que el monte estaba lleno de gente de a caballo, y de carros de fuego alrededor de Eliseo” (versículo 17).

    Eliseo vio en el ámbito espiritual, no sólo al ejército enemigo; sino los caballos, los carros de fuego y los ángeles que estaban a su alrededor. Había más ángeles que soldados de ese ejército. Y los ángeles estaban listos para darle a Eliseo la victoria que necesitaba.

    Pedro fue liberado de la prisión

    También podemos ver a los ángeles obrando en el Nuevo Testamento. Un ejemplo lo encontramos en Hechos 12, cuando Pedro estaba encarcelado. Santiago había sido asesinado, y Herodes planeaba matar a Pedro el día siguiente: “De pronto una luz iluminó la cárcel y apareció un ángel del Señor, el cual tocó a Pedro en el costado para despertarlo, y le dijo: «¡De prisa, levántate!» Y al instante las cadenas se le cayeron de las manos.” (versículo 7).

    Recuerda que Pedro era un hombre de fe. Si fueran a cortarte la cabeza al amanecer, dudo que podrías dormir de manera tan profunda que un ángel tendría que tocarte para despertarte.

    El ángel le dijo a Pedro que tomara sus zapatos, y que lo siguiera: “Pasaron la primera y la segunda guardia, y al llegar a la puerta de hierro que daba a la ciudad, ¡ésta se abrió por sí misma!” (versículo 10).

    Cuando tus ángeles están actuando, los obstáculos naturales se convierten en nada. Prueba de ello es que las cadenas cayeron de Pedro. Y cuando llegaron hasta la puerta de salida, ésta se abrió por sí sola. Después de que el ángel se fue, Pedro se apresuró para llegar a una reunión de oración, y los creyentes que se encontraban allí se sorprendieron tanto al verlo, que se olvidaron de abrir la puerta para dejarlo entrar. Para Pedro resultó más sencillo ¡salir de la prisión que entrar a la reunión de oración!

    Algo más para pensar acerca de los ángeles es que tienen fuerza sobrenatural y sobrehumana. La Palabra nos dice: “…vosotros sus ángeles, Poderosos en fortaleza, que ejecutáis su palabra, Obedeciendo a la voz de su precepto” (Salmos 103:20, RV60).

    Esa última frase te da una clave para saber qué causa que los ángeles obren a tu favor. Ellos escuchan la voz de la Palabra de Dios. Y También escuchan la voz de Su Palabra que concierne a tu batalla cuando ésta sale de tu boca. Cuando declaras la Palabra de Dios de liberación, los ángeles que están a cargo de tu vida, actuarán para que esa Palabra se cumpla.

    La Biblia nos da instrucciones claras acerca de cómo trabajar con los ángeles: “…No le seas rebelde, porque él no les perdonará su rebelión, porque va en mi nombre. Pero si en verdad escuchas su voz y haces todo lo que yo te diga, seré enemigo de tus enemigos y afligiré a los que te aflijan. Sí, mi ángel te precederá…” (Éxodo 23:21-23).

    No seas rebelde. ¿Cómo puedes ser rebelde con tus ángeles? Confesando cosas contrarias a la Palabra de Dios. Hablando cosas cómo: “Ellos van a matarme… tengo miedo… estoy enfermo…”.

    Cuando confiesas tu derrota y no tu victoria, los ángeles que están a cargo de ti no tienen el derecho de decir: “Pobre insensato, de todas maneras lo bendeciré. Lo protegeré aunque no confíe en Dios”. No, no pueden hacer eso, porque sus manos están atadas por tus palabras de incredulidad. Ellos están limitados. A ellos se les ha encargado escuchar la Palabra de Dios — Palabras de fe. (Salmos 103:20).

    Tus palabras pondrán a tus ángeles a obrar a tu favor o los obligarán a permanecer sentados mientras el diablo te atormenta.

    Si no has obtenido lo que deseas en tus finanzas, en tu salud o en cualquier otra área, el primer lugar que debes revisar es tu propia boca. No culpes a tu cónyuge, ni a tu pastor. Examina tus palabras. No hay escasez de poder angelical. Hay muchos de ellos —billones—. Si existe escasez en tu vida, es la escasez del poder de la Palabra.

    Elimina esa escasez al llenar tu corazón y tu boca con las promesas de Dios acerca de tu victoria. Dale de manera continua a los ángeles la Palabra que necesitan escuchar para protegerte. Cuando seas tentado a hablar acerca de lo mal que está tu situación, deténte. Recuerda lo grandioso de tu salvación. Acuérdate de los ángeles. Recuerda lo que dice en la Palabra de Dios acerca de tu situación. Y abre tu boca.

    Texto extraído de: Revista LVVC – Edición abril 2014, página 20

  • Todo va a estar bien (por Melanie Hemry)

    4-14_profileLas luces de Las Vegas destellaban a la distancia, mientras el sonido de las hélices de un helicóptero hacían que el corazón de Jon Ponder latiera a toda velocidad. Jon entrecerró sus ojos a causa del brillo del reflector que lo enfocaba. Las luces intermitentes y las sirenas de la policía resonaban. Los perros policías ladraban, mientras tiraban de sus correas.

    Sal de automóvil!”. Esa voz estruendosa sonaba como la voz de Dios para Jon en su agitado cerebro. Con sus ojos enceguecidos y su cabeza palpitando salió de su automóvil.

    “¡Arriba las manos!”.

    Jon levantó sus manos.

    “¡Ahora, ponte de rodillas!”.

    Jon se arrodilló en el suelo.

    “¡Ahora, al suelo!”.

    Jon puso su rostro en tierra, con sus articulaciones extendidas, mientras alguien colocaba sus manos en su espalda y lo esposaba.

    “Tienes derecho a guardar silencio…”.

    Fue bueno que esposaran a Jon. Porque para el momento en el que lo pusieron en la cárcel, la furia que había acumulado desde su niñez ardía como un incendio forestal.

    Peleando y pateando, atacaba a cualquiera que quisiera acercársele. A pesar de estar bajo los efectos de la droga y el alcohol, sabía que la policía lo había capturado por todos los robos realizados en los bancos.

    A sus 38 años, se enfrentaba a una condena de 23 años en una prisión federal.

    Jon Ponder no tenía nada que perder. Ya estaba predispuesto a la violencia, y estaba fuera de control, cuando la puerta del lugar en el que se encontraba se abrió y un hombre que nunca había visto entró. El hombre era caucásico, de aproximadamente 50 años de edad, canoso y con ojos azules como el mar profundo.

    Jon miró el nombre en su placa. Se trataba del agente especial Richard Beasley. Él era el agente del FBI que lo rastreó y capturó. Cuando él entró a la sala, algo impactó a Jon. Era una sensación que no experimentaba con frecuencia.

    Paz.

    Nadie dijo una sola palabra, y sin embargo, Jon sintió como si esa estruendosa voz le hablara a cada célula de su tembloroso cuerpo.

    “Todo va a estar bien”.

    “Hasta ese punto en mi vida no había ninguna señal de que todo iba a estar bien otra vez”, Jon recuerda. Pues, “Yo fumaba tres cajetillas de cigarrillos al día y era adicto a varias drogas, incluyendo la cocaína y la heroína. Era tan violento que me enviaron a la celda de aislamiento, mientras esperaba el día de mi audiencia. Los síntomas de abstinencia eran horrendos.

    “Un día, el capellán abrió la escotilla por donde me daban la comida en mi celda, y me dijo: “¡Jesús te ama!”. Yo le grité: “¡Aléjate de mí!”. Antes de irse, dejo caer una Biblia a través de la ventanilla. Estaba furioso y no tenía ni la menor intención de leerla, pero, después de dos semanas, estaba tan aburrido que tomé la Biblia y empecé a leer el Nuevo Testamento.

    “Crecí en las calles de la ciudad de Nueva York, uno de seis hermanos cuyo padre abandonó” Jon explica. “Nuestra madre era fuerte, pero no pudo mantenernos alejados de las pandillas y las calles. En verano, visitábamos a mi abuela Madea, en Mississippi. Leer el Nuevo Testamento trajo a mi mente recuerdos de cuando asistíamos con ella a la iglesia y escuchábamos historias acerca del ciego Bartimeo, la mujer del pozo y la mujer del flujo de sangre”.

    “Después de un par de semanas, el capellán volvió a abrir la ventanilla y me dijo: “Jesús te ama”. Esta vez, me dejó otro libro. Era: En Búsqueda de Su Presencia, por Kenneth y Gloria Copeland. Busqué el mensaje correspondiente a la fecha y lo leí. Era como si hubiera sido escrito para mí”.

    “A medida que leía ese devocional y la Biblia, la cosa más extraña sucedió. La ira, que había sido mi constante compañera durante muchos años, desapareció. Solo en la celda de esa prisión, era consciente de que Jesús estaba conmigo. Y por medio de su libro, el hermano Copeland también estaba conmigo”.

    El poder del perdón

    Una mañana, uno de los prisioneros salió en libertad. Al pasar por la celda de Jon, le expresó: “Escúchame, no puedo llevarme esto conmigo. ¿Puedo dártelo a ti, Ponder?”. Y el pasó por la ventanilla un pequeño radio receptor con un solo auricular. Acostado en su litera, Jon intentó buscar una estación de radio, pero sólo pudo encontrar la señal de: KSOS 90.5—una estación cristiana—.

    Jon Ponder no necesitaba a nadie que le dijera lo malo que era. Esas eran noticias viejas. Él había empezado a beber, consumir drogas y a robar a la tierna edad de 12 años.  Detectives habían ido a su escuela secundaria para arrestarlo por robo a mano armada. Tenía hijos que realmente no conocía. Era un adicto y ya tenía una carrera criminal.

    Jon sabía que era un pecador. No era ninguna sorpresa. Lo que si logró impactarlo fueron las historias que el DJ en la radio contó acerca del perdón de Dios. Esas historias lo quebrantaron hasta el punto de caer en el suelo llorando.

    ¿Podría Dios perdonarlo?

    ¿Lo perdonaría Dios?

    Gateó hacia a su litera y se quedó dormido mientras escuchaba la radio. Cuando se despertó a las 2 a.m., Billy Graham estaba predicando acerca del hijo pródigo. Jon escuchó cuando Graham dijo: “Jesús quiere ser el Señor de tu vida”.

    En ese momento, Jon se puso de pie y oró la oración del pecador, aceptando a Jesús como su Salvador. Al estar en su celda de aislamiento, se convirtió en una nueva criatura. Las semillas que Madea había sembrado, más de 40 años atrás, por fin estaban  dando fruto.

    Durante los largos meses de confinamiento, Jon se alimentó constantemente de la Palabra de Dios. Cuando el momento de conocer su sentencia llegó, los guardias lo llevaron encadenado a la Corte. Esperando en una celda con barras de acero inoxidable, Jon cayó al suelo y oró.

    “Dios, yo sé que eres real”, dijo. “He experimentado Tu presencia en mi celda. Quiero que sepas que a partir de este día, voy a invertir cada instante de mi vida para servirte. Y te serviré cada día de la condena que me den. Lo único que te pido es que tu te pongas la toga de ese juez, y que mi condena venga de Ti.

    Al entrar a la corte, Jon sintió de nuevo esa paz; la cual, ahora, reconocía como la presencia de Dios.

    El juez le preguntó a Jon si tenía algo que decir.

    Él se puso de pie y habló desde su corazón. Cuando terminó, agregó: “Voy a invertir cada momento de mi vida para ser una mejor persona”.

    Y el juez respondió: “Sr. Ponder, en mis más de 22 años en este cargo, nunca había escuchado a alguien decir lo que usted está diciendo. Incluso si hace sólo la mitad de lo que ha dicho, saldrá de prisión como un hombre transformado”.

    Luego, viendo fijamente a Jon, el juez dijo: “No sé por qué estoy haciendo esto, pero te sentencio a 6 años de prisión federal”.

    ¡Seis años!

    ¡Lo que podría haber sido una condena máxima de 23 años en una prisión, había sido milagrosamente reducida a 6 años! Jon supo que ésta era una intervención de Dios. De hecho, Dios se había puesto la toga de ese juez haciendo que esa sentencia saliera de sus labios.

    Endereza sus pasos

    “Fui enviado al centro penitenciario Allenwood, una prisión de máxima seguridad en Pennsylvania, Jon explica. “Había vivido por suficiente tiempo en el lado equivocado de la ley como para saber que la realidad de las prisiones de máxima seguridad es mil veces peor de cómo la vemos en la televisión. Estaba en una cárcel con casi 950 musulmanes. Y en prisión, tienes que unirte a un grupo para sobrevivir. Puedes asociarte con los Crips, los Bloods, los Aryan Nation o quien quieras, pero si no te unes a un grupo afrontarás las consecuencias”.

    “No había estado mucho tiempo en prisión, cuando los cabecillas de los grupos me preguntaron a qué grupo me uniría. Para ese momento ya había visto a sujetos ser apuñalados hasta morir por no tomar esa decisión, y sabía que si no me unía a un grupo mi vida estaría en peligro. Sin embargo, yo le había hecho una promesa a Dios y debía cumplirla. ¿Cómo podía ofrecerle mi nombre y mi lealtad a uno de esos grupos?”.

    Parado frente a la mesa de los 20 prisioneros más peligrosos, Jon respondió: “Éste no es el estilo de vida que quiero vivir —Yo soy cristiano—.  No vuelvan a llamarme a esta mesa si no es para hablar de Jesucristo o de cómo mejorar su vida. Yo conozco las reglas del juego. Y si debo morir por lo que creo, entonces, terminemos con esto de una buena vez”.

    Casi seguro que su próximo movimiento sería el último, Jon se dio la vuelta y se fue. Más tarde, en el comedor, el único lugar para sentarse era con aquellos hombres.

    “Voy a morir”, pensó Jon mientras se sentaba en la silla. La sensación de peligro sobrecargaba el ambiente y se tornó tan tenso como una tormenta eléctrica. Jon inclinó su cabeza y oró. Ellos lo dejaron solo.

    La soledad era como una prisión en sí misma, y el llamado para recibir correspondencia era una de las partes más duras. Jon no solamente no recibía visitas, sino que el correo dejó de llegar. Muchas veces se acostó en su litera y lloró. “Señor, eres lo único que tengo”, decía.

    “Así es Jon. Y Soy todo lo que necesitas”.

    Un tiempo después, los cristianos de la prisión se unieron para apoyarlo. Hombres que purgaban condenas de entre 20 y 30 años le enseñaron la Palabra de Dios. Le enseñaron a orar. Y lo discipularon para enseñarle como ser un hombre de Dios. Jon asistía a los servicios de la prisión y participaba en los estudios bíblicos.

    Con el tiempo, él llegó a formar parte del liderazgo de la capilla y comenzó a liderar  estudios bíblicos. Además, dirigía pequeños grupos. Jon no estaba en prisión, sino en una universidad bíblica —aprovechando al máximo cada día—. Después de un par de años, los hombres que le exigieron unirse a un grupo, empezaron a buscarlo.

    “Jon, mi hermano menor tuvo un accidente automovilístico. ¿Orarías por él?”.

    “Ponder, mi mamá tuvo un ataque cardíaco. ¿Orarías por ella?”.

    Jon nunca causó problemas y ganó puntos por buena conducta. En el 2007, tres años después de su arresto, fue transferido a una cárcel de seguridad media en Sheridan, Oregon.

    El mismo se plantó en la iglesia de la prisión y se lanzó en la obra de predicar el evangelio.

    Cuatro meses antes de ser puesto en libertad, Jon le preguntó a Dios: “¿Qué quieres que haga cuando regrese a casa?”.

    “Hijo, tú no estás yendo a casa”, el Señor dijo. “Serás mi enviado y en esto hay una diferencia. ¿Recuerdas el día en que fuiste arrestado? ¿Recuerdas la luz del reflector? Ésa era Mi luz, la misma luz que deslumbró a Saulo cuando se transformó en Pablo.

    ¿Recuerdas cuando se te pidió que salieras del asiento del automóvil? Ése era Yo mostrándote que debías salir del asiento del automóvil de tu vida. ¿Recuerdas cuando te dijeron que subieras las manos? Ése era Yo mostrándote el poder de la alabanza y la sumisión. ¿Recuerdas cuando se te ordenó doblar tus rodillas? Ése era Yo mostrándote una posición de humildad.

    ¿Recuerdas cuando se te pidió poner tu rostro en el suelo? Ése era Yo mostrándote cómo debías vivir el resto de tu vida. Serás enviado de vuelta a Las Vegas, una ciudad donde la gente vive en esclavitud.”

    Cuando acabó de cumplir con su condena, Jon fue transferido a una casa de transición. Jon expresa: “Íbamos de camino a Las Vegas a las 6 a.m. y vi las luces de la ciudad. Cuando vi esa ciudad, lloré. Yo había causado estragos en ese lugar, y ahora era mi campo misionero”.

    La vida como en un campo misionero

    “Al día siguiente, recibí una visita. Era el Agente Especial Richard Beasley, el hombre que me había arrestado. Lo miré a los ojos, y ahora sabía porqué sentí esa paz cuando estuve delante de él. Era la unción y la presencia de Dios que estaba en él.”

    “Bienvenido a casa Jon” Beasley me dijo. “Quiero que sepas que he estado orando por ti. Dios me llamó al FBI en parte, por ti.”

    Mientras ambos lloraban, Jon sabía que tenía un amigo para toda la vida. También sabía lo que debía hacer para cumplir el llamado de Dios en su vida. La primera cosa, y la más importante: tenía que encontrar una buena iglesia local donde pudiera crecer bajo la cobertura de líderes fuertes. Y fue asi como encontró una casa espiritual en International Church de Las Vegas (Iglesia Internacional). Luego, debía conseguir un empleo para pagar  cargos y multas a su nombre.

    Después, necesitaba empezar un programa para ayudar a ex-delincuentes.

    Otro deseo en su corazón era casarse con una mujer de Dios. Y dejó ese anhelo en las manos del Señor.

    En el 2009, con la ayuda de un equipo de pastores, Jon fundó un ministerio llamado: Hope for Prisoners (Esperanza para Presos), ayudando a ex-convictos a reintegrarse de manera exitosa a la sociedad. Cuando a su ministerio se le ofreció participar en un programa con una donación de 1.5 millones de dólares, parecía un sueño hecho realidad. Sin embargo, al estar sentado en la mesa listo para firmar los papeles, Jon se sorprendió cuando el Señor le dijo que se levantara y saliera.

    Renunciar a una comisión de casi USD $600,000 no era un reto para alguien que había salido de las pandillas y del sistema penitenciario.

    Jon explica: “El Señor no deseaba que trabajáramos como el resto del mundo. Ni que trabajáramos con agencias, cuyo único objetivo era el dinero. Él quería que trabajáramos con Su gente, aquellos que tienen un llamado al sistema judicial”.

    “Teníamos un programa único de consejería. Nuestro equipo de mentores estaba conformado de pastores y líderes de las iglesias del Sur de Nevada, así como un grupo de oficiales de policía que trabajaban como voluntarios. Dios estaba moviendo nuestra comunidad de reinserción a un terreno inexplorado. Cuando tienes a la iglesia asociada con las autoridades, con el fin de darle mentoría a ex-convictos, esto es verdaderamente como tener ‘un odre nuevo’ ”.

    A través de Hope for Prisoners, Jon también ha pasado a la vida de otros la ayuda que Dios le envío a él por medio de Kenneth Copeland. “Su material cambió mi vida y por medio de nuestro ministerio, muchos ex-pandilleros también están leyéndolo”. “Cada vez que escucho la voz del hermano Copeland, recuerdo todos esos meses que pasé en soledad en la celda de aislamiento, cuando sólo estábamos Jesús, Kenneth Copeland y yo. Él es uno de mis padres espirituales.”

    Hoy, la vida de Jon Ponder ha sido transformada por la Palabra de Dios. Él no sólo esta cumpliendo su llamado en el ministerio, sino también está casado con Jamie, la mujer de Dios que una vez soñó. Y juntos están criando a tres hermosos hijos: Jayden de 14 años, Promise de 2 años y Liberty de 10 meses de edad.

    Durante sus años en prisión, Jon solía orar por restauración en su relación con sus hijos. Ahora, Dios está respondiendo esas oraciones. Además, Jon ha traído a sus hermanos biológicos al Señor.

    Lo que alguna vez parecía imposible, le sucedió a Jon, y hoy el comparte las buenas nuevas, cada vez que se le presenta la oportunidad. No importa cuán adversa sea tu situación, si te vuelves a Dios con todo tu corazón: ¡Todo va a estar bien!

    Texto extraído de: Revista LVVC – Edición abril 2014, página 10

  • La vida victoriosa del cristiano – ¡No dispares! (por Keith Moore)

    4-14_keith-moore_2En Salmos 64:3, David comparó las palabras con flechas. Los impíos, dijo: “Afilan su lengua como espada y lanzan como flechas palabras ponzoñosas” (NVI).

    Hace algunos años, recordé esa comparación cuando me regalaron un arco y un set de flechas con puntas afiladas. Debido a su fuerza y el filo de las flechas, el arco es un arma letal. Por consiguiente, debo ser cuidadoso de cómo lo uso.

    Mientras sostenga la cuerda del arco con mi mano, yo estoy en control de la flecha. Pero, en el momento en el que suelto la cuerda; ya no está más bajo mi control. La flecha simplemente se dirige hacia el lugar donde fue apuntada. No puedo detenerla, o bajarle la velocidad. Una vez lanzada, va por sí sola hacia su objetivo.

    Y es así exactamente como son las palabras. Mientras las palabras estén en tu mente y en tu corazón, sin haberlas dicho, tienes tu mano sobre el arco. Está bajo tu control. Puedes bajar el arco y no dispararlo. Pero si sueltas la cuerda —declaras las palabras—, la flecha saldrá disparada. Y no habrá forma de detener esas Palabas que has dicho.

    Y si tus palabras son “flechas mortales”, podrían causar daño no intencionado. Imagina que llevo mi arco al trabajo en la mañana, me enojo y empiezo a disparar flechas en todas las direcciones. ¿Qué crees que pasaría? En el momento en el que me tranquilizo, veo a la gente a mí alrededor, tirada en el suelo con flechas que los atraviesan.

    Por supuesto, puedo correr a la primera víctima que encuentre y disculparme: “¡Oh, por favor perdóname, estaba enojado por algo. No era mi intención dispararte. No estaba ni siquiera pensando en ti. No te apuntaba, sólo comencé a disparar. ¡Lo siento!”.

    Pero, ¡el problema es que sigues herido! Puedo quitarte la flecha, ponerte aceite y vino en la herida; sin embargo, no importa cuánto me disculpe, no puedo deshacer las palabras que te hirieron. Aun estás herido, y yo tendré que dar cuenta de esas palabras ociosas (Mateo 12:36).

    Podemos evitar desastres como éste si obedecemos los principios de la Palabra de Dios. En Proverbios 15:28 vemos que: “El justo piensa bien, antes de responder; la boca de los impíos profiere malas palabras”. Y en Santiago 1:19, se nos pide que seamos: “…lentos para hablar…”.

    Por tanto, la próxima vez que te sientas tentado a “disparar palabras con tu boca”, détente; y considera si tus palabras pueden convertirse en “flechas mortales”. Reflexiona en el efecto que tus palabras tendrán antes de decirlas. Y así, después, no tendrás que disculparte por lo que dijiste.

    Keith Moore es el fundador y presidente de Moore Life Ministries y pastor de la iglesia Faith Life Church en Branson, Missouri. Para obtener más información o materiales del ministerio, escribe a Moore Life Ministries, P.O. Box 1010, Branson, MO 65615; o llama al teléfono 1-417-334-9233; también puedes visitar www.moorelife.org.

    Texto extraído de: Revista LVVC – Edición abril 2014, página 29

  • El alma próspera (por Gloria Copeland)

    4-14_gloria-main¿Qué se necesita para ser realmente próspero?

    Ésta es una pregunta que, como creyente. deberías saber cómo responder. Asumiendo por supuesto que te gusta prosperar. Ahora bien, si no te interesa la prosperidad, entonces no necesitas prestarle atención. Pero, si te interesa y deseas disfrutar todos los recursos divinos que te pertenecen en Cristo Jesús, necesitas saber que debes hacer para recibirlos.

    Personalmente, estoy muy interesada; pues descubrí que es mejor ser próspera y bendecida que vivir en escasez, en deudas y bajo la maldición.

    Así que, desde que nací de nuevo, he estudiado lo que la Biblia dice acerca de la prosperidad. Y aunque he aprendido mucho, y sigo aprendiendo, en mis más de 40 años de investigación acerca de este tema, he encontrado un versículo de la Palabra que puede resumir muy bien todo lo que he descubierto. El versículo es 3 Juan 1:2: “Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma”.

    Ahí, en ese solo versículo, encontramos la respuesta a nuestra pregunta: ¿qué se necesita para ser próspero?

    Se necesita un alma próspera.

    “Pero Gloria”, podrías decir, “¿acaso no todos los cristianos tienen un alma próspera? O ¿acaso no obtuvimos un alma prospera de manera automática como el producto de nuestra salvación?”

    No, no es así.

    Cuando recibimos la salvación, o como Jesús lo llamó: “nacer de nuevo”, la parte de nuestro ser que prosperó fue nuestro espíritu. Éste fue recreado de manera instantánea a la imagen de Dios, y fue hecho totalmente nuevo. Pero nuestra alma, la cual se compone por nuestra mente, nuestra voluntad y nuestras emociones, se mantiene relativamente sin un cambio.

    La mayoría de nosotros descubrió esa verdad días u horas después de haber sido salvos. Para nuestro pesar, descubrimos que a pesar del nuevo nacimiento de nuestro espíritu, seguimos teniendo pensamientos mundanos, tomamos las mismas decisiones insensatas y continuamos sintiendo las mismas emociones que antes.

    Aunque todo esto parezca desconcertante, la razón es muy simple: A diferencia del nuevo nacimiento, la transformación del alma no sucede de manera instantánea. Es un proceso que toma tiempo, mientras nuestras mentes son renovadas por medio de la revelación de la Palabra de Dios.

    Lamentablemente, muchos cristianos jamás se comprometen a realizar este proceso. Obtienen su salvación, y forman parte de la familia de Dios; pero, debido a que no invierten tiempo en Su Palabra, no aprenden a como caminar con Él. Y el resultado es que su alma nunca prospera y nunca disfrutan de todos los beneficios de la BENDICIÓN que les pertenecen como creyentes.

    Por esa razón, el apóstol Pablo dijo: “No tengo yo mayor gozo que este, el oír que mis hijos andan en la verdad” (3 Juan 1:4). Andar en la verdad de la Palabra hace que nuestra alma prospere. ¡Y tener un alma próspera es el fundamento de una vida de prosperidad!

    Por esa razón, predico mucho acerca de invertir tiempo en la Palabra. Ya que es la clave más importante de nuestro éxito como creyentes. No podemos prosperar en Dios sin antes saber lo que Él nos dice, y sin luego practicarlo.

    Puedo suponer que probablemente estás pensando: ¿Y qué de todas las personas que no tienen a Dios y son ricas dentro del sistema del mundo? ¡Ellas ganan millones e ignoran por completo todo lo que la Biblia dice!

    Sí, es cierto. Pero tienes que recordar que esa clase de prosperidad es una prosperidad limitada porque no proviene de Dios. Es probable que les provea mucho dinero, pero al final los dejará miserables.

    En cambio, ¡la prosperidad divina no tiene límites! Ésta incluye todo lo bueno. No sólo incrementa tus finanzas, sino también te da paz, gozo, salud y una larga vida. La prosperidad que viene del Señor te bendice en cada área de tu vida, y te deja sin que nada te falte y sin nada roto o incompleto.

    Cuando prosperas en el Señor, así como prospera tu alma, ¡tú disfrutas de una vida absolutamente hermosa!

    No necesitas tener familiares ricos, ni de un número de lotería

    Otra cosa absolutamente maravillosa acerca de la prosperidad que proviene de Dios, es que: ¡cualquiera puede obtenerla!

    No necesitas tener familiares ricos, ni ser un genio en el área financiera, ni poseer un gran talento natural. Tampoco necesitas ganarte la lotería. Sólo debes abrir tu Biblia, leerla, creerla y actuar como te dice que lo hagas. Lo único que necesitas es encontrar en la Palabra lo que es verdad y luego vivir conforme a esa verdad.

    Quizá alguien diga “¡Pero no sé nada acerca de la Biblia!”. Está bien, yo tampoco sabía nada de ella cuando nací de nuevo. Cuando era una niña, raras veces asistía a la iglesia, y mis padres no conocían mucho acerca de Dios para enseñarme. Aunque en la casa de mi abuela se miraba a Oral Roberts por televisión, ella me decía que cuando él oraba por los enfermos se les pagaba para que dijeran que habían sanado. Yo sólo era una niña, así que lo creí, y pensaba: “¿Me pregunto cuánto les pagará? pensaba ¿Tal vez $5 dólares?”.

    ¡Esa era la clase de luz espiritual que teníamos en nuestra casa!

    Sin embargo, Yo soy la prueba viviente de que no importa que empieces desconociendo todo acerca de la Biblia; eso no significa que debas permanecer así. Después de casarme con Kenneth, gracias a las oraciones que su madre hizo por mi comencé a cambiar. No sólo nací de nuevo, sino también fui llena del Espíritu Santo.

    Ése fue un evento de suma importancia en mi vida. En realidad, nunca maduré mucho en el Señor, hasta que recibí al Espíritu Santo. Y sé que tampoco ningún otro creyente puede hacerlo. ¿Por qué? Porque el Espíritu Santo es el maestro de la iglesia. Él es el que fue enviado por Dios para capacitarnos y corregirnos. Él es quien nos trae luz y nos revela la verdad de Dios. Él es nuestro Maestro.

    Normalmente, sin embargo, no lo hace mientras estamos durmiendo, o viendo un programa humorístico en la televisión. Lo hace mientras buscamos a Dios por medio de Su Palabra. Mientras leemos la Biblia, el Espíritu Santo hace que las palabras escritas en ella salgan de esas páginas y nos hablen. El Espíritu Santo hace que esas palabras cobren vida en nosotros; de modo que podamos declarar: “¡Oh, ahora entiendo! ¡Ahora veo como necesito cambiar mi comportamiento. ¡Ahora sé que debo cambiar lo que creo y lo que digo; para así poder caminar en línea con la Palabra de Dios!

    Eso fue exactamente lo que me sucedió. Después de ser llena del Espíritu Santo, empecé a crecer en mi conocimiento de la verdad, y ésto pasó solamente leyendo y estudiando mi Biblia en casa. Después de uno o dos años, Kenneth y yo comenzamos a escuchar enseñanzas de ministros como Kenneth E. Hagin y Oral Roberts. Y a medida que asistíamos a sus reuniones, y escuchábamos sus mensajes, una y otra vez, en nuestro reproductor de carrete (pues en ese tiempo no existían los CDs o MP3) mi crecimiento se aceleró. Y la prosperidad de mi alma se incrementó de manera rápida.

    Asi es como Dios diseñó que funcionaran las cosas. Por esa razón: “…él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros” (Efesios 4:11). Dios nunca pretendió que cada generación de creyentes tuviera que comenzar y aprender desde cero. Sino, que nos beneficiáramos de la revelación de las generaciones pasadas, a fin de que creciéramos de forma rápida y continuáramos aprendiendo.

    ¡Es una bendición que en estos días podamos escuchar buenas enseñanzas fundamentadas en la Palabra, no sólo semanalmente en la iglesia, sino todos los días en la televisión y por medio de la Internet! ¡Es maravilloso poder asistir a reuniones como la Convención de creyentes del Suroeste, en donde podemos sumergirnos en la Palabra de Dios durante seis días completos!

    Siempre me quedo asombrada y maravillada al ver cuánto puede prosperar mi alma en el transcurso de solo una semana durante esa convención. Si nunca has asistido a una de esas reuniones, deberías hacerlo. Pues ésta podrá cambiar tu vida por completo.

    Seguramente, tus amigos pensarán que eres un poco raro al usar tus vacaciones escuchando a un grupo de predicadores. Es probable que hasta digan que te falta un tornillo. ¡Pero, a quién le importa lo que ellos opinen! ¡Pasar de esa forma tus vacaciones acelerará tu prosperidad! Te dará una gran oportunidad de recibir: “…con disposición la Palabra que ha sido implantada y arraigada [en sus corazones], la cual tiene el poder de salvar sus almas” (Santiago 1:21, AMP).

    Si el aprovechar esa oportunidad te hace un “loco” ante los ojos del mundo, pues que asi sea. ¡Tú serás un “loco” próspero, gozoso y con una vida absolutamente bella!

    Sigue adelante

    “Pero Gloria”, podrías decir, “yo ya hice todas las cosas que has sugerido. Ya leí mi Biblia, ya asistí a la Convención de creyentes. Creí y actué conforme a la Palabra que escuché en la convención; sin embargo, no he obtenido todos los resultados que desearía”.

    Entonces, persevera. Sigue adelante y recuerda lo que Santiago 1:25 nos enseña. La persona que lee atentamente la Palabra: “…la obedece, y persevera en ella, no será sólo un oidor que olvida, sino un hacedor [que obedece], y será bendecido en todo lo que haga (en su vida de obediencia)” (AMP, Énfasis mío).

    ¡Se requiere perseverancia para tener un alma próspera!

    ¿Y por qué? Porque, aunque la Palabra siempre da resultados cuando actuamos conforme a ésta, esos resultados no pueden verse de la noche a la mañana. Jesús nos dijo en Marcos 4 que la Palabra es como una semilla. Crece de forma gradual, y necesita tiempo para producir una cosecha.

    Además, la mayoría de nosotros antes de ser salvos, pasamos años pensando y haciendo lo contrario a la Palabra. Entonces, especialmente cuando empezamos a sumergirnos en las cosas de Dios, toma un tiempo para que nuestros pensamientos cambien.

    Kenneth y yo descubrimos esto en 1967, cuando comenzamos a escuchar la verdad de la Palabra de Dios acerca de la prosperidad. En ese entonces, nos encontrábamos en una situación financiera desesperante. Teníamos una montaña de deudas, muy pocos ingresos, y una familia que alimentar. Así que como te puedes imaginar, queríamos ver la BENDICIÓN de Dios manifestarse en nuestras finanzas, ¡y deseábamos verla lo más pronto posible!

    Sin embargo, aunque éramos diligentes en leer la Palabra de Dios, meditándola y confesándola, nos tomó un tiempo renovar nuestra mente y comenzar a pensar más como Dios piensa con respecto a la prosperidad. Llevó cierto tiempo lograr que Su Palabra habitara en abundancia en nuestra vida en esa área.

    Nuestras facturas no fueron canceladas en las primeras semanas, ni en los primeros meses. Sin embargo, nos aferramos a la Palabra. La mantuvimos frente a nuestros ojos y en nuestros oídos, hasta que comenzó a salir de nuestra boca. Invertimos tiempo en ella hasta que se hizo más real en nuestra vida que las circunstancias a nuestro alrededor.  La Palabra llegó a cobrar vida en nosotros a tal punto que nos hablaba de día y de noche. Y a medida que lo hicimos, nuestras almas comenzaron a prosperar.

    Casi un año después, fuimos libres de deudas.

    Ahora bien, ¿queríamos esperar un año para ver ese resultado? ¡Por supuesto que no! Pero gracias a Dios, seguimos perseverando. Nos mantuvimos buscando y aprendiendo lo que Él enseña en la Palabra de Dios —no sólo acerca de la prosperidad, sino también acerca de la sanidad y de otras áreas—.

    Hoy en día aún seguimos perseverando y aprendiendo de la Palabra. Continuamos esforzándonos en ser hacedores de la Palabra. Y como resultado, nuestra alma continúa prosperando, y nosotros seguimos siendo bendecidos.

    Ganando dinero desde nuestra propia casa

    Lo mismo puede pasarte a ti. Después de todo, Dios quiere bendecirte de la misma manera que Él quiere bendecirnos a Kenneth y a mí.

    Quizá te preguntes: “¿Estás segura?”.

    ¡Sí, estoy segura! La Biblia no deja duda alguna acerca de esto; y nos explica claramente -en blanco y negro- que Dios quiere que todos Sus hijos sean prósperos y sanos. La Biblia de hecho nos dice que Dios en realidad se agrada en prosperar a Su pueblo (Salmos 35:27).

    ¡BENDECIRTE y prosperarte son dos de las cosas favoritas que a Dios le gusta hacer por ti.

    Pero para que Él pueda hacerlo, tú debes poner de tu parte y cooperar. Necesitas escudriñar a fondo Su Palabra, y obedecer lo que dice en Proverbios 2:1-9:

    “Hijo mío, presta atención a lo que digo y atesora mis mandatos. Afina tus oídos a la sabiduría y concéntrate en el entendimiento. Clama por inteligencia y pide entendimiento. Búscalos como si fueran plata, como si fueran tesoros escondidos. Entonces comprenderás lo que significa temer al SEÑOR y obtendrás conocimiento de Dios. ¡Pues el SEÑOR concede sabiduría! De su boca provienen el saber y el entendimiento. Al que es honrado, él le concede el tesoro del sentido común. Él es un escudo para los que caminan con integridad. Él cuida las sendas de los justos y protege a los que le son fieles. Entonces comprenderás lo que es correcto, justo e imparcial y encontrarás el buen camino que debes seguir” (NTV).

    Para las personas que aún no han nacido de nuevo, la idea de buscar la sabiduría de Dios por medio de la lectura y el estudio de la Biblia todos los días puede parecer algo aburrido. Sin embargo, para nosotros como creyentes, la Biblia nunca es aburrida; siempre nos dice cosas buenas acerca de nuestra vida. Constantemente nos habla acerca de cómo Dios nos sanará, nos prosperará, y nos dará todo lo bueno. De manera continua, la Biblia nos provee la sabiduría que necesitamos para gozar de una vida abundante.

    Como hijos de Dios nunca nos cansamos de leer Su Palabra, porque cada vez que la abrimos, ¡es como si estuviéramos ganando dinero desde nuestra propia casa! ¡Y es bendición, tras bendición, tras bendición!

    Entonces: anímate acerca de este tema. Haz un compromiso nuevo de mantener la Palabra frente a tus ojos y en tus oídos. Dedícale tiempo todos los días y no lo hagas como un ritual religioso, sino porque reconoces que mientras más renueves tu mente con la Palabra, más podrás caminar en la verdad. Y podrás prosperar más, así como prospera tu alma en cada área de tu vida.

    Texto extraído de: Revista LVVC – Edición abril 2014, página 27

  • Una guerra que sólo la Iglesia puede ganar (por Kenneth Copeland)

    4-14_kenneth-mainEn la década de 1960, el gobierno de los Estados Unidos de América inició una guerra contra la pobreza. El presidente Lyndon Johnson fue el propulsor de esa iniciativa; la cual, en aquel entonces le pareció una muy buena idea a muchas personas —incluyendo a los Demócratas y a los Republicanos—.

    Sólo había un problema:

    Ésa era una guerra que ni el gobierno de los Estados Unidos, ni ningún otro gobierno del mundo podía ganar.

    En la actualidad, el porcentaje de población pobre en Estados Unidos es casi idéntico al de la década de los 60 porque la pobreza no es un problema financiero. Es un problema espiritual. Y no puede ser resuelto ni erradicado por los políticos ni por los programas de asistencia social creados por los hombres.

    Puedes invertir todo el dinero que quieras para erradicar la pobreza, pero no lo lograrás. Al contrario, empeorarías la situación; porque el diablo es la fuerza de empuje que está detrás de la pobreza, y utiliza el dinero como influencia y poder. Él ya se dio cuenta que si puede influenciar a las personas para que busquen otra fuente, que no sea Dios, para suplir sus necesidades (sin importar qué escojan como fuente: el seguro social o la bolsa de valores); obtendrá el control sobre ellas… y tener el control es lo único que le importa a Satanás.

    Por esa razón, el Señor no quiere que Su pueblo dependa financieramente de nada, ni de nadie que provenga del orden económico mundial. Dios no quiere que veas al gobierno como tu fuente de prosperidad. Tampoco quiere que pongas tus esperanzas en tu tío rico “Charlie”. Ni siquiera quiere que dependas de la empresa donde trabajas.

    Dios quiere que dependas sólo de Él, pues sólo Él puede librarte del dominio del enemigo y prosperarte—sin importar lo que esté sucediendo en la economía mundial.

    Mis padres descubrieron esa revelación durante la recesión de la década de 1930. La economía era miserable alrededor de toda la nación en ese entonces. Y en especial en el Oeste de Texas, donde vivían mis padres. En aquellos días, era muy difícil sobrevivir en esa región —incluso en las buenas temporadas—. La fuente principal de ingresos eran los pequeños agricultores, y como ninguno tenía un sistema de irrigación, aun la sequía más pequeña podía causar un gran problema. Así que ya puedes imaginarte que sucedió de 1931 a 1941 cuando prácticamente no llovió.

    Durante esos 10 años, la extensión territorial de Texas, Oklahoma y Nuevo México, se convirtió en un gran tazón de arena. Las tormentas de arena se intensificaron tanto que la gente moría en ellas. Sus pulmones se llenaban de polvo y no podían respirar. Y como si eso no fuera suficiente, las oportunidades de empleo —las cuales ya eran escasas—también desaparecieron; y a causa de eso, las personas comenzaron a abandonar la ciudad.

    En aquel entonces mi madre y mi padre no sabían mucho acerca de prosperidad divina, pero amaban al SEÑOR. Ellos sabían que Dios era su Fuente, así que al realizar sus votos matrimoniales se comprometieron a diezmar cada centavo de los ingresos que obtuvieran por el resto de su vida.

    Durante todo el tiempo que duró la recesión, mi papá nunca se quedó sin empleo por más de un día completo. Si se quedaba sin trabajo, él y mi madre se tomaban de las manos y oraban por otro. Mi madre me dijo lo siguiente: “Me paraba en la puerta y veía a mi esposo alejarse en el camino hasta que desaparecía por completo. Luego, mientras realizaba las tareas de la casa alababa y adoraba a Dios”.

    Mi padre siempre conseguía empleo en menos de 24 horas. Dios lo dirigía y le mostraba a dónde debía ir y le conseguía uno —el mejor—, en una temporada donde nadie lo encontraba. ¡Hablando de ganar la guerra contra la pobreza!, en una de las peores temporadas que el país haya experimentado. Mientras otros dependían del gobierno o de alguien más dentro del sistema del mundo para suplir sus necesidades, mis padres pusieron su mirada en Dios, siguieron diezmando y fueron BENDECIDOS.

    Manteniendo pobres a los pobres

    Quizá puedes decir: “Bien hermano Copeland, me alegra que le haya ido tan bien a tus padres, pero seguramente no pensarás que todos deberíamos seguir su ejemplo. Seguramente no estás sugiriendo que Dios quiere que las personas que viven en genuina pobreza sean dadores”.

    No, no estoy sugiriéndotelo. Te lo estoy asegurando, pues está en la Biblia. Lucas 6:38 le habla a los pobres y a los ricos: “Den, y se les dará una medida buena, incluso apretada, remecida y desbordante. Porque con la misma medida con que ustedes midan, serán medidos”.

    Fue el diablo quien inventó la idea de que no debemos esperar que una persona pobre dé. Ésa es su manera en la que el mantiene al pobre siendo pobre. Dios quiere que todos diezmen y ofrenden para que Él pueda enriquecerlos.

    Jesús confirmó esa verdad con la reacción que tuvo cuando la viuda pobre ofrendó en el Templo. Jesús siempre hizo la voluntad de Su Padre; si Dios no hubiera querido que los pobres ofrendaran, Jesús se habría opuesto cuando la viuda depositó en el cántaro de las ofrendas los únicos dos centavos que tenía. De ser así, Jesús habría dicho: “Espera un momento mi querida viuda, Dios no necesita tu dinero. Este lugar está lleno de personas ricas que pueden financiar Su obra. Así que guarda esos dos centavos para ti porque los vas a necesitar”.

    Jesús no se expresó de esa manera. Al contrario, bendijo su ofrenda y declaró que ésa era la ofrenda más generosa dentro del arca de las ofrendas. Además le dijo a Sus discípulos: “…De cierto les digo que esta viuda pobre echó más que todos los que han echado en el arca, porque todos han echado de lo que les sobra, pero ésta, de su pobreza echó todo lo que tenía, ¡todo su sustento!” (Marcos 12:43-44).

    Una de las cosas que espero con ansias cuando llegue al cielo y se abran los archivos de la historia de la Iglesia, es descubrir qué sucedió al final con esa viuda. Es muy probable que se haya convertido en una magnate de bienes raíces, y haya sido una de las dadoras más generosas de la Iglesia Primitiva del Nuevo Testamento. ¿Qué me hace pensarlo?

    ¡Ella accedió a la misma revelación que Pablo más tarde le predicó a los creyentes de Macedonia! Un grupo de personas extremamente pobres; lo que realmente pasó es que esos santos tuvieron que rogarle a Pablo para que les permitiera contribuir con la ofrenda que él estaba recibiendo de otro grupo de creyentes. Cuando Pablo accedió a regoger sus ofrendas, recibió la siguiente revelación de parte de Dios: “…El que poco siembra, poco cosecha; y el que mucho siembra, mucho cosecha… porque Dios ama a quien da con alegría. Y Dios es poderoso como para que abunde en ustedes toda gracia, para que siempre y en toda circunstancia tengan todo lo necesario, y abunde en ustedes toda buena obra” (2 Corintios 9:6-8).

    De acuerdo con la versión The Amplified Bible, para que siempre y en toda circunstancia tengan todo lo necesario, quiere decir lo siguiente: “posean suficiente para no pedir ayuda o apoyo y estén provistos en abundancia para toda buena obra y donaciones caritativas”. Yo creo que ésa era la recompensa que la viuda esperaba recibir de parte de Dios, y eso obtuvo.

    El tazón de arroz de USD $35,000

    Puedes decir: “Pero el Nuevo Testamento aún no había sido escrito cuando la viuda ofrendó sus dos centavos. ¿Cómo sabía lo que Dios haría por ella?”.

    Ella sabía suficientes escrituras del Antiguo Testamento, las cuales le servían para fundamentar su fe:

    “A quienes reparten, más se les da; los tacaños acaban en la pobreza. El que es magnánimo, prospera; el que sacia a otros, será saciado.” (Proverbios 11:24-25).

    “Entreguen completos los diezmos en mi tesorería, y habrá alimento en mi templo. Con esto pueden ponerme a prueba: verán si no les abro las ventanas de los cielos y derramo sobre ustedes abundantes bendiciones. Lo digo yo, el Señor de los ejércitos” (Malaquías 3:10).

    “Honra al Señor con tus bienes y con las primicias de tus cosechas. Tus graneros se saturarán de trigo, y tus lagares rebosarán de vino” (Proverbios 3:9-10).

    Personalmente, estoy convencido que esa viuda tenía tanta fe en esos versículos que más que dispuesta, estaba determinada a dar. Creo que se dirigió hacia el arca de las ofrendas con tanta confianza y audacia que nadie se hubiera atrevido a detenerla.

    Probablemente, la vida de esta viuda era similar a la de otra pobre viuda que el Dr. Paul Yonggy Cho encontró en su iglesia de Corea hace algunos años. Como él lo relata; Esta viuda se dirigió al frente con su tazón de arroz, y valientemente lo puso en el altar. El Dr. Cho sabía que ese tazón de arroz para esa mujer tan pobre podía significar la diferencia entre comer o morir de hambre; así que trató de devolvérselo.

    “¿Quién crees que eres tú para interferir con mi ofrenda?” Ella le dijo, “Este tazón de arroz es mío, y voy a hacer con él lo que Dios me dice”.

    Dr. Cho se hizo a un lado, después de recibir esa reprimenda, (y luego, dijo: “Me la merecía”). De repente, un hombre rico dentro de la congregación salió de su asiento y corrió hacia ella. Este hombre había estado viendo todo lo que la viuda hacía; y con su ofrenda, ella le enseñó algo que cambió su vida. Aquel hombre le dijo: “El SEÑOR me acaba de decir que te pague USD $35,000 por ese tazón de arroz”.

    Y ella le respondió: “Está bien”.

    En un instante, aquella mujer pasó de ser pobre, a rica.

    Quizá digas: “Pero hermano Copeland, ¿qué habría sucedido si aquel hombre adinerado no hubiera obedecido? ¿Qué medio habría utilizado Dios para prosperar a esa mujer pobre? No es posible que Él le hubiera lanzado los recursos desde el cielo”.

    ¡Por supuesto que Él puede! ¿Acaso nunca has escuchado acerca del maná que los israelitas comieron en el desierto? Fue Dios el que lanzó suficiente maná desde el cielo para alimentar a un pueblo de dos millones y medio de personas todos los días. Dios no tiene que depender de los recursos de esta Tierra, pues tiene a Su disposición todos los recursos espirituales de los lugares celestiales —y si necesita más, Él puede crearlos—.

    Ve primero a Dios

    Amigo, Dios es rico, rico, rico… y si eres una persona nacida de nuevo, como heredero con Cristo, todos Sus recursos también te pertenecen. ¡Esto no es sólo religión, es la realidad del Nuevo Testamento! Cuando Jesús fue a la Cruz, Él derrotó por completo la pobreza de tu vida. En 2 Corintios 8:9 dice: “…por amor a ustedes, siendo rico se hizo pobre, para que con su pobreza ustedes fueran enriquecidos”.

    Observa que este versículo no nos dice que Jesús se hizo pobre sólo para suplir tus necesidades. ¡Él se hizo pobre para que tú puedas ser rico! Además, 2 Corintios 9:8 explica cómo esto opera: “Y Dios es poderoso para hacer que toda gracia (cada favor y bendición terrenal) venga a ustedes en abundancia para que puedan siempre y bajo cualquier circunstancia y en cualquier necesidad, ser autosuficientes [poseyendo suficiente para no pedir ayuda o apoyo y estén provistos en abundancia para toda buena obra]” (AMP).

    ¡Ésa es la voluntad de Dios para tu vida! Él no quiere que acudas al gobierno a pedir ayuda financiera. Tampoco quiere que vayas al banco a pedir dinero prestado. Él mismo quiere darte más que suficiente para toda buena obra, de modo que cuando el pastor anuncie: “Construiremos un nuevo edificio para la iglesia”, no digas: “Yo sólo puedo dar un poco”, sino que puedas decir: “Yo pagaré la construcción del ala norte”.

    Tristemente, la mayoría de creyentes no pueden ni siquiera imaginar que algo así sea posible. Pues se ven a sí mismos, a su pasado, a su nivel de educación, etc. y piensan que sería imposible. Incluso dicen: “Ni siquiera Dios podría darme esa cantidad de dinero a mí. Sería muy difícil”.

    Pero, ¡ésa es una declaración completa y absolutamente anti-bíblica! Para Dios nada es muy difícil. Él puede: “…hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros” (Efesios 3:20). La única razón por la que creemos que es algo muy difícil para Dios, es porque lo es para nosotros.

    Así que, deshagámonos de ese paradigma (ese pensamiento). Dejemos de limitar a Dios tratando de entender las cosas con nuestro propio entendimiento, pues éste último es limitado. De acuerdo con la Biblia: “…nada hay imposible para Dios” (Lucas 1:37), y “…al que cree todo le es posible” (Marcos 9:23).
    Así que quitemos la mirada de nosotros mismos y de cualquier otra cosa de este mundo natural; mejor pongamos nuestra mirada en Dios, y creamos sólamente.

    Para hacerlo, por supuesto, debemos renovar nuestra mente al punto de que primero acudimos a Dios en cuanto a nuestras finanzas. No vamos primero al banco, después al tío Charlie; y por último con la abuela, quien seguramente nos dirá que deberíamos orar acerca del tema. ¡No! La oración debe ser nuestro punto de inicio. Somos hijos del Dios todopoderoso, y Él es el dueño de todas las cosas en el cielo y en la Tierra. Somos coherederos con Jesús, y Él fue proclamado heredero de todo. En Cristo, no sólo somos guardianes de los inmensurables recursos de Dios, sino co-propietarios. ¿Cómo podría una persona preocuparse por pagar la renta, sabiendo que es el coheredero de todo el Universo?

    ¡Eso ni siquiera tiene sentido!

    Te diré algo que sí tiene sentido: es que tú, cada creyente y yo tengamos más que suficiente en todas las cosas. Y la razón por la que tiene sentido, es porque, debemos tener abundancia, no sólo para que podamos pagar nuestras cuentas, sino para hacer toda buena obra.

    Ese siempre ha sido el sentir del corazón de Dios: “Al pobre lo levanta de la nada, y saca de la inmundicia al mendigo para sentarlo entre los príncipes.” (1 Samuel 2:8). Y eso es algo que, por más que lo intenten, los gobiernos de este orden mundial decadente no podrán lograr. Dependerá de nosotros, como iglesia del SEÑOR Jesucristo, recibir los recursos que Dios tiene preparados para nosotros, y comenzar a pelear la guerra contra la pobreza, pues ésa es nuestra responsabilidad. A nosotros nos corresponde permanecer firmes en la victoria que Jesús ya ganó y colocar al espíritu de la pobreza en donde corresponde —bajo la planta de nuestros pies—

    Texto extraído de: Revista LVVC – Edición abril 2014, página 4

  • Los tiempos finales—Serán buenos (por Billye Brim)

    2-14_brimDios no está sometido al tiempo; Él es la eternidad. Dios creó el tiempo para su trato con el hombre. Él extrajo un pedazo de la eternidad, la midió y la llamó tiempo. El tiempo como Dios lo midió tiene un principio y un fin. Nosotros estamos situados en algún lugar de esa línea temporal. La pregunta es: ¿En dónde?

    Años atrás, le pregunté al Señor acerca de mi ministerio.

    ¿Quién soy yo?,—le pregunté.

    Tú eres una testigo,—fue la respuesta que escuché.

    Luego, confirmó mi llamado con Hechos 26:16: «Pero levántate, y ponte sobre tus pies; porque para esto he aparecido a ti, para ponerte por ministro y testigo de las cosas que has visto, y de aquellas en que me apareceré a ti».

    En otra ocasión, Dios estableció la conexión entre mi llamado a ser una testigo y los tiempos finales. Y me dio la clave para discernir estos tiempos, cuando escuchaba una enseñanza del Dr. Kenneth E. Hagin en una de las clases de Rhema Bible Training Center.  Mientras enseñaba acerca de “Interpretar la Palabra de manera correcta”, el puntualizaba lo siguiente: «Determina siempre a quién se está dirigiendo una escritura».

    El hermano Hagin dijo: “Una escritura puede dirigirse a una sola persona”, “o puede estar hablando ‘de’ o ‘a’ uno de los tres grupos de personas, los cuales Dios reconoce y trata como tales. Dios menciona estos tres grupos en una carta escrita a la Iglesia».

    Luego, leyó 1 Corintios 10:32: «No seáis tropiezo ni a Judíos, ni a Gentiles, ni a la Iglesia de Dios». En ese momento, a finales de la década del setenta, escuché lo que me pareció una voz audible diciéndome: Si recuerdas ese versículo en tu corazón, éste mantendrá tu doctrina acerca de los tiempos finales libre de error.

    Los Judíos, las Naciones y la Iglesia

    El Señor tiene planes y propósitos para estos grupos. Él tiene juicios y un futuro para los Judíos, para las naciones (gentiles) y para la Iglesia. Y hay gente de cada grupo con un lugar dentro del Milenio —un umbral al que estamos a punto de atravesar—.

    He desarrollado tres áreas en mi vida ministerial de testigo, mirando y diciendo lo que veo—los Judíos, las naciones y la Iglesia—.

    El primer grupo que el Señor me enseñó a observar fue la Iglesia. Me reveló Su plan para la Iglesia gloriosa. (¡Lee la carta a los Efesios!) Y me dio por mentores a generales del ejército del Señor de los últimos tiempos.

    Dios me llevó a las naciones. Durante la década de los ochenta me llevó a la Rusia Soviética donde fui testigo de Dios derrotando al comunismo en 1989. Hemos observado a Europa y las señales de los tiempos finales allí mismo, durante viajes frecuentes a Bruselas y a las naciones del viejo continente.

    Y después, por supuesto, observé a Israel: ¡El reloj de tiempo de Dios!

    Cuando Sus discípulos le preguntaron al Señor: “¿Cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin de los siglos?”. Un punto clave en la respuesta de Jesús fue: «…Mirad la higuera y todos los árboles» (Mateo 24:3; Lucas 21:29).

    La palabra “árboles” en Lucas 21:29, se refiere a naciones. En tanto que “la higuera” en ese versículo ser refiere a Israel (ver Joel 1:6-7). Y “todos los árboles”, son las otras naciones mencionadas en profecía. Los profetas nos dijeron desde el principio las cosas que sucederán en los últimos días, en ciertos países como: Irak (Babilonia), Irán, Siria, Egipto, Rusia, Europa, etc. Es de estos profetas que  recibimos luz acerca de los acontecimientos de estos tiempos. (Ver 2 Pedro 1:19-21).

    Al observar la higuera y las naciones mencionadas en profecía, podemos establecer nuestra posición en la línea temporal y en relación a la culminación del tiempo.

    Cuando hablamos de los tiempos finales, en realidad no nos referimos a la culminación del tiempo mismo, sino al fin de esta era y la transición a la siguiente.

    Desde que Dios le entregó la ley al pueblo de Israel en el monte Sinaí, la tradición judía ha enseñado que Dios le dio a la humanidad una semana laboral de seis días, correspondiente a los seis días de la Creación. Después de estos seis días, el hombre y la Creación entran en el séptimo día, correspondiente al día de reposo del Señor —el Sabbat—, los 1,000 años del reinado Milenario.

    En Salmo 90:4, y 2 Pedro 3:8 se nos enseña que para el Señor 1,000 años en la Tierra son como un día.

    Creo que la Tierra es tan antigua como la ciencia verdadera demanda que sea; sin embargo, el hombre como nosotros lo conocemos fue creado hace casi 6000 años. En otras palabras, y resumiendo, estamos casi al final de la semana laboral de seis días. Y pronto pasaremos al séptimo día.

    ¿Cómo lo sabemos? Al observar las señales de los tiempos. Y estudiando las noticias cotidianas a la luz de la profecía bíblica.

    ¿Qué sabemos del futuro?

    Voy a citarte un fragmento de la introducción al libro de Apocalipsis escrito por F.W. Grant en The Numerical Bible (La Biblia Numérica) en 1902:

    El futuro del mundo estará en gran parte… compuesto de juicio, aunque es cierto que este juicio será para una bendición que espera después de éste y que es tan brillante como Dios puede hacerla… los caminos morales de Dios… el final traerá perfectamente…. El futuro excederá toda y cada promesa del pasado, y es necesario, por consiguiente, que toda profecía sea cumplida en su totalidad; mientras tanto, el cumplimiento parcial nos demuestra ese objetivo, el cual al culminar en su gran final revela su perfección.

    ¿Cómo debemos de actuar en estos días que estamos viviendo, en camino hacia “un futuro tan brillante como Dios puede hacerlo”?

    «Y reinarán en tus tiempos la sabiduría y la ciencia…» (Isaías 33:6). Nosotros debemos conocer la Palabra del Señor para nuestra propia vida, y para estos últimos días, como nos ha sido revelado por los profetas.

    «Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado» (Isaías 26:3). Estos son días de instrucción y revelación gloriosa para aquellos que practican la presencia de Dios, al mantener sus mentes enfocadas en el Señor y en su Palabra.

    Aquellos que pertenecemos al tercer grupo —la Iglesia— esperamos por la maravillosa experiencia de ser transformados de gloria en gloria a la misma imagen del Señor (2 Corintios 3:18). Nosotros —el Cuerpo de Cristo— deberíamos proponernos habitar en Su presencia, caminar en Su Espíritu, participar de Sus beneficios y ser Sus colaboradores, a fin de bendecir al mundo.

    Israel atravesará las fases finales del trato que Dios tiene con ella hasta llegar a una redención y restauración completas. Las naciones “ovejas” entrarán a los reinos que han sido preparados para ellas. La Creación espera la liberación y la restauración.

    Yehiya Tov—¡Será bueno!

    He pasado horas y horas con gente de Israel — gente común, con estudiosos del Torá, con funcionarios gubernamentales y con rabinos— y sé sin lugar a dudas que la Iglesia e Israel están de acuerdo en que la venida del Mesías es inminente.

    Una frase que he aprendido de ellos, la cual usan frecuentemente, y aun en tiempos de dificultad, es: “¡Yehiya Tov!”, que traducido significa: ¡Será bueno!

    Texto extraído de: Revista LVVC – Edición marzo 2014, página 10

  • Es hora de refugiarnos (por Gloria Copeland)

    3-14_gloriaCada día que pasa, estoy más contenta de que Dios haya provisto para su gente un lugar de refugio. Además, estoy sumamente consciente que mejor nos aseguremos de permanecer en ese lugar las 24 horas del día, los siete días de la semana.

    Vivimos en  tiempos  peligrosos, y el final de esta era se aproxima rápidamente;  lo que los profetas han estado declarando desde que la Biblia fue escrita, está cumpliéndose: La luz de Dios está brillando cada vez más, y las tinieblas del diablo se oscurecen día tras día.

    El pecado hoy está fuera de control. Algunas veces me asombra ver cuánto ha incrementado la maldad en el tiempo que llevo de vida. Cosas que eran impensables cuando yo crecía, hoy en día son las más comunes.

    Muchas personas tienen la idea que el pecado no es una gran cosa. Piensan que deberíamos ser más tolerantes. Algunos han llegado al punto de estar orgullosos de él, y lo exhiben ante Dios impunemente.

    Si has leído la historia de la Biblia,  sabes que hacer eso no es algo muy inteligente. Sólo aumenta el nivel de violencia y peligro culturales; le abre la puerta a la calamidad, la destrucción, y por último al juicio divino.

    Quizá lo que diga no es algo popular en estos días, pero sin embargo, voy a decirlo: el pecado no está bien. El pecado acarrea consecuencias con él.

    Cualquiera que piense lo contrario, necesita estudiar lo que le sucedió a Sodoma y Gomorra. Esas ciudades ya no existen; tu y yo no podemos ir allí de vacaciones, ni disfrutar una gira en los museos de antigüedades. Esas ciudades desaparecieron. Dios tuvo que juzgarlas y destruirlas, pues, si hubiese permitido que dicha maldad continuara creciendo, habría contaminado al mundo entero. Hubiera oscurecido los corazones de futuras generaciones e impedido que Dios las alcanzara.

    Aunque el mundo aún no ha llegado hasta ese punto en nuestros días (y no creo que llegue mientras la iglesia continúe en la Tierra predicando el evangelio y viviendo para Jesús), el pecado claramente está teniendo un efecto negativo en este planeta. La Tierra tiene un límite para soportar cierto grado de maldad antes de que ésta se revele y se comiencen a multiplicar los terremotos, incendios, hambrunas, y las plagas. Por esa razón, mientras más nos acerquemos al final de esta era, más peligroso se pondrá el mundo.

    Tú puedes estar seguro y protegido

    “Bueno Gloria” tu podrías decir, “estás haciendo que las cosas luzcan de verdad tenebrosas”.

    Lo sé, y en realidad sería tenebroso  si no fuera por lo siguiente: Como creyentes, Dios ha provisto protección para nosotros. Él nos ofrece un refugio en contra del peligro de este mundo.

    Si aceptamos la oferta que Dios nos hace, entonces podemos ser como el hombre del Salmo 91 que mora en el lugar secreto del Altísimo.  Podremos decir con confianza: “El Señor, Él es mi refugio y mi fortaleza, mi Dios, en quien me apoyo y dependo, y en Él [con seguridad] confío” (versículos 1-2, AMP).

    Un refugio es algo maravilloso, pues  provee un lugar seguro aún en medio de la destrucción más devastadora.

    ¿Has visto fotos viejas de la segunda guerra mundial donde las personas se amontonaban en refugios bajo tierra para protegerse de las bombas? Bueno, esa es una buena ilustración de lo que un refugio puede hacer. Puede protegerte, y literalmente salvar tu vida cuando la maldad y la violencia están estallando a tu alrededor.

    En los momentos de tribulación, incluso un refugio natural puede ser una gran bendición. Pero, un refugio sobrenatural —la clase que Dios provee para nosotros —, es aún una mayor bendición. A diferencia de un refugio natural, en el lugar secreto del Altísimo siempre habrá suficiente lugar. Dios nunca te rechazará, ni te dirá que ya no hay espacio para ti. Él nunca dirá: “Mi refugio está lleno”.

    ¡Dios es grande! Es suficientemente grande para cubrir a todos lo que vienen a Él. Él es tan grande, que puede mantenernos cubiertos de manera continua por Su bondad, a fin de que sin importar el lugar donde estemos podamos decir lo mismo que dijo David en 2 Samuel 22:2-3: «…Jehová es mi roca y mi fortaleza, y mi libertador;

    Dios mío, fortaleza mía, en él confiaré; mi escudo, y el fuerte de mi salvación, mi alto refugio; salvador mío; de violencia me libraste».

    La obediencia importa

    Si alguien necesitó refugiarse alguna vez contra la violencia, ése fue David; en el transcurso de su vida enfrentó muchas cosas. Tuvo que pelear contra el león y el oso cuando atacaron las ovejas de su padre. Tuvo que sin ayuda matar al gigante asesino, Goliat. Pero el pudo hacer todo sin miedo, gracias a que tenía esta revelación: «…el SEÑOR [es]…Misericordia mía y fortaleza mía, mi baluarte y mi libertador, escudo mío en quien me he refugiado…» (Salmos 144:1-2, LBA).

    Mira una vez más las tres últimas palabras. Las resalté para darles más énfasis porque son especialmente importantes. Ellas nos dejan saber que el poder del refugio de Dios no cae sobre nosotros como cae una manzana de un árbol. Hay algo que tenemos que hacer para apropiarnos de ese refugio. Necesitamos activamente “tomar refugio” en Dios.

    ¿Cómo lo hacemos? ¡Por Fe!

    La fe es la clave para recibir todo lo que Dios nos ofrece. Es como recibimos el nuevo nacimiento, la sanidad y la prosperidad. Y como la fe viene por el oír la Palabra de Dios, para tener fe en nuestro refugio lo primero que debemos hacer, es buscar lo que la Palabra de Dios nos dice acerca de éste. Debemos alimentarnos de las promesas de protección de Dios, hasta que todo el temor sea erradicado de nuestro corazón.

    Luego, de acuerdo con Romanos 10:10, confesamos lo que creemos. Hablamos como David lo hizo, diciendo cosas como: “Estoy protegido en el lugar secreto del Altísimo, quien me protege de la violencia. Él es mi refugio, mi defensa y mi ayuda en tiempos de tribulación”.

    Kenneth y yo predicamos con frecuencia acerca de la fe y las palabras, así que si nos escuchas frecuentemente, ya sabes la importancia de ellas. Pero, no sólo basta con ellas. No es solamente lo que crees y lo que dices lo que importa; tus acciones son importantes también.

    Si quieres permanecer protegido en el refugio de Dios,  debes obedecerle. Tienes que hacer lo que te dice que hagas en Su Palabra escrita y por medio del Espíritu Santo en tu interior. De otra forma, estarás abriéndole la puerta al diablo; y el ganará entrada en tu vida y pondrá en riesgo tu seguridad.

    Lo que voy a decir te hará pensar, pero no es más que la verdad. Aunque seamos creyentes — nacidos de nuevo y lavados con la sangre de Jesús—, si queremos vivir en el lugar secreto de protección de Dios, debemos estar firmes y constantes en nuestro caminar con Él. No podemos un día estar en fuego, y recaer al siguiente día. No podemos ser tibios, actuando como santos el día domingo, y como pecadores el día lunes. «…porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor» (Santiago 1:6-7).

    Viviendo en medio del peligro

    Ésa es una razón por la que en mi propia vida enfatizo mucho dedicarle tiempo a de la Palabra de Dios. La Palabra fortalece mi fe, y  me mantiene espiritualmente estable. Me corrige cuando me equivoco y me enseña a vivir como le agrada a Dios.

    Hace 50 años solía hacer y decir cosas sin convicción, cosas que no haría, ni diría hoy porque he pasado tiempo en la Palabra de Dios. Y como resultado, lo conozco más a Él y a sus caminos. He aprendido más acerca de lo que debo y no debo hacer y decir.

    ¿Sabes qué más he aprendido al dedicarle tiempo a la Palabra? He aprendido que Dios es totalmente bueno y que quiere lo mejor para mí. Pero, si elijo ir en dirección opuesta a la suya, entonces estoy tomando mi vida en mis propias manos. Estoy dirigiéndome hacia los problemas; pues así como obedecer Sus mandamientos nos lleva a LA BENDICIÓN, reusarnos a seguir su dirección nos lleva a la maldición.

    La desobediencia a la Palabra de Dios es la puerta abierta a todo lo malo. Es por eso que Santiago 1:22 dice: «Pero sed hacedores de la palabra, y no tan sólamente oidores…». Los cristianos que son sólamente oidores, viven en un territorio peligroso. No obstante, los hacedores viven con seguridad y protección.

    Yo quiero ser una hacedora de la Palabra, ¿y tú? Quiero hacer todo lo que pueda para vivir en obediencia al Señor. Quiero pensar como la Biblia dice que debo pensar. Quiero hablar como la Biblia me dice que debo hablar, y actuar como la Biblia me dice que debo actuar. Quiero habitar en el lugar secreto del Altísimo para poder estar segura y protegida en los tiempos de juicio y tribulación para mi nación.

    Quiza preguntes: “¿Gloria, estás diciendo que nuestra nación se dirige hacia el juicio?”. Ese no es el punto principal; pero admito que es posible. Después de todo, la Biblia nos dice claramente que las cosas se pondrán muy mal en la Tierra antes de que Jesús venga. Personalmente, estoy orando para que antes de que lo peor venga, nuestra nación despierte en el Señor y experimente un gran avivamiento. Luego el rapto (arrebatamiento) puede venir y Dios puede llevarnos con Él.

    Pero, a pesar de cómo acontezca, sin importar qué tan difícil se ponga antes de irnos al cielo; si Dios es tu refugio, no tienes por qué preocuparte. Proverbios 3:25-26, nos dice: «No hay por qué temer la calamidad repentina ni la destrucción que viene sobre los perversos, porque el SEÑOR es tu seguridad…» (NTV).

    Como personas justas, tú y yo podemos sobrevivir al juicio nacional o cualquier otro tipo de peligro. Podremos atravesar los tiempos más difíciles, y terminar más BENDECIDOS que nunca. Si quieres ver una imagen de cómo esto pasa, lee en el libro de Éxodo la historia de lo que Dios hizo por los niños de Israel la noche antes de sacarlos de Egipto.

    ¡Ese sí que fue un tiempo de juicio sobre una nación!. En esa noche, todos los primogénitos de Egipto murieron a causa de la rebeldía contra Dios. Pero en medio de todo eso, el Señor protegió y prosperó a Su pueblo, cumpliendo la promesa que les hizo en Éxodo 11:7: «Pero contra todos los hijos de Israel, desde el hombre hasta la bestia, ni un perro moverá su lengua, para que sepáis que Jehová hace diferencia entre los egipcios y los israelitas».

    Dios hace lo mismo por Su gente hoy, Él hace diferencia entre justos e injustos.

    Quizás alguien diga: “Bueno, no creo que eso sea justo”. Sí lo es. ¡Es absolutamente justo! Cualquiera que se lo proponga puede hacer lo que Dios dice. Cualquiera puede arrepentirse y recibir su perdón. Cualquiera puede recibir a Jesús como su Señor, ser nacido de nuevo, y empezar a obedecer la Palabra y refugiarse en Dios. Jesús dijo: «…y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente» (Apocalipsis 22:17). Eso significa que es nuestra elección recibir o no la justicia de Dios, y tomarlo a Él como nuestro refugio. También es nuestra decisión permanecer en ese refugio día tras día.

    Si optamos por no refugiarnos en el, y si elegimos salirnos de la protección de nuestro pacto con Dios, viviendo en desobediencia a la Palabra, Dios no podrá ayudarnos. Él tratará de corregirnos, pero, si nosotros lo ignoramos e insistimos en ir por nuestro propio camino, sufriremos las consecuencias y no nos gustarán.

    Piensa una vez más en la noche de la Pascua en Egipto, y sabrás a qué me refiero. Antes de que llegara la plaga, Dios les pidió a los israelitas que untaran la sangre del cordero en los dinteles de las puertas, y luego ir adentro de sus casas: «…y ninguno salga de las puertas de su casa hasta la mañana» (Éxodo 12:22).

    ¿Qué crees que le hubiera sucedido a un primogénito de los israelitas, si hubiera tomado la decisión de ir afuera a la media noche e ignorar las instrucciones de Dios?. El hubiera muerto —y esto hubiese sido su propia responsabilidad, pues él decidió desobedecer. El decidió salirse de la protección de la sangre, al ignorar la Palabra de Dios—.

    Mi amigo y compañero creyente, no tomemos esa clase de decisiones en estos tiempos peligrosos. Seamos más serios que nunca con la Palabra de Dios. Pongamos nuestra fe en Dios como nuestro refugio, deshagámonos de la basura en nuestra vida y hagamos lo correcto.

    Así, estaremos seguros sin importar lo que suceda a nuestro alrededor. No sólo sobreviviremos, sino que también prosperaremos… en el lugar secreto del Altísimo.

    Texto extraído de: Revista LVVC – Edición marzo 2014, página 27

  • Lo que crees tiene poder (por Joseph Prince)

    2-14_princeLo que crees tiene poder. Si logras cambiar lo que crees, ¡puedes cambiar tu vida! He conocido muchas personas maravillosas que siguen luchando para controlar su temperamento y sus acciones. No importa cuánto lo intenten o cuánto esfuerzo, tiempo y recursos inviertan en su lucha; terminan como un boxeador derrotado, en su esquina con el cuerpo vencido, la moral destrozada y con la confianza hecha añicos —atrapados una vez más en la culpa, en el temor y en las adicciones que se niegan a irse—.

    Luego, la campana suena anunciando el siguiente asalto. La pelea continúa, y lanzan todo lo que tienen contra su adversario —izquierda, derecha, izquierda, derecha—. Cuando parece que están progresando, el oponente comienza a dirigir golpes a la cabeza, y cada uno viene cargado con una acusación venenosa y condenatoria:

    ¿Quién te crees que eres? ¿Ya te olvidaste de todos los errores que has cometido?

    Las cosas nunca mejorarán. Deberías aceptar que simplemente es así. No funcionará, ¡otra vez vas a fracasar!

    Nadie te ama. Estás completamente solo.

    He visto al adversario utilizar esas tácticas engañosas una y otra vez. He visto a muchas personas intentando salir de la sombra de su pasado o luchando para liberarse de sus adicciones; y al final, terminan rindiéndose a esas mentiras acerca de sí mismos, de su identidad, y de su destino.

    Ése es el poder de creer en forma incorrecta.

    El creer incorrectamente encierra a las personas en una celda. No tienen grilletes visibles, pero sin embargo, al creer en lo incorrecto, hace que se comporten como si estuvieran en una cárcel de máxima seguridad. Y cada día, se dirigen de manera inevitable a sus frías y húmedas celdas de adicciones. Se dejan guiar a los calabozos de comportamientos destructivos. Se han convencido a sí mismas de no soñar jamás con un lugar mejor, creyendo que no tienen elección más que vivir en desesperación, en frustración y en derrota.

    Creer en lo correcto, por el contrario, es la luz que ilumina la senda a la libertad fuera de esa prisión.

    Dios quiere iluminar tu camino

    Ahora bien, antes de etiquetar y dejar de lado este artículo como uno de los tantos que afirman que todo estará bien cuando piensas de manera positiva, detente. Este artículo no trata acerca de psicología humana. Se trata de creer correctamente, y eso nace de una relación íntima y personal con nuestro amado Salvador, y de estar fundados sobre Su Palabra, la cual nos da luz y vida. El salmista lo describe de la siguiente forma: «Tu palabra es una lámpara a mis pies; ¡es la luz que ilumina mi camino!» (Salmos 119:105, RVC). En otra versión, leemos: “Por Tus palabras puedo ver a dónde voy; ellas derraman un rayo de luz sobre mi oscuro camino” (Traducción libre de la versión The Message).

    Amigo, Dios desea derramar un rayo de luz en tu camino, ahora mismo. Cualquier cosa con la que estés luchando hoy, sin importar cuán insuperables parezcan tus retos, comenzarán a cambiar para bien cuando comiences a creer en lo correcto.

    Esas victorias por las que has estado luchando por años, pueden ocurrir en un instante sobrenatural. Lo sé porque he aconsejado y orado por muchas personas que me han contado que al involucrar a Jesús en su situación, triunfaron sobre años de adicciones —al cigarrillo, al alcohol y a la pornografía—. Se levantaron una mañana, y el deseo por continuar con esos malos hábitos ¡simplemente ya no estaba!

    Seamos sinceros, en cierta medida todos creemos de forma incorrecta en algún área de nuestras vidas. Si no me crees, hazte la siguiente pregunta: “¿Cuán frecuentemente me siento ansioso, preocupado o con miedo de que algo malo me suceda, o a mis seres queridos?”. Amigo, estas emociones negativas que nos agotan, sólo son indicadores de lo que realmente creemos de nosotros mismos, de nuestras vidas y de Dios.

    Cuando vivimos atemorizados y preocupados todo el tiempo, vivimos como si no creyéramos que tenemos un Pastor con fuerza y capacidad, quien es bondadoso con nosotros, quien nos guía hacia lugares de delicados pastos, y que con amor nos cuida y nos protege. Y si estar preocupado o temeroso es tu estilo de vida, lo que necesitas es mantenerte escuchando y aprendiendo acerca del gran amor de Dios para contigo y en lo valioso que tú eres para Él. Entre más creas esas verdades —y mientras más las arraigues en tu interior—, más cambiarán tus pensamientos y tus sentimientos; y dejarás de ser víctima de las emociones y los comportamientos insalubres.

    De una forma u otra, todos tenemos creencias equivocadas en nuestro corazón, las cuales deben ser expuestas a la verdad de la Palabra de Dios. Por esa razón necesitamos al Salvador. Nuestras creencias incorrectas sólo podrán desarraigarse al ser expuestas ante Su gracia, y a la verdad de Su Palabra.

    Conociendo la verdad que te hace libre

    El tema principal de este artículo está basado en el siguiente versículo: «y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres»
    (Juan 8:32, RVC). Ése es el versículo más popular de la Biblia, pues incluso se utiliza en la literatura secular. Pero ¿qué significa eso en realidad? ¿Cuál es la verdad que te hace libre?

    Es importante que notemos que Jesús le dijo ésto a los judíos de Su época. Gente que desde pequeños estudiaban y aprendían la ley. Sin embargo, al igual que nosotros en la actualidad, ellos todavía luchaban con temores, ansiedades, enfermedades y toda clase de opresión, ataduras y adicciones.

    ¿Cuál era la verdad a la que Jesús se refería, que al escucharla, haría libres a las personas de todo lo que fuera destructivo? Ciertamente no podía ser la ley porque estas personas eran expertos de la ley. Ya obedecían la ley de la mejor forma que podían; y sin embargo, no encontraban libertad en ella. Amigo, La libertad sólo puede hallarse en Su gracia. Cuando crees de manera correcta en Su gracia y en Su amor hacía ti, los grilletes del temor, la culpa y las adicciones se caerán.

    La gracia: el antídoto para la mente envenenada

    La gracia es la verdad que Jesús vino a darnos. Su Palabra nos dice: «…la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo» (Juan 1:17).

    En los manuscritos griegos originales, la gracia y la verdad son consideradas como una sola palabra, porque el verbo “vinieron” figura en forma singular (vino). La gracia y la verdad son una misma cosa. La gracia es la verdad que tiene el poder para librarte del temor, de la culpa y de toda adicción: «y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres» (Juan 8:32, RVC). La verdad de la gracia, y no la verdad de la ley, es la que trae verdadera libertad a tu vida. La verdad de la ley sólo te ata. De hecho, la esclavitud de la religión es una de las ataduras más devastadoras que puede agobiar a una persona. Ésta mantiene a las personas en estado constante de temor, culpa y ansiedad.La buena noticia es que la gracia vino para librarte de la maldición de la ley. La gracia no es una doctrina o una materia teológica. Cuando Jesús habló de la gracia, se refería a Sí mismo. La gracia es una persona. Es Jesús mismo. «La ley fue dada por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.» (Juan 1:17, RVC). Su gracia es la verdad que tiene el poder de abrir los cerrojos de tu prisión. ¡Su gracia es el antídoto para contrarrestar cualquier veneno en tu mente! Cuando tú experimentas el amor de Jesús, y Su dulce amor y Su tierna misericordia, cada creencia incorrecta comienza a disolverse ante la gloria de Su amor.

    He sido testigo de esa verdad una y otra vez, pues adondequiera que voy, proclamo sin tapujos el evangelio no adulterado de la gracia, y el inagotable amor de nuestro Señor Jesús. Cuando una persona empieza a recalibrar lo que cree, a fin de recibir con alegría el generoso, el excesivo y el sobreabundante amor de Dios, la mentalidad destructiva —las fortalezas— comenzará a derrumbarse. Y en un instante sobrenatural, dicha persona quedará libre de hábitos destructivos, de temores y de ataduras. Su gracia no la puedes percibir de manera lógica, ¡sino por medio de tu corazón!

    Amigo, recibirás tu libertad cuando decidas creer correctamente en Su amor, en Su gracia y en Su favor para tu vida. Cuando creas en Su gracia de la manera correcta, comenzarás a vivir de la manera correcta. Creer lo correcto siempre produce una forma de vivir correcta.

    La gracia de Dios arranca de raíz las creencias equivocadas

    En una oportunidad, mientras predicaba en una conferencia, conocí a una mujer. Su nombre era Kate, y me hubiese gustado que tú también la conocieras. Ella era una jovencita segura de sí misma, atractiva, y de rostro radiante. Por consiguiente, me fue difícil creer cuando me dijo que había sido libre de una adicción al alcohol que tuvo durante cuatro años.

    Había sido una ejecutiva de mucho éxito, pero el estrés del trabajo y el esfuerzo de mantener su nivel y su imagen la llevaron a consumir, al menos, un litro de alcohol al día, como medio de escape. Con el paso del tiempo, mantenerse al día con las altas demandas de su carrera se convirtió en una lucha constante. A causa de la presión de mantener intacta su apariencia de éxito, cayó en una profunda depresión.

    Una cosa llevó a la otra y pronto Kate pasó de ser una adicta al alcohol, a ser dependiente de una mezcla de fuertes antidepresivos, tranquilizantes, pastillas para el tratamiento de la hipertensión y píldoras para dormir. Ella me comentó que intentó de todo para dejar la bebida. Hizo citas con psiquiatras y psicólogos, e incluso asistió fielmente a grupos de ayuda para alcohólicos. A lo largo de sus interminables citas y reuniones, experimentó algo a lo que ella llama: “lapsos cortos de sobriedad”; pero sólo le duraban algunos días, cuando le iba bien.

    Un día, el esposo de Kate decidió invitarla de vacaciones. Esto la llenó aun más de ansiedad, pues no sabía cómo iba a “saciar” su deseo secreto por el alcohol, mientras viajaba con su esposo. Hasta ese momento, ella había intentado una y otra vez dejar la bebida, y ya estaba muy familiarizada con los síntomas de abstinencia que la habían derrotado una y otra vez. Sus manos temblaban y se sacudían tan fuerte que ni siquiera podía sujetar una cuchara para poder comer. Se sentía débil, y comenzaba a sudar frío, vomitaba muchas veces y no podía retener ningún tipo de alimento.

    Todos esos síntomas desaparecían con una copa o dos, así que se escabullía a comprar alcohol cuando se suponía que debía estar en el gimnasio, ¡y lo tomaba en secreto cuando su esposo estaba trabajando!

    Ante los ojos de los demás, Kate parecía tenerlo todo. Sin embargo, ella sabía que se encontraba atrapada en una prisión de alcoholismo y que no hallaba la manera de salir de su círculo vicioso lleno de fracaso.

    Después de varios intentos por vencer su adicción, y sin tener éxito, Kate estuvo a punto de darse por vencida. Pero Dios tenía otros planes. Él la guió a uno de los líderes de mi iglesia quien le enseñó a escudriñar la Palabra y a mantenerse orando en el Espíritu. A medida que escuchaba mis mensajes acerca de la gracia de Dios, Él comenzó a arrancar las creencias equivocadas que se habían arraigado en su mente y las reemplazó con creencias correctas.

    Cuando llegó el tiempo de irse de vacaciones, aún llena de incertidumbre, casi cancela el viaje a último minuto; pero decidió ir. Le pidió al Señor que la ayudara a mantener su mirada en Él, en lugar de intentar vencer los síntomas de abstinencia. Estaba determinada a disfrutar ese tiempo con su esposo y a agradecerle a Jesús por cada bendición, sin importar que fueran pequeñas.

    Kate me contó que durante su viaje, sólo estuvo descansando, orando en él Espíritu, y escuchando de manera constante mis mensajes en su iPod. Para su asombro, no padeció ningún síntoma. ¿Y sabes qué? Ya han pasado más de dos años desde ese viaje, ¡y nunca volvió a tomar una gota de alcohol! ¡Aleluya!

    Ella admitió que aunque en ocasiones ha tenido pensamientos de volver a beber, los ha podido vencer al creer que Dios le ha dado la fuerza para vencer la tentación. Y por Su gracia, ¡sabe que jamás volverá a tomar una botella!

    Amigo, en un instante sobrenatural, cuatro largos años de adicción empedernida terminaron para Kate. Ella no lo comprendió en ese momento, pero Dios la libró de su adicción (y de mucho más) al llenarla con Su Espíritu; y al enseñarle a quitar su mirada del problema y enfocarla en Jesús. Ella también me compartió cómo recientemente descubrió que la respuesta a su problema con la bebida estuvo todo el tiempo en la Palabra de Dios: «No se emborrachen con vino, lo cual lleva al desenfreno; más bien, llénense del Espíritu.» (Efesios 5:18, RVC).

    Admiro a esta joven por tener el valor de compartir su poderoso testimonio conmigo. Oro para que su testimonio te anime, te inspire y te dé esperanza.

    Cualquiera que sea tu situación, sin importar cuánto tiempo hayas permanecido atado —2 años, 10 años, 30 años—, debes saber esto: Dios puede librarte en un instante sobrenatural. El que creó el tiempo no está sujeto al tiempo. Jesús fue quien en una fracción de segundo, transformó el agua en un vino añejo muy fino; y también ¡puede saltar el proceso natural y acelerar tu liberación de cualquier atadura!

    Conozco a muchas personas que durante décadas lucharon contra sus adicciones. Sin embargo, una vez que tuvieron un encuentro sobrenatural con Jesús, sólo despertaron una mañana y ya eran libres, sin ninguna necesidad o deseo de volver a comprometer su vida con su comportamiento negativo. Frank, del estado de Maryland, me escribió para contarme cómo fue libre de las drogas. Le habían dicho: “Cuando te vuelves adicto, siempre serás un adicto”. Y lo creyó.

    Pero cuando conoció la verdad acerca del amor que transforma vidas, y de la gracia de Jesús por medio de uno de mis recursos de enseñanzas, ésta destruyó las cadenas que lo ataban. Y me escribió lo siguiente: «Di un salto de alegría cuando descubrí que sólo debía ¡aceptar la obra de Jesús y Su gracia! Después de treinta años de adicción a las drogas, pensé que no había esperanza para mí. Pero alabado sea Jesús, ahora soy libre y asisto con mi esposa a una iglesia donde se predica de la gracia, y ella también fue libre de su adicción a las drogas».

    Amigo, ¡ése es el poder de creer en lo correcto!

    La verdad de Dios es la que activa tu liberación

    Cuando Kate y Frank comenzaron a escuchar y a creer lo correcto acerca de Dios, su liberación se activó de una manera acelerada. Saber la verdad fue el catalizador. Estos casos contrastan con quienes se enfocan en vivir de manera correcta sin prestarle atención a creer en lo correcto. Lamentablemente, ellos sólo experimentan victorias pasajeras basadas en su fuerza de voluntad o la autodisciplina. No obstante, los que se enfocan y creen la verdad de Dios, experimentan una libertad perdurable sin ningún esfuerzo. Jesús no estaba bromeando o exagerando, cuando afirmó que conocer la verdad te haría libre.

    Jesús tiene la verdad que necesitas y que has estado buscando. Él es el camino, la verdad y la vida (Juan 14:6). En amor y por voluntad propia, Él entregó Su vida en la Cruz para liberarte. Todo este artículo trata de esa verdad—transformar lo que crees por medio del poder de Su sacrificio de amor y de Sus verdades eternas—. Yo me he esforzado para que tú tengas acceso a estas verdades y las comprendas con claridad. Mientras lees las palabras, los versículos y las historias de personas reales, quienes han sido liberadas con sólo creer en estas verdades acerca de Dios y en lo que Él dice de ellos, yo oro para que tengas un encuentro con la gracia de Dios como nunca antes. Cuando comiences a meditar en estas verdades, estoy seguro de que empezarás a vivir en libertad antes de lo que te imaginas. ¡Tu liberación está a tu alcance!

    Texto extraído de: Revista LVVC – Edición marzo 2014, página 12

  • Deja que tu Gozo Sobreabunde (por Kenneth Copeland)

    2-24_kenneth_miniSeas o no consciente de ello, tu necesitas el gozo del SEÑOR; todo tu ser clama por el… Quizá hayas intentado complacerte a ti mismo con sustitutos superficiales: dinero, estatus social, éxito, incluso drogas, alcohol, sexo ilícito o comiendo en exceso. Y si lo has hecho, sabes que al final estas cosas te dejan sintiéndote insatisfecho. La felicidad que brindan es momentánea, dejándote otra vez con ese anhelo profundo por algo más.

    El gozo. Todo tu ser ansía por el. ¿Por qué? Porque si quieres seguir viviendo, necesitas fuerzas, y el gozo del SEÑOR es tu fortaleza (Nehemías 8:10). Cada fibra de tu ser clama por esa fuerza, pues vives en un mundo que se mueve en dirección negativa.La raza humana sin Jesús va camino a la muerte. Por tanto, a fin de obtener vida, debes ir en contra de la corriente. Y se requiere de mucha fuerza para ir en contra de la corriente. Se requiere de esfuerzo para no vivir en la manera en la que el mundo vive —con duda,  temor, pobreza y fracaso—.

    Todo lo que tienes que hacer para caer en duda e incredulidad es relajar  un poco tu fe en el Señor. La corriente negativa de este mundo te arrastrará río abajo.

    ¡Con la pobreza es lo mismo! Todo lo que tienes que hacer para ser pobre es irte a la cama. La Biblia nos dice: “Un rato más de sueño, una pequeña siesta, un breve descanso de brazos cruzados—y la pobreza te asaltará como un ladrón…” (Proverbios 6:10-11, AMP). La prosperidad requiere esfuerzo y diligencia. No puedes alcanzarla si desperdicias tu vida durmiendo.

    Resistir la pobreza, el temor, la duda y la enfermedad requiere de fortaleza – ¡mucha fortaleza! Es por eso que todo tu ser continuamente clama por ella.

    Si no permaneces alerta, Satanás sacará ventaja de esa necesidad y te engañará. El te dirá que tu fuerza se encuentra en las drogas. El te dirá que está en el alcohol. El te dirá que está en la comida. El te dirá que está en el sexo.

    Ahora bien, el sexo es algo bueno; sin embargo, Dios no lo diseñó para que se vuelva tu vida. Y cuando las personas lo sacan de ese contexto, el sexo te destruirá como lo haría la mordedura de una cascabel. La muerte está ligada al adulterio. No trae vida ni paz. El adulterio produce muerte y destrucción.

    La fuerza que realmente necesitas puede venir únicamente de una sola fuente: El gozo del SEÑOR. El gozo es la fortaleza que necesitas para ir contra la corriente de este mundo. Ahora, te preguntarás, ¿de dónde proviene el gozo? ¿cómo puedo hacer que fluya?.

    El gozo proviene de la PALABRA de Dios. En Gálatas 5:22 se nos enseña que el gozo es un fruto del espíritu. Es una fuerza espiritual nacida en el espíritu del hombre en el momento de su conversión, junto a la fe, el amor, la paz, la paciencia, la benevolencia, la bondad, la mansedumbre y la templanza. El gozo no es algo que se pueda “adquirir”. Este ya está dentro de cada creyente nacido de nuevo.

    Debido al parentesco del gozo con la fe, es fácil aplicar muchos de los mismos versículos que hablan de la fe al gozo. En Romanos 10:17, leemos: «Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios». El gozo también viene al oír la PALABRA. 1 Juan 1:4 nos lo deja saber. Por tanto, el gozo es producto de la PALABRA, al igual que todo lo que proviene de Dios. No intentes buscar gozo en otras fuentes. Está dentro tuyo – busca allí a medida que medites en la PALABRA.

    El gozo viene cuando recibimos la revelación de  Jesús; quien es una revelación del Padre mismo —el Dios todopoderoso—. Descubrí esa poderosa verdad al meditar en las cosas que Jesús les dijo a Sus discípulos antes de ir a la Cruz.

    Al final de Su ministerio terrenal, El SEÑOR dejó atónitos a Sus discípulos, diciéndoles: «Os conviene [les es más beneficioso] que yo me vaya» (Juan 16:7).

    Tienes que entender por qué aquellos hombres quedaron tan atónitos ante esa declaración. Era difícil para ellos creer que era mejor que Jesús se fuera. Mientras Él estuvo con ellos, todas sus necesidades fueron suplidas: Él calmó las tormentas, alimentó multitudes con unos cuantos peces y panes, resucitó a los muertos y sanó a los enfermos. Obviamente mientras Él estaba con ellos todo era mejor de lo que había sido antes. Sin embargo, Jesús les indicó: «Os conviene que yo me vaya».

    Sigamos leyendo y descubramos porqué. Leamos de nuevo Juan 16:7: «Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador [el Ayudador] no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré». Ahora leamos, los versículos 13-15: «Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber. Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber».

    Y por último, leamos los versículos 22-25:

    «También vosotros ahora tenéis tristeza; pero os volveré a ver, y se gozará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestro gozo. En aquel día no me preguntaréis nada. De cierto, de cierto os digo, que todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará. Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido. Estas cosas os he hablado en alegorías; la hora viene cuando ya no os hablaré por alegorías, sino que claramente os anunciaré acerca del Padre».

    Presta atención en estas declaraciones. Jesús conecta el conocer al Padre con el gozo del SEÑOR. El sabía que el gozo es el resultado de tener una revelación del Padre. Y donde el gozo crece, hay fuerza (Nehemías 8:10).

    Entonces, ¿cómo vamos a conocer y a comprender al Padre? Felipe le hizo la misma pregunta a Jesús: “¿Cómo nos mostrarás al Padre?”. Y Él le respondió: «¡Los que me han visto a mí han visto al Padre!». Para obtener una revelación del Padre, necesitas observar a Jesús.

    El SEÑOR le habló a Oral Roberts años atrás y le dijo: Me conocerás mejor que ninguna otra persona si lees Mateo, Marcos, Lucas, Juan y el libro de los Hechos, tres veces durante 30 días, y si lo haces de rodillas. Y 30 días después, el hermano Roberts compartió: «Conozco de una manera más íntima a Jesucristo de Nazaret que cualquier otra persona sobre la Tierra».

    Jesús se reveló a Sí mismo al hermano Roberts en y a través de la PALABRA de Dios. Cuando el vio a Jesús, vio al Padre.

    Tú también puedes conocerlo de la misma manera. Jesús le hizo esa promesa a todo aquel que guarde Su PALABRA. En Juan 14:21-23, se nos explica: «El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré [revelaré] a él… El que me ama, mi palabra guardará…».

    El método fundamental de Dios para revelarse a si mismo es a través de la PALABRA: «Estas cosas os escribimos, para que vuestro gozo sea cumplido» (1 Juan 1:4). Si tu te propones escudriñar la PALABRA de Dios para obtener una revelación de Jesús y del Padre, el gozo del SEÑOR se levantará en tu corazón. Y si permaneces en éste, no habrá condición física, mental, espiritual, social, ni problema político que sea capaz de desanimarte. La gente busca esta clase de victoria y fuerza a diario. Ellos la buscan en todas partes excepto dónde realmente pueden encontrarla – En la PALABRA de Dios, teniendo comunión con Jesús y el Padre. Dios también se revela a Sí mismo por medio de los dones del espíritu. ¿Acaso no dijo Jesús que el Espíritu nos revelaría al Padre? Por tanto, eso significa que cuando el Espíritu se manifiesta a sí mismo, el Padre es revelado.

    Un médico amigo mío intervino quirúrgicamente a un joven que tenía un tumor en el tronco cerebral. Llegó al quirófano con una actitud de oración, y oró en lenguas durante toda la cirugía. Cuando comenzaba a hacer la incisión para extraer el tumor, escuchó la voz de Dios. El SEÑOR le dijo: Espera, no lo hagas. Estás cortando en el lugar equivocado.

    ¡Justo en medio de una sala de operaciones se manifestó una palabra de sabiduría! ¡El Padre se reveló a Sí mismo! Y le dijo al médico exactamente a dónde debía mover su bisturí para hacer la incisión en el lugar correcto. Más tarde, el médico dijo que si hubiera hecho la incisión donde había comenzado, el joven habría muerto.

    Esa palabra de sabiduría hizo que la cirugía fuera un éxito. Y eso trajo gran gozo al joven y a sus padres. El Padre revelándose a sí mismo a través de ese don del Espíritu hizo la diferencia entre la vida y la muerte. Y el resultado fue gozo. ¡Aleluya!

    ¿Cómo libero el gozo? Si éste ya se encuentra en mi espíritu, y la PALABRA lo alimenta y lo fortalece, entonces debe ser liberado. ¿Cómo? Una forma es a través de la alabanza. Dios habita en las alabanzas de Su pueblo. Salmos 16:11, nos dice: «…En tu presencia hay plenitud de gozo…». En Salmos 42:4, leemos: «…Entre voces de alegría y de alabanza del pueblo en fiesta». El gozo se libera con la voz. Como la fe, el gozo se desata con palabras. Las palabras de gozo de Dios, una vez declaradas con nuestra boca, agitan y liberan Su gozo desde nuestro interior, trayendo la fuerza que debemos tener  de parte del Espíritu de Dios.

    En Jeremías 31:13, se nos indica: «Entonces la virgen se alegrará en la danza, los jóvenes y los viejos juntamente; y cambiaré su lloro en gozo, y los consolaré, y los alegraré de su dolor». El gozo se libera cuando danzamos ante el Señor en alabanza y adoración. El gozo también se activa en la oración. El apóstol Pablo afirmó en Filipenses 1:4 que hacía múltiples oraciones con gozo. Cuando encontramos la respuesta en la PALABRA de Dios referente al tema por el cuál estamos orando, y luego meditamos hasta que esos versículos penetran en nuestro corazón y en nuestra mente, el gozo del SEÑOR comienza a agitarse en nuestro interior. A medida que es agitado, lo liberamos en oración y súplica juntamente con la fe. Luego viene la acción de gracias y alabanza, luego los gritos de júbilo; y por último, la danza de gozo. Asi, la fortaleza esta siendo aplicada en múltiples direcciones para resolver varios problemas a la vez. Con razón Satanás  huye de la presencia de Dios.

    Por consiguiente, el gozo no sólo es una gran bendición, sino también un arma de tremenda fortaleza. Sin embargo, al igual que todas las armas de nuestro arsenal, éste debe ser usado como un acto de Fe en la PALABRA de Jesús y no basados en cómo nos sentimos en ese momento. Él dijo que Su gozo era nuestro, y ¡yo le creo! El gozo es un fruto que nace de nuestro interior. ¡Yo lo creo! ¡Es mío! Por tanto, voy a alabar a Dios ya sea que tenga o no ganas de hacerlo —con expectativa plena de que el gozo hará su obra—. Pongamos a trabajar esta fuerza poderosa en nuestra vida, y recibamos fuerzas no sólo para nosotros; sino también para otros.

    ¡Regocíjate! Y una vez más te digo, ¡regocíjate!

    Texto extraído de: Revista LVVC – Edición marzo 2014, página 22

  • ¿Estás escuchando? (por Kenneth Copeland)

    3-14_mainLlevo piloteando aviones 52 años. Durante todo ese tiempo, he desarrollado una habilidad especial a tal punto, que ahora se ha vuelto parte de mi naturaleza: he aprendido a estar atento y escuchar las indicaciones del controlador de tráfico aéreo para mi, sin importar lo que esté sucediendo a mi alrededor.

    Quizá eso te parezca muy fácil. Sin embargo, no siempre es tan sencillo como parece. En áreas donde el tráfico aéreo es muy congestionado, se escuchan varias voces e instrucciones en la radio, como por ejemplo: “American 451, vire a la izquierda… ascienda y manténgase a 5.000”, “Delta 23, vire a la derecha… descienda y manténgase a 8.000”.

    Para aquellos que no entienden de aviación, esto suena confuso y desordenado. No obstante, como piloto no le presto atención a esas indicaciones. ¿Por qué? Porque estoy esperando por otras.

    Estoy a la expectativa de mis indicaciones. Cuando el controlador dice: “62 Juliette, vire a la izquierda y dirígase con rumbo 3-5-4”, contesto de inmediato porque está hablándome a mí. Yo respondo: “Si señor, 62 Juliette  virando a la izquierda con rumbo 3-5-4”.

    Durante mis casi 50 años de ministerio, he aprendido que debo hacer lo mismo con respecto a la voz de Dios. Si estoy dispuesto a seguir las instrucciones que Él nos da en Proverbios 4:20: («Hijo mío, está atento a mis palabras; inclina tu oído a mis razones»), debo estar en constante sintonía con lo que Él está diciendo. Debo atender continuamente a sus palabras. En la vida diaria, como en la cabina del avión, no siempre es fácil. Escuchas el bullicio de muchas voces. Sin embargo, he decidido firmemente que no voy a permitir que eso me distraiga, pues la única voz que en realidad necesito escuchar, es la voz de Dios. Sólo Sus palabras pueden darme una vida en abundancia, mantenerme caminando en LA BENDICIÓN, y llevarme hacia donde necesito ir.

    Jesús lo dijo en Juan 6:63: «El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida».

    ¡La vida misma de Dios está en Su PALABRA!

    Si eres salvo, eres una prueba viviente de esa verdad; has sido «…renacido, no de simiente (semilla) corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre» (1 Pedro 1:23).

    La PALABRA es la base de todo el reino de Dios. Es la clave para todos Sus sistemas y procedimientos. Jesús no dejó lugar a dudas. Durante Su ministerio terrenal, cuando las personas le preguntaban cómo hacía obras milagrosas tan poderosas, Él les indicó una y otra vez el poder de la PALABRA de Dios.

    Él no dijo: “Yo puedo hacer lo que quiero porque Soy el Mesías, y tengo un poder sobrenatural especial”. Tampoco dijo: “Yo puedo obrar milagros cuando quiera, pues Soy Dios manifestado en la carne”. Por el contrario Jesús dijo entre otras cosas, lo siguiente:

    › «No puedo yo hacer nada por mí mismo…» (Juan 5:30) (Él no dijo: “No lo haré”, sino «No puedo…»).

    › «[El Padre] que me envió es verdadero; y yo, hablo al mundo aquello que he oído [de parte de Él]» (Juan 8:26).

    › «…nada hago por mí mismo, sino que según me enseñó el Padre, así hablo» (Juan 8:28).

    › «…Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras» (Juan 14:10).

    ¡Ése era el proceso que respaldó la vida y el ministerio de Jesús! Primero que nada, prestaba atención y escuchaba las palabras de Dios. Luego, en fe, hablaba y actuaba en base a esas palabras, y el Padre que habitaba en Él las hacía una realidad.

    Por esa razón, Jesús consiguió siempre resultados en un 100 por ciento. Él nunca dijo o hizo lo que Él quería. Jesús lo demostró en el estanque de Betesda. Cuando caminó hacia el estanque, encontró una multitud de enfermos alrededor. Jesús amaba a todos, y seguramente deseaba sanar a cada uno de ellos. Sin embargo, caminó en medio de la multitud y le habló a un solo hombre.

    «…le dijo: ¿Quieres ser sano?… Levántate, toma tu lecho, y anda. Y al instante aquel hombre fue sanado, y tomó su lecho, y anduvo…». (Juan 5:6, 8-9).

    Por años los cristianos han leído esa historia, preguntándose por qué Jesús no sanó a todos los que estaban en ese lugar. Y la respuesta es muy sencilla: Porque no pudo hacerlo.

    Jesús podía hacer sólo lo que veía a Su Padre hacer, y decir sólo lo que escuchaba a Su Padre decir. Jesús lo escuchaba, hablaba y actuaba de acuerdo con Sus palabras, y el Padre hacía la obra.

    El Hombre más libre en la Tierra

    Ése era el secreto de todo el éxito de Jesús. Y también es el secreto de nuestro éxito, pues como Sus discípulos, deberíamos obrar de la misma forma que Él obró. Jesús dijo en Juan 8:31-32: «…Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres».

    Jesús fue el Hombre más libre que caminó sobre la faz de la Tierra. Él no tenía ningún tipo de atadura –no estaba atado al diablo ni a ninguna de sus obras, y tampoco a las fuerzas naturales de este mundo perdido–. Él tenía toda la libertad de realizar cualquier cosa que Dios deseara que hiciera, sin que nada lo detuviera pues Él permanecía en la PALABRA de Su Padre.

    Y eso mismo es cierto para nosotros. Si escuchamos las palabras que Jesús nos dice en cada situación, y elegimos hablar y actuar de acuerdo a Sus palabras, la misma verdad que hizo libre a Jesús, ¡nos hará también asi de libres a nosotros!

    Quizas digas: “Pero hermano Copeland, tengo un problema. Me parece que no escucho la voz de Dios”.

    ¿Por qué no la escuchas? ¿Acaso no has nacido de nuevo?

    “Claro que sí. Soy salvo desde hace muchos años”.

    Entonces tu problema ya está resuelto, porque Jesús dijo en Juan 10:27: «Mis ovejas oyen mi voz…».

    “Hermano Copeland, yo sé que Él dijo eso; pero Dios no me está hablando”.

    ¡Por supuesto que sí lo está haciendo! Él no es un Padre ausente. Él está hablando todo el tiempo. Está hablándote a través de la Biblia, la cual es Su PALABRA escrita. Está hablándote por medio de Su Espíritu Santo, y está cumpliendo la promesa que Jesús hizo en Juan 16: «Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber. Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber» (versículos 13-15).

    Si crees que Jesús decía la verdad en esos versículos, entonces puedes llegar sólo a una conclusión. Si alguien ya fue salvo, significa que tiene al Espíritu Santo viviendo dentro él; y si a pesar de eso sigue sin escuchar la voz de Dios, ¡entonces el problema es que alguien no está escuchando!

    Pero alabado sea Dios, ahora puedes decidir de no ser ese alguien. Puedes cambiar esto por medio de la fe, y declarar: “Jesús está hablándome, y tengo oídos para escucharlo porque soy Su oveja”.

    Una vez tomada esa decisión, y al sintonizar lo que el SEÑOR está diciéndote, podrás activar el proceso del Reino como Jesús lo hizo. Escucharás de Jesús lo mismo que Él escuchaba del Padre, y hablarás esas palabras con fe. Entonces, el Padre hará las obras, y lo que Jesús les dijo a Sus discípulos en Juan 14:12-13 se hará una realidad en tu vida: «De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aún mayores hará, porque yo voy al Padre. Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo».

    Ten cuidado con el diablo y su “película”

    Quiero advertirte que el diablo llegará de manera inmediata a robar la PALABRA. Aunque él no puede detener el proceso del Reino (pues es una operación celestial, y no puede cambiarse; así como Dios, es el mismo ayer, hoy y por siempre), lo que hará es tratar de tergiversar ese proceso para usarlo a su favor. Tratará de robarte las palabras que Dios te ha dicho, y las reemplazará con sus palabras.

    Con lo cual, en lugar de ser Dios el que obre en tu vida, será el diablo quien lo haga.

    Jesús explicó cómo sucede exactamente esto en Marcos 4:14-15: «El sembrador es el que siembra la palabra. Y éstos son los de junto al camino: en quienes se siembra la palabra, pero después que la oyen, en seguida viene Satanás, y quita la palabra que se sembró en sus corazones».

    Es muy probable que ya conozcas por experiencia este tipo de robo, así que ya sabes cómo funciona. Comienzas pasando tiempo en la PALABRA y escuchando lo que Dios está diciendo acerca de tu identidad en Cristo Jesús. Estás creyendo y repitiendo Su PALABRA, y viendo cómo Dios se mueve en tu vida. Y después, el diablo comienza con su “película”. Empieza recordándote alguna ofensa que alguien dijo en contra tuya. Y te susurra: “¿Puedes creer lo que dijo de ti?”. Cuando menos te das cuenta, estás pensando y diciendo lo que dijeron de ti, en lugar de lo que Dios está diciendo.

    Lo mismo puede pasar en el área de la sanidad. Quizá escuches la voz del SEÑOR hablándote a través de 1 Pedro 2:24  «…por cuya herida fuisteis sanados». Pones fielmente esa PALABRA frente a tus ojos, en tu oídos y en tu boca, creyendo que es medicina para todo tu cuerpo (Proverbios 4:22).

    Sigues bien por un tiempo, pero comienzas a sentir síntomas de la enfermedad, y se aparece el diablo con su película, ofreciéndote diferentes “escenas” alternativas que contradicen la PALABRA. Lo primero que te presenta es la imagen de un infarto.

    Te dice: “¿Crees que te dará un infarto?”.

    Tú le contestas: “¡No! No tendré ningún infarto. ¡Soy sano!”

    Entonces, te cambia la imagen.

    Y te dice: “¿Qué tal un cáncer de pulmón? ¿Crees que te dará cáncer de pulmón?”.

    “¡No!”.

    “Bueno, ¿y la enfermedad que tenía tu tía María? Al fin y al cabo tienes algunos de los mismos síntomas que ella tenía”.

    Con eso te pones a pensar: ¡Mi tía María murió de esa enfermedad! Quizá debería preocuparme por eso. Pero luego, reaccionas y declaras: “No, diablo, eso es ridículo. ¡Soy sano!”.

    No obstante, al final el diablo aparece con una alternativa que él sabe que estás dispuesto a considerar: la gripe.

    Y tu dices: “Sí, creo que eso es. Estoy contagiándome con la gripe”.

    Y al declarar esas palabras, en lugar de confesar la PALABRA de Dios, el diablo podrá hacer su trabajo —el mismo proceso, diferentes palabras—. Pero tu puedes optar por no recibir lo que el dice. Puedes apegarte a la PALABRA de Dios y recibir sanidad en su lugar.

    La decisión es tuya.

    ¿Qué dirás?

    “Bueno hermano Copeland, pienso que eso es ser extremista. No podemos elegir cuándo estaremos enfermos o cuándo estaremos sanos”.

    Por supuesto que sí, Dios dijo que podíamos. Él dijo en Deuteronomio 30:19: «A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia».

    La enfermedad es parte de la maldición. La salud es parte de LA BENDICIÓN. Podemos optar por cualquiera de ellas. Dios espera que escojamos la vida y la BENDICIÓN, pero la decisión final es nuestra. Somos nosotros quienes elegimos.

    Y ¿cómo tomamos esa elección?

    Con nuestras palabras.

    Esogemos la maldición al escuchar y decir lo que el diablo, nuestra carne y este mundo nos dicen. Y elegimos LA BENDICIÓN, cuando escuchamos y declaramos las mismas palabras de Dios, tales como: Gracias Señor, por bendecir nuestro pan y nuestra agua, y por quitar la enfermedad en medio de nosotros (Éxodo 23:25). Gracias por darnos Tu PALABRA de sanidad. ¡Recibo mi sanidad y declaro que mi casa y yo somos sanos!”.

    Eso hizo mi familia en Navidad hace algunos años, cuando mi nieta de 11 años fue diagnosticada con meningitis cerebroespinal. Nosotros escogimos la vida. No dijimos: “¡Oh Dios! ¡Lyndsey está enferma de gravedad! ¡Tememos que muera antes que amanezca!”. Aún cuando los médicos nos decían eso, nosotros no pusimos esas palabras en nuestra boca. En su lugar, escuchamos por las palabras de Dios.

    Nunca olvidaré ese día. Gloria y yo estábamos lejos de casa cuando recibimos la llamada donde nos informaban lo que estaba sucediendo, y de inmediato le pedimos dirección al SEÑOR. Le pedimos específicamente que Él nos mostrara qué hacer y qué decir. Y en el transcurso del vuelo de regreso a Fort Worth, escuché Su voz.

    Él me dijo: Kenneth, en cuanto veas a Lyndsey, pon tu dedo índice derecho sobre su esternón y háblale a la unción que está dentro de ella. Ordénale que se levante y que eche esa enfermedad fuera su cuerpo.

    Cuando llegamos al hospital, Gloria y yo nos pusimos los trajes de protección requeridos, y caminamos hacia el cuarto en donde Lyndsey había permanecido acostada y delirando por más de 12 horas. Al entrar, declaré sobre ella exactamente lo que el SEÑOR me había instruido. Y en efecto, Él hizo la obra. Lyndsey —quien no había dicho nada coherente en todo el día— de repente apretó sus dientes y declaró: «Abuelo, estoy sana en el nombre de Jesús».

    Eso sucedió a media noche. Cuando los médicos llegaron por la mañana, Lyndsey se encontraba perfectamente bien.

    Quizá preguntes: “¿Pero hermano Copeland, qué sucede si busco al SEÑOR en una situación como esa, y Su PALABRA no me llega?”.

    Sí llegará, pues siempre lo hace. Jesús prometió en Mateo 7:7 que llegará: «Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá».

    Cree en esa verdad y sintoniza Su voz. Escucha las palabras que Él está hablando así como un piloto escucha por su llamada. Y cuando lo escuches, respóndele de inmediato. Di y haz lo que Él te pida, y aterrizarás seguro en LA BENDICIÓN todo el tiempo.

    Texto extraído de: Revista LVVC – Edición marzo 2014, página 4