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  • Esperanza para un mundo herido (por Melanie Hemry)

    2-14_profileSergio Alvarado se sentó en una silla en el porche delantero de la pequeña casa donde vivía con su madre y su hermano en Fort Worth, Texas. A sus 14 años, se veía como la mayoría de niños de su edad, excepto por sus ojos: éstos lucían como los de un anciano, no como los de un niño. Reclinándose en la silla, Sergio escuchaba el ladrido de los perros, y cómo una madre llamaba a sus hijos para que entraran a su casa. Y se preguntaba que se sentiría tener una madre que cocinara, limpiara y cuidara de él; que se asegurara que se lavara detrás de las orejas y que terminara su tarea.

    Apoyando su cabeza contra la pared, se preguntaba cómo se sentiría recibir el abrazo de una madre. Y pensó: Seguramente ella me abrazó alguna vez. Sin embargo, por más que intentó, no pudo traer a su mente ni un solo recuerdo.

    Recordó, en cambio, los paisajes y sonidos de ciudad Juárez, México — su ciudad natal y el lugar donde había vivido la mayor parte de su vida. Su casa estaba en un lugar conocido como: “El callejón de la heroína”, a donde gente de Estados Unidos cruzaba la frontera para conseguir esa droga. Las estrechas calles estaban llenas de bares y prostíbulos. Gente deambulando por las calles, otras cocinando droga en una cuchara. Hermosas jovencitas prostituyéndose, para obtener heroína.

    Sergio tenía 2 años de edad, y su hermano era sólo un bebé cuando su padre los abandonó. Ellos vivieron en casas sin techo, piso ni ventanas. Los muros era lo único en pie, como si eso sirviese de algo. Su madre se prostituía para poder sobrevivir, dejando sus hijos solos por días a la vez. Sergio, a la edad temprana de 3 años, era responsable de cuidar a su hermano. En ocasiones su madre los dejaba con una tía; o a veces llevaba los hombres a la misma casa.

    Cerrando sus ojos, Sergio regresó mentalmente a Juárez, y a esa pequeña casa de dos habitaciones donde habían vivido. Tenía 7 años cuando sentado en el suelo observó a su madre convulsionar y caer de la silla. Él corrió hacia ella, pero dos hombres lo hicieron a un lado y le gritaron: «¡Apártate!».

    Vio cuando estos hombres arrancaron su ropa y la arrastraron a la ducha. Luego, vio sangre en el brazo de su madre. Cualquier niño creciendo en el callejón de la heroína sabía lo que eso significaba.

    Su madre había sufrido una sobredosis.

    Mientras los hombres luchaban para revivirla, Sergio se recostó contra la pared y se deslizó hasta caer en el suelo. Se sentía tan viejo y exhausto. El quería salir de esa clase de vida, pero el único escape que podía imaginar era la muerte.

    Su madre sobrevivió… como si a eso se le pudiera llamar “vida”.

    Habían algunos recuerdos buenos, Sergio repite.

    Asistir a la escuela, por ejemplo, era como teletransportarse a un universo alterno. Disfrutaba el olor de la comida y la ovación de la multitud en el estadio de básquetbol donde trabajaba vendiendo papas fritas. En la esquina del estadio, su madre conseguía heroína. Por años fue Sergio el que cuidaba de su mamá —tratando de hacer que se mantuviera sobria y pagando la fianza para sacarla de la cárcel—.

    Sergio tenía 10 años cuando su madre los llevó ilegalmente a los Estados Unidos de América. Esa mudanza, en lugar de resolver los problemas, sólo complico más las cosas. Ellos no hablaban inglés. Y ese miedo al que Sergio se había enfrentado cada día lo amenazaba con tomar control de su vida, al tiempo que su madre se sumergía más y más en una espiral sin fondo.

    Para ayudar a proveer un techo sobre sus cabezas, Sergio y su hermano repartían periódicos y lavaban platos. Cuando su madre no regresaba a casa, normalmente el la encontraba inconsciente en la banca de un parque.

    Una noche Sergio escuchó algo que lo hizo enderezarse en la silla; bien entrada la noche, las estrellas brillando en el cielo, vio tambaleándose hacia la casa a su madre con un hombre.

    El filo de su navaja brillaba, tan fría y dura como sus ojos. «Intenta meter a ese tipo a la casa, y lo apuñalo», le advirtió con un tono firme y amenazante.

    Ella entró sola, mientras Sergio retomó su lugar como centinela en la puerta. Luego, cuando se quedó dormida, la ató a la cama con una cuerda. Sergio por fin respiró aliviado. Ella no podía beber o ingerir ninguna droga, a no ser que él la desatara.

    Asi pudo descansar por unas horas, ¡que bendición!

    Antes de irse, se detuvo; miró a su madre, y le dijo: «¿Vas a parar alguna vez? ¿Qué necesitas para hacerlo?».

    Un ciclo de pobreza y desesperanza

    Sergio explica: «Mi madre era analfabeta, y dio a luz a su primer hijo cuando tenía 12 años de edad. Al cumplir 19, ya tenía cuatro hijos cuyo padre ya había abandonado. Yo nací 10 años después que el más joven de esos cuatro. Para la época en que mi madre sufrió la sobredosis, el más joven de mis medio hermanos ya era adicto a la heroína».

    «Mi madre usaba drogas, pero su principal adicción era el alcohol. Vi a mi padre menos de 12 veces en mi vida. Él venía de una buena familia en El Paso, Texas. Aunque me dio su apellido, su familia se rehusó a reconocerme a mí y a mi hermano. Mi padre era un hombre dulce cuando estaba sobrio; sin embargo, al igual que mi madre, era un alcohólico empedernido».

    «Cuando cumplí 8 años, mi tía comenzó a llevarnos en ciudad Juárez a una pequeña iglesia pentecostal. Era blanca, rústica, de adobe. Las bancas estaban viejas y astilladas, y las paredes rotas y agrietadas. Sin embargo, la gente siempre estaba feliz y alabando a Dios. Me gustaba sentarme en la primera fila y escuchar al pastor».

    «Aunque no sabía que significaba nacer de nuevo, hice la oración para recibir a Jesús. Mi madre estaba sobria y ese fue el año más feliz de mi vida. Luego, comenzó de nuevo a beber y todo se vino abajo. Al llegar a Fort Worth, mi madre estaba tan fuera de control que bebía cualquier cosa —perfumes y alcohol desinfectante—».

    Solos y marginados

    A sus 16 años, Sergio buscaba en las bancas de los parques, en los bares y burdeles de Fort Worth a su madre. Estaba acostumbrado a que ella desapareciera; pero esta vez ella no había vuelto a casa. Preocupado, frunció las cejas. ¿Se habrá encontrado esta vez al tipo incorrecto? ¿Estará muerta? ¿Estará internada en algún hospital? Quizá había sido arrestada.

    Desesperado, Sergio se preguntaba qué sería de ellos si ella no regresaba. ¿Cómo sobrevivirían solos en un país extranjero?

    Por fin, recibieron noticias de México. Su madre había regresado a ciudad Juárez sin ellos.

    “Mira”, Sergio le dijo a su hermano menor: «somos inmigrantes ilegales. Aunque los dos trabajamos, no ganamos suficiente dinero para pagar la renta. ¡Tenemos que regresar a México!».

    Ahorraron dinero y compraron un automóvil por USD 400. Aunque ninguno de los dos sabía conducir, dedujeron que no sería algo difícil. Colocando un mapa sobre su vieja mesa de cocina, trazaron el itinerario. Empacaron sus pocas pertenencias, y salieron de la casa con rumbo a El Paso, Texas. Y desde ahí, cruzaron la frontera hacia ciudad Juárez.

    Meses después, y a sus 17 años, Sergio estaba sentado en un bar cuando uno de sus primos se sentó a su lado, y le dijo: «Acabo de ver a tu mamá».

    Un escalofrío le recorrió por las venas, y le preguntó: «¿Está muerta?».

    «Sí».

    «¿Dónde está?».

    «En la calle».

    El ciclo se repite

    Sergio explica: «Me senté a llorar, sentía una mezcla horrible de tristeza y alivio». Estaba muy cansado, sentía como si hubiera invertido toda mi vida en intentar mantener viva a mi mamá, y había fallado. Ella sólo tenía 50 años cuando murió sola en las calles. Tan triste como me sentía por su muerte, también estaba avergonzado por sentirme al mismo tiempo, aliviado; Bebí alcohol sin parar toda la noche».

    «Ese fue un punto de inflexión en mi vida. Había probado las drogas cuando vivía en Fort Worth; sin embargo, luego de que ella murió me sumergí en una espiral sin control. Sabía que estaba siguiendo sus mismo pasos, pero me sentía sin fuerzas para detenerme.

    Y quedé atrapado en un abismo de drogas y alcohol que duró 20 años».

    «Dos años después de la muerte de mi madre, mi padre también murió de alcoholismo. Para ese entonces, yo ya era totalmente adicto a la cocaína. Me casé y tuve hijos; sin embargo, al igual que mi madre, no podía mantener una relación. Contrario a mi madre, siempre tuve y conservé un empleo. Contrario a mi padre, apartaba tiempo para involucrarme en la vida de mis hijos. Muchas veces sufrí sobredosis de cocaína y casi muero. Mi vida era como un tren desbocado y mis hijos eran lo único que me mantenía vivo».

    Un día, Sergio llegó a recoger a sus hijos para pasar juntos el fin de semana de visitas asignado. Uno de sus hijos lo miró con disgusto y le dijo: «¿Vas alguna vez a parar de usar drogas? No quiero estar cerca tuyo nunca más».

    El dolor fue asombroso. Había caído tan bajo, que aun su hijo no quería estar cerca suyo. En ese momento recordó cuando había atado a su madre a la cama, en su determinación de romper el ciclo.

    Ahora, el ciclo se repetía a sí mismo.

    Un clamor por ayuda

    A los 37, Sergio vivía en una vieja casa de remolque en El Paso, Texas. Un día se paró afuera y miró al cielo. Exhausto más allá de las palabras, dijo: «Dios, estoy muy cansado. Si hay alguna oportunidad de cambiar mi vida, ¿podrías ayudarme?».

    Unos días después, Sergio conoció a una mujer hermosa. Cuando le preguntó si podían salir, Yvette le respondió: «Sergio, si quieres establecer una relación conmigo, tienes que asistir al seminario para parejas de la iglesia».

    Al darse cuenta que Yvette no se retractaría, Sergio asistió al seminario. Aunque estaba bajo el efecto de las drogas, recordó el gozo que descubrió en aquella pequeña iglesia pentecostal. Poco tiempo después, Sergio se hizo miembro de la Iglesia Abundant Life Faith en El Paso, Texas, rededicó su vida a Jesús y empezó a desintoxicarse de las drogas.

    Sus 20 años de adicción no desaparecieron de la noche a la mañana. Sergio descubrió que para ser libre, su espíritu tenía que crecer y fortalecerse en la Palabra. Y tendría que resistir al diablo.

    Sergio admite: «Es muy difícil dejar la cocaína. Esos 6 a 8 meses fueron muy difíciles. Me acostaba en la cama sufriendo el síndrome de abstinencia, cada célula de mi cuerpo clamaba por alivio. No me até a la cama, pero me envolvía a mí mismo en una cobija como si fuera un burrito mexicano y decía: ‘¡No me voy a mover!’».

    «Tuve que resistir… resistir…resistir… y resistir un poco más. Si veía drogas en el televisor, todo mi cuerpo se agitaba. Algunas imágenes y olores estimulaban ese deseo. Finalmente, fui libre de las drogas. Libre de mi pasado y libre para vivir mi vida».

    Dios tenía un plan

    El 21 de mayo de 2002, Yvette y Sergio se casaron. Tres años después, uno de sus hijos se mudó a Fort Worth y más adelante su hija también. Hambriento por reconstruir su relación con ellos, Sergio y su esposa se mudaron allí también. Yvette empezó a trabajar en el Departamento de Servicio al Colaborador de los Ministerios Kenneth Copeland. Poco tiempo después, Sergio también se unió al equipo.

    Sergio recuerda: «Cuando estuve en El Paso había escuchado las prédicas de Jerry Savelle, pero sólo había oído hablar acerca del hermano Copeland. Y comencé a prestarle atención a sus enseñanzas. El día que lo escuché decir que somos los profetas de nuestra propia vida, mi vida cambió para siempre. Luego, ¡aprendí acerca de la autoridad del creyente! Mensaje tras mensaje, empecé a crecer en la Palabra de Dios».

    El botín es para el vencedor

    Hace unos años, cuando Sergio estaba en Venezuela con el equipo de KCM para la Campaña de Victoria, le pidieron que interpretara al hermano Copeland en una iglesia local. Además, le informaron que viajaría con el hermano Copeland del hotel a la iglesia; así podría hablar con él antes de la reunión. Por primera vez en su vida, Sergio usaba un micrófono para ministrar la Palabra en español mientras el hermano Copeland predicaba.

    Hoy, como miembro del equipo de ministros de KCM, Sergio viaja a través de Estados Unidos -California, Florida, Michigan, Wisconsin-. En agosto pasado, durante la Campaña de Victoria de 2013 en Venezuela, el hermano Copeland invitó a Sergio a la plataforma para que diera su testimonio. Frente a una audiencia de miles de personas, Sergio modestamente escuchó como el hermano Copeland decía: «Quiero presentarles a mi hijo espiritual».

    Su madre lo había rechazado, su padre lo había abandonado; sin embargo, este hombre de Dios lo llamó: hijo. Sergio sabía que era LA BENDICIÓN de Dios, restaurando lo que estaba perdido.

    En marzo del año pasado, y con una carga por su gente, Sergio regresó a ciudad Juárez. Se paró una vez más en el estadio de básquetbol, donde niño trabajó vendiendo papas fritas y donde su madre pasó la mayor parte del tiempo trabajando en los bares cercanos. Esta vez no se realizó un evento deportivo; las tribunas se llenaron con gente que alabó el nombre de Jesús. Bajo la dirección del Señor, Sergio había rentado el estadio y organizado una Campaña de Victoria en Juárez, trayendo pastores de Lima, Perú y de diferentes partes de los Estados Unidos.

    Sergio explica: «Juárez es considerada una de las ciudades más peligrosas del mundo, y ésa es la razón porque la que Dios quiere que hagamos algo diferente en ese lugar».

    En marzo de este año, Sergio participará con Courtney Copeland, la nieta de Kenneth Copeland, y ministrará durante un evento juvenil denominado: Reaction Tour. Luego, en Julio, el mismo estadio está rentado para realizar otra Campaña de Victoria en Juárez.

    Además, el Señor dirigió a Sergio a comprar una propiedad en ciudad Juárez, en el área donde solía vivir.

    “El me dijo que comprara un terrero, y construyera una iglesia donde se predique la Palabra de fe; y que la equipara con una cocina grande”, Sergio comenta. “Vamos a alimentar a esos niños con buena comida y con la Palabra de Dios. Él nos ha llamado a investir a esos niños con poder. Ése es un claro ejemplo de lo que significa mi relación de colaborador con KCM. Es como lanzar una cuerda de rescate a las personas heridas alrededor del mundo”.

    Han pasado 13 años desde que Sergio Alvarado alcanzó la misma cuerda, lanzada por Dios, para dejar la cocaína. No sólo ha sido revertida la maldición en su propia vida, sino que su mensaje de esperanza es una cuerda de rescate para un mundo herido.

    Texto extraído de: Revista LVVC – Edición marzo 2014, página 22

  • La herencia del favor de Dios (por Jerry Savelle)

    2-14_jerryAntes de que Dios declarara: «…Sea la luz…», y asi dar inicio con la creación de todas las cosas que hoy en día existen, Él ya tenía preparado un plan maravilloso para la humanidad.

    El apóstol Pablo escribió, en su carta dirigida a los Gálatas, que ese plan consistía en que todas las personas fueran bendecidas: «Y la Escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles, dio de antemano la buena nueva a Abraham, diciendo; «En ti serán benditas todas las naciones.» De modo que los que tienen fe son bendecidos con el creyente Abraham» (Gálatas 3:8-9, RV95).

    El pacto que Dios realizó con Abraham, se extendió tanto a su descendencia de sangre, como a su descendencia espiritual. En el linaje de sangre de Abraham estaban su hijo Isaac y su nieto Jacob, quien más tarde recibió el nombre de Israel; haciendo que toda la nación hebrea lleve su nombre. El término gentiles en ese versículo se refiere a todos los pueblos, tribus y naciones que no son judíos. Y fue por medio de la fe que los gentiles se convirtieron en la semilla espiritual de Abraham; Pablo lo explicó de la siguiente forma:

    «Cristo nos redimió de la maldición de la Ley, haciéndose maldición por nosotros (pues está escrito: «Maldito todo el que es colgado en un madero»), para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzara a los gentiles, a fin de que por la fe recibiéramos la promesa del Espíritu. Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su descendencia. No dice: Y a los descendientes», como si hablara de muchos, sino como de uno: «Y a tu descendencia», la cual es Cristo. Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente descendientes de Abraham sois, y herederos según la promesa» (versículos 13-14, 16, 29, RV95).

    La Biblia declara que si tú y yo pertenecemos a Cristo —al haber aceptado a Jesús como el Señor de nuestra vida— somos entonces descendientes de Abraham, y herederos según la promesa. En otras palabras, la promesa que Dios le dio a Abraham, también es para nosotros. Eso lo podemos corroborar en Romanos 4:16: «Por eso la promesa viene por la fe, a fin de que por la gracia quede garantizada para toda la descendencia de Abraham…» (RV95). El apóstol Pablo nos enseña que estas promesas están aseguradas para toda la descendencia de Abraham —o como lo diríamos en palabras modernas, las promesas de Dios están garantizadas—.

    Dios planeó que disfrutáramos en plenitud cada promesa que Él le hizo a Su pueblo en Deuteronomio 28. Como herederos de la promesa de Dios, esas bendiciones son nuestra herencia. Ahora bien, si las bendiciones que Dios nos prometió aún no se están manifestando plenamente en nuestra vida; quizás sea porque desconozcamos nuestra herencia, o porque ignoramos la promesa que se nos ha dado a través de nuestro pacto con Dios.

    En Génesis 12 encontramos una promesa en particular que Dios le hizo a Abraham —una promesa que también es para nosotros como descendientes de Abraham—. Dios le manifestó en el versículo 2: «Haré de ti una nación grande, te bendeciré, engrandeceré tu nombre y serás bendición» (RV95). La versión bíblica amplificada (AMP), traduce ese mismo versículo de la siguiente manera: “Te bendeciré [con un gran incremento de favores]”. En otras palabras, Dios prometió incrementar Su favor en la vida de Abraham.

    Un incremento abundante

    Este incremento abundante de favor trajo cosas buenas a la vida de Abraham, al tiempo que, hará lo mismo por nosotros. Ese tipo de favor abundante es parte de nuestra herencia, y está a nuestra disposición; pues somos herederos de Abraham. No podemos ni siquiera imaginar las buenas cosas que el favor de Dios llevará a cabo en nuestra vida, pues Él: «…es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos…» (Efesios 3:20).

    A medida que la Biblia narra la historia de Abraham, podemos ver que él fue un hombre exitoso, próspero y poderoso, gracias al favor de Dios. Ningún enemigo podía derrotarlo porque tenía el favor de Dios. Abraham siempre salió victorioso, sin importar en dónde estuviera o las circunstancias por las que estuviera atravesando. En un punto de su vida, Dios le manifestó: «…Vete de tu tierra, de tu parentela y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré» (Génesis 12:1, RV95). Cuando Abraham dejó a su familia y su tierra, terminó en medio del desierto —y aun en ese lugar, Dios lo hizo un vencedor—. Al final de su vida, la Biblia manifiesta que: «Abraham estaba ya entrado en años, y el SEÑOR lo había bendecido en todo» (Génesis 24:1, NVI).

    La intención de Dios al establecer un pacto con Abraham, era crear un canal por el cual Él pudiera bendecirlo. Y gracias a la promesa que Dios le hizo a Abraham,  Él también tiene un canal por el cual puede bendecirnos. Dios desea que vivamos bajo el favor divino —ese tipo de favor que abre puertas que el ser humano no puede abrir—.

    Recuerda que vivir bajo el favor divino, no significa que nunca tendremos problemas, que nunca enfrentaremos oposición, o que nunca nos lastimarán. Significa que si invertimos tiempo para aprender acerca de nuestra herencia de favor, y luego nos determinamos a vivir bajo ese favor todos los días, veremos a Dios actuar en nuestra vida de una manera nueva y poderosa.

    Dios está dispuesto a mostrarnos Su favor

    Los primeros versículos de la Biblia que nos muestran a Dios interactuando con el ser humano, nos presentan una hermosa imagen de Su naturaleza misma, la cual es mostrarnos Su favor: «Los bendijo Dios y les dijo: «Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra y sometedla; ejerced potestad sobre los peces del mar, las aves de los cielos y todas las bestias que se mueven sobre la tierra» (Génesis 1:28, RV95).

    La gracia y el favor de Dios se manifestaron cuando bendijo por primera vez al hombre y a la mujer que había creado a Su imagen. El Señor les dijo: «…fructificad y multiplicaos; llenad la tierra y sometedla; ejerced potestad…». Es en esta bendición, que podemos ver el corazón de Dios y Su favor abundante, el cual fue entregado al ser humano. Sin embargo, muchas personas —incluyendo cristianos— aún necesitan recibir la revelación del favor de Dios.

    Recuerdo una ocasión en la que volvía a Fort Worth, después de ministrar en una reunión en Tulsa, Oklahoma. Me había tocado el asiento central en mi fila, y en la ventanilla se encontraba una señora de unos 60 años. Intercambiamos una mirada y nos saludamos. Luego, me senté mientras el resto de los pasajeros abordaba el avión, incluyendo un grupo de personas que había asistido a la reunión en la que había predicado.

    Al verme, estas personas me saludaron: “¡Hola hermano Jerry!” “¿Cómo estás hermano Jerry?” “Disfrutamos de tus prédicas esta semana”.

    Después de estos saludos con los integrantes del grupo, la señora volteó y me dijo: «Supongo que eres un ministro».

    «Así es señora, soy un ministro», le respondí.

    «¡Qué bueno, porque necesito oración, y la necesito ya mismo!», me contestó.

    Escuché mientras me describió su situación,  y al finalizar le hablé acerca del favor de Dios y le expliqué el impacto que podría tener en su vida. Luego, oré por ella. Después, ella me dijo: «Debe ser maravilloso ser amado y respetado por tantas personas». A lo cual le respondí: «Bueno, sólo puedo decirle que todo se lo debo al favor de Dios del cual acabo de hablarle, y es un honor contar con Su favor en mi vida». Estoy seguro de que esta señora regresó a casa con una nueva revelación del favor de Dios.

    En ocasiones, cuando Carolyn y yo meditamos acerca del favor de Dios sobre nuestra vida, nos maravillamos. No es que nosotros tengamos más privilegios que los demás, pero Dios ha bendecido la obra de nuestras manos de maneras asombrosas. ¡Definitivamente, Él ha cumplido Sus promesas en nuestra vida! Y en agradecimiento, hemos pasado más de 40 años esforzándonos por cumplir la promesa que le hicimos al comenzar el ministerio. Le prometimos a Dios que sin importar el alcance que este ministerio tuviera, ni su crecimiento, o el renombre que obtengamos; siempre seremos las mismas personas que éramos antes de iniciarlo. Nos propusimos que nunca nos sentiríamos superiores, y que nunca nos olvidaríamos de los que nos ayudaron a llegar hasta donde estamos. Por el contrario, prometimos estar dispuestos a mostrar el mismo nivel de favor que Dios nos ha mostrado. Esa promesa es la razón por la cual continúo aceptando invitaciones para predicar en iglesias pequeñas que no tienen más de 50 miembros.

    Recientemente, visité una iglesia maravillosa. Los pastores eran una pareja de edad avanzada, y la iglesia atravesaba una situación financiera difícil; y a pesar de eso, ellos hicieron lo mejor que pudieron para atenderme mientras estuve ahí. Antes de regresar a casa, decidí cubrir mis propios gastos —y lo que me dieran de ofrenda, mucha o poca, se la devolvería a esa preciosa pareja, y la sembraría en sus vidas—.

    La ofrenda que recibieron la noche que prediqué fue la más grande que esa pequeña congregación había recibido. Antes de retirarme, el pastor me dio el cheque muy contento. Lo miré, y le pregunté: «¿Pastor, este cheque es todo mío?».

    «Así es, hermano Jerry. Es todo suyo», me respondió.

    «Me está diciendo que es todo mío, sin ninguna restricción; y puedo hacer con él lo que yo quiera», volví a preguntarle.

    «Así es hermano Jerry».

    Entonces tomé una lapicera, endosé el cheque, se lo devolví al pastor, y le dije: «Ahora este cheque es para usted y su esposa».

    Cuando me preguntó por qué le estaba devolviendo el cheque, le contesté: «Sólo llámelo favor. El favor de Dios».

    Dios nos creó a Su imagen, y si Él está dispuesto a mostrarnos Su favor, ¿no deberíamos nosotros también estar dispuestos para mostrar ese favor a los demás? Pues a medida que sembremos semillas de favor en la vida de los que nos rodean, ese favor comenzará a crecer en nuestra propia vida, al igual que en la de Jesús. En Lucas 2:52, leemos: «Y Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres». Si Jesús tenía la capacidad para crecer en el favor con Dios y los hombres, entonces nosotros también la tenemos.

    Vivir en el favor de Dios produce alegría en nuestras vidas. En Salmos 5:12, leemos: «Tú, Jehová, bendecirás al justo; como con un escudo lo rodearás de tu favor» (RV95). La versión amplificada traduce el mismo versículo de la siguiente manera: “Como con un escudo estarás rodeándolo con tu buena voluntad (agrado y favor)” (AMP). A pesar de lo que algunos cristianos te digan, debes tener la certeza de que Dios no se opone a que disfrutes esta vida. De hecho, ser creyente debe ser algo divertido. Recuerda que Jesús oró para que Sus discípulos tuvieran Su: «…gozo cumplido en sí mismos» (Juan 17:13).

    De acuerdo con la oración de Jesús, nuestro gozo debe ser un reflejo de Su mismo gozo. La profecía mesiánica de Isaías, al referirse a Jesús, manifiesta que: «…el deleite de Jehová será prosperado en Su mano» (Traducción libre de King James Version – Isaías 53:10). Una vida marcada con alegría, y disfrutada con reverencia a Dios, es otra forma de mostrarle al mundo la imagen de Dios en la que fuimos creados.

    Coronados con honor y gloria

    En todos estos años de ministerio, he visto a muchas personas que no han disfrutado las victorias que les pertenecen, y esto se debe a que tienen una imagen muy pobre de sí mismas. Jesús declaró que debemos amar a los demás como a nosotros mismos; no obstante, he visto que hay muchas personas que ni siquiera se aman a sí mismas. En 2 Timoteo 2:1, se nos ordena que nos esforcemos: «…en la gracia que es en Cristo Jesús». En otras palabras, no debemos ser débiles son respecto al favor de Dios. Necesitamos ser fuertes y tener una actitud positiva en lo que concierne al favor de Dios. Muchos creyentes, en especial aquellos que no fueron criados en un ambiente donde los animaran o estimularan, tienen dificultad para entender esta verdad.

    Una noche Carolyn y yo volvíamos a casa después de cenar, cuando de repente ella vio la calcomanía en el parachoques del vehículo en frente a nosotros. A la distancia parecía una de esas calcomanías con mensaje positivo, indicando que el hijo del conductor es un estudiante con buenas notas en la escuela. Sin embargo, al acercarnos, ésta decía: “Mi hijo es el prisionero número uno en la cárcel del estado de Texas”. Ahora bien, estoy seguro que cuando estas personas pegaron la calcomanía en su vehículo, lo hicieron porque creyeron que sería algo gracioso —y no porque en realidad quisieran que su hijo estuviera en prisión—. Lo que estoy tratando de decir es: Cuando un hijo crece escuchando palabras de ese tipo, palabras como las de esa calcomanía, lo más seguro es que esas palabras se cumplan en su vida.

    Algunas personas me han preguntado: “¿Estás diciendo que si declaro ese tipo de cosas sobre la vida de mis hijos, se cumplirán en la vida de ellos?”.

    Yo siempre les respondo: “Si no hay una intervención divina, por supuesto que sí”. La Palabra de Dios nos enseña: «Instruye al niño en su camino, y aún cuando fuere viejo no se apartará de él» (Proverbios 22:6). Las palabras que confesamos sobre la vida de nuestros hijos llevan un gran poder, no importa si son buenas o malas. Por esa razón, es de suma importancia declarar el favor divino de Dios sobre nuestras familias a diario.

    Para aquellos que crecieron sin escuchar palabras de gracia y favor divino sobre sus vidas, les tengo buenas noticias. Podemos usar la Palabra de Dios para destruir: «…argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo» (2 Corintios 10:5, RV95). El apóstol Pablo describió la Palabra de Dios como: «…viva, eficaz y más cortante que toda espada de dos filos: penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón» (Hebreos 4:12, RV95). Por medio de la Palabra de Dios, podemos cambiar nuestra manera de pensar y hacer que nuestros pensamientos se alineen con lo que Dios declara acerca de nosotros. Dios manifiesta que fuimos creados a Su imagen, y que fuimos coronados con gloria y honor. Por tanto, debemos vivir en autoridad y dominio.

    Cuando nos armamos con el nombre de Jesús y la Palabra de Dios, podemos tomar autoridad sobre las mentiras y toda circunstancia que nos desalienta, las cuales parecieran controlar nuestras vidas. El favor de Dios puede cambiar situaciones que parecen imposibles.

    ¿Recuerdas Salmos 84:11? «Porque sol y escudo es Jehová Dios; gracia [favor divino] y gloria dará Jehová. No quitará el bien a los que andan en integridad». No importa qué tan terribles puedan ser tus circunstancias, cuánto dinero necesites, o qué tan negativo sea el reporte que recibiste del médico o del abogado —tampoco importa la cantidad de veces que te dijeron que nunca lograrías nada—. Cuando el favor de Dios se presenta, el fracaso y la derrota ya no serán algo inevitable. Pues el favor de Dios trae cosas buenas a tu vida: trae prosperidad.

    Cuando entendamos de corazón lo importante que somos para nuestro Padre celestial, la duda y la inseguridad desaparecerán, y viviremos en la plenitud de nuestra herencia de favor, la cual nos pertenece en Jesucristo.

    Texto extraído de: Revista LVVC – Edición febrero 2014, página 24

  • Mi Padre me ama (por Jenny Kutz)

    2-14_jennyA sus 17 años, Jenny Kutz experimentó el dolor del divorcio de sus padres. Dolor que al principio la dejó sin esperanzas—y truncó sus expectativas acerca del futuro—. En su nuevo libro, titulado: ABBA, Jenny comparte cuán fiel ha sido Dios para sustentarla y mantenerla firme desde entonces. Y que Él tiene un plan maravilloso no sólo para ella, sino para todo hijo que esté atravesando por una situación de divorcio. En su libro, Jenny anima a otros que se encuentren en situaciones similares, sin importar las circunstancias que estén enfrentando: la vida no se ha acabado y aún hay esperanza. Hay esperanza en Jesucristo, y apenas han comenzado tus nuevas aventuras. El siguiente artículo es  un extracto adaptado del libro ABBA.

    Recuerdo una ocasión, en la que estuve frente a frente a una mujer que pensaba suicidarse.

    Ella llegó al altar durante un servicio en respuesta a un llamado y me dijo que era atormentada continuamente  con pensamientos suicidas. Sentía que no estaba a la altura del estándar de ninguna persona, e insistía: «No merezco que nadie se preocupe por mí por todas las cosas que he hecho. He decepcionado a mi esposo. Él trabaja muy duro para darme lo que necesito, sin embargo, lo único que he hecho es defraudarlo a él y a mis hijos». Y siguió hablando de todos los errores y fracasos que había tenido.

    Comencé a ministrarla, y le compartí acerca del perdón y la gracia de Dios. Le compartí las promesas maravillosas que Dios tiene para ella; sin embargo, ella continuaba repitiéndome sus errores, fracasos y como no servía para nada. Aunque yo estaba compartiendo con ella verdades espirituales que la harían libre, sus pensamientos no le permitían aceptar la gracia de Dios. Yo sentía que no estaba llegando a ningún lugar, pues cada vez que le decía algo, ella continuaba dándome razones de porque era una “inútil”.

    Finalmente, y en medio de las quejas acerca de sus errores y fracasos, el Espíritu de Dios creció dentro de mi y le pregunté directamente: “¿Sabes que tu Padre te ama?”.

    De repente hubo un silencio entre nosotras. Yo pude ver como la pregunta la había golpeado tan fuerte como una tonelada de ladrillos, al tiempo que una sensación de calma la inundaba, y se daba cuenta que tenía un Padre que la amaba muchísimo. Un rato más tarde, ella susurró: “Mi Padre me ama”.

    Yo le respondí: «Tal cual, sólo deja que la idea te invada. Digámoslo otra vez».

    Cada vez que ella lo repetía, la sanidad y el amor comenzaron a agitarse en su corazón. Y mientras más permitía que la verdad penetrara, más la creía. Toda conversación referente a su pasado desapareció, para ser reemplazada por la bondad del perdón de Dios. Le compartí escrituras referentes al amor de Dios, y continué animándola.

    Esta mujer sólo pudo recibir el perdón y la gracia de Dios hasta que recibió la revelación del amor de Dios por ella. Mi Padre me ama. Esas cuatro palabras cambiaron por completo el curso de su vida. El amor de Dios penetró hasta el fondo de su corazón para rescatarla. Creo que sigue viva hoy, por el poder de Dios y la revelación de saber cuán preciosa es para Él. Ella cambió cuando dejó de ver a Dios como alguien lejano e impersonal y lo empezó a ver como un Padre que la amaba a pesar de sus errores. Comenzó a ver a Dios como un Padre a quien podía acudir y en quien podía confiar.

    Dios también te ha escogido a ti para amarte y protegerte. Veamos lo que Jesús manifestó en Juan 15:16 «Ustedes no me eligieron a mí, yo los elegí a ustedes…» (NTV). Él eligió amarte tal y cómo eres. Pueda que sientas que no mereces ser amado, aceptado o que no mereces protección alguna por lo que has hecho en el pasado. Sin embargo, ese pasado no puede cambiar lo que Dios siente por ti, o Su compromiso de cuidarte. De hecho, Él ya sabía que cometerías los errores que has cometido, y aun así eligió amarte.

    El amor de Dios es más profundo que cualquier otro amor que puedas encontrar. No importa lo bajo que caigas, no existe nada que pueda separarte de Su amor. No puedes correr de Su amor; aun así lo hayas intentado. Él siempre te amará, sin importar si eliges amarlo o no. Sin embargo, aunque Su amor es tan grande, Él te da la opción de aceptarlo. El te deja decidir si quieres llamarlo: “Padre”. Tú eres algo tan preciado para Él, que creó un camino para que pudieras llamarlo “Padre”.

    Recuerdo una noche cuando clamé a Dios porque me sentía herida, Él me mostró una visión en dónde yo era una niña pequeña. Me vi corriendo hacia Sus brazos. Corría a toda velocidad y con todas mis fuerzas. Nunca me distraje, mi mirada estaba enfocada por completo en Él.

    Cuando al fin lo alcancé, pude sentir que me sonreía, sentí el amor en Él. Me alzó y me comenzó a dar vueltas y más vueltas, como un padre lo hace con su niña pequeña. Cuando terminó de darme vueltas, me sentó sobre sus piernas. Recuerdo que me sentía tan inocente y tan segura, que todos mis temores y preocupaciones desaparecieron en Su gran amor. Ésa es la clase de Padre que Dios anhela ser para nosotros.

    A medida que pasan los años me he propuesto mantener mi fe como la de un niño, aprovechando cualquier oportunidad para clamar y correr hacia mi Padre celestial. Cierra tus ojos e imagínate a Dios levantándote en Sus brazos amorosos. Deja que todo el temor y el remordimiento se derrita en Su presencia. Entrégale todas tus preocupaciones y déjalas desaparecer.     Permite que Dios Padre sea Abba en tu vida: Tu Papi. Cada vez que comiences a preocuparte por alguna situación en tu vida, sólo di en voz alta: “Mi Padre me ama. Mi Padre me ama”. Y deja que esas palabras resuenen dentro tuyo.

    Texto extraído de: Revista LVVC – Edición febrero 2014, página 22

  • Viviendo en libertad (por Melanie Hemry)

    2-14_profileLa luz de una vela titilaba en la habitación, mientras Dara Maclean, de 22 años, apoyaba su espalda en la pared y se deslizaba en la alfombra color crema. Cerrando sus ojos, intentaba encontrarle sentido a todo.

    ¿Por qué siempre se sentía como si no fuera lo suficientemente buena o como una fracasada?

    La mayoría de sus amigos estaban en la universidad, comenzando su carrera profesional y contrayendo matrimonio. Dara había escogido un rumbo diferente; mientras trabajaba empleos de medio tiempo, se dedicó a lo que ella consideraba su llamado: la industria de la música. Dara donaba su tiempo sirviendo en la iglesia, mientras se entrenaba para el ministerio. Y continuaba creyendo que algún día firmaría un contrato con una gran compañía discográfica, para proclamar el evangelio por medio de la música.

    Dara se sentía estancada— como si estuviera en el limbo, trabajando en el ministerio, pero no al nivel que anhelaba su corazón. Luchó de manera constante para creer que lo imposible podía suceder. Al terminar con su novio, su corazón roto parecía confirmarle ese sentimiento de fracaso. No había logrado ese “felices por siempre” con él, y tampoco había indicios de éxito en sus esfuerzos musicales.

    Alguien le aconsejó: «Deberías tener siempre un plan de emergencia: Obtén algún título o gradúate de la universidad. Después de todo, las probabilidades están en tu contra. ¿Tienes idea de cuántas personas logran tener éxito en la industria de la música?».

    Durante años, Dara hizo caso omiso a esos comentarios. Sin embargo, en medio de ese sentimiento de derrota, comenzó a pensar  que quizás se había equivocado. A lo mejor era hora de ser realista. Incluso los proyectos independientes en los que había invertido tiempo no habían rendido el fruto que ella esperaba.

    Desde que tiene memoria, sus padres, Dan y Judi, la habían animado a trabajar duro, con la gracia de Dios, y a nunca dudar de la obra que Él estaba haciendo en su corazón. Ellos la exhortaron a sumergirse en la presencia de Dios, y ver dónde ésta la estaba dirigiendo: «Tú naciste con un propósito específico y con un destino que Dios te ha dado. Nuestro trabajo es revelarte el amor de Dios, y confiar que Él te guiará a cumplir los sueños que ha puesto en tu corazón».

    Cuando Dara tenía 7 años, irrumpió en la oficina de su padre y le contó que había escrito una canción. Su canto hablaba acerca de la caída los muros de Jericó; y a partir de ese momento, no ha dejado de escribir canciones.

    «¡El Señor me dio una visión! le dijo a sus padres. Me vi cantando en África, ¡rodeada de las personas más hermosas!».

    Sus padres nunca la desanimaron. Por el contrario, la motivaron: «Así será, Dios te está mostrando tu futuro. Nosotros servimos al Dios de los imposibles. ¡Mientras más imposible parece, mejor!».

    En su corazón Dara sabía que sus padres estaban diciendo la verdad. Ahora, años más tarde, y tras haber negociado durante meses con una compañía discográfica, tenía en sus manos la prueba que tanto había buscado: un contrato.

    ¿Qué podría ser mejor que eso?

    Dara tomó el documento, y lo leyó una vez más. En sus manos estaba la culminación de todos sus sueños. Un contrato para grabar con una compañía cristiana.

    ¡Por fin! Una confirmación de que ella servía para algo.

    ¡Por fin! ¡Una prueba de que ella había escuchado de Dios!

    ¡Por fin! Su sueño se estaba haciendo realidad.

    Pero había una inconveniente en la forma en la que había sido criada. Dara había aprendido a reconocer la voz de Dios.

    Y ella escuchó claramente la voz del Señor diciéndole:

    No firmes ese contrato.

    Con el corazón lastimado, Dara pensó: Ésto es lo que pasa cuando colocas tu fe a un nivel tan alto, lejos de la realidad. Cuando vives en la tierra de los imposibles, no hay vuelta atrás, ni plan de emergencia. En momentos como éstos, no queda nada más que un dolor desgarrador.

    Enfrentando al enemigo— en el espejo

    Dara relata: «De nuevo me sentía una fracasada. Desde niña, aprendí que hay un adversario que tiene como objetivo robar nuestro destino. Y decidí que no permitiría que robaran el plan de Dios para mi vida. Pero cuando por fin me ofrecieron un contrato para grabar y el saber que no debía firmarlo se sentía completamente  injusto».

    «Al sostener ese contrato, sentí como si estuviera sosteniendo mi sueño —sólo para que me fuera arrebatado—. Sentada en el suelo aquel día, me di cuenta que no era feliz, que estaba insatisfecha y que me sentía miserable. Estaba tan enfocada en el llamado que había caído en el perfeccionismo. Y eso provocaba que sintiera que no era lo suficientemente buena. Reconocí a mi enemigo cara a cara: Era yo misma».

    Sola y destrozada, Dara dejó a un lado su contrato de grabación. Abrió su Biblia e inició el proceso de redescubrir su identidad en Cristo. En Su presencia, ella escuchó las siguientes palabras: Lo que en realidad Me importa es que seas libre. ¿Me adorarás el resto de tu vida, aún si nadie nunca te ve?

    «Sí, Señor, lo haré».

    Necesito que dejes de enfocarte en los títulos. Quiero que la adoración sea tu estilo de vida y que simplemente ames a las personas. Cuando hagas lo que más Me importa, los sueños que he puesto en tu corazón se materializarán, y nada más te importará.

    Como un acto de fe y obediencia, Dara tomó su guitarra y le cantó al Señor. Como el salmista las palabras brotaron de su corazón quebrantado y cantó una canción nueva:

    “Un corazón herido y unas alas rotas no podrán detener a Tu amor para que siempre me encuentre…”.

    Después de ese momento en la presencia de Dios, ella tituló esa canción: “Free” (Libre).

    Más tarde, Dara fue a la casa de sus padres para compartir con ellos acerca de su lucha.

    Ellos le preguntaron: «¿Cuál es tu primer llamado?».

    «Tener comunión con Dios».

    «Entonces, enfócate en ese llamado. Y con el tiempo, Dios te sacará de la oscuridad y el anonimato».

    «Pero he trabajado duro para realizar mi sueño».

    Su padre le respondió: «En esta etapa de tu vida se está moldeando tu carácter e integridad. Piensa en el tiempo en el que Dios trató con el carácter y la integridad del hermano Copeland. Cuando esa etapa terminó, Dios se manifestó en su vida de una manera asombrosa. Entonces, ¿cómo se supone que será tu historia? Cuando tu carácter e integridad estén afirmados, Dios hará lo mismo por ti».

    Preparándose para el propósito

    Dara le dio gracias a Dios por la sabiduría de sus padres. Y recordó que cuando ella tenía 8 años escuchó, por casualidad, una conversación entre ellos.

    «Necesitamos vivir en una atmósfera de fe», su padre había dicho.    Poco tiempo después, se mudaron a Fort Worth, Texas para asistir a la iglesia Eagle Mountain International Church, y se involucraron más con los Ministerios Kenneth Copeland.

    Dara explica: «A mis 8 años, me convertí en una Superkid y me gustó muchísimo. La academia de Superkids es un lugar seguro donde los niños aprenden y crecen en el Señor. De niña, aprendí cómo organizar un servicio, cómo preparar un mensaje para recibir las ofrendas y cómo dirigir la alabanza y adoración».

    «Trabajé como voluntaria en la academia SuperKids desde los 8 hasta los 22 años. Todos esos años fundaron la base para el ministerio en mi vida. Aprendí cómo dirigir una banda, un coro y a danzar —mucho antes de darme cuenta que necesitaría esas habilidades para cumplir el llamado de Dios en mi vida—».

    Mientras ella se enfocaba en el Señor, y no en los títulos, las circunstancias de Dara parecían que no cambiaban —pero, sí su corazón—. Y se despertaba cada día  más consciente de su identidad en Dios.

    Ella sabía que Dios amaba a todo el mundo; pero descubrió que Su amor también se focaliza de manera individual: Una oveja perdida, un hijo pródigo, un pastorcillo, un Hijo y un Salvador.

    «Señor», Dara oró, «te dedico mi vida. Amaré a las personas todos los días».

    Cuando sus amigos le preguntaban: «Dara, ¿por qué no te inscribes en el concurso American Idol?», ella se reía. La respuesta era sencilla: El Señor no le había indicado que lo hiciera. Dios le había pedido que dirigiera la alabanza y adoración, y a bajar del escenario, ayudando una a una a las personas con problemas.

    Jamás se había sentido tan plena en su vida.

    El llamado

    Además de dirigir la adoración y liderar un grupo de jovencitas, Dara también aceptó dirigir la adoración en el grupo de enseñanza de su padre, el cual se llamaba: “Conociendo a Dios íntimamente”. No era un escenario, pero ¿a quién le importaba? Dara estaba satisfecha —o feliz en su alma—. Para ella no se trataba de una multitud, sino de Jesús.

    El 15 de junio de 2009, el teléfono de Dara sonó.

    La mujer al teléfono le explicó: «Mi nombre es Susan Riley, y te llamo desde Nashville, Tennessee. Alguien me envió una copia de tu proyecto independiente. Me gustaría contratarte como compositora».

    Dara contestó: «Soy compositora, pero creo que también he sido llamada a ser solista».

    Exactamente como el Señor se lo había prometido, el llamado surgió de la nada. A medida que Dara comenzó a negociar su contrato, descubrió que una mujer que asistía al grupo de su papá, fue quien había enviado su CD a Susan Riley.

    Dara relata: «Pasaron dos años mientras negociamos el contrato; pero esta vez el Señor me dio luz verde. El 7 de marzo de 2011 viajé a Nashville; y firmé un contrato con Word Records, bajo la cobertura de Warner Brothers. Y de inmediato estaba de gira con Winter Jam, una de las giras más grandes en el mundo».

    La vida de Dara cambió casi de la noche a la mañana.

    En el 2011, lanzó su primer álbum con Word Records, titulado: You Got My Attention (Llamaste mi Atención), y participó en la gira acústica navideña de la estación de radio K-LOVE. Al año siguiente, Dara ministró en conferencias y festivales a través de todo el país, realizó giras con KING & COUNTRY, Jason Castro, Casting Crowns y otros grandes exponentes de la música cristiana.  También ese mismo año lanzó un álbum navideño.

    Otra pieza del rompecabezas

    Dara expresa: «Al fin, permití que Jesús fuera suficiente para mí. Estaba ocupada realizando giras cuando mi padre, fiel a su estilo italiano, comenzó a realizar todo tipo de comentarios al azar. Entre ellos dijo: “Conocí a un chico, con un maravilloso corazón, que ama al Señor. Buen mozo.»

    «El nombre del muchacho era Donnie Petty, y Dios puso en el corazón de mi papá que nos conociéramos. Luego de nuestra primera cita en el zoológico, fuimos a tomar un helado, y después le mostré a Donnie fotos que guardaba en un album en Pinterest titulado “cómo me gustaría que luciera mi casa”. Le mostré varias fotos de arte y cosas que me inspiraban, entre ellos uno de mis favoritos: un cuadro hermoso del mundo pintado con acuarelas».

    Dara celebró su cumpleaños esa misma semana, y unos días más tarde Donnie le llevó un rollo. Él le dijo: «Tengo un regalo de cumpleaños para ti».

    Que raro pensó Dara: Casi no nos conocemos.

    «Donnie desenrolló una pintura de acuarela del mapa del mundo. ¡Él le había pagado a alguien para que lo pintara para mí! ¡Y desde ese momento, llamó mi atención!».

    Poco tiempo después, Dara recibió una llamada de Courtney Copeland, la nieta de Kenneth y Gloria Copeland, invitándola a adorar en su próxima gira: Reaction Tour en Kampala, Uganda.

    «En ese momento, comprendí que ésa fue la visión que el Señor me había dado cuando niña».

    «Courtney también estaba buscando hombres cristianos fuertes en el Señor y destacados en los deportes, y le pidió a Donnie que se uniera a su equipo. Cuatro meses antes de irnos a África, el Señor me dijo que Donnie era el hombre que había escogido para mí. Durante ese viaje, Donnie y yo la pasamos tan ocupados que no tuvimos mucho tiempo de vernos. Nunca estuvimos a solas. En nuestro último día en Uganda, al fin tuvimos algo de tiempo para compartir. Estábamos comprando recuerdos (souvenires), cuando de repente cayó una lluvia torrencial; nos reímos y corrimos para buscar un lugar donde refugiarnos. Al acercarnos a mi bungalow, Donnie tomó mi mano y me abrió su corazón. Dobló una de sus rodillas, y me pidió que pasara el resto de mi vida con él».

    Dara aceptó, y el 11 de mayo de 2013, luego de lanzar su tercer álbum: Wanted (Aceptada), ella y Donnie dijeron: “Sí, acepto”.

    Dara expresa: «Estoy tan feliz de que mi padre haya insistido en que viviéramos en una atmósfera llena de fe. Ser colaboradores de KCM, y crecer en la Academia Superkid ha significado tanto para mí. Si no conoces acerca del carácter de Dios, y cómo vivir en fe y en gracia, ¿cómo puedes a alcanzar Sus promesas?».

    Hoy en día, Dara Maclean Petty aún vive bajo la revelación que recibió en mayo de 2009, cuando escribió su canción: Free o “Libre”. Esa canción fue el mejor sencillo de su álbum: You Got My Attention.

    Dios aún tiene toda la atención de Dara, y ella sigue viviendo en libertad. Libre de la duda, del temor y del fracaso. Libre de las limitaciones.

    Texto extraído de: Revista LVVC – Edición febrero 2014, página 10

  • Una vida de búsqueda (por Gloria Copeland)

    2-14_gloriaHoy en día, se le da mucho énfasis a una gran variedad de estilos de vida. Las personas hablan de estilos de vida saludables y no saludables. También hablan acerca del estilo de vida urbano, del suburbano y del rural. Incluso, hace años existía un programa televisivo llamado: Estilos de vida de los ricos y famosos.

    Aunque supongo que esas cosas están bien, para mí sólo existe un estilo de vida digno de vivir: El estilo de vida que Dios describe en Su Palabra.

    A este estilo yo lo llamo: La vida de búsqueda, pues Jesús nos indicó cómo obtenerla al darnos las siguientes instrucciones:

    “Ya no se preocupen ni se angustien diciendo: ¿Qué comeremos?, o ¿Qué beberemos?, o ¿Qué vestiremos?. Los gentiles (paganos) anhelan y buscan todas estas cosas diligentemente; pero vuestro Padre celestial sabe que las necesitan. Más bien, busquen (enfóquense y luchen por conseguir) primeramente el reino de Dios y Su justicia [Su manera de ser y hacer lo recto], y todas estas cosas les serán añadidas” (Mateo 6:31-33, traducción libre versión AMP).

    Yo nací de nuevo leyendo esos versículos, por lo cual he conocido acerca de la vida de búsqueda por casi 50 años. Desde el principio, este estilo de vida fue emocionante para mí. Sin embargo, con el pasar del tiempo y al madurar me he vuelto más inteligente. De modo que hoy estoy más convencida de ella que nunca.

    ¿Por qué?

    Porque la vida de búsqueda es LA VIDA BENDECIDA. Es el tipo de vida que le abre las puertas a lo mejor de Dios para nosotros. La vida de búsqueda no sólo nos ofrece salud, prosperidad y éxito, sino también nos provee paz, gozo y todo lo que es bueno.

    A través de los años he descubierto que entre más busco a Dios, más feliz y maravillosa se vuelve mi vida. Además, me he dado cuenta que es mejor cultivar un estilo de vida que busca al Señor, en lugar de buscarlo para pedirle ayuda cuando estoy en problemas. Aunque Dios es misericordioso y siempre nos ayuda cuando le clamamos de corazón, podemos evitar momentos amargos y de dolor al permanecer cerca del Él a diario. Podemos disfrutar de una vida sin sobresaltos si de continuo buscamos realizar las cosas a Su manera.

    No es sólo una vez a la semana

    Tal vez alguien diga: “Pero Gloria, yo creo que estoy haciendo bien las cosas cuando se trata de buscar a Dios. Después de todo, yo asisto a la iglesia cada semana”.

    ¡Me alegra por ti! Ése es un buen comienzo. No obstante, la vida de búsqueda no sólo se trata de asistir a un evento semanal. Si de verdad quieres ser BENDECIDO, necesitas buscar las cosas de Dios todos los días. Debes mantener la Palabra de Dios frente a tus ojos, en tus oídos y en medio de tu corazón a cada instante.

    Eso es lo que se requiere para mantener tus pensamientos en línea.

    La razón es sencilla: vivimos en un mundo saturado de tinieblas. Estamos rodeados de una cultura disparatada que cree que lo malo es bueno, y lo bueno es malo. El diablo usa constantemente cualquier tipo de cosas para confundirnos e inundar nuestra mente de oscuridad. Por consiguiente, aún si asistes a la iglesia los domingos a la mañana y los miércoles por la noche, te desviarás de camino si sigues el ejemplo de los demás el resto de la semana.

    Pareciera que muchos cristianos no comprenden esto. Piensan que “ESTÁ BIEN” regresar del trabajo a la casa para sentarse a mirar los mismos programas de televisión que deshonran a Dios al igual que sus vecinos inconversos. Y no sólo me estoy refiriendo a los canales pornográficos; estoy hablando también de la basura en cada cadena televisiva que le falta el respeto a Dios o que promueve la inmoralidad.

    Aunque es fácil seguir la corriente del mundo y ver cualquier programa de televisión, no podrás disfrutar una vida de búsqueda si te relajas y emperezas. Tendrás que resistir al diablo y decidir hacer las cosas a la manera de Dios. Eso significa que a veces deberás apagar la televisión, y en su lugar, abrir tu Biblia.

    En otras palabras, deberás actuar.

    ¡Buscar es una palabra que requiere acción! Según el diccionario, ésta significa: “Ir tras algo, esforzándose de manera intensa; tratar de encontrar, preguntar o inquirir, aprender o discernir”.

    Recordé esto hace algunos años cuando perdí mi agenda personal. Había anotado todos mis compromisos para las semanas venideras en ella y estaba desesperada por encontrarla. Como te puedes imaginar, la busqué, la busqué y la busqué. En el cajón de mi escritorio, le di vuelta a mi guardarropa, y busqué en el auto de Kenneth y en el mío.

    Aunque demandaría mucho esfuerzo, seguí buscando y buscando porque necesitaba encontrar mi agenda. Y como era de esperarse, al fin la encontré.

    Más tarde me puse a pensar en el esfuerzo que invertí para buscar algo que sólamente afectaría unos días o unas semanas de mi vida. ¿Cuánto más no debiera invertir  en buscar las cosas de Dios —las cuales afectarían mi vida entera y toda la eternidad—?

    Una frase que cambió mi vida

    Otra definición para la palabra buscar proviene de la raíz hebrea que significa: “caminar dejando una huella o frecuentar”. Me gusta esta definición porque para ser buscadores de Dios, debemos pasar tiempo frecuentemente en Su Palabra y en oración.

    Personalmente, nunca tuve problemas para dedicarle tiempo a la Palabra. Desde que nací de nuevo, me ha gustado leerla y estudiarla. Es muy raro que pase un día sin que invierta mi tiempo leyendo la Biblia. Sin embargo, debo confesar que mi actitud no siempre fue la misma cuando se trata de orar. Sólo en el año 1982 la oración se volvió una prioridad diaria en mi vida. En ese entonces, estaba escuchando una enseñanza de Kenneth E. Hagin. Él dio una palabra profética que cambió mi vida.

    “Sólo dedíca una hora o dos de tu día en oración con el Señor”, y continuó:  “y todo estará bien en tu vida.”

    Yo había seguido el ministerio del hermano Hagin durante años. Y sabía que si él profetizaba algo se cumplía; así que esas palabras llamaron mi atención. Mi hijo John era un adolescente en aquellos días y se había alejado del Señor. Preocupada por su condición, pensé: Voy a empezar a levantarme más temprano e invertir una hora de mi día para orar, porque si lo hago todo estará bien conmigo y con John. Él recapacitará y comenzará a servirle al Señor.

    Debo confesar que al principio ¡levantarme temprano para orar fue difícil! Estábamos en temporada de invierno y cuando la alarma sonaba aún estaba oscuro y hacía frío. Mi carne se quejaba y yo pensaba: ¡No me quiero levantar! No obstante, de todas formas me las arreglaba para salir de la cama y pasaba una hora en oración. Habré fallado un par de veces, pero insistí hasta que se volvió un hábito.

    Muchos años después, hice un cálculo de cuántas horas había orado, gracias a que di ese paso de obediencia. Y quedé sorprendida al ver que había invertido miles de horas. ¿Crees que esas horas de oración han beneficiado mi vida? ¡Por supuesto que sí! Además de que John se convirtiera en un hombre de Dios y en el director ejecutivo de nuestro ministerio, muchas otras cosas mejoraron en mi vida.

    Esa decisión de buscar a Dios orando una hora al día, ha cambiado mi vida espiritual tanto o más que cualquier otra cosa que haya hecho desde que recibí la salvación y fui llena del Espíritu Santo. Piensa por un instante de lo que me habría perdido si hubiera dejado pasar esa oportunidad. ¡Imagínate todas las cosas buenas que habría dejado de lado al elegir el camino fácil y quedarme en la cama!

    Si no te quieres perder ni una sola de las cosas que Dios tiene para ti, te animo para que la oración se vuelva también una prioridad en tu vida. No dejes pasar el tiempo esperando a que otros oren por ti. No seas perezoso, ni pienses: Si me meto en problemas, voy a pedirle ayuda al grupo de oración de la iglesia.

    Los miembros del grupo de oración quizás estén orando por ellos mismos cuando tú llames. Es probable que no estén disponibles cuando tú los necesites. Es más, su llamado no es cuidar de ti como un bebé espiritual de dos años el resto de tu vida. Se supone que debes crecer y desarrollar tu propio estilo de vida de oración. Por tanto, si no lo haz hecho, determina hoy que vas a buscar a diario al Señor por medio de la oración y Su Palabra.

    ¡Sólo hazlo!

    ¿Qué ocurrirá cuando te comprometas a vivir un estilo de vida de búsqueda constante del Señor?

    No sólo vas a encontrar a Dios, ¡sino que también encontrarás la puerta que te llevará a disfrutar de una vida totalmente BENDECIDA!

    Jesús lo garantizó, al decir: “Sigan pidiendo y recibirán lo que solicitaron. Continúen buscando y encontrarán. Sigan tocando y [la puerta] se les abrirá” (Mateo 7:7, AMP).

    Es maravilloso recibir lo que has pedido. Es asombroso encontrarse con Dios para verlo abrir la puerta de Su magnífica voluntad para tu vida. Sin embargo, cuando eso sucede, hay algo más que necesitas hacer. Debes actuar en fe y obedecerle.

    La obediencia es parte vital en la vida de búsqueda. Si Dios te revela Su voluntad pero no actúas conforme a ésta, LA BENDICIÓN no desarrollará el máximo potencial que debería.

    Kenneth y yo aprendimos eso en 1967, cuando el Señor le indicó a Kenneth que nos mudáramos a Tulsa, Okla., a fin de que él estudiara en la Universiadad de Oral Roberts (ORU).

    ¡Acabábamos de nacer de nuevo cuando Dios nos dio esas instrucciones y parecían no tener sentido para nosotros! Kenneth tenía 30 años en aquel entonces, estábamos quebrados financieramente, teníamos niños a los cuales debíamos cuidar y una montaña de cuentas por pagar. Para nosotros Kenneth no necesitaba ir a la universidad, sino conseguir dos empleos para sobrevivir. No obstante, en su espíritu seguía escuchando la misma instrucción del Señor: Vé a ORU.

    Por un tiempo se opuso a esa instrucción, y pensaba: Es imposible e insensato. No podemos mudarnos, no tenemos dinero. ¿Cómo vamos a sobrevivir? (O como Jesús lo dijo: ¿Qué hemos de comer? ¿Qué hemos de beber? O ¿Qué hemos de vestir?) Por consiguiente, por un tiempo desobedecimos. Y como resultado, nuestras circunstancias —las cuales ya eran malas— empeoraron.

    Finalmente, entendiendo que sería mejor morir de hambre en la voluntad de Dios que fuera de ella, cargamos nuestras escasas pertenecias en un camión de mudanzas, y nos partimos hacia ORU. Cuando llegamos, Kenneth se inscribió como estudiante de tiempo completo tal cual el Señor se lo había ordenado. A partir de ese momento, cosas extraordinarias comenzaron a suceder.

    El costo de la matrícula de Kenneth se canceló de manera sobrenatural. Fue contratado de manera inmediata para ser el copiloto del avión del hermano Roberts. Tuvo la oportunidad de viajar a todas las reuniones de Oral Roberts, trabajando a su lado y aprendiendo de él acerca del ministerio de sanidad y liberación. Además, tuvimos la oportunidad de asistir a los seminarios de fe del hermano Hagin, los cuales cambiaron por completo nuestras vidas.

    Todo esto fue simplemente maravilloso; sin embargo, no sabíamos de antemano que iba a suceder cuando decidimos mudarnos desde Arkansas. Lo único que sabíamos era que Kenneth había sido llamado a predicar y que Dios nos había indicado que nos mudáramos a Tulsa.

    Así es la vida de búsqueda. Muchas veces no podrás entender cómo pasarán las cosas. Cuando Dios te da una orden, a menudo parecerá que Él te está pidiendo algo imposible. Pero debes actuar en fe y hacerlo de todas formas. Si no lo haces, si esperas hasta que todo marche bien, te saldrás del plan de Dios.

    Hoy, Kenneth y yo estamos muy felices de haber obedecido al Señor; y de no haber esperado hasta tener las finanzas para que él estudiara en ORU. ¡Nos hubiéramos quedado esperando toda la vida! ¿Por qué? Porque al estar fuera de la voluntad de Dios, nos hubiéramos hundido más en las deudas, en vez de salir de ellas.

    No obstante, al obedecer la instrucción de Dios y mudarnos a Tulsa vimos milagros. No sólo sobrevivimos, sino que Kenneth recibió el adiestramiento que necesitaba y en menos de un año, él estaba en el ministerio y todas nuestras deudas fueron pagadas.

    ¿Puede Dios hacer lo mismo contigo?

    Por supuesto que sí… y Él lo hará si la vida de búsqueda se vuelve tu estilo de vida. Por tanto, haz un nuevo compromiso. Toma la decisión de calidad de hacer de la Palabra de Dios tu prioridad No. 1 cada día. Cree y obedece lo que Dios ya dijo por medio de Su Palabra escrita, luego busca a Dios en oración para que te revele el plan específico que tiene para ti. Pídele sabiduría, y Él te la dará y te mostrará el siguiente paso.

    Cuando te lo muestre, obedece. Da un paso de fe, ve a dondequiera que te envíe, y haz lo que te indique en tu corazón.

    ¡Y empieza el estilo de vida de LOS BENDECIDOS!

    Texto extraído de: Revista LVVC – Edición febrero 2014, página 28

  • Del basurero a la junta directiva (por Kenneth Copeland)

    2-14_mainSi has estado luchando contra la escasez financiera, te diré algo que quizá te sorprenda: La solución a tu problema no es el dinero.

    La mayoría de personas te dirán que sí lo es, pero están equivocadas.

    La pobreza—o escasez de cualquier clase—no es un problema de dinero, sino un problema espiritual que vino sobre la humanidad a través de la maldición del pecado. Y podemos resolver este problema mediante la revelación de lo que Jesús llevó a cabo en la Cruz. Eso significa que sólo puedes vencerlo al renovar tu mente con el hecho de que Jesús: «se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos» (2 Corintios 8:9).

    En mis 46 años de ministerio, me ha sorprendido ver cómo esa verdad espiritual ha transformado la vida de las personas. Cuando dejan de creer lo que el mundo les dice acerca de su situación financiera, y comienzan a creer lo que Dios declara, la pobreza pierde por completo su autoridad sobre ellas. Y se mudan del basurero a la junta directiva. Se convierten en testimonios vivos, demostrando que Dios: «…levanta del polvo al pobre, y al menesteroso alza del muladar, para hacerlos sentar con los príncipes, con los príncipes de su pueblo» (Salmos 113:7-8).

    He visto cómo pasa una y otra vez. No sólo en naciones prósperas como Estados Unidos, sino en algunos de los lugares más afectados por la pobreza en este mundo.

    Por ejemplo, Nigeria. Hace algunos años, estuve allí predicando en la iglesia del obispo Benson Idahosa, y él llegó en una limosina Mercedes de color blanco a buscarme para ir la reunión. Ése era uno de los automóviles más bonitos que había visto, y en aquellos días que hasta una bicicleta era considerada un transporte lujoso, esa limosina era una señal y una maravilla sobre ruedas.

    Yo sé cómo el obispo Idahosa, —quien ya partió a casa para estar con el SEÑOR— hacía las cosas en el ministerio. Él vivía por fe, y le enseñó a su congregación a hacer lo mismo. Por tanto, yo sabía que había una historia detrás de ese automóvil.

    Mientras recorríamos las calles, él comenzó a relatarme esa historia. Señalando a los harapientos vendedores ambulantes a la orilla del camino, el obispo Idahosa me dijo: «¿Ves a esas personas? Están vendiendo aceite de motor usado. Ellos lo limpian, lo filtran, y luego lo venden barato a las personas que no tienen suficiente dinero para comprar aceite nuevo».

    Con sólo mirarlos, me di cuenta de que no era un negocio muy provechoso. Los pobres le vendían a los pobres, y así todos seguían pobres en el proceso. Sin embargo, la siguiente declaración del obispo Idahosa me tomó por sorpresa.

    Me dijo: «La dama que me obsequió este automóvil solía ser uno de esos vendedores ambulantes. Ella sobrevivía con monedas cada día. Pero se aferró a la PALABRA de Dios, y descubrió que Jesús la había liberado de la pobreza, y aprendió acerca de la siembra y la cosecha. Ella creyó, y comenzó a practicar este principio. Poco tiempo después, Dios la colocó en el verdadero negocio del aceite. Dejó de vender aceite usado para vender del nuevo ¡a lo grande!».

    No tuve que preguntarle cómo le había ido, pues la respuesta era el automóvil que conducíamos. Era claro que Dios había hecho por aquella mujer algo que ninguna cantidad de limosnas hubiese logrado. El SEÑOR la sacó de la pobreza, no enviándole personas a darle dinero; ¡sino enviándole Su PALABRA para erradicar la pobreza misma de su vida!

    Buenas noticias para los pobres

    No me malinterpretes. No estoy en contra de darle a los necesitados. Por el contrario, estoy muy a favor de eso. En mi vida y en mi ministerio, ayudar al necesitado es una prioridad, pues Jesús así lo hizo. Además, me gusta y para mí es un gozo. Pero aún así soy consciente de que sólo darle dinero a alguien no puede solucionar el problema de la pobreza en su vida.

    Si así fuera, la cita de Lucas 4:18, se leería diferente. Jesús habría dicho: “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para recaudar dinero para los pobres”.

    Pero eso no fue lo que Jesús dijo. Él declaró: «El Espíritu del Señor está sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres…».

    ¿Cúales son las buenas nuevas a los pobres? Son las buenas noticias de que no tenemos que volver a ser pobres jamás porque Jesús nos liberó. Él llevó la maldición de la pobreza por nosotros, a fin de que LA BENDICIÓN de Abraham pueda ser nuestra a través de Él.

    Jamás olvidaré la emoción que sentí la primera vez que escuché esa verdad. Era una revelación tan maravillosa que pensé que todo aquel que la escuchara, se emocionaría como yo. Una misionera que vivía en un país pobre donde fui a ministrar, me ordenó que ni siquiera mencionara esa parte del evangelio. Me dijo: «No le prediques a la gente de prosperidad. No les enseñes de la siembra y la cosecha. Ellos son demasiado pobres para darle algo a alguien».

    Aparentemente ella desconocía que 2,000 años atrás, la gente dijo lo mismo de los creyentes en Macedonia. De acuerdo con la Biblia, estos creyentes vivían en “extrema pobreza”. No era simplemente que vivían de la ayuda social del gobierno. Eran tan pobres que la mayoría de nosotros ni siquiera podría imaginarlo. Sin embargo, cuando escucharon que Pablo estaba recibiendo una ofrenda para ayudar a los cristianos en otra ciudad, le rogaron que les permitiera dar.

    ¿Por qué tuvieron que rogar? Porque la misma idea errónea que prevalecía en esa época, prevalece hoy. La gente pensaba que los pobres no podían dar cuando se les pidiera porque dar los dejaría más pobres que nunca.

    ¡Ésa es la forma de pensar que mantiene pobres a las personas! Pero los creyentes en Macedonia se negaron a creer de esa manera. Ellos deseaban dar, y no permitieron que se les negara ese derecho. Como resultado, Pablo escribió lo siguiente acerca de ellos en 2 Corintios 8:2-5:

    «Que en grande prueba de tribulación, la abundancia de su gozo y su profunda pobreza abundaron en riquezas de su generosidad. Pues doy testimonio de que con agrado han dado conforme a sus fuerzas, y aun más allá de sus fuerzas, pidiéndonos con muchos ruegos que les concediésemos el privilegio de participar en este servicio para los santos. Y no como lo esperábamos, sino que a sí mismos se dieron primeramente al Señor, y luego a nosotros por la voluntad de Dios».

    Lee de nuevo esa última oración. En ella se afirma que en Macedonia los creyentes tenían un gran deseo de ser de bendición para los demás, al punto de dar cualquier cosa que tuvieran —¡incluso a sí mismos!—. Decían: “¡Aquí estoy! Sólo díganme qué puedo hacer para ayudar. Muéstrenme cómo puedo servirles. Quizá no tenga mucho dinero, pero les daré mi tiempo. Pongo a su disposición mi fuerza. ¡Sólo permítanme dar!”.

    ¿Sabes cómo le llamó Pablo a esa actitud? Lo llamó: “La gracia de dar”. Y animó a otros creyentes a que abundaran en ella, siguiendo el ejemplo de los macedonios.

    «Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos. Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará. Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre. Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra» (2 Corintios 8:9, 9:6-8).

    Comienza a prestar atención

    Medita en lo siguiente: Esos versículos no se estaban refiriendo a las personas adineradas, sino a los más pobres entre los pobres. Fueron escritos acerca de la gente en extrema pobreza quienes no tenían casi nada para dar, excepto a sí mismos. Sin embargo, Pablo afirmó que Dios multiplicaría la semilla sembrada hasta que fueran enriquecidos lo suficiente ¡para abundar en toda buena obra!

    Quizá digas: “No sé cómo podría cumplirse esa escritura”.

    Entonces necesitas leer Mateo 14, porque en la Biblia se nos muestra con exactitud cómo se cumple. Allí se nos habla acerca de una ocasión en la que Jesús enriqueció a Sus discípulos tanto que pudieron alimentar a miles de personas hambrientas, aunque unos minutos antes ni siquiera tenían lo suficiente para su propia cena. Es probable que recuerdes esa historia.

    Esto ocurrió en medio del desierto. Jesús se dirigió a ese lugar para estar a solas, y las multitudes lo siguieron. Él actuó con tanta compasión por ellos que terminó teniendo una reunión de sanidad que duró todo el día. Cerca del atardecer, sus discípulos comenzaron a ponerse nerviosos. Después de todo, estaban en las afueras justo en medio de la nada —sin comida ni agua y en un lugar peligroso—.

    Entonces, ¿qué hicieron?. Interrumpieron la reunión. Se acercaron a Jesús, quien por horas había estado sanando a las personas de toda clase de enfermedades y dolencias, y le dijeron: «El lugar es desierto, y la hora ya pasada; despide a la multitud, para que vayan por las aldeas y compren de comer» (Mateo 14:15).

    Estoy seguro que en ese momento, los discípulos pensaron que sus palabras tenían mucho sentido. Pero en realidad, eran ridículas. ¿Creían ellos que Jesús —quien había obrado milagros todo el día— no se las arreglaría para saber qué hacer con la cena? ¿Pensarían ellos que Él había perdido la noción del tiempo, o que se le había olvidado que estaban en el desierto?

    La idea en sí misma es absurda. Sin embargo, si somos sinceros, tenemos que admitir que nosotros también hemos actuado de la misma manera. Todos sabemos lo que se siente al enfrentar problemas que parecen tan grandes que abarcan todo lo que podemos ver. Todos hemos sentido la presión que surge al tener pensamientos de pánico: “Si me atraso en este pago, ¡embargarán mi automóvil! ¿Qué voy a hacer?”.

    Cuando comiences a pensar: “¿Qué voy a hacer?”, ya te equivocaste; te daré un buen consejo para cuando eso ocurra: detente y recuerda que Dios no depende de tu habilidad. Sólo porque algo parezca difícil para ti, no significa que sea difícil para Él. ¡Para Él todo es posible!

    Los discípulos debieron saber esa verdad, y la habrían sabido si se hubieran enfocado en lo que Jesús estuvo realizando y declarando durante ese día. Pero su temor por la falta de comida los distrajo. No estaban prestando atención… pero todo cambió cuando Jesús realizó la siguiente declaración:

    «No tienen necesidad de irse; dadles vosotros de comer».

    Con esa declaración, los discípulos le prestaron toda su atención.

    Quizá ellos pensaron: “¿Qué? ¡Debes estar bromeando!”.

    “Sólo tenemos cinco panes y dos peces”.

    Y Jesús les dijo: «Traédmelos acá».

    Un mandamiento fácil de obedecer

    Si deseas saber cómo Dios promueve a las personas del basurero de la pobreza a la junta directiva de la abundancia, la respuesta está allí, justo en ese versículo. Él nos indica a todos lo que Jesús le dijo a Sus discípulos ese día: «Traédmelos acá».

    Algunas personas piensan que obedecer ese mandamiento es difícil, pero en realidad no lo es. Cuando obtengas la revelación de lo que Jesús quiere hacer por ti y cuando en realidad creas que en la Cruz Él se convirtió en la persona más pobre del mundo y llevó la maldición de la pobreza a fin de que tú pudieras ser tan próspero como lo es Él, será sencillo entregarle en Sus manos lo que tengas.

    Incluso si no tienes ni un centavo, estarás tan ansioso de darle algo a Jesús que saldrás a buscar aunque sea una roca que se vea bonita, la pulirás y se la entregarás. Serás como los macedonios, ¡te ofrecerás a ti mismo!

    ¿Por qué? Porque sabes que Él hará por ti lo mismo que llevó a cabo por Sus discípulos, cuando ellos le entregaron los panes y los peces. Jesús tomará lo que le entregues, y lo bendecirá; y como leemos en Proverbios 10:22: «La bendición de Jehová es la que enriquece, y no añade tristeza con ella».

    LA BENDICIÓN del SEÑOR transformó la pequeña provisión de los discípulos en una cena donde las multitudes comieron hasta saciarse. LA BENDICIÓN hizo que la comida se multiplicara en las manos de los discípulos, y a medida que la repartían: «… comieron todos, y se saciaron; y recogieron lo que sobró de los pedazos, doce cestas llenas» (Mateo 14:20).

    ¿Hará la BENDICIÓN lo mismo por ti con respecto a tu situación?

    ¡Por supuesto que sí!

    Sólo debes cooperar con ella depositando tu fe en la PALABRA de Dios. Cree lo que Él declara acerca de tu condición financiera, y no lo que el mundo dice. Después, llévale lo que tengas y confiesa: SEÑOR, ¿qué deseas que yo haga? ¿A quién debo alimentar? ¿A quién debo servir?

    No importa si lo único que tienes son cinco bolsillos vacíos con agujeros. Tampoco si ya es fin de mes, y te encuentras atrapado en medio de un desierto financiero. Deja de pensar en ti mismo, y toma la determinación de ser una bendición para alguien más. Entrégale a Dios algo para que lo multiplique en tu vida.

    Él puede hacer que el desierto florezca como una rosa, justo allí donde te encuentras. Él puede convertir tu nada en un jardín del Edén; y Él obrará antes de que tú digas: “¡Bendice mis finanzas otra vez!”.

    Pero esa determinación debe comenzar primero en tu interior. Por tanto, toma tu Biblia y renueva tu mente. Toma el agua de la PALABRA, y lava todo rastro de esa mentalidad antigua de pobreza. Múdate del basurero de la escasez a la junta directiva de la abundancia. Pues, como heredero con Jesús, es allí donde perteneces.

    Texto extraído de: Revista LVVC – Edición febrero 2014, página 4

  • Aprendiendo a Vivir en el Reino (por Kenneth Copeland)

    1-14_mainEn la década de los ochentas, justo después de la caída del comunismo en la Unión Soviética, vi algo que nunca olvidaré.

    En aquella época, estaba ministrando en Ucrania en un antiguo teatro de opera. Gloria y yo predicábamos en la parte de arriba del escenario donde se encontraba el ministerio de alabanza, sin embargo, el sótano de aquel teatro tenía una historia de horror en sus antecedentes.

    Era un lugar horrible.

    Durante años, la agencia de inteligencia KGB había usado ese lugar para realizar el trabajo sucio. Ahí capturaban a quienes denominaban: “enemigos del estado”, a quienes sacaban de su asiento durante el espectáculo de la ópera arrastrándolos brutalmente hacia el sótano, a fin de interrogarlos. Muchos de ellos desaparecían para siempre.

    No obstante, Gloria y yo lo veíamos como  un lugar maravilloso para tener reuniones. Lo pasábamos muy bien predicándole a personas que escuchaban, por primera vez en su vida, con libertad la proclamación del evangelio. La gente respondía con cánticos y gritos de alabanza a Dios. Todos parecían estar emocionados… excepto los ujieres que estaban a cargo de dar la bienvenida en las puertas.

    Estaban llenos de temor. Ellos no sabían qué hacer, pues pocos días antes muchos cristianos habían sido asesinados en una actividad de ese tipo. Por tanto,  entraron en pánico y cerraron las puertas.

    Al no comprender preguntamos: «¿Qué están haciendo? ¿Están intentando evitar que salgamos o cerraron para que alguien de afuera no entre?».

    ¡No comprendieron! Estaban confundidos porque no sabían aún cómo obrar en ese nuevo sistema de libertad. Era un misterio para ellos.

    Sin embargo, no era un misterio para nosotros, pues nosotros crecimos en dicho sistema. Por consiguiente, nos encargamos de la situación. Les dijimos: “¡Abran las puertas!” y obedecieron.

    Estos servidores no eran los únicos que tenían problemas acerca de qué hacer en aquel entonces. Uno de nuestros colaboradores en el ministerio, quien vivía en Europa Oriental, nos dijo que ése era un problema recurrente. Él enseñó a su familia diciéndoles: «Desde ahora, todos debemos prestarle especial atención a los programas televisivos de los Copeland, porque aún no sabemos cómo vivir en la libertad que ellos viven».

    ¡Siempre recordaré esos días llenos de emoción! Siempre recordaré de manera clara, cómo aprendieron esta poderosa lección espiritual: Personas que habían vivido bajo un sistema de opresión y que de pronto fueron libres, debían ser instruídos a vivir en libertad.

    Fue una realidad para los creyentes de Ucrania, y los es para ti y para mí.

    Aunque no hemos vivido en un país comunista, como creyentes todos hemos enfrentado los mismos retos. Todos sabemos lo que fue vivir en un sistema de esclavitud para luego ser liberados; fuimos liberados del régimen de opresión del enemigo y fuimos trasladados a la libertad del reino de Dios al nacer de nuevo.

    Al nacer de nuevo, todos éramos como los servidores de ese teatro. Al principio, no teníamos ni la menor idea de cómo actuar en nuestro nuevo ámbito espiritual. La forma en que obraba el reino de Dios era un misterio para nosotros.

    Y para muchos cristianos lo sigue siendo. Como alguien les dijo que el Señor obra de maneras misteriosas, por tanto, asisten a la iglesia y leen la Biblia sin la expectativa de aprender algo nuevo. Y afirman: “Bueno, nadie sabe cómo va a obrar Dios, pues el Señor obra de maneras misteriosas”.

    Aunque esa declaración suena muy espiritual, ellos están errados. Jesús nunca dijo que los caminos de Dios serían un misterio para nosotros, Él dijo lo contrario: «…A vosotros os es dado conocer los misterios del reino de Dios…» (Lucas 8:10).

    ¿Ya te diste cuenta de qué significa eso?

    Significa que, como ciudadanos del cielo, tenemos acceso a información secreta. Podemos llegar a entender los métodos por los que Dios obra. Podemos estudiar Su PALABRA y aprender los procesos que Él usa para obrar.

    En Juan 8:31-32, Jesús nos lo explicó de la siguiente manera: «…Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres».

    Lecciones del Maestro

    ¡Esa información secreta cambiará tu vida!

    Si quieres saber cómo obtenerla, presta atención a lo que le sucedió a Pedro en el Nuevo Testamento. La primera vez que Jesús le dio una orden, él no sabía cómo obraba el Reino. No tenía ni idea de cómo actuar. Por consiguiente, se perdió de una gran oportunidad.

    Probablemente ya sepas la historia. Jesús tomó prestado el bote pesquero de Pedro, y le predicó a la multitud de la costa de Galilea. Al terminar Su mensaje, Jesús se volvió a Pedro y le dijo: «…Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar».

    «Respondiendo Simón, le dijo: Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; mas en tu palabra echaré la red» (Lucas 5:4-5).

    Nota que Jesús le dijo “redes” (en plural), y Pedro respondió “red” (en singular). ¿Por qué Pedro alteró la instrucción que Jesús le dio? Porque estaba cansado de trabajar toda la noche, ya había lavado todas sus redes y no quería regresar al mar para que se volvieran a ensuciar, sólo porque este predicador —quien era obvio que no sabía nada acerca de la pesca— creía que era una buena idea. Así que, escogió la red más vieja, la que estaba deteriorada, de la cual no tenía que preocuparse por lavar más tarde.

    Por supuesto, Pedro se arrepintió de haber tomado esa decisión, pues cuando lanzó la red al agua, se llenó de peces a tal punto que ésta se rompía. Y se vio forzado a pedir ayuda a otra barca. Mientras los otros pescadores levantaba la pesca de su vida, Pedro cayó de rodillas ante Jesús y cuando aún los peces le aleteaban en el rostro, exclamó: «… Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador. Porque por la pesca que habían hecho, el temor se había apoderado de él, y de todos los que estaban con él» (Lucas 5:8-9).

    ¡Imagínate cómo se sintió Pedro! Aunque para sus compañeros el viaje fue un éxito, para él fue un total fracaso. ¿Por qué? Porque aún no sabía descifrar los misterios del reino de Dios.

    Sin embargo, poco tiempo después la historia fue completamente diferente. Cuando el recaudador de impuestos del templo quería dinero, Pedro no titubeó cuando Jesús lo envió de nuevo a a pescar: «…ve al mar, y echa el anzuelo, y el primer pez que saques, tómalo, y al abrirle la boca, hallarás un estatero; tómalo, y dáselo por mí y por ti» (Mateo 17:27).

    ¡Esas instrucciones eran extrañas! Jesús ni siquiera le dijo a Pedro que utilizara un cebo. Sólo le indicó: “Lanza el anzuelo y una pez con dinero lo morderá” (Paráfrasis del autor).

    Si Jesús le hubiera dicho algo como eso a Pedro cuando lo conoció, él quizá le habría respondido: “Señor, ¿has estado bebiendo?”. No obstante, en esta ocasión él ya tenía tiempo de andar con Jesús, y ya lo había escuchado predicar.

    Pedro escuchó las frases que Jesús expresaba: «…Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras… No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente» (Juan 14:10, 5:19).

    Al ser testigo de lo que sucedía cuando Jesús escuchaba y obedecía la PALABRA del Padre, Pedro había aprendido a descifrar los misterios del Reino. Aprendió que cuando dices y haces lo que Jesús te pide, ¡el poder de Dios obrará y saldrás vencedor!

    Viajando sin equipaje

    Pedro no fue el único que aprendió esa lección. Jesús se las enseñó a todos Sus discípulos. Una de las maneras en que les enseñó, fue enviándolos a predicar por todo el país; llevando como equipaje sólo la ropa que llevaban puesta. Él les indicó: “¡Viajen sin equipaje! Dejen todo, no lleven ni siquiera ropa para cambiarse” (Traducción libre de Mateo 10:5-10).

    Algunas personas piensan que Jesús dijo eso porque Él quería que todos fueran pobres. ¡Nada más equivocado! Jesús no les pidió que fueran pobres. Él les estaba ofreciendo la oportunidad de liberarse de las cadenas del sistema de la economía del mundo, y que experimentaran lo emocionante que es que sus necesidades fueran suplidas por el reino de Dios.

    Él les estaba queriendo decir: “Muchachos, vengan a trabajar para mí. Obedézcanme y el Padre se encargará de proveerles”.

    Ellos obedecieron, y sucedió tal cual Él se los había prometido. Al culminar Su ministerio terrenal, Jesús les preguntó: «Cuando os envié sin bolsa, sin alforja, y sin calzado, ¿os faltó algo? Ellos dijeron: Nada» (Lucas 22:35). Aprendieron a vivir libres.

    Lee lo que se nos enseña en la Biblia acerca del joven rico y descubrirás que a él también se le dio la misma oportunidad. Jesús se la ofreció el día que él vino a preguntarle cómo obtener la vida eterna. Al final de su conversación, Jesús le dijo algo similar a lo que les indicó a Sus 12 discípulos: «…vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme» (Lucas 18:22).

    Sin embargo, en lugar de aprovechar la oportunidad, el joven rico se entristeció porque no sabía nada acerca de los misterios del reino de Dios. Él no entendió que si obedecía a Jesús, no sólo llegaría a formar parte de Su ministerio, sino que llegaría a ser más rico de lo que siempre soñó.

    Al igual que los discípulos, él también pudo haber aprendido a vivir libre.

    Pídele al Señor que te entrene

    ¡Todo el reino de Dios funciona con el mismo proceso! Ésta es la manera en que vas a salir de deudas, en que vas a recibir tu sanidad, en que vas a hacer que el diablo huya de ti y en que puedes disfrutar de días celestiales en la Tierra.

    Sólo debes escuchar a Jesús. Di y haz todo lo que Él te indique que digas y hagas; y podrás tener el mismo éxito que Él tuvo cuando estuvo en la Tierra, en todas las áreas de la vida.

    “Pero hermano Copeland, ¡no estoy seguro de lograrlo! La mayoría del tiempo siento que no puedo escuchar a Dios”.

    Entonces deja de lado los sentimientos, y enfócate en las Escrituras como Juan 10:4-5 en donde Jesús expresó: «…las ovejas le siguen, porque conocen su voz. Mas al extraño no seguirán…». Cree esa verdad y declárala, dile al SEÑOR: Tengo oídos par oírte y sé cuando me estás hablando. Por tanto, inclino mis oídos a Tus razones. Señor, estoy a Tus órdenes.

    Luego, haz tu parte para familiarizarte con la voz de Dios, al darle el primer lugar a Su PALABRA escrita en tu vida. Invierte tiempo leyendo y estudiando la Biblia. Ora a diario y practica escuchar la voz del Espíritu Santo en tu espíritu. Pídele al Señor que te entrene. Y por último, confía que Él te revelará cualquier cosa que no entiendas.

    Te garantizo, Él lo hará.

    Él lo ha hecho por mí incontables veces. Viene a mi mente un incidente en particular, que se suscitó en los primeros días de mi ministerio. Estaba caminando por una calle en Tulsa, Okla., donde se me había invitado a predicar, y el SEÑOR me habló y me dio una instrucción. Sabía que venía del Señor, sin embargo, unos minutos después escuché algo en mi espíritu que no parecía del todo correcto.

    Sentía que no se alineaba con la PALABRA escrita —por lo menos, con lo poco que sabía de ella en aquel entonces—. Por consiguiente, me detuve en la acera, le repetí lo que había escuchado y expresé: «Estoy dispuesto y estoy listo para obedecerte, pero la última parte me parece confusa. Por tanto, con Tu permiso, voy a obedecer hasta que lo vea en la PALABRA escrita».

    En respuesta, escuché que el SEÑOR dijo muy claro dentro de mí: Eso es algo elogiable, y te mostraré lo que necesitas saber.

    Poco tiempo después, Él me reveló lo que sucedía. Dios me mostró que justo después de que me habló, Satanás vino por detrás e intentó imitar Su voz. Luego, Él me llevó a la Biblia, y me mostró las Escrituras que el diablo había alterado, y añadió: No vuelvas a seguir esa voz.

    Por supuesto que no lo hice. Y cuando el diablo intentó volverme a engañar, lo reconocí y le dije: «No, señor diablo, no me vas a volver a engañar con eso. Conozco la diferencia entre tu voz y la voz del Padre, ¡y me rehúso a obedecerte!».

    Tú también puedes hacer lo mismo. Por tanto adelante, continúa atendiendo la PALABRA, caminando en Jesús, y manteniendo tus oídos atentos a Él. Sigue diciendo y haciendo cualquier cosa que Él te indique que digas y hagas. Y ten la certeza de que saldrás vencedor todo el tiempo.

    Sé libre del sistema de esclavitud del enemigo, sigue escudriñando los misterios del reino de Dios, y cada día aprenderás más acerca de cómo vivir libre.

    Texto extraído de: Revista LVVC – Edición enero 2014, página 4

  • Nunca Más Pobre (por Melanie Hemry)

    IMG_7939_SP-blogTommy Smith dejó caer un montón de recibos sobre la mesa de la cocina y apoyó su cabeza sobre sus manos. ¿Cómo podían tantas esperanzas y sueños desvanecerse tan rápido como el humo? Él escuchó gemidos que parecían nunca terminar. Los lamentos de Pam eran el sonido más triste que Tommy había escuchado.

    Bueno, excepto cuando escuchó caer la tierra sobre el ataúd de su primogénito. Ése fue el sonido más desolador y triste de todos.

    Dos años atrás cuando se casaron, la vida parecía ser muy prometedora y llena de esperanza para Tommy y Pam. Cuando Pam quedó embarazada, se convirtieron en la pareja más feliz del mundo. Ellos se maravillaban y regocijaban cada mes durante el proceso. Cada movimiento y cada patada se convertía en una celebración. Ellos disfrutaron cada momento; es decir, cuando compraron la cuna, las cobijas y la ropa para el bebé.

    El nacimiento de Jonathan fue una montaña rusa de emociones. Tommy estaba tan lleno de gozo que hasta le costaba respirar. Aún se llena de escalofríos al recordar el sonido de la ambulancia que se abría paso en el trayecto hacia el hospital Fayette, Ala., que llevaba a la persona más especial para él. Al ser admitido en el hospital de niños en Tuscaloosa, Jonathan fue sometido a una cirugía.

    Tres días después, el bebé falleció. Y como si el cuarto del bebé, y la cuna no fueran suficientes recordatorios de su pérdida, la cuenta de los gastos médicos que llegaba en su correspondencia era parte de su recordatorio. Cuando Tommy vio el detalle de la cuenta, se sintió abrumado: La cuenta del hospital, el costo de la ambulancia, el costo de la cirugía y los Cuidados Intensivos en la Unidad Neonatal. Gracias a Dios por todas las primas de seguro que había pagado en su trabajo.

    Un día, mientras revisaba la correspondencia Tommy encontró una carta de su compañía de seguros. Al leer la carta la primera vez, no la comprendió. Y las manos le temblaban al leerla de nuevo.

    «Lamentamos informarle que su caso es una excepción… pues el seguro no cubre a un recién nacido hasta que éste cumple una semana de nacido… debido a que su hijo falleció antes de cumplir dicha semana… esa cuenta no puede ser cubierta por su póliza».

    Tommy fijó su mirada en la carta, como si se tratara de una serpiente. Si aún dando hasta el último centavo de su salario anual, le llevaría años saldar la deuda.

    Sueños rotos

    Tommy expresa: «No sabíamos cómo salir de eso. Perder a Jonathan fue horrible y encima de eso toda esa deuda nos abrumaba. Seguimos orando, leyendo la Biblia y asistiendo a la iglesia, pero habíamos perdido nuestro gozo».

    «Mi esperanza era llegar a tener una mejor vida financiera, pues crecí en pobreza. De niño, yo no tenía dinero para comprar almuerzo o comida para llevar a la escuela. La pobreza no sólo se limitaba a mi familia actual, sino que estuvo en nuestra familia durante generaciones. No conocí a nadie en nuestra familia que hubiera asistido a la universidad. La mayoría, abandonó la secundaria y buscó empleo».

    «Pam era la mayor entre siete hermanos y sus padres eran pastores. Cada domingo después de la reunión en la iglesia, realizaban una humillante visita a la casa de los abuelos para pedir dinero para los almuerzos escolares de la semana. La diferencia entre Pam y yo era que ella tenía sueños. Ella siempre soñó con ir a la universidad y convertirse en maestra. Después de que nos casamos, ella comenzó a recortar fotografía de revistas y diseños de la casa de sus sueños. Y a mí no me gustaba ni verlos».

    Aunque siguieron luchando con sus finanzas, Dios les dio una familia. En 1975, nació su hijo Brad. Dos años más tarde, Pam dio a luz a su hija, Dwanla.

    En 1981, Tommy inició su propio negocio. Además, aceptó el llamado a ser pastor de una iglesia.

    Tommy afirma que su denominación era tan legalista que tenía una lista más larga de: “No harás”, que la lista que Dios le dio a Moisés. Entre las muchas cosas de la lista que pueden provocar que te expulsen de la iglesia, y te devuelvan a los brazos del diablo está usar un anillo de matrimonio.

    Sin embargo, de todas las cosas que los miembros tenían prohibidas, la que se encontraba en primer lugar de la lista era que nunca escucharan predicadores en la televisión. Escuchar una prédica de alguien que no perteneciera a la denominación, era considerado adulterio espiritual.

    El fruto prohibido

    Por esa razón, en 1985 Pam entró en pánico cuando encontró a Tommy sintonizando el programa televisivo La Voz de Victoria del Creyente. Ella lo sermoneó, le suplicó y le debatió, sin embargo, no pudo detenerlo.

    Un día, le preguntó: «¿Tommy por qué vez eso?».

    «Sólo siéntate y escucha».

    Cruzándose de brazos, se sentó y vio el programa televisivo en silencio. A la semana siguiente, no esperó a que él la invitara. Semana tras semana, mes tras mes, se asombraban de lo que escuchaban. Aunque todo se encontraba en la Biblia, sonaba demasiado bueno para ser cierto.

    Tommy expresa: «De todas las cosas que aprendí del hermano Copeland, la más poderosa fue que Dios me ama. Pues nuestra denominación se enfocaba más en la maldición. Nunca habíamos escuchado acerca de LA BENDICIÓN. Por tanto, en vez de sólo enseñar acerca de la doctrina de la iglesia, comencé a predicar acerca de la bendición y el amor de Dios».

    Tommy sabía cual sería la consecuencia de sus acciones. Si era sorprendido escuchando al hermano Copeland, sería desterrado de la iglesia. Sin embargo, dos años después de que escuchara a hermano Copeland, Tommy se enteró que los Copeland estarían en una convención en Atlanta, y no sólo asistió; sino que se hizo colaborador del ministerio.

    Pam relata: «Aprender a vivir por fe me hizo soñar aún más en grande. A través de los años, seguí trabajando en los planos de nuestra casa. Luego, tan pronto Brad y Dwanla empezaron a ir a la escuela, inicié clases en el colegio universitario. Cuando terminé todo lo que ellos tenían que ofrecerme, me transferí a la Universidad de Alabama y obtuve la licenciatura en educación especial con una certificación para trabajar con niños con discapacidad auditiva».

    Permaneciendo firme

    Tommy aún seguía hundido en la deuda. Los ingresos de su negocio eran estables, no obstante; cada vez que hacía un intento para progresar, algo sucedía y todo se venía a pique. Un día de 1989, Tommy entró en depresión a causa de su situación —sentía que a nadie le importaba su vida—.

    Tommy nos describe cómo le habló el Señor de una manera clara y precisa.

    —¿Vez esa fotografía?

    Tommy vio la fotografía de sus hijos.

    —¡Sí Señor!

    ¿Los amas mucho?

    —¡Sí Señor!

    Pues no se compara con el gran amor que te tengo.

    Esas palabras fueron una fresca revelación para Tommy. ¡Jesús murió para redimirlo de la maldición! La pobreza y la deuda estaban en su vida porque ellos le habían dado lugar; no porque Dios no los amara.

    Tommy clamó a Dios, doblando sus rodillas: «Señor, ¡ya fui redimido de la maldición de la ley! En el nombre de Jesús, declaro que ya no seré pobre jamás».

    A partir de ese momento en adelante, las cosas cambiaron.

    Tommy explica: «Dos años después de que realizara esa oración, salimos de deudas. Y en lugar de pobreza, parecía que tenía el toque del rey Midas. Todo lo que tocaba, prosperaba. Cuando Brad se graduó de la secundaria, ganó una beca para estudiar en la Universidad de Alabama donde obtuvo una licenciatura. Luego de eso, quería ingresar a la escuela de medicina».

    Tommy pensó que debía hipotecar su casa para que su hijo estudiara, y estaba dispuesto a hacerlo. Y cuando oró al respecto, el Señor le dijo: Yo soy tu Papi y el de tu hijo también.

    Brad expresa: «Papá, me han ofrecido una beca completa para ir a la escuela de medicina. Y lo único que tengo que hacer es estar de acuerdo con trabajar dos años en el área rural, después de graduarme».

    «Pero…» —argumentó Tommy, percibiendo la duda en su hijo—.

    «Bueno, quiero ser cirujano. Pero si acepto la beca no voy a poder sacar la especialidad» —replicó Brad.

    Y Tommy respondió: «Entonces no aceptes la beca, Dios es tu Papi».

    Fe para recibir un milagro

    El verano antes de que ingresara a la escuela de medicina, Brad empezó a expulsar flemas con sangre. Un doctor de la comunidad le hizo una radiografía de sus pulmones, y descubrió que Brad tenía un quiste en el pulmón; por consiguiente, Tommy y Pam lo llevaron con un especialista pulmonar.

    En la sala de exámenes ellos se dieron cuenta que Brad estaba usando una mascarilla. El médico comparó la radiografía que ellos traían de su casa, con la que se había tomado allí. Ambas revelaban un quiste del tamaño de medio dólar en su pulmón.

    «No habrá escuela de medicina para él, —dijo el médico mientras les daba mascarillas— pues tiene tuberculosis. Todos tienen que someterse a cuarentena». Después de que el especialista terminara de decir eso, abandonó la habitación.

    Brad volteó a ver a su padre.

    Y le expresó: «Me haz predicado de sanidad durante años. Es tiempo de clamar o hacer silencio».

    Tommy y Pam oraron para que la gloria de Dios descendiera en aquella habitación, y activaron su fe para reclamar la sanidad de Brad. Poco tiempo después, el médico regresó al lugar. Entonces Tommy le pidió: «¿Podría hacerme el favor de realizarle otra radiografía a mi hijo?».

    «Ambas radiografías muestran el mismo resultado —respondió el médico».

    «Lo sé, pero apreciaría mucho que le hiciera otra».

    El médico colocó las tres radiografías en el negatoscopio. Y no se requería de un título en medicina para ver que en la última, ya no aparecía ningún tumor.

    Tommy explicó: «Creemos en Dios».

    El médico, quien después se enteraron que era ateo, salió consternado del lugar.

    Tommy comenta: «Veinte años después, me volví a encontrar con ese médico. Yo no lo reconocí, pero él sí. Lo primero que hizo fue preguntarme por Brad. Le dije que estaba sano y que ahora era oftalmólogo. Lo que no le conté era que Brad asistió cuatro años a la escuela de medicina, cuatro en su residencia general y especialidad, y que estuvo dos años becado y se graduó sin deberle ni un centavo a nadie. Y yo tampoco le debo nada a nadie. Hoy, Brad es mentor de los nuevos becados en la especialidad de oftalmología de la escuela de medicina, y trabaja como cirujano ocular en el área de St. Louis».

    Los sueños se hacen realidad

    Mientras Brad estudiaba en la escuela de medicina, Dwanla obtuvo un master en trabajo social.

    Era evidente para cualquiera que los conociera que la maldición de la pobreza había sido erradicada de la familia. En un día de 1999, Tommy regresó a casa, y expresó: «Pam, ahora podemos construir la casa de tus sueños».

    En 2001, Tommy vendió su compañía de control de plagas e inició la construcción de cobertizos para almacenamiento. Su meta era construir 10 de ellos y colocarlos en un terreno para venderlos. Sin embargo, las personas se los compraban tan rápido, que él construía y vendía 5 por semana. Además de tener la casa de sus sueños, libre de deudas, Tommy y Pam compraron cinco casas más las cuales dan en alquiler.

    Tommy declara: «Si hubiera sabido lo que ahora sé, Jonathan no estaría muerto. Ser colaborador de KCM ha cambiado mi vida. No sé con exactitud cuántas veces escuché a hermano Copeland confesar: “¡No tienes que ser pobre jamás!”. Pero cuando obtuve la revelación de esas palabras, y permanecí firme; éstas revolucionaron nuestras vidas. Y como si eso no fuera suficiente, la unción del profeta está sobre nosotros. A causa de que somos colaboradores, cuando el hermano Copeland va a ministrar a Japón nosotros también participamos de su recompensa».

    Tommy y Pam Smith fueron expulsados de su denominación, por predicar acerca de Jesús, en lugar de predicar acerca de una doctrina denominacional. Y es algo que ellos admiten que lo disfrutan. Hoy, sus vidas son testimonio para todos los que los conocen. Ellos son embajadores de la bondad de Dios, Su gracia y LA BENDICIÓN.

    Texto extraído de: Revista LVVC – Edición enero 2014, página 8

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