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  • Una vida de Bendición – por Melanie Hemry

    Una vida de Bendición – por Melanie Hemry

    Las nubes color ceniza estaban esparcidas a lo largo del horizonte inglés. Deborah McDermott seguía a su esposo, Chris, quién se alistaba para salir afuera, en medio de la lluvia. Sus ojos lucían cansados por la falta de sueño. El estrés había afectado su piel alrededor de los huesos en el rostro, haciéndola lucir tan frágil como un pájaro recién nacido.

    “Te ruego que no te vayas”. le suplicó Deborah, colgándose del brazo de su esposo. “No puedo seguir un día más”.
    “Lo sé. Créeme que lo sé”, respondió Chris. Sus ojos parecían poseídos, como un soldado que acaba de llegar a casa de la guerra. Su ceño fruncido parecía un rasgo ya permanente.
    “Tenemos dos hijos autistas. ¿Cómo vamos a pagar para lo que necesitan ahora y mantenerlos cuando seamos viejos? Si no voy a trabajar, voy a perder el trabajo. ¿Qué va a pasar con ellos entonces?”
    Sin prestarle atención al clima, Deborah permaneció afuera mirando a Chris alejarse; sus lágrimas se camuflaban con la lluvia. En la casa, Timothy, su hijo de 10 años, chocaba su cabeza contra la pared y se golpeaba a él mismo mientras gritaba, “¡odio mi vida, odio mi vida!”.
    “Yo odio la mía también”, pensó Deborah mientras trataba de consolar a su hijo; le habían advertido que terminaría en una institución mental.
    Timothy había nacido inteligente y hermoso, pero los problemas empezaron a su temprana edad. Desde el primer día, sólo dormía dos horas diarias; sus primeros cinco años durmió muy poco en la noche, la mayoría del tiempo despierto, triste y llorando.
    Sus sentidos estaban tan desarrollados para la edad que los sonidos y las luces eran abrumadores. Usar ropa le dolía.
    No podía soportar nada fuera de su rutina normal. Si se quedaba dormido en el carro, se despertaba con lo que los doctores describían como una “tormenta”. Arqueando su espalda, gritaba por horas. Probar sabores nuevos era otro problema. Solamente comía cierto tipo de comida, que se cocinaba en una sartén especial. Siempre comía con la misma cuchara y cuando salían de la casa, Deborah empacaba los sartenes y los platos.
    Timothy había sido diagnosticado con Trastorno Neurológico de Autismo, el más grave en el rango de esta enfermedad. A pesar de que él había aprendido por su cuenta a leer, carecía de las habilidades motrices para sostener un lápiz y escribir.
    Ahora, después de seis semanas de evaluaciones médicas a cargo del mejor neuropsiquiatra de Cambridge, Timothy había sido diagnosticado con síntomas significativos de trastorno bipolar. Sus cambios de temperamento cada vez eran peores, y tendría que tomar medicamentos para controlarlo por el resto de su vida. El doctor había mencionado que él era lo suficientemente inteligente para entender que no era como los demás niños. Timothy era depresivo y se consideraba de alto riesgo para el suicidio.
    James, su otro hijo, había sido diagnosticado con autismo a la edad de 2 años. A los 4, todavía no hablaba. Nunca experimentó el frío ni el dolor en una forma normal. Inclusive en el invierno corría desnudo; a menudo se rehusaba a usar ropa, excepto un disfraz de abejorro. No reaccionaba al dolor por cortes o quemaduras. No podía lidiar con eventos sociales ni ruido. Cuando dormía, James abría sus ojos, y crugía sus dientes, mientras se retorcía. Se daba cabezazos contra la pared, pateaba, gritaba y despertaba a toda la familia. Deborah se quedaba con él en las noches para mantenerlo a salvo.
    Deborah entró a la cocina y se sirvió un vaso de whiskey. Su familia había estado en una constante crisis durante los últimos 11 años—sin señales de mejoría. Mirando hacia afuera el clima nublado, contempló diversas formas de morir.
    La idea de suicidarse le trajo un alivio.

    Conexiones Divinas
    “La única razón por la cual todavía no había cometido suicidio, era por la preocupación de pensar en el futuro de Timothy y James”, admite Deborah. “Chris y yo éramos los únicos que podíamos entenderlos. Me preocupaba que los niños terminaran al cuidado de alguien que pudiera abusarlos”.
    “No teníamos ningún tipo de apoyo de familiares y amigos. No podíamos ir a la iglesia por el ruido. Los aplausos y los cantos hubiesen causado un ataque en los niños y era muy complicado hacer que James ingresara al vehículo bajo esas circunstancias”.
    “Chris había estado viajando intensamente y tenía que dormir. Él dormía en un cuarto mientras yo dormía en el otro con James. Nuestro matrimonio se estaba desmoronando por la presión de la situación. Las finanzas se habían estirado hasta tal punto, en el que ya no había más; además, Chris estaba teniendo problemas en el trabajo. La única forma de pasar los días era gracias al whiskey: a la mañana, uno en la tarde y otro en la noche. Nunca lo suficiente para emborracharme, ya que me hubiese puesto a llorar por horas, y no podría cuidar de los niños de la forma apropiada; sin embargo, era lo suficiente para aplacar mis emociones. No tenía esperanza ni veía salida alguna, excepto la muerte”.
    En el 2006 un nuevo mundo se abrió para Deborah cuando su familia instaló televisión satelital. En el 2007, una noche de las tantas, se encontró con el programa “La Voz de Victoria del Creyente”. Observó atentamente cómo Gloria Copeland, Terri Copeland Pearson y Kellie Copeland compartían acerca de la crianza de sus hijos. Sus experiencias eran tan diferentes a las de ella, que se sintió abrumada y sin esperanza. Furiosa, levantó la cabeza al cielo.
    “Dios, ¿cómo pudiste hacer esto?, se supone que tu deberías amar a mis hijos más de lo que yo lo hago. Yo moriría por ellos”.
    Yo ya lo hice.
    “¡No entiendo cómo es que tu moriste por todos y yo estoy viviendo un infierno en la tierra!”
    El señor le respondió con siete palabras que cambiaron su vida para siempre.
    Yo voy a sanar a tus hijos.
    Deborah sintió una emoción inusual —una que no había experimentado en años.
    Esperanza.

    Tomando una posición
    Deborah llamó a los Ministerios Kenneth Copeland para que le dieran el regalo que habían ofrecido en el programa de televisión.
    “¿Le gustaría que oráramos por usted?”, preguntó la mujer al otro lado de la línea.
    “¡Sí! ¡Mis hijos tienen autismo, pero Dios me dijo que los sanaría!”
    “¿Ha leído nuestra revista?”
    “No, ¿por qué?”
    “Nosotros publicamos una historia de un niño que fue sanado de un autismo severo”.
    Esas palabras atravesaron a Deborah como un electrochoque. Ella nunca había escuchado de nadie que hubiese sido sano de autismo. Motivada, encargó las series de la Escuela de Sanidad de Gloría, y la mujer se comprometió a enviarle un ejemplar de la revista, incluyendo el testimonio de Desmond Oomen, un joven holandés, cuyo testimonio de sanidad se encuentra en formato de DVD.
    “Cuando miré el testimonio de Desmond Oomen, quien había sido sanado de autismo, yo sabía que, si Dios lo había hecho por él, seguramente lo haría por mis hijos también”.
    Deborah recuerda: “Después de comenzar con la Escuela de Sanidad, empecé a darme cuenta la información errónea que se me había enseñado de Dios y la Biblia. Comenzamos a nutrirnos de la Escuela de Sanidad o las Escrituras noche tras noche. Estaba cautivada; tenía una misión. Estaba tan concentrada que no recordaba la última vez que había tomado un trago de whiskey. Ya no lo necesitaba. El pánico se había ido, la ansiedad ya no estaba y no tenía desesperación.
    “Las cosas empezaron a cambiar inmediatamente para los niños, especialmente para Tim. James todavía no podía hablar, pero ambos se convirtieron en niños felices. Ellos empezaron a hacer contacto visual y a involucrarse con nosotros. Ahora querían salir. Empezamos a tener picnics y a jugar en el parque”.

    Contraataque
    Durante el siguiente año, los niños progresaron tanto que Deborah empezó a escolarizarlos en la casa. En la primavera del 2008, ella conoció a otra madre en el parque la cual su hija había sido diagnosticada con trastorno neurológico de autismo. Tratando de ayudar, la mujer empezó a hablar acerca de los problemas que tenía James, tratando de sugerir tratamientos. Sus palabras hicieron enojar a Deborah, pero ella trató de ser amable. “Yo creo que Dios lo está sanando”, le contestó. “Él está mucho mejor”.
    La mujer trajo a su hija para que jugaran tres veces; ella continuaba haciendo comentarios acerca de las características del autismo de James. En dos semanas, James había retrocedido al punto que estaba mucho peor desde que le diagnosticaron trastorno neurológico de autismo. Dejó de hacer contacto visual y empezó a volverse más retraído, rehusándose a salir. Se negaba a comer y vomitaba cuando veía otras personas comer; también evitaba vestirse.
    Si Deborah abría las ventanas, James se ponía histérico. Y si alguien venía de visita, él se ensimismaba en una silla giratoria y quedaba inconsciente.
    “Dios, yo sé que esto es solo un ataque”, oraba Deborah. “Yo sé que el autismo fue derrotado en la cruz. Yo sé que James fue sanado. Lo que no sé es cómo atravesar este obstáculo”.
    Un día, Chris leyó acerca de que un ministro americano, Andrew Wommack, que predicaría en Inglaterra y decidió llevar a los niños.

    Fe por un milagro
    “Llevar a Timothy y a James en un viaje durante la noche era similar a enviar a la 8va. división aérea transportadora”, recuerda Chris. “Era abrumador llevar a James dentro del carro en un viaje de dos horas, sabiendo que no comería hasta que regresáramos a casa y tener que hacerlo dormir en un hotel era un gran reto. Nos tomó mucha oración, pero lo logramos; incluso James comió”.
    Lo que pasó a continuación, fue tramado por el enemigo para que los niños tuviesen tanta angustia que no pudiesen recibir la oración.
    A la media noche, una luz muy fuerte empezó a brillar a través de la ventana de la habitación y una alarma de incendio comenzó a sonar. Una voz muy fuerte comenzó a evacuar el edificio. Tratando de sacarse el sueño de sus ojos, los niños saltaron de su cama y siguieron a sus padres hacia el pasillo como si nada estuviese sucediendo. Después de estar en el frío por media hora, ellos fueron de vuelta a su cuarto, se subieron a su a cama y se acostaron dormir.
    El servicio estaba preparado para la mañana siguiente; esperaron en una larga fila por oración. Cuando sólo faltaban cinco personas en la fila para que llegaran a ellos, Andrew Wommack dejó de ministrar. Las lágrimas empezaron a correr por la cara de Deborah. Cerca, alguien vio a Deborah llorando, y corrió hacia el hermano Wommack. «¿Por favor, sólo una oración más?”
    Andrew Wommack impuso su mano en la cabeza de cada niño y declaró: “¡En el nombre de Jesús, le ordeno al autismo que se vaya!” Mirando a Chris y a Deborah, dijo: “Ustedes son ahora padres de niños normales y sanos”.

    Un nuevo día  
    “Para ser honesto, no quería albergar mucha esperanza”, nos comenta Chris. “Pero desde ese día ellos mejoraron. Cuando llegamos a casa, James llamó a su vecino y jugaron toda la tarde. Esa noche, por primera vez en su vida, durmió toda la noche. Y ha dormido todas las noches desde ese día. Dos semanas después lo pasamos a su propio cuarto. Él empezó a comer más y a socializar. Era increíble verlo”.
    En el 2011, cuando tenía 15, Timothy empezó a tomar el tren hacia Cambridge para almorzar con un amigo. Un día, les dijo: “¡Mamá, estoy perfecto. Es hora de tirar ese diagnóstico!”
    El doctor a cargo de la unidad de autismo les dijo: “Nunca se me ha pedido que quite un diagnóstico”. Después del examen, dijo. “¡Él no tiene ninguna enfermedad! ¡Me alegra quitar este diagnóstico!” Ese día Chris era el padre más feliz del mundo.
    La fe pelea de nuevo
    James se sentó en el piso un día cuando Deborah notó que su expresión cambió. En un abrir y cerrar de ojos, él empezó a aplaudir y a dar vueltas. ¡Estaba retrocediendo! Deborah corrió hacia el cuarto sollozando.
    “En un segundo, fui presa del miedo y perdí la fe” nos explica. “¡Cuando corría hacia el cuarto, el Señor me habló!” Me dijo: ¡DEJA DE LLORAR! ¡NUNCA permitas que Satanás te haga llorar!
    Sus lágrimas se secaron en un nanosegundo y ella entendió. No tenía que correr y llamar a sus amigos en la línea de oración de los Ministerios Kenneth Copeland. Ella no tenía que esperar a que un hombre o mujer de fe fueran a Inglaterra. Había aprendido sobre su autoridad. Y como una osa enfurecida protegiendo a su osezno, volvió hacia el cuarto y la usó. “¡En el Nombre de Jesús, autismo, ¡saca tus manos del cuerpo de mi hijo!” Ella declaró. “¡Déjalo ahora mismo!”
    Inmediatamente, la expresión de James volvió a la normalidad. Él sonrió y continuó jugando.
    “Esto sucedió tres años después de que me conectara con los Ministerios Kenneth Copeland y un años después que Andrew Wommack orara por él. Sin ninguna duda el enemigo estaba tratando de traer el autismo de nuevo a su vida, pero yo había aprendido a usar mi autoridad y no se lo permití.”

    Fe para la restauración
    Cuando James tenía 8, Deborah y Chris lo llevaron para que fuera reevaluado.
    “Yo creo que Usted puede quitar este diagnóstico”, le dijo Deborah al doctor.
    “Señora McDermott, los niños que tienen autismo no se recuperan de la nada,” le dijo. “Ellos mejoran, pero yo nunca he visto un diagnóstico de autismo ser anulado”.
    Mientras tanto, James hablaba acerca de lo mucho que había disfrutado patinar sobre hielo y el patinaje sobre ruedas. El doctor se había quedado mudo.
    “El niño que estoy observando y los historiales médicos no concuerdan,” dijo el doctor. “¿Está segura que estos son sus historiales médicos?”
    Unos minutos después, ella dijo: “tenía una serie de discapacidades y ahora él no tiene ninguna. Ya no sufre de ningún síntoma de autismo. Este diagnóstico es un error y tiene que ser anulado de su historial”.
    Hoy en día, James tiene 12. Es muy sociable, cariñoso y feliz. El año pasado, Tim preguntó si podía dejar Inglaterra y asistir a la universidad de Andrew Wommack, Charis Bible College (Instituto Biblíco Charis) en Colorado.
    “Tim perdió gran parte de su niñez por culpa del autismo y recuerda muy poco de ella” nos explica Chris. “El niño que nos dijeron que iba a terminar en una institución mental para niños con autismo, ahora está tomando un vuelo internacional, y vive en otro país. Ha ido a viajes misioneros en Bulgaria y Ecuador. Es maravilloso hacer video llamadas con él desde todos esos lugares”.
    “Recuerdo aquellas largas noches donde la voz de Gloria nos hablaba en la oscuridad. Desde el día que Deb se conectó con los Ministerios Kenneth Copeland, llegué a un hogar diferente. Ella llamaba a los Ministerios Kenneth Copeland cada viernes por oración. Ponía las enseñanzas en el día y en la noche, y vivía por la revista”.
    “Muchas veces yo llegaba a casa y le preguntaba qué estaba haciendo. Su respuesta era: ‘escuchando a papá de nuevo’. Esa era la forma en la que llamaba a Kenneth. Cuando ella le pedía por algo del ministerio, siempre buscaba la forma de darle el dinero para que lo tuviera. Yo observé cómo las cosas cambiaron con nuestros hijos, en nuestro matrimonio y en nuestras finanzas. Estoy casado con una persona diferente. Ya no tenemos crisis. Disfrutamos de una vida normal—de hecho, mejor que una vida normal. Nosotros vivimos en la bendición”.

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  • Siguiendo los pasos de Abrahán – por Kenneth Copeland

    Siguiendo los pasos de Abrahán – por Kenneth Copeland

    Cuando jugaba fútbol americano en la secundaria, siempre sonreía cuando los chicos aparecían al comienzo de la temporada diciendo: “voy a probar este deporte”.  En ese momento sabía lo que sucedería. Cuando salieran al campo de juego, terminarían golpeados… y no lograrían un puesto en el equipo.

    Una de las razones por las que lo sabía, era porque entendía muy bien a lo que se estarían enfrentando.

    Enfrentarían a jóvenes que realmente disfrutaban demolerse entre ellos en cada partido. Chicos que llegaban al límite durante toda la semana, casi hasta el punto de colapsar, para poder estar en forma. Jóvenes que soportaban el dolor muscular, los morados, narices rotas y cualquier otra cosa imaginable con tal de poder practicar un juego por el que ni siquiera les pagaban.

    Cuando juegas contra un grupo como ese, la mentalidad de “voy a tratar, voy a probar” no funciona. Debes amar ese juego por completo. Debes estar absolutamente determinado a jugar—y jugar para ganar. Debes quererlo a tal punto, que cuando te estén pegando por todas partes, puedas decir: “¡Cueste lo que cueste, voy a ganar; triunfaré!”

    De lo contrario, no lo aguantarás. Terminarás sin aire y saldrás corriendo a los vestuarios mientras el resto del equipo sigue peleando en el campo, golpeándose sin cesar porque lo consideran  algo “divertido”.

    En mis años como creyente he descubierto la similitud entre lo que acabo de describir y lo que llamamos vivir por fe en Dios. Es la aventura más emocionante y poderosa que existe; sin embargo, no funciona para aquellos que tienen una actitud de “probemos para ver qué pasa”. No produce resultados para la gente que solamente escucha unos pocos mensajes y dice: “creo que voy a probar este tema de la fe”. Si quieres ganar en la vida de la fe, tendrás que preciarla. Debes tomar la misma actitud que Abrahán tomó en la Biblia.

    ¡Él era alguien que quería caminar por fe! ¡Abrahán nos definió el estándar!

    Él quería caminar en la manifestación del poder de Dios más que cualquier otra cosa en la Tierra. Lo quería más que a su familia. Lo quería más que a su vida. Él quería a Dios a tal punto, que creyó y actuó en Su PALABRA, sin importar lo que los demás dijeran o pensaran al respecto.

    Lo puedes apreciar en su respuesta cuando Dios le dijo a los cien años de edad que él y su esposa de noventa tendrían un bebé. No solamente tuvo la audacia suficiente para creerlo, sino que hizo un anuncio público: “Soy el padre de muchas naciones. Desde ahora, no me llamen más Abrán. ¡Llámenme Abrahán, el padre de una multitud!”

    ¿Puedes imaginarte cómo reaccionó la gente? Debieron haberlo tratado como un hazmerreír. Es posible que no se burlaran directamente en su cara, porque él era el hombre más rico de la región, pero, a sus espaldas, estoy seguro de que lo señalaban y decían: “¡este viejo está completamente loco! No hay forma de que él y su esposa estéril tengan un hijo a su edad. Es imposible”.

    Sin embargo, mientras ellos se burlaban, Abrahán creía. Él se rehusaba a moverse por las imposibilidades. Tal como Romanos 4:19-21 dice: «Además, su fe no flaqueó al considerar su cuerpo, que estaba ya como muerto (pues ya tenía casi cien años), o la esterilidad de la matriz de Sara. Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en la fe y dio gloria a Dios, plenamente convencido de que Dios era también poderoso para hacer todo lo que había prometido».

    Cuando se trató de vivir por fe en la PALABRA de Dios, Abrahán fue tan robusto y decidido cómo es posible. De la misma manera que esos jóvenes con los que solía jugar fútbol americano, él iba con todo. Estaba ciento por ciento comprometido a creerle a Dios.

    La misma clase de fe que Dios usa

    ¡Tú y yo, como creyentes nacidos de nuevo, podemos tener la misma clase de actitud! Cuando vemos en la PALABRA de Dios que por las llagas de Jesús fuimos sanados, podemos decidir no considerar los síntomas de la enfermedad en nuestro cuerpo. Podemos saltar de fe y decir: “¡Si, Señor! ¡Yo soy el sanado del SEÑOR!”

    Cuando vemos que nuestro pacto con Dios declara que Sus BENDICIONES nos hacen ricos y no añaden tristeza con ellas, podemos decir “¡Sí, amén! ¡Soy BENDECIDO y soy rico!”. Podemos creerle a Dios cien por ciento, sin importar lo que nuestra cuenta bancaria o la gente diga al respecto.

    “Sí, hermano Copeland, ¡pero yo no tengo esa clase de fe!”

    La Biblia dice que sí la tienes, al referirse a todos aquellos que creemos en Jesús como aquellos que «siguen los pasos de la fe que tuvo nuestro padre Abrahán» (Romanos 4:12).

    ¿Qué clase de fe tenía Abrahán exactamente? ¡Él tenía la misma clase de fe que Dios usa! Ningún ser humano había tenido esa clase de fe hasta que Abraham apareció. Sin embargo, él la atrapó y, una vez que lo hizo, la usó al máximo. Él de veras le creyó a Dios hasta el punto que preservó su semilla por miles de generaciones. Él puso tanta fe en su pacto con Dios que no existía forma de que Dios pudiera anular ese pacto o darlo por terminarlo. Como Él le dijo a Abrahán en Génesis 22:16:18: «Yo, el Señor, he jurado por mí mismo que, por esto que has hecho, de no negarme a tu único hijo, ciertamente te bendeciré; multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que hay a la orilla del mar; ¡tu descendencia conquistará las ciudades de sus enemigos! En tu simiente serán bendecidas todas las naciones de la tierra, por cuanto atendiste a mi voz».

    Nota que según esos versículos la fe de Abrahán en Dios era tan fuerte que no le negó ni a su único hijo. El subió al monte y puso a Isaac en el altar del sacrificio simplemente porque Dios se lo pidió. Como resultado obligó a Dios, como su compañero de pacto, a hacer lo mismo. Colocó a Dios en una posición en la que estaba atado en pacto a sacrificar a Su propio Hijo por toda la humanidad.

    Dios sólo encontró esa clase de fe en la Tierra con Abrahán. Él encontraba personas que le creían por las BENDICIONES financieras o por la sanidad. Sin embargo, ninguno había creído que Dios podía resucitar a alguien de entre los muertos—y cuando Abrahán ofreció a Isaac, eso fue exactamente lo que él estaba creyendo que Dios haría.

    Abrahán no tenía el corazón roto ni lloraba el día en que puso a Isaac en el altar; eso es lo que las películas tontas de Hollywood han representado. Él tenía ese fuego de fe en sus ojos. «Y es que Abrahán sabía que Dios tiene poder incluso para levantar a los muertos [Isaac]; y en sentido figurado, de entre los muertos lo volvió a recibir» (Hebreos 11:19).

    Para Abrahán era un hecho; él ya sabía el final desde el principio. Dios le había dicho: «por medio de Isaac te vendrá descendencia» (Génesis 21:12); y Abrahán lo creyó absolutamente. Él esperaba sacrificar al joven Isaac y después ver cómo Dios lo levantaba de las cenizas. Por supuesto, Dios envió un carnero para que tomara el lugar de Isaac y su sangre jamás fue derramada, pero al final, lo que Abrahán creyó fue lo que sucedió.

    Jesús murió en la Cruz como el sacrificio de Dios para liberarnos del pecado y la maldición, y después pasó tres días en el corazón de la Tierra; la fe de Abrahán finalmente produjo ese fruto. ¡Su fe por la resurrección se unió con el poder del Dios todopoderoso y Jesús resucitó de entre los muertos!

    Si te preguntas cómo la fe de Abrahán, que había sido liberada miles de años antes de la Cruz, pudo tener algo que ver con la resurrección de Jesús, se debe a que en Dios no hay tiempo. Para Él no hay ninguna diferencia si son diez mil años, diez minutos o una centésima de segundo. Dios no se olvida de nada, excepto de los pecados que nosotros cubrimos con la sangre de Jesús. Cada gramo de fe que cada uno de nosotros ha liberado todavía se encuentra en Sus archivos.

    Pueda que hayas creído por algo hace 35 años y después lo dejaste ir, pero en cuanto a Dios se refiere, esa fe todavía está vigente. Si te sostienes en tus derechos de pacto, puedes reconectarte con ella y continuar en el mismo lugar donde la abandonaste. Puedes volver a tu fe en esa área y recibir el cumplimiento de las promesas que te pertenecen a través del pacto de Abrahán con Dios.

    Un pacto con Dios en ambos lados

    “Pero, hermano Copeland” podrías decir, “como creyente del nuevo pacto, las promesas de Dios para mí no son a través de Abrahán, sino a través de Jesús. Son mías por lo que Él hizo”.

    Eso es absolutamente cierto, y también lo fue para Abrahán. El suyo era un pacto con Dios en ambos lados. Lee acerca de cómo Dios lo estableció en Génesis 15 y verás lo que quiero decir. Cuando Él hizo Su pacto con Abrahán, Él mismo bajó, caminó entre la sangre de los animales sacrificados y le hizo promesas de pacto a la semilla de Abrahán. «No dice: «Y a las semillas», como si hablara de muchos, sino: «Y a tu semilla», como de uno, que es Cristo» (Gálatas 3:16).

    ¡El pacto de Abrahán tenía al Dios Poderoso por un lado y a Su Hijo, Jesús, por el otro!

    Dios básicamente le dijo a Abrahán: “Si crees en este pacto y actúas de acuerdo con él, te trataré tal como a Jesús. Podrás acercarte a Mí con la misma confianza que Él lo hace, y te recibiré y te trataré como si nunca hubieras pecado”.

    Dios nos lo ha dicho en el Nuevo Pacto también a nosotros. Él no está diciendo: “Sal de mi vista, pecador”. Por el contrario, Él nos ha invitado a venir con confianza a Su trono de Gracia. Nos está diciendo: “He borrado tu pecado y ya no lo tengo en cuenta en contra tuya. Has sido lavado en la sangre del Cordero; si caminas delante de Mí por fe en Él, ¡te trataré como si nunca hubieras pecado!”

    Por esta razón podemos seguir los pasos de la fe de Abrahán. Estamos en el mismo pacto y Gálatas 3 nos lo confirma. Dice claramente: «Luego los de la fe son benditos con el creyente Abraham… Porque todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús. Porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis vestidos. No hay Judío, ni Griego; no hay siervo, ni libre; no hay varón, ni hembra: porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente la simiente de Abraham sois, y conforme a la promesa los herederos.» (versículos 9,26-29, RVA).

    Mira nuevamente esos versículos. Se refieren a ti y a mí, como creyentes, como “la semilla” (simiente) de Abrahán. La palabra simiente está en singular, hablando acerca de nosotros tal como lo está en el versículo 16 cuando se refiere a Jesús. Eso es importante. Nos permite saber que cuando se trata de caminar en la fe de Abrahán, todos estamos en esto juntos. Somos uno con Jesús y Él es uno con nosotros.

    En el pasado, nuestra incapacidad de reconocerlo, obstaculizó nuestro caminar de fe. Nos tropezamos más de lo que deberíamos porque hemos fragmentado al Cuerpo de Cristo. Nos dividimos hasta que olvidamos que, cuando hablamos acerca de creyentes, en realidad estamos hablando acerca de Jesús; y cuando hablamos acerca de Jesús, estamos hablando de la iglesia como un todo. Él es la cabeza y nosotros somos el cuerpo.

    No puedes separar la cabeza del cuerpo y esperar que continúe funcionando. Para que la vida continúe fluyendo, los dos deben estar unidos. Por esa razón, nadie dice cuando entra a una habitación: “aquí viene Kenneth y su cuerpo”. Tan solo dicen: “Ahí está Kenneth”, porque mi cabeza y mi cuerpo hacen parte del mismo cuerpo.

    Lo mismo es cierto en el campo espiritual con el Cuerpo de Cristo. Como Jesús dijo en Juan 17:23, nosotros somos uno con Jesús y los unos con los otros, tal como Jesús y el Padre son uno. Jesús está en nosotros, Dios está en Él y nosotros estamos en Dios «para que sean perfectos en unidad».

    Es tiempo de que renovemos nuestras mentes al respecto y dejemos de separarnos entre nosotros. ¡Nos necesitamos mutuamente! «Necesitamos caminar juntos: hasta que todos lleguemos a estar unidos por la fe y el conocimiento del Hijo de Dios» (Efesios 4:13).

    Hay demasiado en juego como para permitir que pequeñas diferencias doctrinales y otra clase de ofensas nos separen. ¡Es muy importante creerle a Dios por la manifestación completa del poder de Dios en medio de nosotros! Vale mucho más que cualquier otra cosa en el mundo, y la única manera en la que lo haremos es al trabajar en unidad—aferrándonos los unos a los otros en amor (la fe obra por el amor), orando los unos por los otros y liberando nuestra fe por el otro.

    ¿Sabes lo que sucede cuando nos unimos de esa manera? Nos convertimos en más que cristianos individuales deambulando en el la vida, tratando de hacer algo por Dios. ¡Nos convertimos en un equipo de fe! Nos convertimos en la versión espiritual de ese grupo salvaje de ganadores con los que jugué fútbol americano en la secundaria.

    Esa es la clase de equipo que Dios está reuniendo en estos últimos tiempos antes de que Jesús regrese. Es un equipo de creyentes que aman absolutamente a Dios, que se aman los unos a los otros y que aman vivir por fe en la PALABRA de Dios. Es un equipo de creyentes que están aquí para quedarse y que están cien por ciento comprometidos a pisotear al diablo.

    ¡Es un escuadrón de Dios de personas como tú y yo que hemos nacido de nuevo para seguir los pasos de fe de Abrahán!

     

     

  • Creciendo JUNTOS en la Gloria de Dios – por Gloria Copeland

    Algo maravilloso está por suceder CON la iglesia del Señor Jesucristo. Está a punto de ALCANZAR LA ESTATURA que Dios ordenó que tuviera desde Su comienzo.
    Está a punto de «que todos lleguemos a estar unidos por la fe y el conocimiento del Hijo de Dios; hasta que lleguemos a ser un hombre perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo» (Efesios 4:13).
    Eso es lo que la Palabra de Dios dice y puedes darlo por hecho. ¡Sucederá—pronto! Estamos en el final de los últimos tiempos. Las señales nos rodean, ¡Jesús regresará! Él está a punto de raptar la iglesia, y cuando lo haga, estaremos unidos, glorificados y listos para irnos.
    Ahora, pueda que te preguntes, ¿cómo es que lo lograremos? Con tantos desacuerdos, denominaciones y peleas ente unos y otros, ¿cómo se unirá la iglesia?
    Por medio del Espíritu de Dios. Él es el que ha sido enviado para unirnos y aunque parece imposible desde una perspectiva natural, Él está capacitado para hacerlo.
    El Espíritu Santo tiene la habilidad de revelarle a los creyentes de todo el planeta, la verdad acerca de la Palabra y hacer que todos estemos de acuerdo con ella. ¡Él puede hacer que la Palabra de Dios sea clara para nosotros, mientras le damos nuestra atención y pensamos más como Dios piensa!
    Eso es lo importante, ¿no es cierto? No importa lo que nosotros pensemos. No importa lo que nuestra denominación piense. Importa lo que Dios piensa. Él no cambiará Sus pensamientos para acomodarlos a nosotros y nuestra denominación. El cambiará nuestros pensamientos para que se alineen con los Suyos, para que cuando Jesús venga, pueda presentarnos de la manera que Efesios 5:27 nos describe: ¡«como una iglesia gloriosa, santa e intachable, sin mancha ni arruga ni nada semejante»!
    Una iglesia gloriosa no es tan solo una iglesia maravillosa. Es una iglesia donde la gloria de Dios se manifiesta. Es una iglesia donde el poder de Dios fluye con tal nivel de libertad, que las vidas son transformadas, las piernas inválidas son fortalecidas, el cáncer desaparece y los espíritus demoníacos salen de la mente y el cuerpo de la gente.
    ¡Una iglesia gloriosa es una iglesia donde la presencia de Dios se revela con señales, prodigios y demostraciones visibles del poder de obrar milagros, en forma tangible para las personas!

    Lo que creemos determina lo que sucederá
    A decir la verdad, esa es la clase de iglesia que Dios siempre ha querido. Él empezó la iglesia en el día de pentecostés con el derramamiento del Espíritu Santo, señales, prodigios y milagros; y Él proveyó para que todas esas cosas se mantuvieran en vigencia. Deberían haberlo hecho, si tan solo dependieran de Dios. Pero, no es así; también dependen de nosotros.
    ¡Lo que sucede en la iglesia es aquello que los creyentes de la iglesia creen!
    Cuando creemos que la sanación se manifiesta en medio de nosotros, la sanación se manifiesta. Cuando creemos que la gente puede ser llena con el Espíritu Santo, la gente es llena. Cuando creemos que podemos hacer la obra de Jesús, la hacemos.
    ¡La iglesia va en marcha hacia la línea final y necesitamos creerle a Dios por todo lo que ha prometido! No tenemos más tiempo para quedarnos sentados recordando los grandes derramamientos de milagros del Espíritu Santo del pasado. No podemos conformarnos esperando pasivamente para que la iglesia sea llena con la gloria algún día en el futuro. Es muy tarde; necesitamos levantarnos con valentía ahora mismo y declarar como Jesús lo hizo en Lucas 4:18-21: «El Espíritu del Señor está sobre mí. Me ha ungido para proclamar buenas noticias a los pobres; me ha enviado a proclamar libertad a los cautivos, a dar vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos y a proclamar el año de la buena voluntad del Señor… Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de ustedes.»
    Por muchos años la iglesia contemporánea ha tenido una misma actitud. Los predicadores y la congregación han relegado por igual el cumplimento del plan de Dios a otra generación, o a otra providencia. Sin embargo, en los últimos años, un cambio maravilloso ha ocurrido. Más y más creyentes han empezado a esperar que esta escritura se cumpla en nuestros días. Hemos empezado a esperar que Dios se mueva en medio de nosotros y nos cambie a la imagen de Jesús: «Por lo tanto, todos nosotros, que miramos la gloria del Señor a cara descubierta, como en un espejo, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor»
    (2 Corintios 3:18).
    ¿Por qué le tomó tanto tiempo a la iglesia, como un todo, esperar por este acontecimiento?
    Una de las razones es porque por mucho tiempo la gente no sabía nada al respecto. Todo lo que se les había enseñado era que si creían en Jesús irían al cielo cuando murieran. Durante muchos años, eso es todo lo que los predicadores enseñaron, porque pensaron que ese era el único propósito del evangelio. Pensaron que el plan de redención estaba diseñado solamente para librar a la gente del infierno.
    ¡Sin embargo, ese no es el plan que Dios tenia a través de los siglos! Él no quiere solamente mantener a la gente por fuera del infierno. Su plan es tener una familia. Él quiere hijos e hijas espirituales con los que pueda tener una relación a Su mismo nivel, hijos e hijas que hagan Su voluntad en la Tierra como en el cielo. Él quiere hijos e hijas que caminen en Su BENDICIÓN y reinen en esta vida como si Él estuviera aquí manifestándose en Su plenitud.

    Sólo una restricción
    Ésta ha sido la voluntad de Dios desde el comienzo. Es lo que Él tenía en Su corazón, cuando creó a Adán y lo puso en el Jardín del Edén. Como Génesis 1:27-28 dice: «Y Dios creó al hombre a su imagen. Lo creó a imagen de Dios. Hombre y mujer los creó. Y los bendijo Dios con estas palabras: «¡Reprodúzcanse, multiplíquense, y llenen la Tierra! ¡Domínenla!»
    Al hacer a Adán a Su imagen, Dios hizo a Adán tan parecido a Él como pudo. Lo vistió con la gloria divina y respiró en su espíritu Su propia Zoe, la vida eterna. Adán se parecía a Dios  por dentro y por fuera. Tenía el mismo poder en su espíritu que el poder que Dios tenía. Tenía autoridad en la Tierra, tal como Dios tenía autoridad en el cielo. Dios le dio dominio y le dio el gobierno de la Tierra en sus manos.
    La única restricción que Dios le dio a Adán fue la siguiente: «no debes comer del árbol del conocimiento del bien y del mal, porque el día que comas de él ciertamente morirás» (Génesis 2:17). Sin embargo, a pesar de darle ese único mandamiento, Dios le permitió escoger. Lo dejó decidir si obedecería, o no.
    Dios no forzó a Adán a hacer nada, porque no quería que fuese un esclavo. Él quería que fuera un hijo. Él quería que lo sirviera por su propia voluntad y que sólo conociera el bien, y no el mal. Pero Adán tomó la decisión incorrecta. Pecó. Desobedeció a Dios, dobló su rodilla ante el diablo y le abrió la puerta a la muerte espiritual. Perdió la BENDICIÓN y la gloria de Dios, trajo la maldición sobre la humanidad y dejó que el diablo le robara a Dios Su familia.
    ¿Cómo respondió Dios? ¡Empezó a trabajar inmediatamente para recuperarla! Allí mismo, en el Jardín del Edén, le dijo a la serpiente, el diablo, que tentó a Eva: «Por esto que has hecho, ¡maldita…Yo pondré enemistad entre la mujer y tú, y entre su descendencia y tu descendencia; ella te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el talón» (Génesis 3:14-15).
    Desde ese momento, Dios empezó a trabajar en el día que nuevamente podría tener hijos e hijas en la Tierra, hechos a Su imagen y llenos de Su gloria. Ése era Su plan. Era Su voluntad, y debido a que Él nunca cambia, a pesar del alto precio que eso le implicaría, Él quería que sucediera.
    Te lo digo—¡la paciencia de Dios es admirable! Por miles de años trabajó… y trabajó… y trabajó en el plan de redención. En todo el Antiguo Testamento lo dijo a través de Sus profetas, una y otra vez: “¡Vendrá uno que pagará el precio para tener mi familia de nuevo!” Cuando todo estuvo listo, el Espíritu de Dios vino sobre una joven mujer llamada María e hizo que Jesús fuera concebido.
    ¡Jesús vino no sólo como el Hijo de Dios, sino como el Hijo del hombre! Dejando de lado Sus derechos divinos, operó como un hombre en Su vida en la Tierra, porque esa era la única manera de deshacer lo que había pasado a través de la caída de Adán. Un hombre le había entregado la familia de Dios al diablo al cometer traición espiritual, y un hombre debía obtenerla de nuevo.
    Esa es la razón por la que tuvo que nacer de una virgen. No fue para que pudiéramos cantar villancicos. Fue para que, como un nacido de mujer, Jesús tuviera autoridad en la Tierra, y como un hijo de Dios, Él pudiera redimirnos de la maldición del pecado.
    El retrato perfecto del plan de Dios
    Durante el ministerio terrenal de Jesús, Él nos pintó un retrato perfecto de la voluntad de Dios para Su familia. «Porque no busco hacer mi voluntad, sino hacer la voluntad del que me envió… Y que nada hago por mí mismo, sino que hablo según lo que el Padre me enseñó… Sino que el Padre, que vive en mí, es quien hace las obras» (Juan 5:30, 8:28, 14:10).
    Cada Palabra que Jesús dijo y cada obra que hizo reflejaba el corazón de Su Padre celestial. Esa es la razón por la que nunca se rehusó a sanar a nadie. Es la razón por la que nunca oró: “Si es tu voluntad que esta persona sea sana…”, o “¿Quieres que esta persona permanezca enferma para que puedas enseñarle algo?”
    Algunas personas hoy día oran de esa manera; sin embargo, Jesús nunca dijo nada parecido. ¡Al contario! Cuando las multitudes vinieron a Él, afligidas con cada enfermedad o dolencia imaginable, Él los sanó porque entendía que la enfermedad es un enemigo de Dios. Es parte de la maldición que vino a la humanidad como resultado del pecado. Es una obra del diablo que viene a robar, matar y destruir.
    Primera de Juan 3:8 dice: «Para esto se ha manifestado el Hijo de Dios: para deshacer las obras del diablo». Y Jesús cumplió con Su propósito en cada oportunidad. Cada vez que alguien le abría la puerta creyendo que estaba ungido, Él destruía la obra de Satanás. El deshacía los efectos de la ley del pecado y la muerte, y les traía a las personas vida abundante.
    Cuando, Jesús vino a la Tierra fue como si Dios hubiera creado nuevamente a Adán. Él era el cumplimiento de lo que Dios originalmente quiso que fuera Su familia. Tal como en el Génesis cuando el primer hombre fue creado, Jesús nació a la imagen de Dios. Tenía en Su interior la misma vida que Dios sopló en Adán. Esa vida era tan poderosa que, si alguien tocaba Su vestido con fe, sacaría la enfermedad y las dolencias de su cuerpo.
    “Pero Gloria” podrías decir, “eso sucedió hace 2.000 años, ¿Qué tiene que ver eso con el plan de Dios para la iglesia de hoy?”
    ¡Tiene todo que ver con eso! Como creyentes, hemos sido recreados a la imagen de Dios y por lo tanto espiritualmente somos iguales a Jesús. Estamos llenos con el mismo Espíritu Santo con el que Él estaba lleno. Tenemos la vida de Dios en nuestros cuerpos terrenales tal como Él tenía la vida de Dios en Su cuerpo terrenal; así que, el mismo poder que fluyó a través de Él puede fluir a través de nosotros.
    De eso se trata la imposición de las manos. Jesús dijo que como creyentes: «pondrán sus manos sobre los enfermos, y éstos sanarán» (Marcos 16:18). Él dijo que la vida y la Palabra de Dios no solamente serán salud y sanidad para nuestro cuerpo, sino que irán al cuerpo de alguien más y serán vida y salud también para su cuerpo.
    El propósito de Dios para ti y para mí, como Sus hijos e hijas, es el mismo que para Su primogénito. Nosotros no estamos en la Tierra tan solo esperando ir al cielo cuando muramos. Estamos aquí para destruir las obras del diablo, deshaciendo los resultados del pecado y la muerte y ministrándole vida a la gente. Hemos nacido en la familia de Dios para siempre, para que podamos tener una relación con Él, caminar en Su gloria y hacer Su voluntad en la Tierra como en el cielo.
    Lo dije antes y lo dijo nuevamente: ¡La paciencia de Dios es admirable! Él ha estado trabajando para llevar a la iglesia a la unidad, a la estatura completa de Jesús por miles de años, y ahora… está a punto de ocurrir. ¡Así que iglesia, alístate! Créelo, espéralo.
    ¡Estamos a punto de crecer juntos en la gloria de Dios!

  • ¿Está tu corazón de acuerdo con el cielo?

    El tiempo se está terminando y para darse cuenta que eso es cierto, sólo debes leer tu Biblia. Estamos viviendo  los últimos tiempos —días tan difíciles y peligrosos que Jesús mismo nos habló de éstos durante Su ministerio en la Tierra, y nos indicó  cómo enfrentarlos—

    Y estando él sentado en el monte de los Olivos, los discípulos se le acercaron aparte, diciendo: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo? Respondiendo Jesús, les dijo: Mirad que nadie os engañe. Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán. Y oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el fin. Mateo 24:3-6
    En esos versículos, Jesús no sólo nos describió los ultimos tiempos, nos indicó cómo vivirlos. Nos dijo en cinco palabras qué debemos hacer para vivir de manera segura y victoriosa en estos últimos días.
    Jesús dijo: «…mirad que no os turbéis…».
    Luego Él continuó hablando y nos advirtió con detalle los problemas que vendrían. Nos explicó que se levantaría nación contra nación, también que habría asesinatos y engaño; que surgirían falsos profetas y el amor de muchos se enfriaría. En otras palabras, nos habló de las cosas que estamos viendo hoy en día.
    Jesús nos advirtió de esas cosas para que no nos tomaran por sorpresa —para que supiéramos que habría problemas—. Sin embargo, también nos ordenó que veláramos porque esos problemas no nos atribularan.

    Sustentados por la PALABRA de Su poder
    ¿Cómo podemos obedecer ese mandamiento? ¿Cómo podemos vivir en medio de este mundo lleno de peligros y desastres sin que estos problemas nos preocupen?
    Esas preguntas son las que justo respondió Jesús en ese mismo pasaje: «De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán» (versículos 34-35).
    Gracias a Dios, no importa qué suceda a nuestro alrededor, la PALABRA de Dios nunca cambia. La PALABRA es la fuerza inalterable que nos sustenta en cada momento de tribulación. Es la roca fuerte, el fundamento; y si edificamos nuestra vida sobre la Palabra, nos llevará de manera segura a la victoria en cada tormenta de la vida (Mateo 7:24-25). La PALABRA de Dios es más real y permanente que cualquier otra cosa en este mundo. De hecho, la Palabra tiene el mismo poder que creó el universo, y todo lo que en él existe. Leemos en la Biblia que Jesús sustenta todas las cosas—¡todas las cosas!— por la palabra de su poder (Hebreos 1:3).
    Solía preguntarme por qué Dios usó esa expresión. ¿Por qué no dijo que sostendría todas las cosas por el poder de Su PALABRA? Entonces, me di cuenta del porqué. Si sólo estuviéramos dependiendo del poder de la PALABRA de Dios para alcanzar algo, nos daríamos cuenta que necesitáramos que el Señor diga algo que aún no ha dicho. Y si aún no lo ha dicho, el poder de Su Palabra no estaría disponible para nosotros. Pero ¡alabado sea Dios! ¡Él ya declaró todo lo que necesitamos que exprese! No tenemos que esperar que diga algo. Él ya dijo todo lo que se necesita para sustentar o respaldar ¡Sus palabras! Todo en la Tierra, cada fuerza natural y espiritual, está bajo el poder de lo que Dios ya ha dicho.
    ¿Qué está declarando?
    En Salmos 119:89-91, leemos la siguiente afirmación: «Para siempre, oh Jehová, permanece tu palabra en los cielos. De generación en generación es tu fidelidad; Tú afirmaste la tierra, y subsiste. Por tu ordenación subsisten todas las cosas hasta hoy, Pues todas ellas te sirven».
    ¿En estos tiempos difíciles, qué significan para ti esos versículos? ¡Significan mucho!
    Quiere decir que en medio del peligro, la Palabra del Señor permanece, y declara: «No te sobrevendrá mal, ni plaga tocará tu morada» (Salmos 91:10). Significa que en estos tiempos de crisis financiera, ya se estableció que: «…no tendrán falta de ningún bien» (Salmos 34:10). Y que cuando todos a su alrededor estén fracasando, Él nos aseguró que obtendríamos: «…triunfo en Cristo Jesús…» (2 Corintios 2:14). Esas son palabras que Dios ha declarado acerca de tu vida como Su hijo, y quedarán establecidas para siempre en el cielo. Nunca cambiarán.
    Sin embargo, recuerda que no vives en el cielo; sino en la Tierra. Y para que esas palabras se hagan realidad aquí en la Tierra, debes asegurarte que tu corazón esté en sintonía con la PALABRA de Dios.  ¿Por qué? Porque Jesús dijo que: conforme a nuestra fe será hecho (Mateo 9:29).
    Los cielos ya hablaron, ahora la Tierra está a la espera de lo que tú dirás.
    ¿Declararás la PALABRA o los problemas que lo rodean? ¿Estarás de acuerdo con los decretos del cielo o estarás de acuerdo con las circunstancias terrenales?

    No empujes los limites
    Lo que estás viviendo hoy es el producto de lo que has declarado en el pasado. Y el futuro está esperando escuchar lo que declares hoy. Tu destino eterno está siendo moldeado y formado según la sintonía que tengas con la PALABRA de Dios, la cual sustenta todas las cosas.
    Esta verdad siempre ha sido cierta… pero ahora es más crucial que nunca. La razón es simple, estamos fuera de tiempo. En el pasado, si nuestro corazón y nuestra boca se desviaban de la PALABRA, teníamos algo de tiempo para corregir nuestros pasos antes de obtener consecuencias por la desobediencia. Dios, en Su gracia, trataba con nosotros hasta que nos arrepentíamos y volvíamos al camino de fe.
    Aunque Dios siga teniendo gracia y misericordia, el tiempo es corto. Hemos llegado al final de los tiempos y, francamente, muchos cristianos están “llevando las cosas al límite”. Están permitiendo que el sistema del mundo llene su boca y aparte su corazón, del acuerdo que tienen con el cielo. Justifican sus acciones al decir que un día de estos cambiarán y (cuando las circunstancias no sean tan difíciles) comenzarán a confesar la PALABRA de nuevo.
    Pero hermano, estamos viviendo en los tiempos finales, las cosas no serán más fáciles. Van a empeorar y los días se nos agotan. Estamos a punto de llegar al tiempo en el cual nos quedaremos atrapados de forma permanente en las consecuencias de nuestras confesiones.
    No es tiempo de ignorar lo que Jesús, nos está advirtiendo y decir cosas como: “Estoy tan enfermo y preocupado”. Cuando afirmas cosas como esas, no estás en común acuerdo con el cielo —sino con los problemas—. Estás abriendo la puerta para que esas cosas se manifiesten en tu vida.
    Jesús nos dijo de manera específica que no hiciéramos ese tipo de confesiones. Él dijo: «…mirad que no os turbéis…». ¡Ésa no sólo es alguna sugerencia que nos dan en la Escuela Dominical! Es un mandamiento del Hijo del Dios viviente, el cual instruye a Sus discípulos que están viviendo en estos tiempos. ¡Es Jesús mismo quien nos habla y nos exhorta de manera personal!

    Toma tu herencia
    Hoy más que nunca, debemos prestarle atención a Sus instrucciones, obedecer ese mandamiento, aférrarnos a la PALABRA y rehusarnos a dejarla ir. Es necesario que actuemos como se nos indica en Salmos 119:105-106,
    110-111: «Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino. Juré y ratifiqué que guardaré tus justos juicios… Me pusieron lazo los impíos, pero yo no me desvié de tus mandamientos. Por heredad he tomado tus testimonios para siempre, porque son el gozo de mi corazón».
    No basta sólo con relajarnos, y decir: “Bien, si es la voluntad de Dios que obtenga la victoria, supongo que Él me la dará. Si es la voluntad de Dios que yo sea sano, Él me sanará”.
    ¡No! Por supuesto que es Su voluntad. Él ya te otorgó la sanidad: por Sus llagas has sido curado.
    Ahora es cuando debes tomar la PALABRA de Dios como tu herencia. Debes persistir con agresividad en eso hasta que lo concibas en tu corazón, y lo confieses con tu boca.
    Tienes que luchar contra todo demonio de incredulidad y toda circunstancia que quiera robar esa Palabra, y declarar: Bendito sea Dios, tengo las promesas de Dios como herencia. Son mi futuro y mi vida. Me rehuso a preocuparme por las circunstancias pasajeras de este mundo. Éstas pasarán, pero la PALABRA de Dios nunca pasará. Dios sustenta todas las cosas por medio de la PALABRA  de Su poder, y esa PALABRA se llevará a cabo en mi vida.
    Luego, sólo permanece en la PALABRA hasta el final. No importa lo que suceda a tu alrededor, no retrocedas. ¡No cambies! No temas; sólo cree y verás una senda que se abre a través de estos tiempos difíciles, la cual te llevará hacia el triunfo como el campeón de los tiempos finales que Dios diseñó que fueras.

  • El ministerio de los ángeles – por Charles Capps

    El ministerio de los ángeles – por Charles Capps

    Hace varios años el Señor me instruyó a enseñar al cuerpo de Cristo acerca de los ángeles. Cuando le dije que no sabía nada acerca de ellos, Él me corrigió diciendo: Tampoco nadie más, por esa razón quiero que enseñes al respecto. Es el momento que el Cuerpo de Cristo despierte a la liberación sobrenatural que he puesto en la Tierra para ellos.
    Por lo tanto, empecé a estudiar acerca de estos seres celestiales. Descubrí que el ministerio sobrenatural de los ángeles en la Tierra es muy real. Pero su efectividad depende en gran parte de ti y de mí. En realidad, nosotros podemos impedir que ellos hagan lo que fueron creados para hacer. Por tal razón debemos entender su ministerio y aprender a cooperar con ellos de acuerdo a la Palabra de Dios.
    En Hebreos 1 y 2 descubrimos que los ángeles son seres creados. Ellos no nacen como el hombre, ni tienen la misma autoridad que los seres humanos. Sin embargo, ellos fueron creados con un propósito. Hebreos 1:14 nos dice que su papel principal es: «¿Y acaso no son todos ellos espíritus ministradores, enviados para servir a quienes serán los herederos de la salvación?».
    ¿Quiénes son éstos herederos de la salvación? Tú y yo. Nosotros somos los herederos de la salvación, tal como los espíritus ministradores, o ángeles, son enviados por Dios a ministrarnos.
    ¿De qué somos herederos? De la Salvación—la cual incluye: preservación, sanidad, plenitud y liberación de males temporales.
    La Biblia narra en numerosas ocasiones la liberación angelical y su protección. Jesús siempre estuvo consciente de su presencia. Cuando lo arrestaron, Él dijo: «¿No te parece que yo puedo orar a mi Padre, y que él puede mandarme ahora mismo más de doce legiones de ángeles?» (Mateo 26:53).
    Una legión romana tenía 6.000 soldados. Jesús dijo que con una oración podría haber llamado 12 legiones—72.000 ángeles— para que vinieran a ayudarlo. Jesús entendía el poder de la protección angelical.
    Como coherederos con Jesús nosotros podemos tener la misma protección. ¡A través de las oraciones y declarando la Palabra de Dios, podemos tener la misma clase de protección divina que proviene del ministerio de los ángeles!
    Los apóstoles Pedro y Pablo experimentaron su asistencia. En más de una ocasión los ángeles liberaron a Pedro de la prisión (Hechos 5:18-20, 12:6-8).
    Pablo estaba enfrentando un naufragio—una situación potencialmente fatal. Después de mucho orar dijo: «Pero yo les pido que no pierdan el ánimo, pues ninguno de ustedes perderá la vida. Solamente se perderá la nave. Lo sé, porque esta noche ha estado conmigo el ángel de Dios, a quien sirvo y pertenezco, y me ha dicho: “Pablo, no tengas miedo. Es necesario que comparezcas ante el emperador. Dios te ha concedido que todos los que navegan contigo, salgan ilesos.” Así que, ¡anímense, amigos míos!, que Dios hará todo tal y como me lo ha dicho» (Hechos 27:22-25).
    ¡Recibir esa clase de resultados hará maravillas por tu vida de oración! Los ángeles son: «seres poderosos que cumplen Sus órdenes y obedecen Su voz» (Salmo 103:20, La Biblia Amplificada).
    Los ángeles, son una parte importante del mundo espiritual. Su asignación es muy real. Dios los creó para que estén disponibles en el momento que necesitemos ser ministrados y su ministerio incluye proveernos de protección divina.

  • FE en la Palabra de Dios – por Norvel Hayes

    FE en la Palabra de Dios – por Norvel Hayes

    No conozco una mejor manera de empezar una reunión—la Convención de Creyentes—que enseñándote a tener fe en la Palabra de Dios. ¿Por qué? ¡Porque es la forma número uno paea pelear en contra del diablo!

    Si puedo hacer que tengas fe en la Palabra de Dios, puedes tener la victoria. No importa qué creen las otras personas, cuál es tu pasado NI de dónde vienes.
    Si tan solo tomas la decisión de mantenerte firme en las escrituras por ti mismo, Dios vendrá a tu casa. ¡Él vendrá a tu cuerpo, mente, negocio y cualquier otra cosa que tengas y hará que sea un éxito, si sólo haces que tu boca diga lo correcto!
    ¡La Palabra de Dios funcionará para cada persona que tenga fe en ella!
    Muchas personas piensan que Dios aparecerá en escena únicamente porque son salvos. A pesar de que Él siempre está en escena, la verdad es que Él solamente responde a la fe en Su Palabra que sale de tu boca. Tú debes SABER lo que Dios ha dicho en Su Palabra acerca de esa área en tu vida en la que necesitas victoria. Y algo más, muy importante, debes DECLARAR lo que Su Palabra dice.
    Jesús dijo en Mateo 12:34: «Porque de la abundancia del corazón habla la boca»
    Y Él fue más allá en el versículo 37 al decir: «Porque por tus palabras serás reivindicado, y por tus palabras serás condenado».
    ¡Por tus palabras!

    Escrituras de victoria
    ¡Tú victoria proviene directamente de la Palabra de Dios que abunda en tu corazón cuando la declaras con tu boca! Así que la clave es poner la Palabra en tu corazón.
    Puede que digas: “Hermano Norvel, ¿qué tal si me dices cuáles son las escrituras de victoria para mi situación?”
    Puede que existan cientos de escrituras que pueden aplicarse a tus circunstancias. No seas perezoso, ¡búscalas tú mismo! Verás, las únicas escrituras que funcionarán para ti son aquellas que tú “encuentres”. Puedes pedirle al Espíritu Santo ayuda para encontrar las escrituras correctas. Pero no las encontrarás únicamente leyendo la Biblia de vez en cuando. Tus escrituras de victoria deben estar en tu corazón abundantemente. Deben convertirse en una parte de tu ser.
    Así que búscalas. Escríbelas. Luego empieza a declararlas hasta que se conviertan en tu brazo derecho y después en tu brazo izquierdo. Tal como usas tus brazos todos los días para hacer cosas, usarás esa Palabra de Dios hecha carne para triunfar en tu vida. La palabra de Dios que declaras acerca de sanidad provocará sanidad en tu vida, desde que amanece hasta que anochece. Su Palabra que declaras acerca de prosperidad, traerá prosperidad en tu vida todos los días.

    Peleando contra el diablo
    Cuando comencé a predicar Dios me dijo: Hijo, le enseñarás a la iglesia cómo pelear contra el diablo.
    Tener fe en la Palabra de Dios y declarar la Palabra es la principal forma de pelear contra del diablo. Mientras declaras la Palabra en los oídos de Dios, estárás declarándola en la cara del diablo al mismo tiempo. ¡Cuando lo haces, Dios entrará en escena y el diablo saldrá corriendo!
    Piénsalo. ¿No fue eso exactamente lo que hizo Jesús?
    Después de que Jesús estuvo en el desierto por 40 días, el diablo vino y trató de convencerlo de que podría hacer que el Plan de Dios se llevara a cabo en Su vida a través de Su propio esfuerzo. Jesús supo exactamente cómo hacer que el diablo se callara y se fuera. Mateo 4:1-11 nos dice cómo lo hizo. Jesús enfrentó cada ataque del diablo con la Palabra de Dios.
    —Está escrito—, Él dijo.
    Tres veces Jesús le respondió a las tentaciones y a las burlas del diablo con la Palabra. Él conocía la Palabra, ya formaba parte de Él; y Él tenía fe en que ésta le traería victoria sobre el diablo.
    ¡Dios quiere que sepas que puedes hacer lo mismo que Jesús hizo! Pon la Palabra en tu espíritu. Haz que se vuelva carne. Declárala. Úsala todos los días, de la misma manera en la que usas tus brazos. ¡Hazlo por fe! Y tendrás la victoria, ¡victoria total!

  • El principio del Ciento por Uno – por Jerry Savelle

    El principio del Ciento por Uno – por Jerry Savelle

    En 1972, el hermano Copeland había sido invitado a la Convención de los Hombres del Evangelio Completo en Birmingham, Alabama. Entonces me dijo: “Vayamos a Birmingham y pasemos un par de días en oración antes de que la reunión comience. Dios ha estado hablándome acerca de salir en televisión y necesito la mente de Cristo, la sabiduría de Dios para poder saber cómo hacerlo.
    Además, Dios también me ha hablado acerca de la necesidad de que este ministerio tenga un avión más grande y veloz. Necesito recibir sabiduría de Dios acerca de estas cosas y viajaremos antes para invertir dos días en oración”.
    Así que volamos a Birmingham en el pequeño Cessna 310 del hermano Copeland. Nos registramos en el hotel y esa primera noche me dijo: “Quiero que te reúnas conmigo en mi habitación a las 6 de la mañana; oraremos y recibiremos de parte de Dios respecto a estas cosas”.
    Yo estaba realmente emocionado porque, por primera vez, él me había invitado a participar de su tiempo de oración personal. Yo lo había visto orar en reuniones públicas, pero nunca había recibido una invitación para participar de la intimidad de su momento de oración. Usualmente, él se aísla durante ese tiempo especial.
    La mañana siguiente nos reunimos y me dijo: “Comencemos a orar en el Espíritu. Si escuchas algo de parte de Dios, por favor compártelo”.
    Así lo hicimos. Yo estaba sentado en una esquina del cuarto y noté que el hermano Copeland estaba arrodillado al lado de su cama con su libreta y su Biblia. Él oraba en el espíritu para luego hojear las páginas de su Biblia, una y otra vez. Yo pensé: eso está muy bien. Así que me arrodillé en frente de una silla y oré en el espíritu, hojeando las páginas de mi Biblia siguiendo su ejemplo.
    Kenneth oraba en el espíritu por unos minutos y luego declaraba el versículo que tenía en frente, acerca de la sabiduría de Dios. Por ejemplo, leía en Corintios dónde dice: “Jesús se hizo sabiduría por nosotros”; luego iba a Santiago y declaraba: “si a alguno le falta sabiduría, que se la pida a Dios, y Él se la dará libremente… pero que pida con fe sin dudar”.
    Él empezaba buscando los versículos que se correlacionaban acorde a lo que estaba pidiendo y luego los declaraba. A medida que declaraba esa escritura, yo lo imitaba. Después, el hermano Copeland se quedaba en silencio y solamente escuchaba.
    Hicimos eso la primer mañana durante casi dos horas. Luego, él dijo: “bueno, vamos a arreglarnos y a desayunar”.
    La mañana siguiente hicimos lo mismo. Nos reunimos a las 6 y repetimos en esencia el mismo proceso.
    Después del desayuno, Kenneth me llamó a la habitación y me dijo: “Creo tener la mente de Cristo referente a cómo empezar el ministerio televisivo. He recibido el formato”.
    Luego continuó: “Creo que Dios pagará en efectivo por esta petición. Sabemos que requerirá de muchísimo dinero para grabar en el estudio en Dallas. Así que primero tendremos que sembrar una semilla, para poder recibir la cosecha que pagará por todos los gastos”.
    Por supuesto, yo estaba de acuerdo en todo. Sin embargo, le prestaba mayor atención a cómo planeaba hacerlo. Estaba aprendiendo a acceder la sabiduría de Dios y a apropiarme de esa sabiduría una vez recibida.
    Él continuó: “Nuestro primer paso es conseguir el dinero necesario para los programas de televisión y para el avión nuevo. Tú sabes que yo no pido dinero prestado. Nosotros pagamos en efectivo por todo. Obviamente no hay manera alguna de hacerlo sin antes sembrar una semilla. Tengo que sembrar mi mejor semilla. La mejor semilla que tengo es mi avión, y la sembraremos”.

    ¿Cómo regresaremos a casa?
    Usualmente, cuando Kenneth decía que regalaría algo, lo hacía de forma inmediata. Así que yo estaba preocupado por cómo regresaría a casa. No respondí “Alabado sea Dios”, sino que me quedé callado y actué como si estuviera totalmente de acuerdo. Algunas veces las personas no sabrán tu nivel de ignorancia si tan solo te quedas callado.
    Él prosiguió: “Dios me ha dado el nombre del predicador al que quiere que se lo regale. Lo llamaré ahora mismo y le comunicaré lo que Dios me ha instruido”.
    A continuación llamó a un predicador amigo y lo escuché decir: “Joe, soy Kenneth”. Yo sabía que Joe estaba creyendo por un avión. No podía escuchar lo que Joe decía hasta que el hermano Copeland le dijo el motivo de su llamada—¡el hermano Copeland tuvo que alejar el teléfono de su oreja porque Joe comenzó a dar gritos de júbilo!
    Me lo imaginaba bailando y corriendo en círculos.
    Después el hermano Copeland le dijo: “Joe, regresaremos a casa y haremos los arreglos necesarios para entregártelo. Sin embargo, antes de transferirlo, rectificaremos el motor”.
    Me quedé allí sentado… mudo y sin palabras. Mi siguiente pensamiento fue: ¿si lo está por regalar, porqué invertirá dinero adicional? Deja que Joe repare el motor. El hermano Copeland percibió mis pensamientos y me dijo: “Sé lo que estás pensando”.
    “Estás pensando que si voy a regalarlo, qué necesidad hay de invertir dinero extra”.
    Le respondí: “sí, es exactamente lo que estoy pensando; jamás había escuchado nada parecido”.
    Kenneth Copeland no sólo predica acerca de la prosperidad; no sólo predica acerca de la siembra y la cosecha; él lo practica—cada día de su vida. No solamente desde el púlpito sino en cada área de su vida. Tienes que entender que yo no tenía el nivel financiero del hermano Copeland. Yo todavía estaba creyendo por dinero para suplir las necesidades básicas en mi casa y para poder vestirme. Estaba creyendo por dinero para darle a Carolyn y a las bebés mientras viajaba. ¡Estaba creyendo por el dinero de la renta… y él estaba regalando aviones!
    Así que le pregunté: ¿Por qué gastarás dinero en ese avión que estás a punto de regalar?
    Lo mejor es para Dios
    Él me respondió: “Porque creo en el principio del retorno del ciento por uno”.
    Identifiqué que estaba hablando acerca de Marcos 10:29-30. “¿Qué quieres decir con eso? le pregunté.
    “No quiero regalar un avión que tenga fallas en el motor, porque si lo hago, recibiré el ciento por uno de esa semilla, y terminaré con un avión más grande que necesitará reparaciones en el motor” me explicó. “Quiero dar algo que es muy bueno. Voy a hacer todo lo necesario para que esté en perfectas condiciones cuando lo regale, y así el avión que reciba será también de primera clase”.
    Unos 11 días después de sembrado el avión en el ministerio del hermano Joe, el hermano Copeland me llamó y me preguntó: “¿Quieres presenciar un milagro, tú y toda la familia?”
    Le respondí: “Nos gustaría muchísimo”.
    “Entonces encontrémonos en el aeropuerto de Oak Grove”.
    Fuimos al aeropuerto y vimos al hermano Copeland, a Gloria, Kellie y John parados en la zona de abordaje con su mirada fija en la pista de aterrizaje. Nos paramos detrás de ellos y exclamé: “¿Qué están haciendo?”
    Él me respondió: “Esperando el milagro. Tan sólo mantén tus ojos al final de la pista… y lo verás”.
    Nosotros nos paramos allí, mirando. Poco tiempo después, vi unas pequeñas luces a la distancia y pude identificar que era un avión en maniobras de aproximación. Tan solo once días después recibió un avión más grande y más rápido, totalmente pago. Entramos a la nueva nave y alabamos a Dios. ¡Fue un milagro grandioso!
    Yo estaba tan impresionado que quería regalar algo—¡cualquier cosa! Yo había estado dando, pero no a ese nivel. Pensé: Iré a casa y buscaré algo que pueda regalar. Necesito un auto nuevo—regalaré el auto.
    El Señor siempre me protegió. Él sabía que cometería un error. Él sabía que yo estaba siendo sincero; sin embargo, estaba equivocado. El Señor me dijo: antes de que salgas saltando de aquí y lo hagas, asegurémonos que es una revelación para ti tal como lo es para el hermano Copeland. No estás listo para hacerlo ahora; pero estarás listo si me escuchas.
    He visto a personas hacer lo mismo que el hermano Copeland hizo, sin resultados. Ellos terminarían sin creer el mensaje. Sin embargo, no hay nada malo en el mensaje ni el mensajero—simplemente, eso no era una revelación para ellos.
    Tú no puedes vivir de la revelación de otras personas—debe ser una revelación personal para ti.

    Una revelación por la cual vivir
    Yo aprendí a no apresurarme después de ver ese milagro. La fe viene por el oír y el oír por la Palabra de Dios. Así que me mantuve alimentando mi espíritu, escuchando los casetes del hermano Copeland acerca de las leyes de la prosperidad, sembrando y cosechando, observándolo aplicar esos mismos principios en su vida personal. Después de un tiempo, se volvió una revelación para mí.
    Comencé a ver la bendición de Dios sobre Carolyn y en mi propia vida. Aprendí las leyes de la siembra y la cosecha al observar al hermano Copeland ponerlas en práctica. Éstas se convirtieron en una revelación para mí y todavía hoy operan en mi vida. Todo lo que hemos recibido en nuestro ministerio ha llegado de esa manera. He regalado varios aviones y Dios me ha bendecido con mejores aviones. Ésta es la manera en la que mi familia y yo operamos.
    Te animo ahora mismo a que alimentes tu espíritu con la Palabra de Dios y que estudies las leyes de la prosperidad hasta que se conviertan en una revelación para tí. Después, ponlas en práctica. Dios suplirá cada necesidad. ¡Él es fiel!

  • LIBERADOS DE LAS DEUDAS – Por Melanie Hemry

    LIBERADOS DE LAS DEUDAS – Por Melanie Hemry

    El sol brillaba como un orbe de oro sobre Fulton, Kentucky. Su luz se difundía a través de las nubes de filigrana y la mañana olía a pasto recién cortado y tierra fértil. Barry Sharp disfrutaba de la brisa en su rostro antes de entrar a su casa. El sonido del teléfono irrumpió en el silencio y Barry frunció el ceño a causa del ruido.

    De camino hacia el aparato telefónico se detuvo al ver que su esposa Shirley contestaba. Su rostro lucía afligido. Ella lo miró con reproche en sus ojos.

     

    Escapándose de la casa, Barry condujo hasta su negocio automotriz y se encerró en la oficina. Deslizándose en la silla del escritorio, Barry reposó la cabeza entre sus manos. ¿Cómo es que todo había sucedido? Él había tratado de proteger a Shirley del estrés que sus finanzas estaban causando; sin embargo, los problemas habían arribado a la casa para pasar la noche. Los acreedores llamaban sin cesar, día y noche.

    “Señor, trabajo duro”, musitó Barry en defensa propia.

    Era la verdad. Él había trabajado duro en su negocio. Había participado en oportunidades interesantes de negocios y había ganado dinero en forma moderada. Animado, pidió dinero prestado para invertir aún más. Pero de alguna manera, con el paso de tiempo, se enterró en un hoyo financiero y no sabía cómo salir.

    Shirley desconocía que todo lo que tenían estaba empeñado. Tenían un cuarto de millón de dólares en deudas y estaban a punto de irse a la quiebra. El pensamiento de perder la casa hizo que sus rodillas se debilitaran. No podía imaginarse mirando de frente a su esposa y a sus cuatro hijos para decirles que habían perdido todo.

    Sin embargo, eso no era lo peor.

    Barry sabía que había perdido el respeto de su esposa. Ahora también sabía que con casa o sin, tendría una alta probabilidad de perder a su familia.

     

    Aprendiendo a ser guiado

    “Shirley y yo nos conocimos cuando yo cursaba el 9º grado y nunca existió nadie más para mí” recuerda Barry. “Shirley se graduó en economía del hogar y yo comencé mi propio negocio. Éramos activos en nuestra iglesia y enseñábamos en la escuela dominical. Cuando nacieron nuestros cuatro hijos ella les enseñaba en la casa y después manejábamos más de 160 km ida y vuelta para llevarlos a un colegio cristiano. Mientras le confié a Dios mi salvación, me imaginé que podía manejar el resto yo solo. Sin embargo, no funcionaba tan bien”.

    “En el comienzo de los 90 un amigo nos regaló unos casetes de Kenneth Copelando. Pasamos sin oírlos como un año, hasta que un día los escuché en el auto mientras viajaba. De regreso a la casa le dije a Shirley: ‘¡Esto es un mundo totalmente nuevo!’

    “Ella los escuchó y queríamos más. Nos hicimos colaboradores con KCM y aprendimos acerca de 2 Timoteo 2:15; decía que deberíamos estudiar para ser aprobados por Dios. Por primera vez en mi vida empecé a estudiar la Biblia. Asistimos a la Convención de Creyentes todos los años y aprendimos muchísimo. Yo creía en todo lo que Kenneth Copeland enseñaba—excepto en el área de las finanzas. Yo todavía pensaba que podía solucionar el problema”.

    “Uno de los cambios más profundos en la vida de Shirley se produjo mientras leía el libro de Gloria, ‘Conociéndolo’. En ese libro Gloria dice lo siguiente: ¿qué pasaría si una mañana nos levantáramos y encontráramos a Jesús en la mesa del desayuno. Pasaríamos tiempo con Él, o diríamos algo como ‘estoy emocionada de verte… pero necesito irme. Tengo un almuerzo en el centro de la ciudad y que ocuparme de algunos negocios. Es probable que tenga tiempo de hablar contigo cuando regrese en la noche’ ”.

    A partir de ese momento, Shirley se levantaba temprano y se encontraba con Jesús, en la mesa de desayuno. Ella oraba y leía la Biblia, haciendo tarjetitas de referencia con los versículos que le llamaban la atención. Ella miraba el programa la Voz de Victoria del Creyente a diario, e incorporó los libros de los Copeland en sus clases regulares del colegio hogareño.

    Como ambos amaban leer los devocionales: “En búsqueda de su presencia” y “Crezcamos de Fe en Fe”, Shirley decidió incluirlos como parte del currículo.

    Una vez al mes, cuando la revista La Voz de Victoria del Creyente llegaba, Shirley confesaba que algún día serían ellos los que saldrían en la revista y que “nuestra historia no sería una tragedia”, sino algo como: “Escuchamos la Palabra, creímos en la Palabra, obedecimos la Palabra y fuimos realmente bendecidos”.

    Shirley se esforzaba por escuchar la Voz de Dios y obedecerla. En el supermercado, un día escogió sus cosas con cuidado, esperando no tener que sacar nada en el momento de pagar. La voz suave del Señor la interrumpió mientras compraba: Paga el mercado de la persona que está adelante en tu misma fila.

     

    La bondad de Dios

    Cuando se aproximaba a la caja, Shirley se dio cuenta que la mujer que estaba delante de ella tenía un carrito de compras repleto. Tragó saliva con dificultad al saber que tendría que devolver toda su comida; sin embargo, obedecería. En el último instante, una mujer anciana deslizó su canasta en frente de Shirley. Todo lo que tenía eran dos latas de habichuelas.

    “Quiero pagarlas”, le dijo a la mujer que estaba a punto de pagar.

    “Necesito esas habichuelas”, le respondió la mujer.

    “No quiero tus habichuelas; solo quiero pagarlas por tú” le dijo Shirley, entregándole  el dinero a la cajera

    Cuando Shirley salió del supermercado, la señora estaba esperándola.

    “¿Por qué lo hiciste?” le preguntó. Shirley le explicó que el Señor le había instruido pagar por lo que tenía en su canasta.

    “Mi esposo falleció”, continuó la mujer con lágrimas en su rostro. “Esta mañana le dije al Señor: ‘Hoy tendrás que aparecerte y dejarme saber que me amas si quieres que siga viviendo’ ”.

    Ambas mujeres se regocijaron en la bondad de Dios.

    “Cuando empezamos a asistir a las convenciones, tres de los cuatro niños estaban muy pequeños para asistir a la Academia Superkids”, recuerda Shirley. “Nos sentábamos en la sección del medio [en el auditorio principal] con almohadas, cobijas y meriendas. Nos quedábamos en hoteles baratos, comiendo sándwiches de mortadela y melón”.

    “Cuando los niños tuvieron la edad para asistir a la Academia Superkid, estaban emocionados de poder participar. Cuando fueron grandes, voluntariaban como consejeros, levantándose a las 6 am para pararse en la fila en el centro de convenciones”.

     

    Una excepción

    “La Palabra estaba cambiando todo en nuestra vida, excepto las finanzas. Los acreedores llamaban día y noche. Mis padres jamás tuvieron deudas, así que ese tema no lo consideré como parte de nuestra charla prematrimonial. Cuando regresamos a casa después de la luna de miel, Barry bromeó diciendo que sólo tenía $20 en su bolsillo. ¡Yo me sorprendí al descubrir que ese era TODO el dinero que teníamos! No había dinero en el banco, ni ahorros”.

    “Cuando los acreedores empezaron a rondarnos, me di cuenta que estábamos llenos de deudas. Sin embargo, la peor parte eran los secretos de Barry. Él no me decía lo que estaba sucediendo; sentía que no me amaba y esa situación puso en riesgo nuestro matrimonio”.

    En el 2004, cuando Barry se dio cuenta que estaban al borde de la quiebra, su hijo mayor estaba aplicando para la universidad. Sin dinero para enviarlo, Barry aplicó por un préstamo.

    Un día, sentado en su oficina, Barry leyó Romanos 13:8: «No tengan deudas con nadie, aparte de la deuda de amarse unos a otros…» Después leyó Proverbios 22:7, que dice: «Los ricos son los amos de los pobres; los deudores son esclavos de los prestamistas».

    Repentinamente, Barry se sintió como un esclavo de las deudas.

    Instantes más tarde, su banquero lo llamó.

    “¡Barry, no lo vas a creer! Logré que te aprobaran un crédito aún con tu historial negativo”.

    La convicción inundó a Barry en oleadas. “Gracias” le dijo, “pero no puedo aceptarlo”.

    El banquero, quién conocía nuestra apretada condición financiera, suspiró. “Tu hijo no irá a la universidad” le dijo.

    Así parecía.

     

    Aplicando frenos a las deudas

    “Por primera vez en la vida oré y le entregué nuestras finanzas a Dios” nos comenta Barry. “Después le prometí al Señor que no pediría un centavo adicional prestado. Estaba determinado a afianzarme en la Palabra de Dios y a caminar en Sus caminos”.

    Lo primero que Barry tenía que hacer era hablar con Shirley. Él tenía que ser honesto con ella acerca del estado de sus finanzas y debía decirle acerca de la promesa que le había hecho a Dios. Después, juntos, tendrían que decirle a Ben que no podría inscribirse en la universidad.

    “Él estaba decepcionado, pero nosotros fuimos honestos y lo ayudamos a entender lo que estábamos atravesando”, relata Barry. “Le dije que lo enviaría tan pronto como pudiera, sin deudas”.

    Ben consiguió dos trabajos de medio tiempo para ayudar con las finanzas.

    “Nosotros siempre habíamos diezmado; sin embargo, siempre había manipulado esa cifra, cómo diezmar del neto en vez del bruto”, recuerda Barry. “Esos días habían terminado. Dimos el diezmo completo y empezamos a ofrendar. Nombrábamos nuestras semillas y sembrábamos para que nuestra hipoteca fuera cancelada, por la educación de los niños y por ser libres de la esclavitud de las deudas”.

    Una de las cosas que Barry admiraba acerca del hermano Copeland es que era un piloto. “Había soñado con volar desde niño” nos dice. “A los 21 años tomé mis primeras clases y en el transcurso de los años estudié para ser un piloto en forma intermitentemente. Ahora sembré una semilla por un avión”.

    “Sé que hubiera tenido que esperar un tiempo; sin embargo, todo cambió de un momento para otro. Empecé a recibir llamadas para hacer grandes proyectos que nunca antes se habían presentado. Empezaron a llegar más trabajos y más dinero, y me puse al día con los pagos de la casa. Poco a poco, empecé a salir de deudas. Además de tener más ingresos, las cosas dejaron de dañarse. El devorador había sido reprendido”.

    Un día Ben regresó frustrado del trabajo.

    “Mamá” dijo, “aquí están los cheques de mis dos trabajos. ¡Eso no alcanza para nada!”

    “¿Y que vas a hacer?” le preguntó Shirley.

    “La única cosa que puedo hacer. ¡Voy a sembrarlo y dejarlo crecer!”

    Shirley y Barry se alegraron de la decisión. Ellos siempre habían creído que los hijos aprenden más de lo que sus padres hacen que de lo que dicen. Ellos oraron y confesaron que sus hijos jamás serían atrapados por la esclavitud de las deudas, sino que vivirían bajo los principios de Dios.

    Shirley y Barry estaban viendo como sus semillas echaban raíces y crecían.

    En el 2006, dos años después de que Ben había planeado empezar la universidad, se mudó a California y se inscribió en la Escuela de Filmación de los Ángeles. Barry pagó en efectivo por esos estudios, y cuando se graduó con un diploma en producción de diseño, Ben no debía ni un centavo. Él se sorprendió de la gran cantidad de estudiantes que se graduaron y que tuvieron que enfrentarse a montañas de deudas. En retrospectiva, los dos años de espera habían valido la pena.

    En menos de seis años desde que Barry le entregó sus finanzas a Dios y le puso el freno a las deudas, los Sharp han pagado todas sus deudas, incluyendo su hipoteca. Son libres de deudas y de estrés.

    Mientras tanto Barry consiguió su licencia de piloto. Logró pagar en efectivo por un avión Cessna 172. En el 2015, cuando consiguió su certificación para volar por instrumentos, Barry pagó por un Piper Comanche 260 B.

    “Cuando Barry tenía 16 años fue a un retiro de la iglesia y regaló su auto en una ofrenda” explica Shirley. “Durante nuestros años de casados, una cosecha de muchos autos ha llegado a nuestra vida como fruto de esa semilla. Así que, además de los dos aviones de Barry, en su hangar tiene un Cadillac antiguo, dos corvettes, un camaro SS convertible, un TR3 Triumph y una motocicleta. Cuando su hangar estuvo repleto decidió vender el avión Cessna. Barry se convirtió en un excelente hombre de negocios y se ganó mi respeto”.

    En estos días Barry y Shirley vuelan a Fort Worth a la Convención de Creyentes en avión propio, y se hospedan en un hotel hermoso. Cuando sus hijos adultos—ninguno de ellos ha tenido deudas—se reúnen con ellos, frecuentemente bromean con su mamá, diciéndole: “Mamá, esta no parece la convención. Nuestro cuarto no huele a mortadela y melón”.

    “Nos cansamos de la religión de malteada y de vivir bajo la esclavitud de las deudas” comenta Barry. “Colaborar con KCM y obedecer la Palabra de Dios nos liberó de ambas. Cuando empezamos a vivir la Palabra que dice: “Da y se te dará…” nuestro mundo cambió y verdaderamente somos bendecidos en todo lo que hacemos. La bendición del Señor nos ha hecho ricos”