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  • CONSEJOS PRÁCTICOS: Atrapa la Visión

    Al igual que un mariscal de campo está siempre listo para lanzar un pase y ganar el juego, Dios siempre está buscando un receptor. Él está buscando creyentes que atrapen Su visión para sus vidas y corran con ella. Tú puedes ser uno de esos creyentes. Puedes cruzar la meta de la vida habiendo cumplido Su plan para tu vida. Éstos son algunos consejos que te ayudarán a lograrlo:

    1) Dios quiere hacer grandes cosas para ti.
    2 Crónicas 16:9: «Los ojos del Señor están contemplando toda la tierra, para mostrar su poder a favor de los que mantienen hacia él un corazón perfecto».

    2) Él quiere revelarte una visión divina para tu vida.
    Proverbios 29:18: «Cuando no hay visión, el pueblo se desvía; ¡dichoso aquél que obedece la ley!».

    3) Busca a Dios hasta que puedas ver Su visión para tu vida.
    Mateo 7:7: «Pidan, y se les dará, busquen, y encontrarán, llamen, y se les abrirá».

    4) Hallarás más de esa visión en la Palabra escrita de Dios.
    Salmos 119:105: «Tu palabra es una lámpara a mis pies; ¡es la luz que ilumina mi camino!».

    5) Aférrate a la visión que encuentres en la Palabra de Dios y ésta se cumplirá.
    Habacuc 2:3: «La visión va a tardar todavía algún tiempo, pero su cumplimiento se acerca, y no dejará
    de cumplirse. Aunque tarde, espera a que llegue, porque vendrá sin falta. No tarda ya».

  • Atrapa la Visión – por Gloria Copeland

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    Normalmente, no soy aficionada al fútbol americano, pero hace varios años miré una parte del juego del Super Bowl que jamás olvidaré.
    Los Rams de St. Louis estaban jugando contra los Titans de Tennessee. En los últimos dos minutos del juego, con el marcador empatado, el mariscal de campo de los Rams, Kurt Warner (quien por cierto, es un creyente), retrocedió y lanzó la pelota. En una fracción de segundo observó todo el campo, buscando un receptor. Y como era de esperar, encontró a Isaac Bruce (¡otro creyente!) en posición, listo para atrapar la pelota y correr. Warner lanzó el pase, Bruce lo atrapó, y corrió para anotar.
    Ése fue un gran momento para los Rams, pero también fue un gran momento para mí porque recibí una revelación del Señor que desde entonces he venido enseñando. De pronto, me di cuenta más claro que nunca que Dios siempre está buscando un receptor. Él tiene una bodega celestial llena de riquezas, una Biblia que rebosa con promesas, un corazón lleno de planes maravillosos; y Sus ojos siempre: «están contemplando toda la tierra, para mostrar su poder a favor de los que mantienen hacia él un corazón perfecto» (2 Cronicas 16:9).
    Así como Kurt Warnes buscaba a Isaac Bruce, Dios busca a creyentes que en fe alcancen y tomen todo lo que Él ya ha provisto. Él está buscando personas que se aferren a Su visión para sus vidas, que corran con ella y que crucen la meta como los ganadores que Él creó.
    El problema es que ese tipo de creyentes no son tan fáciles de encontrar. Aunque hay multitudes de cristianos en el campo del juego de la vida, muchos de ellos no se han colocado en posición para recibir. En lugar de tener sus manos en el aire y sus ojos en la pelota, deambulan sin rumbo, diciendo: “Yo me imagino que Dios hará lo que quiera hacer con mi vida. Pues todo depende de Él”.
    Aunque tengan buenas intenciones, están tomando una postura equivocada. Dios ya nos dijo en Su Palabra lo que quiere hacer por nosotros. Él quiere sanarnos, prosperarnos, quiere que seamos BENDECIDOS y que seamos una BENDICIÓN para los demás. Él quiere cumplir todos los sueños que ha depositado en nuestro corazón.
    Sin embargo, no puede llevar a cabo nada de esto sin nuestra cooperación. Dios necesita que hagamos nuestra parte.
    Si deseas saber lo importante que es para nosotros cumplir con lo que nos toca, piensa en cómo habría terminado el Super Bowl si Isaac Bruce no hubiera cumplido su parte ese día. Qué habría pasado si no hubiera prestado atención o si hubiera puesto sus manos sobre sus ojos, y hubiera dicho: “Simplemente no soy digno de ganar el Super Bowl. Creo que no lo merezco. No me veo ganándolo”.
    Te diré lo que habría ocurrido. Los Rams hubieran perdido el juego.
    Personalmente, no me gusta perder cuando juego, ¿y a ti? Y más aun cuando se trata de este importante juego llamado vida; deseo terminarlo siendo una ganadora. Por tanto, hace mucho tiempo, decidí que iba a atrapar la visión que Dios tiene para mí. Y además, voy a sujetarla bien, pues de acuerdo con la Biblia, esa visión es necesaria para obtener la victoria.
    Así como dice en Proverbios 29:18: «Cuando no hay visión, el pueblo se desvía; ¡dichoso aquél que obedece la ley!».
    La palabra visión en este versículo, se refiere especificamente a una imagen interna que proviene del Señor. La Biblia Amplificada la describe como una: “relevación redentora de Dios”. Ésa es una revelación tan clara y real que, como lo describe la definición hebrea, puede ser: “contemplada mentalmente, percibida, o mirada con atención”.
    Para nosotros, como creyentes, tener este tipo de visión divina es vitalmente importante. Si queremos disfrutar de todos los beneficios maravillosos que Jesús compró para nosotros con Su muerte y Su resurrección, debemos tener una imagen de esa visión en nuestro interior —una imagen interior que podamos ver todo el tiempo— de las promesas y del plan de Dios cumpliéndose en nuestra vida.
    Si no la tenemos, aunque vayamos al cielo cuando muramos, nuestra vida sobre la Tierra no será todo lo que Dios estableció que fuera. Mucho de lo que Él destinó que hagamos y disfrutemos, perecerá. En hebreo, el término perecer significa, entre otras cosas: “Desestimar o arruinar, soltar y permitir que algo se resbale entre los dedos”.

    Dios no te enviará un telegrama
    Quizá digas: “Pero Gloria, ¡no sé cuál sea la visión de Dios para mi vida! No estoy seguro de cuáles son Sus planes específicos para mi vida”.
    Entonces, haz algo al respecto. No te quedes esperando que Dios te envíe un telegrama o un paquete por correo con las instrucciones adentro. Búscalo y descubre qué tiene reservado para ti. Invierte tiempo en oración, asistiendo a la iglesia y a las reuniones de creyentes donde el Espíritu Santo se mueve, y escucha lo que Dios está diciéndole a tu espíritu. Dale la oportunidad de iluminarte e indicarte qué dirección debes ir.
    Lo más importante es que inviertas tiempo en la Palabra escrita de Dios. Descubrirás gran parte de tu visión divina escrita justo allí. La Palabra está llena de buenas noticias acerca de todas las BENDICIONES que te pertenecen por medio del plan de redención. Además, a través de la Palabra escrita descubrirás cómo vivir y aprenderás qué debes hacer para conectarte con Sus planes únicos para tu vida.
    A lo mejor pienses: “Si eso es cierto ¿por qué hay tantos cristianos que leen la Biblia, y aún divagan sin una visión? ¿Por qué no reciben de manera abundante las bendiciones de Dios?”
    Porque para beneficiarse de la Palabra de Dios, tienes que hacer más que sólo leerla. Debes creerla y obedecerla. De otro modo, actuarás igual que las multitudes incrédulas que escucharon las parábolas de Jesús. Ellos jamás obtuvieron nada de aquellas enseñanzas, pues como Jesús dijo: «Otra parte cayó entre las piedras, donde no había mucha tierra, y pronto brotó, porque la tierra no era profunda» (Mateo 13:15).
    Esas personas habían endurecido su corazón a la Palabra de Dios por su propia incredulidad y desobediencia. Como resultado, perdieron su visión espiritual. Perdieron su habilidad para percibir y recibir lo que Dios intentaba mostrarles. Por tanto, no pudo sanarlos, ni restaurar todo aquello que faltaba en sus vidas.
    ¡Jamás caigas en esa condición! Mantén tus ojos y tus oídos espirituales abiertos, no sólo ocupándote de la Palabra, sino también creyendo y actuando conforme a lo que Dios te dice a través de ella. Si lo haces, Jesús podrá afirmar de ti lo mismo que dijo de Sus primeros 12 discípulos hace 2.000 años: «…a ustedes se les concede entender el misterio del reino de los cielos… dichosos los ojos de ustedes, porque ven; y los oídos de ustedes, porque oyen» (versículos 11, 16).

    A receptores diferentes, resultados diferentes
    Una vez que obtengas la visión de Dios para algún área de tu vida, puedes comenzar a llevarla a cabo. Pero a medida que lo hagas, tendrás que recordar el ejemplo que te dio Isaac Bruce. Cuando él atrapó ese pase tan importante y lo llevó hasta la zona de anotación, los miembros del equipo contrario hicieron lo imposible para quitarle la pelota. Sin embargo, él no se los permitió. Sin importar lo que sucedía, él se aferró al balón.
    Tú y yo debemos actuar de la misma manera si vamos a cruzar la meta como ganadores. Necesitamos aferrarnos a la visión que Dios nos ha dado, mantenerla firme en nuestro corazón y negarnos a que se nos escape.
    Es allí donde muchos receptores espirituales se descuidan y pierden la visión. Cuando el diablo los presiona, ellos pierden el control de su visión. Ellos permiten que el enemigo se las robe antes de que se cumpla en sus vidas.
    Jesús nos advirtió acerca de ello en Mateo 13:3-8, en la parábola del sembrador. Allí, se compara la Palabra de Dios con la semilla que siembra un granjero en cuatro diferentes tipos de suelo:

    “Un sembrador salió a sembrar. Y mientras sembraba, algunas semillas cayeron a la orilla del camino, y las aves vinieron y se las comieron. Otras semillas cayeron en suelo rocoso, donde no había buena tierra; y de una vez florecieron; debido a que no tenían profundidad en el suelo. Pero cuando el sol salió, se quemaron; y como no tenían raíz, se secaron y se marchitaron. Otras semillas cayeron entre las espinas, y las espinas crecieron y las ahogaron. Otras semillas cayeron en buena tierra, y produjeron granos —algunas, hasta cien veces más de lo que fueron sembradas; algunas sesenta veces más y otras treinta veces más—” (AMP).

    Las diferentes clases de tierra en esta parábola representan cuatro grupos de personas. Cada grupo tenía la misma oportunidad de ser BENDECIDO porque la Palabra llegó a todos ellos. Pero debido a que cada grupo recibió la Palabra de manera diferente, no obtuvieron los mismos resultados.
    El primer grupo permitió que el diablo devorara la Palabra de inmediato. Ésa es la clase de personas que escuchan lo que se enseña en la Biblia, y en lugar de recibirla, la rechazan. Como resultado, no reciben nada de ella. Ni una sola cosa.
    El segundo grupo de personas recibió la Palabra y se regocijó en ella momentáneamente, pero en realidad no permitió que se arraigara. Entonces: “cuando la aflicción, los problemas o la persecución [vino] a causa de la Palabra” (versículo 21, AMP) el diablo pudo convencerlos de que las promesas de Dios jamás serían una realidad en su vida, y su fe en la Palabra flaqueó. Su visión divina se marchitó y murió.
    Si se lo permites, el diablo usará la misma artimaña contigo. Por esa razón, debes determinar en tu interior que te aferrarás a las promesas de Dios. Y también, depender con firmeza de lo que Dios te dice acerca de tu llamado divino y tus sueños.
    Estos llamados y sueños no se cumplen de la noche a la mañana. A menudo toman tiempo.
    Quizá hace 30 años, Dios te dio una visión acerca de algo que Él tiene reservado para ti, y puede ser que aún no se haya cumplido; sin embargo, eso no debe desanimarte. Sólo continúa confesándolo y creyéndolo. Sigue aferrándote a ello y no lo dejes ir.
    El tiempo es muy importante para Dios, y es posible que aún no sea el tiempo para que esa visión en particular se cumpla. Pero si renuncias a ella, perecerá y jamás la verás cumplirse. Te perderás de vivir una preciosa parte del plan de Dios para tu vida.
    Por tanto, ¡no te rindas! En lugar de eso, sigue buscando a Dios a diario. Sigue obedeciendo Su Palabra y obedece los consejos de Su Espíritu. Un día de éstos, darás un pequeño paso de obediencia y, aun sin darte cuenta, estarás dentro de la siguiente fase del plan de Dios para tu vida.
    ¿Quién sabe qué podría pasar? Quizá Dios te guíe a ir a alguna cafetería y termines conociendo al hombre que será el esposo que Él te prometió. Te puede decir que llames a alguien que no has visto en mucho tiempo y, gracias a esa conversación, termines teniendo la oportunidad del negocio de tus sueños.
    Como creyentes, debemos vivir cada día con los oídos de nuestro corazón sintonizados con Dios, escuchándolo hablar aun acerca de aquellas cosas que aparentemente son insignificantes, pues no sabemos qué bendiciones puedan esperarnos como consecuencia de nuestra obediencia.

    Ten cuidado con las espinas
    El tercer grupo de personas en la parábola del sembrador de Jesús, recibió la Palabra y se aferró a ella. Sin embargo las espinas, las cuales representan «las preocupaciones de este mundo y el engaño de las riquezas», ahogaron la Palabra para que no pudiera dar fruto (versículo 22).
    Pienso que en este punto es donde muchos cristianos llenos del espíritu se apartan del camino. Ellos tienen demasiadas cosas qué hacer; enfrentan demasiadas exigencias en el hogar, en el trabajo y aún en la iglesia, y permiten que estas cosas ahoguen su tiempo para la Palabra. Dejan que las preocupaciones e inquietudes de este mundo sofoquen su visión divina.
    No permitas que eso te suceda. Pelea por ese tiempo de comunión con Dios. Deshazte de las cosas de tu vida que están estorbando tu comunión con Él. Y coloca a Dios y a Su Palabra en tu agenda todos los días. Mientras más atención le prestes a Dios, más podrá actuar en tu vida. Entre más te enfoques en Él y en Su Palabra, más profunda será en tu corazón la raíz de la visión que Él tiene para ti.
    Tu corazón es una buena tierra para esa visión divina; sabe qué hacer con la Palabra de Dios y cómo procesarla. Si depositas la Palabra en tu corazón y la mantienes allí, regándola y protegiéndola, al final verás tu cosecha —“primero la hoja, luego la espiga, después el grano de la espiga” (Marcos 4:28, AMP)—.
    Y al final, te convertirás en uno de esos receptores de los que Dios me habló ese día durante el Super Bowl. Atraparás la visión de Dios y correrás con ella… hasta cruzar triunfante la meta de la vida.
    Al igual que un mariscal de campo está siempre listo para lanzar un pase y ganar el juego, Dios siempre está buscando un receptor. Él está buscando creyentes que atrapen Su visión para sus vidas y corran con ella. Tú puedes ser uno de esos creyentes. Puedes cruzar la meta de la vida habiendo cumplido Su plan para tu vida. Éstos son algunos consejos que te ayudarán a lograrlo:

  • EL puente ya está construido – por Kenneth Copeland

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    El 20 de Julio de 2014, a las 6:50 a.m., mi querido amigo de tantos años, el obispo Tony Palmer, partió de esta Tierra para estar con Jesús, nuestro SEÑOR y Salvador.

    Mientras estuvo en la Tierra, el ministerio y la unción de Tony y su esposa Emi se convirtieron en un puente para el Cuerpo de Cristo entre Católicos y Protestantes. Tony tuvo un gran impacto en el mundo de la Renovación Católica.  Y en ese rol, al ministrar y enseñar la PALABRA de fe en Argentina, conoció y se convirtió en uno de los amigos cercanos del Cardenal Bergoglio. Su amistad creció y se hizo cada vez más fuerte, hasta que llegaron a ser más que amigos. Se transformaron en un Padre e hijo espirituales en el SEÑOR. Más adelante, el Cardenal Bergoglio se convirtió en el Papa Francisco.
    Este año, en el mes de Enero, Tony trajo un video con un saludo personal de parte del Papa Francisco a nuestra conferencia anual de Ministros en Fort Worth, Texas. Este fue un momento maravilloso y de gran unción en nuestras vidas. Tony estaba siendo EL PUENTE.

    Después, Tony regresó a Roma con un video (ambos videos tomados con su celular) de parte nuestra para el Papa. El Papa Francisco respondió a nuestro mensaje con una invitación personal para mí y otras 7 personas: James y Betty Robison, el Dr. Geoff  Tunnicliffe, el Dr. Brian Stiller, Thomas Schirrmacher, y John y Carol Arnott. Gracias a Tony, todos nosotros vivimos una de las experiencias más maravillosas de nuestras vidas. SE CONSTRUYÓ EL PUENTE, y compartimos en la Gloriosa presencia de nuestro SEÑOR y Salvador,  quien estaba muy complacido. Al fin, Su oración y poderoso mandato celestial de Juan 17:21 empezó a tomar forma de acuerdo con Efesios 4:13.

    Juan 17:21
    «Para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que
    el mundo crea que tú
    me enviaste».

    Efesios 4:13
    «Hasta que todos lleguemos a estar unidos por la fe y el conocimiento del Hijo de Dios; hasta que lleguemos a ser un hombre perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo».

    La unidad de la fe —no de las doctrinas—. Nuestras doctrinas difieren. Pero, ¡Nuestra fe está cimentada
    en Jesús de Nazaret, el Hijo del Dios Viviente!

    ¡Sabemos que el diablo es responsable del ataque a la vida de Tony! El trató de detener el movimiento mundial de unidad en Jesús, como si fuéramos uno solo. ¡Llegaste tarde, diablo! ¡EL PUENTE YA ESTÁ CONSTRUIDO! Y ES UN PUENTE DE AMOR — UN PUENTE QUE NUNCA FALLARÁ. Gloria, yo, y todos en el ministerio estamos emocionados de pararnos firmes sobre EL PUENTE  que la gracia construyó — a través de Tony Palmer. Te amamos y te extrañamos, QUERIDO MUCHACHO.

    ¡Jesús es el SEÑOR!

  • Desarrollando la fuerza de la Fe

     

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    Hace años, cometí un error que nunca repetiré: Le concedí una entrevista a una reportera. Debería haberlo pensado antes de aceptar; sin embargo, el SEÑOR se encargó de eso después. En ese tiempo, no supe tomar una mejor decisión.
    Con el transcurso de los años, volví a desobedecer el mandamiento de no conceder entrevistas. Y los resultados fueron peores que los de la primera vez.
    En la primera entrevista, las cosas parecían marchar muy bien. La reportera me hacía preguntas acerca de la sanidad, y yo le contestaba de acuerdo a las Escrituras. Se lo expliqué de la forma más sencilla, y con mi Biblia en mano le dije: «Aquí está en lo que creemos, porqué lo creemos, y lo que hacemos».
    La reportera me prestó atención, y sus respuestas fueron siempre respetuosas. Sin embargo, cuando el artículo fue publicado, no podía creer lo que mis ojos leían. Parecía que la reportera no había escuchado nada de lo que le había respondido. Estaba muy confundido, así que fui al SEÑOR y le pregunté: «¿Qué es lo que está tratando de hacer?».
    Y Él me respondió: Ella está tratando de ayudarte. Para ella suena muy insensato lo que respondiste en la entrevista; y como le caíste bien, lo cambió para no avergonzarte.
    El SEÑOR me pidió que no volviera a hacerlo, y después de esa experiencia me di cuenta por qué me lo había pedido. Las personas que no conocen al SEÑOR no tienen la capacidad de entender a los que sí lo conocemos; no entienden quiénes somos, ni la forma en que actuamos.
    Primera de Corintios 2:14 lo explica de esta manera: «Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son una locura; y tampoco las pueden entender, porque tienen que discernirse espiritualmente».
    Esto es algo que todos nosotros, los creyentes nacidos de nuevo, necesitamos recordar. No somos personas “naturales”, ni pertenecemos a este mundo. Nosotros somos personas espirituales, y pertenecemos a la eternidad. Somos ciudadanos del cielo, embajadores de Dios, y nos encontramos en medio de una misión: Llevar Su BENDICIÓN a donde quiera que vayamos. Y lo alcanzaremos sólo de una forma: Viviendo y actuando por medio de la fe en la PALABRA de Dios.
    Las personas que no tienen la revelación de la PALABRA, van a pensar que nuestro estilo de vida es peculiar, o raro. Sim embargo, eso está bien. De hecho, así es como debe ser. Como creyentes no tenemos que pensar, hablar, y actuar como el mundo lo hace en lo que concierne a los temas de sanidad… economía… o cualquier otra cosa.
    No se supone que estemos preocupándonos y quejándonos por las malas noticias que escuchamos en la radio, en la televisión, o el internet, como lo hacen los que no son creyentes. No deberíamos decir cosas como: “¿Escuchaste las últimas noticias? ¡Las cosas se están poniendo cada vez más difíciles!”.
    No, nuestras conversaciones deben ser totalmente diferentes. Debemos decir cosas como: “Las condiciones de este mundo no me preocupan para nada, pues estoy conectado con Dios, y Él no tiene altibajos”. Debemos actuar como lo hizo Isaac: en medio de la sequía que sufrió la nación entera, se mantuvo viviendo en fe en Su pacto de BENDICIÓN, y al final terminó cavando pozos de agua que se convirtieron en una BENDICIÓN no sólo para su familia, sino para toda la nación.
    En lugar de permitir que nuestro gozo cambie como lo hace la bolsa de valores, tú y yo debemos ser personas incambiables, como el hombre justo que describe la Biblia, quien se deleita en la PALABRA de Dios. El Salmo 112:6-8 dice acerca de él: «y por eso nunca tendrá tropiezos… vivirá sin temor a las malas noticias, y su corazón estará firme y confiando en el Señor. Su corazón estará tranquilo, sin ningún temor, y llegará a ver la caída de sus enemigos».

    El núcleo fundamental de tu identidad
    Quizá digas: «Hermano Copeland, me gustaría actuar en ese nivel de fe que no cambia. Pero por alguna razón es muy difícil para mí».
    Quizá se deba a que ya te olvidaste de quién eres en realidad. O tal vez porque, así como el mundo que te rodea, estás pensando acerca de ti mismo en términos naturales, y estás enfocándote en tu hombre exterior, en lugar de enfocarte en quién eres en tu interior. El vivir por fe puede causar grandes problemas, porque la fe es una fuerza espiritual. No es algo mental o físico; la fe proviene de tu espíritu.
    Tu espíritu es quien en realidad eres. Es el núcleo, es el centro fundamental de tu identidad. Esto es lo que en 1 Pedro 3:4 se refiere como: «…sino el interno, el del corazón…» (RVR1995), y es la parte más importante de todo tu ser. Jesús lo aclaró en Juan 6:63, cuando dijo:
    «El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha…».
    ¿Alguna vez se te ha quebrado una uña a la mitad? ¿Qué sucedió? Descubriste que esa parte está viva ¿no es así? Pues así es como la palabra: «…da vida…» es usada en este versículo. Jesús estaba diciendo “que el espíritu es el que te da la vida, no la carne.”
    Proverbios 4:23 lo explica de la siguiente forma: «Cuida tu corazón más que otra cosa, porque él es la fuente de la vida». La fuente de la vida son las fuerzas espirituales que fluyen del centro de tu ser. Son fuerzas que deben ser protegidas a cualquier costo, pues sin ellas no puedes vivir.
    Una de esas fuerzas es la fe.
    “Pero hermano Copeland, como te lo mencioné anteriormente, yo no tengo fe”.
    Claro que sí. Si eres un creyente nacido de nuevo, tu espíritu tiene el mismo ADN de Dios. Tu hombre interior es exactamente como Jesucristo de Nazaret. Y no te pareces sólo un poco a Él; eres exactamente como Él. Eso significa que tienes la misma fe que Él tiene.
    El libro de Romanos del Nuevo Testamento lo confirma. Allí, la Biblia le está hablando a la Iglesia
    —no a los incrédulos—:
    «Porque en el evangelio se revela la justicia de Dios, que de principio a fin es por medio de la fe, tal como está escrito: «El justo por la fe vivirá» (Romanos 1:17).

    «…Dios le ha repartido a todo hombre [a todo hijo de Dios nacido de nuevo] la medida de fe» (Romanos 12:3, AMP).

    Piensa en eso. De acuerdo a estos versículos, Dios mismo depositó en tu espíritu Su propia fe, la cual produce vida. En Lucas 17, Jesús hace referencia de la fe como tu servidora. Dios te la dio, y ahora tú debes comandarla. Puedes usarla como Él lo hace, ya sea para crear algo en donde se necesita crear, o para mover montañas que estén en medio de
    tu camino.

    Sigue creciendo
    Por supuesto, ninguno de nosotros sabe cómo hacerlo automáticamente. A pesar de haber sido equipados con las herramientas necesarias al haber nacido de nuevo, debemos crecer y desarrollar nuestra capacidad para utilizar esas herramientas.
    Recuerdo que cuando comenzamos a hacerlo, nos parecíamos mucho a mi hijo John cuando recibió su primera escopeta. A la edad de 8 años, él ya era tan bueno como yo. Sin embargo, todavía tenía mucho más que aprender. Y eso lo comprobó en una ocasión cuando fuimos de caza a la propiedad del abuelo de Gloria. Estábamos pasando por un pequeño establo que el abuelo había construido para el ganado, cuando de repente John observó una tarántula negra que colgaba al lado de la construcción. Sin pensarlo dos veces, John levantó su escopeta calibre 20, y le apuntó.
    Le dije: «¡Hijo, no hagas eso!».
    «¿Por qué no papi?» me preguntó.
    «¡Porque perforarías el establo del abuelo!».
    Por la expresión de su rostro, pude darme cuenta que ni siquiera se le había ocurrido pensar en las consecuencias. Estaba tan enfocado en la araña, que no miró el establo que estaba detrás de ella. «Oh…» contestó.
    Algunas veces, como creyentes, hacemos lo mismo en lo que a la fe concierne. En lugar de parecernos a ese hombre maduro espiritualmente que menciona Salmos 112, un hombre cuyo corazón está conforme a Dios y a Su PALABRA, actuamos como niños espirituales y le damos nuestra atención a las circunstancias que nos rodean, de la misma forma que mi hijo lo hizo con la araña. Comenzamos a pensar y a hablar como el mundo lo hace, en lugar de actuar con fe.
    ¿Cómo podemos superar esta tendencia inmadura?
    Desarrollando nuestro espíritu, así como desarrollamos nuestro cuerpo.
    En primer lugar, debemos alimentar nuestro espíritu con buena comida. No con pan y frijoles —eso es comida natural— ¡sino con la PALABRA de Dios! Su PALABRA es comida espiritual. Cuando nos alimentamos de ella, ésta nutre nuestro hombre interior y produce la fuerza espiritual de la fe.
    Eso fue lo que sucedió cuando recibimos nuestra salvación. Al escuchar la PALABRA acerca de Jesús, la fe nació en nuestro interior para recibirlo como nuestro Salvador y SEÑOR. Sin embargo, el plan de Dios no es que nos quedemos estancados en ese lugar. Él no quiere que nos quedemos viviendo con ese nivel de fe por el resto de nuestra vida. Eso no sería práctico.
    Piensa en eso en términos físicos, y verás a qué me refiero.
    Imagínate que has comido un buen plato de comida. Luego, tomaste unas pesas muy livianas y comenzaste a levantarlas. Si te mantienes levantándolas por un largo tiempo, eventualmente gastarás todas las energías que la comida te proveyó. Llegarás al punto de no poder levantarlas más, no porque estén muy pesadas, sino porque tus músculos necesitan más alimento, y necesitan reponer tus fuerzas.
    Eso mismo sucede en el mundo espiritual. No podemos vivir toda la vida sólo con un plato de comida espiritual. Debemos mantenernos comiendo y reponiendo nuestras fuerzas. Esa es una de las razones por la que Dios nos dio palabras.
    Las palabras son contenedores espirituales. Éstas no solamente son un conjunto de letras que se usan para comunicarnos con los demás. El propósito principal de las palabras, es desatar poder y fuerza espirituales. Las palabras pueden estar llenas de temor, o de fe. Pueden llevar amor, o malicia. Las palabras pueden estar llenas de LA BENDICIÓN, o de la maldición. ¡Las palabras son contenedores, o portadoras!
    Aunque las palabras del ser humano pueden llevar una mezcla de estas cosas, ¡las palabras de Dios siempre están llenas de fe! Por esa razón, una y otra vez, la Biblia dice cosas como:

    «Así que la fe proviene del oír, y el oír proviene de la palabra de Dios» (Romanos 10:17).

    «…Las palabras que yo les he hablado son espíritu y son vida» (Juan 6:63).
    «Hijo mío, presta atención a mis palabras; inclina tu oído para escuchar mis razones. No las pierdas de vista; guárdalas en lo más profundo de tu corazón. Ellas son vida para quienes las hallan; son la medicina para todo su cuerpo» (Proverbios 4:20-22).

    Debido a que podemos usar la fe todo el tiempo, debemos alimentarla de una dieta regular de la PALABRA. Sin embargo, el problema es que muchos cristianos no se dan cuenta de eso. Y mientras alimentan su hombre exterior con tres comidas al día, su hombre interior está desnutrido.
    ¡No hagas eso! No alimentes tu cuerpo físico con comida, y mantengas en ayuno a tu espíritu. Si tienes que escoger por ayunar uno o el otro, ¡que sea la carne la que ayune, y alimenta a tu espíritu!

    Desarrolla tus músculos espirituales
    Por supuesto, aparte de alimentarte de la Palabra, tienes que hacer algo más para desarrollarte en lo espiritual. Necesitas hacer mucho ejercicio. Y si no sabes cómo hacerlo, puedes comenzar siguiendo las instrucciones de Judas 1:20-21: «Pero ustedes, amados hermanos, sigan edificándose sobre la base de su santísima fe, oren en el Espíritu Santo, manténganse en el amor de Dios, mientras esperan la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para vida eterna».
    De acuerdo con estos versículos, cuando oras en el espíritu o en otras lenguas; le estás dando a tu hombre interior un entrenamiento. Pues fortaleces tus músculos espirituales. Y eso te hace crecer en “tu santísima fe”.
    ¿Y por qué se le llama “santísima fe”? Porque cuando oras en una lengua desconocida, tu mente natural no se involucra y no echa a perder esa oración. Te encuentras hablando directamente desde tu espíritu, para que el Espíritu Santo te dé las palabras correctas para orar de acuerdo a la perfecta voluntad de Dios (Romanos 8:26-27).
    Quizá digas: «Bueno, traté de hacer eso pero no me ayudó
    para nada».
    Eso pasó porque no lo hiciste con fe. Jesús dijo en Marcos 11:24:
    «…Todo lo que pidan en oración, crean que lo recibirán, y se les concederá». Él no nos dijo que lo hagamos sólo cuando oramos en nuestro propio entendimiento. Él dijo: Cuando oren, crean que lo recibirán —ya sea en el espíritu, en otras lenguas, o en una lengua desconocida—.
    Ambas oraciones son válidas. El apóstol Pablo lo dejó claro en
    1 Corintios 14:15, cuando dijo:
    «…orar con el espíritu, pero también con el entendimiento…». En ese mismo capítulo, también nos enseñó que debemos orar para interpretar cuando alguien ora en otras lenguas, y de esa forma nuestra mente producirá fruto.
    Aunque no recibas la interpretación en ese mismo momento, puedes continuar creyendo que la recibes cuando oras. Es probable que las palabras que dices cuando oras en otras lenguas parezcan un misterio para ti, pero aun así puedes desatar tu fe y declarar: “Creo que lo que oré proviene del Espíritu de Dios, y creo que lo recibiré, ¡aunque continúe siendo un misterio!”.
    Otro tipo de ejercicio espiritual que se menciona en Judas 1:21, consiste en mantenerte en el amor de Dios. El amor es importante para desarrollar tu fe, pues la
    «…la fe… obra por el amor» (Gálatas 5:6). En donde no hay amor, no hay fe.
    Así que aviva el amor de Dios que está en tu interior. Alimenta tu espíritu con lo que la PALABRA de Dios nos enseña, y haz bastante ejercicio espiritual viviendo en el amor de Dios todos los días.
    Aunque el mundo a tu alrededor no entienda lo que estás haciendo, continúa viviendo como si fueras una persona de otro mundo, porque en realidad… lo eres.

  • Familia de FE

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    El sol de verano brillaba a través de las montañas en el horizonte, en las afueras de Westminster, Colorado, mientras Bryan Lee aceleraba su gran camioneta de motor diesel en una curva. Pasó en frente de una gran área de trabajo con jardines y parques que sus empleados acababan de terminar, y admiró el trabajo que habían hecho. Su negocio de diseño de jardines y parques había llegado a ser tan próspero que él y su esposa, Cindy, vivían el sueño americano. Habían comprado una casa nueva imponente. Bryan pensaba: Parece un castillo. Tenían dos casas más que rentaban y habían invertido en otras oportunidades de negocios.
    Cuán lejos había llegado. Desacelerando su camioneta, Bryan recordó cómo era su vida 19 años atrás. A pesar de ser un empleado de medio tiempo conduciendo camiones del departamento de limpieza y saneamiento, vivía feliz y contento con su esposa y sus dos hijas. Luego, todo se derrumbó. Su esposa decidió que ya no deseaba estar casada con él. Y contrató a un abogado que iría tras las finanzas de su esposo como un pitbull, quitándole cada centavo y dejándolo sin casi nada para subsistir.
    Bryan sacudió su cabeza cuando recordó lo ingenuo que había sido. Él había pagado sus cuotas alimenticias en efectivo, y a cambio su ex esposa lo llevó a juicio, afirmando que no la había hecho. El juez lo envió a prisión. Había perdido a su esposa, a sus hijas, su hogar, sus finanzas; y luego perdió su empleo.
    Cómo había cambiado su vida.
    Entonces, ¿por qué sentía como si de nuevo estuviera en prisión?
    Deteniendo su camioneta a la orilla del camino, Bryan reclinó su cabeza contra la ventana y suspiró. Era momento de enfrentar la verdad. Él había edificado su vida como una casa de naipes y todo estaba a punto de colapsar. No estaba en prisión, pero estaba aprisionado en una montaña de deudas, obligado a pagar más de un millón de dólares en deudas. Había usado más crédito del que debía, y su matrimonio y su familia se encontraban en una situación estresante.
    Colocando sus manos en su rostro, Bryan oró: “¡Dios, por favor, ayúdame a salir de este desastre!”.

    Pequeños pasos de fe
    Bryan recuerda: «Lo único bueno que surgió de esos años difíciles después de mi divorcio, ¡fue que nací de nuevo en julio de 1988! Anhelaba tanto que mi matrimonio funcionara que por un par de años llevé puesto mi anillo de bodas. Conducía un camión de basura y sobrevivía con mi salario mes a mes. Pensaba que la forma de mostrarle amor a mi ex esposa era con mi mayor esfuerzo, así que pagué la cuota alimenticia en efectivo. Eso me hizo ver como un maníaco ante el juez, y la cantidad del supuesto monto que no había pagado producía intereses a diario. Ella me llevó a la corte más de 30 veces, e hizo que fuera a prisión en varias ocasiones. Pero esa primera vez fue la peor».
    «El juez me permitió trabajar afuera mientras estaba en la cárcel. Vivía y dormía en la prisión, pero me permitían salir durante el día para ir a trabajar. Como nuevo creyente, me sentía animado —aun cuando vivía en la cárcel—, al punto que mi jefe pensó que estaba perdiendo la razón. Y por eso, me despidió. Fue así como empecé a cortar césped para ganarme la vida».
    «Ese mismo año, un amigo me sugirió que sintonizara el programa de televisión La Voz de Victoria del Creyente. Seguí su consejo y mi vida cambió. Compré una vieja camioneta por USD $70, y en agosto de 1989, mi amigo y yo manejamos hasta Fort Worth para asistir a la Convención de Creyentes del Suroeste. Dejamos la camioneta estacionada en Houston Street y durante la convención vivimos allí. Comíamos sándwiches de mantequilla de maní y mermelada».
    «Yo había estado viendo los programas de television a diario, pero asistir a la convención fue como tomar la autopista para aprender a vivir por fe. Mientras estuve allí, tomé la decisión de convertirme en colaborador. Me comprometí a orar por los Ministerios Kenneth Copeland, a sembrar en ellos, a mirar el programa y a asistir a las convenciones. Durante ese tiempo, el Señor me dijo que volviera a casa y les enseñara a mis hijas acerca de la fe».
    Después de la convención, Bryan regresó a casa y se ofreció como voluntario para enseñar en la escuela dominical de su iglesia. Durante los siguientes 10 años, les enseñó a los niños, incluyendo a sus hijas, cómo vivir por fe. Ministró en grupos de su iglesia y comenzó un ministerio para varones y un ministerio para prisioneros.
    Durante esos años continuó orando por KCM, sembró en el ministerio, sintonizó los programas y asistió a las convenciones. La gracia y el favor se encontraban sobre Bryan y sobre su negocio. Él había iniciado su negocio de podar césped con sólo 5 jardines, que se convirtieron en 20 y luego, a 100 jardines mensuales. En el invierno, cuando no había nada que cortar, entregaba gas propano en las montañas. Con el tiempo, inició su propio negocio de diseñar jardines y parques, y prosperó más allá de lo que había soñado.

    Un nuevo pacto
    El 31 de julio de 1999, Bryan se casó con Cindy, a quién conoció en la iglesia. Para ese entonces, las hijas de Bryan eran adolescentes, y Cindy tenía dos hijos preadolescentes. Después de unos años, su familia y negocio crecieron y sus obligaciones en el ministerio también. Poco a poco, otras cosas comenzaron a derrumbarse. Él ya no tenía tiempo para mirar el programa de televisión de forma regular. Estaban demasiado ocupados para asistir a las convenciones —pues alguno de sus hijos siempre tenía algo que hacer—. Y en el ajetreo y el bullicio de la vida diaria, hizo a un lado su colaboración con KCM, incluyendo sus siembras.
    Por exceso de estrés, Cindy comenzó a desarrollar síntomas de fibromialgia. Sabiendo que necesitaban una infusión de fe, Bryan les sugirió asistir a la Campaña de Victoria en Branson 2006.
    Cindy explica: «No quería ir. Había oído del hermano Copeland, pero jamás había escuchado sus enseñanzas. Sabía que necesitaba ayuda, pero no sabía a dónde ir. No obstante, Dios me dijo que asistiera. La Campaña de Victoria en Branson fue inolvidable. Nací de nuevo desde que tenía 18 años, pero jamás había experimentado nada como eso. Esa semana cambió mi vida, y comencé a creer que había recibido mi sanidad. Estaba segura que necesitaba vivir por fe».
    Después de haber sido bien instruido por KCM, Bryan aprendió la importancia de no endeudarse. Ése fue otro punto importante en el que falló. Poco a poco, pasó de ser libre en sus finanzas a estar enterrado en deudas. Luego, vino la recesión económica y con ella se paró la industria de la construcción. Cuando eso sucedió, el negocio de diseño de jardines se detuvo de golpe. Y en lugar de cortar 100 jardines al mes, ahora sólo tenían 5 ó 6. Y como si eso no fuera suficiente, los empleados importantes que estaban a cargo del negocio, habían hecho algunas decisiones incorrectas. El resultado fue que Bryan quedó estancado con maquinaria averiada y un ingreso limitado.
    Bryan admite: «Tuve que arrepentirme. Yo había aprendido del hermano Copeland acerca del peligro de endeudarse. ¡No tropecé con las deudas por accidente! ¡Eso lo sabía muy bien! Un día llegué a casa y encontré a Cindy en la lavandería. Me arrepentí delante de ella y admití que había llevado a nuestra familia por el camino equivocado. Le pedí perdón y le prometí que con la ayuda de Dios, yo los sacaría de deudas y que jamás volveríamos a pedir prestado».

    Semilla para sembrar
    En marzo de 2008, Bryan y Cindy recibieron del gobierno una devolución de impuestos de USD $8.397. Aunque ese dinero habría ayudado para pagarle a sus acreedores, Bryan sabía que eso era algo muy pequeño comparado con lo que necesitaban. Ellos no podían tapar el dique con un dedo; necesitaban un milagro financiero. Por tanto, sembraron toda esa cantidad como una semilla en KCM.
    Sentada en Starbucks, bebiendo una taza de café humeante, Cindy se preguntaba cómo podían escalar esa montaña de deudas. Ella ni siquiera sabía dónde comenzar. Agobiada, ella susurró: “¿Señor, qué deseas que hagamos?”.
    Reúnanse el lunes con un agente de bienes raíces y pongan la casa en venta.
    ¿Había sido esa la voz de Dios? Y de serlo, ¿habría notado Él que la casa del vecino había estado en venta por 5 años? ¿Y que otras casas cercanas habían estado en venta por lo menos dos años?
    “Qué deseas que hagamos”.
    Vayan a casa.
    Tan pronto como ella llegó a casa, una persona que rentaba una de sus casas llamó: «Quiero terminar mi contrato y mudarme. No puedo seguir pagando». Cindy parpadeó para contener sus lágrimas mientras colgaba el teléfono. ¿Acaso, las cosas podían empeorar más?
    Cindy recuerda: «El Señor insistió en que nos reuniéramos con un agente de bienes raíces el lunes. No el martes, ni el miércoles. Debía ser el lunes. Obedecimos, y 8 días después la casa ¡se vendió por el precio que estábamos pidiendo!».

    Venciendo las deudas
    «Al día siguiente, otra casa de nuestro vecindario fue puesta a la venta. La casa era casi idéntica a la nuestra, pero mucho mejor y más equipada. Si hubiéramos esperado un día más, los compradores habrían elegido esa casa, en lugar de la nuestra. Además, al poco tiempo el mercado de bienes raíces colapsó. De no haber puesto la casa en venta cuando lo hicimos, habríamos perdido esa oportunidad».
    «Cuando nuestra casa se vendió, no teníamos a dónde ir. Entonces, le pregunté al Señor qué debíamos hacer y Él nos respondió: Vayan a casa. En ese momento, comprendí a qué se refería. Deseaba que volviéramos a nuestra primera vivienda —¡y la persona que vivía ahí se acababa de ir!—».
    Con el dinero en efectivo de la venta de su casa en mano, Bryan comenzó a pagar sus cuentas y a trabajar con los acreedores para negociar una rebaja de la deuda. Una compañía de tarjetas de crédito a la que le debían USD $25.000 no quiso negociar, así que Bryan y Cindy se comprometieron a realizar pagos mínimos. Sin embargo, otras compañías renegociaron contentos.
    Seis semanas después de sembrar los USD $8.397 como una semilla en la tierra fértil de KCM, Bryan y Cindy pagaron USD $839.700 en deudas. 12 de las 16 deudas con sus acreedores fueron saldadas. Bryan vendió su compañía de diseño de jardines y volvió a su primer negocio —podar césped—. En 30 días, tenía 50 jardines para podar.
    En el 2013, después de realizar pagos por cinco años, los USD $25.000 de deuda de tarjetas de crédito habían disminuido a USD $8.000. Cuando los Lee enviaron por correo su último pago, la compañía no sólo les devolvió el cheque, ¡sino que cancelaron la deuda pendiente de USD $8.000!

    El poder de la colaboración
    Bryan explica: «Literalmente puedo decir que mis altibajos en las finanzas cambiaron al volverme colaborador de KCM. Desde 1989, cuando oraba por el ministerio, daba mis ofrendas, alimentaba constantemente mi fe a través del programa televisivo —el cual veía a diario— y asistía a las convenciones, mis ingresos aumentaban casi en línea vertical. Años después, cuando dejé de hacer todo eso, mis finanzas cayeron en picada. Cuando activé mi fe y volví a conectarme, se elevaron de nuevo. La colaboración con KCM ha representado la diferencia entre la vida y la muerte financiera para nosotros».
    «No fue una bola gloriosa que cayó del cielo la que canceló esos dos últimos acreedores. Tuvimos que ser diligentes por algunos años, y pagamos poco a poco. Sin embargo, hoy tenemos dinero en todas nuestras cuentas y no tenemos presión financiera. Cuando queremos asistir a una convención, jamás tenemos un pensamiento limitado con respecto a nuestras finanzas. Administramos nuestros negocios sin deudas o líneas de crédito. Cuando necesitamos algo, escribimos una oración de petición y Dios nos provee. No existe una mejor forma de vivir que no sea por fe. Nadie puede cambiar mi forma de pensar, ¡jamás retrocederé!».
    Además de sus negocios, hoy Bryan y Cindy ministran en Bryan Lee Ministries. En abril de 2011, bajo la dirección de Dios, Bryan inició su programa radial Heart of the Believer (Corazón del Creyente), el cual actualmente se transmite en cinco estados: Colorado, Texas, Oklahoma, Nuevo México, y Carolina del Norte. Muy pronto será transmitido en Alaska.
    En el 2013 y el 2014, organizaron escuelas de sanidad. En cada reunión las personas fueron sanadas y bendecidas. Además, dos noches al mes, se reúnen bajo el lema: “La familia de fe”, para predicar el evangelio. Lo que han recibido, lo entregan de forma gratuita. Bryan y Cindy Lee son una familia de fe, que libera a los cautivos.

     

  • Viviendo una vida multidimensional (por Keith Moore)

    ¿Algunas vez has considerado el hecho de que eres un ser multidimensional? Con esto, me refiero a que estás compuesto por un ser interior y un ser exterior. Todos lo estamos. Hemos sido llamados a ocupar dimensiones espirituales y físicas al mismo tiempo. Tristemente, la mayoría de personas viven sólo en una de esas dimensiones —la física—. Ignoran por completo o pasan por alto lo que está justo delante de ellos.

    Considera lo siguiente: Si tú y yo nos encontráramos en la misma habitación, pero yo cerrara mis ojos y te diera la espalda, ¿podría verte? No, no podría. Para verte, necesitaría abrir mis ojos y mirar en tu misma dirección. Necesitaría enfocarme y voltearme hacia ti.

    De la misma forma, puedes estar en una habitación con el Señor justo a tu lado, y jamás ver, escuchar o reconocer la realidad espiritual de que Él está allí.

    Debemos aprender a vivir enfocados en el Señor y en lo que Él está haciendo —para vivir  multidimensionalmente, con un ojo en lo físico y con uno en lo espiritual—.

    Enfócate en tu bendición

    En Mateo 13:9, Jesús declaró: «El que tenga oídos para oír, que oiga». Esa frase se encuentra varias veces en las Escrituras, pero ¿qué significa? Los versículos del 12 al 17 nos lo explican:

    «Porque a cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más; pero al que no tiene, aun lo poco que tiene se le quitará. Por eso les hablo por parábolas: porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden. De manera que en ellos se cumple la profecía de Isaías, que dijo: “Ustedes oirán con sus oídos, pero no entenderán; y verán con sus ojos, pero no percibirán. Porque el corazón de este pueblo se ha endurecido; con dificultad oyen con los oídos, y han cerrado sus ojos; no sea que con sus ojos vean, y con sus oídos oigan, y con su corazón entiendan Y se vuelvan a mí, Y yo los sane”. Pero dichosos los ojos de ustedes, porque ven; y los oídos de ustedes, porque oyen. Porque de cierto les digo, que muchos profetas y hombres justos desearon ver lo que ustedes ven, y no lo vieron; y oír lo que ustedes oyen, y no lo oyeron».

    «El que tenga oídos para oír, que oiga». Encontramos diferentes versiones de este versículo en el Antiguo Testamento: en Deuteronomio 29:4; Isaías 6:10 y 32:3; y Ezequiel 12:2. Y en el Nuevo Testamento: en Marcos 4:9; Lucas 8:10; Hechos 28:27; y Romanos 11:8.

    El Señor es claro al decirnos que podemos abrir y cerrar nuestros oídos y ojos espirituales, así como podemos abrir y cerrar nuestros ojos y oídos físicos. La decisión es nuestra. Somos seres multidimensionales capaces de obrar en el reino físico y espiritual de manera simultánea.

    Enfócate en lo espiritual

    En una ocasión, el hermano Kenneth Hagin compartió que cuando era un ministro joven vivía en una casa pequeña, y no tenía un lugar específico para su oficina. Con hijos pequeños en casa, tenía una vida hogareña activa. Él tuvo que aprender cómo encontrar una esquina en sí mismo y enfocarse en la Palabra, a pesar del ruido ambiente y de la actividad. En otras palabras, tuvo que desarrollar su concentración espiritual.

    Eso no es lo mismo que enseñan otros cultos religiosos. Nos dirán que vaciemos nuestra mente y que flotemos en la inexistencia cósmica. Este consejo no es otra cosa que el mismo diablo hablando. Dios nunca nos dijo que nos abstrajéramos de nuestra mente. Al contrario, nos dijo que enfoquemos nuestra mente en cosas buenas y específicas, porque cuando lo hacemos, abrimos nuestro espíritu y nos conectamos con ellas.

    De la misma manera, nuestro espíritu se puede contaminar al pensar y meditar en las cosas incorrectas. 2 Corintios 7:1 nos recuerda que debemos limpiarnos de toda suciedad de la carne y del espíritu. Cuando cedemos ante la autocompasión, la depresión, la angustia, la envidia y la ofensa, nos contaminamos con cosas espirituales oscuras.

    La gente habla de las cosas espirituales como si fueran algo imaginario; sin embargo, el Universo tiene más de una dimensión. Los ángeles, los demonios, el diablo, los milagros y las señales y maravillas son reales.

    En Romanos 8, Pablo escribió:

    “Pero aquellos que viven conforme a la carne y son controlados por su profano deseo, fijan su mente y persiguen las cosas que satisfacen la carne. No obstante, aquellos que viven conforme al Espíritu y son controlados por los deseos del Espíritu, fijan su mente en buscar lo que agrada al Espíritu [Santo]. Así que los que lleven la vida de la carne [atendiendo los apetitos y los impulsos de su naturaleza carnal] no pueden agradar a Dios o ser aceptos delante de Él. Sin embargo, tú no vives la vida de la carne, sino la vida del Espíritu, cuando permites que el Espíritu [Santo] de Dios [en realidad] habite en ti [te dirija y tenga el control]. Pero si alguno no tiene el Espíritu [Santo] de Cristo, no es de Él [no pertenece a Cristo, y no es realmente un hijo de Dios]”. (Versículos 5, 8-9, AMP).

    Pablo no está hablando de vivir en un cuerpo físico cuando escribió que aquellos que vivían “en la carne” no pueden agradar a Dios. Pues si se hubiera referido a eso, entonces nadie que tenga un cuerpo físico podría agradar a Dios. No, él dijo que aquellos que viven en la carne y actúan en la carne han fijado su mente —su enfoque— sólo en lo físico. Y la Palabra es clara al enseñarnos que, vivir de esa manera no complace al Padre.

    Enfoque simultáneo

    En todas las epístolas, aprendemos a vivir y a andar en el espíritu. 1 Corintios 14:13-16 dice:

    «Por lo tanto, el que hable en una lengua extraña, pida en oración poder interpretarla. Porque, si yo oro en una lengua extraña, es mi espíritu el que ora, pero mi entendimiento no se beneficia. Entonces, ¿qué debo hacer? Pues orar con el espíritu, pero también con el entendimiento; cantar con el espíritu, pero también con el entendimiento. Porque si tú alabas a Dios sólo con el espíritu, ¿qué hará el que solamente está escuchando? ¿Cómo dirá «Amén» a tu acción de gracias, si no sabe lo que has dicho?».

    Nuestro enfoque determina lo que vemos. Nuestra mente todo el tiempo está en contacto con el ámbito físico y espiritual de manera simultánea. Podemos ver hacia fuera y hacia adentro. Podemos escuchar lo que sucede en el exterior y lo que sucede en el interior. Podemos tocar el exterior y tocar el interior; nuestros sentidos operan en las dos direcciones.

    Por supuesto, el diablo trata de mantener a todos en tinieblas, ignorantes de la dimensión espiritual. Su objetivo es que estemos ciegos, sordos y mudos viviendo únicamente en el ámbito físico. Y si sólo nos enfocamos en la dimensión física, entonces sólo estaremos conectándonos con la muerte. Estaremos confiando en el sistema del mundo, el cual siempre nos lleva hacia la muerte, y al hacerlo defraudaremos todo lo que Jesús proveyó para nosotros a través de Su muerte y Su resurrección.

    Tú y yo no sólo somos seres físicos; hemos nacido de Dios. Nos convertimos en nuevas criaturas. Las cosas viejas han pasado. No existe muerte en nuestro espíritu. Fuimos hechos a la imagen y semejanza del Todopoderoso. Somos seres brillantes y resplandecientes de luz y verdad, y no debemos esperar hasta morir para tocar el reino espiritual.

    Enfócate en lo que no ves

    ¿Cómo podemos ver lo que no se ve? Necesitamos abrir nuestros ojos y oídos espirituales, y ver lo que no se ve. Debemos alimentarnos con la Palabra e invertir tiempo en oración, a fin de que nos conectemos con el ámbito espiritual que se encuentra frente a nosotros. En Lucas 11:33-34, leemos: “Ninguno que haya encendido una lámpara la pone en el sótano o debajo de una canasta, sino la coloca en alto para que aquellos que entran ocasionalmente puedan ver la luz. La lámpara del cuerpo son los ojos.” (Traducción libre de la versión Wuest’s New Testament Expanded Translation).

    Jesús está hablando de nuestro espíritu. Nuestro espíritu tiene contacto con la vida o la muerte, dependiendo de nuestro enfoque. Así como nuestros cinco sentidos reciben información de nuestro entorno, nuestro espíritu también recibe esa información. Nuestros espíritus asimilan todo lo que nos rodea —ya sea bueno o malo—.

    Por tanto, déjame preguntarte: ¿Le has prestado atención a tu espíritu? ¿Lo has escuchado? ¿Has estado viviendo multidimensionalmente —enfocado en ambas dimensiones, la física y la espiritual, al mismo tiempo?

    Enfocarte en el reino espiritual debería ser parte natural de la vida cristiana. No necesitas ser un profeta para vivir de forma multidimensional. Sólo necesitas ejecutar tu habilidad de abrir tus ojos y tus oídos para ver lo que no se ve.

    En Santiago 4:2, se nos enseña que no tenemos porque no pedimos. Y muchas cosas se encuentran a nuestra disposición si tan sólo las pedimos, las vemos y las escuchamos. Sólo cierra tus ojos naturales, enfócate en el Señor y permanece enfocado. Declara: ¡Puedo ver! Mis ojos son bendecidos. ¡Puedo oír! Mis oídos son bendecidos. Estoy enfocado y viviendo multidimensionalmente, preparado para ver y oír lo que el Espíritu Santo está diciendo ¡Amén!

    Keith Moore es el fundador y presidente de Moore Life Ministries y de Faith Life Church en Branson, Missouri, y Sarasota, Florida. Para obtener más información o materiales del ministerio escribe a Moore Life Ministries, P.O. Box 1010, Branson, MO  65615; llama al 1-417-334-9233; o visita moorelife.org.

    Texto extraído de: Revista LVVC – Edición agosto 2014, página 22

  • El abc de la abundancia (por Kenneth Copeland)

    En este momento muchos de nosotros enfrentamos necesidades. Necesidades grandes. Necesidades tan grandes que son imposibles de suplir sin la intervención directa de Dios.

    Y es por eso que necesitamos tener certeza absoluta, incluso antes de que podamos entender —y acatar—, acerca de las leyes de la abundancia de Dios. Esas leyes son extremadamente importantes —pero gracias a Dios no son complicadas. En realidad, son tan simples como el A-B-C.

    A: Decídete a sembrar

    En Marcos 4, Jesús comparó el trabajo del Reino de Dios con el oficio de sembrar semillas en la tierra. «Pero que después de sembrada (la semilla)», Él dice que: «crece hasta convertirse en la más grande de todas las plantas, y echa ramas tan grandes que aun las aves pueden poner su nido bajo su sombra.» (Versículo 32)

    Nota que no dice que la semilla sembrada crecerá y se hará más grande ocasionalmente. O que crece y se incrementa si a lo mejor es la voluntad de Dios. Lo que Él dice es que: «crece hasta convertirse en la más grande». Punto.

    La economía de Dios no es como la nuestra. No está fluctuando un día arriba y al otro abajo. Siempre es la misma y siempre trabaja perfectamente. Si tienes tierra buena, semilla buena y agua buena, tendrás crecimiento. Es inevitable. Las leyes de Dios producirán que tu siembra se incremente en cada momento.

    Así que, si estás pasando necesidades, no entres en pánico — ¡Siembra una semilla! Tu semilla puede tener la forma de dinero, tiempo o cualquier otra clase de recurso que tengas para dar. Sin importar la forma que tu semmilla tenga, necesitas entender que el regalo no es la semilla en sí misma, ya que ésta no tiene vida. La semilla es sólo la cáscara.

    Hay personas que han plantado cáscaras durante muchos años, pero como nunca pusieron vida en ellas, nunca fructificaron.  Así que no sólo hagas ruido al poner tu cáscara en el canasto de la ofrenda. Primero dale vida. Alaba a Dios por ella con acción de gracias. Di: “SEÑOR: Te estoy ofreciendo lo mejor para que Tú obres. Y a medida que te entrego lo mejor, me entrego en espíritu, alma y cuerpo.” Ora sobre esa semilla, llénala de fe, alabanza y la PALABRA. Así estará lista para la siembra.

    B. Encuentra buena tierra

    En el Oeste de Texas, en la granja de mi abuelo, habían grandes parches de arcilla arenosa color blanco (llamados caliche). Es la peor clase de tierra que existe para sembrar. Nada crece en ella, sin importar que tan buena y fina sea tu semilla; si la plantas en caliche, no recibirás ninguna cosecha.

    Existen algunos ministerios que espiritualmente son como el caliche. No son buena tierra para tu semilla. Así que antes de dar, ora para saber dónde debes dar tu ofrenda. No confíes en tus propios juicios. No lo razones diciendo: “bueno, este predicador está gritando, llorando y diciendo que está por debajo de tal y cual, así que supongo que le daré a él.” No, ve ante el SEÑOR del diezmo y averigua dónde quiere que des tu dinero. Él es el único que puede dirigirte a buena tierra todo el tiempo.

    C. ¡Riega!

    Una vez que tu buena semilla ha sido plantada en buena tierra, debes continuar regándola con la PALABRA de Dios. Declara fe sobre ella en el transcurso de toda la semana. Declara el crecimiento de esa semilla llamando «las cosas que no existen, como si existieran» (Romanos 4:17). Puede que sea una pequeña semilla, pero necesitas empezar a ordenarle que crezca.

    Quizá digas: “Bueno hermano, yo creo que las cosas se deben decir tal como son”.  Entonces, el resultado será que no verás ningún crecimiento en tu vida, porque las cosas espirituales crecen a medida que las palabras son declaradas. Ésa es la forma en que Dios actúa.

    Charles Capps dijo: aquel que “dice las cosas como son” es como ese hombre que salió al frente de su casa para darle un hueso a su perro. Al salir, vio que su perro no estaba, más encontró solo al gato. Así que empezó a decirle: “aquí tienes gatito… gatito… gatito…” Entonces, su vecino le dijo: “Pensé que querías darle ese hueso al perro”. “Sí, eso era lo que quería” le respondió el hombre, “pero me gusta decir las cosas como son — y encontré el gato, no al perro.”

    No seas como ese hombre. Llama al perro, y éste vendrá. Riega tu semilla con palabras de fe. No llames a la pobreza, si no quieres pobreza. Llámate a ti mismo próspero. Declara que tus necesidades son suplidas. No pasará mucho tiempo hasta que estés lleno de gozo y expectativa a tal nivel, que regar la semilla será divertido.

    Encuentra buena tierra. Siembra la semilla, y riégala. Luego, como dice Marcos 4:27, todo lo que tienes que hacer es «ya sea que él duerma o esté despierto, de día y de noche la semilla brota y crece…».

    Quizá digas: “Pero no entiendo cómo funciona”.

    No importa, solo házlo. Siembra y riega. Duerme y levántate. Y con sguridad, una de estas mañanas te levantarás con abundante cosecha.

    Texto extraído de: Revista LVVC – Edición agosto 2014, página 20

  • El secreto para triunfar (por Gloria Copeland)

    8-14_gloria-classicDe ahora en adelante, quiero que dejes de pensar en la Biblia como si fuera un libro de cuentos, relatos religiosos, o un simple libro de historia. Deseo que empieces a verla como un manual de vida. Eso es lo que realmente es la Biblia. Es la sabiduría del Dios todopoderoso escrita, a fin de que tú puedas aplicarla en tu diario vivir, y en cada circunstancia.

    Si la lees de manera constante y la pones en práctica, ésta te convertirá en un ganador; no sólo de vez en cuando, ni en ciertas áreas, sino cada día y en cada área de tu existencia.

    ¿Suena demasiado bueno para ser verdad?

    No te fíes sólo de mi palabra, y permítele al Señor que hable por Sí mismo. En proverbios 4:7-8, Él dijo:

    «La habilidad, y la buena sabiduría es lo principal… Estimen la sabiduría y engrandézcanla; y ésta los exaltará, los promoverá y los honrará cuando la abracen».  (AMP)

    Sé precavido; esta promesa no se refiere a aquellos que anhelan un poco de la Palabra en su vida sólo cuando se encuentran en apuros. Está hablando de quienes están dispuestos a ponerla en primer lugar día tras día.

    Lee una vez más la primera parte del versículo anterior: “La habilidad, y la buena sabiduría es lo principal”. Según este pasaje bíblico, tú tienes que establecer la Palabra como lo más importante en tu vida. En vez de satisfacerte con sólo darle un vistazo, tendrás que desarrollar una pasión por ella. Deberás estimarla en gran manera, poniéndola siempre antes que cualquier otra actividad.

    Cuando lo hagas, Dios promete que la Palabra te exaltará, te promoverá y te honrará. ¿Qué más se podría pedir?

    Existen dos formas muy prácticas para hacerlo.

    Primero, planifica tu horario ajustándolo al tiempo que inviertes en la Palabra; en lugar de intentar que tu tiempo en la Palabra se ajuste a tu horario. Cuando hagas mentalmente tu plan diario, de forma automática aparta el tiempo para estudiar primero la Palabra.

    Sé por experiencia el impacto que puede ocasionar en tu vida. Hace unos 45 años escuché a un gran hombre de Dios, el hermano Oral Roberts, decir que el Señor le había dado la instrucción de leer los Evangelios y el libro de Hechos tres veces en 30 días, a fin de recibir mayor revelación acerca de Jesús. Éso me inspiró a hacer lo mismo.

    Yo sabía que el Señor deseaba que iniciara de inmediato, pero ese momento no podía ser más inoportuno.

    Acabábamos de mudarnos a Tulsa para que Kenneth pudiera asistir a la Universidad de Oral Roberts. Todo en nuestra casa estaba de cabeza, y ni siquiera habíamos terminado de desempacar.

    Y además, debía cuidar a mis hijos. Ambos estaban en edades que demandaban de mucha atención. Kellie tenía 3 años, y John nueve meses. Cuando querían algo no podían esperar 30 minutos, y mucho menos 30 días.

    Me preguntaba, ¿De dónde sacaría el tiempo?

    Sin embargo, yo estaba firme. No importaba cuánto me costara, iba a leer los Evangelios y Hechos tres veces en 30 días.

    Calculé cuantas hojas necesitaba leer por día en mi Biblia Amplificada. Eran aproximadamente más de cuatro horas diarias. Cuando los niños se dormían era el momento que más podía leer, así que apartaba tiempo tres veces al día. Comenzaba a las 5:30 a.m., y leía hasta que toda mi familia se levantaba. Cuando los niños se acostaban a la siesta, volvía a leer. Luego por la noche terminaba lo que me había faltado.

    A pesar de lo que sucediera o necesitara hacer, estaba determinada a darle a la Palabra el primer lugar; incluso si eso significaba dejar mis otras ocupaciones pendientes para el siguiente mes. Sin embargo, el Señor tenía reservada una gran sorpresa para mí.

    Coloca la Palabra de Dios en primer lugar

    El primer día, a las tres de la tarde, ya había terminado mis tareas de la casa — y con bastante tiempo invertido en la Palabra. Los días subsiguientes continué poniéndola en primer lugar. Al cabo de un mes, yo había restaurado por completo cuatro piezas de muebles viejos y usados, había finalizado de planchar la ropa que se había acumulado por semanas, y tenía mi casa en orden. Estaba asombrada. No hubiera logrado todo eso en condiciones normales.

    Para ese entonces, Kenneth y yo sabíamos muy poco de cómo vivir por fe. Yo no sabía que la Palabra hace prosperar nuestro camino y que nuestra vida sea exitosa (Josué 1:8).

    Yo no sabía que si pones la sabiduría de Dios en primer lugar, ésta te promoverá y exaltará.

    No obstante, sin ese conocimiento, experimenté un milagro del Señor. Por fe, puse la Palabra en primer lugar, y el resultado fue que se cumplió en mi vida lo que dice Proverbios 4:7-8.

    ¡Él va a hacer lo mismo por ti! No importa si eres un ama de casa, un mecánico o un ejecutivo. Si te comprometes a hacer de las Escrituras tu prioridad, prosperarás en todo lo que hagas.

    Sin embargo, déjame advertirte algo: nunca podrás sumergirte en la Palabra, si esperas hasta el día que tengas tiempo. Satanás hará todo lo posible para que no lo tengas. Él se opone con firmeza a que tú te alimentes de la Palabra.

    Así que aprende a dejar de lado las cosas que no son importantes. Comienza a ubicar a las Escrituras en el primer lugar de tu agenda, y todo lo demás se ajustará a ella. Jesús lo sabía. Por esa razón dijo: «Por lo tanto, busquen primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas» (Mateo 6:33).

    Cuida el tiempo que apartas para leer la Palabra, pues Satanás intentará robártelo. Él utilizará cualquier cosa, desde la televisión hasta las actividades en la iglesia para separarte de la sabiduría de Dios.

    ¿Por qué? Porque sabe que la Palabra te librará de su dominio. Si él logra alejarte de las Escrituras, podrá mantenerte atado y luchando.

    Poner la Palabra en primer lugar es algo que deberías hacer continuamente. Cuando te encuentres estancado en los detalles del diario vivir, cuando te encuentres frustrado por los grandes y pequeños fracasos, analiza cuánto tiempo le dedicas en realidad a la Palabra. Te darás cuenta que dejaste la Palabra en un segundo plano, y que dedicaste el tiempo que era específico para las Escrituras en otras actividades.

    Marta o María

    Eso fue lo que le sucedió a Marta. El mismo Jesús estaba en la sala de su casa enseñando la Palabra. Sin embargo, ella pensó que no tendría tiempo para escuchar, pues estaba muy ocupada cocinándole al Señor. Estoy segura que a ella le pareció correcto ocuparse de la preparación de la comida; después de todo, Jesús y Sus discípulos estaban en su casa. Leamos el pasaje bíblico en Lucas 10:38-42:

    «Mientras Jesús iba de camino, entró en una aldea, y una mujer llamada Marta, lo hospedó en su casa. Marta tenía una hermana que se llamaba María, la cual se sentó a los pies de Jesús para escuchar lo que él decía. Pero Marta, que estaba ocupada con muchos quehaceres, se acercó a Jesús y le dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje trabajar sola? ¡Dile que me ayude!»  Jesús le respondió: «Marta, Marta, estás preocupada y aturdida con muchas cosas.  Pero una sola cosa es necesaria. María ha escogido la mejor parte, y nadie se la quitará».

    Me imagino a Marta guisando en la cocina, golpeando las cacerolas, y compadeciéndose de sí misma. Quería que Jesús reprendiera a María; no obstante, el Maestro se agradó al ver que ella puso la Palabra en primer lugar.

    Marta también pudo estar a los pies del Maestro si se le hubiera ocurrido. Jesús había alimentado a miles de personas con unos cuantos panes y peces; Él también habría preparado fácilmente un banquete para todos los que estaban en ese lugar.

    A lo mejor pienses: “¡Qué gran oportunidad la que desperdició Marta!  Yo nunca lo hubiera hecho”. Pero, cada vez que permites que otras cosas tomen el tiempo que deberías invertir en la Palabra, estás desaprovechando la oportunidad de sentarte a los pies del Maestro, al igual que Marta.

    Además de planificar tu horario ajustándolo al tiempo de la Palabra, existe una segunda forma de darle prioridad en tu vida — ¡actuar conforme a ella! Sólo adquirir conocimiento de las Escrituras no es suficiente. Debes ponerlo por obra para que pueda dar resultado. Yo podría sentarme toda una noche y estudiar cómo encender la luz, pero si yo no aplico ese conocimiento al levantarme y activar el interruptor, pasaría toda la noche en la oscuridad.

    La Palabra funciona de la misma manera, así que tan pronto aprendas algo, ponlo en práctica.

    Luego, mientras veas cómo la sabiduría de la Palabra produce resultados en tu vida, comenzarás a estimar y a valorar la sabiduría más que cualquier otra cosa que pudieras desear (Proverbios 3:15). Y a medida que pongas la Palabra en primer lugar y la exaltes en tu vida, ésta te promoverá y te exaltará.

    Comienza hoy. Invierte tiempo de calidad en las Escrituras. Haz que ésto sea lo más importante en tu agenda,  y  tus actividades diarias serán más fáciles de llevar a cabo. Si aplicas continuamente la sabiduría que aprendes de la Palabra de Dios, te encontrarás a ti mismo triunfando en cada área de tu vida. “Este libro de la ley no se apartará de tu boca, sino que meditarás en él de día y de noche, para que lo guardes, y hagas conforme a todo lo que está escrito en él. Porque sólo así, harás prosperar tu camino, y negociarás sabiamente y tendrás buen éxito” (Josué 1:8, AMP). El éxito te pertenece.

    Texto extraído de: Revista LVVC – Edición agosto 2014, página 18

  • Nacido para correr (por Gloria Copeland)

    Hace algunos años, me encontraba en la habitación de un hotel preparándome para predicar, cuando de repente me asomé a la ventana, y observé algo que llamó mi atención: frente al hotel, unos pisos abajo, un hombre limpiaba la calle con una pequeña escoba y una pala para recoger basura. Si hubiera estado limpiando sólo la acera o la entrada del estacionamiento del hotel, quizá no lo habría notado. Pero él estaba limpiando ¡toda la calle!

    Ése es un gran trabajo, pensé.

    Considerando la longitud y el ancho de la calle, me pregunté cómo iba a lograrlo. Así que lo observé por unos momentos. No tardó en evidenciarse que su corazón no estaba enfocado en el trabajo. Permaneció limpiando el mismo lugar al menos por 20 minutos.

    Al final, volví a centrar mi atención en prepararme para el servicio. Cuando volví a mirar por la ventana, ese hombre ya se había ido… dejando muy limpia una pequeña parte del pavimento.

    Más tarde ese día, pensé de nuevo en la situación y en cómo ese hombre había avanzado con lentitud sobre ese pequeña área en la calle con su escoba y su recogedor, y de pronto recibí una revelación: ¡La fe obraría para ese hombre! Obraría para él, de la misma manera que para el presidente de los Estados Unidos.

    Si tuviera fe en la Palabra de Dios y supiera cómo usarla, podría estar haciendo grandes cosas —cosas por las que en realidad estaría emocionado—. En lugar de ser un barrendero público sin motivación, podría ser alguien que mueve montañas en el reino de Dios. Él de cierto califica como uno de los “cualquiera” que Jesús mencionó en Marcos 11:23, cuando dijo: «Porque de cierto les digo que cualquiera que diga a este monte: “¡Quítate de ahí y échate en el mar!”, su orden se cumplirá, siempre y cuando no dude en su corazón, sino que crea que se cumplirá».

    Sé por experiencia propia que tener fe en la Palabra de Dios puede marcar una diferencia maravillosa en la vida de una persona; por tanto, allí en la habitación del hotel, oré por ese hombre. Le pedí a Dios que enviara a alguien a decirle que Jesús lo ama. También le pedí: «Señor, ¡manda a alguien a decirle que puede tener fe!».

    Sabía que Dios respondería esa oración, pues Él tiene planes maravillosos para la vida de ese hombre. Él no deseaba que ese hombre permaneciera atrapado en un trabajo sin futuro y que tampoco disfruta. Dios no quería que ese hombre se quedara en un solo lugar, sin hacer nada y sin ir a ninguna parte.

    Dios tiene un destino que ese hombre debe cumplir. También tiene una maratón divinamente designada que ese hombre debe correr. Una maratón que satisfará los deseos más profundos de su corazón. Una carrera que lo bendecirá más allá de cualquier cosa que pueda pedir o pensar, y que lo convertirá en una bendición para los demás en formas que ni siquiera ha visto en sus sueños más descabellados.

    Participando para ganar

    En realidad, gracias a que Dios nos ama a todos, Él planeó una maratón grandiosa y satisfactoria para cada uno de nosotros. Por esa razón, todos necesitamos tener fe. Si vamos a correr con éxito nuestra carrera, debemos tener la capacidad de hacer lo que Jesús dijo, y declarar la Palabra de Dios sobre los obstáculos que traten de estorbarnos. Necesitamos creer en nuestro corazón que todo lo que digamos se cumplirá.

    Quizá tú digas: “Pero Gloria, es que yo, simplemente, no tengo esa clase de fe”.

    Sí, la tienes.

    La obtuviste cuando recibiste a Jesús como tu Señor y Salvador. Tu fe nació en tu interior en el momento que tú naciste de nuevo. Y Hebreos 12:2 lo confirma. En ese versículo leemos que Jesús mismo es el “Autor y el Consumador” de tu fe.

    Jesús siempre hace una buena obra en todo lo que hace. Por tanto, puedes estar seguro que la fe que él depositó en ti es de la mayor calidad. También puedes estar seguro de que Él termina lo que empieza, y te ayudará a desarrollar tu fe hasta que sea tan fuerte, que cuando cruces la meta de tu vida en esta Tierra, puedas decir, al igual que el apóstol Pablo: «He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está reservada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día» (2 Timoteo 4:7-8, RVR95).

    Por supuesto que si tú en realidad deseas finalizar tu maratón de fe triunfando de esa manera, deberás poner todo tu corazón en ella. No puedes actuar como el barrendero público lo hizo ese día, y estar contento mientras avanzas a paso de caracol. Debes correr como si participaras para ganar. Necesitas estar determinado a llegar hasta el final, y correr con todo lo que tengas.

    Como lo dijo una vez el gran escritor cristiano, Andrew Murray: «Debes juzgar todo lo que hay en tu vida bajo un solo estándar: ‘¿Me ayuda esto en la carrera?’».

    En lo personal, pienso que ésa es una pregunta maravillosa —es una pregunta que todos nosotros, como creyentes, deberíamos formularnos con frecuencia—. Podemos hallar la respuesta a este interrogante con tan sólo buscar en la Biblia. La Palabra está llena de escrituras que nos enseñan cómo podemos correr mejor nuestra carrera. Tomemos como ejemplo Hebreos 12:1-2:

    «Por lo tanto, también nosotros, que tenemos tan grande nube de testigos a nuestro alrededor, liberémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante. Fijemos la mirada en Jesús, el autor y consumador de la fe».

    ¿Alguna vez has visto cómo se preparan los velocistas o corredores de maratón? No se visten con ropas pesadas, mochilas o bolsas de compras. “Ellos hacen a un lado todo el peso”. Desechan todo lo que podría hacerlos ir más lento.

    Como corredores espirituales, debemos hacer lo mismo. Tenemos que deshacernos de todo aquello en nuestra vida que pueda sacarnos del camino y tentarnos a pecar.

    No deberíamos cargar con la basura del mundo. No deberíamos ver películas que glorifiquen la inmoralidad, o mirar programas de televisión que contengan obscenidades, adulterio, fornicación y toda clase de pecado. No deberíamos pararnos alrededor del dispensador de agua en la oficina a chismear o a coquetear con el cónyuge de
    alguien más.

    Quizá digas: “Pero Gloria, ¡todo el mundo hace esas cosas!”.

    ¿Y qué? ¡El mundo está loco! Ellos no conocen a Dios, siguen a Satanás; y no pueden distinguir entre lo bueno y lo malo. Viven en tinieblas, y para ellos ¡pecar es normal!

    ¡Pero tú eres cristiano! Tú has nacido de la luz. Pecar no es algo normal para ti. Jamás serás feliz viviendo como el mundo vive. Jamás estarás satisfecho haciendo cosas que son contrarias a la Palabra de Dios. Esas cosas pueden traerte placer momentáneo, pero siempre terminan en miseria y muerte.

    Por tanto, ¡aléjate de esos malos hábitos! Cuando te veas a ti mismo en el lugar incorrecto, hablando con las personas incorrectas, y te des cuenta que vas mal encaminado, corta la conversación y aléjate. Ve a un lugar con un ambiente más saludable y busca a alguien que conozca a Jesús para que puedas hablar.

    Cuando te veas a ti mismo mirando alguna clase de “entretenimiento” que promueva el pecado y lo muestre como algo atractivo, apaga el televisor. Abre tu Biblia o sintoniza el programa La Voz de Victoria del Creyente. Invierte tiempo mirando y escuchando la Palabra.

    Tus ojos y tus oídos son una puerta hacia tu corazón. Si los llenas con las cosas del diablo, los problemas vendrán. En cambio, si los llenas con la Palabra, la fe vendrá —y ¡fe es lo que tú quieres!—. Cuando la obtengas, podrás correr y ser el vencedor que Dios te creó para ser. Podrás vencer todo lo que el diablo intente lanzarte. Podrás triunfar sobre cualquier problema. ¡Porque ésa es la victoria que vence al mundo, nuestra fe! (1 Juan 5:4).

    Mover el monte Everest puede requerir de tiempo

    Otra instrucción importante que encontramos en Hebreos 12:1, la cual te ayudará a lo largo de tu carrera espiritual, es la siguiente: “Corre con paciencia”.

    La paciencia es un fruto del espíritu (Gálatas 5:22-23). Junto con el amor, el gozo, la paz, la benignidad, la bondad, la fe, la mansedumbre y la templanza; la paciencia surgió en ti cuando naciste de nuevo. La paciencia es una fuerza espiritual que te impide sucumbir ante las circunstancias negativas. La paciencia evitará que te rindas o que falles cuando te encuentres bajo presión; y hará que permanezcas firme y fuerte.

    Kenneth llama a la fe y a la paciencia: “las gemelas poderosas”, debido a que la paciencia apoya a la fe y la mantiene activa. La paciencia mantiene fuerte nuestra fe, hasta que se cumple lo que hemos estado creyendo. Saber eso es importante porque, aunque la fe siempre produce resultados, éstos no siempre se ven en forma instantánea. Si así fuera, cada persona en el mundo viviría por fe.

    Pero no es así como funciona. Los proyectos de fe frecuentemente toman tiempo.

    Kenneth y yo descubrimos esa verdad cuando recién empezamos nuestra vida de fe. Una de las primeras cosas por las cuales le creímos a Dios fue por salir de las deudas. Eso sí que era ¡mover una montaña! Para nosotros, esa deuda lucía ¡tan grande como el Monte Everest!

    Los acreedores llamaban, amenazándonos con demandarnos por no pagar. Manejábamos un auto viejo y descompuesto. Teníamos hijos que alimentar y muy poco dinero para vivir. Era una situación muy estresante. Sin embargo, tomamos nuestra postura de fe y permanecimos firmes en ella. No sólo dejamos de pedir dinero prestado, sino que fielmente declaramos la Palabra sobre la situación. Le hablamos a esa montaña de deudas y confesamos ¡que ya estaba pagada, en el nombre de Jesús!

    Los meses transcurrieron y parecía que nada sucedía. Pero no nos rendimos ni dijimos: “Este tema de la fe no está funcionando”. Vamos y compremos un nuevo automóvil a crédito. En lugar de eso, permitimos que la paciencia apoyara a nuestra fe y, en menos de un año, todas las cuentas fueron pagadas. ¡Fuimos libres de deudas!

    Y lo que es más importante, desde entonces hemos vivido libres de deuda. Hemos comprado casas y terrenos, hemos construido edificios en el ministerio, y hemos invertido millones de dólares predicando la Palabra de Dios sin adulteración por todo el mundo. Esto jamás lo habríamos logrado si no hubiéramos aprendido a correr con paciencia nuestra carrera de la fe.

    Tampoco habríamos sido capaces de lograrlo, si no hubiéramos puesto la Palabra de Dios en primer lugar en nuestras vidas. Invertir tiempo en la Palabra es lo que mantiene fortalecidas la fe y la paciencia. Eso fue algo más que Kenneth y yo descubrimos a principios de nuestra vida de fe. Descubrimos que la Palabra de Dios es como la comida; puedes comer lo mismo una y otra vez, y siempre será buena para ti. Todo el tiempo te fortalecerá y hará que tu fe se incremente.

    El año en que comenzamos a creerle a Dios por salir de las deudas, vivíamos en Tulsa Oklahoma, e íbamos a escuchar predicar al hermano Kenneth E. Hagin cada oportunidad que teníamos. En algunas ocasiones, asistíamos cada noche por tres semanas, y en cada reunión el hermano Hagin leía Marcos 11:22-24. Una y otra vez, él enseñaba cómo creerle a Dios, cómo obra la fe y cómo habla la fe.

    Cuando no había ninguna reunión, Kenneth y yo escuchábamos en casa mensajes grabados en cintas del hermano Hagin. Escuché algunas enseñanzas muchas veces, y tomaba tantas notas de esos mensajes que casi los trascribía por completo.

    Cuando nos mudamos a Fort Worth, Texas, e iniciamos nuestro ministerio, viajábamos a Tulsa para escuchar al hermano Hagin predicar acerca de la fe. No lo hacíamos porque necesariamente pensáramos que iba a decirnos algo nuevo. Asistíamos porque estábamos enfrentando obstáculos y necesitábamos alimentarnos de la Palabra.

    La mayoría del tiempo —en especial durante nuestro primer año en el ministerio— nos obligábamos a asistir a esos seminarios de fe porque necesitábamos animarnos. Había imposibilidades que nos desafiaban y sentíamos su presión. Y aunque sabíamos que la Palabra de Dios podía vencer esas imposibilidades, las circunstancias nos habían abrumado y necesitábamos que nuestra fe se agitara.

    Pero una vez más, el hermano Hagin nos leía Marcos 11:23. Mientras escuchábamos por enésima vez sus maravillosos mensajes llenos de la Palabra, nuestra fe se refrescaba y nuestro pensamiento se alineaba con la Palabra.

    La Palabra tiene un asombroso poder para corregir tu curso ¡y mantenerte allí!

    Cuando los seminarios terminaban, volvíamos a casa creyendo en Dios más que nunca y declarábamos: “¡Sí! ¡Podemos mover esa montaña! Podemos lograrlo por fe. Sólo debemos decir lo que Dios dice, hacer lo que nos dice, y negarnos a renunciar hasta que aquello por lo que estamos creyendo, ¡se cumpla!”.

    Kenneth y yo aún actuamos de esa manera, incluso después de más de 45 años en el ministerio. Todavía amamos escuchar a las personas predicando acerca de la fe. Recibimos tanto de las Convenciones de creyentes como lo hacen los demás. Sencillamente algo especial nos sucede cuando nos reunimos con otros creyentes a escuchar la Palabra de Dios.

    No sólo nos alimentamos de la Palabra en las reuniones de creyentes. También leemos y meditamos la Palabra en casa. Kenneth y yo invertimos tiempo cada día en la Palabra porque: «la fe proviene del oír, y el oír proviene de la palabra de Dios» (Romanos 10:17).

    UNA DOSIS DIARIA DE LA PALABRA DE DIOS ES LA CLAVE ¡PARA DISFRUTAR DE UNA VIDA VICTORIOSA!

    Por lo tanto, jamás seas negligente con respecto a la Palabra. Apégate a ella. Aliméntate de ella, declárala y actúa conforme a ella. Haz a un lado todo lo que pueda estorbarte, y activa en tu vida el poder de las gemelas: la fe y la paciencia.

    Dios tiene grandes cosas que debes cumplir. Tiene preparada para ti una carrera emocionante. Es una carrera que satisfará los deseos más profundos de tu corazón, te bendecirá más allá de lo que puedas pedir o pensar, hará que todo sea posible, y te convertirá en una bendición para los demás en formas que ni siquiera jamás has podido soñar.

    ¡Ésta es una carrera, y naciste para ganarla!

    Texto extraído de: Revista LVVC – Edición agosto 2014, página 26

  • Una palabra a la vez (por Melanie Hemry)

    8-14_profileLas campanas resonaban llamando a los feligreses para rezar, mientras Stanley Black, de 17 años de edad, se arrodillaba antes de deslizarse en una vieja banca. Su rostro, que usualmente reflejaba felicidad, ahora estaba marcado con una frente arrugada que expresaba preocupación. Estando ya de rodillas, suspiró y cerró sus ojos. ¿Cómo era… su vida? Se concentró, buscando la expresión correcta. Una mezcla. Ésas eran las palabras perfectas para describirla.

    Su país, Costa Rica, era una mezcla de culturas, una combinación de religiones y selvas que se entrelazaban con ciudades modernas. La familia de su padre había emigrado de la India, mientras que la familia de su madre era escocesa. Stanley había nacido en Jamaica. Sólo para seguir los patrones de emigración de su familia se requería de un mapa global, y también de mucha habilidad para usarlo.

    En la escuela, Stanley escuchó a un sacerdote alemán —quien también era su profesor— hablar acerca de un tema muy popular: «Nuestra iglesia es la madre de todas las religiones» dijo. «Asistir a una iglesia protestante es el pecado imperdonable».

    Stanley sintió un sudor frío corriendo por su cuerpo. Mamá. Papá. No había perdón para el pecado que ellos habían cometido. No existía oración adicional por ofrecer. Su padre, un agricultor, había invitado al veterinario de la familia a su fiesta de cumpleaños. Después de la celebración, el veterinario le dijo: «Me gustaría corresponder la amabilidad que has tenido conmigo. Por favor, visita nuestra iglesia. Y en honor a tu cumpleaños, oraremos por ti». Sus padres, sin escapatoria a la vista, aceptaron.

    Stanley salió de la iglesia con la esperanza de que Dios hubiera escuchado sus oraciones, y que sus padres no hubieran cometido el pecado imperdonable. En su casa, su madre le sonrió, y le dijo: «¡Ahora somos cristianos nacidos de nuevo!».

    El color del rostro de Stanley se desvaneció.

    Stanley recuerda: «Estaba sorprendido por lo que mis padres habían hecho. En 1954 no había mucho evangelio en Costa Rica, y dentro de nuestra iglesia había bastante paganismo. Nunca antes había visto una Biblia, así que no tenía forma de saber si mis padres en realidad habían cometido un pecado al asistir a esa iglesia. Finalmente, después de dos semanas, nos invitaron a mi hermano y a mí para acompañarlos a la iglesia. Ese día, el pastor describió la crucifixión de Jesús con tanto detalle, que temblé al escuchar cómo los clavos habían perforado las manos de Jesús. Cuando el pastor hizo el llamado para pasar al frente, me aferré a mi hermano para conseguir apoyo. Pero cuando me di cuenta, ambos estábamos en el altar.

    De inmediato, mi hermano y yo comenzamos a tocar nuestras guitarras en las calles, y a predicar a todos lo que nos escuchaban. Conseguimos una copia del libro de T.L. Osborne “Sanando enfermos” y empezamos a predicar acerca de la sanidad».

    Fe para un milagro

    Desde una de las ciudades portuarias, comenzó a esparcirse la noticia acerca de dos hombres hospitalizados que habían sido declarados pacientes terminales; ambos se  encontraban en la última fase de la tuberculosis. Stanley se paró al lado de la cama de uno de ellos con la confianza absoluta de que Dios lo sanaría. Stanley y su hermano ungieron a los hombres con aceite, y oraron por ellos.

    ¡Esos hombres no fallecieron! ¡Fueron sanados! Y la historia se propagó por toda la ciudad como un incendio forestal. El doctor a cargo envió a sus pacientes a la capital del país, San José, para que les hicieran un chequeo médico, a fin de comprobar el milagro.

    Los hombres regresaron a casa, caminando por las calles sanos y salvos, mientras que Stanley y su hermano continuaban predicando el evangelio. Muchas personas aceptaron a Jesús como su Salvador, y ellos fundaron una iglesia en ese lugar.

    Stanley explica: «Mi hermano y yo fuimos llamados al ministerio; como él era 3 años mayor, viajó a los Estados Unidos antes que yo. En 1958, me mudé a la ciudad de Greenville, en Carolina del Sur, para asistir al Seminario Teológico Holmes.

    Antes de mudarme a Estados Unidos, pensaba que sabía inglés. Mi padre nos había enviado a una escuela privada para aprenderlo, como complemento a nuestras clases regulares. Sin embargo, estando ya en el seminario, no entendía muchas cosas que escuchaba, y tampoco podía hablarlo. Pasé horas durante la noche orando y llorando ante el Señor. Todos los días asistía a mis clases con los ojos hinchados y rojos. Después de que terminaban las clases, regresaba a mi dormitorio a llorar y orar otro poco. Este ciclo se repitió por varios meses».

    Stanley pasó esa Navidad con unos amigos misioneros en Carolina del Norte. Al asistir a la iglesia de la familia donde estaba hospedado, el pastor lo invitó a predicar el siguiente domingo. Sin embargo, Stanley rechazó la invitación, pues sabía que su inglés no era muy bueno.

    Al regresar a su dormitorio, Stanley sentía haber entristecido al Señor. Cayó de rodillas, suplicándole a Dios: «¡Señor, me abriste una puerta para predicar y yo la cerré de golpe! ¡Lo siento!».

    Stanley regresó a donde estaba el pastor, y le dijo: «Predicaré. Es probable que mi sermón dure uno o dos minutos; pero predicaré».

    Stanley había recordado la confianza que sintió cuando oró por aquellos hombres con tuberculosis. Leyó en la Biblia que era la voluntad de Dios sanar, y sabía que si él cumplía su parte, Dios se encargaría de cumplir la Suya. Quizá necesitaba esa misma confianza en ese momento.

    Llegado el día domingo, Stanley temblaba mientras el pastor lo presentaba ante la congregación. Al dirigirse hacia el púlpito, su mirada recorrió toda la audiencia. Respiró profundamente, y habló. Ese simple acto de fe que había hecho, fue el que activó el poder de Dios para obrar a su favor.

    Stanley Black recibió de manera sobrenatural su milagro: ese día predicó todo el sermón hablando un inglés perfecto.

    Desde ese entonces, Stanley pasó todos sus veranos predicando en campañas de avivamiento por el Sur. En Greenville, también conoció a su esposa, Pearl. Ambos se casaron en octubre de 1961, y regresaron a Costa Rica bajo la cobertura de la iglesia Pentecostal Holiness Church.

    Estando en Costa Rica, Stanley y su esposa asistieron a una reunión con los líderes de su denominación, en la cual hablaron acerca de una pequeña misión en la localidad de Santa Ana. Muchos pastores, incluyendo la mayoría de los que se encontraban en la reunión, habían tratado de hacer que la misión tuviera éxito; sin embargo, la misma nunca había prosperado. En consecuencia, los líderes votaron para que se cerrara la misión, y vendieran la propiedad.

    Stanley les dijo: «Señores, yo no estoy de acuerdo. Yo no creo que el Señor esté en el negocio de cerrar iglesias. Es probable que todos hayan fracasado; no obstante, Dios no ha fracasado. Les pido que nos den esa misión a mi esposa y a mí durante seis meses».

    «¡Siéntate jovencito! ¡Cuando necesitemos tu opinión, entonces te la pediremos!», le contestaron.

    Stanley se sentó y calló, mientras escuchaba el debate que presentaban los demás. Al final, acordaron permitir que Stanley y Pearl tomaran la misión. La iglesia era tan pequeña, que sus pocos miembros se reunían en una diminuta casa pastoral. La iglesia de veras parecía estar muerta. Sin embargo, Stanley Black creía en el poder de la resurrección desde el mismo día que le entregó su vida a Jesús. Y dijo: «Construiré una iglesia».

    Encontrando vida en la selva

    Las personas pensaron que estaba loco, y se preguntaban: “¿Con qué pensarán construir una iglesia?” No había dinero. Se reían y murmuraban: “¿Para quién van a construir la iglesia?”. No había miembros para que la iglesia se llenara. Y aparte de eso, ni siquiera había alguien que la construyera.

    No obstante, Stanley les contestó con mucha confianza: «Dios proveerá».

    Stanley recuerda: «Un día, fui a predicar en medio de la selva. Una noche me encontraba predicando dentro de un pequeñ rancho de paja con piso de tierra. Y cuando hice la invitación para aceptar a Cristo, un hombre que había estado parado afuera escuchando, cayó de rodillas».

    Ese hombre dijo: «Mi nombre es Hugo. Hoy me iba a suicidar. Pero en lugar de la muerte, encontré la vida».

    Al rato, Hugo continuó: «Soy constructor, carpintero, y también sé hacer plomería y trabajos eléctricos».

    Stanley le dijo: «Deseo construir una iglesia, ¿te gustaría mudarte a mi casa y ayudarme?».

    «Sería un honor para mí», contestó Hugo.

    Hugo vivió con ellos durante un año, lo cual bendijo a ambos. Hambriento por conocer más de la Palabra de Dios, Hugo creció en su fe. Y Stanley, quien tenía más fe que dinero, construyó el edificio.

    Stanley recuerda: «El dueño de una plantación donó toda la arena y la piedras para la cimentación del edificio. El dinero para el techo nos lo envió el Instituto ‘Cristo para las Naciones’. Además de pastorear, también enseñaba en la escuela bíblica a donde Hugo también asistía. Hugo se afianzó tanto en el Señor, que cuando Dios nos llamó a mudarnos a México para ministrar en ese lugar, Hugo se quedó como encargado de la iglesia».

    «Muchos años después, regresé a Costa Rica a predicar y decidí visitar la ciudad de Santa Ana. Aquella pequeña casa pastoral, y la iglesia que habíamos construido, habían sido demolidas. Y en su lugar, estaban construyendo dos grandes edificios, los cuales estaban a la venta. ¡La iglesia había crecido tanto que ya no cabían en el nuevo edificio! La iglesia Pentecostal Holiness Church no sólo no cerró la misión, sino que compraron una granja y un terreno para construir un instituto bíblico. Después de un tiempo, también construyeron una capilla y un campamento para jóvenes».

    En 1965, Stanley y Pearl se mudaron a México y estaban ministrando en Guadalajara, cuando Stanley viajó a Dallas para asistir a la conferencia Pentecostal Fellowship of North America. Ministros de todas partes del mundo asistieron a esa conferencia, incluyendo al Dr. David Yonggi Cho, quien era miembro del comité directivo. En la conferencia había dos idiomas oficiales: Inglés y español, y se necesitaban intérpretes para este último. Stanley no sabía que uno de sus amigos lo había recomendado para ocupar ese puesto.

    Stanley recuerda: «¡Al llegar al hotel me di cuenta que estaba asignado para interpretar! Interpretar en vivo es un gran desafío, pues tengo que enfocarme muy atentamente en lo que el ministro está diciendo, a fin de que pueda comunicar el significado correcto, usando la gramática apropiada. Al momento de dirigirme hacia la audiencia, mis piernas temblaban. Sin embargo, cuando di el paso de fe, recibí la unción de Dios para interpretar. Después de eso, todos los conferencistas querían que les interpretara, incluyendo a David Wilkerson».

    De las selvas a los jets

    «Durante la Renovación carismática de 1970, me hice amigo de John Osteen. John me pidió que predicara en su iglesia y en sus conferencias. Y por medio de esa amistad, conocí a Kenneth Copeland, Kenneth E. Hagin, Fred Price y
    T.L. Osborne».

    «Y fue así como me di cuenta que los Ministerios Kenneth Copeland eran tierra fértil, y me convertí en colaborador de ellos. Por medio del hermano Copeland, aprendí el secreto de cómo funciona la fe en nuestro interior, y lo sencillo que es hacerlo. Fue ahí donde entendí por qué llorar y clamar no produce los resultados que deseamos. Sin embargo, permanecer en fe y creerle a Dios siempre da resultados positivos».

    Después de pasar 11 años ministrando en México, el Señor guió a Stanley y a Pearl a mudarse de vuelta a Estados Unidos. Regresaron con sus cinco hijos: Lori, Tina, Mark, Stanley, y Kenneth. En 1982, un gran ministerio a nivel nacional le pidió a Stanley que les interpretara en vivo, y que le hiciera la sincronización de voz y doblaje al español para su programa que se transmitía todos los días. Además de trabajar con ese ministerio, Stanley también agendó sus propias reuniones para predicar en el extranjero.

    Hace unos diez años, Stanley comenzó a hacer interpretaciones en vivo, sincronización de voz y doblaje para Kenneth Copeland.

    Stanley dice: «Es importante interpretar las palabras correctas con el espíritu y la unción correcta. He visto cómo interpretaciones incorrectas arruinaron a un ministerio. Cuando estoy al lado del hermano Copeland, debo estar concentrado al máximo. No puedo darme el lujo de pensar por un instante en algo más».

    Para doblar los mensajes del hermano Copeland, Stanley comienza leyendo una traducción del mensaje, mientras escucha todo el programa en inglés con unos audífonos, tomando notas en donde la traducción necesita ser corregida. Después de este paso, comienza a doblar el mensaje al español, lo cual toma un promedio de 4 a 5 horas. La sincronización de voz es un gran desafío, pues el español es dos veces más largo que el inglés, por lo cual Stanley tiene que acortar la traducción para que encaje con la cantidad de sílabas habladas en inglés. Para hacerlo con la excelencia que se requiere, algunas veces el proceso toma un día entero.

    «Aún continúo viajando por todo el mundo predicando el evangelio. Sin embargo, siempre trato de estar disponible para el hermano Copeland. Todos necesitan escuchar el mensaje de fe, pues siempre ha habido un complejo de inferioridad que ha afectado la cultura hispana. Han aprendido que nacieron pobres, y que entonces morirán pobres. He visto cómo jóvenes hispanos que nunca han tenido un automóvil, obtienen la revelación de fe y escalan montañas para Dios.

    Eso también ha marcado una gran diferencia en mi propia vida. Pues gracias a lo que he aprendido del hermano Copeland, hoy en día no tengo ninguna deuda. No le debemos nada a nadie, excepto amar a todos».

    Han pasado casi 60 años desde que aquel joven de 17 años de edad, Stanley Black, llevó el evangelio a las calles, a los hospitales, y a las selvas de Costa Rica. Y desde aquel entonces, ha llevado las buenas nuevas a 55 países. A sus 76 años de edad, Stanley continúa fuerte, viajando con el hermano Copeland y cambiando al mundo, una palabra a la vez.

    Texto extraído de: Revista LVVC – Edición agosto 2014, página 10