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  • Volver a Sus caminos (por Melanie Hemry)

    5-14_profileBela Megyery cargó su arma y la guardó en su pantalón —ceñida contra la parte baja de su espalda—. A sus 21 años, él era un completo adicto a la heroína. Y también era consciente de su situación económica. Gastaba USD $200 al día, y su adicción le costaba USD$1.400 a la semana y USD $73.000 al año. Todo eso sin incluir un solo tanque de gasolina, ni un bocado de comida.

    No era inconcebible. Él había sido un vago desde niño, faltando a más clases de las que asistía, mirando dibujos animados mientras sus padres trabajaban, y construyendo casas en los árboles a la orilla del ferrocarril, en una de las áreas más hostiles de Chicago.

    Él se había aprovechado de sus padres, los cuales habían escapado de la revolución húngara en 1956 como refugiados, y lo habían traído siendo un niño pequeño a un país cuyo idioma no hablaban. Incluso, si veían las notas que les mandaban los maestros, no podían leerlas.

    Pero su falta de interés en la escuela, no le impidió aprender.

    Su situación económica era mala. Y él no ganaba suficiente dinero para mantener su adicción trabajando con sus padres en su negocio de comidas empresariales a domicilio. A su parecer, sólo le quedaba una opción.

    Debía robar para obtener dinero.

    No le agradaba la idea de robarle a gente honesta, así que se le ocurrió un plan brillante. Necesitaba grandes sumas de dinero, y drogas.

    Pero, ¿quiénes tenían eso?

    Los traficantes.

    Así que ¡robaba a los traficantes de drogas!

    A nadie le importaba si le robaba a ellos. Y era muy poco probable que ellos llamaran a la policía para reportar el crimen.

    Bela acumuló una gran cantidad de dinero en efectivo para sus ahorros, y quería más.

    Sólo que en esta ocasión, el robo no salió según lo planeado.

    “Devuélveme la plata” le ordenó el traficante con una voz suave, y tan peligrosa como el sonido de una serpiente cascabel.

    Disparó primero por encima de la cabeza de Bela, pero él estaba tan drogado que hizo caso omiso de la advertencia. Las drogas corrían por sus venas y Bela atacó al hombre.

    Luego, ¡una bala, lo impactó y él cayó al piso!

    De camino al hospital, y aferrándose a la vida por un filamento más delgado que la aguja que utilizaba para inyectarse heroína, la historia de su vida pasó por su mente como un video. Se vio a sí mismo en su infancia en Hungría. Recordó cuando sus padres lo trajeron a Estados Unidos para disfrutar una vida mejor. También recordó lo detalles de su niñez… luego su adolescencia.

    En algún profundo lugar de su subconsciente, Bela comprendió que su vida estaba pasando ante sus ojos. ¡Ésto es lo que ves antes de morir! Reuniendo todas sus fuerzas, gritó una palabra: “¡Jesús!”.

    La secuencia de imágenes se detuvo. Todo se detuvo.

    Una tumba abierta

    “No sé por qué exclamé el nombre de Jesús” —admite Bela—. “No era cristiano. Mi familia era católica, y sólo íbamos a la iglesia en víspera de Navidad. Pero gritar ese nombre marcó en mí una diferencia. Cuando recobré el conocimiento, un médico se encontraba inclinado cerca mío, y me dijo que había estado a unos milímetros de la muerte cuando me llevaron al hospital”.

    “Esa experiencia no cambió nada en mí. Necesitaba más y más heroína sólo para sentirme una persona normal. Me inyectaba y tomaba todo lo que caía en mis manos. Era miembro de una pandilla y me había convertido en una persona violenta”.

    Por años Bela había intentado dejar la heroína, y en ese intento le prescribieron metadona.

    “Es más difícil dejar de consumir metadona que la misma heroína” —relata Bela— “Fui adicto a la heroína por 3 ½ años, y otros 7 ½ años a la metadona. Entre más años duraba mi adicción, más desesperanzado me sentía acerca de ser libre algún día.”

    Bela no había notado la sombra de tristeza que manchaba los ojos de su madre, o la forma temerosa en que lo miraba, porque ella sabía todo acerca de él. Ella observaba cómo desperdiciaba su vida, desvaneciéndose poco a poco.

    A los 28 años, Bela se dirigía hacia la tumba. Parecía un refugiado de la guerra. Su cadera era tan delgada que apenas podía sujetar sus pantalones.

    Desesperada, su madre oró: “Dios, él va a morir, y no sé qué hacer al respecto. Tú me lo diste, ahora yo te lo entrego a Ti”.

    Ella no escuchó una voz audible, pero recibió un mensaje en su corazón. Bela recordó las palabras que un día le dijo su difunta madre.

    “Él será un hombre de Dios. Un día él le predicará a millones de personas.”

    Ella miraba a Bela con su pistola en sus pantalones y cuando caminaba hacia la puerta, le decía:

    “¡Dios va contigo! ¡Serás un hombre de Dios!”

    “Sí, claro”, él le respondía.

    Cuando su vecino le hablaba acerca de las personas con las que andaba Bela, su madre no lo escuchaba.

    “¡Él será un hombre de Dios!” —replicaba su madre—. “Un día él le predicará a millones de personas”. El Señor le había dado esperanza para creer por su hijo, y ella se negó a confesar cualquier cosa contraria acerca de él.

    Una vida nueva

    En 1983 Bela se convirtió en el líder de una pandilla. Era respetado, poderoso, y tenía muchas mujeres a su alrededor. Sin embargo, le había robado al traficante incorrecto —uno que sí llamó a la policía—. Bela fue arrestado y posiblemente pasaría tiempo en la cárcel.

    Desesperado por obtener respuestas, Bela decidió ir a una librería cristiana. Mientras se encontraba allí, una amiga le presentó a su pastor: “¿Qué te impide entregarle el control de tu vida a Jesús ahora mismo?”, le preguntó el pastor.

    “Nada”, respondió él.

    “Cuando le entregué mi corazón a Jesús, sentí como si hubiera vuelto a la vida” recuerda Bela. “En el instante fui libre de mis adicciones”. Al día siguiente, alguien me ofreció un cigarrillo de marihuana, y no lo acepté. Les dije a las mujeres que no me volvieran a llamar. Ya era un hombre diferente”.

    “El pastor que me llevó a los caminos del Señor me habló de los Ministerios Kenneth Copeland y me convertí en un colaborador. Me alimentaba de la Palabra de Dios, escuchaba cintas y leía libros. Me involucré en una iglesia y presencié sorprendentes sanidades y milagros. Oramos por una mujer que tenía un tumor del tamaño de un pomelo, y cuando le iban a efectuar la cirugía, éste había desaparecido. Incluso, el médico pensó que le habían llevado a la paciente equivocada”.

    “Finalmente, fui libre de las drogas y mi vida era maravillosa”.

    Por casi cinco años Bela vivió en el gozo y la libertad que su nueva vida le trajo. Pero luego, las cosas comenzaron a cambiar.

    “Sabía que cuando eres libre de la adicción a las drogas, debes conservar esa libertad”—expresa Bela—. “No puedes fumar, ni beber”. Lo que me metió en problemas, fue el billar. Yo sólo quería jugar. Por supuesto, la mesa de billar se encontraba en un bar, pero me convencí a mí mismo de que podía jugar allí, e ingerir bebidas sin alcohol. Lo hice una o dos veces, y después pensé que quizá podía beber sólo un vaso.”

    Pronto, un vaso se convirtió en dos, dos en tres, y así sucesivamente.

    “Fui cuesta abajo rápidamente, y sin darme cuenta estaba inhalando cocaína” describe Bela. “Había vuelto a mi adicción y a mi antiguo estilo de vida. Empaqué mis libros, mis cintas y mis Biblias, y las guardé en el armario”.

    Escondite secreto

    Cuando Bela conoció a Christina, era como mirar a dos trenes a punto de estrellarse. A sus 17 años, Christina ya era alcohólica, adicta a las anfetaminas y a la fenciclidina por varios años. Sus padres habían sido alcohólicos, por tanto, no había estabilidad en su hogar. Un año antes, la madre de Christina había fallecido en un accidente de moto.

    Despreocupada, Christina celebraba toda la noche y dormía todo el día. Detestaba estar sobria, pero de cualquier forma —drogada o sobria— se sentía desesperada. Seis meses antes de conocer a Bela, Christina había clamado en su desesperación: “Dios, si existes, dime cuál es el propósito de mi vida, porque no deseo seguir viviendo”.

    Juntos, Bela y Christina bebían, festejaban y se drogaban. Luego, un día en noviembre de 1990, Christina estaba examinando el armario de Bela, cuando encontró una caja de libros y cintas de KCM. Ella tomó un libro y lo leyó de principio a fin. En el reverso, encontró la oración de salvación, y la repitió.

    Cuando Bela volvió a casa y vio a Christina, supo que algo le había sucedido. Ella… resplandecía.

    “¿Adivina qué me pasó?” —le dijo Christina.

    “Sé con exactitud qué pasó contigo.”

    “¿Qué?”

    “Has nacido de nuevo.”

    “¿Cómo lo supiste?”

    “Porque soy cristiano.”

    “¿Qué? ¿Si eres cristiano, por qué vives de la forma en que lo haces?”

    “Porque me aparté del Señor.”

    “¿Qué significa eso?”

    “Es difícil de explicar. Soy cristiano, pero volví a mi antiguo estilo de vida.”

    “¡Oh!” —exclamó Christina, reflexionando en sus palabras.

    Entonces ella se emocionó y exclamó: “Si te apartaste, ¿por qué no vuelves a Sus caminos?”.

    Cambiando de dirección

    ¿Volver a Sus caminos? ¿Quién ha escuchado tal cosa?

    Bela casi se río, pero se contuvo. El odiaba su estilo de vida. ¿Por qué no podía hacer lo que ella decía? Simplemente… volver a Sus caminos.

    Mientras más lo pensaba, mejor le parecía la idea. Había sido sencillo apartarse… ¿sería igual de fácil volver?

    Christina había repetido la oración del pecador. Él sólo debía arrepentirse, y volver a Sus caminos.

    Bela admite: “Dejé de nuevo las drogas, pero caí otra vez un par de veces. Luego, un día Christina dijo: ‘Hay algo posado en ti. Hay algo justo encima tuyo’. Yo le pedí que tomara autoridad sobre eso en el nombre de Jesús, y que lo echara fuera. Así lo hizo, y ahora he estado sobrio por 23 años.”

    Poco tiempo después, Bela y Christina se casaron, se hicieron miembros de una iglesia local, y comenzaron a alimentarse de la Palabra de Dios. Continuaron siendo colaboradores de KCM, y mirando a diario el programa de televisión La Voz de Victoria del Creyente. Compraron cintas y libros para enriquecer su vida espiritual, y se sumergieron en ellos.

    Christina declara: “Cuando le entregué mi corazón a Jesús, fui libre al instante. Dios me dio el poder para resistir las drogas y el alcohol. También fui libre del hábito de fumar dos paquetes y medio de cigarrillos al día. Nunca volví a beber o drogarme; sin embargo, Dios me mostró que si quería permanecer libre, debía dejar a mis dos mejores amigos. Fue muy difícil dejarlos para mí, pero ellos no deseaban cambiar, y sabía que a su lado, no iba a permanecer sobria”.

    “Bela y yo empezamos a tener hijos, y nuestra vida era buena. Lo único que no había cambiado era ese dolor emocional que sentía. Y ésto era algo que tenía que enfrentar con la Palabra de Dios. Nací de nuevo en noviembre de 1990, y para 1994 aún continuaba con esa lucha. Ese año, Rodney Howard-Browne visitó nuestra ciudad, y organizó varias reuniones. Pero mientras todos reían a causa del gozo que había en ellas, yo lloraba y lloraba. Fue vergonzoso. De repente un pastor se me acercó, y me dijo: ‘¡No llores más! ¡Gozo! ¡gozo!’. Pero no podía dejar de llorar.”

    “Casi dejo de ir a las reuniones, pero sentí que si permanecía firme asistiendo, experimentaría la victoria. Una noche, en lugar de llorar, ¡comencé a reír! Dios había realizado una profunda obra en mí, y finalmente fui libre. Desde ese instante, comencé a sentirme bien conmigo misma”.

    Mientras Christina esperaba su segundo hijo, le diagnosticaron cáncer cervical, anemia e ictericia. Armados para la prueba, Christina y Bela se enfocaron en las transmisiones diarias de LVVC, y en las enseñanzas que hablaban acerca de la victoria sobre la muerte. Ellos miraban La escuela de sanidad de Gloria Copeland, y leían el devocional diario: Crezcamos de Fe en Fe, todos los días. Dos años después de comenzar la batalla, Christina fue declarada completamente sana de cáncer.

    Bela relata: “Nuestra vida no sería lo que hoy es, si no fuera por nuestra conexión con KCM. Ellos nos han enseñado, nos han alimentado y han orado por nosotros. En una ocasión, mientras oraba para saber si debía o no iniciar mi propio negocio, sintonicé el programa. Y Gloria dio una palabra de conocimiento, en la cual hablaba de lo que yo estaba atravesando”.

    “En el 2010, fuimos a un restaurante en Branson, Missouri, y quedamos sentados cerca de los Copeland. Nos presentamos, y les contamos acerca de cómo esa palabra de conocimiento había cambiado nuestra vida. Entonces el hermano Copeland expresó: ‘Esa palabra era para establecerlos en el ministerio. Ustedes no estarían donde se encuentran hoy, si no hubieran obedecido esa palabra’ ”.

    Hoy, Bela y Christina Megyery son pastores de Rivers of Restoration Church (Iglesia Ríos de Restauración) en Arlington Heights, Illinois, y sus cuatro hijos: Christina, Victoria, Jessica y Joseph sirven junto a ellos. Bela también se encarga de un ministerio para prisioneros llamado: Free If You Want to Be Ministries (Ministerio Libre si quieres serlo).

    Bela Megyery no sólo volvió a los caminos del Señor, sino que él y Christina derrotaron el espíritu de adicción erradicándolo por completo de sus vidas, cumpliendo su destino y liberando a los cautivos.

    Texto extraído de: Revista LVVC – Edición mayo 2014, página 10

  • Televisión LVVC: ¡Celebrando 35 años!

    5-14_LVVC-celebration2Cuando Kenneth y Gloria Copeland no sabían cómo Dios llevaría a la televisión el ministerio de Su Palabra no adulterada, confiaron que el Señor les mostraría cómo hacerlo. Hablaron al respecto y meditaron en la Palabra. Jamás declararon palabras de incredulidad. Sólo sabían que tenían la comisión de parte del Señor de predicar utilizando todos los medios disponibles, y la televisión ciertamente era uno de ellos.

    Luego, un fin de semana, cuando iban de camino a su casa en Fort Worth después de un viaje a Arkansas, Kenneth y Gloria se detuvieron a desayunar. Ordenaron su comida, oraron y mientras desayunaban, comenzaron a hablar acerca de tener un programa en televisión.

    Repentinamente, las cosas cambiaron.

    El plan de Dios para iniciar el ministerio de televisión fue establecido en el corazón de Kenneth y encajó a la perfección como las piezas de un rompecabezas. Él miró a Gloria, y por su mirada supo que ella también había escuchado el mismo “clic”.

    “Gloria”, dijo Kenneth, “mañana es lunes. Vayamos a casa e iniciemos el ministerio de televisión”

    “Está bien” —añadió Gloria.

    Ellos sabían que Jesús les estaba diciendo: ESTÁ BIEN, hagámoslo.

    Pequeños comienzos

    El ministerio de televisión fue oficialmente lanzado el 27 de mayo de 1979 en Dallas, Texas. Pero antes de eso, a principios de los 70s, ya habían hecho cinco grabaciones de The Word of Faith (La Palabra de Fe) en 1971, y también 50 grabaciones de The Prayer Group (El grupo de oración), las cuales fueron transmitidas entre 1972 y 1978. Las transmisiones abrían con un himno tradicional, pero continuaban con las frescas e inesperadas palabras de un joven llamado Kenneth Copeland: “La PALABRA alimentará tu fe, y tu fe alimentará tus oraciones.”

    En mayo de 1979, esos primeros programas llegaron a convertirse en el Believer’s Voice of Victory, un programa dominical de una hora, el cual se grababa durante las campañas de victoria de los Ministerios Kenneth Copeland y las reuniones que se realizaban en toda la nación.

    Pero, obviamente, Dios tenía mayores expectativas para KCM y para el ministerio televisivo.

    En 1988, el Señor les recordó a los Copeland una promesa que les había hecho en 1967, y esa palabra los puso en el curso de su destino. Él les dijo: “Les dije que vendría muy pronto, y que deseaba que este mensaje de fe no adulterado fuera predicado en cada medio disponible. No he cambiado Mi plan. Y tampoco los he eximido de esa tarea.”

    Dios agregó una nueva instrucción que parecía imposible. Les dio una tarea que se convertiría en el paso de fe más grande que ellos habían dado: “Quiero que comiencen a transmitir el programa todos los días, una transmisión de 30 minutos en la que le enseñen a los creyentes quiénes son en Cristo Jesús. Sacándolos de la religión a la realidad… utilicen estos programas para enseñar, no para predicar. Continúen con sus transmisiones semanales del domingo y prediquen en ese espacio”.

    Ellos no tenían el dinero para transmitir a diario. Tampoco tenían el personal, el equipo o el estudio. Pero, lo que si tenían era esa palabra de Dios. Y también, su fe.

    ¡Eso era todo lo que Dios necesitaba!

    ¡Alcanzando al mundo!

    Esos primeros esfuerzos por transmitir a diario la Palabra de Dios no adulterada fueron todo un éxito, y establecieron una fundación sólida para el ministerio de televisión de KCM.

    Kenneth lo explica con claridad: “¿Cómo pasamos de una transmisión semanal a una diaria? Por fe. Meditamos en la PALABRA, confesamos nuestro éxito, y edificamos nuestra fe. Llamamos las cosas que no son como si fueran. Hicimos exactamente lo mismo que tú deberás hacer para alcanzar tu siguiente objetivo en la fe… buscamos a Dios. Y como siempre, Dios fue fiel a Su PALABRA”.

    Producido por el departamento de televisión de KCM, el cual supervisa gran parte de los medios de comunicación del ministerio, el programa LVVC es por lo general el primer vistazo que las personas nuevas le dan a la misión de KCM, la cual es: “predicar la Palabra de Dios no adulterada; a través de todo medio disponible desde la cima más alta hasta el valle más bajo y en todos los confines de la tierra”. El programa televisivo LVVC ayuda a los creyentes a crecer en las cosas de Dios, enseñándoles e introduciéndoles la Palabra de Dios. El material de enseñanzas y la relación con los Ministerios Kenneth Copeland lleva a las personas a tener un entendimiento más profundo de la Palabra de Dios, ya que puedan aplicar de manera práctica los principios espirituales en su vida diaria.

    Hoy en día, el programa LVVC transmite un total de 779 horas a la semana por todo el mundo a más de 450 estaciones, seis días a la semana. Cuenta con una audiencia de más de 885 millones, y está alcanzando lugares como África, Asia, Australia, Canadá, Europa, Puerto Rico, Europa del Este, Suramérica, Nueva Zelanda, y por supuesto, a los Estados Unidos.

    A través del GOD channel, el programa LVVC es transmitido a los televidentes en Francia, Italia, Portugal, Alemania, Dinamarca, Holanda, Noruega y al Reino Unido. En el continente australiano, el programa alcanza el 70% de toda la población. Y el programa semanal LVVC se transmite en español en toda Latinoamérica y en los Estados Unidos, así como también en Puerto Rico, España y Portugal.

    En el 2013, 75 estaciones de televisión en los Estados Unidos comenzaron a transmitir el programa LVVC en alta definición (HD). Este programa también se encuentra disponible en alta definición, los siete días de la semana en eskcmstaging.wpengine.com y a través de internet streaming.

    La televisión es poderosa. Es una señal que no conoce fronteras, ni obedece autoridades civiles. Alcanza los lugares oscuros, más lejanos y remotos de la Tierra. Y además transformó a KCM.

    Dios ha mostrado Su gloria a través del ministerio televisivo LVVC. Y Kenneth y Gloria, por medio de su fe y la fe de sus colaboradores y amigos continúan predicando y enseñando, llevando al pueblo de Dios a su lugar de fortaleza en este mundo — ¡desde la cima más alta, hasta el valle más bajo y en todos los confines del mundo!—.

  • POR PRIMERA VEZ EN ESPAÑOL – REPORTE DE COLABORADORES EN ALIANZA 2013

    Es con gran gozo y entusiasmo que hacemos entrega por primera vez a nuestra audiencia hispana del “Reporte de COLABORADORES en Alianza” para el año 2013.
    Si alguna vez te has preguntado qué es lo que hacemos aquí en los Ministerios Kenneth Copeland, puedes encontrar todas las respuestas en esta publicación interactiva. ¡Esperamos que lo disfrutes!

    Distribución de Gastos

    En el reporte de colaboradores en alianza del 2013, podrás ver con claridad que tú y los Ministerios Kenneth Copeland están ministrando la Palabra de Dios de manera efectiva; están predicando el evangelio de Su maravillosa gracia, y le están brindando a las personas la oportunidad de convertirse en ciudadanos del reino eterno de nuestro SEÑOR y Salvador Jesucristo (2 Pedro 1:11). ¡Qué maravillosa conexión tenemos!

    Conforme vayas leyendo este reporte, únete a nosotros en darle gracias al SEÑOR por todo lo que Él ha hecho en este año y por todo lo que hará siempre. Y pídele que te hable con claridad y que te muestre lo importante que eres en todo lo que Él ha planeado para KCM y para tu ministerio personal —para tu familia, y con tus amigos— ¡en el lugar donde vives! Tú eres parte importante en todo lo que Él está haciendo, ¡allí donde te encuentras!

    [button type=”bd_button btn_small” url=”http://bit.ly/CPR2013ESP” target=”on” button_color_fon=”#3fc2da” button_text_color=”#FFFFFF” ]ACCEDER AL REPORTE[/button]

    Si todavía no eres colaborador de KCM, te invito hoy a que te unas a Gloria y a mí como tal. Si tú y el Señor han decidido que éste es el momento para establecer esta conexión de alianza, me gustaría enviarte nuestro Paquete de Nuevo Colaborador. El mismo incluye información detallada acerca de la colaboración y sus beneficios, incluyendo nuestros compromisos contigo. Llámanos ahora a los teléfonos:

    1-800-600-7395 (EE.UU.)

    +1-817-852-6000 (Internacional)

    lunes a viernes / 9:30am – 5:00pm  (Hora central de EE.UU.)

    [button type=”bd_button btn_small” url=”http://bit.ly/1fOCOzr” target=”on” button_color_fon=”#3fc2da” button_text_color=”#FFFFFF” ]CONVIÉRTETE EN COLABORADOR[/button]

     

  • Atravesando por el fuego (por Gloria Copeland)

    5-14_gloriaVivir la vida cristiana no es un juego de niños. Y cualquiera que te diga lo contrario, no te está contando la historia completa.

    Aunque como creyentes tenemos la victoria en Jesús, quien nos dio el poder para triunfar sobre cualquier situación, a veces las cosas se complican.

    Aveces, nos enfrentamos  a problemas y pruebas que nos presionan…nos presionan… y nos presionan (a pesar de que oramos con desesperación para recibir un alivio), al punto que deseamos decir lo mismo que declaró Habacuc en el Antiguo Testamento: “Oh Dios mío, ¿cuánto más tendré que clamar para que me ayudes? ¿Cuánto más tendré que rogarte para que termines con la violencia, y me salves?” (Habacuc 1:2, AMP).

    La mayoría de los cristianos se han visto tentados a preguntarse eso en más de una ocasión. Quizá sea porque han necesitado sanidad, y han orado por eso durante semanas, meses, e incluso años sin resultados positivos. Tal vez han atravesado por problemas familiares, o han tenido dificultades financieras que no han podido resolver.

    Es en ese tipo de situaciones, todos podemos cometer el mismo error de Habacuc. Podemos ser tentados a ceder ante la presión del diablo, echarle la culpa a Dios, y preguntarle: “¿Por qué esto está llevando tanto tiempo? ¿Por qué no me ayudas? ¿Me estás escuchando?”.

    Pero eso es exactamente lo que no debemos hacer.

    Dios no tiene la culpa de los problemas en nuestra vida, Él no es quien los ocasiona. Cuando no obtenemos respuesta a nuestras oraciones, el problema no es Dios.

    El problema siempre está de nuestro lado.

    Y Habacuc pudo confirmarlo; El aprendió bien esa lección cuando Dios contestó todas sus preguntas con una sola frase: «…El justo vivirá por su fe» (Habacuc 2:4). O como la versión Amplificada lo dice: “El hombre justo e íntegro, vivirá por su fe y su fidelidad” (AMP).

    En síntesis, es ahí donde está el error que Habacuc cometió. Él estuvo quejándose incansablemente delante del Señor. Suplicándole que arreglara todo el desorden que había a su alrededor, pero él no había estado actuando en fe.

    Dios trabaja con la fe, y Habacuc no estaba ejerciendo su fe para que Dios pudiera actuar a su favor.

    Eso mismo nos puede decir Dios a nosotros en algunas ocasiones. Cuando no vemos los resultados que queremos de parte de Dios, no es porque Él no esté haciendo Su parte. Es porque nosotros estamos fallando en el área de la fe. Pues no estamos haciendo la parte que nos corresponde para recibir la victoria que Él ya nos proveyó.

    Quizá digas: “Pero Gloria, he vivido por fe durante muchos años, y sé cómo hacer lo que a mí me corresponde”.

    Es probable que tengas razón, pero no importa cuánto sepas; puedes arruinar todo sino estás atento. Es más, cada uno de nosotros aún está aprendiendo, pues no hay nadie que lo sepa todo. Así que tomar un curso de actualización de fe siempre será una buena idea. En especial, cuando enfrentemos diversas pruebas, debemos asegurarnos de manejar las pruebas de la forma que Dios espera. No como Habacuc, sino como lo hicieron Sadrac, Mesac y Abednego.

    ¿Te acuerdas de ellos, verdad? Ellos atravesaron una temporada de problemas que la mayoría de nosotros nunca experimentaremos. Estos jóvenes fueron lanzados literalmente a un infierno abrasador, sólo por rehusarse a adorar al ídolo de un rey.

    Y si hablamos de pruebas difíciles, Sadrac, Mesac, y Abednego; atravesaron una de ellas. No obstante, ellos supieron qué hacer. Pues levantaron su escudo de la fe y apagaron los dardos que el enemigo les lanzó (Efesios 6:16). Es más, no sólo sobrevivieron al fuego, sino que salieron de aquel infierno abrasador sin que el fuego les causara daño: “…No se les había chamuscado ni un cabello, ni se les había estropeado la ropa. ¡Ni siquiera olían a humo!” (Daniel 3:27, NTV).

    Y todo eso, gracias a que vivieron por fe.

    Una sustancia más preciosa que el oro

    ¿Qué es exactamente la fe?

    Es creer lo que Dios dice sin importar lo que veamos, sintamos o escuchemos en este mundo natural. Es creer en Su Palabra sin comprometerla. Es confiar que Dios cumplirá Sus promesas, a pesar de la cantidad de problemas que el diablo quiera poner en nuestro camino, a fin de que podamos declarar lo mismo que declararon Sadrac, Mesac, y Abednego: “El Dios a quien servimos… nos rescatará”
    (Daniel 3:17, AMP).

    De acuerdo con la Biblia, la fe es:

    “…tener fe es estar seguro de lo que se espera; es estar convencido de lo que no se ve” (Hebreos 11:1).

    “…ésta es la victoria que ha vencido al mundo: nuestra fe” (1 Juan 5:4).

    Una fuerza tan poderosa que puede mover las montañas de nuestra vida. (Marcos 11:23).

    Es de gran valor: “…es mucho más preciosa que el oro” (1 Pedro 1:7).

    Sin embargo, la fe no viene sólo porque deseemos tenerla. No se trata de sólo tomar la decisión de que vivirás por fe, y luego no hacer nada al respecto. Tienes que respaldar esa decisión con acciones. Debes abrir tu Biblia y descubrir lo que Dios quiere decirte, porque: “…la fe proviene del oír, y el oír proviene de la palabra de Dios” (Romanos 10:17).

    Cualquier persona que invierta el tiempo suficiente en la Palabra, puede ser una persona de fe. Por ejemplo: Yo puedo darle una Biblia a un mendigo en la calle; si él lee, medita y pone en práctica lo que ésta enseña, él podría prosperar. Y para el año siguiente, su prueba de pobreza podría llegar a su fin. Él y sus circunstancias podrían ser transformados al punto de no parecer la misma persona.

    Sin embargo, esa transformación no le ocurrirá a alguien que lee de vez en cuando un versículo bíblico. Tampoco sucederá con las personas que toman la Biblia a la ligera y adoptan la actitud de obedecer sólo cuando quieren. Esa transformación sólo ocurre con las personas que en realidad están comprometidas a conocer, y obedecer a Dios.

    “Porque así dice el Señor… ¡Búscame (investiga e infórmate sobre Mí con el mismo ímpetu con que buscas tu comida) y vivirás!” (Amós 5:4, AMP).

    La clave principal para vencer cualquier problema y el secreto para obtener una fe vencedora es: darle a Dios y a Su Palabra, la misma importancia que le das a la comida que ingieres.

    Es muy probable que no pases mucho tiempo sin ingerir comida natural, pues eres muy diligente al respecto. Kenneth y yo hacemos lo mismo. Todas las tardes a las 5:30 p.m., estamos sentados en la mesa para cenar; y si yo no estoy ahí, Kenneth quiere saber “¿En dónde estás? ¡Es hora de comer!”.

    De esa misma forma, deberíamos actuar todos nosotros como creyentes con respecto a la Palabra de Dios. La misma importancia que le damos a nuestro tiempo de comida, deberíamos darle a nuestro tiempo en la Palabra. Después de todo, ¡la Palabra de Dios es nuestro alimento espiritual! Ésta nutre nuestro espíritu, de la misma forma que la comida natural alimenta nuestro cuerpo.

    Si no te alimentas con comida en el ámbito natural, no llegarás muy lejos; y tampoco lo harás si no le dedicas tiempo a la Palabra. ¡Necesitas alimentarte de ella todos los días!

    En realidad, cuando estás atravesando por una prueba de fuego, es cuando más necesitas alimentarte de la Palabra, con frecuencia, todo el día. Y en lugar de perder el tiempo viendo programas seculares de televisión o haciendo cosas sin sentido, deberías enfocarte en la Palabra y permanecer en ella. Si haces eso, vivirás en victoria; porque cuando buscas la Palabra, de la misma forma que buscas la comida natural, Dios te promete que “¡vivirás!”.

    No tomes el camino fácil

    Puedes decir “Pero le he dedicado tiempo a la Palabra y nada ha cambiado”.

    Entonces continúa haciéndolo. ¡No te des por vencido ahora! Ya que si lo haces, perderás toda esperanza. Así que continúa dándole a Dios algo con lo que pueda trabajar. Permanece en fe —y mientras lo hagas, asegúrate de que tus actitudes representen lo que estás creyendo.

    Eso fue lo que hicieron Sadrac, Mesac, y Abednego. Ellos no sólo le creyeron a la Palabra de Dios en sus corazones, sino que además honraron a Dios con sus acciones. Obedecieron las instrucciones del Señor, y se convirtieron en un ejemplo vivo de Isaías 33:14-15: “¿Quién de nosotros podrá morar en ese fuego consumidor? ¿Quién entre nosotros podrá morar en esas llamas eternas? El que vive en justicia y habla lo correcto…” (AMP).

    Si quieres pasar en medio del fuego sin ser consumido, entonces haz lo mismo. No sólo lo creas en tu interior, sino también manifiesta acciones en el exterior. Debes ser obediente a los mandamientos del Señor.

    “Pero, ¡Pensé que dijiste que la fe es lo que importa!”.

    Así es, pero la obediencia y la fe son inseparables.

    Piensa en esto. Si creemos lo que Dios ha dicho, entonces haremos lo que Él nos diga. Vamos a vivir y a hablar de manera correcta, aun cuando tengamos que enfrentar situaciones como la enfermedad, la pobreza o la persecución.

    No me mal intérpretes; no estoy sugiriendo que como personas de fe nunca tropezaremos o nos equivocaremos. Me estoy refiriendo a que si fallamos, debemos arrepentirnos de inmediato. No tratemos de escondernos de Dios, ni de justificar nuestra desobediencia. Debemos confesar: Señor, estaba equivocado. Perdóname por favor. Te pido que me limpies con la sangre de Jesús y recibo su poder limpiador. Te pido que me ayudes, y que me des de Tu gracia para que nunca más lo repita.

    Luego debemos volver al camino  que recorríamos; y tenemos que caminar y hablar alineados con la Palabra de Dios. Cuando las pruebas vengan, tenemos que tener la confianza necesaria para permanecer firmes contra el diablo, quien está detrás de esas pruebas. Podremos apuntar nuestro dedo en su cara, y decirle que quite sus manos de nuestra salud, de nuestras finanzas y de nuestras familias ¡en el nombre de Jesús!

    “Pero, Gloria, no creo que el diablo me escuche”.

    Entonces necesitas estudiar lo que el Nuevo Testamento enseña acerca de este tema. Pues en éste se nos dice claramente que como creyentes, tenemos autoridad sobre el diablo, y que cuando lo resistamos, él huirá de nosotros (Santiago 4:7). Además, se nos dice que somos responsables de mantener al diablo alejado de nuestra vida y de no darle lugar (Efesios 4:27).

    Por supuesto, aún los cristianos que conocen muy bien estas cosas, a veces son perezosos y fracasan al no poner en práctica la Palabra. Recuerdo que hace algunos años Kenneth y yo nos dirigíamos a predicar. Terminamos de ministrar en Detroit, y llegamos a Milwaukee. Cuando llegamos al hotel el sábado por la noche, me sentía un poco cansada. Así que me puse mi pijama y me acosté sobre la cama. Y dije: “Tomaré el camino más fácil”.

    Y al decir esas palabras, me di cuenta que muchos cristianos cometen ese error cuando se trata de pelear contra el diablo. Toman el camino más fácil. Cuando la enfermedad trata de atacar sus vidas o se enfrentan a cualquier tipo de prueba, se ponen sus pijamas espirituales, se acuestan sobre la cama y permiten que el diablo haga lo que quiera. Luego, se esconden dentro de las cobijas, y esperan a que Dios haga algo para ayudarlos.

    ¡Ésa es la receta del fracaso!

    El diablo es el ladrón, pues se acerca a nuestra vida para: “…hurtar, matar, y destruir…”. Sin embargo, Jesús vino para que: “…tengan vida, y para que la tengan [nosotros] en abundancia” (Juan 10:10). Por tanto, si queremos disfrutar la vida en abundancia que Jesús ya nos ha provisto, debemos recibirla por medio de la fe, manteniéndonos firmes y resistiendo al diablo.

    Debemos declarar: “No, no, ladrón, no tocarás a mi familia. No robarás nada de mi cuenta de ahorros. No destruirás mi salud. No te aceptaré en ninguna parte de mi vida. ¡En el nombre de Jesús te echo fuera! ¡Ahora, VÉTE!”

    ¿Sabes qué voz escucha el diablo cuando oye esas declaraciones? Escucha la voz de Jesús, pues Él lo derrotó en lo más profundo del infierno. Jesús es quien: “Desarmó además a los poderes y las potestades, y los exhibió públicamente al triunfar sobre ellos…” (Colosenses 2:15). Jesús fue quien despojó al diablo de todo el poder que tenía, dejándolo absolutamente sin nada; y además de eso, ¡nos dio Su nombre para que lo usemos!

    ¡La única arma que el diablo posee son las mentiras! Él no tiene ningún poder sobre nosotros, a menos que se lo demos. Por consiguiente, no le des nada que él pueda utilizar. No le des tus palabras, ni tus acciones y menos una pizca de tu fe.

    En lugar de eso, dale todo a Jesús. Dale a Dios todas las oportunidades para que obre en tu vida. No al diablo.

    Ahora bien, te advertiré algo, a pesar de que el diablo es el más grande perdedor, tiene algo a su favor; es persistente cuando se trata de maldecir. Él no es victorioso, pero sí es tenaz. Por tanto, debes ser agresivo con él.

    Kenneth solía ilustrar esto describiendo cómo reaccionaría su madre si un cerdo sucio entrara a su sala. Siempre fue muy fácil para mí imaginar esa escena, pues la madre de Kenneth era una mujer muy fuerte y valiente, y tenía sus muebles de la sala de color blanco. Si un cerdo sucio hubiera tratado de acercarse a esos muebles, ¡ella lo hubiera sacado de la casa de inmediato!

    Ella no le hubiera hablado al cerdo con delicadeza. Tampoco le habría pedido de manera gentil que saliera de su sala. Con todas sus fuerzas, hubiera impedido que el cerdo entrara a su casa. Y no sólo le hubiera gritado, sino que hubiera tomado la escoba y lo habría sacado a escobazos.

    Así debemos actuar nosotros. Después de todo, espiritualmente hablando, también tenemos una sala blanca. Fuimos lavados con la sangre de Jesús, y quedamos blancos como la nieve. Nuestra vida ha sido formada por Dios, y Su deseo es que vivamos en abundancia.

    ¡Así que, hagámoslo! Vivamos por fe, tomemos autoridad sobre el diablo y triunfemos sobre cualquier problema. Atravesemos cualquier prueba de fuego como lo hicieron: Sadrac, Mesac y Abednego—sin ninguna quemadura, ¡y oliendo como una rosa!—

    Texto extraído de: Revista LVVC – Edición mayo 2014, página 4

  • Suficiente para toda buena obra (por Gloria Copeland)

    Cuando Kenneth y yo estábamos aprendiendo a caminar por fe, para alcanzar prosperidad hace más de 45 años, no sabíamos mucho sobre la Palabra de Dios. Nosotros, recibimos nuestra revelación paso a paso. Cada vez que aprendíamos algo nuevo, lo poníamos en práctica.

    En realidad, ahora es mucho más fácil para nosotros caminar en prosperidad que en esa época. Hoy, tenemos que creer por millones de dólares, sólo para pagar las cuentas de nuestras transmisiones de televisión. Pero esto ni de cerca es tan desafiante como lo era en aquel entonces: creer que Dios pondría alimentos sobre nuestra mesa. En esos días, frecuentemente tenía que orar en el espíritu sólo para pagar en el supermercado. Y esos fueron los momentos más difíciles, porque estábamos aprendiendo.

    Tú tienes que crecer en estas cosas. Si sólo hasta ahora estás escuchando que Dios quiere que prosperes, probablemente no estarás capacitado para obtener un millón de dólares la próxima semana.

    ¿Por qué? Porque tu fe todavía no se encuentra a ese nivel. Lo que necesitas hacer, es comenzar en donde estás ahora mismo. Empieza creyéndole a Dios por el pago de la renta. Empieza creyéndole a Dios por dinero para comprar alimentos. Comienza a creer, y luego ve aumentando.
    Eso fue lo que nosotros hicimos. Nosotros sólo continuamos creciendo; nos manteníamos escuchando a Dios y caminando en el nivel de fe que teníamos, y ésta fue creciendo. También nos manteníamos diezmando y ofrendando.

    Lo importante es comenzar ahora; no esperes hasta el próximo mes. Si quieres un cambio, entonces haz un cambio. Comienza creyéndole a Dios por las cosas que necesitas hoy, y empieza a agradecerle por ellas. Dile al diablo que ya no estás bajo la maldición. Aférrate a la Palabra y no la dejes ir.

    Si tú lo haces y permaneces en la Palabra, y continúas haciendo lo que Dios te dice, eventualmente tendrás una prosperidad sobreabundante. Entonces, no sólamente pagarás tus cuentas, sino también poseerás la capacidad de dar en toda buena obra.

    Declara la Palabra

    “Y Dios es poderoso como para que abunde en ustedes toda gracia, para que siempre y en toda circunstancia tengan todo lo necesario, y abunde en ustedes toda buena obra” (2 Corintios 9:8)

    Texto extraído de: Revista LVVC – Edición abril 2014, página 9

  • Las últimas palabras de Jesús (por Rick Renner)

    4-14_rennerLa noche que Jesús fue traicionado, se puso de rodillas y les lavó los pies a Sus discípulos. Luego, les sirvió la primera Cena y así confirmó Su pacto con ellos. Después, comenzó a hablarles las últimas palabras que les diría estando en Su cuerpo humano, antes de recibir un cuerpo glorificado. Mientras miraba a los ojos de sus discípulos, Él sabía que esta era la última vez que hablaría en esta forma. También sabía que estas últimas palabras estarían entre las más importantes que Él les habría declarado.

    Entonces, ¿qué les dijo Jesús a Sus discípulos en ese último e íntimo momento?

    Piensa por un momento qué palabras usarías si fuera la última vez que les hablarías a tus familiares y amigos cara a cara. Seriamente dudo que harías bromas o tendrías una conversación casual con ellos.

    Momentos como esos son benditos y sagrados. Este, sería un tiempo en el que  medirías cuidadosamente tus palabras, y hablarías las cosas que crees son las más importantes para que ellos recuerden después de que te hayas ido.

    Si tuvieras la oportunidad de expresarles tus últimas palabras a las personas que amas, ¿acaso no escogerías con cuidado lo que dirías en ese momento final?

    ¿Acaso, no sería este un  momento para expresarles las cosas más importantes y preciadas en tu corazón —palabras que expresen los sentimientos más profundos de tu alma hacia los que amas—?

    Si eres como la mayoría de seres humanos, tu deseo más grande sería que tus últimas palabras fueran las más amables, provechosas, y sinceras que puedas dejarles a esas personas que significan tanto para ti.

    En la vida de todas las personas, existen momentos claves en donde se enfrentan a la necesidad de expresar las últimas palabras.

    Antes de morir, una persona  generalmente ora por una oportunidad de expresar las últimas palabras de despedida a lo que ama.

    Una persona que está a punto de cambiar de empleo, es probable que necesite expresarles sus últimas palabras a los socios y amigos con los que ha trabajado durante largo tiempo.

    A los Padres también les llega el momento de expresar cuidadosamente las últimas palabras a un hijo o hija justo en el momento antes de que frente a un ministro comprometan su vida a  alguien más en matrimonio.

    Existen diferentes razones por las que quizá tengas que expresar tus últimas palabras en varias ocasiones de la vida. ¿Puedes pensar en un momento específico en donde hayas tenido que escoger tus últimas palabras para decírselas a las personas que más amas?

    Yo recuerdo ese momento de mi vida. Después de servir en una iglesia por muchos años, en una congregación donde literalmente habíamos derramado nuestro corazón y alma, Denise y yo sentimos que era hora de seguir el llamado de Dios en otro lugar. Los días pasaron,  y veía que nos acercábamos a nuestro último servicio de la iglesia con la congregación. Cada vez me volvía más y más consciente de que cuando me parara frente a las personas como su pastor, estaría predicándoles el mensaje más importante que alguna vez hubiera predicado a esa iglesia.

    Durante los años que servimos en esa iglesia, la congregación escuchó varios de mis sermones. Sin embargo, en ese último servicio les estaría expresando mis últimas palabras como su Pastor. Por tanto, debía escoger con sumo cuidado las palabras y expresarlas con sensibilidad. Era esencial que les dejara de mi parte el mensaje que era más importante para ellos, la última vez que me parara frente a ellos como su Pastor.

    Después de que Jesús les lavó los pies a Sus discípulos y les sirvió la primera Cena, permaneció con ellos y les enseño durante un largo tiempo. No sabemos cuánto tiempo tardó la enseñanza de Jesús esa noche, pero, tres capítulos completos (Juan 14, 15, y 16) están dedicados a sus últimas palabras a Sus discípulos. Estos capítulos contienen el archivo inspirado por el Espíritu Santo acerca de lo que Jesús les dijo a Sus discípulos, sólo unas horas antes de que fuera a la Cruz y a la tumba. Ésta sería la última vez que Él les hablaría como el Líder que habían conocido en forma humana.

    Jesús estaba a punto de partir físicamente de este mundo, y sabía que era absolutamente esencial que los discípulos aprendieran a depender por completo del Espíritu de Dios para guiarlos y dirigirlos después de Su partida. Entonces, Jesús utilizó Sus últimos momentos para enseñarles a los discípulos cómo seguir la dirección del Espíritu Santo, de la misma manera que lo habían seguido a Él.

    Quizá a los discípulos les pareció extraño mientras escuchaban a Jesús hablarles acerca del Espíritu Santo. Pues estaban acostumbrados a que Jesús los guiara de manera física y visible; pero ahora, estaban aprendiendo que el Espíritu de Dios se convertiría en su Líder. El Espíritu Santo sería un Líder que ellos no podrían ver, tocar, ni escuchar audiblemente. No obstante, debían seguirlo de la misma forma que seguían a Jesús. Ellos probablemente estaban pensando: “¿Cómo será el liderazgo del Espíritu Santo en nuestra vida? ¿Actuará y pensará diferente a Jesús? ¿Cómo será seguir al Espíritu de Dios?

    Sabiendo que estas interrogantes surgirían de antemano, Jesús utilizó esos momentos finales con Sus discípulos para disipar todo el temor e inseguridad que pudieran sentir acerca de cómo seguir el liderazgo del Espíritu Santo. Por esa razón Jesús fue tan cuidadoso en usar palabras claves cuando les habló acerca de la venida del Espíritu Santo. Por ejemplo, en Juan 14:16, Jesús dijo: “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador…”.

    Quiero que le prestes atención a una palabra muy importante en este versículo  —la palabra “otro”—. En el idioma griego, hay dos palabras que pueden traducirse como la palabra “otro”. La primera es la palabra griega allos, y la segunda es la palabra griega heteros. La palabra allos significa: “uno de la misma clase, del mismo carácter; del mismo tipo en todo el sentido de la palabra” o “casi una copia”. La segunda palabra, heteros, significa: “Alguien de otra clase” o “alguien de diferente tipo”. Esta palabra Heteros conforma la primera parte de la palabra heterosexual, la cual significa, por supuesto, alguien que tiene relaciones sexuales con una persona del sexo opuesto.

    La palabra griega que se usa en Juan 14:16, es la primera palabra, allos. La palabra Allos enfáticamente  significa que el Espíritu Santo será tal cual como Jesús en todas las áreas. Esto conduce  a un mensaje muy fuerte e importante acerca del Espíritu Santo. Jesús quería que los discípulos supieran que el Espíritu Santo era igual a Él. Seguir al Espíritu Santo no sería nada diferente a seguirlo a Él, con la excepción de que el liderazgo del Espíritu sería invisible, en lugar de físico y visible, como el liderazgo de Jesús.

    La cita de Juan 14:16, podría traducirse de la siguiente manera: “Oraré al Padre y Él les enviará a Alguien como Yo en todas las áreas. Él será idéntico a Mí en la forma que habla, en la forma en que piensa, en la forma en que actúa, la forma en la que ve las cosas, y la forma en la que las hace. Él será exactamente como Yo en todas las áreas. Si el Espíritu Santo está aquí, es como si Yo estuviera aquí porque pensamos, nos comportamos, y actuamos exactamente de la misma forma”.

    Antes en Juan 14:8, Felipe le dijo al Señor: “…muéstranos el Padre. Con eso nos basta”. La respuesta de Jesús fue: “…Hace ya tanto tiempo que estoy con ustedes, ¿y tu, Felipe, no me has conocido? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿Cómo entonces dices: ‘Muéstranos al Padre’?” (Juan 14:9).

    Jesús era la imagen exacta del Padre cuando caminó en esta Tierra. En la versión amplificada de Hebreos 1:3, leemos: “Él es la única expresión de la gloria de Dios [el Ser de Luz, el Resplandor radiante de lo divino], Él es la perfecta huella y la imagen misma de la naturaleza de [Dios]…”. Esto significa que Jesús reflejaba el carácter de Su Padre celestial en todas las áreas. Por esa razón, Él le respondió a Felipe: “…El que me ha visto a mí, ha visto al Padre…”.

    Aunque el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo son diferentes Miembros de la Divinidad, sólo existe un Dios, y cada integrante de la divinidad comparte la misma sustancia y esencia. Si ves a Jesús, ves al Padre. Mirando a Jesús podrás descubrir la voluntad del Padre. Jesús hizo y dijo exactamente lo que el Padre hacía y decía. Su vida, actitudes, y acciones fueron la absoluta manifestación de la voluntad del Padre, pues los dos estaban unidos en naturaleza, en carácter, en pensamientos, y en obras.

    Mientras Jesús les enseña a los discípulos acerca del Espíritu Santo, Él lleva esta verdad un poco más allá. Así como Jesús es la imagen exacta del Padre en cada área, ahora Jesús les dijo sin lugar a confusión a Sus discípulos que cuando el Espíritu Santo viniera lo representaría en cada palabra. Por eso, la palabra allos se utiliza para marcar este punto. Y no deja ningún lugar a la duda de que el Espíritu Santo será exactamente igual a Jesús.

    La palabra allos, nos dice  que el Espíritu Santo representa perfectamente la vida y la naturaleza de Jesucristo. Jesús hizo únicamente sólo lo que el Padre celestial haría, y ahora el Espíritu Santo hará sólo lo que Jesús haría. Como Representante de Jesús en la Tierra, el Espíritu Santo nunca actúa por Su propia cuenta o fuera del carácter de la vida Jesucristo.

    Como puedes ver, el Espíritu de Dios fue enviado para traernos la vida de Jesús. Asi, como Jesús se lo dijo a Felipe: “…El que me ha visto a mí, ha visto al Padre…”, y ahora nos dice a nosotros: “Si tienes al Espíritu Santo en tu vida, es como si me tuvieras a Mí”.

    Muy a menudo, escucho a cristianos expresar: “¿Me pregunto cómo hubiera sido caminar con Jesús? ¿No hubiera sido maravilloso caminar con Él, escuchar Su voz, y hablarle?”. Pero, los creyentes que hacen este tipo de interrogantes, no han entendido el ministerio del Espíritu Santo. Pues si ya lo hubieran entendido, sabrían que tener al Espíritu Santo en su vida, es como tener a Jesús justo al lado de ellos.

    Tu y yo debemos dejar de mirar al pasado y afligirnos acerca de lo que perdimos por no haber vivido hace 2000 años. En lugar de eso, necesitamos aprender a dejar que el Espíritu Santo nos lidere y nos guíe; de la misma forma que lo hizo con la Iglesia Primitiva. La ausencia física de Jesús no detuvo a los primeros creyentes para que realizaran milagros, resucitaran muertos, echaran fuera demonios, sanaran enfermos, o trajeran multitudes al conocimiento salvador de Jesucristo. Porque el Espíritu Santo estaba con ellos, El ministerio de Jesús continuó sin interrumpirse.

    Nunca olvides que como hijo de Dios, tienes al Espíritu Santo trabajando en ti y a tu lado durante todo el día. Y porque el Espíritu Santo es la representación exacta de tu Señor y Salvador, es como tener a Jesús ahí mismo, a tu lado.

    Las últimas palabras de Jesús a Sus discípulos giran alrededor del ministerio del Espíritu Santo en la vida de los creyentes. ¡Así de serio era este mensaje para Jesús! Si Jesús consideraba este tema ser tan importante, ¿por qué no le abres tu corazón a la obra del Espíritu hoy? Permite que el Espíritu Santo represente a Jesús en tu vida, en tu iglesia, en tu familia, en tu negocio, y en tu ciudad; así como lo hizo con los creyentes que vivieron durante la época del libro de los Hechos.

    Rick Renner es un respetado maestro de la Biblia, y líder de la comunidad internacional cristiana. Es autor de más de 30 libros, y entre los más vendidos se encuentran Dressed to Kill (Vestido para Matar) y Sparking Gems From the Greek (Gemas preciosas del Griego). En 1991, Rick y su esposa, Denise, se mudaron a la antigua Unión Soviética con sus tres hijos; establecieron iglesias y un seminario bíblico, una asociación pastoral y el primer programa de televisión en este lugar.

    Texto extraído de: Revista LVVC – Edición abril 2014, página 24

  • Libera a tus ángeles (por Gloria Copeland)

    4-14_gloria-classicNo creo que sea una exageración decir que hoy en día, cada uno de nosotros está enfrentando algún tipo de problema. Alguna clase de dificultad de la que no podemos librarnos sin la ayuda de Dios. Para alguna persona, ese problema podría ser una enfermedad que la ciencia médica no puede curar. Para otra, podría ser un problema financiero o una crisis familiar.  ::  Pero, sin importar qué tipo de pared haya levantado el diablo para impedirte que avances, puedes estar seguro de algo: Dios ha prometido librarte. Sí, así es, pues en la Palabra se nos dice: “Muchas son las aflicciones del justo, pero de todas ellas le librará Jehová” (Salmos 34:19). ¡Amo cuando en la Biblia encuentro la palabra todo!

    ¿Cómo lleva a cabo Dios esa liberación? Una de las formas en que lo hace es a través de los ángeles. Quizá no le hayas dado mucha importancia a los ángeles. ¡Pero deberías! En los días peligrosos en que vivimos, su labor es vital para tu seguridad. Por esa razón necesitas comprender la manera en que actúan.

    En Salmos 91:9-11, leemos: “Por haber hecho al Señor tu refugio, y al Altísimo tu lugar de habitación, no te acontecerá ningún mal, ni ninguna plaga o calamidad se acercará a tu morada. Porque Él les asignará a Sus ángeles como encargo [especial] tu vida, para acompañarte, defenderte y preservarte en todos tus caminos [de obediencia y servicio]” (AMP).

    Dios les encarga a Sus ángeles tu vida. Les pedirá que te protejan… te guarden… y te ministren.

    En Hebreos 1:14, leemos: “No son todos los ángeles espíritus (siervos) ministradores enviados al servicio de [Dios para asistir a] los herederos de la salvación” (AMP). Si eres heredero de la salvación, los ángeles han sido enviados para servirte. Y su ministerio literalmente puede salvarte la vida.

    Esa verdad salvó la vida de Sadrac, Mesac y Abednego. La Biblia nos relata que fueron capturados y llevados delante del rey porque se negaron a postrarse delante de su ídolo de oro —y fueron sentenciados a morir en un horno de fuego—.

    Cuando el rey les advirtió las consecuencias mortales de sus acciones, los tres respondieron: “No es necesario que te respondamos sobre este asunto. He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado” (Daniel 3:16-18).

    En cada ejemplo bíblico donde los ángeles, de manera sobrenatural, han librado a la gente de Dios, he notado algo en particular: todas eran personas fieles. Sadrac, Mesac y Abednego dijeron: “Aunque nos cueste la vida, no nos inclinaremos”. El rey estaba tan enfurecido que ordenó que calentarán el horno siete veces más de lo normal. El fuego era tan intenso que mató a los soldados que lanzaron a los jóvenes dentro del horno.

    Sin embargo, la Biblia dice: “Y a Dios, el Señor, corresponde librarnos de la muerte [hacernos libres]” (Salmos 68:20, AMP). Dios libró de la muerte a estos tres siervos fieles.

    Cuando Nabucodonosor miró dentro del horno, se atemorizó y les preguntó a sus consejeros:

    “¿No lanzamos a tres hombres atados dentro del fuego? Yo veo a cuatro varones desatados, caminando en medio de las llamas, ¡y no están sufriendo daño! ¡Y la forma del cuarto varón es coma la de un hijo de dioses! Entonces Nabucodonosor se acercó a la puerta del horno de fuego ardiendo, y exclamó: Sadrac, Mesac y Abednego, ustedes son siervos del Altísimo [de pronto, el rey comenzó a hablar con respeto] salgan y vengan aquí. [Ellos] salieron de en medio de las llamas. Y los sátrapas, los asistentes, los gobernadores y los consejeros del rey, se reunieron y vieron a los tres varones —El fuego no tuvo poder sobre su cuerpo, ninguno de los cabellos de su cabeza se quemó; ni sus vestidos tienen quemaduras o cambió su color o su condición, ni siquiera se le adhirió el olor del humo—” (Daniel 3:24-27, AMP).

    Te estoy diciendo, que estos tres jóvenes no sólo fueron librados vivos del horno, sino que salieron sin un solo cabello de su cabeza quemado. Ni siquiera olían a humo.

    Cuando Nabucodonosor vio lo que había sucedido, dijo: “Bendito sea el Dios de Sadrac, Mesac y Abednego, quien envió a Su ángel, y libró a Sus siervos que confiaron en Él” (versículo 28). Hasta el rey Nabucodonosor se dio cuenta de que, debido a que ellos confiaron en Dios, Él envió a un ángel para protegerlos.

    Daniel en el foso de los leones

    El ejemplo de Sadrac, Mesac y Abednego no es algo único. Dios hizo lo mismo con Daniel.  Probablemente recuerdas esa historia. El rey había sido engañado por hombres impíos para sentenciar a muerte a Daniel. Su único crimen fue orar, y la noche que fue lanzado al foso de los leones, el rey se entristeció.

    Después de eso, el rey se fue a su palacio y se acostó sin comer nada. Tampoco permitió que tocaran para él instrumentos de música, y hasta el sueño se le fue.

    Muy de mañana, el rey se levantó y lo primero que hizo fue dirigirse al foso de los leones. Cuando estuvo cerca del foso, con voz triste pero fuerte llamó a Daniel y le dijo: “Daniel, siervo del Dios viviente, a quien tú sirves sin cesar, dime: ¿pudo tu Dios librarte de los leones?” Daniel le respondió: “¡Que viva Su Majestad para siempre! Mi Dios envió a su ángel para que cerrara las fauces de los leones y no me hicieran daño…” (Daniel 6:18-22).

    En algunas Biblias se incluye una imagen para ilustrar esa historia. En ésta, se muestra a Daniel dormido y a los leones, dormidos a sus pies. ¡Eso me gusta! Esa imagen me recuerda que Daniel durmió mejor en el foso de los leones que el rey en su palacio. Daniel tenía paz porque un ángel de Dios lo protegió.

    El profeta Eliseo experimentó la misma clase de protección. En 2 Reyes 6, se nos relata la ocasión en la que él y su criado fueron rodeados por el ejército sirio. Su criado entró en pánico, y exclamó: “¡Señor mío! ¿Qué haremos?” (Versículo 15).

    Eliseo miró a los caballos y los carros de ese enorme y hostil ejército, y declaró: “No tengas miedo, porque más son los que están con nosotros que los que están con ellos” (versículo 16). Él no oró: “¡Señor, ayúdanos! ¡Protégenos! ¡Guárdanos!”. Él estaba confiado plenamente en que Dios los libraría y los protegería. Por esa razón, sólamente oró: “Te ruego, oh Jehová, que abras sus ojos para que vea. Entonces Jehová abrió los ojos del criado, y miró; y he aquí que el monte estaba lleno de gente de a caballo, y de carros de fuego alrededor de Eliseo” (versículo 17).

    Eliseo vio en el ámbito espiritual, no sólo al ejército enemigo; sino los caballos, los carros de fuego y los ángeles que estaban a su alrededor. Había más ángeles que soldados de ese ejército. Y los ángeles estaban listos para darle a Eliseo la victoria que necesitaba.

    Pedro fue liberado de la prisión

    También podemos ver a los ángeles obrando en el Nuevo Testamento. Un ejemplo lo encontramos en Hechos 12, cuando Pedro estaba encarcelado. Santiago había sido asesinado, y Herodes planeaba matar a Pedro el día siguiente: “De pronto una luz iluminó la cárcel y apareció un ángel del Señor, el cual tocó a Pedro en el costado para despertarlo, y le dijo: «¡De prisa, levántate!» Y al instante las cadenas se le cayeron de las manos.” (versículo 7).

    Recuerda que Pedro era un hombre de fe. Si fueran a cortarte la cabeza al amanecer, dudo que podrías dormir de manera tan profunda que un ángel tendría que tocarte para despertarte.

    El ángel le dijo a Pedro que tomara sus zapatos, y que lo siguiera: “Pasaron la primera y la segunda guardia, y al llegar a la puerta de hierro que daba a la ciudad, ¡ésta se abrió por sí misma!” (versículo 10).

    Cuando tus ángeles están actuando, los obstáculos naturales se convierten en nada. Prueba de ello es que las cadenas cayeron de Pedro. Y cuando llegaron hasta la puerta de salida, ésta se abrió por sí sola. Después de que el ángel se fue, Pedro se apresuró para llegar a una reunión de oración, y los creyentes que se encontraban allí se sorprendieron tanto al verlo, que se olvidaron de abrir la puerta para dejarlo entrar. Para Pedro resultó más sencillo ¡salir de la prisión que entrar a la reunión de oración!

    Algo más para pensar acerca de los ángeles es que tienen fuerza sobrenatural y sobrehumana. La Palabra nos dice: “…vosotros sus ángeles, Poderosos en fortaleza, que ejecutáis su palabra, Obedeciendo a la voz de su precepto” (Salmos 103:20, RV60).

    Esa última frase te da una clave para saber qué causa que los ángeles obren a tu favor. Ellos escuchan la voz de la Palabra de Dios. Y También escuchan la voz de Su Palabra que concierne a tu batalla cuando ésta sale de tu boca. Cuando declaras la Palabra de Dios de liberación, los ángeles que están a cargo de tu vida, actuarán para que esa Palabra se cumpla.

    La Biblia nos da instrucciones claras acerca de cómo trabajar con los ángeles: “…No le seas rebelde, porque él no les perdonará su rebelión, porque va en mi nombre. Pero si en verdad escuchas su voz y haces todo lo que yo te diga, seré enemigo de tus enemigos y afligiré a los que te aflijan. Sí, mi ángel te precederá…” (Éxodo 23:21-23).

    No seas rebelde. ¿Cómo puedes ser rebelde con tus ángeles? Confesando cosas contrarias a la Palabra de Dios. Hablando cosas cómo: “Ellos van a matarme… tengo miedo… estoy enfermo…”.

    Cuando confiesas tu derrota y no tu victoria, los ángeles que están a cargo de ti no tienen el derecho de decir: “Pobre insensato, de todas maneras lo bendeciré. Lo protegeré aunque no confíe en Dios”. No, no pueden hacer eso, porque sus manos están atadas por tus palabras de incredulidad. Ellos están limitados. A ellos se les ha encargado escuchar la Palabra de Dios — Palabras de fe. (Salmos 103:20).

    Tus palabras pondrán a tus ángeles a obrar a tu favor o los obligarán a permanecer sentados mientras el diablo te atormenta.

    Si no has obtenido lo que deseas en tus finanzas, en tu salud o en cualquier otra área, el primer lugar que debes revisar es tu propia boca. No culpes a tu cónyuge, ni a tu pastor. Examina tus palabras. No hay escasez de poder angelical. Hay muchos de ellos —billones—. Si existe escasez en tu vida, es la escasez del poder de la Palabra.

    Elimina esa escasez al llenar tu corazón y tu boca con las promesas de Dios acerca de tu victoria. Dale de manera continua a los ángeles la Palabra que necesitan escuchar para protegerte. Cuando seas tentado a hablar acerca de lo mal que está tu situación, deténte. Recuerda lo grandioso de tu salvación. Acuérdate de los ángeles. Recuerda lo que dice en la Palabra de Dios acerca de tu situación. Y abre tu boca.

    Texto extraído de: Revista LVVC – Edición abril 2014, página 20

  • Todo va a estar bien (por Melanie Hemry)

    4-14_profileLas luces de Las Vegas destellaban a la distancia, mientras el sonido de las hélices de un helicóptero hacían que el corazón de Jon Ponder latiera a toda velocidad. Jon entrecerró sus ojos a causa del brillo del reflector que lo enfocaba. Las luces intermitentes y las sirenas de la policía resonaban. Los perros policías ladraban, mientras tiraban de sus correas.

    Sal de automóvil!”. Esa voz estruendosa sonaba como la voz de Dios para Jon en su agitado cerebro. Con sus ojos enceguecidos y su cabeza palpitando salió de su automóvil.

    “¡Arriba las manos!”.

    Jon levantó sus manos.

    “¡Ahora, ponte de rodillas!”.

    Jon se arrodilló en el suelo.

    “¡Ahora, al suelo!”.

    Jon puso su rostro en tierra, con sus articulaciones extendidas, mientras alguien colocaba sus manos en su espalda y lo esposaba.

    “Tienes derecho a guardar silencio…”.

    Fue bueno que esposaran a Jon. Porque para el momento en el que lo pusieron en la cárcel, la furia que había acumulado desde su niñez ardía como un incendio forestal.

    Peleando y pateando, atacaba a cualquiera que quisiera acercársele. A pesar de estar bajo los efectos de la droga y el alcohol, sabía que la policía lo había capturado por todos los robos realizados en los bancos.

    A sus 38 años, se enfrentaba a una condena de 23 años en una prisión federal.

    Jon Ponder no tenía nada que perder. Ya estaba predispuesto a la violencia, y estaba fuera de control, cuando la puerta del lugar en el que se encontraba se abrió y un hombre que nunca había visto entró. El hombre era caucásico, de aproximadamente 50 años de edad, canoso y con ojos azules como el mar profundo.

    Jon miró el nombre en su placa. Se trataba del agente especial Richard Beasley. Él era el agente del FBI que lo rastreó y capturó. Cuando él entró a la sala, algo impactó a Jon. Era una sensación que no experimentaba con frecuencia.

    Paz.

    Nadie dijo una sola palabra, y sin embargo, Jon sintió como si esa estruendosa voz le hablara a cada célula de su tembloroso cuerpo.

    “Todo va a estar bien”.

    “Hasta ese punto en mi vida no había ninguna señal de que todo iba a estar bien otra vez”, Jon recuerda. Pues, “Yo fumaba tres cajetillas de cigarrillos al día y era adicto a varias drogas, incluyendo la cocaína y la heroína. Era tan violento que me enviaron a la celda de aislamiento, mientras esperaba el día de mi audiencia. Los síntomas de abstinencia eran horrendos.

    “Un día, el capellán abrió la escotilla por donde me daban la comida en mi celda, y me dijo: “¡Jesús te ama!”. Yo le grité: “¡Aléjate de mí!”. Antes de irse, dejo caer una Biblia a través de la ventanilla. Estaba furioso y no tenía ni la menor intención de leerla, pero, después de dos semanas, estaba tan aburrido que tomé la Biblia y empecé a leer el Nuevo Testamento.

    “Crecí en las calles de la ciudad de Nueva York, uno de seis hermanos cuyo padre abandonó” Jon explica. “Nuestra madre era fuerte, pero no pudo mantenernos alejados de las pandillas y las calles. En verano, visitábamos a mi abuela Madea, en Mississippi. Leer el Nuevo Testamento trajo a mi mente recuerdos de cuando asistíamos con ella a la iglesia y escuchábamos historias acerca del ciego Bartimeo, la mujer del pozo y la mujer del flujo de sangre”.

    “Después de un par de semanas, el capellán volvió a abrir la ventanilla y me dijo: “Jesús te ama”. Esta vez, me dejó otro libro. Era: En Búsqueda de Su Presencia, por Kenneth y Gloria Copeland. Busqué el mensaje correspondiente a la fecha y lo leí. Era como si hubiera sido escrito para mí”.

    “A medida que leía ese devocional y la Biblia, la cosa más extraña sucedió. La ira, que había sido mi constante compañera durante muchos años, desapareció. Solo en la celda de esa prisión, era consciente de que Jesús estaba conmigo. Y por medio de su libro, el hermano Copeland también estaba conmigo”.

    El poder del perdón

    Una mañana, uno de los prisioneros salió en libertad. Al pasar por la celda de Jon, le expresó: “Escúchame, no puedo llevarme esto conmigo. ¿Puedo dártelo a ti, Ponder?”. Y el pasó por la ventanilla un pequeño radio receptor con un solo auricular. Acostado en su litera, Jon intentó buscar una estación de radio, pero sólo pudo encontrar la señal de: KSOS 90.5—una estación cristiana—.

    Jon Ponder no necesitaba a nadie que le dijera lo malo que era. Esas eran noticias viejas. Él había empezado a beber, consumir drogas y a robar a la tierna edad de 12 años.  Detectives habían ido a su escuela secundaria para arrestarlo por robo a mano armada. Tenía hijos que realmente no conocía. Era un adicto y ya tenía una carrera criminal.

    Jon sabía que era un pecador. No era ninguna sorpresa. Lo que si logró impactarlo fueron las historias que el DJ en la radio contó acerca del perdón de Dios. Esas historias lo quebrantaron hasta el punto de caer en el suelo llorando.

    ¿Podría Dios perdonarlo?

    ¿Lo perdonaría Dios?

    Gateó hacia a su litera y se quedó dormido mientras escuchaba la radio. Cuando se despertó a las 2 a.m., Billy Graham estaba predicando acerca del hijo pródigo. Jon escuchó cuando Graham dijo: “Jesús quiere ser el Señor de tu vida”.

    En ese momento, Jon se puso de pie y oró la oración del pecador, aceptando a Jesús como su Salvador. Al estar en su celda de aislamiento, se convirtió en una nueva criatura. Las semillas que Madea había sembrado, más de 40 años atrás, por fin estaban  dando fruto.

    Durante los largos meses de confinamiento, Jon se alimentó constantemente de la Palabra de Dios. Cuando el momento de conocer su sentencia llegó, los guardias lo llevaron encadenado a la Corte. Esperando en una celda con barras de acero inoxidable, Jon cayó al suelo y oró.

    “Dios, yo sé que eres real”, dijo. “He experimentado Tu presencia en mi celda. Quiero que sepas que a partir de este día, voy a invertir cada instante de mi vida para servirte. Y te serviré cada día de la condena que me den. Lo único que te pido es que tu te pongas la toga de ese juez, y que mi condena venga de Ti.

    Al entrar a la corte, Jon sintió de nuevo esa paz; la cual, ahora, reconocía como la presencia de Dios.

    El juez le preguntó a Jon si tenía algo que decir.

    Él se puso de pie y habló desde su corazón. Cuando terminó, agregó: “Voy a invertir cada momento de mi vida para ser una mejor persona”.

    Y el juez respondió: “Sr. Ponder, en mis más de 22 años en este cargo, nunca había escuchado a alguien decir lo que usted está diciendo. Incluso si hace sólo la mitad de lo que ha dicho, saldrá de prisión como un hombre transformado”.

    Luego, viendo fijamente a Jon, el juez dijo: “No sé por qué estoy haciendo esto, pero te sentencio a 6 años de prisión federal”.

    ¡Seis años!

    ¡Lo que podría haber sido una condena máxima de 23 años en una prisión, había sido milagrosamente reducida a 6 años! Jon supo que ésta era una intervención de Dios. De hecho, Dios se había puesto la toga de ese juez haciendo que esa sentencia saliera de sus labios.

    Endereza sus pasos

    “Fui enviado al centro penitenciario Allenwood, una prisión de máxima seguridad en Pennsylvania, Jon explica. “Había vivido por suficiente tiempo en el lado equivocado de la ley como para saber que la realidad de las prisiones de máxima seguridad es mil veces peor de cómo la vemos en la televisión. Estaba en una cárcel con casi 950 musulmanes. Y en prisión, tienes que unirte a un grupo para sobrevivir. Puedes asociarte con los Crips, los Bloods, los Aryan Nation o quien quieras, pero si no te unes a un grupo afrontarás las consecuencias”.

    “No había estado mucho tiempo en prisión, cuando los cabecillas de los grupos me preguntaron a qué grupo me uniría. Para ese momento ya había visto a sujetos ser apuñalados hasta morir por no tomar esa decisión, y sabía que si no me unía a un grupo mi vida estaría en peligro. Sin embargo, yo le había hecho una promesa a Dios y debía cumplirla. ¿Cómo podía ofrecerle mi nombre y mi lealtad a uno de esos grupos?”.

    Parado frente a la mesa de los 20 prisioneros más peligrosos, Jon respondió: “Éste no es el estilo de vida que quiero vivir —Yo soy cristiano—.  No vuelvan a llamarme a esta mesa si no es para hablar de Jesucristo o de cómo mejorar su vida. Yo conozco las reglas del juego. Y si debo morir por lo que creo, entonces, terminemos con esto de una buena vez”.

    Casi seguro que su próximo movimiento sería el último, Jon se dio la vuelta y se fue. Más tarde, en el comedor, el único lugar para sentarse era con aquellos hombres.

    “Voy a morir”, pensó Jon mientras se sentaba en la silla. La sensación de peligro sobrecargaba el ambiente y se tornó tan tenso como una tormenta eléctrica. Jon inclinó su cabeza y oró. Ellos lo dejaron solo.

    La soledad era como una prisión en sí misma, y el llamado para recibir correspondencia era una de las partes más duras. Jon no solamente no recibía visitas, sino que el correo dejó de llegar. Muchas veces se acostó en su litera y lloró. “Señor, eres lo único que tengo”, decía.

    “Así es Jon. Y Soy todo lo que necesitas”.

    Un tiempo después, los cristianos de la prisión se unieron para apoyarlo. Hombres que purgaban condenas de entre 20 y 30 años le enseñaron la Palabra de Dios. Le enseñaron a orar. Y lo discipularon para enseñarle como ser un hombre de Dios. Jon asistía a los servicios de la prisión y participaba en los estudios bíblicos.

    Con el tiempo, él llegó a formar parte del liderazgo de la capilla y comenzó a liderar  estudios bíblicos. Además, dirigía pequeños grupos. Jon no estaba en prisión, sino en una universidad bíblica —aprovechando al máximo cada día—. Después de un par de años, los hombres que le exigieron unirse a un grupo, empezaron a buscarlo.

    “Jon, mi hermano menor tuvo un accidente automovilístico. ¿Orarías por él?”.

    “Ponder, mi mamá tuvo un ataque cardíaco. ¿Orarías por ella?”.

    Jon nunca causó problemas y ganó puntos por buena conducta. En el 2007, tres años después de su arresto, fue transferido a una cárcel de seguridad media en Sheridan, Oregon.

    El mismo se plantó en la iglesia de la prisión y se lanzó en la obra de predicar el evangelio.

    Cuatro meses antes de ser puesto en libertad, Jon le preguntó a Dios: “¿Qué quieres que haga cuando regrese a casa?”.

    “Hijo, tú no estás yendo a casa”, el Señor dijo. “Serás mi enviado y en esto hay una diferencia. ¿Recuerdas el día en que fuiste arrestado? ¿Recuerdas la luz del reflector? Ésa era Mi luz, la misma luz que deslumbró a Saulo cuando se transformó en Pablo.

    ¿Recuerdas cuando se te pidió que salieras del asiento del automóvil? Ése era Yo mostrándote que debías salir del asiento del automóvil de tu vida. ¿Recuerdas cuando te dijeron que subieras las manos? Ése era Yo mostrándote el poder de la alabanza y la sumisión. ¿Recuerdas cuando se te ordenó doblar tus rodillas? Ése era Yo mostrándote una posición de humildad.

    ¿Recuerdas cuando se te pidió poner tu rostro en el suelo? Ése era Yo mostrándote cómo debías vivir el resto de tu vida. Serás enviado de vuelta a Las Vegas, una ciudad donde la gente vive en esclavitud.”

    Cuando acabó de cumplir con su condena, Jon fue transferido a una casa de transición. Jon expresa: “Íbamos de camino a Las Vegas a las 6 a.m. y vi las luces de la ciudad. Cuando vi esa ciudad, lloré. Yo había causado estragos en ese lugar, y ahora era mi campo misionero”.

    La vida como en un campo misionero

    “Al día siguiente, recibí una visita. Era el Agente Especial Richard Beasley, el hombre que me había arrestado. Lo miré a los ojos, y ahora sabía porqué sentí esa paz cuando estuve delante de él. Era la unción y la presencia de Dios que estaba en él.”

    “Bienvenido a casa Jon” Beasley me dijo. “Quiero que sepas que he estado orando por ti. Dios me llamó al FBI en parte, por ti.”

    Mientras ambos lloraban, Jon sabía que tenía un amigo para toda la vida. También sabía lo que debía hacer para cumplir el llamado de Dios en su vida. La primera cosa, y la más importante: tenía que encontrar una buena iglesia local donde pudiera crecer bajo la cobertura de líderes fuertes. Y fue asi como encontró una casa espiritual en International Church de Las Vegas (Iglesia Internacional). Luego, debía conseguir un empleo para pagar  cargos y multas a su nombre.

    Después, necesitaba empezar un programa para ayudar a ex-delincuentes.

    Otro deseo en su corazón era casarse con una mujer de Dios. Y dejó ese anhelo en las manos del Señor.

    En el 2009, con la ayuda de un equipo de pastores, Jon fundó un ministerio llamado: Hope for Prisoners (Esperanza para Presos), ayudando a ex-convictos a reintegrarse de manera exitosa a la sociedad. Cuando a su ministerio se le ofreció participar en un programa con una donación de 1.5 millones de dólares, parecía un sueño hecho realidad. Sin embargo, al estar sentado en la mesa listo para firmar los papeles, Jon se sorprendió cuando el Señor le dijo que se levantara y saliera.

    Renunciar a una comisión de casi USD $600,000 no era un reto para alguien que había salido de las pandillas y del sistema penitenciario.

    Jon explica: “El Señor no deseaba que trabajáramos como el resto del mundo. Ni que trabajáramos con agencias, cuyo único objetivo era el dinero. Él quería que trabajáramos con Su gente, aquellos que tienen un llamado al sistema judicial”.

    “Teníamos un programa único de consejería. Nuestro equipo de mentores estaba conformado de pastores y líderes de las iglesias del Sur de Nevada, así como un grupo de oficiales de policía que trabajaban como voluntarios. Dios estaba moviendo nuestra comunidad de reinserción a un terreno inexplorado. Cuando tienes a la iglesia asociada con las autoridades, con el fin de darle mentoría a ex-convictos, esto es verdaderamente como tener ‘un odre nuevo’ ”.

    A través de Hope for Prisoners, Jon también ha pasado a la vida de otros la ayuda que Dios le envío a él por medio de Kenneth Copeland. “Su material cambió mi vida y por medio de nuestro ministerio, muchos ex-pandilleros también están leyéndolo”. “Cada vez que escucho la voz del hermano Copeland, recuerdo todos esos meses que pasé en soledad en la celda de aislamiento, cuando sólo estábamos Jesús, Kenneth Copeland y yo. Él es uno de mis padres espirituales.”

    Hoy, la vida de Jon Ponder ha sido transformada por la Palabra de Dios. Él no sólo esta cumpliendo su llamado en el ministerio, sino también está casado con Jamie, la mujer de Dios que una vez soñó. Y juntos están criando a tres hermosos hijos: Jayden de 14 años, Promise de 2 años y Liberty de 10 meses de edad.

    Durante sus años en prisión, Jon solía orar por restauración en su relación con sus hijos. Ahora, Dios está respondiendo esas oraciones. Además, Jon ha traído a sus hermanos biológicos al Señor.

    Lo que alguna vez parecía imposible, le sucedió a Jon, y hoy el comparte las buenas nuevas, cada vez que se le presenta la oportunidad. No importa cuán adversa sea tu situación, si te vuelves a Dios con todo tu corazón: ¡Todo va a estar bien!

    Texto extraído de: Revista LVVC – Edición abril 2014, página 10

  • La vida victoriosa del cristiano – ¡No dispares! (por Keith Moore)

    4-14_keith-moore_2En Salmos 64:3, David comparó las palabras con flechas. Los impíos, dijo: “Afilan su lengua como espada y lanzan como flechas palabras ponzoñosas” (NVI).

    Hace algunos años, recordé esa comparación cuando me regalaron un arco y un set de flechas con puntas afiladas. Debido a su fuerza y el filo de las flechas, el arco es un arma letal. Por consiguiente, debo ser cuidadoso de cómo lo uso.

    Mientras sostenga la cuerda del arco con mi mano, yo estoy en control de la flecha. Pero, en el momento en el que suelto la cuerda; ya no está más bajo mi control. La flecha simplemente se dirige hacia el lugar donde fue apuntada. No puedo detenerla, o bajarle la velocidad. Una vez lanzada, va por sí sola hacia su objetivo.

    Y es así exactamente como son las palabras. Mientras las palabras estén en tu mente y en tu corazón, sin haberlas dicho, tienes tu mano sobre el arco. Está bajo tu control. Puedes bajar el arco y no dispararlo. Pero si sueltas la cuerda —declaras las palabras—, la flecha saldrá disparada. Y no habrá forma de detener esas Palabas que has dicho.

    Y si tus palabras son “flechas mortales”, podrían causar daño no intencionado. Imagina que llevo mi arco al trabajo en la mañana, me enojo y empiezo a disparar flechas en todas las direcciones. ¿Qué crees que pasaría? En el momento en el que me tranquilizo, veo a la gente a mí alrededor, tirada en el suelo con flechas que los atraviesan.

    Por supuesto, puedo correr a la primera víctima que encuentre y disculparme: “¡Oh, por favor perdóname, estaba enojado por algo. No era mi intención dispararte. No estaba ni siquiera pensando en ti. No te apuntaba, sólo comencé a disparar. ¡Lo siento!”.

    Pero, ¡el problema es que sigues herido! Puedo quitarte la flecha, ponerte aceite y vino en la herida; sin embargo, no importa cuánto me disculpe, no puedo deshacer las palabras que te hirieron. Aun estás herido, y yo tendré que dar cuenta de esas palabras ociosas (Mateo 12:36).

    Podemos evitar desastres como éste si obedecemos los principios de la Palabra de Dios. En Proverbios 15:28 vemos que: “El justo piensa bien, antes de responder; la boca de los impíos profiere malas palabras”. Y en Santiago 1:19, se nos pide que seamos: “…lentos para hablar…”.

    Por tanto, la próxima vez que te sientas tentado a “disparar palabras con tu boca”, détente; y considera si tus palabras pueden convertirse en “flechas mortales”. Reflexiona en el efecto que tus palabras tendrán antes de decirlas. Y así, después, no tendrás que disculparte por lo que dijiste.

    Keith Moore es el fundador y presidente de Moore Life Ministries y pastor de la iglesia Faith Life Church en Branson, Missouri. Para obtener más información o materiales del ministerio, escribe a Moore Life Ministries, P.O. Box 1010, Branson, MO 65615; o llama al teléfono 1-417-334-9233; también puedes visitar www.moorelife.org.

    Texto extraído de: Revista LVVC – Edición abril 2014, página 29

  • El alma próspera (por Gloria Copeland)

    4-14_gloria-main¿Qué se necesita para ser realmente próspero?

    Ésta es una pregunta que, como creyente. deberías saber cómo responder. Asumiendo por supuesto que te gusta prosperar. Ahora bien, si no te interesa la prosperidad, entonces no necesitas prestarle atención. Pero, si te interesa y deseas disfrutar todos los recursos divinos que te pertenecen en Cristo Jesús, necesitas saber que debes hacer para recibirlos.

    Personalmente, estoy muy interesada; pues descubrí que es mejor ser próspera y bendecida que vivir en escasez, en deudas y bajo la maldición.

    Así que, desde que nací de nuevo, he estudiado lo que la Biblia dice acerca de la prosperidad. Y aunque he aprendido mucho, y sigo aprendiendo, en mis más de 40 años de investigación acerca de este tema, he encontrado un versículo de la Palabra que puede resumir muy bien todo lo que he descubierto. El versículo es 3 Juan 1:2: “Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma”.

    Ahí, en ese solo versículo, encontramos la respuesta a nuestra pregunta: ¿qué se necesita para ser próspero?

    Se necesita un alma próspera.

    “Pero Gloria”, podrías decir, “¿acaso no todos los cristianos tienen un alma próspera? O ¿acaso no obtuvimos un alma prospera de manera automática como el producto de nuestra salvación?”

    No, no es así.

    Cuando recibimos la salvación, o como Jesús lo llamó: “nacer de nuevo”, la parte de nuestro ser que prosperó fue nuestro espíritu. Éste fue recreado de manera instantánea a la imagen de Dios, y fue hecho totalmente nuevo. Pero nuestra alma, la cual se compone por nuestra mente, nuestra voluntad y nuestras emociones, se mantiene relativamente sin un cambio.

    La mayoría de nosotros descubrió esa verdad días u horas después de haber sido salvos. Para nuestro pesar, descubrimos que a pesar del nuevo nacimiento de nuestro espíritu, seguimos teniendo pensamientos mundanos, tomamos las mismas decisiones insensatas y continuamos sintiendo las mismas emociones que antes.

    Aunque todo esto parezca desconcertante, la razón es muy simple: A diferencia del nuevo nacimiento, la transformación del alma no sucede de manera instantánea. Es un proceso que toma tiempo, mientras nuestras mentes son renovadas por medio de la revelación de la Palabra de Dios.

    Lamentablemente, muchos cristianos jamás se comprometen a realizar este proceso. Obtienen su salvación, y forman parte de la familia de Dios; pero, debido a que no invierten tiempo en Su Palabra, no aprenden a como caminar con Él. Y el resultado es que su alma nunca prospera y nunca disfrutan de todos los beneficios de la BENDICIÓN que les pertenecen como creyentes.

    Por esa razón, el apóstol Pablo dijo: “No tengo yo mayor gozo que este, el oír que mis hijos andan en la verdad” (3 Juan 1:4). Andar en la verdad de la Palabra hace que nuestra alma prospere. ¡Y tener un alma próspera es el fundamento de una vida de prosperidad!

    Por esa razón, predico mucho acerca de invertir tiempo en la Palabra. Ya que es la clave más importante de nuestro éxito como creyentes. No podemos prosperar en Dios sin antes saber lo que Él nos dice, y sin luego practicarlo.

    Puedo suponer que probablemente estás pensando: ¿Y qué de todas las personas que no tienen a Dios y son ricas dentro del sistema del mundo? ¡Ellas ganan millones e ignoran por completo todo lo que la Biblia dice!

    Sí, es cierto. Pero tienes que recordar que esa clase de prosperidad es una prosperidad limitada porque no proviene de Dios. Es probable que les provea mucho dinero, pero al final los dejará miserables.

    En cambio, ¡la prosperidad divina no tiene límites! Ésta incluye todo lo bueno. No sólo incrementa tus finanzas, sino también te da paz, gozo, salud y una larga vida. La prosperidad que viene del Señor te bendice en cada área de tu vida, y te deja sin que nada te falte y sin nada roto o incompleto.

    Cuando prosperas en el Señor, así como prospera tu alma, ¡tú disfrutas de una vida absolutamente hermosa!

    No necesitas tener familiares ricos, ni de un número de lotería

    Otra cosa absolutamente maravillosa acerca de la prosperidad que proviene de Dios, es que: ¡cualquiera puede obtenerla!

    No necesitas tener familiares ricos, ni ser un genio en el área financiera, ni poseer un gran talento natural. Tampoco necesitas ganarte la lotería. Sólo debes abrir tu Biblia, leerla, creerla y actuar como te dice que lo hagas. Lo único que necesitas es encontrar en la Palabra lo que es verdad y luego vivir conforme a esa verdad.

    Quizá alguien diga “¡Pero no sé nada acerca de la Biblia!”. Está bien, yo tampoco sabía nada de ella cuando nací de nuevo. Cuando era una niña, raras veces asistía a la iglesia, y mis padres no conocían mucho acerca de Dios para enseñarme. Aunque en la casa de mi abuela se miraba a Oral Roberts por televisión, ella me decía que cuando él oraba por los enfermos se les pagaba para que dijeran que habían sanado. Yo sólo era una niña, así que lo creí, y pensaba: “¿Me pregunto cuánto les pagará? pensaba ¿Tal vez $5 dólares?”.

    ¡Esa era la clase de luz espiritual que teníamos en nuestra casa!

    Sin embargo, Yo soy la prueba viviente de que no importa que empieces desconociendo todo acerca de la Biblia; eso no significa que debas permanecer así. Después de casarme con Kenneth, gracias a las oraciones que su madre hizo por mi comencé a cambiar. No sólo nací de nuevo, sino también fui llena del Espíritu Santo.

    Ése fue un evento de suma importancia en mi vida. En realidad, nunca maduré mucho en el Señor, hasta que recibí al Espíritu Santo. Y sé que tampoco ningún otro creyente puede hacerlo. ¿Por qué? Porque el Espíritu Santo es el maestro de la iglesia. Él es el que fue enviado por Dios para capacitarnos y corregirnos. Él es quien nos trae luz y nos revela la verdad de Dios. Él es nuestro Maestro.

    Normalmente, sin embargo, no lo hace mientras estamos durmiendo, o viendo un programa humorístico en la televisión. Lo hace mientras buscamos a Dios por medio de Su Palabra. Mientras leemos la Biblia, el Espíritu Santo hace que las palabras escritas en ella salgan de esas páginas y nos hablen. El Espíritu Santo hace que esas palabras cobren vida en nosotros; de modo que podamos declarar: “¡Oh, ahora entiendo! ¡Ahora veo como necesito cambiar mi comportamiento. ¡Ahora sé que debo cambiar lo que creo y lo que digo; para así poder caminar en línea con la Palabra de Dios!

    Eso fue exactamente lo que me sucedió. Después de ser llena del Espíritu Santo, empecé a crecer en mi conocimiento de la verdad, y ésto pasó solamente leyendo y estudiando mi Biblia en casa. Después de uno o dos años, Kenneth y yo comenzamos a escuchar enseñanzas de ministros como Kenneth E. Hagin y Oral Roberts. Y a medida que asistíamos a sus reuniones, y escuchábamos sus mensajes, una y otra vez, en nuestro reproductor de carrete (pues en ese tiempo no existían los CDs o MP3) mi crecimiento se aceleró. Y la prosperidad de mi alma se incrementó de manera rápida.

    Asi es como Dios diseñó que funcionaran las cosas. Por esa razón: “…él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros” (Efesios 4:11). Dios nunca pretendió que cada generación de creyentes tuviera que comenzar y aprender desde cero. Sino, que nos beneficiáramos de la revelación de las generaciones pasadas, a fin de que creciéramos de forma rápida y continuáramos aprendiendo.

    ¡Es una bendición que en estos días podamos escuchar buenas enseñanzas fundamentadas en la Palabra, no sólo semanalmente en la iglesia, sino todos los días en la televisión y por medio de la Internet! ¡Es maravilloso poder asistir a reuniones como la Convención de creyentes del Suroeste, en donde podemos sumergirnos en la Palabra de Dios durante seis días completos!

    Siempre me quedo asombrada y maravillada al ver cuánto puede prosperar mi alma en el transcurso de solo una semana durante esa convención. Si nunca has asistido a una de esas reuniones, deberías hacerlo. Pues ésta podrá cambiar tu vida por completo.

    Seguramente, tus amigos pensarán que eres un poco raro al usar tus vacaciones escuchando a un grupo de predicadores. Es probable que hasta digan que te falta un tornillo. ¡Pero, a quién le importa lo que ellos opinen! ¡Pasar de esa forma tus vacaciones acelerará tu prosperidad! Te dará una gran oportunidad de recibir: “…con disposición la Palabra que ha sido implantada y arraigada [en sus corazones], la cual tiene el poder de salvar sus almas” (Santiago 1:21, AMP).

    Si el aprovechar esa oportunidad te hace un “loco” ante los ojos del mundo, pues que asi sea. ¡Tú serás un “loco” próspero, gozoso y con una vida absolutamente bella!

    Sigue adelante

    “Pero Gloria”, podrías decir, “yo ya hice todas las cosas que has sugerido. Ya leí mi Biblia, ya asistí a la Convención de creyentes. Creí y actué conforme a la Palabra que escuché en la convención; sin embargo, no he obtenido todos los resultados que desearía”.

    Entonces, persevera. Sigue adelante y recuerda lo que Santiago 1:25 nos enseña. La persona que lee atentamente la Palabra: “…la obedece, y persevera en ella, no será sólo un oidor que olvida, sino un hacedor [que obedece], y será bendecido en todo lo que haga (en su vida de obediencia)” (AMP, Énfasis mío).

    ¡Se requiere perseverancia para tener un alma próspera!

    ¿Y por qué? Porque, aunque la Palabra siempre da resultados cuando actuamos conforme a ésta, esos resultados no pueden verse de la noche a la mañana. Jesús nos dijo en Marcos 4 que la Palabra es como una semilla. Crece de forma gradual, y necesita tiempo para producir una cosecha.

    Además, la mayoría de nosotros antes de ser salvos, pasamos años pensando y haciendo lo contrario a la Palabra. Entonces, especialmente cuando empezamos a sumergirnos en las cosas de Dios, toma un tiempo para que nuestros pensamientos cambien.

    Kenneth y yo descubrimos esto en 1967, cuando comenzamos a escuchar la verdad de la Palabra de Dios acerca de la prosperidad. En ese entonces, nos encontrábamos en una situación financiera desesperante. Teníamos una montaña de deudas, muy pocos ingresos, y una familia que alimentar. Así que como te puedes imaginar, queríamos ver la BENDICIÓN de Dios manifestarse en nuestras finanzas, ¡y deseábamos verla lo más pronto posible!

    Sin embargo, aunque éramos diligentes en leer la Palabra de Dios, meditándola y confesándola, nos tomó un tiempo renovar nuestra mente y comenzar a pensar más como Dios piensa con respecto a la prosperidad. Llevó cierto tiempo lograr que Su Palabra habitara en abundancia en nuestra vida en esa área.

    Nuestras facturas no fueron canceladas en las primeras semanas, ni en los primeros meses. Sin embargo, nos aferramos a la Palabra. La mantuvimos frente a nuestros ojos y en nuestros oídos, hasta que comenzó a salir de nuestra boca. Invertimos tiempo en ella hasta que se hizo más real en nuestra vida que las circunstancias a nuestro alrededor.  La Palabra llegó a cobrar vida en nosotros a tal punto que nos hablaba de día y de noche. Y a medida que lo hicimos, nuestras almas comenzaron a prosperar.

    Casi un año después, fuimos libres de deudas.

    Ahora bien, ¿queríamos esperar un año para ver ese resultado? ¡Por supuesto que no! Pero gracias a Dios, seguimos perseverando. Nos mantuvimos buscando y aprendiendo lo que Él enseña en la Palabra de Dios —no sólo acerca de la prosperidad, sino también acerca de la sanidad y de otras áreas—.

    Hoy en día aún seguimos perseverando y aprendiendo de la Palabra. Continuamos esforzándonos en ser hacedores de la Palabra. Y como resultado, nuestra alma continúa prosperando, y nosotros seguimos siendo bendecidos.

    Ganando dinero desde nuestra propia casa

    Lo mismo puede pasarte a ti. Después de todo, Dios quiere bendecirte de la misma manera que Él quiere bendecirnos a Kenneth y a mí.

    Quizá te preguntes: “¿Estás segura?”.

    ¡Sí, estoy segura! La Biblia no deja duda alguna acerca de esto; y nos explica claramente -en blanco y negro- que Dios quiere que todos Sus hijos sean prósperos y sanos. La Biblia de hecho nos dice que Dios en realidad se agrada en prosperar a Su pueblo (Salmos 35:27).

    ¡BENDECIRTE y prosperarte son dos de las cosas favoritas que a Dios le gusta hacer por ti.

    Pero para que Él pueda hacerlo, tú debes poner de tu parte y cooperar. Necesitas escudriñar a fondo Su Palabra, y obedecer lo que dice en Proverbios 2:1-9:

    “Hijo mío, presta atención a lo que digo y atesora mis mandatos. Afina tus oídos a la sabiduría y concéntrate en el entendimiento. Clama por inteligencia y pide entendimiento. Búscalos como si fueran plata, como si fueran tesoros escondidos. Entonces comprenderás lo que significa temer al SEÑOR y obtendrás conocimiento de Dios. ¡Pues el SEÑOR concede sabiduría! De su boca provienen el saber y el entendimiento. Al que es honrado, él le concede el tesoro del sentido común. Él es un escudo para los que caminan con integridad. Él cuida las sendas de los justos y protege a los que le son fieles. Entonces comprenderás lo que es correcto, justo e imparcial y encontrarás el buen camino que debes seguir” (NTV).

    Para las personas que aún no han nacido de nuevo, la idea de buscar la sabiduría de Dios por medio de la lectura y el estudio de la Biblia todos los días puede parecer algo aburrido. Sin embargo, para nosotros como creyentes, la Biblia nunca es aburrida; siempre nos dice cosas buenas acerca de nuestra vida. Constantemente nos habla acerca de cómo Dios nos sanará, nos prosperará, y nos dará todo lo bueno. De manera continua, la Biblia nos provee la sabiduría que necesitamos para gozar de una vida abundante.

    Como hijos de Dios nunca nos cansamos de leer Su Palabra, porque cada vez que la abrimos, ¡es como si estuviéramos ganando dinero desde nuestra propia casa! ¡Y es bendición, tras bendición, tras bendición!

    Entonces: anímate acerca de este tema. Haz un compromiso nuevo de mantener la Palabra frente a tus ojos y en tus oídos. Dedícale tiempo todos los días y no lo hagas como un ritual religioso, sino porque reconoces que mientras más renueves tu mente con la Palabra, más podrás caminar en la verdad. Y podrás prosperar más, así como prospera tu alma en cada área de tu vida.

    Texto extraído de: Revista LVVC – Edición abril 2014, página 27